Amatl
Explorando la escritura y la educación en las culturas de Mesoamérica antes de Cortés.
En el mundo de la Triple Alianza, que dominaba cerca de la mitad del territorio del México actual, al momento de la invasión española, la educación de los jóvenes era una práctica generalizada, centrada en los templos. Los jóvenes del pueblo se formaban en el telpochcalli de cada barrio; los hijos de la nobleza, en el calmécac, varios de ellos dentro del recinto sagrado de Tenochtitlan. Las niñas tenían sus propias escuelas, dirigidas por matronas.
En el centro de esa educación estaban la formación moral, el arte de la palabra y la memoria histórica: se aprendían de memoria los huehuetlahtolli, la “antigua palabra”, consejos de conducta, respeto y disciplina; en el calmécac se cultivaba el habla noble de quienes habrían de gobernar, y los jóvenes cantaban los poemas que celebraban la gloria de sus antepasados.
Porque había que recordar: la memoria, lo que hoy llamamos historia, se guardaba en libros pintados que unían la tradición oral con los signos glíficos. Porque había que administrar: el imperio llevaba registros pintados del tributo debido y recibido de cada pueblo. Porque había que consultar a los dioses: los tonalpouhque leían el tonalámatl, el libro de los días, para conocer el destino de un recién nacido, sugerir su nombre y elegir los días propicios, y otros libros fijaban el calendario de fiestas que marcaba el trabajo y el descanso.
Para todo ello hacía falta el amatl, el papel de corteza, un oficio mesoamericano mucho más antiguo que los mexicas. Sostuvo la memoria maya, escrita en un sistema fonético, y la memoria mexica, que descansaba en un aprendizaje común para leer una escritura mnemónica. Los códices fueron sus libros. Este sitio vuelve a abrirlos para refrescar la memoria de un logro cultural: afirmar, como hecho histórico, la sofisticación y la complejidad de estas civilizaciones.
Why paper? Why books? In the world of the Triple Alliance, which ruled about half of present-day Mexico, schooling for the young was widespread at the time of the Spanish invasion and centred on the temples: commoners in the telpochcalli, nobles in the calmécac, and girls in their own schools led by matrons. It taught morals, rhetoric and historical memory. Painted books kept memory, recorded tribute and guided the day-readers through the tonalámatl. All of it needed amatl, bark paper, a Mesoamerican craft far older than the Mexica. It sustained Maya memory, written in a phonetic script, and Mexica memory, a mnemonic script read through shared learning. The codices were their books. This site reopens them to renew the memory of cultural achievement, and to affirm, as historical fact, the sophistication and complexity of these civilizations.
Códices en exhibición
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