Educación obligatoria en el mundo mexica: las instituciones

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Códice Mendoza, fol. 61r
Jóvenes de quince años entregados al «alfaquí mayor» del calmécac y al teachcauh, maestro de mancebos, ante la casa rotulada «cuicacali». Abajo, un casamiento. Códice Mendoza (c. 1541), Oxford, Bodleian Library, MS. Arch. Selden. A. 1. Dominio público, vía Wikimedia Commons: fol. 61r.

El sistema educativo de los mexicas fue uno de los más organizados de su época. Lo distinguen dos rasgos: tenía instituciones propias, con casas, maestros y reglas, y nadie quedaba fuera de él. Cada niño, noble o macehual, varón o mujer, era prometido por sus padres a una casa de crianza. Las penas por faltar eran severas.

La educación universal en el siglo XVI d. C. es algo único, un hecho hoy prácticamente olvidado.

En Europa la escuela era cosa de clérigos y de élites; en China, de varones que se preparaban para los exámenes. En el Anáhuac, en cambio, los cronistas describen casas de mancebos en cada barrio y una casa de canto a la que mozos y mozas tenían que acudir cada tarde. Un Estado tan organizado como el de la Triple Alianza necesitaba sacerdotes, jueces, guerreros, oradores y escribanos, y los formaba desde niños.

Hoy recordamos a los mexicas a través del prisma de la Invasión, y sus logros pasan casi inadvertidos. Gracias a Sahagún, y también a Durán, la civilización indígena que floreció en el Anáhuac, fruto de su propio desarrollo, conserva memoria de sí misma como cuna de una creación independiente. Esta glosa deja hablar a esos cronistas con sus propias palabras.

La idea de que la educación estaba abierta a todos los mexicas y era obligatoria en el mundo de la Triple Alianza se apoya en varias líneas de evidencia. Aquí revisamos esa evidencia.

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Las instituciones, en resumen

Las fuentes describen cuatro ámbitos de crianza y enseñanza. Los nombres son los de Sahagún y Durán; la grafía moderna va entre paréntesis.

Calmecac (calmécac)

Casa de penitencia ligada al templo, donde se criaban los futuros sacerdotes y, según Sahagún, también «los que rigen que son señores, senadores y gente noble». Allí se aprendían los cantos divinos escritos en los libros, la cuenta de los años, la interpretación de los sueños y el buen hablar.

Telpuchcalli (telpochcalli)

«Casa de mancebos». En cada barrio había varias. Los jóvenes barrían, cargaban leña, trabajaban en obras comunes, cantaban y bailaban cada noche y se preparaban para la guerra. Durán dice que en ella había «hijos de principales como de gente baja».

Las niñas

Las niñas también eran prometidas: al templo, con las religiosas del calmécac, o al telpuchpan, al cuidado de una mujer que tenía cargo de las demás. Se ha sugerido llamar ichpochcalli («casa de doncellas») a esta institución; el nombre no aparece en las ediciones que consultamos.

Cuicacalli

«Casa de canto». Junto a los templos, maestros enseñaban «á cantar y bailar y á tañer á mozos y mozas», y faltar tenía pena.

En las fuentes aparecen cuatro ámbitos de crianza: el calmécac (sacerdotes y gobernantes), el telpochcalli (casa de mancebos, en cada barrio), el servicio de las niñas en el templo o el telpochpan, y el cuicacalli (casa de canto).

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Sahagún: el voto de los padres (Libro VI, cap. XXXIX)

Fray Bernardino de Sahagún (Sahagún, León, c. 1499 – México, 1590) llegó a la Nueva España en 1529, ocho años después de la caída de Tenochtitlan, y dedicó su vida a documentar la cultura nahua con informantes que habían vivido antes de la Invasión. Su Historia general de las cosas de Nueva España, cuyo manuscrito bilingüe más completo es el llamado Códice Florentino, es nuestra fuente principal sobre la educación en la Triple Alianza.

El capítulo XXXIX del Libro VI describe la elección que hacían los padres, y desde el título deja ver que la práctica era general: casas de religión, «que en cada pueblo habia dos». Citamos el texto completo de la primera edición, la de Carlos María de Bustamante (México, 1829), cotejado palabra por palabra con las páginas impresas.

De como los padres y madres, deseando que sus hijos, é hijas viviesen, prometian de los meter en la casa de religion, que en cada pueblo habia dos, una mas estrecha que otra, así para hombres, como para mugeres, donde los metian en llegandó á edad convenible.

Despues que el niño se iba criando, los padres que tenian deseo de que viviese; para que su vida se conservase, prometíanlo al templo donde se servian los dioses, y esto á la voluntad de los padres, ó los prometian de meter en la casa que se llamaba Calmecac, ó en la otra que se llamaba Telpuchcalli; si le prometian á la casa Calmecac, era para que hiciese penitencia, sirviese á los dioses, viviese en limpieza, en humildad y castidad, y para que del todo se guardase de los vicios carnales. Si era muger era servidora del templo que se llamaba Cioatlamacazque, y habia de ser sugeta á las que regian esta religion, y vivir en castidad, guardarse de todo deleite carnal, y vivir con las virgenes religiosas que se llamaban las hermanas, que moraban en el monasterio dicho Calmecac, donde vivian encerradas: cuando el niño ó niña era prometido de meterle en el monasterio, los padres hacian fiesta á los parientes, y dábanlos de comer y beber. Si el padre y la madre querian meterlo en el monasterio que llamaban Telpuchcali, embiaban á llamar al que allí era mayor que le llamaban Telpuchtlatoque, comian y bebian, y daban dones como maxtles, mantas y flores por via de amistad. El principal de aquella religion despues de haber comido, bebido y recibido dichos dones, tomaba en brazos á la criatura hembra ó varon en señal que ya era su súbdito todo el tiempo que estuviese por casar, y de que ya era de aquella religion, ó manera de vivir: ahugerábanle el bezo de abajo, y allí le ponian una piedra preciosa por barbote, y la niña que ya estaba prometida al Telpuchpan, entregábanla á la muger que tenia cargo de las otras. Cuando ya era grandecilla, habia de aprender á cantar y danzar, para que allí sirviese al dios que se llama Moyucoya, Tezcatlipuca, y Yautli; y aunque era de esta religion la mozuela, estaba con sus padres y madres. Si era de la religion del Calmecac, metíanla en el monasterio de este nombre para que estuviese allí hasta que se casase sirviendo á Tezcatlipuca. A su entrada daban comida á las religiosas mas antiguas de aquella casa, las cuales se llamaban quaquacuiltin, que quiere decir mugeres que tenian los cabellos cortados de cierta manera. Estas tomaban la niña, ó mosuela, y hacíanlo saber al ministro del templo que se llamaba Quetzalcoatl: este nunca salia del templo, ni entraba en casa ninguna, porque era muy venerable y muy grave y estimado como dios: solamente entraba en la casa real. Sabedor éste de que la mosuela entraba en aquella religion, luego la llevaban al monasterio donde la habian prometido: conducíanla por la mano, y en brazos, y presentábanla al dicho dios Quetzalcoatl, al cual servian las de esta órden, y decian de esta manera cuando se la ofrecian. „¡Oh señor humanísimo amparador de todos! aquí están estas siervas, que os traen una nueva sierva vuestra la cual prometen y ofrecen su padre y madre para que os sirva; bien conoceis á la pobrecita que es vuestra: tened por bien de recibidla, para que algunos dias barra y atavie vuestra casa de penitencia y lloro, donde las hijas de los nobles meten la mano en vuestras riquezas, orando y llamandoos con lágrimas y con gran devocion, y donde con oraciones demandan vuestras palabras y vuestra virtud. Tened por bien señor de hacerla merced y de recibirla, ponedla señor en la compañia, y número de las mugeres virgenes que se llaman Tlamacazqui, que hacen penitencia, y sirven en el templo, y traen cortados los cabellos. ¡Oh señor humanísimo, y amparador de todos! tened por bien de hacer con ella aquello que sea vuestra santa voluntad, hacíendola las mercedes que vos sabeis que la convienen.” Dicho esto, si la mosuela era grandecilla, sajábanla las costillas y el pecho en señal de que era religiosa, y si era aun pequeña echábanle un sartal al cuello, que se llama yacualli. Y la niña hasta tanto que llegaba á la edad convenible para entrar en el monasterio, traía aquel sartal en señal del voto que habia de cumplir. Todo este tiempo estaba en la casa de sus padres; pero de que llegaba á la edad para entrar en el monasterio, metíanla en aquella religion del Calmecac, [ó casa de penitencia:] y tambien la mosuela en siendo de edad, la ponian entre las religiosas de esta misma religion.

Sahagún, Historia general, ed. Bustamante, t. II (1829), Libro VI, cap. XXXIX, pp. 223–225. Ortografía de la edición.

Sahagún sugiere la universalidad de la práctica con una frase breve: en cada pueblo había dos casas. Los nombres de los cargos también enseñan. El telpochtlato era el «que habla a los mancebos», el que los regía; las cuacuacuiltin, las religiosas mayores de cabello cortado; y el «Quetzalcoatl» que aquí aparece es el título del sumo sacerdote, no el dios.

Los nombres divinos del capítulo, Moyocoyani, Tezcatlipoca y Yáotl, nombran a un solo dios. Moyocoyani, «el que se inventa a sí mismo», y Yáotl, «el enemigo», son títulos de Tezcatlipoca, patrono del telpochcalli. El propio Sahagún lo dice en el Libro III, cuando los padres entregan al niño a la casa de mancebos:

«ofrecemosle al Señor Dios todo poderoso Yaotl, por otro nombre Titlacaoan ó Tezcatlipuca»

Sahagún, Historia universal, ed. Kingsborough, vol. VII (1830), Libro III, apéndice, cap. IV, p. 118

Sobre la edición: el texto castellano que circula en internet con la grafía «telpuchtlato», «ichpuchtiáchcauh» y «tlamacazque y tlamaceuhque» procede de la edición moderna de Alfredo López Austin y Josefina García Quintana, que no es de dominio público. Aquí usamos la de Bustamante (1829). Las dos difieren en algunos nombres: Bustamante no trae «ichpuchtiáchcauh» y escribe «Moyucoya» y «Yautli».

El libro VI, capítulo 39, cuenta cómo los padres prometían a cada criatura, niño o niña, al calmécac o al telpochcalli.

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El calmécac

El capítulo siguiente del Libro VI reproduce lo que los padres decían al niño al dejarlo en el calmécac. Es una de las fuentes más claras sobre para qué servía la casa: de ella salían los gobernantes.

«Ahora vas á aquel lugar á que te ofrecieron tu padre madre, que se llama Calmecac, casa de lloro y tristeza, donde los que allí se crian son labrados y ahugerados, como piedras preciosas, y brotan y florecen como rosas. [...] En aquel lugar se crian los que rigen que son señores, senadores y gente noble, que tiene cargo de los pueblos: de allí salen los que poseen ahora los estrados, y sillas de la república»

Sahagún, Historia general, ed. Bustamante, t. II (1829), Libro VI, cap. XL

«y tambien hijo mio has de tener mucho cuidado de entender los libros de nuestro señor: allégate á los sábios y hábiles, y de buen ingenio.»

Sahagún, Historia general, ed. Bustamante, t. II (1829), Libro VI, cap. XL

El apéndice del Libro III enumera quince costumbres de la casa. Las primeras son de trabajo y penitencia: dormir allí, barrir a las cuatro de la mañana, cortar púas de maguey, traer leña. La decimocuarta es el currículo:

«La decimoquarta era, que les enseñaban todos los versos de canto para cantar, que se llamaban divinos cantos, los quales versos estaban escritos en sus libros por caracteres; y mas les enseñaban la astrologia Indiana y las interpretaciones de los sueños y la cuenta de los años.»

Sahagún, Historia universal, ed. Kingsborough, vol. VII (1830), Libro III, apéndice, cap. VIII, p. 122

Los libros de esa cuenta eran manuscritos como el Códice Borgia, un almanaque adivinatorio. Se ha sugerido que libros así se estudiaban en el calmécac, pero ningún cronista nombra un códice concreto como libro de escuela.

El calmécac enseñaba los cantares divinos «escritos en sus libros por caracteres», la astrología, la interpretación de los sueños y la cuenta de los años.

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El telpochcalli

El telpochcalli era la casa de los mancebos. Sahagún cuenta cómo se subía de grado en grado, y cuántas casas había:

«y si estaba yá bien criado y sabia las buenas costumbres y ejercicios á que estaba obligado, elegianle para maestro de los mancebos que se llama Tiachcauch; y si era yá hombre valiente y diestro, elegianle para regir á todos los mancebos y para castigarlos, y entonces se llamaba Telpuchtlato [...] De esta manera ivan subiendo de grado en grado los mancebos que alli se criaban, y eran muy muchos los que se criaban en las casas de Telpuchcalli, porque cada Perrocha tenia quince ó diez casas de Telpuchcalli»

Sahagún, Historia universal, ed. Kingsborough, vol. VII (1830), Libro III, apéndice, cap. V, pp. 119–120

«y dormian todos juntos cada uno apartado del otro, en cada casa de Telpuchcalli, y castigaban al que no iva á dormir en estas casas, y comian en sus casas propias.»

Sahagún, Historia universal, ed. Kingsborough, vol. VII (1830), Libro III, apéndice, cap. V, p. 120

La edad la da el Códice Mendoza. En la glosa del fol. 60v, que explica la lámina siguiente, el padre lleva a sus hijos a una de las dos casas, «los quales mancebos abian de ser de edad de quinze años» (lectura nuestra del manuscrito, por cotejar). Sahagún coincide: «llegando á los quince años» el muchacho empezaba a cargar leña y rodelas en el monte.

Fray Diego Durán, dominico criado en la Ciudad de México, describe la misma casa y subraya que en ella convivían todas las clases:

«alli los enseñauan a cantar a dançar y a otras mill sotileças. Tambien los yndustriaban (sic) exercicios de guerra a tirar una flecha apunteria a tirar una fisga o baras tostadas con amientos a mandar bien una rodela y espada haciendolos dormir mal y comer peor para que desde niños supiesen de trauajos y no se criasen con regalo. En esta casa hauia muchos de todo genero de perssonas asi hijos de principales como de gente baja»

Durán, Historia de las Indias, ed. Ramírez, t. II (1880), Libro de los ritos, cap. LXXXIII, p. 108

Códice Mendoza, fol. 58rCódice Mendoza, fol. 59rCódice Mendoza, fol. 60r
La crianza de los niños de 3 a 14 años: la ración de tortillas de cada edad, los oficios que enseñaban el padre y la madre, y los castigos que daban a los hijos (púas de maguey, humo de chile). Códice Mendoza (c. 1541), Oxford, Bodleian Library, MS. Arch. Selden. A. 1. Dominio público, vía Wikimedia Commons: fol. 58r · fol. 59r · fol. 60r.

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Las niñas

Las niñas no quedaban fuera. El capítulo XXXIX las incluye en cada paso: eran prometidas como los varones, al calmécac o al telpochcalli, y en el telpochpan aprendían «á cantar y danzar». Las del calmécac vivían encerradas con las religiosas hasta casarse. La enseñanza era universal, aunque distinta para cada sexo.

En casa, la enseñanza era de la madre y el padre. En el Libro VI, el señor dice a su hija:

«Hecho esto comienza luego á hacer lo que es de tu oficio, á hacer cacao, ó moler el maíz, ó á hilar ó á teger: mira que aprendas muy bien como se hace la comida y bebida para que sea bien hecha»

Sahagún, Historia general, ed. Bustamante, t. II (1829), Libro VI, cap. XVIII

Se ha sugerido que algunas jóvenes nobles estudiaban también poesía y música sagrada; no encontramos un pasaje que lo diga.

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El cuicacalli, la casa de canto

La prueba más clara de que la enseñanza era obligatoria está en Durán, y se refiere a la casa de canto. Durán empieza defendiendo a los indígenas de quienes los llamaban «irracionales», y luego describe la institución:

«en todas las ciudades había junto á los templos unas casas grandes donde residían maestros que enseñaban á bailar y á cantar á las cuales casas llamaban cuicacally que quiere decir casa de canto donde no había otro ejercicio sino enseñar á cantar y bailar y á tañer á mozos y mozas y era tan cierto el acudir ellos y ellas á estas escuelas y guardábanlo tan estrechamente que tenían el hacer falla como cosa de climen lexen magestatis pues había penas señaladas para los que no acudían»

Durán, Historia de las Indias, ed. Ramírez, t. II (1880), Libro de los ritos, cap. XCIX, p. 227

Las penas eran para los jóvenes que faltaban; Durán no habla de castigar a los padres. Y nadie llegaba solo: en cada barrio había viejos y viejas encargados de recoger a los mozos y a las mozas, «muchas de á catorce de á doce años poco mas ó menos»:

«había hombres ancianos diputados y electos para solo aquel oficio en todo los barrios á los cuales llamaban teaanque que quiere decir hombres que andan á traer mozos. Para recoger las mozas había indias viejas señaladas por todos los barrios»

Durán, Historia de las Indias, ed. Ramírez, t. II (1880), cap. XCIX, p. 227

Durán sitúa la casa de canto de México «donde agora son los portales de los mercaderes junto á la serca grande de los templos». Sahagún coincide en lo esencial: los mancebos del telpochcalli iban a bailar «á la casa que se llamaba Cuicacalco cada noche». Y el Códice Mendoza (fol. 61r) rotula «cuicacali» la casa adonde el padre lleva al joven de quince años.

Los instrumentos, el teponaztli y el huéhuetl, aparecen en todos los cronistas. Durán dice que al teponaztli lo honraban «como á Dios». El poeta y gobernante Nezahualcóyotl de Texcoco es la mejor prueba de que la palabra cantada formaba también a los señores.

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La guerra y las órdenes guerreras

Del telpochcalli se salía a la guerra. Durán cuenta que a los muchachos con «ánimos y brio» los mandaban al campo cargando bastimentos, «para que perdiese el miedo», y que muchos volvían «por capitán y con insignias de balerosso». Sahagún da la escala de cargos: el que había capturado cuatro enemigos podía ser nombrado tlacatécatl, tlacochcálcatl o cuauhtlato, «los quales regian y gobernaban el pueblo».

El ascenso dependía de los cautivos. Los guerreros águila (cuauhtli) y jaguar (océlotl), los otontin y los cuachicqueh, «los rapados», formaban las órdenes de mayor prestigio. El Códice Mendoza (fols. 64r–65r) muestra los trajes y divisas que correspondían a uno, dos, tres o más cautivos. Así un macehual podía ascender por mérito militar. El famoso voto de los cuachicqueh de no retroceder en batalla viene de estudios modernos; no lo encontramos en las crónicas que citamos.

Códice Mendoza, fol. 64r
Los trajes y divisas de guerrero según el número de cautivos. Códice Mendoza (c. 1541), Oxford, Bodleian Library, MS. Arch. Selden. A. 1. Dominio público, vía Wikimedia Commons: fol. 64r.

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La palabra de los viejos

Los cronistas coinciden en un punto: la educación mexica giraba en torno a la palabra. Los huehuetlahtolli, la «palabra antigua» de padres y viejos, ocupan casi todo el Libro VI de Sahagún. Un padre a su hijo:

«Hijo mio muy amado: nota bien las palabras que quiero decir, y ponlas en tu corazon, porque las dejaron nuestros antepasados viejos y viejas, sábios y avisados que vivieron en este mundo.»

Sahagún, Historia general, ed. Bustamante, t. II (1829), Libro VI, cap. XXI

Esa memoria, recogida por Sahagún de boca de quienes la habían vivido, es la que nos permite hoy hablar de una educación para todos en el Anáhuac precolonial.

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Fuentes

Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España, ed. Carlos María de Bustamante, t. II (México, Imprenta de Alejandro Valdés, 1829), Libro VI, caps. XVIII, XXI, XXXIX y XL. Dominio público. El cap. XXXIX, cotejado con las pp. 223–225 de la edición impresa.

Bernardino de Sahagún, Historia universal de las cosas de Nueva España, en Lord Kingsborough, Antiquities of Mexico, vol. VII (Londres, 1830), Libro III, apéndice, caps. IV, V y VIII, pp. 118–122. Dominio público.

Diego Durán, Historia de las Indias de Nueva España y islas de Tierra Firme, ed. José Fernando Ramírez, t. II (México, Imprenta de Ignacio Escalante, 1880), caps. LXXXIII y XCIX. Dominio público.

Códice Mendoza (c. 1541), Oxford, Bodleian Library, MS. Arch. Selden. A. 1, fols. 58r–61r y 64r–65r.

Imágenes: Códice Mendoza, fols. 58r, 59r, 60r, 61r y 64r, dominio público, vía Wikimedia Commons.

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