Códice Bodley (facsímil de Lord Kingsborough)

Lo que hojea aquí no es el libro original, sino su retrato: el facsímil que Lord Kingsborough mandó hacer para el primer volumen de sus Antigüedades de México (Londres, 1831). Detrás de estas páginas hay tres historias: la de los señores mixtecos que mandaron pintar su memoria, la de un noble irlandés que perdió todo por darla a conocer, y la de un pintor italiano que la copió trazo por trazo.

El original

Es un libro mixteco pintado sobre piel de venado cubierta de estuco y doblado como biombo, con cuarenta páginas que se leen por ambos lados. Se pintó poco antes de la llegada de los españoles. Por un lado cuenta la historia de Ñuu Tnoo, el «Pueblo Negro», que en náhuatl llamamos Tilantongo, en la Mixteca Alta de Oaxaca: nacimientos, bodas, alianzas y guerras de sus señores, generación tras generación, con la gran figura del Señor 8 Venado «Garra de Jaguar» como bisagra entre el pasado remoto y la dinastía que gobernaba al llegar la Conquista. En 1949 Alfonso Caso, con ayuda del Mapa de Teozacoalco, descifró esta genealogía y su lazo con los señores de Teozacoalco. Por el otro lado sigue a las casas de Tlaxiaco (Ndisi Nuu) y Achiutla. Por eso hoy también se le llama Códice Ñuu Tnoo–Ndisi Nuu.

Cada personaje lleva su nombre calendárico junto a la figura, y unas líneas rojas guían la lectura de un lado a otro de la página, como un camino.

El original se guarda en la Biblioteca Bodleiana de la Universidad de Oxford con la signatura MS. Mex. d. 1. No hay que confundirlo con su vecino, el Códice Selden (MS. Arch. Selden A. 2). Su nombre honra a Sir Thomas Bodley (1545–1613), fundador de la biblioteca. Nadie sabe cómo cruzó el mar. Sólo consta que ya figura en el catálogo de la Bodleiana que se redactó hacia 1603–1604, así que llegó entre 1603 y 1605, en vida del propio Bodley. Puede verse completo, en fotografía, en Digital Bodleian.

La obsesión de Lord Kingsborough

Edward King, vizconde de Kingsborough (1795–1837), era un joven noble irlandés cuando en Oxford se topó con los códices mexicanos de la Bodleiana, y ya no pudo soltarlos. Estaba convencido de que los pueblos de México descendían de las tribus perdidas de Israel y quería probarlo con los propios libros pintados. En 1826 dejó la política para dedicarse a ellos. Pagó de su bolsillo las Antigüedades de México: nueve enormes volúmenes en folio, publicados en Londres entre 1830 y 1848, que reunían copias de los manuscritos dispersos por las bibliotecas de Europa.

La empresa se tragó su fortuna. Por deudas lo encerraron en una cárcel de deudores de Dublín, donde murió de tifus el 27 de febrero de 1837, a los 41 años, sin ver terminada la obra; los dos últimos tomos salieron once años después. Su teoría no sobrevivió, pero su libro sí: gracias a él muchos lectores vieron por primera vez estos códices sin cruzar el océano.

El pintor: Agostino Aglio

Las manos de todo aquello fueron las de Agostino Aglio (1777–1857). Nació en Cremona, estudió en la Academia de Brera, en Milán, y luego trabajó en Roma. Allí lo encontró el arquitecto inglés William Wilkins, que buscaba un dibujante para sus antigüedades de la Magna Grecia, y con él llegó a Inglaterra en 1803 para no irse más. Pintó paisajes, techos y muros de casas, teatros e iglesias, como los frescos de St. Mary Moorfields en Londres.

Para Kingsborough recorrió las bibliotecas de Oxford, Roma, Viena, Berlín, Dresde y París, copiando a mano, línea por línea, libros escritos en un idioma de imágenes que no sabía leer. Luego él mismo pasó los dibujos a la piedra litográfica. La ruina de su patrón lo arrastró también a él. Su nombre casi no aparece en estas láminas, pero cada trazo es suyo.

Fuentes: Bodleian Library, Medieval Manuscripts, MS. Mex. d. 1, y Bodleian Archives & Manuscripts; Lord Kingsborough, Antiquities of Mexico, vol. I (Londres, 1831); History of Parliament Online, «King, Edward, Visct. Kingsborough (1795–1837)»; Cooper Hewitt, Smithsonian, «Lost Tribes» (2013); Online Archive of California, guía de las pruebas de Antiquities of Mexico; John Pohl, FAMSI, «Codex Bodley».

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