

por Orlando Santos
Crónica, 23 de octubre de 2026
Una mujer arrodillada, de granito
Está sentada sobre los talones, con las manos apoyadas en las rodillas. Una cinta le rodea la frente y de ella cuelgan, a cada lado de la cara, dos grandes borlas. Sobre los hombros lleva un manto triangular con flecos, el quechquemitl, y debajo una falda larga. Mide 30 centímetros y es de granito; el Museo Británico dice que sus ojos eran, probablemente, de concha.1 Así la dibujó Agostino Aglio, de frente y por detrás, para el cuarto volumen de las Antiquities of Mexico de Kingsborough, en 1831.
Quien la trajo a Londres, William Bullock, no sabía quién era. En la lista de láminas de su libro de 1824 la llama «Statue of an Azteck Princess» y la compara con una esfinge:
«La dama está representada sentada sobre los pies, que lleva doblados debajo, la posición común de las mujeres indias en la iglesia hoy en día; sus manos descansan sobre las rodillas y dan la apariencia, a primera vista, del frente de la esfinge egipcia, a la que el tocado contribuye mucho a parecerse».
William Bullock, Six Months’ Residence and Travels in Mexico (1824), lista de láminas, lámina 1, n.º 1. Traducción: Grok Bot (IA), revisada por Orlando Santos.2
Hoy se la identifica como Chalchiuhtlicue, la diosa del agua. Y la historia de esa identificación, y de lo que esa diosa significaba para quienes la veneraban, vale más que la piedra.
La de la falda de jade
El nombre Chalchiuhtlicue se suele traducir «la de la falda de jade». Chalchihuitl nombra las piedras verdes y azul verdosas que los mexicas tenían por preciosas, así que otros traducen «falda de turquesa»; John Schwaller, por ejemplo, la llama «Turquoise Her Skirt».3 Lo que importa es la idea: el agua, vista como lo más precioso. El Museo Británico lo resume así: su imagen figura de manera destacada en los códices como una joven hermosa que representa «la pureza y lo precioso del agua».1
En los códices la reconoces por el color: «invariablemente se la pinta de azul», dice la ficha del museo, color que remite a su papel en la mitología como esposa, madre o hermana de Tlaloc, el dios de la lluvia, según la versión.1 Según Pasztory, su provincia particular eran las aguas de superficie, los ríos y los lagos.4 La ficha añade que se la asociaba con el agua de manantial que riega los campos y, como patrona de los pescadores, con lagos y ríos.1 En piedra, en cambio, no hay azul que ayude. Lo que la delata es el atuendo: la cinta con borlas, el manto con flecos, la postura arrodillada propia de una mujer mexica.
El agua de la casa
Esther Pasztory, en su estudio clásico del arte mexica, subraya que esta diosa es sobre todo doméstica. No se ocupa de la lluvia, el trueno ni el mar impredecible, que eran asunto de dioses varones, sino del agua subterránea cercana a la casa y a los campos.4 Esa es la diosa de esta figura: una joven arrodillada, serena, con el rostro oval y la mirada calma que Pasztory describe como el ideal mexica de la muchacha modesta. Como no es diosa del maíz ni de la cosecha, sino del agua, que Pasztory llama «condición previa» del crecimiento, no aparece como mujer madura sino como una muchacha.4
Y añade algo que me importa para esta ciudad: las hermosas tallas de esta diosa «en el estilo de Tenochtitlan» indican su importancia para esa ciudad, «construida en medio de un lago».4 Lo cuento en la Glosa sobre «El agua dulce que venía de Chapultepec»: la ciudad estaba en una isla, y el agua potable no se tomaba sin más del lago, sino que se llevaba hasta ella. Es una lectura mía, no de Pasztory, pero me parece natural que en esa ciudad hubiera una diosa del agua buena, la de manantial, la que se podía beber y regar con ella, y que la tuvieran cerca, en la casa.
El primer baño
La función doméstica más concreta de Chalchiuhtlicue está en un momento: el nacimiento. Pasztory resume que, como se creía que el agua purificaba, la partera consagraba al recién nacido a esta diosa, porque ella podía lavar los pecados de los padres.4 Los informantes de Sahagún dictaron lo que la partera decía mientras lavaba al niño. Le hacía probar el agua y le hablaba:
«Aquí está tu madre, nuestra madre Chalchiuhtlicue. Tómala, recíbela; abre la boca. Aquí está con qué vivirás, con qué seguirás viviendo en la tierra».
Sahagún, Códice Florentino, libro VI, el baño del recién nacido (ed. Anderson y Dibble; cotejado con el náhuatl). Traducción: Grok Bot (IA), revisada por Orlando Santos.5
Luego le ponía agua en el pecho y la derramaba sobre la coronilla: «Aquí está el agua azul, el agua amarilla, que limpia nuestros corazones para que se purifiquen; que lava nuestra suciedad».5 Y al terminar de bañarlo, el niño «vive de nuevo; nace de nuevo; queda limpio, puro otra vez».5 Es una frase notable: el primer baño es un segundo nacimiento, y la diosa del agua lo preside.
En el discurso que la partera dirigía a un niño varón aparece además otro nombre que conocemos por estas láminas. Le decía que sus padres, Ometecuhtli y Omecihuatl, lo enviaban, y que «el señor de lo cercano, de lo próximo, Topiltzin Quetzalcoatl» se lo había dado.5 Ese Quetzalcoatl es el de la otra pieza de Bullock: «El busto de Quetzalcoatl».
Son pocas líneas, pero describen un mundo. La diosa del agua no está en un templo remoto, sino en la palangana de la partera. Las figuras de piedra como esta, sentadas sobre los talones como se sentaban las mujeres, tienen la escala de ese mundo: casa, patio, familia. No sé si alguna se usó en un rito como ese; lo que sí sé es que el tema es el mismo.
El agua que también se lleva el mundo
El agua que limpia es también el agua que desborda. Los mexicas contaban que antes del mundo actual hubo cuatro mundos o «soles», cada uno terminado por un cataclismo. Según la ficha del Museo Británico, el cuarto acabó destruido por las aguas, y fue entonces cuando Quetzalcoatl bajó al inframundo a recuperar los huesos de aquella humanidad.6 La Leyenda de los Soles lo llama Nahui Atl, «4 Agua», y cuenta que en la inundación la gente se volvió pez.7 Se ha sugerido que Chalchiuhtlicue presidía ese sol y que por eso se la asocia con el diluvio. Lo digo con cautela: en el pasaje de la Leyenda de los Soles que he podido consultar no se la nombra, y la idea circula en obras de síntesis que no he podido cotejar con una fuente original.7 Lo que sí está claro es que los mexicas pensaban el agua con dos caras: la que da vida y la que acaba con ella.
Del agua al maíz
Pasztory observa que las manos de esta diosa suelen descansar en el regazo, salvo en unos pocos ejemplares donde, «como todos los dioses de la fertilidad», lleva mazorcas.4 Y apunta algo que me parece clave para quien mira estas piedras: las mujeres de la escultura mexica aparecen a distintas edades, lo que las relaciona con el ciclo de vida del maíz. La joven del agua viene antes; la mujer del maíz, después. Según el mismo estudio, la mayoría de las esculturas mexicas en piedra son de diosas; de todos los temas, el más frecuente es la diosa del tocado en forma de templete, que se suele identificar con Chicomecoatl, y el segundo es esta, la del tocado de borlas.4 Con Chicomecoatl sigue esta serie: «La casa de papel».
La imagen
La litografía de Kingsborough muestra la figura de frente y por detrás. En la vista trasera se ven dos cordones trenzados que parecen anudarse sobre la cabeza y caer por la espalda, rematados en borlas, bajo un manto rectangular; no se ve ningún abanico en la nuca. Eso importa: Bullock avisó de que Humboldt había publicado tres vistas de «una estatua parecida a esta», salvo «una diferencia insignificante en el ropaje de la parte posterior de la cabeza».2 El Museo Británico conserva hoy una figura relacionada, Am,St.373, de andesita, con un abanico plisado sujeto a la nuca, y dice que fue publicada por primera vez por Humboldt.1 Parece, pues, que esa es la estatua que mencionaba Bullock y que la de las láminas es otra, la Am1825,1210.6. Es una deducción mía a partir de los textos, no una afirmación del museo. Según la web del museo, ambas están en la sala 27, en la misma vitrina.
Ahora bien: la lámina es una litografía de 1831. Aglio pudo suavizar o regularizar los rasgos. Esta crónica habla de la pieza y de la diosa, no de la fidelidad exacta de su retrato.
Las cinco láminas son una cadena de manos. William Bullock (1773–1849), joyero de oficio y dueño de un museo en el Egyptian Hall de Piccadilly, en Londres, estuvo en México entre diciembre de 1822 y noviembre de 1823 y volvió con una de las primeras colecciones mexicanas que se vieron en Europa. La exhibió en 1824, con catálogo, y ese mismo año publicó Six Months’ Residence and Travels in Mexico, cuya lista de láminas describe estas esculturas.8 En 1825 vendió el grueso de la colección: el 10 de diciembre de 1825 los administradores del Museo Británico compraron las piezas por 100 libras al reverendo William Buckland, deán de Christ Church (Oxford), según el registro del museo.9 Pocos años después, Lord Kingsborough las incluyó en el cuarto volumen de sus Antiquities of Mexico (1831), como «Specimens of Mexican Sculpture preserved in the British Museum», con litografías del italiano Agostino Aglio.10 Son esas láminas, hoy de dominio público, las que ves aquí. Bullock las describió con los nombres que tenía a mano: una «princesa azteca», un sacerdote o el «ídolo del Sol», una «Isis». Las identificaciones actuales, como diosas y dioses concretos, se apoyan en cambio en la comparación con los códices y con las fuentes del siglo XVI.
Notas
- Museo Británico, Am1825,1210.6: ficha de la figura arrodillada de Chalchiuhtlicue, con el comentario de Colin McEwan, Ancient Mexico in the British Museum (1994), p. 73. Sobre la figura relacionada: Am,St.373. Medidas y material (granito, 30 × 18 × 17 cm) según la ficha; Am,St.373: andesita, 37 cm. La traducción de los comentarios del museo es mía. Traducción: Grok Bot (IA), revisada por Orlando Santos.
- Bullock, Six Months’ Residence and Travels in Mexico (1824), «List of Plates», lámina 1, n.º 1, pp. 531–532 (la lista se anuncia en p. 327). Bullock se refiere a Humboldt, Researches concerning the Institutions and Monuments of the Ancient Inhabitants of America. Traducción: Grok Bot (IA), revisada por Orlando Santos.
- Sobre el nombre: John F. Schwaller, «Goddess of the month: Chicomecoatl», Mexicolore, 29 de enero de 2025, que traduce «Turquoise Her Skirt»; el museo traduce «jade skirt». Traducción: Grok Bot (IA), revisada por Orlando Santos.
- Esther Pasztory, Aztec Art (Nueva York, Abrams, 1983), pp. 218–220, citado literalmente en Mexicolore, «Why did the Aztecs sculpt goddesses?». Las citas son traducciones mías del inglés. Traducción: Grok Bot (IA), revisada por Orlando Santos.
- Bernardino de Sahagún, Florentine Codex, Book 6: Rhetoric and Moral Philosophy, trad. Arthur J. O. Anderson y Charles E. Dibble (Santa Fe, School of American Research / University of Utah, 1969), pasajes sobre el baño del recién nacido, con el texto náhuatl enfrentado. Citas traducidas del inglés y cotejadas con el náhuatl en un escaneo de calidad irregular; por eso no indico números de capítulo. Traducción: Grok Bot (IA), revisada por Orlando Santos.
- Museo Británico, Am1825,1210.11, comentario de Colin McEwan, Ancient American Art in Detail (2009), pp. 18–19, sobre las épocas anteriores a la actual.
- Leyenda de los Soles (Códice Chimalpopoca), trad. de Primo Feliciano Velázquez (México, UNAM, 1945), edición digital; véase también Arqueología Mexicana, «El sol de Nahui Atl». La vinculación del cuarto sol con Chalchiuhtlicue no está comprobada aquí.
- William Bullock, Six Months’ Residence and Travels in Mexico (Londres, 1824): «List of Plates», p. 327 y descripciones en pp. 531–532. Biografía y fechas del viaje: Museo Británico, «William Bullock».
- Museo Británico, colección Bullock, Am1825,1210.1–52: «Mexican Antiquities, Bullock collection, purchased by the Trustees from Rev. Dr. Buckland for £100» (Trustees’ Book of Gifts, 10 de diciembre de 1825); véase cualquiera de las fichas, por ejemplo Am1825,1210.11.
- Edward King, vizconde de Kingsborough, Antiquities of Mexico, vol. IV (Londres, 1831), láminas «Specimens of Mexican Sculpture preserved in the British Museum», litografías de A. Aglio. Escaneo del ejemplar de la Cooper Union en Internet Archive.
- Museo Británico, Am1825,1210.6 y Am,St.373; Colin McEwan, Ancient Mexico in the British Museum (1994), p. 73.
- Esther Pasztory, Aztec Art (1983), pp. 218–220 (vía Mexicolore).
- Museo Británico, Am1825,1210.11 (McEwan 2009).
- Sahagún, Códice Florentino, libro VI (ed. Anderson y Dibble).
- John F. Schwaller, «Goddess of the month: Chicomecoatl», Mexicolore (2025).
- Glosa de Amatl: «El agua dulce que venía de Chapultepec».
- William Bullock, Six Months’ Residence and Travels in Mexico (Londres, 1824), pp. 327 y 531–532; Museo Británico, colección Am1825,1210; Kingsborough, Antiquities of Mexico, vol. IV (1831).
- Imágenes: litografías de Kingsborough (1831), dominio público, vía Internet Archive. Las citas en inglés están traducidas por mí al español. Traducción: Grok Bot (IA), revisada por Orlando Santos.
