Tezozómoc, Crónica mexicana — Capítulos I–XVII (parte 1 de 9)

Texto: Hernando Alvarado Tezozómoc; edición de José M. Vigil (México, 1878).

Esta parte reúne los capítulos I a XVII de la Crónica mexicana, que Hernando Alvarado Tezozómoc escribía hacia 1598.

Prefacio

La Crónica mexicana es la historia de los mexicas contada en castellano por uno de sus descendientes, Hernando Alvarado Tezozómoc, descendiente de la casa real de Tenochtitlan. Según el mismo texto, la escribía hacia 1598. Sus ciento diez capítulos siguen el camino de los mexicas desde su salida de Aztlan, la fundación de Tenochtitlan y las guerras y los gobiernos de sus señores, hasta los días de Moctezuma y la llegada de Hernán Cortés, poco antes de la invasión española.

Esta edición digital reproduce el texto de la edición publicada en México en 1878 por José M. Vigil, en la Imprenta y Litografía de Ireneo Paz, con anotaciones de Manuel Orozco y Berra. Esa edición es de dominio público. Aquí se ofrece solo el texto de Tezozómoc, capítulos I a CX; se omiten las notas y los estudios de Orozco y Berra. Se conservan la ortografía, los acentos y las grafías de 1878, incluidas sus erratas de imprenta, como «qne» o «necsario». No se ha modernizado ni corregido nada de lo que el impresor puso en la página.

El texto digital se estableció a partir del escaneo de la edición de 1878 que conserva archive.org. Las páginas se leyeron de nuevo con reconocimiento óptico de caracteres a alta resolución, y cada palabra dudosa se comparó a mano con la imagen de su página, empezando por los nombres en náhuatl. En las muestras de control, tomadas al azar y cotejadas con las imágenes, quedó menos de un error por cada cien palabras, y los errores encontrados se corrigieron. Si el lector encuentra alguno más, le agradeceremos que nos lo haga saber.

No hemos encontrado otra transcripción limpia y de libre uso de la edición de 1878. Por eso amatl.com.mx la pone a disposición de todos, gratuitamente, para leerla, buscar en ella y estudiarla, en la página web, en PDF y en documento de texto.

Orlando Santos

2 de noviembre de 2026

Esta serie publica la Crónica mexicana, capítulos I a CX, según la edición de México de 1878 (Imprenta y Litografía de Ireneo Paz), con anotaciones de Manuel Orozco y Berra. Se omiten las notas y los estudios de Orozco y Berra. Conservamos la ortografía de 1878, incluidas sus erratas de imprenta («qne», «necsario»).

Texto: Hernando Alvarado Tezozómoc, Crónica mexicana, ed. José M. Vigil, anotada por Manuel Orozco y Berra (México: Imprenta y Litografía de I. Paz, 1878), dominio público, vía Internet Archive. Transcripción a partir del reconocimiento óptico de caracteres, cotejada con los facsímiles. Imagen de portada: Códice Ixtlilxóchitl, f. 97r, vía Gallica (BnF).

Índice
  • Prefacio
  • Capítulo I — Aquí comienza la Chrónica Mexicana: Trata de la Descendencia, y Linage venida á esta Nueva España de los Indio…
  • Capítulo II — Trata de lo que hizo y dijo Malinalxoch, hermana de Huitzilopochtli, quando recordó al otro dia que la dejaron…
  • Capítulo III — Que trata el comienzo principio de otros años, y primero por Cetecpatl de año, una piedra pedernal, que fué en…
  • Capítulo IV — Trata de la muerte del rey de los mexicanos Acamapichtli, y el rey que en su lugar se puso, y las cosas que su…
  • Capítulo V — Trata de la embajada que envió el rey Tezozomoctli á los mexicanas, haciéndoles libres y francos de la servidu…
  • Capítulo VI — Trata como despues de haber muerto los tecpanecas á Chimalpopoca, rey de los mexicanos, y á su hijo Teuctlehua…
  • Capítulo VII — De la respuesta que trajo el embajador Atempanecatl al rey Itzcoatl y al senado Mexicano, y lo que determinaro…
  • Capítulo VIII — Trata la embajada resoluta que envió el rey Itzcoatl de México, á los principales y Senado de Atzcaputzalco, t…
  • Capítulo IX — Trata de la sujecion y servidumbre que hicieron los tecpanecas á los mexicanos, quedando el campo y pueblo de…
  • Capítulo X — Trata las maneras de vasos jícaras que traían de tributos los indios vasallos de los mexicanos, y maneras de r…
  • Capítulo XI — Trata la resolucion de los de Atzcaputzalco, no querer resolver ni dar guerra á los mexicanos: visto por Maxtl…
  • Capítulo XII — Los de Cuyuacan envian mensageros á Culhuacan, Cuitlahuac, Xochimilco, Chalco y Texcuco á que hagan gente de g…
  • Capítulo XIII — Resueltos los tecpanecas cuyuaques de haber sido comienzo de enojar á los mexicanos, determinan solos hacer gu…
  • Capítulo XIV — Trata como llegaron los mexicanos á Tenuchtitlan, se presentaron ante Itzcoatl vestidos á usanza mugeril, y co…
  • Capítulo XV — Vinieron los tecpanecas pidiendo clemencia y piedad de ellos á los mexicanos. Los mexicanos no querian sino de…
  • Capítulo XVI — Trata de las guerras que tuvieron los mexicanos con los de Xochimilco, y cómo fueron muertos y vencidos por va…
  • Capítulo XVII — Trata cómo envió mensageros á los pueblos de Culhuacan, Cuitlahuac, y Mizquil á ver y saber la determinacion d…

Capítulo I

Aquí comienza la Chrónica Mexicana: Trata de la Descendencia, y Linage venida á esta Nueva España de los Indios Mexicanos que havitan en este Nuevo Mundo: el tiempo en que llegaron á la Ciudad de México Tenuchtitlan, Asiento y Conquista que.en ella hicieron, y hoy havitan y residen en ella, llamada Tenuchtitlan.

La venida que hicieron, tiempos, y años que estuvieron en llegar á este Nuevo Mundo, adelante se dirá. Y así ellos propios persuadiendo á los Naturales por la estrechura en que estaban, determinó y les habló su Dios, en quien ellos adoraban Huitzilopochtli, Quetzalcoatl, Tlalocateutl, y otros como se irán tratando. La venida de estos Mexicanos muy antiguos, de la parte que ellos vinieron, tierra, y casa antigua llamada hoy dia Chicomoztoc que es casa de siete cuevas cavernosas. Segundo nombre llaman Aztlan, que es decir asiento de la Garza, (ó abundancia de ellas). Tenian en las Lagunas, y su tierra Aztlan un Cú, y en ella el templo de Huitzilopochtli, Idolo, Dios de ellos, en su mano una flor blanca, en la propia rama del grandor de una rosa de Castilla, de mas de una vara en largo, que llaman ellos Aztaxochitl, de suave olor. Antiguamente ellos se jactaban llamar Aztlantlaca. Otros les llamaron Aztecas Mexitin, que este nombre de Mexitin quiere decir Mexicano; como mas claro decir al lugar manantial de la uba, así Mexi, como si del Maguey saliera manantial, y por eso son ellos ahora llamados Mexicanos, como antiguamente se nombraban Mexica, Chichimeca, Mexicanos, Serranos, Montañeses; y ahora por el apellido de esta tierra, y Ciudad de México Tenuchtitlan, el tiempo que á ella llegaron viniendo huyendo desbaratados de los naturales Indios de Culhacan su vecino, que ahora es á dos leguas de la Ciudad de México, persuadidos del Demonio Huitzilopochtli, llegaron á la dicha Ciudad, que es ahora México Tenuchtitlan, porque el dia que llegaron á esta Laguna Mexicana, en medio de ella estaba, y tenia un sitio de tierra, y en él una peña, y encima de ella un gran Tunal, y en la hora que llegaron con sus balzas de caña, ó corrido, hallaron en el sitio la oja, piedra, y Tunal, y al pié de él un hormiguero, y estaba encima del tunal una águila comiendo y despedazando una Culebra, y así tomaron el Apellido, Armas y Divisa, el Tunal y Aguila, que es Tenuchca ó Tenuchtitlan, que hoy se nombra así; y al tiempo que llegaron á esta Ciudad habian andado, y caminado muchas tierras, montes, lagunas, y rios. Primeramente de las mas de las Tierras, y Montes que hoy havitan los Chichimecas, que es por Santa Barbola, Minas de San Andres, Chalchihuites, Guadalaxara, Xuchipila, hasta Mechoacan, y otras muchas Provincias, y Pueblos: y en las partes que llegaban si les parecia tierra fértil, abundosa de Montes, y Aguas hacian asiento quarenta años, y en partes treinta, otras veinte, ó diez, y en otras tres, ó dos, y un año, hásta en tanta diminucion, que de veinte dias luego alzaban el sarzo, por mandato de su Dios Huitzilopochtli, y les hablaba, y ellos respondian, y luego á su mandado les decia: adelante Mexicanos que ya vamos llegando al lugar: diciendo caza achitonca ton nenemica mexiatl. Trayendo ellos siempre su matalotaje, las mujeres cargadas con ello: los niños, los viejos, y los mancebos cazando venados, liebres, conejos, ratones, y Culebras que venian dando de comer á los padres, mujeres, é hijos: la comida que traian era maiz, frixol, calabaza, chile, xitomate, y mil tomate, que iban sembrando, y cogiendo en los tiempos, y partes que descansaban y hacian asiento, como dicho es, y como liviano que era el chian y huauhtli lo traian cargado los Muchachos: pero sobre todo en las partes que llegaban, lo primero que hacian era el Cú, ó templo de su Idolo Dios Huitzilopochtli, y como venian cantidad de ellos, que eran de siete Varrios, cada uno traia el nombre de su Dios; como era Quetzalcoatl Xocomo, Matla, Xochiquetzal, Chichitic, Centeutl, Piltzintecutli, Meteutli, Tezcatlipuca, Mictlantecutli, y Tlamacazqui, y otros Dioses, que aunque cada Varrio de los siete traia señal de su Dios, traian así mismo otros Dioses con ellos, y los que mas hablaban con los Indios eran Huitzilopochtli, Tlacolteutli y Mictlantlecutli.

El uno de los Varrios se llamaba Zopico Tlacoch calca: El tercero Varrio Huitznahuac, Cihuatepaneca, Chalmeca, Tlacatecpaneca: Y el séptimo Varrio se llama Izquiteca. En las partes que llegaban que era tierra inútil, dejaban conejos, liebres vivas, y se multiplicaban: y en partes que los apellidaban sus Dioses á caminar dexaban en mazorca el maiz, en partes en flor, y en partes la llevaban recien cogida la sementera, de manera que venian caminando, y haciendo labores, y casas, y torres á sus ídolos, hasta que llegaron á Culhuacan Xalixco, y otras muchas partes, y lugares que les iban poniendo nombres hasta llegar á Mechoacan, y hacer asiento en él, dejando, y sembrando siempre de su decendencia, y generacion; llegaron á Malinalco, hombres y mujeres comenzaron á retozar en el agua de gran contento, á donde es ahora Pázquaro, y los otros mexicanos, viniendo cantidad de mujeres, se quedaron, les tomaron por fuerza sus mantas y atajador de sus vergüenzas Maxtli, á las mujeres sus huepiles y naguas, de manera que los varones quedaron sin taparse sus vergüenzas, y las mujeres con la priesa hicieron á manera de capisayo ó capote vizcayno, que llaman ellos Zicivilli, que hoy dia los traen puestos por la calor que allí hace: los varones usaban el traje á manera de huepil, con su hombro labrado. La hermana mayor que allí quedó con ellos llamada Malinalxoch, que se intitulaba ser hermana del dios Huitzilopochtli, venia con ellos, despues de haber consolado á los que quedaron en la parte de Mechoacan, los padres antiguos de ellos, los mas ancianos la traian en guarda, y haviéndose quedado dormida en un monte, la dejaron por ser de mala decistion, con muchos resabios, usando con ellos de sus artes, con que mataba á muchos de ellos, pues mirando á una persona, á otro dia moria, y le comia vivo el corazon, y sin sentir comia á uno la pantorrilla estándolo mirando, que es lo que ahora llaman entre ellos Teyolocuani tecotzana teixcuepani, que mirando á alguno, y el que miraba si á un monte ó rio, le trastornaba la vista, que le hacia entender ver algun animal grande, ó árboles ú otras visiones de espanto, y durmiendo alguna persona lo traza de su dormitorio cargado á cuestas, y hacia venir una víbora ú otra sierpe, y se la hechaba á alguno, ó tomaba un alacran, cientopies, araña ú otros animales para hacer muchos males con ellos, causaba muchas muertes y usaba -del arte de la bruja, con que se transformaba en ave ó animal que ella queria, y por esta causa el dios Huitzilopochtli permitió no traerla en compañía de los mexicanos, que la dexaron dormida en un camino, siendo como era, y se jactaba de ser hermana la Malinalxoch del referido Huitzilopochtli, dejándola él y los viejos dormida; y á esto dijo Tlamacazqui Huitzilopochtli á los viejos que la solian traer cargada (que se llamaban Quauhtlonquetzque, y Axoloa el segundo, y el tercero llamado Tlamacazqui Cuauhcoatl, y el cuarto Ococaltzin): no es á mi cargo ni mi voluntad que tales oficios y cargos tenga mi hermana Malinalxoch desde la salida hasta aquí. Así mismo tambien fuí yo mandado de esta venida, y se me dió por cargo traer armas, arco, flechas y rodela; mi principal venida y mi oficio es la guerra, y yo así mismo con mi pecho, cabeza y brazos en todas partes tengo de ver y hacer mi oficio en muchos pueblos y gentes que hoy hay. Tengo de estar por delante y fronteros para aguardar gentes de diversas naciones, y he de sustentar, dar de comer y beber, y allí les tengo de aguardar y juntallos de todas suertes de naciones, y esto no graciosamente. Primero he de conquistar en guerras para tener y nombrar mi casa de preciada esmeralda y oro adornada de plumería, adornada la casa de preciada esmeralda transparente como un cristal, de diversos colores de preciada plumería á la vista muy suaves y estimadas, y así mismo tener y poseer géneros de preciadas mazorcas, cacao de muchos colores; así mismo tener todas suertes de colores de algodon é hilados: todo lo tengo de ver y tener, pues me es mandado, y mi oficio, y á eso vine. Ea, pues, padres mios, recoged cantidad de matalotaje para este viaje, que allí es donde llevamos nuestra determinacion y asiento, y así con esto comenzaron á caminar y llegaron á la parte que llaman Ocopipilla; en este lugar no permanecieron mucho tiempo, y vinieron al lugar que llaman Acahualcingo, y allí asistieron mucho tiempo y estuvieron hasta el postrer año que llaman bisexto, ó acabamiento de una vida, ó término de tiempo justificado, que llaman Inxiuh molpilli, en nueve términos de signo, ó planeta de años chiconahui acatl. El término de dos años de estos antiguos mexicanos. Y salidos de Ocopipilla y Acahualcingo, partieron de allí y vinieron á la parte que llaman Coatepec, términos de Tonalan, lugar del sol.

Capítulo II

Trata de lo que hizo y dijo Malinalxoch, hermana de Huitzilopochtli, quando recordó al otro dia que la dejaron dormida y enagenada.

Recordada la Malinalxoch, comenzó á llorar y plañir reciamente, y dijo á sus padres que allí quedaron con ella: Padres mios ¿dónde iremos, pues que con engaño manifiesto me dejó mi hermano Huitzilopochtli? ¿Por dónde se fué, que no veo rastro de su ida, y aquellos malvados con él? Sepamos á qué tierra fueron á parar, adónde hicieron asiento, porque no sé á qué tierra, que toda está ocupada y embarazada y poblada de gentes estrañas; y así vieron el cerro de la gran peña llamada Texcaltepec, y allí fueron á hacer asiento y lugar: llegáronse á los naturales y vecinos de aquel lugar llamados texcaltepecas, rogáronles les diesen asiento y lugar en aquel peñasco, y los vecinos de allí fueron contentos de ello, y la Malinalxoch estaba ya preñada y en dias de parir, y dende algunos dias parió un hijo que le llamaron Cohuil estando de asiento en términos de Texcaltepec, en los lados que llaman el sitio de Coatepec: allí se mostraron los mexicanos chichimecas y los moradores sercanos de serranos otomies, murmurando unos, y otros decian: ¿qué gentes son estas? ¿de dónde vinieron? porque parecen gentes remotas, alborotadores, malos, bellicosos. Los mexicanos, despues de haber hecho asiento, casas, buhiyos, su templo y Cú de su Dios, comenzaron á hacer casa y adoracion de Huitzilopochtli, y hecho el templo, pusieron luego al pié de Huitzilopochtli una gran xícara, como batea grande, á manera de una fuente de plata grande, con que se demanda limosna ahora en nuestra religion cristiana: habiendo hecho luego á los lados del gran diablo Huitzilopochtli, le pusieron otros demonios á manera de santos, que fueron estos: Yopico, Tíacochcalco, Huitznahuac Tlacatecpan, Tzommolco, Atempan, Texcacoac, Tlamatzinco, Mollocotlilan, Nonohualco, Zihuatecpan Izquitlan, Milnahuac, Coaxoxouhcan, Aticpan, todos demonios sugetos al Huitzilopochtli, todo por estilo y órden de Huitzilopochtli por ser el mayoral de todos ellos, y así le pusieron como á manera de altar, de piedra grande labrada, su juego de pelota por nalgas, jugado y cercado como su juego que fué de Huitzilopochtli, que se llama Itlach, sus asientos y agujero enmedio, del grandor de mas de una bola, con que juegan ahora á la bola, que llaman Itzompan, y luego la atajan por medio, quedando un triángulo enmedio del agujero, que llaman el pozo de agua, que en cayendo allí la pelota de batel uliredonda, como una bola negra; el que allí la hecha con el que juega, les quitan á todos los miradores quantas ropas traen, y assí alzan todos una vocería, diciéndole: grande adúltero de este Cahuelhuey tetlaxinqui que ha de venir á morir á manos del marido de alguna mujer, ó ha de morir en guerras, y dentro de aquel agujero le echaron agua por señal, todo por mandado del dios Huitzilopochtli: luego el mismo dios Huitzilopochtli les habló á los mexicanos, quienes no lo veian, sino entendian lo que les hablaba; díjoles: Ea, mexicanos, ya es hecho esto, y el pozo que está hecho está lleno de agua, ahora sembrad y plantad árboles de sauces y ciprés de la tierra ahuehuetl, carrizo, cañasberales, tulares, atlacuezonauxochitl, flores blancas y amarillas que nacen dentro de la propia tierra. Y en el rio que allí hallaron se multiplicaron muchos géneros de pescado, ranas, ajolotes, camaron, axaxayatl y otros géneros de animales que hay en las lagunas pequeñuelas de agua dulce: así mismo el Izcahuitl y tecuitlatl y todo género de patos: tambien todo género de tordos de diferentes maneras, y allí les dijo á los mexicanos que el Izcahuitl colorado era su propio cuerpo de Huitzilopochtli, y era su sangre, su sér entero de su cuerpo, y luego les comenzó un cantar, que dice cuicoyan nohuan mitotia. En el lugar del canto conmigo danzan, y canto mi canto que llamo cuitlaxoteyotl y tecuilhuicuicatl, y les dijo: aquí es adonde haviamos de venir á hacer asiento, y se lo dijo á Azentzon huitznacal. Ea, mexicanos, que aquí ha de ser vuestro cargo y oficio, aquí habeis de aguardar y esperar, y de cuatro partes cuadrantes del mundo habeis de conquistar, ganar y avasallar para vosotros, tened cuerpo, pecho, cabeza, brazos y fortaleza, pues os ha de costar así mismo sudor, trabajo y pura sangre, para que vosotros alcanceis y goceis las finas esmeraldas, piedras de gran valor, oro, plata, fina plumería, preciadas colores de pluma, fino cacao de lejos venido, lanas de diversos tintes, diversas flores olorosas, diferentes maneras de frutas muy suaves y sabrosas, y otras muchas cosas de mucho placer y contento, pues habeis plantado y edificado vuestra propia cabeza, cuerpo, gobierno, república, pueblo de mucha fortaleza en este lugar de Coatepec. Haced á vuestros padres que sosieguen, descansen, labren sus casas, y vuestros devotos parientes y vasallos los aztecas, llamados así del lugar Aztantos, Mexitin, mexicanos, y luego todos ellos juntos Zentzon huitznahuaca, le dieron muchas gracias con mucha humildad, reverencia y lágrimas, y allí se enojó con palabras soberbiosas Huitzilopochtli y les dixo: ¿qué decis vosotros es á vuestro cargo, sino al mio? ¿Quereis ser mayores que yo, quereis aventajaros y ser mas que yo? Yo no tengo de ello, lo guio, traigo y llevo, soy sobre todos vosotros, yo lo sé y lo entiendo, no cureis de mas, y así se fué á su templo y Cú: el Huitzilopochtli dixo: ya me comienzo á esforzar, que vienen sobre los Zentzon napam, y sobre mí que soy Huitzilopochtli, que en el juego de pelota teotlachco comen á sus padres que mira, y devisa contra ellos una mujer llamada Coyolxauh, y en el propio lugar de Tlachco, en el agugero del agua que está enmedio tomó Huitzilopochtli á la Coyolxauh, la mató, degolló y le sacó el corazon: amanecido otro dia muy de mañana se vieron los Zentzonapas mexicanos todos los cuerpos agugerados, que no tenia ninguno de ellos corazon, que todos los comió Huitzilopochtli, quien se tornó gran brujo, donde se atemorizaron los mexicanos, y á estos les dijo: ya por esto entendereis que en este lugar de Coatepec ha de ser México, y tornando á ver al diablo lo que era, que era bien allí fuese México, quebró el caño ó rio, del nacimiento del agua que habia, á significacion y misterio del Tlachtli, juego de pelota, se volvió al lago grande, y como lo agugeró se salió el agua, y aves, peces, árboles y plantas, todo de improviso se secó y se pasó como en humo, que parece que todo se desapareció, y pareció otro mundo todo lo que habia puesto en Coatepec, y allí fué fin de años pasados que llaman Inxiuh molpilli in mexica, como año bisexto,

Capítulo III

Que trata el comienzo principio de otros años, y primero por Cetecpatl de año, una piedra pedernal, que fué en el nacimiento de Huitzilopochtli, y venida do Tula.

Despues de haver comenzado año nuevo, por ellos les habló Huitzilopochtli¡; alzad el sarzo y caminemos, que cerca de aquí descansaremos otra vez; habiendo desparecido y secado el lago, los árboles y plantas que allí habian plantado, quedando algunos árboles y Cú que havian hecho á su dios, y assí llegaron al pueblo que es ahora de Tula, que segun otros dicen allí habian estado; permanecieron y señorearon con los de Tula veinte y dos, y de allí salieron y llegaron al pueblo que es ahora de Atlitlaquian, que es Atitalaquia, pueblo de otomies, de allí vinieron á Tequixquiac, y allí labraron camellones, llamáronle Chinamitl, que hoy permanece este vocablo en la Nueva España; de allí vinieron y llegaron á Atengo allí pusieron el Tzompan, un término de cantidad, y así se le quedó al lugar, que ahora es pueblo de Zumpango: de allí vinieron y llegaron á Cuachilco, y de allí á Xaltocan, caminando ya poco á poco, y de poca distancia, y allí en Xaltocan hicieron camellones dentro del lago Chinamitl, sembraron maiz, huautli, frijol, calabaza, chilchotl, jitomate, y allí en pocos años caminaron y llegaron á Eycoac, en la parte de las tres culebras; así mismo hicieron sus sementeras y sembraron: despues á pocos años llegaron á Ecatepec. De allì se habian dividido en Aculhuacan; de allí se vinieron á Tultepetlac, de allí se vinieron á Huixachtitlan, de allí vinieron á Tecpayuca, y allí hizo fin el año. Comenzó otro año que llamaron Ome calli, año de dos casas: de allí vinieron al lugar que llaman Atepetlac, de allí vinieron al lugar de Coatlayauhcan, y allí estuvieron algunos años; de allí vinieron á la parte que llaman Tetepanco: de allí se vinieron al lugar de Acolnahuac, y de allí llegaron á Popotlan, término que es ahora de Tacuba; aunque hay en Popottan muchos mexicanos, allí no permanecieron, viniéronse á las faldas del cerro de Chapultepec, en el lugarejo que dizen Techcatepec ó Techcatitlan, y así le pusieron nombre los mexicanos á este cerro Chapultepec, y allí cumplió otro año, Ome tuchtli, y allí les habló Huitzilopochtli á los mexicanos, á los sacerdotes que son nombrados Teomamoque, cargadores del dios, que eran Cuauhtlo quetzqui, Axoloa, Tlamacazqui y Aococaltzin; á estos cargadores de este ídolo llamados sacerdotes, les dijo: Padres mios, mirad lo que ha de venir á ser, aguardad y lo vereis, que yo sé todo esto, y lo que ha de venir y suceder, esforzaos, comenzaos á aparejar, y mirad que no hemos de estar mas aquí, que otro poco adelante iremos, en donde hemos de aguardar, asistir y hacer asiento, cantemos que dos géneros de gentes vendrán sobre nosotros muy presto.

Vueltos otra vez al primer asiento en Temazcaltitlan Teopantlan, les dijo el sacerdote Cuauhtlo quetzqui: hijos y hermanos mios, comenzemos á sacar y cortar céspedes de los carrizales, y de debajo del agua, hagamos un poco de lugar para sitio, adonde vimos el águila estar encima del tunal, que algun dia querrá venir allí nuestro dios el Tlamacazqui Huitzilopochtli, y así cortaron alguna cantidad de céspedes, y fueron alargando y ensanchando el sitio del águila desde junto á la quebrada y ojo grande de agua hondable, que así le dijo y mandó el sacerdote lo hiciesen los mexicanos por mandado del ídolo dios Huitzilopochtli de los mexicanos, lo qual iban haciendo cada dia con mucho trabajo, y luego hicieron una hermita pequeña toda de carrizo y tule de el Quetzalcoatl, junto al tunal del águila y ojo de agua, por no tener adobes, madera, ni tablazon, por estar enmedio del gran lago cercado por todas partes de carrizo, tule y aves de volatería de todo género: estando en término de los de Azcaputzalco, Aculhuaques, Tezcucanos y los de Culhuacan, que á esta causa padecian extrema necesidad los mexicanos, y así entre todos ellos ordenaban de se ofrecer y dar á los de Azcaputzalco. Otros estuvieron de parecer que no, porque seria movelles á ira, que se estuviesen quedos, y así dende adelante que tenian hecho gran pedazo de poblazon y gran solar de tierra, dijeron: hermanos mios mexicanos, hagamos otra cosa, compremos á los tecpanecas de Azcaputzalco y tezcucanos su piedra y madera, démosle en trueque todo género de pescado blanco y xuhui, ranas, camarones, ajolotes y todo género de lo que en el agua se cria, en especial Izcahuitle teutlatlac queso, que llaman ahuahtli axaxayacatl y todo lo demas, y todo género de patos de diversas maneras, y assí comenzaron á cazar con redes las aves, y con todas estas cosas fueron á Azcaputzalco y Tezcoco á traer madera, tabla y piedra, la madera era menuda como morillos pequeños, y así luego estacaron la boca del ojo de agua que salia de la peña abajo, y ni mas ni menos estacaron la casa del ídolo Huitzilopochtli, y siendo de noche hicieron junta y les dijo el sacerdote Quauhtloquetzqui: hermanos, ya es tiempo que os dividais un trecho unos de otros, en cuatro partes, cercando enmedio el templo de Huitzilopochtli y nombrad los barrios en cada una parte, y así concertado para dividirse les habló el propio ídolo Huitzilopochtli á todos, y así amanecido otro dia, todo lo tenia puesto por órden el Teomana que en el camellon estaba puesto, echaron mazorca de maiz florido, mazorca entera verde, sazonada, chile, tomate, calabaza, frijol, y en él echada una culebra viva y un pato real sobre los huevos, le llevaron arrastrando los mexicanos, como quiera que todo era laguna de agua, hasta junto á las caserías de Azcaputzalco y su rey Tezozomoctli llamó á todos los suyos y díxoles: ¿qué os parece á vosotros de estos mexicanos? ¿Quan ardides bellicosos y muy sospechosos? Verdaderamente tened por cierto, que en algun tiempo estos han de prevalecer y ser señores de nosotros de todas estas comarcas y serranías de toda calidad de gentes que somos, si no miradlos por las obras.

Y la tercera vez que les fué impuesto otro género de mas carga y tributo, les fué mandado, y les fué dicho por un principal de los de Azcaputzalco que por tercera vez trajesen un camellon poblado de tular, y en él trajesen una garza con sus huevos echada: así mismo viniese en el camellon un pato real con sus huevos, con expreso mandato de Tezozomoctli rey de los tecpanecas. Entendido por los mexicanos, entristeciéronse y comenzaron á llorar amargamente; visto por su dios Huitzilopochtli, llamólos, aunque no le veian visiblemente, y dijo á Ococaltzin, sacerdote y principal: decidles, padre mio, á vuestros hijos los mexicanos que no tengan pena, y luego hagan y pongan en obra, que yo lo sé y entiendo el modo y arte que será, para que no se exceda en un punto lo que piden estos tecpanecas.

Consolados los mexicanos por el mandato del dios Huitzilopochtli, en que les dijo: Ea, padres y hermanos mexicanos, esforzaos y haced lo que os mandan estos tecpanecas y su Rey Tezozomoctli, que el secreto de este misterio yo lo sé, no os dé pena de ello y cumplid con vuestra obligacion, que cumplido con esto, no tendrán en algun tiempo escusa alguna que esto es, pues con estos mandos los compramos como á esclavos, y lo serán en tiempo adelante sin remision alguna; por eso de presente prestad paciencia y cumplid sus mandatos, y allende de esto, así mismo haced de mi propio cuerpo una estátua toda llena de Izcahuitli, que es mi cuerpo y sangre, que tiempo vendrá que le costará su pueblo y señorío y gente y mando, pues la principal causa de estas demandas fueron ellos, y así llevaron los mexicanos el camellon con la garza, pato real y culebra enroscada.

Capítulo IV

Trata de la muerte del rey de los mexicanos Acamapichtli, y el rey que en su lugar se puso, y las cosas que sucedieron con los comarcanos.

En este comedio de tiempo falleció el rey de los mexicanos Acamapichtli, y fué en este el comienzo de sugetarse los mexicanos á tributo por extraños, y así luego todos los mexicanos hicieron junta y cabildo entre ellos, diciendo: mexicanos antiguos, valerosos chichimecas, ya es fallecido nuestro rey Acamapichtli; ¿á quién pondremos en su lugar, que rija y gobierne este pueblo mexicano? Pobres de los viejos, niños y mujeres viejas que hay, ¿qué será de nosotros? ¿Adónde iremos á demandar rey que sea de nuestra patria y nacion mexicana? Hablen todos, para de cual parte elegiremos rey, é ninguno quede de hablar, pues á todos nos importa para el reparo y cabeza de nuestra patria mexicana; asimismo esté, asista y repare la casa antigua de la abusion Tetzahuitl, dios Huitzilopochtli, quién será el que será padre de este nuestro ídolo Huitzilopochtli, allende hay en nuestra patria mujeres, niños, niñas, viejos y viejas de dos, tres, cuatro, cinco años, de un año, y de meses como veis; responded á esta demanda, sepamos cuál será y de dónde vendrá; asimismo sabreis y entendereis que hay muchos hijos que dejó nuestro rey y señor Acamapichtli.

Casi con esto los mas principales, viejos y sacerdotes de los mexicanos, de los cuatro barrios, Moyotecas, Teopantlaca, Atzacualco y los de Cuepopan, éstos todos dijeron: mexicanos, tenuchcas, chichimecas, ¿á quién podremos demandar por nuestro rey y señor, estando como estamos congregados los cuatro barrios de México Tenuchtitlan, si no es á nuestro nieto hijo muy querido Huitzilihuitl que aunque es mancebo, él guardará, regirá la casa de la abusion Huitzilopochtli y patria mexicana, y así todos juntos, mancebos, viejas y viejos respondieron á una, que sea mucho de enhorabuena, que á él quieren por señor y rey. Resolutos en esto, determinaron irle á reverenciar y recibir por tal señor de los mexicanos, tenuchcas y chichimecas, que se intitulaba ya segundo rey mexicano. En esta república y senado mexicano le dijeron: hijo y nuestro muy querido nieto, tomad el cargo y trabajo de regir este pueblo mexicano, que está metido entre laguna, tulares y cañaverales, adonde es querido, reverenciado y adorado la abusion de Huitzilopochtli, tan estimado y querido de todos nosotros; y así ya es notorio, hijo y nuestro muy querido nieto y rey nuestro, como los mexicanos estamos sometidos á servidumbre en esta tierra de tecpanecas y al señor de ellos en Azcaputzalco Tezozomoctli, que só virtud de estar aquí nosotros en tierras agenas, somos ya vasallos de estos tecpanecas azcaputzalcas; por ende, hijo nuestro, esforzaos y conseguid el valeroso ánimo de vuestro padre el rey Acamapichtli, que sufrió con mucha paciencia esta servidumbre, pobreza y estarse en esta laguna; ese propio ánimo y esfuerzo habeis de sufrir y llevar con paciencia, pues vuestro padre le sufrió y llevó hasta el fin de sus dias, como valeroso rey que fué.

Puesto el rey Huitzilihuitl, desde algunos dias el senado mexicano hizo juntar cabildo; comenzó el uno y mas antiguo viejo; primero en el hablar dijo á todo el senado mexicano: ya tenemos rey puesto; ¿parécevos que con esto habemos de tener algun descanso de tantos trabajos como tenemos de servidumbre á extraños señores? Y así no le tenemos en uno, sino en tantos como son los unos, los de Tecpaneca y Azcaputzalco, los otros en Aculhuacan y los otros nuestros señores los de Culhuacan, es mucho y muy pesada la carga de tanta servidumbre y á tantos señores. Determinémonos de tener algun descanso de tantos trabajos y en tantas partes, y mirad, hijos y hermanos, que esto que digo es la verdad, y lo propio cada uno de vosotros dirá que es la verdad, y tenemos necesidad de tolerar nuestros grandes trabajos y miserias. Y la resolucion de todo esto es menester que vamos al rey de Azcaputzalco Tezozomoctli con nuestra embajada, para que nos diese su única hija carnal que tiene para nuestro rey, que nos la diese por mujer para nuestro rey Huitzilihuitl, que ahora es en esta República Mexicana, para ni más ni ménos por esta ocasion tener algun descanso de los muchos que de presente tenemos.

Con esta resolucion fueron todos los mexicanos antiguos y viejos retóricos por embajadores al rey de Azcaputzalco Tezozomoctli, á la demanda de su hija; llevaron como dones y presentes cantidad de pescado blanco, de Ohuile, ranas, izcahuitle, lo que tenian los mexicanos. Llegados, hicieron reverencia á Tezozomoctli, rey de Azcaputzalco, diciéndole: Hijo nieto nuestro muy quedo, obedecido de nosotros los miserables mexicanos, y nosotros vuestros padres y abuelos que somos, y en tal os tenemos y tendremos siempre, aguardando siempre vuestros reales mandamientos, que lo que nos fuere mandado lo haremos con mucha humildad, y os suplicamos por el alto valor y señorío vuestro, miserables de nosotros y de vuestro vasallo, que está, guarda y rige nuestra república y pueblo mexicano, teniendo como teneis esmeraldas y piedras preciosas y tan queridas hijas vuestras. Pobre de vuestro vasallo, pues no tenemos á donde ir ni acudir si no es á vos, como á nuestro amo y señor, y á nosotros nuestros vasallos nos hagais tanta merced de mandarnos dar una hija y esmeralda querida vuestra, para que vaya á regir y gobernar nuestro pueblo mexicano, y ser conjunta persona de Huitzilihuitl, vuestro leal siervo, nuestro rey y señor. Oido por Tezozomoctli, respondió: hijos y hermanos mexicanos, yo soy muy contento de ello, ¿pues qué puedo decir? sino que ellas fueron na cidas para ese efecto, como mujeres que son, y llevaderas, y señalo la que ha de ser mujer de Huitzilihuitl, á mi hija Ayauhzihuatl, y con esto los mexicanos se humillaron y reverenciaron á Tezozomoctli rey, por tan buena obra como les hacia en concederles luego su hija Ayauhzihuatl por mujer de su rey y nieto. Los mexicanos la trajeron á México Tenuchtitlan, y allí la hicieron los viejos una oracion, práctica de tal señora, y ser como eran sus vasallos los viejos, la pusieron en su trono con su marido Huitzilihuitl, dende algunos años procrearon ellos de la Ayauhzihuatl un hijo, y luego fueron con esta nueva á Tezozomoctli, de que recibió mucho contento y alegría; luego vinieron todos los principales de Tecpanecas, Azcaputzalco y Culhuacan en Tenuchtitlan, y juntos hizo una oracion á todos ellos el Tezozomoctli, diciendo hablasen primero los mexicanos, y rindieron las gracias á todos los tecpanecas, y hecha la oracion por los mexicanos, dijeron los tecpanecas todos: en gran manera estamos todos consolados, por habernos dado nieto varon, y así le pongo por nombre Chimalpopoca. Respondieron los mexicanos con mucha alegría, que fuese mucho de enhorabuena, que ellos eran muy contentos de ello, y fuéronse con este contento y alegría, y publicóse en casa de Tezozomoctli esta embajada, y por todo Culhuacan.

Capítulo V

Trata de la embajada que envió el rey Tezozomoctli á los mexicanas, haciéndoles libres y francos de la servidumbre que tenia de ellos.

Luego que esto sucedió, dende algunos años envió embajadores el rey Tezozomoctli á los mexicanos, diciéndoles: Señores y mexicanos, haced contento y alegría, que el rey Tezozomoctli y toda nuestra república azcaputzalcas, somos muy contentos que los nuestros amigos y parientes los mexicanos descansen y sosieguen, que ya jamas habrá pesadumbre ni tributos, ni servicios personales, como lo eran de antes, salvo que pescado, ranas y todo género de pescadillo pequeño que nace y se cria en la laguna con el izcahuitle, tecuitlatl, axaxayocatl, acozil, anenez, cocolli michpilli, que esto ¡tan solamente contribuyan y lleven á Azcaputzalco los mexicanos, sobre todo, los patos de todo género de ellos, que es el mas principal regalo de los propios mexicanos.

Dende algunos años que el agua de la gran laguna mexicana se iba corrompiendo, dijeron los viejos mexicanos al rey Huitzilihuitl: Hijo y nieto nuestro tan querido de nosotros, vuestros padres y abuelos, pareceos que mandeis que del agua que se derrama y viene de todas partes de estas lagunas que procede de Chapultepec, y para lo que conviene á vuestra persona y á vuestra república, porque nuestra agua se va corrompiendo; respondió el rey Huitzilihuitl: démoselo á entender á la persona de Tezozomoctli rey; y así fueron á suplicárselo al rey de Azcaputzalco, el cual respondió que le placia el que la trajesen mucho de enhorabuena, si la pudiesen llevar á México Tenuchtitlan, y visto Chimalpopoca el mando y licencia, luego se juntaron muchos mexicanos y comenzaron á echar céspedes para en que viniese un caño de agua: luego que se hizo el asiento de céspedes envió mensajeros Chimalpopoca á Tezozomoctli su suegro, les hiciese merced de que para el caño de agua era necesario unos morillos para escallo, cal y piedra, que diese licencia para que los mexicanos la cortasen del monte y trajesen de allá la piedra y cal viva: Entendido por Tezozomoctli rey, dijo: norabuena, hablaré á todos los principales de estos tecpanecas azcaputzalcas; hecho su cabildo, Tezozomoctli propuso la oracion, interrogándoles con clemencia les concediesen la merced de darles piedra, madera y cal para el ojo ó caño. Los tecpanecas se alborotaron y respondieron con soberbia, que no querian concederles ni darles lo que pedian, porque era como avasallarlos y ser esclavos cautivos como de guerra fueran vencidos, que absolutamente no querian, y así se quedó y se salieron del senado tecpaneca.

Hubo otra vez cabildo de solos tecpanecas, y dijo á Colnahuatl, Tzacualcatl, Tlacacuitlahua, Maxtlaton y Cuecuex, los mayorales de tecpanecas: sea esta la manera de lo que envian á pedir de madera, cal y piedra, porque no parezca que de puros lacerados no se los damos, es bien que se los demos, y veamos que siendo nuestro el cerro de Chapultepec y nuestra agua la que pretenden llevar, ó á quien la han de ir á comprar, y sobre ello, pues son benedizos estos mexicanos, y ser como son bellacos, sutiles y belicosos, defenderemos el agua á fuerza de armas; comencemos desde luego á hácer espadartes maci cuahuitl, rodelas y varas largas agudas, que entiendan estos miserables mexicanos la fortaleza de nosotros los tecpanecas, veamos de adonde les vendrá leña que allá queman y legumbres que van de nuestra tierra para México Tenuchtitlan con que se sustentan, adónde tendrán salida para buscallo, que están muy apoderados en nuestras tierras, que son tambien de entender nuestros los tecpanecas, y ser nuestros vasallos por esta causa. Y despues de haber entre ellos hecho y resuelto en su intento, de ser mortales enemigos los tecpanecas con los mexicanos, determinaron otro intento: dijeron los mas ancianos de ellos llamados Acolnahuacatl, Tlacualacatl, Tlacacuitlahua, Maxtlaton y Cuecuex traigamos á vuestro Chimalpopoca, que es nuestro nieto, y quédese en este nuestro pueblo, pues es nuestro hijo y nieto. Otros que allí estaban dijeron: no es bien que venga acá, sino la mujer que es nuestra nieta é hija de nuestro rey Tezozomoctli, porque Chimalpopoca es hijo y nieto de los mexicanos. Viendo esta disencion y discordia entre ellos mismos, propusieron bandos unos con otros, en tal manera que vino á rompimiento, y fué tan grande, que los unos convocaron á los comarcanos de la parte de los montes, y los otros de los llanos, comenzando á pedir socorro á Tacuba, Cuyoacan y montañeses, y esta fué la ocasion de haber entre ellos guerras civiles.

Durante estas guerrás murió el rey Tezozomoctli, y habido los tecpanecas su acuerdo, pues era muerto Tezozomoctli determinaron entre ellos que era bien fuesen á matar á Acamapichtli y su generacion, de donde habia procedido el rey, que era Chimalpopoca su hijo, y muerto éste, que entenderian eso los de Aculhuacan, tezcucanos y Culhuacan que es la razon. porque los mataron los tecpanecas; con esto temernos han los unos y los otros, esto es, matar á Chimalpopoca y mexicanos. Resuelto con esto y armados, con traicion fueron á Tenuchtitlan los de Azcaputzalco y mataron al rey Chimalpopoca y á su hijo Teuctlehuac, quedando la República Mexicana sin gobierno, ni rey entre ellos que los gobernase.

Capítulo VI

Trata como despues de haber muerto los tecpanecas á Chimalpopoca, rey de los mexicanos, y á su hijo Teuctlehuac, ordenaron los mexicanos de alzar por su rey de ellos al segundo hermano de Chimalpopoca, llamado Itzcoatl, que fué rey.

Despues de haber muerto los tecpanecas á su rey Tezozomoctli, y muerto asimismo á su yerno y nieto Chimalpopoca, y á Teuctlehuatl, hicieron junta y cabildo los mexicanos, diciendo: Señores mexicanos chichimecas, ya habeis visto la gran traicion y crueldad que han usado estos tecpanecas con habernos muerto á nuestro rey, hijo y nieto de ellos; no ha quedado sin raíz el trono del rey Acamapichtli, que otros hermanos le quedan, por eso, mexicanos, determinemos de alzar nuevo rey entre nosotros, á uno de ellos, y mirad lo que os parece, porque no quede esta República Mexicana sin cabeza ni gobierno, que será ocasion para que los comarcanos nos vengan á conquistar, y para quitar esta ocasion, pongamos por nuestro rey á Itzcoatl su hermano, y así por este concierto y acuerdo hecho, alzaron por su rey á Itzcoatl, segundo hermano de Chimalpopoca. Puesto y asentado en su trono y magestad, conforme su usanza y manera, y habiéndole puesto al lado derecho en el suelo su justicia, un arco y flechas, comenzaron luego los mexicanos á hacerle reverencia y plática, diciendo: Nieto muy preciado y querido nuestro y de toda esta República Mexicana, mirad que este cargo y trabajo que ahora tomais, le tuvieron y trajeron vuestros antepasados á cuestas, mirando, gobernando y haciendo justicia, acrecentando la casa de Huitzilopochtli, abusion Tetzauh teutl, mirando con prudencia y humildad á los viejos y viejas, niños y niñas, tolerad las adversidades que sobre vos han de venir, como las sufrieron y toleraron los tales viejos vuestros antepasados, que ya la noche y aires los sometieron debajo de la tierra, lo que sucederá por todos nosotros, porque al fin es obligacion forzosa el que habeis de morir por vuestra patria, nacion y projimidad, segun nuestra calidad y regla que tenemos nosotros vuestros padres y abuelos que al presente somos; y con esto quedó en su asiento lugar de judicatura y audiencia, y primeramente hizo su humillacion y acatamiento al dios abusion Tetzauh Huitzilopochtli, y entendido por los tecpanecas el nuevo rey electo, recibieron gran dolor y pesar todos ellos en sus corazones, por las malas intenciones y rencor que tenian. Luego propusieron tener guerra contra los mexicanos, y pusieron su raya ó término de seguridad, y guardar de que ningun mexicano se les fuese ó escapase de la vida: pusieron su gente de guerra en la parte que llaman Nonohualco Xoconochpalyacac en Mazatzintamalco y Popotlan, en todas estas partes pusieron guardas y gente de guerra para el efecto.

Viéndose los mexicanos obligados á tomar armas para defenderse de los tecpanecas, especialmente verse cercados de los tecpanecas, recibieron gran dolor y coraje los mexicanos; con esto los hijos de Acamapichtli y Huitzilihuitl que quedaron, fuera del mayor que mataron, todos los principales y mayorales de los mexicanos dijeron: Señores, nosotros somos pocos y estamos metidos en estrechura y en tierras agenas de estos tecpanecas; de mi albedrío digo que será bien, para conseguir libertad á las pobres mujeres, viejos y niños, y tambien nosotros, que nos sometamos á los tecpanecas, llevémosles allá el abusion ídolo Huitzilopochtli, que puestos y salidos de esta laguna acordaremos lo que mas nos convenga á todos; y habló á todos en general nuestro rey y señor, y á todos los principales que aquí estamos, mirad vosotros lo que os pareciere, para que bien sea y conseguir libertad; todos hablen, para que se tome el mas sano consejo. Los que esto dijeron fueron Ecozec, Tecalle y Tzatzitzin. Respondieron los otros: será sano consejo este, de lo que dicen nuestros padres. Responded lo que á vosotros os parece, dejar en poder ageno á nuestro dios Tetzauh Huitzilopochtli, sobre esto no nos suceda peor partido. Respondió de la otra parte Atempanecatl Tlacaeleltzin: qué quereis hacer, mexicanos? ¿Acobardais ahora? Esperad un poco, no os atemoriceis ni espanteis con haber visto lo que vemos de presente: dijo el rey Itzcoatl: oidme, señores y hermanos mexicanos, háse de hacer esto que determinaron los mexicanos, que hemos de entrar y someternos á los tecpanecas, y será lo que ellos dicen; ó no ser sugetos los mexicanos á los de Azcaputzalco, y llevar á su poder á nuéstro ídolo Huitzilopochtli, sepamos este consejo y acuerdo, ¿ó pensais de pasar por ello? ¿Quién será el mensajero que irá con tal embajada? Acordad vosotros en ello. Con esto los mexicanos todos estaban atentos oyendo esta respuesta, pero ninguno habló en contra de ella. A esto respondió Atempanecatl Tlacaeleltzin y dijo: Señor y rey nuestro, ¿para qué soy en esta vida? ¿Para cuándo me guardo de hacer servicio á mi rey y patria? Yo quiero tomar la demanda de ser mensajero, y si allá muriere, al fin he de morir, pero sea con consentimiento de estos nuestros hermanos, deudos y parientes, y les encargo á mi mujer é hijos. A esto respondió Itzcoatl rey y dijo: para siempre jamas habrá memoria de vos, y tomo á mi cargo á vuestra mujer é hijos, de mirar por ellos y sustentarlos como á mis hermanos que son. Luego se puso y aderezó Atempanecatl principal, á la mensajería de parte de los mexicanos, que por tener el nombre de Tlacaeleltzin, se atrevió como gran varon de mucha cólera, prudencia y razon; y habiéndose partido llegó á las guardias de Xoconochpalyacac, que allí estaba puesta una sola rodela de señal de guerra, y guarda de los de Atzcaputzalco. Luego le llamaron por su propio nombre diciéndole: venid acá, ¿no sois vos Atempanecatl (porque lo conocian). Respondió y díxoles: yo soy el que nombrais. Dijéronle: ¿á donde vais? Respondió: soy mensajero. Dijeron las guardias: no puede ser eso. Volveos, que es por demas pasar de aquí, porque si no os volveis, aquí morireis sin ir á donde quereis, ni volveros; dijo á esto Atempanecatl: sea así lo que quereis de mí hacer para cuando vuelva; y así con esto lo dejaron pasar al palacio de los tecpanecas en Atzcaputzalco; luego el Atempanecatl propuso una oracion de su embajada, diciendo: Rey y Señor nuestro, soy enviado de vuestro vasallo Itzcoatl, el que dice que se somete á vuestro vasallaje, y como tal le debeis recibir. Condoleos de vuestro pueblo Mexicano, que todos se pasaron aquí á vuestro pueblo. A esto respondió el Rey y Senado Tecpaneca, dijéronle: mira, Atempanecatl (que muy bien le conocian) bien conozco la hnmillacion y sujecion de los mexicanos, y es por demás, porque están alborotados y corajudos los tecpanecas, prestad paciencia, y volveos con esta respuesta á vuestro rey y hermano; direis con ruegos á los guardias os den libertad, y seguridad como á tal embajador, y con esto se volvió Atempanecatl por el camino de las guardias principales de los tecpanecas en Xoconochyacac, los cuales como le vieron, le dijeron: ¿cómo venis por aquí, Atempanecatl? Es por demas pasar sin que primero dejeis aquí la vida. Respondió Atempanecatl y dijo: Señores mios, yo soy mensajero, que tengo de volver muchas veces al senado Tecpanecatl para la resolucion de humillamiento, y así rendidamente os ruego y suplico me dejeis ir con libertad. Respondieron los guardias: pues habeis de volver, id á la buena ventura, y volved pronto, que aquí os aguardaremos.

Capítulo VII

De la respuesta que trajo el embajador Atempanecatl al rey Itzcoatl y al senado Mexicano, y lo que determinaron hacer de esto.

Llegado á México Tenuchtitlan el mensajero que habia ido con la embajada á los tecpanecas Atzcaputzalcas, estando en presencia del senado Mexicano y delante del rey Itzcoatl dijo Atempanecatl Tlacaeleltzin, que despues de haber dado su embajada al rey y á todos los tecpanecas, respodió el rey y díjome: Atempanecatl, principal mexicano, ya os tengo oida vuestra embajada, ¿qué quereis que haga? ¿Qué, nó ser poderoso para estorbar el propósito comenzado de los tecpanecas, de succeder guerra con los mexicanos? Por eso volveos, mexicano Atempanecatl, dadle esta respuesta á Itzcoatl vuestro rey, y á vuestro senado mexicano. Esta es la respuesta que se me dió. Hecho cabildo y junta, los mexicanos dijeron: Señores mexicanos, ¿cuál es la causa por que vosotros no quereis que vamos en poder, sujecion y dominio de los tecpanecas en Atzcaputzalco? ¿No os da lástima, dolor y compasion tanta criatura de niños, viejos y viejas que podrán por vuestra causa padecer, si va adelante este intento de los tecpanecas? Pues sabeis que son muchos sin número, que hasta los montes están poblados de ellos. ¿Cómo no os resolveis, pues nosotros para ellos, es como decir diez contra uno? Allende ¿estar fortalecidos en sus casas, tierras, montes y vasallos? ¿En qué pensais vosotros? Por que nosotros no tenemos alguna defensa de cerro, peñol ó cueva, donde se metan estas pobres mujeres, niños y viejos, sino presentes á las manos de nuestros enemigos los tecpanecas. A esto respondió el principal Atempanecatl que fué el mensajero, y les dijo y propuso, sea así pues, señores y hermanos mexicanos principales, ¿cuál es la razon de no querer vosotros que vamos á Atzcaputzalco? Satisfagamos con vuestro último parecer y determinada voluntad la pretension vuestra. Respondieron los principales valerosos adelantados de todos ellos en esta manera.- Señores y hermanos mexicanos, vosotros los principales vecinos, que luego, y cada cuando que fuere apellidada la guerra con nosotros, ó nosotros comencemos, y tomemos nuestras armas, arcos, flechas, rodelas, dardos, y con esto dejaremos en manos de estraños nuestra república, y de esta manera no perderemos punto de nuestro honor, sino haciendo todo lo que en nosotros es posible. Respondieron los otros mexicanos con valeroso ánimo: sea mucho de enhorabuena, y sea de suerte que podamos con los tecpanecas que tanta suma son de ellos. Los primeros mexicanos, habiendo oido esto, respondieron y dijéronles á los mexicanos que se aventuraran á la guerra, diciendo: sea esta la manera, que no pudiendo prevalecer ni defendernos todos de los tecpanecas, y viniéremos á disminucion con daño y pérdida de nuestras mujeres, hijos, padres y viejos, que en venganza de vuestro atrevimiento, y dejarnos en manos de nuestros enemigos, estareis á la cruel muerte que os mandaremos dar á todos por ello; dijeron los viejos: y tal muerte que sea espantosa; respondieron los mexicanos valerosos, ¿qué es ó cuál será la muerte que hemos de pasar? Dijeron los viejos: ha de ser la muerte, que sereis aspados los cuerpos con tejas como de almoazas, y luego de muertos os hemos de comer vuestras carnes, porque cuando venimos y salimos de nuestras tierras, no trajimos deudos ni parientes, sino muy diferentes los unos de los otros.

Replicando los mancebos valerosos mexicanos hijos de los principales, dijeron: sea norabuena, mexicanos: decimos que en no saliendo con nuestro intento y voluntad de aventajarnos en armas con los tecpanecas, que no habeis de tejar con tejas, y comer nuestras carnes. Aunque en nosotros no teneis ningun parentesco, ni vosotros ayuda ninguna nos dareis para huirnos á otras partes de este tribunal mexicano. Sea, pues, norabuena dada esa sentencia contra nosotros: así mismo decimos, que si tenemos tanta ventura, y salimos con nuestra empresa, y sujetamos á yugo á los tecpanecas, que vosotros jamas sereis tenidos por principales, sino por mazehuales vasallos nuestros, y de nuestra República Mexicana. Tornaron á replicar los viejos en esta manera: Mirad, hijos y sobrinos nuestros, que si prevaleceis y sujetais á los tecpanecas, será y es nuestra voluntad, que el varon que mas fuere y valiere en las guerras, en premio les concedemos que de nuestras hijas y nietas y sobrinas, al que mereciere conforme su valor y valentía, tenga en su casa dos, Ó tres, ó cuatro mujeres suyas, y si mucho se aventajare é hiciere por su persona, este tal, y los que fueren á ello tengan así mismo cinco, seis, ocho ó diez mujeres suyas, como las puedan sustentar: tambien decimos que los tales varones esforzados en batalla que prevalecieren con valerosos ánimos, y ganaron en las guerras esclavos, habidos en buena guerra, á estos tales les llevaremos y cargaremos á cuestas en carcaxtles sus armas, y así mismo llevaremos cargados vuestros matalotages de bizcochos, frijol molido, pinol y lo demas perteneciente al sustento humano en tales guerras, y venidos á nuestra República Mexicana, os recibiremos con pompas, generales fiestas y regocijos, y os daremos agua manos, y serviremos en vuestras mesas en el comer, barreremos vuestras casas, seremos vuestros despenceros ó mayordomos, y haremos á los mandados, y seremos vuestros embajadores en qualesquiera partes y lugares que nos enviáredes: de esta promesa y partido proponemos á todas nuestras fuerzas posibles. Habló otra vez el Atempanecatl principal mensajero y díjoles: Señores y hermanos mexicanos, todo lo tratado y resuelto aquí está bien dicho. Tengo de volver otra vez al pueblo de los tecpanecas en Atzcaputzalco con esta embajada; aguardadme á lo que responden.

Capítulo VIII

Trata la embajada resoluta que envió el rey Itzcoatl de México, á los principales y Senado de Atzcaputzalco, tocante en guerra.

Habiendo visto y entendido en el Senado mexicano la resolucion de los mexicanos, y muy determinados de combatir á los tecpanecas, y morir sobre ello en la demanda, llamó á Atempanecatl Tlacaeleltzin, embajador mexicano principal, y díjole: tened valeroso ánimo como tal mexicano que sois, determinad otra vez vuestro viaje y mensaje á los tecpanecas, y si es que vuestros dias y fin ha llegado, conformaos en vuestra buena ventura, y si allá fenecieren vuestros dias, yo tomo el cargo de vuestra mujer, hijos y casas. Decidle de mi parte que yo le envio á saludar, y á esforzarle como valeroso señor, que en su trono y señorío no desmaye, que haga el corazon ancho á las caidas hum anales de la fortuna, y que si tiene ya bien entendido el golpe de fortuna, que sobrevendrá en su trono, y sucederá á los viejos, viejas, mozos niños y niñas tiernas de edad, si se aventura á lo que él y los tecpanecas tienen determinado y nosotros los mexicanos ya puestos á todo lo que sucediere, y que su servidor y vasallo Itzcoatl y todos los mexicanos ya estamos pospuestos á su voluntad, pues así lo quiere, que no me volveré atras si desdicho está, prontos y determinados á ello como nosotros, no poniéndole delante temor alguno, pues ya comienzo à tomar mi cargo de vasallaje y sujecion, del vencido caido en sujecion. Apercebios, Atempanecatl Tlacaeleltzin, pues este es el fin y paradero de lo que ha de suceder: poneos luego en camino.: Llegado el mensajero Tlacaeleltzin en presencia de Tezozomoctli rey de tecpanecas, díjoles: rey y Señor, esteis en buena hora, catad aquí que os envia el rey Itzcoatl mexicano, este pequeño satisface vuestra tristeza y lágrimas, este Ticatl albayalde y pluma, que es la señal de rodela, y dardos, que es tener en atencion por honor de vuestra persona acatamiento, que él propio los aderezó para vos. Tomólos el rey en la mano, y díjole: sea mucho de norabuena, Atempanecatl Tlacaeletzin, Téngoselo en merced á Itzcoatl, y así le untó con el albayalde el cuerpo, y le emplumó la cabeza con la pluma, y púsole en la mano y en la otra el dardo vara tostada Tlatzontectli, y así fecho esto, el rey le dijo al Tlacaeleltzin: tomad tambien vos en que vais envuelto y esta rodela, y este espadarte macuahuitl, y mirad si podeis volveros á vuestra casa. La rodela llevaba una banda atravesada como divisa Ixcoliuhqui, y las armas que le puso en su cuerpo doradas, y en la cabeza le puso como celada, corbado, como cayado de pastor, y díjole: volveos á vuestro rey de esta manera, y mirad si podreis pasar á salvo, y entiendo que por la parte que habeis de pasar de las guardias que allí están, que para vuestro pasaje os tienen fecho y agugerado el paredon de la guardia, pasareis por delante de la pared, y al salir de é no os vuelvan y tornen los tecpanecas corcobado el cuerpo; y así salió del pueblo, y fué á un lado del camino y junto á él, y viniendo por su camino llegó á las guardas en Xoconochyacac á donde estaban muy puestos de guerra, con cuidado y velas, todos armados con armas y rodelas y espadartes. Llegado á ellos, les habló en alta voz, diciéndoles: tecpanecas, muy bien os ha sucedido la fortuna, que ya es dado que habeis de morir todos, que no ha de quedar ninguno, ni memoria del pueblo de Atzcaputzalco, que yo como Tlacaeleltzin que soy, os lo predestino; y dicho esto comenzó á vocear y dar alaridos, y así le dieron alcance los tecpanecas y le comeuzaron á dar cuchilladas en la cabeza, puesto el morrion, ó celada dorada trayendo por el agua, y así vino á dar en Nohualco, y llegado á la casa de Itzcoatl rey, que estaba en su palacio, y y con él estaban los principales mexicanos, preguntó Itzcoatl á Atempanecatl: seais bien venido, que tuve por cierto, que no volveriades otra vez á México Tenuchtitlan y por cierto, tenia que os habian muerto los tecpanecas. Respondió Atempanecatl, mucha ventura tengais, buen rey: ya fuí y llevé vuestra embajada, y cumplí vuestro mandato, y le adorné su cuerpo con el albayalde, todo el cuerpo le unté con ello, y le emplumé la cabeza, y díjome que agradecia la voluntad grande de Itzcoatl ya esto es así hecho, volveos á vuestro rey y patría, no cureis de volver mas á mí, que ya desde ahora para siempre no me vereis, ni yo os veré á vos, y así con esto me volví con este resoluto mando. Oido esto, Itzcoatl dijo: sea mucho de norabuena; mandad á mis hermanos los mexicanos que se aderecen y aperciban para este efecto, pues estamos ya en este término que nos hemos de vender, los unos y los otros en esta guerra, haced llamamiento á todos los principales mexicanos apercibidos. Todos á guisa de guerreros llegan al lugar de la guardia en Xoconochnopalyacac, y por caudillo de ellos al dicho Tlacaeleltzin, y entrando en medio de los tecpanecas en lo mas fuerte de ellos con grande vocería y alboroto, que solos los principales mexicanos, y Tlacaelel con ellos, solos entraron en campo con los enemigos tecpanecas, que los demas mexicanos no habian entrado con ellos, que estaban mirando en lo que paraba, y viendo que iban á huida á mas andar los tecpanecas, que llegaban ya á las faldas de los montes, llegaron los otros mexicanos dando ánimo á los mayores y principales, diciéndoles: Ea, valerosos mexicanos, que ya no hay memoria de los tecpanecas ni serranos sus aliados, ni hay ya pueblo de Atzcaputzalco, que todo es ya vuestro: ya habeis enterado vuestro alto valor y señorío; qué podemos ahora decir? Y así volvieron á bajar los tecpanecas, y con voz humilde y baja se ofrecieron á la sujecion y dominio mexicano, y ser vasallos y servirles como á señores, y ellos vasallos, y que harian todo lo que á un esclavo le fuese mandado, pues en justa guerra quedaron vencidos y sujetos de ellos.

Capítulo IX

Trata de la sujecion y servidumbre que hicieron los tecpanecas á los mexicanos, quedando el campo y pueblo de tecpanecas á los mexicanos.

Para amansar y traer á paz á los mexicanos que tan pujantes y orgullosos estaban contra los tecpanecas, dijeron estos: Señores mexicanos, como vencidos que somos de vosotros, ya os tenemos dadas nuestras hermanas é hijas que os sirvan y á vuestras mujeres, y nos proferimos á vasallaje, y de todas las veces que fuéredes en guerras y batallas con estraños iremos nosotros como vasallos, y llevaremos á cuestas vuestro matalotaje, y llevaremos á cuestas vuestras armas, y en caso que en las guerras alguno ó algunos de los mexicanos murieren, nos proferimos á traernos los cuerpos cargados á vuestra tierra y ciudad, y ser con honra enterrados, y venidos que seais de las guerras, y ántes y despues barreremos y regaremos vuestras casas; tendremos cuidado de vosotros con nuestros servicios personales, pues así estamos obligados conforme á usanza de guerra, y nosotros de servidumbre. Entendido esto por los mexicanos, esta resolucion y promesa, juntáronse en uno todos los mexicanos y dijeron: Ya, mexicanos y hermanos nuestros, habeis oido y visto las promesas, sujecion y dominio con que se someten á nosotros estos tecpanecas Atzcaputzalcas ofreciéndose darnos para nuestras casas madera, tablazon, piedra, cal, y sembrarnos maiz, frijol, calabaza, especia de la tierra, chile y tomate, y ser nuestros criados, y los mayores de ellos nuestros mayordomos, y ahora de presente es nuestro pueblo, y nuestros vasallos los de Atzcaputzalco. Ahora, como tales Señores que somos de ellos, haremos reparticion entre nosotros de tierras que tienen, y asimismo vosotros, como á nuestros padres que descendimos de vosotros, os daremos parte de las tierras que entre nosotros repartiremos, que tengais de vuestro para vosotros y vuestros hijos, descendientes en honor, que hagais sacrificios á nuestros dioses, y de los frutos y rentas de ellas haya para el sacrificio de papel de cortezas y sahumerios de copal, dique de ámbar y lo demas á ello, y en especial la lama de la mar, cuajado negro, hulli para vuestros dioses y nuestros: vamos ahora á México Tenuchtitlan á descansar con alegría de nuestra victoria.

Estando en presencia de Itzcoatl, dijo en público Atempanecatl Tlacaeleltzin: Señor nuestro, ya es vuestro y por fuero de derecho el pueblo de Atzcaputzalco y sus tierras y montes, porque os ruego y suplico como uno de vuestros vasallos, que los principales mexicanos, valerosos capitanes, les hagais merced de repartirles tierras, ganadas en justa guerra por su esfuerzo y valor, que esta pobres y sus hijos; é para esto se escojan los mas principales y mas valerosos en la guerra; é asimismo nuestros padres viejos y pobladores de esta tierra se les den algunas suertes pequeñas de tierra, que tengan de suyo para sustentarse, y tengan reconocimiento de esta merced y habidas en justa guerra. Respondió Itzcoatl rey y dijo á Tlacaeleltzin: sea mucho de enhorabuena, que es justa vuestra demanda y pedimiento: comiencen por los principales por su estilo y órden de su valor y merecimiento á conforme, y luego por los vecinos comarcanos, pobladores antiguos de nuestra patria y nacion.

Comienza el memorial de los valerosos soldados, conquistadores de Atzcaputzalco. El primero, Cuauhtlecoatl; el segundo, Tlacahuepan; tercero, Tlaatolzaca; cuarto, Epcoatl; quinto, Tzompantzin. Los hijos que fueron del rey Huitzilihuitl, capitanes soldados, son estos: el primero llamado Tlacaeleltzin; el segundo, Huehuezacan; tercero, Huehue Moteczuma; cuarto, Citlalcoatl; quinto, Aztecoatl; sexto, Axicyotzin; sétimo, Cuauhtzitzimitzin; octavo, Xiconoc. De manera que son estos los principales valerosos mexicanos y los fundadores de México Tenuchtitlan, y los primeros capitanes y conquistadores que ganaron y ensancharon esta gran república y corte mexicana, y las tierras y pueblos que pusieron en sujecion, y cabeza de México Tenuchtitlan; que estos tales principales por ellos ha sido y es cabeza de México Tenuchtitlan y su grandeza y señorío que hoy es: siendo primero México Tenuchtitlan nombrado el lugar, el tular y cañaveral, y laguna cercada, Tultzalan acatl ytic, atl itic México Tenuchtitlan. Que su alto merecimiento y esfuerzo señorearon primeramente las tierras y montes de los tecpanecas atzcaputzalcas. Con justo título, causa y razon cupo juntamente lo que es ahora llamado el pueblo de Cuyuacan, todos nombrados tecpanecas. Por su órden curso de tiempo ganaron y conquistaron á Xochimilco, Cuitlahuac, Chalco y los Aculhuaques, Tezcucanos, y los de Tepeaca, Ahuilizapan, Cuetlaxtlan, orillas de la mar de nuestra España, y otros pueblos comarcanos á estos de Cuetlaxtlan, y con ellos á Tuztia, que otros sin estos fueron ganando y conquistando estos valerosos mexicanos, poniéndolo todo en cabeza del imperio mexicano, y en curso de tiempo á, Coayxtlahuacan, que es grande su provincia; y á Pochtla, Tehuantepec Xoconusco, Xolotlan, Cozcatlan, Maxtlan, Ixhuatla, Huaxaca, Cuextlan, Huitzcoac, Tizapan, Tuchpa y todos los matalzingas, toluqueños que son grandes sugetos, Mazahuacan, Xocotitlan, Chiapa, Xiquipilco y Cuahnacan, todos los cuales pueblos y tierras ganaron y señorearon estos mexicanos valerosos en breve tiempo, de los cuales y de sus rentas de ellos traian do tributo lo mas supremo y preciado, piedras preciosas, esmeraldas y otras piedras, chalchihuitl, oro, preciada plumería de diversas maneras y colores, diversas maneras de preciadas aves volantes nombradas Xiuhtototl, Tlauhquechol, Tzinitzcan, cacao de diversas maneras y colores, todo género de mantas ricas labradas y grandes, de á veinte brazas, que llaman Cuauhmecatl, y de á diez brazas, de ocho y de menos brazas, los cuales les era dado á estos tales principales por tributo de ellos, y preciadas aves vivas que llaman Zacuan y Toznene, papagayos de muchas maneras y Ayocuan, águilas que traian los naturales de los pueblos de la costa y orillas de la mar, por lo consiguiente animales vivos y sus pellejos adobados como leones, tigres, onzas y de todas suertes de culebras y géneros de vívoras. La grandeza temeraria de ellos como son sus nombres Teuctlacozauhqui, Chiauhcoatl, Nexhua, y culebras grandes blancas, temerarias su espanto y grandeza, y Zolcoatl, Miahuacoatl, culebra que la cola es como pescado, de hueso hendida por medio, muy temerarias, que por tener sugetos á los naturales, no teniendo tributo que dar, les hacian traer alacranes, cientopiés ponzoñosos, y en partes y pueblos daban piedras de ámbar, cueros de tortugas duras y galanes, con que hacian mecedores de cacao á las mil maravillas engastados en oro; finalmente, de toda cosa que se cria y hacen las orillas de la mar los naturales de las costas, y piedras jaspes y cristales, y otras que llaman tlaltzocatl y nacaz colli, y todas las flores de colores de tintes para pintar, que los tales tributarios traian.

Capítulo X

Trata las maneras de vasos jícaras que traían de tributos los indios vasallos de los mexicanos, y maneras de ropas de vestir.

Traian jícaras redondas, á las mil maravillas pintadas como bateas, otras menores y mas chicas labradas y pintadas, tecomates, vasos de beber cacao galanos y mantas muy galanas labradas al uso mexicano con seda de la tierra, tochomitl de todo género de colores y pañetes labrados galanes, que sirven de tapar las vergüenzas de los hombres, huepiles, naguas blancas labradas, de muy delgado hilo, y leonadas, esteras, petates galanos labrados, otros de palma, y asentaderos labrados, y espaldares que llaman Izhuaycpalli tepotzo yzpatli y maíz, frijol, chile, calabazas, huauhtli y chiantzotzotli, pepitas, chile de todas maneras de esta Nueva España, corteza de árboles para los braseros, escalentaderos, tea, que sirve de candelas de sebo para alumbrar de noche, y carbon, y todo género de piedras para labrar casas, pesada y liviana y blanca, que era el gusto y regalo de los mexicanos; así mismo las comidas de carnes de venado, de barbacoa asados y conejos de barbacoa, todo género de pescado de los rios caudalosos, venidos de léjas tierras, camarones, sardinas, y langosta de la gorda de comer, y todos los demas géneros de comidas de campos, y criados nacidos de los magueyes; y de lo de las frutas, que se cree aventajar la diversidad de géneros de frutas le diversas maneras y tiempos, que se dan y nacen como en nuestra España, todo esto con otras muchas cosas tocantes al sustento humano. Todo esto merecieron los mexicanos por haberlo ganado con valeroso ánimo, esfuerzo de sus personas y valentía, en tantos y tan grandes pueblos de este Nuevo Mundo, que en aquel tiempo así se intitulaba: Ze manahuac tenuchca tlapan, lo que ahora se ve por ella.

Pues la diversidad de rosas, flores, jazmines y laureles que traian los extranjeros de léjas tierras con los propios árboles, y los trasplantaban y trasponian en diversas partes, como si en sus tierras nacieran unidos; de las costas como son Yoloxochitl, Cacahuaxochitl, Izquixochitl, Yexochitl, Cacaloxuchitl, Tonacaxochicuahuitl, y de otras menores rosas que nacen y se crian en tierra fria, y en zanjas y camellones, que era cosa increible lo que estos mexicanos señorearon, comenzando por el rey Itzcoatl, que primeramente fué el comienzo de los tecpanecas atzcaputzalcas, y desde ahí por su orígen y estilo que en él fué comienzo de tener el sustento del palacio y casa real de México, y los que venian de léjas tierras llegaban y comian y vestian, dejado que habian sus tributos, y aunque venian á darlo á Itzcoatl, era para todos los mexicanos en comun.

Y para ver de repartir las tierras de suso referidas y de pedimento de Atempanecatl Tlacaeleltzin, por él comenzó y se le repartió: la primera suerte de tierras fué en Teopayucan, luego en Chiquichtepec, luego en Cuauhtepec, en Apepetzpan, en Huexocuauhpan en Tetlaman, en Ahuitzoc, en Acuenco y Tlacopan y Popotlan. Todas estas tierras y en los lugares dichos, fueron tierras de los de Atzcaputzalco en diez partes, porque á tantas pertenecieron á los demas, y mas aventajadamente á este Cuatlecoatl y Atlacahueyan y Huehue Motehuczoma, en estas suertes se les adjudicaron otras tantas tierras, y no á los demas mexicanos, porque de los mexicanos vecinos y pobladores antiguos se les dió y repartió de las propias tierras de los de Atzcaputzalco, no tantas ni tan largas, sino muy moderado á cada uno igualmente, excepto que de estas tierras de mexicanos, de los moderados fueron dedicando á los dioses de sus barrios, que del fruto de ellas se sacase para las ofrendas de sahumerios, incienso, papel, ulli, colores de almagre, azul, negro, tintes para el pro de sus dioses y sacrificios de los templos.

Sabido esto por los demas tecpanecas nombrados de este apellido, - de Cuyuacan, la destruccion de los atzcaputzalcas y el repartimiento hecho de sus tierras á los mexicanos, recibió con este grande pesar y ensoberbecióse Maxtlaton Cuecuex y los demas tecpanecas de Cuyuacan y dijeron: nosotros hemos de ser así mismo vasallos de los mexicanos; ya segun eso entienden los de Atzcaputzalco avasallarnos y tomarnos nuestras tierras, pues son ya vasallos de los mexicanos tenuchcas, porque nosotros hemos estado siempre de por sí sin pleitos ni guerras con ninguno de ellos; sea esta la manera, dijo Maxtlaton á los cuyuhuaques tecpanecas. Digo yo, si os parece á vosotros, enviemos nuestros mensajeros á los tecpanecas atzcaputzalcas sobre este negocio de vasallaje y cautiverio de su libertad y nuestra, si algo nos sucediere; y así dijo Cuecuex capitan: sea norabuena, vaya otro mensajero; y fué con esta embajada Zancayatl teuctli: llegado á Atzcaputzalco explicó su embajada, y de la manera que les dieron sus tierras y se avasallaron á los mexicanos. Respondieron que así era la verdad, que en justa guerra fueron vencidos y desbaratados, y en rescate de las mujeres, niños, viejos, viejas y su pueblo se avasallaron á los mexicanos, y repartieron entre ellos sus tierras propias; y esto respondieron los mayores de ellos llamados Acolnahuacatl, Itzacualcatl, Itlacacuitlahua, y replicó el mensajero, que si era posible, pues así eran vasallos, que refiriesen nuevamente á la defensa de su patria, y pues no querian que vuestro hermano Maxtlaton y los demas principales y señores de Cuyuacan que querian ellos darles voz de esto á los pueblos de Xuchimilco y Culhuacan, que con derecho y justa causa y razon querian tener y poseer su pueblo y tierras, y no avasallarse á los mexicanos, y con esto concluyó su plática el mensajero.

Capítulo XI

Trata la resolucion de los de Atzcaputzalco, no querer resolver ni dar guerra á los mexicanos: visto por Maxtlaton de Cuyuacan y los grandes, piden favor á Culhuacan y á Xuchimilco contra los mexicanos.

Respondieron los principales mayorales de Atzcaputzalco á los de Cuyuacan y dijeron Acolnahuacatl y Tzacualcatl, entender á todos los de Azcaputzalco nuestros hermanos, hijos y los demas esta plática enviada por Maxtlaton, y vendreis por la respuesta de vuestra demanda, y así resueltos los de Cuyuacan de ser contra los mexicanos, enviaron segunda vez al mensajero Zacanyatl; parecido ante los de Atzcaputzalco y la determinacion de los de Cuyuacan, que se confederasen y no retardasen, y se comenzase guerra contra los mexicanos sobre esta dominacion antepuesta contra ellos, de los mexicanos, porque ya de nuestra parte enviamos á ellos á los pueblos de Culhuacan, Xuchimilco, Chalco y Cuitlahuac, y en todos los de Aculhuacan y tezcucanos. Respondieron los de Atzcaputzalco Acolnahuacatl, Itzacualcatl y Tlacacuitlahua: oid bien, Zacanyatl principal, lo que dice Maxtlaton. ¿No sabe y entiende que los mexicanos nos dejaron rodela, espadarte y dardo arrojadizo, como sugetos á batalla? ¿Y qué será para nosotros haciéndonos rebeldes como la primera vez ¿Para qué nos quiere pervertir con tanta crueldad como usaron con nosotros? ¿Queremos ahora ver, y que veamos por vista de ojos derribar nuestros templos, ver cabezas, cuerpos cortados, tripas arrastrando y sangre por este suelo derramada de las manos de los mexicanos, y sangre de nuestros padres, mujeres, hermanos, hijos y niños inocentes? Que pues ellos pretenden, tambien vendrá por ellos el águila y el tigre tan dañados, y cuando esto vieron los de Cuyuacan por nosotros, ¿cómo no vinieron á nuestra defensa y favor? ¿Y ahora ellos lo pretenden? Bien pueden ellos ahora Maxtlaton y los suyos hacer en ello lo que mas les convenga, que ya nosotros guerra contra mexicanos no la hemos de hacer, ni entender en ello, bástanos estar sugetos á los mexicanos: con esta resolucion os volved y mirad que acá no volvais con mas respuesta tocante á esta guerra, y volveos luego Vuelto así con este resoluto mando y respuesta, con la misina embajada fué é á los de Cuyuacan y á su rey Maxtlaton; oido por ellos respondieron: sea mucho de norabuena, hermanos tecpanecas de Cuyuacan; señores, sea esta la manera, cerremos las salidas y entradas de los mexicanos, que no les consintamos llegar á nosotros, y pongamos guardas en todas partes, y en la mas principal pongamos fuerzas, y así pusieron fuerzas en la parte que llaman Tlaxtonco, y en Tlenamacoyan, y en Temalacatitlan.

Y así dende algunos dias iban las mujeres de los mexicanos cargadas con pescado y ranas, Itzcahuitle y tecuitlatl, axayacatl exolin y patos para vender en Cuyuacan, y las guardas que allí estaban, vístolas, tomáronlas todo lo que llevaban á vender á Cuyuacan. Por las indias este agravio y fuerza de les haber quitado forciblemente lo que llevaban á vender, se volvieron á Tenuchtitlan llorosas y quejosas, no embargante esta vez, sino otras muchas veces, á otras mujeres de los mexicanos. Sabido por los mexicanos principales el agravio que continuamente recibian las mujeres mexicanas, mandaron á todas ellas que jamas volviesen á Cuyuacan, una, ni ninguna de ellas jamás, evitando con esto los agravios de ellos.

Visto por Maxtlaton y los grandes de Cuyuacan no volver mas las mujeres mexicanas con sus granjerías, hicieron junta diciendo: hermanos tecpanecas cuyuaques, ya no vienen las mujeres mexicanas, estarán con el agravio recibido de ellos con enojo, estemos apercibidos de armas, rodelas, espadartes, macuahuitl, y para nuestra ayuda invoquemos y llamemos á los de Xalatlauhco, y para esto nos ayuden con rodelas y espadartes; los mancebos que de allá vinieren, esos guarden y velen las fuerzas, entradas y salidas de los mexicanos, los cuales vengan con armas y divisas de águilas y tigres. Enviados sus mensajeros á los chichimecas de Atlapulco y Xalatlauhco, les explican la embajada de parte de los de Cuyuacan con ruegos y halagos, diciendo: el rey Maxtlaton y Cuecuex os ruegan y suplican juntamente todos los tecpanecas, para que les favorezcais con rodelas y espadartes, y con mancebos esforzados, intitulados valientes guerreros con divisas de águilas y tigres, como estos mancebos lo son: que vayan con su esfuerzo y valentía á guardas y defender nuestros pueblos de los mexicanos. Oida la venida y embajada del mensajero, se juntaron todos y respondieron: ¿que contra mexicanos hemos de ir y guardar vuestras fuerzas, entradas y salidas de ellos y de vosotros, y que vayan nuestros hijos y hermanos? Habido cabildo volvieron á la respuesta: volveos, mensajero, que de acuerdo y voluntad estamos de no ir allá, ni enviar gente ni armas, porque no hemos recibido de los mexicanos agravio ninguno; volveos con esta respuesta y no volvais mas con esto que decimos.

Llegados los mensajeros á Cuyuacan, cuéntanle á Maxtlaton rey la respuesta que les dieroa, y como estaban resueltos los de Atlapulco y Xalatlauhco á no querer ir contra los mexicanos, y que no curasen de volver mas con el mismo propósito. Entendido Maxtlaton y Cuecuex, dieron sosiego y descanso á los mensajeros, que aquí no hemos menester ayuda de ningunos vecinos, sino que nos esforcemos todo lo posible, y miremos y guardemos nuestra república tecpaneca, que á pura fuerza de mexicanos, y nosotros de nuestra parte, nos tomarán de esta manera nuestras tierras, y entónces á mas no poder defenderemos con fuerza de armas á nuestras mujeres, hijos, viejos y viejas. Pasados ya muchos dias que las mujeres de los mexicanos no iban á los mercados de Cuyuacan, ni las de Cuyuacan iban á México, visto esto el Cuecuex habló á Maxtlaton y díjole: señor, muchos dias há que las mexicanas no vienen á nuestro pueblo, y las de este de Cuyuacan tampoco osan entrar en Tenuchtitlan con temor que tienen de lo hecho, y así quisiéramos entender y saber qué hacen los mexicanos, si tienen puestas velas, guardas ó escuchas contra nosotros. Respondió Maxtlaton: sea esta la manera, que vais vos muy secretamente, sin que seais sentido de ellos, ó no llegueis sino hasta donde llaman Temalacatitlan, y para esto llevad esta rodela, espadarte y divisa, y váyannos guardando desde léjos algunos, y así fué; llegó hasta Catemalatitlan, y visto no haber ruido ni bullicio de mexicanos, volvióse otra vez á Maxtlaton. Entendido esto Maxtlaton, estuvo suspenso buen rato, y díjole á Cuecuex: mi determinacion es, que de mi voluntad les quiero convidar á comer, y á tratar amistad sobre falso, hasta que de todo punto nos aderecemos con armas para ir contra ellos, que este convite será para descuidarlos de lo que pretendemos. A esto replicó Cuecuex y dijo: cuando ellos estén en nuestro pueblo descuidados, entónces será bien matarlos á todos, que será buena ocasion esta. Respondió Maxtlaton que no era bien hecho, por no dar deshonra á nuestra patria, que revolverán con valeroso ánimo á nosotros y no tendrán clemencia en las mujeres y niños, y tomarnos han de armas descuidados, y con lo que dicho tengo, con valeroso ánimo, bien armados todos, en campo los hemos de acabar y fenecer á todos los mexicanos.

Capítulo XII

Los de Cuyuacan envian mensageros á Culhuacan, Cuitlahuac, Xochimilco, Chalco y Texcuco á que hagan gente de guerra contra mexicanos.

Con esta resolucion de enviar mensageros á todos los pueblos comarcanos de Culhuacan, Xochimilco, Chalco y Tezcucanos para que entendidos los mexicanos venedizos, se entraran en las tierras de los tecpanecas, y señoreándolas forciblemente, y las tienen pobladas, y se van cada dia ensanchando y creciendo, y sobre todo haber tomado por fuerza de armas el Pueblo de Atzcaputzalco, y los tienen y tratan como esclavos y vasallos, y tomádoles sus tierras, y repartídolas entre ellos. Fué el Mensagero Zacanyatl Teuctli, y Tecpanecatl teuctli y estos con esta embajada. Oida y entendida, el Señor de Culhuacan, Xilomantzin respondió: somos nosotros contentos de ello; porque con ese proprio recelo estamos: id con esta misma embajada á Xochimilco y mirad lo que responde. Llegados á Xochimilco explicaron su embajada al Rey Tepamquísquiy y respondió que le placia á él, y á todos sus vasallos, y que se viniesen y juntasen todos en Chalco en casa del Rey Cacamatl. Con esta resolucion volvieron á Cuyuacan á Maxtlaton; de allí se volvieron y fueron á Cuitlahuac al Rey Tzompanteuctli: explicada su embajada dijo: ¿Qué determinan los Principales de Cuyuacan, y Xochimilco? Dijeron, todos estan conformes, y hecho concierto se han de ver y hablar juntos en Chalco para la traza y órden en la casa del Señor de Chalco Cácamatzin teuctli, y dijo que fuese norabuena, que apremiasen á ello al Señor de Mizquic Quetzaltototzin. Llegados á él, cuéntanle el ruego de los Tecpanecas, y los que estan prevenidos para la destruccion de los mexicanos: habiéndole así mismo propuesto la brevedad con que habian destruido, y avasallado á los de Atzcaputzalco, y tomado forciblemente sus tierras y repartídolas entre ellos. Respondió Quetzaltototzin, lo proprio digo, que tambien desciendo de Toltecas subtiles; y de ardides, y tambien digo, que primero veré vuestras fuerzas, y subtilezas antes que yo: y ahora digo, que no estoy en ello, ni tampoco quiero, ni es mi voluntad: y volveos con esta resolucion á los Tecpanecas Cuyuaques, que muy bien estoy solo y quieto, sin ofender á quien no me ha hecho, ni hace agravio. Con esta respuesta volveos luego á ellos, y no volvais mas acá.

Vuelven otra vez á Culhuacan los Mensageros, y tornan á interponer su embajada, siendo ya otro Señor, y otro Gobernador Nezahualcoyotl así llamado, y oido la embajada, dijo, oidme vos, Zacanyatl; Mensagero sois, y sois enviado de los Tecpanecas de Cuyuacan; habeis de saber, que los mexicanos tambien son enviados, y traidos allí por su Dios Huitzilopochtli, el cual es recio, y poderoso, mirad vosotros ahora lo que pretendeis hacer, y la junta que haceis, y mirad como os sucederá, porque os desengaño, como astuto en las artes de la Mágica y Nigromancia, que veo lo contrario con vosotros: por eso id, y decidles á los Señores de Cuyuacan, que yo me estoy muy bien quedo en mi tierra, gente y vasallos, que pues de tan de propósito estais todos de hacer junta en Chalco con el Señor de ellos Cacamatlteuctli; que hagan lo que quisieren; si pudieren destruir á los mexicanos, no tengan ellos queja de mí, ni de nadie, pues de su voluntad quieren hacer lo que quieren: esto dijo, y se volvieron. Los mexicanos no sabian cosa ninguna de lo que contra ellos se trataba; y estuvieron los de Culhuacan, y su Rey como avisados, porque este Nezahualcoyotl era gran Nigromàntico, y sabia lo que adelante sería.

Los Mensageros fueron su viage á Chalco en casa de Cacamatl teuctli. y explicándoles la embajada de los de Cuyuacan, y por su Rey Maxtlaton de como que en su Pueblo y casa, se habia de hacer el concierto para esta guerra contra los mexicanos, y que para ello estuviesen apercibidos. Habiendo dicho su oracion, con muchos ruegos, y la voluntad determinada de los Señores y Pueblos que de ellos son contentos, respondieron los Chalcas, sea norabuena; quiero dar aviso à todos los Chalcas de esto: descansad un poco, mientras lo tratamos acá nosotros. Esto dijo el un Señor de ellos llamado Cuateuctli que era de la parte de Zihuatecpan, y otro Señor era llamado Tonteoziuhteuctli, Señor de la parte de Amaquemecan. Y habiendo oido esto los Chalcas, dijeron á los mensageros: sea norabuena vuestra embajada, á nosotros nos place de esa destruccion de los malvados mexicanos tiranos; aquí les aguardamos, Señores Zacanyatl teuctli, aqui les aguardamos, volveos con esto.

Llegados los Mensajeros á Cuyuacan, explican la embajada que traian á Maxtlaton, y á todos los tecpanecas Cuyuaques, y en dos partes, y Pueblos no quisieron oirnos nuestras embajadas, y vuestras que son Mizquic, y Culhuacan: los que mas de propósito están son los chalcas; dijo Maxtlaton, sea norabuena, Padres mios, id y descansad del cansancio y trabajo, y apercibios todos para cuando vamos á Chalco. Dende á diez dias se fueron juntando de camino todos los Señores, prevenidos á la guerra y destruccion de los mexicanos. Llegados á Chalco, se fueron á aposentar en casa del Señor Cacamatl teuctli, que ya allí estaba el otro Señor Cuazeotl, y Teneociuhteuctli; aguardando á los contenidos Señores comarcanos. Despues de se haber los unos á los otros saludado con las cortesías, y palabras antiguas, propusieron luego los dos Principales Chalcas, y dijeron: ¿qué es lo que quereis vosotros todos que hagamos? Y habiendo explicado muy pacífica y retóricamente su pretension, y voluntad de destruir á los mexicanos, resolutamente que de ellos ninguna memoria quedase, y librar de sugecion y cautiverio á los naturales de Atzcaputzalco, pues eran todos unos y hermanos.

Habiendo oido enteramente toda la plática interpuesta, los Principales Tecpanecas, y los demás, dijeron los chalcas Reyes Cacamatl, Cuate, y dijo por todos los demás chalcas: ¿Qué queréis proponer y hacer Señores? ¿Por ventura habeis bien visto lo que pretendeis? ¿Quereis hacer poner á riesgo, de servidumbre á tanta multitud de gentes miserables, vuestros vasallos, que sin culpa alguna han de morir, y ser esclavos de los mexicanos valerosos? Nos dan lástima los viejos, viejas, mujeres, niños y niñas de tierna edad: decimos que el que eso pretende sea solo, y por sí su culpa y riesgo, y no se quejen de los otros, ni de nosotros tampoco: ¿Cuál de vosotros se ha de avasallar por esta ocacion á los mexicanos, y darles cargos, y trabajos como á tales vasallos, y aun esclavos? Sealo el que quisiere, que resolutamente nosotros no queremos lo tal proceda ser cautivos de nadie, en especial, de los mexicanos valerosos, y su Dios, el mayor y mas fuerte de los Dioses; esto decimos los chalcas todos, no queremos hacerlo.

Visto esto, los naturales y Señores de Culhuacan propusieron lo proprio, de no querer consentir en ello, y por lo consiguiente los de Xochimilco: lo proprio tornaron á decir los de Cuitlahuac, y todos estos pueblos dijeron á los de Cuyuacan, no querer ir contra los mexicanos, ni ayudar á los tecpanecas, ni comienzo de querer avasallar á los mexicanos valerosos por fuerza.

Capítulo XIII

Resueltos los tecpanecas cuyuaques de haber sido comienzo de enojar á los mexicanos, determinan solos hacer guerra contra México.

Llegados que llegaron los naturales y Señores de Tecpaneca y Cuyuacan, su pueblo hacen junta los Mayorales, presentes Maxtlaton, y Cuecuex caudillos dijeron: Señores y hermanos nuestros que aquí estamos todo lo que ha pasado y el comienzo de este agravio á los mexicanos, y á sus mugeres é hijas, hemos sido nosotros á nosotros nos conviene comenzar guerra contra ellos, por no acobardar nuestro Pueblo, y República, comenzaos todos á armar, y comencémosles nosotros, pues lo comenzamos. Los mexicanos muy contentos de hacer ahumadas con lo que asaban, y tostaban en comales el pescado y el izcahuitle, que les daba á los de Cuyuacan el olor en las narices, del buen olor, y esto de cada dia, que holgaron ellos comello; ya de poco á poco los viejos, viejas, mozos, niños y niñas, por ellos, comenzaron á adolecer, y á hinchárseles los párpados de los ojos, y comenzaban con esto á morir los niños y niñas: tras ellos, los viejos y viejas: y á los mozos y mozas darles con esto cámaras de sangre, sin tener remedio alguno de cura para ello, pues del deseo y sabor que les iba por las narices, comenzaron todos por ello á adolecer.

Visto esto Maxtlaton, llamó à consejo con los grandes del Pueblo y díjoles: ¿ya Señores entendeis, y habeis visto la mortandad, y pestilencia que ha venido por todo nuestro pueblo, y de cada dia se van muriendo, y adoleciendo con el olor de la suavidad que viene de México del pescado fresco que asan en barbacoas y comales, y mucho mas del izcahuitle, que comen los mexicanos, tan suave como vosotros lo oleís? ¿Qué os parece á vosotros de esto? Porque de mi parte, y mi intento es (si á vosotros os parece) que los enviemos á convidar con paz, á comer aquí en nuestro Pueblo á los Principales y Señores de México Tenuchtitlan, casi a todos los Señores y Mayores, y estando aquí matemos ó los principales y mayorales. A esto respondió Cuecuez principal, y Señor, nó se ha de hacer de esa manera, sino que convidados, y regalados, se vayan á sus casas, y allí acorralados los mataremos á todos. Dijo Maxtlaton: sea mucho, de norabuena de esa manera.

Dende á pocos dias vinieron los tecpanecas enviados por su Rey y Señores à convidar á los mexicanos. Dijo el Mensajero á Itzcoatl, estais Señor en vuestro trono y Magestad con alegría y descanso. Vuestro vasallo, y criados, á los Señores Mexicanos os envian á saludar, y pues estais cerca, os ruegan y suplican les hagais merced de iros á holgar á vuestro pueblo y casa en Cuyuacan, cada y cuando quisiéredes, que alli os aguardan, y esto es á lo que yo fuí enviado. Respondió Itzcoatl: seais bien venido Mensajero tecpaneca, de vuestra embajada se lo agradecemos á Maxtatlon y á todos los tecpanecas; que á mí, y á estos Principales nos place conceder su convite: que les agradecemos su buena voluntad, que en la propria obligacion estamos.

Con esto llamó el Rey Itzcoatl á Atempanecatl Tlacaeleltzin y dijole: ¿para qué fin nos enviarán á llamar estos de Cuyuacan, y su Rey Maxtlaton? ¿Qué es lo que estos pueden pretender hacer, que me parece, que no vaca de misterio? Respondió Tlacaeleltzin, y díjole á Itzcoatl, siendo vos, como sois Rey, ¿à qué habeis vos de ir allá? Estaos en vuestra casa y ciudad, porque el asiento del Rey, no ha de ser mudado, sino siempre permanecido en quietud y sosiego el trono de la magestad mexicana Tenuchca, y pues dijisteis que habiades de ir, nosotros iremos, y veremos lo que es, y lo que quieren. Respondió Itzcoatl, y con esto fueron los principales mexicanos á Cuyuacan. Llegados, dánle los mexicanos á Maxtlaton las gracias de su buena voluntad, de acordarse de sus amigos y vasallos, ante Maxtlaton, y Cuecuex, y á todos los demas tecpanecas que allí estaban, y luego los mexicanos les dieron los presentes que traian, de todo género de pescado, ranas, y de toda calidad de patos, y caza de volatería, y todo género de izcahuitle, tecuitlatl, axaxayacatl, cocolin, todo lo cual recibió Maxtlaton de buena voluntad, y todos los principales; luego salieron los cantores de Maxtlaton con el Teponaztle y Tlapanhuehuetl, comenzaron el areito y mitote, y cantos, á la usanza de tecpanecas, distinto de los mexicanos. Luego tras de esto salió Cuecuex y Zacanyatl teuctli, y Tecpanecatl, trageron cargas de leña y cóas y huepiles de nequen y chihuipilli, y dijéronles: Señores mexicanos, esto os dá y ofrece el Rey Maxtlaton, pues vosotros sabeis señores, otra cosa no tenemos que daros, nuestra voluntad agradeced; así mismo dijeron los de Cuyuacan: tambien nos dijo el Maxtlaton que lnego os pusiésemos estas naguas y huepiles de nequen, y los mexicanos con esto, ninguno respondió, viendo era afrenta aquella: y dijeron: no sea así tecpanecas la merced: la merced recibimos, allá la pondrémos, que la merced es recibida de cualquier cosa que sea, pues se nos dió. Porfiando los tecpanecas á ponerles los trajes, comenzaron primero en Tlacaeleltzin, y llegados por su orden hasta acabar á todos los principales, que ninguno quedó, que fueron nombrados Moteczuma, Tiacahuepan, Cahuatlteuctli, Huehuezacan, Aztacoatl, Epcoatl, Tzompan, Tlatolzaca, Cuauhtzitzimitl, Zitlalcoatl, Xiconoc, Ixquetlato, Tlahueloc, Axicye, Cuacuauhtzin, con todos los demás mancebos sus hermanos de ellos, que nieguno quedó; fueron todos vestidos con ropas mujeriles de nequen, y Cuecuex y Maxtlaton los vieron vestidos de aquella manera, recibiendo de ello grande contentamiento.

Capítulo XIV

Trata como llegaron los mexicanos á Tenuchtitlan, se presentaron ante Itzcoatl vestidos á usanza mugeril, y como vino Cuecuex hasta las guardas mexicanas, con señales de guerra.

Salidos de las casas del Palacio de Maxtlaton, salieron á bailar los mexicanos vestidos de aquella manera Mugeril, y á una vuelta que dieron, se salieron sin despedirse de nadie, y llegados de aquella manera ante Itzcoatl digéronle: Señor y Rey nuestro, veis aquí como venimos vestidos á esta usanza; que á esta causa, no quisimos que vos fuérades allá. Respondió Itzcoatl, dejadlos vosotros, que es señal que nos ruegan, y no de paz, sino de guerra, motejándonos de cobardes, esta es señal de querer ellos resgatar, y los compramos, á ellos; luego que hayais descansado todos vosotros, luego á la hora vayan álaraya y termino á guardar, y á tener velas, y buenas guardas, y yendo las guardas á tener velas á la parte de Tlachtonco, hallaron allí armado con divisa y rodela, macana, y espadarte á Cuecuex, y visto á los mexicanos, dió alarido con boca y mano, motenhuitec, y luego se fué. Los mexicanos plantaron un madero alto allí, para mirador. tlachialcuahuitl, y subido á mirar en lo alto un Principal mexicano á todas partes, vido entre medias del gran cañaveral espeso de la Laguna gran humareda de humo: luego envió Itzcoatl á Tlacaeleltzin á ver quien era el que hacia la humada y lumbrera de en medio del cañaveral grande mexicano. Vereis si son los de Culhuacan, si están conformados á venir á nosotros, y los de Chalco por mandado de su Rey Cacamatl. Llegado que llegó Tlacaeleltzin dijo á voces, ¿quién sois vosotros? ¿De dónde sois? ¿Qué quereis? Respondieron y dijéronle, nosotros somos hermanos y sobrinos vuestros de los del Pueblo de Culhuacan; venimos á poner nuestras redes, ¿à dónde podemos ir, si no buscamos el sustento humano? que á esto venimos nosotros vuestros abuelos y abuelas, y hermanos vuestros. Dijo el mexicano, mirad que creo no es así, culhuacanes, y preguntó el mexicano, ¿pues cómo os llamais? Llàmome Acaxel, y al otro preguntó, ¿y vos? dijo, llámome Atumal, y otro dijo, llámome Quillaoyo. Dijo el mexicano, sea norabuena, hermanos, guardad vuestras redes porque yo me llamo Atempanecatl Tlacaeleltzin, somos todos compañeros, otra vez volveré á vosotros, y si otros vinieren, preguntadles ¿que de dónde son? Si dijeren de Cuyuacan luego los matad: aquí respondieron, que fuese mucho de norabuena. Volvióse Tlacaeleltzin á Itzcoatl, contóle la manera dicha, de donde eran, y como se llamaban. Respondió Itzcoatl, id y descansad, y no detardeís, que estos que visteis ya quedan por vuestros, porque ansí entraron en tierra y términos de tecpanecas,no os descuideis con ellos, miradlos de cuando en cuando, y en esta sazon llegó á circuito, y puñta del cañaveral Cuecuex y paróse allí, que era mira y escucha de Cuyuacan, y por alli un mirador alto donde miraba á todas partes. Visto por Tlacaeleltzin á Cuecuex dijo al Rey Itzcoatl, Señor, ya vienen los tecpanecas con armas y gente. Respondió Itzcoatl ¿y por dónde vienen, por el camino que suelen? Dijo Tlacaeleltzin, Señor quiero llegarme á donde están aquellos en la Laguna, que son Acaxacatl y Atamal y Quillaoyo, que quiero saber de ellos su intento y voluntad. Dijo Itzcoatl, sea mucho norabuena, que no será lícito perder un lance como este, esforzaos lo posible, y mirad no desampareis á nuestro Pueblo en este trance y peligro que será nombrado México Tenuchtitlan, y llegado al lugar que llaman Queetelpilco llamó de una voz á Acaxacatl, y á Quillaoyo, y Atamal, y dijoles: hermanos mios, sabed que han comenzado á darnos guerra los tecpanecas de Cuyuacan, por eso, hermanos mios, aparejáos, con vuestra ayuda hemos de ser vencedores, catad aquí armas, divisas, rodelas, y espadartes, tomad y si acaso fuere muerto ó vencido, ó preso de los enemigos, estas mis ropas os cobijareis. Respondieron los de Culhuacan; Señor, habeisnos hecho mucha merced con esto, y favor grande, como á vuestros padres y abuelos que somos, y diciendo esto se armaron, y comenzaron á caminar por la vía adelante con el Ejército Mexicano, aunque muy pocos, y se vinieron á topar los dos campos en la parte que llaman Momaztitlan Tlachtonco, alli comenzó á vocear Tlacaleltzin diciendo: à ellos, á ellos; iban tan furiosos los mexicanos que los llevaron hasta en Tlenamacoyan, que iban á mas huir los de Cuyuacan, y iban con mucha grita y voceria apellidando, ea mexicanos, aora es: y como llegaron allí en Tienamacoyan, el mexicano Atempanecatl Tlacaeleltzin y sus tres compañeros Atamal, les dijo; ¿qué os parece de estos tetemcas? Que nosotros cuatro sin llegar á nosotros nuestros amigos los mexicanos, llevamos tan devencida á estos tecpanecas, que nos habian puesto ropas mujeriles, y aora para sustentarse en guerra con nosotros cuatro, y mis dos solos compañeros Machiocatl, y Telpotzintli mexicanos, y les fué diciendo á los dos, de los tres de Culhuacan Acaxel, Quillaoyo, y á Atamal ¿pareceos, hermanos, que si á muchos prisioneros vamos dando caza, que seria bueno, que los fuéramos dejando solamente, y les fuéramos cortando á cada esclavo nuestro de estos tecpanecas una oreja derecha, y echando como costal en una de nuestras mantas, como hicimos cuando por mandado de vuestro Rey de Culhuacan, que fuimos los pocos mexicanos á conquistar á los xuchimilcas, que les fuimos cortando las orejas derechas? Dijeron los Culhuaques, sea como se fuere, esforzaos todo lo posible, que nosotros os seguiremos, como hasta aquí lo habemos hecho, y comenzaron luego á dar voces tan furiosas y espantosas en la parte que llaman Mazatlan; siguiendo á los enemigos revolvieron otra vez á Tlenamacoyan, y de allí otra vez golpeando sus rodelas, siguen á los tecpanecas, y vanles dando caza, hasta que llegaron los mexicanos á Cuyuacan. Los cuales tecpanecas estaban haciendo, y celebrando á su Dios Huehueteutli, y llegando al areito y mitote de la plaza y templo, vieron á los tecpanecas, que en lugar de plumages traian huzos de muger, malacates nombrados, á los cuales comenzó luego á traer presos á los principales de los tecpanecas nombrados que eran de Tlacaeleltzin y sus compañeros Achiocatl, Telpoch y Tetepilcauh, principales, y todos los demás tecpanecas eran Chicahuaques, y así con esto comenzaron á destruir al templo, digo el pueblo de Cuyuacan.

Capítulo XV

Vinieron los tecpanecas pidiendo clemencia y piedad de ellos á los mexicanos. Los mexicanos no querian sino destruirlos; y se hicieron paces.

Subidos los tecpanecas en un alto de un monte que llaman Axochco, desde allí comienzan á vocear los tecpanecas, diciendo: Señores mios, mexicanos, no haya mas, habed clemencia y piedad de nosotros, sosieguen vuestras armas, y reposen vuestras personas. Respondióles Tlacaeleltzin: no, bellacos, que no he de parar hasta acabar de destruir totalmente á todo Cuyuacan. Replicaron diciendo: Suplicamos mucho nos oigais nuestra razon. Entonces dijo Tlacaeleltzin, escuchadles lo que dicen, ó lo que quieren estos tecpanecas; dijeron: Señores mios, hacemos conveniencia de que nos proferimos á servidumbre, y que haremos unas puentes de madera, y llevaremos á México Tenuchtitlan por tributo madera arrastrando, y piedras de peñas para casas. Respondióles Tlacaeleltzin ¿acabais con eso? Y dijeron: tablas llevaremos y morillos, pues somos vecinos y móradores de estos montes y montañas. Con eso acabais? Dijeron: no mas, señores mexicanos, descansad. Respondióles Tlacaeleltzin: no, bellacos, que no he de parar hasta acabar de consumir á Cuyuacan como lo tengo dicho va, porque entendais, bellacos, como nos pusisteis huepiles, y naguas de mujeres, por esta causa sereis todos destruidos. Tornaron á replicar los tecpanecas diciendo: Tambien señores os labraremos vuestras casas, y labraremos vuestras tierras de maizales, y así mismo haremos un caño.en que vaya agua limpia para que beban los mexicanos: y así mismo llevaremos cargadas vuestras ropas, armas y bastimentos para los caninos que fueren los mexicanos, y os daremos frijol, pepita, huauhtli, chian para vuestro sustento, y maiz por todos los tiempos de los años. Díjoles Tlacaeleltzin ¿habeis con eso acabado? Dijeron: acabado es con esto señores mexicanos. Y en donde estas voces dieron era desde Axochco, hasta estar entendidos todos los tecpanecas que llegaban en pueblo de Ocuilan y en Xalatlauhco, y Atlapulco á donde llegaron huyendo los tecpanecas cuyuaques. Y les respondieron los mexicanos diciéndoles: mirad, tecpanecas, que no os llameis en algun tiempo á engaño de este concierto, pues con justa guerra hemos ganado, y conquistado á fuerza de armas á todo el pueblo de Cuyuacan llamados tecpanecas, respondieron y dijeron: no, señores mexicanos: que jamas lo tal por nosotros pasará ni diremos, pues por nosotros fué comenzado, y tomamos de nuestra propria mano nuestra cobardia: y tomamos ahora acuestas nuestras coas, y sogas para cargar lo que se le ofreciere al pueblo mexicano. Con esto dijeron los mexicanos, con este concierto ya sosiegan nuestras varas tostadas, rodelas, espadartes. Con esto se volvieron los mexicanos á Tenuchtitlan. Diéronle cuenta de todo á Itzcoatl lo que habia pasado en la guerra, y en los conciertos, y pacificacion de ellos. Quedó el Rey Itzcoatl contento y satisfecho, y dijoles á los mexicanos: Ea señores y hermanos mios, id y descansad del gran trabajo que habeis llevado, y hecho en la guerra, para la quietud de vuestro pueblo mexicano y su grandeza, y su señorio que habeis de tener de hoy en adelante en Tenuchtitlan, pues por mandado de nuestro Dios Huitzilipochtli que hemos de aguardar, y esperar á todas las naciones de este mundo, para su honra y fama, y nombramiento en todo el mundo, que es como abusion Tetzahuitl este nuestro Dios Huitzilipochtli. Y díjoles acabado esto á los mexicanos: ¿Cómo ha de ser esto tocante á las tierras de los tecpanecas cuyuaques? Será bien que reparta entre principales mexicanos pues son nuestras de derecho, y ganadas en buena guerra con vuestro esfuerzo y valor. A esto respondió Tlacaeleltzin: díjole, señor, sea como lo mandais, yo, señor, aqui estoy; aqui están pobres los principales que ganaron y conquistaron á Atzcaputzalco, y ahora ra á Cuyuacan, repártanseles conforme á cada uno. para ellos y sus hijos y herederos. Y así luego hizo llamar á todos los principales mexicanos Tlacaeleltzin, y dijoles en sala del Palacio de Itzcoatl; Señores y hermanos, padres y tios principales, el señor Itzcoatl condoliéndose de vosotros y de vuestras necesidades, y de vuestros hijos quiere y es su voluntad que vamos á los tecpanecas. de Cuyuacan, y las tierras repartamos entre todos nosotros, para tener de ellas alguna pasadía y sustento de nosotros, de nuestros hijos y decendientes. Respondieron todos los principales mexicanos: que el Dios Muitzilopochtli le acrecentase mucho años de vida, estado y gobierno, y le diese mucho mas señorio, que lo agradecian con buena voluntad. Con esto cesó la plática de aquel dia. A otro dia se juntaron, y se contaron. Y así luego por su órden comenzó primero por Tlacaeleltzin principal.

Tlacaeleltzin se intituló principal, y por sobrenombre tomó apellido Tlacochcalcatl.

Moctezuma principal se intituló sobrenombre Tlacatecatl.

Tlacahuepan, se intituló por sobrenombre Yezhuahuacatl.

Cuatlecoatl se intituló sobrenombre Tilan calqui.

Todos estos cuatro fueron como caciques principales y señores de título y nombradía en el señorio y mando y gobierno mexicano, y luego por este órden, van los Tiacanes llamados valerosos soldados capitanes con sobrenombres.

Huehuezacan, es llamado Tezcacoacatl tiacauh.

Aztacoatl, es llamado Tocuiltecatl tiacauh.

Cahual, se intituló y llamó Acolnahuacatl tia.

Tzompantzin, es llamado Hueytiacauhtli tia.

Nepcoatzin, es llamado Temilotli tia.

Citlalcoatl, se intituló Atempanecatl tia., Tlahueloc, es llamado Calmimilolcatl tia.—Evy.

Ixhuetlantoc, es llamado Mexicatl teuctli tia.

Cuauhtzintzimitl, es llamado Huitznahuacatl tia.

Xiconoc, fué llamado Atempanecatl tiauh. Tlacolteutl, fué llamado Quetzaltoncatl. Axicyotzin, es llamado Teuctlamacazqui. Ixnahuatiloc, se llamó Tlapaltecatl. Mecatzin, se intituló sobrenombre Cuauhquiahuacatl. Tenamaztli, fué llamado Coatecatl tiacauh. Tzomtemoc, fué llamado Pantecatl tia. Tlacacochtoc, es llamado Huecamecatl tiacauh. Como dicho es arriba, estos son valerosos soldados, y conquistadores que ganaron y conquistaron el pueblo y gente de Atzcaputzalco y Cuyuacan, que así mismo hubo otros soldados mancebos, que tambien prendieron á los de Cuyuacan en la guerra, y trajeron sus esclavos, que algunos de ellos prendieron á dos y á tres indios durante la guerra, y otros hubo que en la guerra se trasquilaron el cabello de la cabeza tracero, señal de conquistador y valiente soldado, que prendieron á un esclavo en la dicha guerra, que fueron llamados Machiocatl y Telpoch, y otros que son Mazehuales, y allí se nombraron por tales buenos soldados, y de allí fueron tenidos. Y los tres compañeros que llevó á la guerra Tlacaeleltzin desde entónces se pusieron en el labio de abajo, que llaman bezolera, y en mexicano Téntetl, poniendo en ellos una piedra rriba, ó esmeralda, y orejera, que son Acaxetl, Atamal, y Quillaoyo, á estos tres rogó Tlacaeleltzin á Itzcoatl Rey, que les intitulase de nombre señalado por su valor y esfuerzo, que fueron dos mexicanos y tres de los cazadores de patos, ya nombrados Acaxel, y los otros; al un mexicano le intituló Cuauhnachtli, á su hijo Cuauhquiahuacatl: á Acaxacal le nombró Yupicatl: á Atamal, Huitznahuacatl: y á Quillaoyo Itzcotecatl: acabado dijoles Tlacaeleltzin, señores y hermanos mios, muchas mercedes nos ha hecho Itzcoatl Rey; vamos á descansar. Dende á pocos dias llamó Itzcoatl á Tlacochcalcatl, Tlacaeleltzin dijo: haced reparticion de las tierras ganadas de Cuyuacan, á estos principales mexicanos: dijo Tlacochcalcatl: señor hágase lo que mandais, pues lo merecen estos principales mexicanos; comenzóse en el pueblo y cabeza del situado, la renta y pueblo por del Rey Itzcoatl para su casa y despensa, para con ella recibir en su palacio á los grandes mexicanos y á todos los señores que vienen de léjos pueblos, ora sean tributarios, ora sean venedizos, mensageros ó negociantes, y luego se comenzó el dicho repartimiento, comenzando primero en Tlacochcalcatl. A Tlacaeleltzin le cupo una suerte de tierras, en Chicahuaztitlan, y en otra parte en la junta de Huehuetlan. En tercera parte le cupo en Izquitla Atoyachecateopan y otra en Yepaltitlan y sexta parte donde dicen Tecuacuilco, y luego en Mixcoac y en Copilco, y en Atlitic, y en el lugar de Palpan, y en Toltepec, que en todas estas diez suertes y lugares mató y cortó cuerpos y cabezas á los tecpanecas el Tlacochcalcatl Tlacaeleltzin, y le cupo en los lugares las tierras contenidas, porque á todos los demas principales mexicanos les cupo á una y á dos suertes de tierras en las partes y lugares que irán señalados y declarados.

Capítulo XVI

Trata de las guerras que tuvieron los mexicanos con los de Xochimilco, y cómo fueron muertos y vencidos por vasallos de México.

Los vecinos y Naturales del pueblo de Xochimilco habiendo visto y oido de la manera que fueron rompidos desbaratados y presos y puestos debajo de Sujecion los tecpanecas atzcaputzalcas, y Cuyuacan, y sobre todo haber repartido sus tierras entre los mexicanos venedizos; azoraronse con enojos y rabia entre sí, y hacen junta y cabildo con ellos los Señores que fueron Yacaxapo teuctli, Panchimalcatl teuctli, Xallacacatl teuctli, Mectlaaca teuctli, y Quellaz teotlan, y dijeron: para que no vengamos en diminucion y menosprecio de nuestro pueblo, y perdamos nuestras tierras, y seamos vasallos de extraños, será bien que de nuestra bella gracia á ellos nos demos, por ser de ellos bien tratados; respondieron los otros, que no era buena consideracion, ni bien hecho, ¿por qué se permitia tal cosa? Dijo el Yacaxapo ¿Yo que soy Señor, cómo tengo de barrer, y regar y darles agua manos á los mexicanos? Serà bien que. primero probemos nuestra ventura en defendernos, y hacer nuestro posible. Dende otros dias las mugeres de los mexicanos iban al mercado de Xochimilco á vender pescado, ranas, axayacatl, moscas del agua salada, izcahuitle, tecuitlatl y otras cosas salidas de la laguna, y patos de todo género. Las indias mugeres de los xochimilcas lavando muy bien el izcahuitle, y guisando los patos todo muy bien lavado, y limpiamente llevándolo al Palacio de Tecpan, para que lo comiesen los principales, y comenzándolo á comer estaba muy sabroso y prosiguiendo en su comida, luego hallaron en los vasos cabezas como de criaturas, manos y piés de persona, y tripas. Escandalizados y espantados los xochimilcas comenzaron á dar voces diciendo: ya os tengo dicho á todos, Señores, como son malos y perversos estos mexicanos, que con estas tales cosas y otras avasallaron á los tecpanecas atzcaputzalcas, y Cuyuacan con estos embustes y engaños. Hagamos nuestro posible contra ellos: apercibios y aderezaos. Señores de Xochimilco, que tiempo es ya de ello.

Otro dia que les habia sucedido la áspera comida, que comieron, cuando llegaron ciertos mensageros mexicanos de parte de Itzcoatl y de Tlacateocatl Tlacaelel, y los demas mexicanos principales, y trajeron á todos los Señores grandes el uno de Tecpan llamado Quauhquechol y el otro Tepenteutli Tepanquizque, y presentándoles cantidad de pescado blanco, y xohuiles, ranas, axaxayacatl, izcahuitle, tecuitlatl, cocolli, y muchos patos, explicó su embajada diciendo: muy altos señores y varones principales, vuestros humildes vasallos Itzcoatl y los principales comunes mexicanos que están y residen entre medias de cañaverales, tulares, juncia y lagunas, que tienen en vuestros reales nombres la tenencia de Tenuchtitlan mexicanos llamados; besan vuestros exelentes pies, y manos, y suplican á esta excelente corte y república de señores principales, les deis licencia para que podamos llevar una poca de piedra de peñas para labrar la casa de nuestro Dios Huitzilipochtli, y una poca de madera de ayauhcuahuitl pinabete, y esto es á lo que venimos. Luego entendido esto por los dos señores, respondiéronles con soberbia, ¿qué decis vosotros, mexicanos? Estais vosotros y quien acá os envia borrachos? ¿O qué es vuestra pretension y de esos venedizos? ¿Por ventura somos vuestros esclavos ó vasallos que os hemos de servir, trabajar, y tributar con piedra y madera? Idos luego, y volveos: decidle á Itzcoatl, y á todos los demas principales Tlacochcalcatl y Tlacatecatl, Tlilancalquí Ezhuahuacatl, y los demás. Vueltos los mensageros mexicanos cuentan á Itzcoatl y á todos los demas principales la áspera respuesta y soberbiosa que respondieron, explicándole las palabras por entero, respondieron juntamente, é Itzcoatl dijo: dejadlos, y veamos si vuelven acá algun dia, y así mismo mandad que ninguna persona vaya allá, que se cierre el viaje de ir, ni venir de allá. En esta sazon los principales de Xuchimilco dijeron: ¿Señores, qué os parece á vosotros de lo tratado? ¿Será bien que les demos licencia á los mexicanos que lleven de nuestros montes piedra y madera, y la labren ellos, y la lleven á cuestas? Replicó á esto el principal. Yacaxapo, dijo: no se puede en ninguna manera hacer eso, porque caso que lo digamos, y queramos nosotros, no querrán nuestros vasallos, y aun se indignarán contra nosotros, y con razon, y determinémonos de una vez defender nuestro pueblo, y aun de ofender á los mexicanos, esto sea con valor, y esfuerzo de armas nuestro pueblo perdido, y puesto en manos de nuestros enemigos y así quedó dicho y consertado. Y viniendo ciertos mexicanos por el camino que llaman Chiquimoltitlan en el monte, sentados á descansar llega un escuadron de xuchimilcas, y pregúntanles: ¿de dónde sois vosotros? Respondieron los mexicanos, y dijeron: ¿para qué lo preguntais? ¿Por dicha buscais algunos esclavos vuestros? ¿ó los quereis saltear? Somos mexicanos que venimos con nuestra miseria, á buscar el sustento humano de Cuernavaca, y traemos fardos de chile, algodon, fruta. Respondieron los xuchimilcas, á vosotros buscamos, que sois unos bellacos, y así como eran muchos los xuchimilcas comenzáronlos á maltratar muy cruelmente, y les quitaron todo cuanto traian hasta dejarlos desnudos encueros, y así se volvieron á México. Vanse derechos al Palacio de Itzcoatl con esta querella, descalabrados, y robados como señores ahora nos veen. Con esto recibió tanta pesadumbre Itzcoatl, y todos los demas principales Tlacochcalcatl, Tlacateccatl, Tlilancalqui, y Ezhuahuacatl, y todos los demas principales mexicanos; dijo Tlacochcalcatl Tlacaeleltzin esto no es sufridero, que son cocos que nos hacen los de Xuchimilco: dijo Itzcoatl á los robados: ya veis, hijos y hermanos mios, que yo ni estos señores, no tenemos ojos en los montes y caminos, prestad paciencia, reposad en vuestras casas, y aguardad, que no será mucha la tardanza, de que tomaréis venganza de ellos. Con esto se fueron á sus casas los querellantes, y hace junta Itzcoatl de todos los principales, y dijoles: ya veis, señores, las causas y maneras de querernos ultrajar estos xuchimilcas, y ellos lo han comenzado, ¿qué aguardamos con ellos? ¿No sois vosotros los valerosos capitanes, animosos y valientes? Pónganse luego guardas en los caminos y lugares, y sea la una parte, en la parte que llaman Coapan y en Ocolco, y si les preguntaren á las guardas, ¿qué quién son ó que quieren? respondedles, que por qué lo preguntan ellos, y sobre esta razon hagan los guardas todo su posible, como hicieron ellos á nuestros hermanos: y así fueron con lo mas peligroso cinco principales, y. otros cinco mazehuales mancebos, valientes mexicanos con armas, el uno se llamaba Tlatolzaca, Tzompan, Mecatzin, Epcoatl, y Tlazoltentli principales. Los mazehuales eran Chicahuaz, Chical, Acozauhqui, Tlahuazomal, y el quinto Itzomyeca, estos se fueron á poner en Coapan: estando allí vienen ciertos indios labradores de Xuchimilco, que iban á cultivar sus sementeras en los términos de Coapan, donde estaban las guardas mexicanas, y visto por los xuchimilcas, lléganse á ellos, y pregúntanles: ¿quién sois vosotros? ¿De dónde sois? Respondieron los mexicanos, ¿y vosotros quién sois? ¿De dónde venis vosotros? Dijeron los de Xuchimilco: en verdad que debeis de ser mexicanos. Respondieron: que lo seamos, ó nó, qué os va á vosotros de ello? ¿O qué nos pensais hacer? Y tantas preguntas se hicieron, que vinieron ó las manos, y llevando de vencida á los xuchimilcas, revuelven con rodelas y macanas en cantidad de ellos, que vinieron siguiendo por alcanzar á los mexicanos, y llegados á Tenuchtitlan cuentan por extenso lo que habia pasado con los de Xuchimilco, y como que acordaban, vinieron tras ellos hasta casi dentro de México Tenuchtitlan.

Capítulo XVII

Trata cómo envió mensageros á los pueblos de Culhuacan, Cuitlahuac, y Mizquil á ver y saber la determinacion de ellos, si se habian conformado con los de Xuchimilco, contra Itzcoatl Rey de México Tenuchtitlan.

Habiendo contado los guardas lo sucedido, y en presencia de los de Xochimilco, hicieron pedazos algunos pies de maizales, por encenderlos mas en cólera, y así nos vinieron aporreando y nosotros á ellos, hasta dentro de esta República Mexicana dijo Itzcoatl, ¿qué os ha parecido de esto? Respondió el principal Tlacochcalcatl, Tlacaeleltzin, Tlacateccatl, Moteczuma, Tlillancalqui, y Ezhuahuacatl, y tomó la voz el uno de ellos de todos los capitanes: Señor, vayan vuestros mensageros á los pueblos de Cuitlahuac, y Mizquic, y dijo Itzcoatl, sean los mensajeros dos principales prácticos de estos nuestros hermanos, y sean Aztacoatl y Axycyotzin, y luego, les dijeron: id hermanos nuestros, decidles de parte de Itzcoatl, y de todos nosotros los principales mexicanos á los señores de estos dos ó tres pueblos, que despues de dadas nuestros saludes, les digais si estan conformados con los de Xochimilco, á movernos guerra, en especial á los del pueblo de Xochimilco, si están determinados á movernos guerra los hombres y demas mancebos y los viejos, y lo que será de las viejas, niñas y criaturas, que nos dén aviso para que no erremos en la voluntad que determinaren.

Partidos los mensageros para la ciudad de Xochimilco, y en la guarda de Coapan vieron á los de Xochimilco con armas, y apercibidos en cantidad de ellos, y los mensageros que iban sin ningunas armas ni defensa, dijéronles ¿á dónde vais? ¿Quién sois vosotros? Respondieron los mexicanos; somos mensageros, que vamos al pueblo de Xochimilco; Respondiéronles, no es menester que allá vais, volveos desde aquí, decidle á Itzcoatl, que ya es tiempo, que vamos á vosotros, que se aperciba desde luego: y los mexicanos dijeron, mis señores xochimilcas, no sabemos ni entendemos de eso que decis, que otra cosa es nuestro mensage apartado de eso. Respondieron los de Xochimilco, ya os tenemos dicho que os volvais, qne no es menester que vais á Xochimilco. Visto esto, los principales de los mexicanos no osaron ir á Xochimilco de aquella manera, y por haberles dicho que yá es hecha la determinacion, y estar todos apercibidos, respondieron los mexicanos, sea norabuena, ya nos volvemos. Luego que llegaron á México entran en el Palacio de Itzcoatl y cuéntanle todo lo que habia pasado, y como todos eran principales, y armados todos con todo género de armas, con esto nos hemos vuelto ante vuestra presencia. Mandó luego llamará todos los principales mexicanos, y díjoles: ya, señores, estais enterados de la manera que nos vienen á ofender estos perversos de los de Xochimilco tlahuicas, por eso, señores y hermanos de estos bellacos no ha de haber clemencia, ni piedad alguna de ellos, sino que de todo trance sean muertos y destruidos. Apercebios luego, valerosos mexicanos, pues vuestra honra y fama ha de ser sonada en todo el mundo. Luego á la hora los mexicanos y su valeroso campo comenzó á marchar; llegan al término de Teyacac muy cerca de donde hicieron volver á los mexicanos mensageros, y llegados allí, comienzan á cojer mucha piedra pesada y tomado las que hubieron menester, les dijo á los mexicanos Tlacaeleltzin capitan general de ellos; hermanos, aora muy poco á poco, que vamos á Ocolco: y llegados allí estaban todos los xochimilcas apercibidos mucho numero de ellos, y comenzaron á vocear los xochimilcas: Ea mexicanos, venid, venidá nosotros; respondiéronles los mexicanos con grande ímpetu: pobres y miserables de vosotros, xochimilquillas, ahora ha de ser que quedareis todos destruidos, y aun habeis de ser nuestros vasallos y tributarios. Comienzan ellos á dar tan furiosamente que vuelven los xochimilcas as espaldas para su pueblo dándoles grita y voceria, y revuelven sobre un cerro que allí está, que se dice. Xuchitepec, y sube encima Tlacochcalcatl Tlacaeleltzin y allí les dió voces á los mexicanos principales: poco á poco, mexicanos, no os desmayeis con la furia que habeis vosotros, que los xochimilcas han de ser hoy todos muertos, á nuestras manos, y como iban huyendo para su pueblo los de Xochimilco, iban en alcance de ellos, dejando atras muchos cuerpos muertos, y otros muy mal heridos, y prendiendo á los mas principales de los pe Xochimilco hasta llegar á Atotoc, y allí plautaron los mexicanos la piedra que traian junto las caserias, su término como sujeto á México, y el que era de los xochimilcas como albarrada ó fortaleza, de un improviso lo rompieron los mexicanos, que quedó todo en el suelo; vinieron allí desde léjos los principales xochimilcas, y dijéronles á los mexicanos: Señores nuestros y preciados mexicanos, no haya mas, no se pase adelante vuestra braveza, cese vuestra furia, descansen vuestras fuerzas y varoniles cuerpos, que veis aquí esta sierra grande, que es vuestra, se sacará todo lo que quereis y deseais; aguar dando lo mas que dirian los xochimilcas, dijo el señor de ellos, oidme Tlacochcalcatl Tlacaelel, tomad de vuestra mano para todos los principales, y demas hijos y sobrinos vuestros, y nuestros amos, y repartidles á cada uno cuatrocientas brazas de tierras en cuadro, y para vos tomad todas las que quisiéredes, pues os vienen con derecha razon, y fué nuestra culpa aora someternos á sugecion, y ésto es lo que decimos, yo en nombre de todo el pueblo de Xochimilco. Con esto luego llevó el capitan Tlacochcalcatl Tlacaeleltzin á Cuahuhnochtli, y á Atlilancalqui, y luego hicieron llamará todos los principales xochimilcas, dijoles: oidme, dice el señor que está y reside dentro de los cañaverales y tulares, que está aguardando allí á las gentes, que es nuestro rey y señor Itzcoatl, y por vuestro mandado y querer, repartimos las tierras á todos ellos, y primeramente para el proprio Rey Itzcoatl, y luego á Tlacochcalcatl Tlacaeleltzin, tomaron primeramente en la parte de Coapan y en Chilchoc, y en Teoztitlan, en Xuchipec, en Motlazauhcan, en Xalpan, en Moyotepec, en Acapulco, en Tulyahualco y en Tlacatepec, y en todas estas partes tomaron así mismo tierras los principales, y visto, y acabado de repartir todas las dichas tierras, y en todos los lugares y partes, dijeron los principales xuchimilcas; ya por vosotros, señores, quedael gran monte nuestro para la madera y piedra que pretendeis, y repartidas todas estas tierras conforme á vuestra voluntad. Ahora, señores mios, descansad y sosegad, pues hemos de nuestra mano tomado nuestro cargo y trabajo de servidumbre, y aquí es vuestra casa y pueblo, aquí os aguardamos cada y cuando que viniéredes á descansar. Con esto se despidieron los mexicanos, y se fueron á México Tenuchtitlan, á contar por extenso lo sucedido en esta guerra, y la manera de la sugecion de él. Entendido por él hizo llamar á los tecpanecas de Atzcaputzalco, á los de Cuyuacan, y juntamente á los xochimilcas y les dijo: luego habeis de poner entre todos vosotros una calzada Y camino, todo de piedra pesada, de quince brazas en ancho y dos estados de alto. Visto el mandato se hizo luego, que es este de ahora de la entrada de México Xololco.

Anterior
Anterior

Tezozómoc, Crónica mexicana — Capítulos XVIII–XXXII (parte 2 de 9)

Siguiente
Siguiente

Sahagún, Historia general — Libro XI: animales, plantas y piedras (parte 3 de 3)