Tezozómoc, Crónica mexicana — Capítulos CII–CX (parte 9 de 9)

Texto: Hernando Alvarado Tezozómoc; edición de José M. Vigil (México, 1878).

Esta parte reúne los capítulos CII a CX de la Crónica mexicana, que Hernando Alvarado Tezozómoc escribía hacia 1598.

Esta serie publica la Crónica mexicana, capítulos I a CX, según la edición de México de 1878 (Imprenta y Litografía de Ireneo Paz), con anotaciones de Manuel Orozco y Berra. Se omiten las notas y los estudios de Orozco y Berra. Conservamos la ortografía de 1878; hemos corregido, lo mejor posible, las erratas evidentes de la edición impresa y del escaneo, y las lecturas dudosas se han resuelto según el contexto.

Texto: Hernando Alvarado Tezozómoc, Crónica mexicana, ed. José M. Vigil, anotada por Manuel Orozco y Berra (México: Imprenta y Litografía de I. Paz, 1878), dominio público, vía Internet Archive. Transcripción a partir del reconocimiento óptico de caracteres, cotejada con los facsímiles. Imagen de portada: Códice Ixtlilxóchitl, f. 97r, vía Gallica (BnF).

Índice
  • Capítulo CII — De cómo el rey Moctezuma mandó labrar una piedra grande de labores, para ponerla encima del gran Cú de Huitzil…
  • Capítulo CIII — De el gran premio y paga que el rey Moctezuma dió á los canteros que labraron su figura en Chapultepec, y de l…
  • Capítulo CIV — De cómo envió el rey Moctezuma á los encantadores, por embajadores, al rey Huemac, que está en el paraíso y de…
  • Capítulo CV — De cómo acabados los ayunos, que hizo Moctezuma de su penitencia, envió á los dos mensajeros á interrogar al r…
  • Capítulo CVI — De cómo Moctezuma mandó á, todos los sacerdotes, y algunos principales, y otros comunes, así hombres como muje…
  • Capítulo CVII — De la gran tristeza que Moctezuma tenia de haber llegado navios al puerto de San Juan de Ulúa ó Veracruz, y ge…
  • Capítulo CVIII — De la despedida de el capitan Don Fernando de Cortés á los mensajeros de Moctezuma, y de los presentes que env…
  • Capítulo CIX — De cómo no conformándose las preguntas de los profetas falsos con lo que habia visto Tlilancalqui, envió á lla…
  • Capítulo CX — De cómo llegó á México Tenuchtitlan Tlilancalqui, mensajero de el rey Moctezuma, y de la gran tristeza que hub…

Capítulo CII

De cómo el rey Moctezuma mandó labrar una piedra grande de labores, para ponerla encima del gran Cú de Huitzilopochtli, y trayéndola labrada habló la piedra, y lo que dijo.

Acordó Moctezuma que en su tiempo no habia hecho labor alguna que hubiese de él memoria. Llamó á Cihuacoatl para que la mandase labrar para e templo de Huitzilopochtli; que fuese mayor y des codos más alta que la que allí estaba: y así luego hizo llamar Cihuacoatl á todos los canteros y albañiles de los cuatro barrios Teopan Moyotlan, Atzacualco y Cuepopan: dijoles que mandaba el rey que fuesen todos ellos juntos à buscar una gran piedra pesada, y que labrasen otra piedra como la que estaba allí arriba de el Cú de el Huitzilopochtli, excepto que habia de ser mayor, con una braza más de ancho y dos codos más alta, y todos juntos como estais la habeis de ir á buscar. Fueron y halláronla en Acolco, que es adelante de Ayotzinco, y la midieron conforme les fué mandado, y para haberla de labrar á placer, fué menester ir diez ó doce mil indios á sacarla de donde estaba para ponerla en un razo para labrarla: bajada al llano la labraron con las mismas labores que las otras: más ancha y más redonda y más alta y muy de mejor la labor: miéntras que la labraban, los de Chalco les daban de comer á los canteros, y en breve se acabó, por andar en la labor y obra treinta oficiales con picos de pedernal; y luego que se acabó de labrar dieron aviso al rey Moctezuma y fueron para traerla todos los chalcas con maromas muy gruesas y todos los chinampanecas y todos los de Nauchteuctli; y como la traian con tanto ruido por el gran peso, la trajeron hasta Iztapalapan, y allí descansaron los indios dos ó tres dias; y el dia que habia de entrar en Mexico Tenuchtitlan, hizo llamar Cihuacoatl á los chocarreros que eran los bailadores del palo cuauhtlatlazque ó quahuilacatzoque, y á los viejos cantores con Teponaztli, y à los sacerdotes con cornetas y atabales, y que la trajesen con mucha brevedad, con muchos carretoncillos, y mandó á los mayordomos que llevasen de comer muy escogidamente á los canteros y á los principales que la traian; que almorzasen al alba y comiesen á las nueve y merendasen á las tres, segun que iban avisados ya los perfumadores ó sahumadores que llamaban Tlenamacaque, con mucho copal blanco, grande y ancho, y darles mantas ricas y pañetes, catles y cotaras: y ántes de partir la piedra comenzaron á cortar cabezas de codornices y á untarle con la sangre y á sahumarle: comenzaron luego el baile y canto mexicano, y viendo que no queria bullirse la piedra y que habia quebrado diez maromas, que ántes la habian traido, dijeron los canteros: vayan á dar noticia de esto al rey Moctezuma, Segunda vez no la podian menear; enviaron luego á todos los tecpanecas, serranos, montañeses, Chiapan, Xilotepec, Xiquipilco, Huatitlan, Mazahuacan; llegados todos éstos, comenzaron á dar vocería los otomies en su lengua, arrancando la piedra, y así como la rodearon para tirar de ella, habló y solamente dijo: por más que hagais: con esto que dijo ningunas gentes más hablaron, quedáronse mústios y tornando á forcejar, tornó á hablar la piedra y dijo: ¿qué me quereis llevar? Pues no me he de rodear para ir á donde me quereis llevar. Comenzaron à proseguir el traerla, tornó á hablar y dijo: pues llevadme que acullá os hablaré: trajéronla hasta Tlapitzahuayan: dijeron los canteros: démos aviso al rey de lo que ha pasado y lo que ha dicho la piedra; fué un principal y un cantero á hablar à Moctezuma, y dádole cuenta al rey de lo que habia sucedido, dijoles: ¿estais vosotros borrachos? ¿Cómo venís vosotros con mentiras? Llamó al mayordomo Petlacalcatl y dijole: llevad presos á estos bellacos que vienen con semejantes mentiras. Envió Moctezuma á gran prisa á seis principales, que supiesen qué habia sucedido no más. Respondiéronles todos los que tiraban la piedra, y volvió á hablar y dijo: por más que hagais no me llevareis: á poco tornó á hablar y dijo: pues llevadme, que acullá os diré lo que será. Volvieron los mensajeros con esta respuesta á Moctezuma: visto esto mandó á Petlacalcatl, que soltase álos presos. Moctezuma envió á estos presos á que llamasen á todos los de Aculhuacan, Chinampanecas, y Nauchteuctli que fuesen á traer la piedra. Llegados, arrancaron con ella y llegaron á Techichco con ella por la mañana, que querian traerla; comenzaron á traer cornetas y á cantarle, y comenzaron á tirar: era como arrancar un cerro: ántes se hicieron pedazos todas las maromas: acabadas de cortar las maromas tornó otra vez á hablar la piedra y dijo: ¿No acabais de entender vosotros? ¿Qué me quereis llevar? Que no he de llegar á México; decidle á Moctezuma ¿que para qué me quiere? ¿que qué aprovecha, que qué tengo de hacer allá, y que vaya á donde tengo de estar arrojada? Que ya no es tiempo de hacer lo que ahora acuerda, que ántes lo habia de haber hecho, porque ya ha llegado su término de él, ya no es tiempo, y el Moctezuma ha de ver por sus ojos lo que será presto, porque está ya dicho y determinado, porque parece que quiere aventajar á Nuestro Señor, que hizo el cielo y la tierra, mas con todo, llevadme, que allí será mi llegada, ¡pobres de vosotros! Vamos caminando. Comenzó á moverse la gente con esto, y arrancáronla brevemente. Comenzaron á tocar las cornetas. Llegados á Tozititlan, junto á el albarrada de Santistéban allí durmió otra vez la piedra. Dijéronle à Moctezuma todo lo que la piedra habia dicho, y dijo: pues vamos, ¿qué es lo que será? Aguardemos los tiempos, ¿y qué será de nosotros? Vayan mañana los sacerdotes y háganle sacrificio de codornices y sahúmenla todos los sahumadores, y vayan todos los viejos con teponaztli á cantarle y bailarle, para que tenga más gana de venir. Comenzaron á traerla. Llegados al gran puente de Xoloco, y estando en la mitad de la puente, habló otra vez la piedra y dijo: Hasta aquí ha de ser, y no más. Diciendo esto se quebró el puente, que era de unas planchas de cedro de siete palmos de grueso y nueve de canto de gordo: cayóse la piedra dentro de el agua, y llevó trás sí á los que la tiraban, y muchos murieron, que no se pudo contar la gente que debajo consumió; y los que escaparon á nado le fueron á dar noticia de esto á Moctezuma y de todo lo sucedido con la piedra. Dijo Moctezuma á Cihuacoatl: vámosla á ver, padre mio: visto lo que habia sucedido, tornóse á su palacio, llamó á todos los principales mexicanos y díjoles: enviemos á todos los encantadores á llamar, que sean buenos buzos, que suelen entrar en las honduras y cuevas cavernosas, de ojos y manantiales de agua, para que me sepan dónde se fué esta piedra, ó qué se hizo, y la gente que llevó consigo. Fueron principales á Xochimilco y á Cuitlahuac, Mizquic y Tlacochcalco á llamarlos. Venidos todos los buzos de agua, dijoles Moctezuma: venid acá, hermanos, id a ver á Xoloco qué se hizo la gran piedra que traian labrada para el templo, que se cayó allí y las gentes que llevó consigo, y ved si procede de allí algun gran ojo de agua. Fué Moctezuma allá con una sombrera ó quita sol, al medio dia, puntualmente cuando más aclara el agua: como ocho de ellos entraron dentro y se estuvieron como media hora allá, y estaban alli con él todos los sacerdotes de los templos y todos los principales mexicanos: al cabo de un rato salieron diciendo: Señor, todo lo anduvimos y no vimos la piedra, ni la gente, y hallamos una senda no muy ancha de agua que và hácia Chalco y vá siempre más à lo hondo. Dijo Moctezuma: pues sea norabuena; vayan con vosotros principales de autoridad y vayan los tezozonques que la habian labrado á ver si está allá: y fueron todos juntos. Llegados los canteros la conocieron y vieron ser la propria que habian sacado primero en Acolco Chalco en la parte y lugar que la sacaron primero, y estaba la piedra con el papel que le habran puesto por cobertor y el copal blanco que le hablan pegado: desollaron el papel y rascaron el copal, y lo trajeron al rey diciéndole: Señor, matadnos, que la propria piedra labrada está allá en su proprio lugar y asiento de donde la sacaron primero. Dijo el rey Moctezuma: sea norabuena, padres mios: veamos lo más que ordenaren nuestros dioses: y esto es lo que sucedió de traer la piedra de Chalco. Dijo Moctezuma á los canteros: no por eso, hermanos mios, habeis de perder vuestro trabajo, que os lo mandaré gratificar muy bien; ahora quiero que vayais al cerro de Chapultepec, veais y tanteeis la mejor piedra de peña que halláredes para labrarla, que quiero primero verla. Dijeron los canteros que luego querian ir allá á buscarla. Volvieron al rey diciéndole: señor nuestro, la piedra de peña hallamos en buena parte y lugar. Dijo: sea norabuena; quiero deciros primero cómo la habeis de pintar, y es mi propria persona de la manera que ahora estoy, y con la labor más galana que os pareciere, como tales maestros que sois de estas semejantes labores. Dijeron los canteros y albañiles: señor nuestro, todo lo podeis, todo lo teneis de vuestra mano; quizá será nuestra ventura hacer nosotros nuestro posible á la labor. Díjole el rev Moctezuma á Petlacalcatl mayordomo: dadles á mis abuelos que vistan y coman: dióles á cada uno el mayordomo mantas de á cuatro brazas, muy ricas, y otras mantas galanas y naguas, hueipiles, pilones de sal blanca, á diez cargas de pepita, otras tantas de frijol y à dos fardos de chile á cada uno, y una canoa de maiz a cada uno, y á dos cargas de cacao y algodon á cada uno igualmente. Pintáronle como él era, de cuerpo bajo, bien hecho, buen rostro, con una cabellera trenzada, de pluma da tlauhquechol, y en la nariz le pintaron un cañuto de oro muy sutil y orejeras de esmeraldas que llamaban Xiuhtezcanacochtli, bezolera de oro muy sublimemente labrada; en las muñequeras del brazo derecho y pié derecho, collarejos de cuero de tigre, con su rodela y una sonaja que llamaban Omichicahuaz, asentado en un estrado tigreado el asiento y silla, y los grandes espaldares de cuero de tigre, mirando con mucha gravedad. Fuéronle á hablar al rey Moctezuma diciendo: ya está acabada la figura, holgaremos que vayas á verla y te contentes, ó labraremos otra figura, pero nuestro posible hemos hecho. Y así como llegó á Chapultepec vido la estraña labor y edificio de la piedra, de que estuvo admirado de ver tan hermosa labor, y comenzó luego á llorar en ver su figura, diciendo: jamas se perderá esta mi figura porque está en buena peña, ¿cuándo ha de venir á perderse esta mi figura jamas? Porque yo he de morir y dejar este mundo y jamas mi renombre será perdido, ni mi fama, porque mi buen padre y tio Netzahualpilli rey, ¿no entendia y sabia seiscientas cosas y artes de encantamientos y caracteres? Ya murió: ¿y no dejó su memoria tambien hecha junto á su casa el principal y señor de Cuitlahuac Tzompanteuctli? ¿No sabia y entendia otras seiscientas artes de nigromancias? Tambien murió y no hay ahora memoria de él: y así con esto llegado á México llamó á Petlacalcatl y díjole: dadles á todos mis abuelos canteros todo el tributo que hay ahora de lo que han traido de Cuetlaxtlan, que es muy grande el tributo: repartióselos en cuanto á lo que era de su voluntad. Otro dia mandó llamar á los proprios canteros y á todos los mayordomos que ahora se tratará.

Capítulo CIII

De el gran premio y paga que el rey Moctezuma dió á los canteros que labraron su figura en Chapultepec, y de las cosas que pasaba en su real casa con los enanos y corcobados y de la gran tristeza que tenia.

Luego que tornó á Chapultepec Moctezuma, llevó consigo á los canteros, y visto otra vez su figura no se hartaba de llorar: tornó á hablar á los canteros y dijoles: padres y abuelos mios, mucho quisiera que le labrárades un aposentillo sin puertas, muy bien labrado, con algunas cosas que á vuestras memorias viniesen de antigüedad, pues está mirando frontero del Oriente. Dijeron los canteros: señor, haremos todo nuestro posible á ello: y así se tornó con los canteros á México y con todos los principales mexicanos, bien desconsolado y triste: luego que llegó hizo llamar á Petlacalcatl mayordomo, y dijo: dadles el tributo que traen de la Huaxteca, mantas delgadas finas, de á cuatro brazas y de á diez brazas, y á cada un cantero repartidle dos cargas de cacao: y díjole: llamadme acá al mayordomo de Tuchpan, y traedme acá los esclavos cautivos que teneis á vuestro cargo y los que tiene el mayordomo de Xiuhcoacatl. Venidos los esclavos ante él, llamaron á los canteros y albañiles y dijoles: catad aquí el premio de vuestro trabajo; y dióles á dos esclavos para que les trajesen leña y maíz de sus camellones que Jabraban; tambien les hizo dar otra carga de mantas á cada uno, con una carga de cacao más, de lo dado, por el trabajo de treinta dias; y mandóles que sobre todo les hiciesen buen tratamiento, vestidos y hartos, y les dió más á cada uno una carga de pepita y un fardo de chile, y seis tinajas blancas, y á dos pilones de sal blanca, y díjoles: id con Dios á vuestras casas á descansar. Comenzaron los catorce canteros á llorar de ver la gran magnificencia y largueza de príncipe tan valeroso como éste era, más que todos los reyes pasados, y conforme era magnífico en larguezas y mercedes, era bravo y cruel con el enemigo, y mucho más cuando en una persona hallaba media tilde, de haber errado contra él ó contra la república, porque luego al instante moria por ello: mandó en sus leyes más aventajadamente que los otros reyes, que al que lo hallasen ó cogiesen en una mentira de poca importancia, lo arrastrasen los mozos del estudio Telpochcalco hasta dejarlo casi muerto. El que hurtaba, era luego cañabereado con cañas atestadas de arena y poníanlo en una canoa, y desde léjos le tiraban tantas varas que le aboyaban la cabeza y cuerpo: al adúltero que se le averiguaba el delito, lo apedreaban, con otras cosas tocantes á los principales que lo tal cometian: tenian sus sentencias muy crueles que no la de las gentes comunes. Iba cada semana á visitar su figura á Chapultepec, que le adornaron los canteros y albañiles el aposento alto muy bien labrado, y tomaba tanta tristeza que lloraba, y revolviendo pensamientos no entendia de morir y decia á los enanos y corcobados: vamos, hijos, por ahí adelante. Respondian: señor, como tú quisieres y tu voluntad más fuere, irémos contigo. Decíales: pues sea norabuena, buscad á dónde vamos. Pasados algunos dias subióse el rey Moctezuma á una azotea alta de su palacio, y mirando á todas partes vido hácia la parte de Tezcuco una nube blanca que subia hácia el cielo: estúvola mirando, y lo que significó fué, que estando arando un indio en el cerrillo de Coatepec, vino una águila y sin sentirlo ni verlo el indio, le asió de los cabellos y lo llevó encima de un cerro alto, y repentinamente lo metió en una sala, la mejor que jamas habia visto, y no vió ála propria águila, sino un principal gran señor, y dijole: ven acá, no tengas temor; toma esta rosa y este perfumador, huélgate, pero mira cuál está aquí tendido Moctezuma borracho perdido, y no sabe de sí, hiérele en un muslo, mira que te torno á decir que le hieras, no aprovecha, hiérele, que no sabe de sí: entónces le hirió en un muslo, récio. Dijo el principal: ¿vés como no tiene sentido, de borracho perdido que está? Pues no siente el fuego con que le quemaste, pues vé ahora al mundo y dilelo que te dije de que le hirieras en su muslo, y dile que cese ya lo que ahora está haciendo, que ya es acabado su término, que él lo buscó por sus manos, que tal prisa dió á su voluntad y deseo, ¿has entendido? Luego habló el miseràble indio y díjole: señor mio muy esclarecido, que me hiciste digno de tan gloriosa misterio y milagro, no siendo yo digno de ello, ya voy y le contaré lo que me tienes mandado: y así luego le arrebató el águila y lo llevó á la propria parte que él araba, con su rosa y perfumador, y díjole: mira, no olvides lo que te tengo dicho; dile lo que te dijo el rey que viste, y mira que vayas luego derecho allá á México, y cuéntaselo al proprio Moctezuma. Respondióle: ya voy luego derecho allá: y fuése. Luego tomó el camino á toda prisa llevando en la mano la rosa y perfumadero apagado. Entró luego de rondon sin hablar á nadie y dijole: grande y poderoso rey, hijo y nieto nuestro tan querido, escuchad con atencion lo que me ha sucedido: soy natural de Coatepec en Tezcuco: estando arando en mi sementera, repentinamente me arrebató una águila de los cabellos, y luego me llevó muy alto á un monte, y repentinamente me llevó á un solemne y mejor palacio que entendimiento humano puede pensar, y hallé asentado á un valeroso rey, y le saludé con muy gran reverencia diciéndole: muy alto y esclarecido rey, esteis mucho de norabuena: díjome: ven acá, Mazehual, ¿veis ahí á Moctezuma tendido, borracho perdido? Porque está aquí y no está ya en México; toma esta rosa y este perfumador, hiérele en un muslo que no lo sentirá, que está muy perdido de borracho su corazon y todo su cuerpo. Tornóme á decir: ¿no entiendes lo que te digo? Hiérele en el muslo con el fuego de ese perfumador: no osando yo à hacerlo me dijo: ¿no quieres, Mazehual, obedecerme? Luego, visto esto, le herí al bulto en el muslo con el perfumador por la parte del fuego, y díjome: ¿pues tú no ves que ya no siente de borracho perdido que está? Anda vete ahora; tórnate á llevar el águila y vé derecho á México, cuéntale á Moctezuma la embajada que te tengo dicho: y cata aquí traigo el perfumador por fé de mi creencia ser verdadera. Luego llamó Moctezuma á Petlacalcatl y díjole: llevad á ese borracho, y apedreado muera luego, ó dejadlo encerrado en una tapia hasta que muera. Despues que lo hubo dejado llamó á Petlacalcatl y díjole: oidme, como á media noche me comenzó á doler este muslo que parecia que me lo abrasaban, y ahora me duele y este bellaco me trajo esta nueva, debe ser algun encantador ó embaidor, muera allí, que si es de alguien enviado, sea quien quisiere; y desde entónces no salia á su real sala, y fuése adonde habia sido criado y nacido en Aticpac por el dolor del muslo. Hizo llamar á todos los mayordomos y díjoles: buscadme remedio que me muero de dolor del muslo, que parece que se me abrasa: los mayordomos le trajeron luego una raíz y las mujeres de Moctezuma le curaron, y dentro de cuatro dias sanó y se fué al palacio, no dejando siempre de tener gran pena de el pensamiento que le habia dado de la figura de la piedra y llamó una vez á todos los enanos y corcobados yxolome tuzones, sus criados, y díjoles: hijos, ya he hallado á dónde habemos de ir, y todos vosotros conmigo que es en Cíncalco, y hemos de estar en compañía de el que andaba ya muchos años há en Tula, que nos trajo aquí, que se llama Huemac, y si allá entramos jamas moriremos, sino vivir para siempre, á donde hay cuantos géneros de comida hay en el mundo, bebidas y todo género de rosas, y todo género de árboles frutales, porque todos los moradores que allá están, se hallan los más contentos del mundo, y el rey de ellos, que es el Huemac, está el más ufano y contento del mundo; allá hemos de ir y estar en su compañía: los corcobados estaban muy contentos y alegres, y le rogaban que el gran dios Huitzilopochtli se lo pagase, por la gran voluntad y alegría con que los queria llevar á Cincalco, ó por mejor decir, al infierno derechos. Comenzó á buscar los mejores nigrománticos que se hallasen, y vístoles, dijéronle: ¿qué nos mandas, señor nuestro? Dijo Moctezuma: que vais á una embajada que os enviaré; pero aguardad, llevareis un presente. Hizo venir á todos los principales, y envió á hacer traer mucha suma de vino blanco y se embriagó con ellos: hizo luego que á cuatro de los cautivos sacrificasen al ídolo Huitzilopochtli; hecho esto mandó que los desollasen, que eran menester los cueros de ellos, y así fué hecho. Díjoles: id á la parte que llaman Cincalco, y de mi parte le besarais las manos al rey Huemac.

Capítulo CIV

De cómo envió el rey Moctezuma á los encantadores, por embajadores, al rey Huemac, que está en el paraíso y deleite de Cincalco, con los presentes de los cueros de los sacrificados y á los énanos y corcobados suyos.

Acabados de desollar los cueros de los que fueron sacrificados, se los llevaron á Moctezuma. A otro dia llamó á los nigrománticos y á los Xolos sus esclavos y dióles aquellos cueros y esclavos á los mensajeros, y díjoles: id al palacio de Cincalco y dadle estos Xolos y cueros á el rey Huemac y decidle: Moctezuma, vuestro vasallo, os envia muchas encomiendas y os ruega que le querais recibir para que le sirva de su barrendero y tener cuenta de servirle en todo lo que me mandase. Fueron y entraron en la cueva de Cincalco y hallaron cuatro caminos. Convinieron todos por un camino abajo, y no muy léjos toparon al viejo Totecchicahua, que venia con un bordon en las manos, y díjoles: ¿quién sois vosotros? ¿De dónde sois? Respondieron: señor, venimos à ver al rey de aquí que le traemos embajada. Dijo el viejo: ¿á qué rey buscais? Dijeron los mensajeros: al señor de aquí que es Huemac que nos envia Moctezuma. Dijo entónces Totec: sea norabuena, yo os guiaré y llevaré. Llegados á donde estaba Huemac díjole el que guiaba: rey y señor, son venidos Mazehuales del mundo, que los envia Moctezuma. Dijoles el rey: ¿qué es lo que dice Moctezuma? Respondieron los mensajeros: señor, te envia estos cueros y te envia á besar los reales piés y manos, y te envia á rogar que lo quieras recibir en tu servicio, para que te sirva de barrendero y de todo lo demás que es á tu real servicio. Dijo Huemac: ¿qué es lo que dice? ¿Qué quiere? Porque el señor que me endonó este reyno y esta morada, me lo endonó como gran señor; decidle que pobre de él, que cuál es la pena que tiene, que me lo envie á decir para remediarle, andad, volveos y decidle lo que os tengo dicho: llamólos otra vez y díjoles: tomad, llevadle estos chilchotes, jitomate, cempoalxochitl elotes y olotes tiernos; y así se volvieron al mundo. Habláronle á Moctezuma y diéronle la respuesta de el rey Huemac, y le dieron los presentes de la manera que dicho es de la respuesta. Muy enojado mandó luego llamar á Petlacalcatl mayordomo mayor y díjole: llevadme á estos bellacos á las cárceles de tablones, que han de morir apedreados; llamó á sus Xolos esclavos y díjoles: mirad que vais á Cincalco, y le besais las manos por mí al rey Huemac por mí su siervo Moctezuma, y decidle que le ruego muy encarecidamente como á tan valeroso rey que es, que me quiera recibir por su mínimo criado, que le sirva de barrendero, y lo demás tocante á su real oficio, y le llevareis este presente de cueros de gente, y mirad que os aviso que no digais á ánima viviente adonde vais con mensaje, so pena que en vivas llamas de fuego os echaré vivos y á vuestras mujeres é hijos. Con esto fueron secretamente y entraron en la cueva, y á poco andar, toparon con uno, natural de allá, que era como ciego que no ve: Ixtepetla, que tenia los ojos tan delgados que parecian la punta de una paja y la boca era por lo consiguiente, preguntóles: ¿quién sois vosotros? ¿De dónde sois? ¿Qué quereis? Dijéronle: señor mio, somos mensageros de Moctezuma que venimos á hablar al rey; preguntóles: ¿por qué rey preguntais? Dijeron los mensajeros al rey Huemac: dijo: sea norabuena, vamos allá; llegados díjoles: rey y señor traigo á estos de el mundo, que os quieren ver y hablar. Dijo el rey: venid acá, ¿qué quereis? ¿Quién os envia?

Dijeron que el rey Moctezuma, quien le besaba los reales piés y manos; que le rogaba lo quisiera recibir para servirle de su barrendero y de lo demás tocante á su real servicio, y os envía este pequeño presente, y que la pena que tiene es; que al tiempo que queria fenecer Netzahualpilli, dijo ciertas cosas, que le dan grande pena; que no sosiega, porque dijo que habia de venir sobre él, y quiere saber qué es lo que ha de venir sobre él; que tambien se lo dijo el principal de Cuitlahuac Tzompanteuctli, que qué es lo que sobre él ha de venir, porque le dijo que mirando á media noche hácia el cielo, veta venir una nube blanca, y acabada de engrosar echaba humo hasta casi el dia claro; porque dice que no la quiere ver, ántes que ello así sea: que qué es esto, y qué significa, que se lo declares. Dijo el Huemac: ¿qué es lo que dice Moctezuma? ¿Piensa que es como allá en el mundo de la manera que reyna? no lo ha de poder sufrir una hora, cuanto más un dia. ¿Piensa que yo acá como ni visto jamás ni todos los que aquí están? Porque ya no son como cuando en el mundo estaban, sino de otra forma y manera, que cuando estaban en el mundo tenian alegría, descanso y contento; ahora es todo tormento; que no es este lugar como allá el refran dice, que es un deleitoso paraiso de contento, sino un continuo tormento: decidle esto á Moctezuma, que si viese este lugar, de puro temor huyera, hasta meterse en una dura piedra; que ahora se puede glorificar én gozo, alegría y placer y gozar de las piedras preciosas, oro, plumería rica, géneros de lindas mantas, y las preciosas comidas y bebidas, que no cure de saber más: id, y contádselo. Tórnados al mundo, cuéntanle á Moctezuma de la manera dicha, todo muy por extenso. Habiéndolo oido fué muy enojado, llamó á Petlacalcatl y díjole: llevad à estos á la cárcel de el apremio de tablones. Buscadme luego á dos de los de Aculhuacan que vayan con embajada al rey Hucmac, y contóles por extenso la significacion que le dió Netzahualpilli de la vision de la nube blanca de el Cielo, que sobre mí habia de venir, que qué es esta significacion ó misterio, ¿qué es lo que me ha de sobrevenir? Que me declare lo que es, que esta merced y limosna le pido, pues no me quiere admitir en su compañía, y mirad que no lo digais á nadie, ni que persona del mundo lo sepa; porque si traeis buen despacho, os haré que tengais vasallos, que mandeis, juzgueis y sentencieis; y si lo descubrís, habeis de morir por ello, y vuestras mujeres é hijos y vuestras casas se han de derribar, hasta que de allí salga agua; y esto que tengo dicho, de que os haré señores, no dudeis de ello. Tomada licencia, se fueron, llevando consigo más cueros de gentes en unos chiquihuites. Llegados á la cueva entraron y toparon á uno llamado Acuacuauh, preguntóles: ¿quién sois vosotros? dijeron: señor nuestro, somos mensajeros de Moctezuma que traemos embajada al rey. Preguntóles: ¿á qué rey? Respondieron: á Huemac: díjoles, pues vamos, y llevólos adonde estaba el Huemac: hincáronse de rodillas ante él, y dijéronle: rey y señor nuestro, vuestro leal vasallo el Moctezuma nos envió: te traemos este pequeño presente, el cual, dice, que no le pongas excusas, sino que te ha de venir á servir, porque no quiere ver lo que le sucederá en vida, con tanta vergüenza, afrenta y deshonra. Pues quiero que sepa, dijo Huemac, que es pobre y él proprio se lo quiso y se lo buscó en la manera de subir, y es, que ya está dicho y nombrado su proprio nombre; que ello fué demasiada soberbia y crueldad suya con sus prójimos quitándoles la vida inhumanamente. Dile que comience á hacer penitencia, que ayune, y no coma las preciadas comidas que comia, y todo cuanto señorío y mando tenia, poco á poco lo vaya dejando: las preciadas rosas, flores y perfumes adobados, que se vaya desviando de ello y lo que comiere sean unos bollos de michihuauhtli, y el agua que bebiere se la cuezan primero, y una cucharada de frijol cocido, y sobre todo se vaya quitando y apartando de sus mujeres, que no llegue á ellas, y con esta penitencia que hiciere, volverse ha, lo sentenciado contra él, y si no, yo seré con él de cuando en cuando: decidle esto. Habiéndole hecho gran reverencia los mensajeros se fueron. Vueltos al mundo tornaron al rey Moctezuma de la manera susodicha. Estuvo muy atento. Y que si lo cumplias, te vendrá á recibir, que estará encima de Chapultepec, en la parte que llaman Tlachtonco, y que acabado esto te llevará en su compañía, que te estará mirando, que ha de ir á Tlachtonco anepantla en medio de la laguna y agua, que allí irá por tí, que lo mandes aderezar muy bien, que de allí te llevará consigo. Esto es, señor, lo que nos mandó el rey Huemac; entónces se holgó muy mucho el rey Moctezuma con esta buena nueva. Mandó que se asentasen á descansar, y comieron muy bien; luego mandó á Petlacalcatl que le trajese lo que tenia en guarda; mantas de á cinco y á diez brazas muy ricas para ellos, pañetes y á dos cargas de cacao, canoas de maiz, fardos de chile, fardos de algodon, chian, pepita, naguas, hueipiles, y llamó á todos los principales, y díjoles: mirad, señores y hermanos, que estos dos han de estar con vosotros para juzgar y sentenciar cosas leves, que es á vuestro cargo, como uno de vosotros, de que se holgaron los principales de ello; sobre todo les encargó Moctezuma á los dos principales el secreto, que lo tuviesen en su pecho, que ántes se dejasen hacer pedazos, que decirlo estuvo en la ventura de ellos. Llamó á los mayordomos y díjoles: mirad que os mando que si alguno se desmandare con vuestras hijas, dádselas para sus mujeres, ó dadme aviso de ello: era decirles que todas las mujeres que él tenia eran estas, salvo una, que era como ahora decimos mujer legítima, y así poco á poco el rey Moctezuma iba dejando el mundo y su soberbia; iba dejando las comidas y bebidas, las flores, los perfumaderos galanos, todo lo iba dejando; hasta de todos sus vestidos no se preciaba, ni ricas mantas, ni usaba de real estrado, que solo se andaba, hasta cumplir los ochenta dias de ayuno y penitencia.

Capítulo CV

De cómo acabados los ayunos. que hizo Moctezuma de su penitencia, envió á los dos mensajeros á interrogar al rey Huemac, Dios del Infierno: cómo fueron: y la respuesta que trajeron de allá.

Enviados otra vez los mensajeros, y habiéndoles informado del recaudo que llevaban y habian de dar, se partieron. Fueron á la cueva de Cincalco, entrados, fuéronse descalzos al rey Huemac; despues de haberle hecho gran reverencia, le hablaron de parte de Moctezuma sobre lo tratado. Respondió y dijo: decidle que me aguarde encima de Chapultepec, de mañana en cuatro dias, y que esté bien aderezado el lugar que le tengo dicho, de Tlachtonco, que desde encima de Chapultepec, iré por él allá. Entendido esto Mociezuma, tomó mucho consuelo; luego á otro dia mandó à los Xolos esclavos, y á los enanos y corcobados, que tuviesen la mira en Chapultepec. Acabados los cuatro dias, vieron encima del cerro de Chapultepec, una piedra blanca que relumbraba; bajaron luego corriendo de la azotea á decirlo á Moctezuma, el cual, como subió y la vido relumbrar, díjoles á todos, ahora yo os tengo de llevar al lugar tan deseado, id luego todos, y lleven mucha hoja de zapote y caña, y ataderos, id y haced con brevedad un lugar en Tlachtonco en medio de la laguna honda, donde está aquel lugar, con dos asentaderos del zapote, y sembrado todo el suelo de hoja de zapote, que presto irémos allá. Hecho esto, le vinieron á decir: Señor todo está hecho, conforme lo mandásteis. Dijoles: pues tomad y llevad esto allá; y dióles cuatro canastas envueltas que las llevasen allá; lleváronlas luego, que seria á media noche, y les dijo á todos los corcobados y enanos, aderezaos todos, y vamos, que han de venir por nosotros y à dejarnos á México Tenuchtitlan, é irémos á Cincalco á la casa de Huemac: luego comenzaron á llorar los corcobados y enanos. Díjoles: no lloreis, que para siempre viviremos á placer y contento, y no habrà memoria de muerte, y así con esto se embarcaron en las canoas y fueron á dar á Tlalchtonco en medio de la laguna, que fueron los corcobados y enanos remando hasta allá. Llegados, vistióse con un cuero de gente, y la trenzadera de la cabeza con plumería de ave Tlauhquechol, y una bezolera de esmeralda, orejeras de oro y un brazalete de oro, y en las gargantas de la mano y pié, collarejos de cuero dorado y colorado, y su sonajera Omichicahuas y unas cuentas de Chalchihuitl muy ricas; y todos los corcobados vestidos con sartales de muy rico Chalchihuitl, y todo con plumas como amosqueadores, para que pareciesen todos ante el rey Huemac de la gran cueva infernal; y todos los criados con asentaderos de hoja de zapote, y solo Moctezuma en el asiento que llamaban Quecholycpalli, asentadero de rica pluma. A poco rato vieron venir á Huemac, que venia relumbrando, como si fuera medio dia; cada vez que relumbraba, se aparecian las casas y las sierras todas, y descansó en la parte que llamaban Tlenamacacoyan que es en la parte junto donde pusieron la primera cruz, á la parte del valle de Atlixucan y que parecia que hacia resonido, y los traslados figurados del Tzoncoztli tenian en guarda los que ayunaban un año, y los llamados de los hermanos de Tzoncoz, y los que hubiesen de ayunar un año, van á traer las cabelleras de cabellos rubios, que los tiene á cargo el mayordomo de Cuetlaxtlan, y al tiempo de los ayunos lo ponen debajo de sus almohadas cuando descansan á dormir, y tienen una lumbrera á donde duermen los tales ayunadores: entónces el abusion ó demonio le silba por su nombre y le llama: ¿es posible que tanto duermes, sabiendo que has de tener cuidado de velar? Mal lo haces, levántate; y así como se levantó, díjole: mira estos veladores que velan al Tzoncoztli, y estaban los veladores roncando: díjoles el bulto ó vision, ven acá, mira cual está Moctezuma, ¿cuál es su pretension? Maldita la vergüenza que tiene, ¿qué han de decir de él todos los pueblos que están á la redonda de este imperio? ¿Qué diran ahora nuestros enemigos de nosotros y de Moctezuma? Màs en especial los de Huezotzinco, Cholula, Tlaxcala, Tliliuhquitepec, Meztitlan, Mechoacan y Yopitzinco, es muy grande afrenta y vergüenza, pues ha de ver suceder y venir sobre él lo que vendrá que presto será, que está prometido y se ha de cumplir, que no puede ser ménos ni ser revocado; y que allá á donde quiere ir, no es posible que él allá vaya, que á eso me envía acá el Señor de los aires, tierra, mar, rios, montes, para darle este aviso que á esto vine, á atajar á Huemac, que acá no llegase, porque luego que me vido se volvió. Habiendo oido el mandato de Dios que sustenta el cielo y la tierra, y todo el mundo, dadle aviso de esto, que se vaya á su casa, que no cure de importunar á Huemac, que es imposible; y con esto id allá y se lo tratad, que luego al instante se vuelva á su casa; y luego se fué, y no lo vido más, y el una canoa y fué derecho remando á Tlachtitlan á hablar à Moctezuma. Llegado, saltó en tierra, y díjole: Señor mio Moctezuma ¿qué es lo que haceis aquí? ¿Acaso sois cualquiera? ¿No sois vos cabeza del mundo? Mirad, señor, que parece mal que una persona de grandísimo valor, como vos, que sois emperador de mexicanos, respondedme: y Moctezuma á callar. Mirad, señor, que soy yo el trasunto Tzoncoztli, que soy enviado: pues no me hableis, yo os tomo este manojo de plumería rica del trenzado; entónces habló Moctezuma, y díjole: yo soy, mancebo; díjole el Tzoncoztli: ¿no es muy grande la afrenta que vos, señor, quereis tomar y causar á todo este imperio? Apartaos del camino que quereis tomar, que todo el mundo tiembla de vos; ¿y quereis darles osadía á que vengan extraños á arruinar la monarquía de esta cabeza del mundo, por solo vuestro apetito? ¿Qué teneis, señor? ¿Qué vano y qué bajo pensamiento quereis tomar, habiendo sido el primer pensamiento vuestro de sojuzgar á fuerza de vuestro gran corazon hasta. los límites del cielo? ¿Y ahora lo habeis puesto en la mayor poquedad y bajeza del mundo? ¿Qué dirán los grandes señores de vuestro desaparecimiento? ¿Qué os quereis meter secretamente al infierno? En echándoos ménos los principales mexicanos, ¿en qué turba multa y escándalo se pondrán á buscaros? No solo para vuestra persona, sino para la descendencia de reyes, es la afrenta y vergüenza, de puro temor de lo que por vos ha de venir, y es fuerza que haya de ser, porque está mandado que lo habeis de ver; y ahora con esto, tomad valeroso esfuerzo: dejad aparte vanos y cobardes pensamientos, con temor habeis de ser vos solo, sino primero todos nosotros, y quiérdos decir como lo sé. Yo dormia, y me despertó llamándome por mi nombre. Díjome: pues es á vuestro cargo la vela, y la guarda y ayuno, y dormís, levantaos luego, mirad lo que intenta de hacer Moctezuma, que no lo intente, que no ha de salir con ello, porque venia por vos Huemac y le atajó éste que me llamó: díjole, vuélvete á donde saliste, que no es de tu poder llevar lo age, entendias llevar á Moctezuma? Pues dice el muy alto Dios y Señor de los Señores, y Señor de los montes, rios, aires, aguas profundas, y echó de junto á mi casa al Huemac, y que cuando otra vez allá enviares te eche, porque si no al Huemac le pondrá en cadenas, y esto me dijo que te dijese, que esta canoa en que vine, él la tenia aparejada, y con esto se fué, que no lo vieron más mis ojos, y esto es, y vámonos luego, que viene ya amaneciendo, no padezca vuestra real persona afrenta y deshonra; entónces habló y dijo Moctezuma: vamos, mancebo, y dijole: no digais esto á persona ninguna del mundo, porque vos no habeis de morir, sino pondremos una figura tuya. Dijo Moctezuma: sea enhorabuena; y bajó á la canoa, y llegados, los dejó en su palacio, y á todos sus corcobados y enanos díjoles: entrad que viene ya amaneciendo: y el Tzoncoz se fué á su vela y guarda, y de allí se fué á casa del Cuetlaztecatl, y dijo el Tzoncoz á los ayunadores de un año: ¿es posible que tanto dormís? ¿qué no pudísteis recordar cuando por aquí pasé? Si yo hubiera caminado, ya estuviera mas de ocho leguas de aquí, tampoco sabeis donde fuí, por eso, hermanos, velad, pues es á vuestro cargo. Dijeron: mancebo y señor, erramos como torpes, perdonadnos y no lo digais, que se alcanzará á saber si se publica, no tenemos más pena, que perder las vidas, pues confiados que nos hareis merced de lo callar, nos consolamos. Luego que fué de dia, les dijo Tzoncoz: vamos, hermanos ayunadores al palacio. á ver que se le ofrecerá al rey Moctezuma que mandarnos. Llegados á palacio, preguntaron por los principales si habian venido, ó si acaso habia salido á la real sala Moctezuma. Respondieron que no habia salido afuera. Dijoles: estará cansado ó estará reposando, y el Tzoncoz se asentó para aguardarlo y ver qué le mandaba Moctezuma. En todo el dia salió afuera Moctezuma y era de vergüenza del trasunto Tzoncoztli, ni en cuatro dias salió afuera. Visto esto, el trasunto Tzoncoztli entró dentro de su casa, que jamás nadie entraba, y llegado ante él, hincóse de rodillas diciéndole: Señor nuestro, hijo tan amado y querido de todo el mundo, vamos allá fuera, que están vuestros principales con gran pena, entendiendo estás enfermo: deja aparte lo pasado, no se te ponga nada por delante que no lo sabia yo, que tambien dormia, y me despertó el que me llamó por mi proprio nombre, y me dijo todo lo pasado: no tengas pena alguna, que en mi pecho, hasta la fin de mis dias, se ha de podrir ántes que publicarlo. Con esto, Moctezuma le tornó nuevamente á interrogar le tuviese gran secreto, el cual se lo prometió con toda fidelidad so pena de muerte: dejado esto aparte, mirad, señor, qué fuera lo que vuestra voluntad queria, ¿á quién dejábades en vuestro lugar? Siendo vuestro señorío y gobierno, y pues está dicho prometido el venidero tiempo, y en donde se dijo y prometió, no tengais de esto tristeza, desechadlo: si no, mirad, señor, lo que se trata de el Ceteuctli, que era un señor principal este Ceteuctli, que llevó consigo Quetzalcoatl ¿no fueron á morir á Tlapalan, por la mar del cielo arriba y sus principales de ellos llamados Matlacxochitl y Ozomatlí y Tímal, que fueron estos los mayores nigrománticos de el mundo en Tula, y al cabo no vinieron á morir que los llevó su rey y señor Quetzalcoatl, ni están ahora en el mundo? Ahora, señor, de qué te fatigas, vuelve en tí y ten ahora más alegría que nunca tuviste en la vida: ahora goza de tu juventud florida: y ese ánimo ahora mayor que nunca le tuviste, ahorá mucho regocijo, fiestas, alegrías en jardines y huertas. Dijo Moctezuma: habeisme hecho mucho placer, y me habeis dado mucho consuelo, quién me consolará como ahora me habeis consolado, pues ha de ser, y no puede ser otra cosa; consuélome de ello, que la pena que tengo es de mis hijos, lo que será de ellos: yo pondré otro en vuestro lugar, no os quiteis de mi casa, andareis conmigo: y así fué, que lo traia por bosques, huertas, jardines de Cuauhnahuac y de Huaxtepec, y por las cuevas de Cuyuacan, con cerbatana, y huertas suyas de Moctezuma, hasta que fenecieron los dias de Tzoncoz, y murió.

Capítulo CVI

De cómo Moctezuma mandó á todos los sacerdotes, y algunos principales, y otros comunes, así hombres como mujeres, que si soñasen algo, se lo dijesen para pronosticar su declaracion de él.

Llamó Moctezuma á todos sus mayordomos, y díjoles: padres y abuelos mios, ¿nunca me habeis soñado alguna vez? ó si mesoñáderes, decídmelo, que me holgaré en extremo de ello: así mismo se lo encargó á todos los sacerdotes y á los principales, que lo digan à sus conocidos y vecinos, para que si alguna persona me soñase, ó soñare alguna cosa, ahora sea en bien, ahora sea en mal, que me lo digan: y que se lo dijesen á muchas personas, en especial á las mujeres viejas, porque son grandes adivinadoras: sobre todo le dijesen, si viesen algunas cosas, como pronósticos, ahora sea vision ó fantasma ó lloro ó gemido, de que no parece quien sea, ó abusion, y que tengan gran cuenta de oir de noche, si anda la mujer que llama el vulgo Cihuacoatl, y qué es lo que llora, si se lo pueden preguntar, pues es como aire esta mujer, que de improviso la verán aquí: luego la verán en Xochimilco, ó en Tula, ó Chalco, con su voz y lloro. Pasados algunos dias vinieron viejos y viejas, y dijeron á los mayordomos que habian soñado, y que era tocante al rey. Lleváronlos ante Moctezuma, á los cuales dijo: uno de los viejos dijo, que habia soñado que veía que todo el templo de Huitzilopochili, poco á poco se iba quemando, y lo iban desbaratando, y esto es, señor, lo que soñé. Luego otra mujer vieja dijo: señor, soñé que tu casa la llevaba un gran rio, que piedras y vigas se las llevaba el agua. Recibió tan grande enojo de oir esto, que llamó luego á Petlacalcatl su mayordomo, y díjole: llevad luego a la cárcel á estos bellacos viejos, y mueran allí de hambre, cual vienen estos bellacos; y muchos otros viejos y principales y sahumadores, le soñaban, más no osaban á decírselo, porque no los echase en las cárceles y les cortasen las vidas. Con todo, otra vez mandó á los sacerdotes de los templos, á los ayunadores y veladores de noche, tuviesen especial cuenta de ver lo que de noche se hacia en el cielo, y las estrellas, y sueños, ó visiones, ó fantasmas, que ¿comó no se lo decian? Respondiéronle: señor nuestro, hasta ahora no habemos oido ni visto ninguna cosa, ni sueño de alguna cosa grave. Con este enojo llamó á Petlacalcatl mayordomo, y dijole: llevadme á todos estos bellacos á la cárcel: y todos le rogaban á Petlacalcatl, que para tenerlos allí con dolor, que más valía que luego concluyese con ellos, y los matasen á todos, y no sufrir estar allí entapiados con dolor. El mayordomo, condoliéndose de ellos, se lo trató á Moctezuma; y visto esto mandó que los sacase de allí, que se estuviesen en el patio; y así estuvieron algunos de ellos. Y mandó Moctezuma á Petlacalcatl, que llamase á todos los mayordomos de todos los pueblos; de cada pueblo el suyo: díjoles: que fuesen á los pueblos que ellos tenian encomendados, y le buscasen nigrománticos en los pueblos, y si los hallasen, se los trajesen: y algunos mayordomos trajeron algunos; los cuales venidos y dado aviso de ello á Moctezuma, traidos ante él, entraron, é hincaron una rodilla en el suelo, le hicieron gran reverencia, y les dijo: ¿habeis visto algunas cosas en los cielos, ó en la tierra, en las cuevas, lagos de agua honda, ojos, puentes ó manantiales de agua, algunas veces, como de mujer dolorida, ó de hombres; visiones, fantasmas ú otras cosas de estas? Como no habian visto cosa de las que deseaba Moctezuma, ni de las que él les preguntaba daban razon, dijo á Petlacalcatl: llevadme á estos bellacos, y encerradlos en la cárcel de Cuauhcalco de maderones, que ellos lo dirán, aunque no quieran. Otro dia llamó á Petlacalcatl, y díjole: decidle à esos encantadores, que declaren alguna cosa, si vendrá enfermedad, pestilencia, hambre, langosta, terremotos de agua ó secura de año, si lloverá ó nó, que lo digan; ó si habrá guerra contra los mexicanos, ó si vendrán muertes súpitas, ó muertes, por animales venidos, que nó me lo aculten; ó si han oido llorar á Cihuacoatl, tan nombrada en el mundo, que cuando ha de suceder algo, lo interpreta ella primero, aun mucho ántes de que suceda. Respondieron los nigrománticos: ¿qué podemos decir? Que ya está dicho y tratado en el cielo lo que será, porque ya se nombró su nombre, en el cielo, y lo que se trató de Moctezuma, que sobre él y ante él, ha de suceder y pasar un misterio muy grande: y si de esto quiere nuestro rey Moctezuma saber, es tan poco, que luego será ello entendido, porque á quien se mandó presto vendrà, y esto es lo que, decimos nosotros, para que esté satisfecho; y pues ello ha de ser así, aguárdelo: fué luego Petlacalcatl y tratóselo de plano á Moctezuma, cómo presto vendría lo que habia de venir. Admiróse Moctezuma de ver que conformaba esto con lo que le dejó dicho Netzahualpilli rey. Díjole Moctezuma al mayordomo: preguntadles, que esto que ha de venir ó suceder, de dónde ha de venir, de el cielo ó de la tierra; de qué parte, dequé lugar y que cuándo será? Volvió Petlacalcatl á ratificar la pregunta á los encantadores, y entrando y abriendo las puertas, no halló á persona alguna, de que quedó muy espantado. Fué luego Petlacalcatl á contárselo á Moctezuma: llegado ante él dijo: señor mio, hacedme tajadas, ó lo que màs fuéredes servido: sabed, señor, que cuando llegué y abrí las puertas, estaba todo yermo, que uno ni ninguno parecia: pues yo tambien tengo especial cuenta, porque tengo allí viejos con la misma guarda de ellos y de otros, y no los sintieron salir, y creo que volaron, comò son invisibles y se hacen todas las noches invisibles, y se van en un punto al cabo de el mundo, esto deberían hacer. Dijo Moctezuma: váyanse los bellacos; llamad á los principales Cuauhnochtli y Tlacochcalcatl y á los demás, que vayan á los pueblos ¿donde ellos están, y maten á sus mujeres é hijos, que no quede uno ni ninguno y les derriben las casas: hizo llamar muchos mancebos que fuesen con ellos á saquear las casas de las mujeres de los nigrománticos, los cuales se juntaron luego, y fueron á las casas de ellos, y mataron á sus mujeres, que las iban ahogando con unas sogas, y á los niños iban dando con ellos en las paredes haciéndolos pedazos, y hasta el cimiento de las casas arrancaron de raíz. A pocos dias vino un Mazehual natural de Mictlancuauhtla, que nadie lo envió, ni principal ninguno, sino solo de su autoridad. Luego que llegó á México, se fué derecho al palacio de Moctezuma y díjole: señor y rey nuestro, perdóname mi atrevimiento: yo soy natural de Mictlancuauhtla; á las orillas de la mar grande, y vide andar en medio de la mar como una sierra ó cerro grande, que andaba de una parte à otra y no llega á las orillas, y esto jamás lo hemos visto, y como guardadores que somos de las orillas de la mar, estamos al cuidado. Dijo Moctezuma: sea norabuena, descansad y este indio que vino con esta nueva no tenia orejas, que era desorejado, tampoco tenia dedos en los piés, que los tenia cortados. Dijole Moctezuma á Petlacalcatl, llevad á este y ponedle en la cárcel de el tablon, y mirad por él: hizo llamar á un Teuctlamacazqui y díjole: id á Cuetlaztlan, y decidle al que guarda el pueblo, que si es verdad que andan por la gran mar, no se qué, ni lo que es que lo vayan á ver, y que qué es lo que guarda ó encierra la mar del cielo, ¡y esto sea con toda brevedad y presteza, y llevad consigo en vuestra compañía á Cuitlalpitoc: llegados á Cuetlaxtlan dijeron y contaron la embajada de Moctezuma, y estaba muy atento escuchando el Cuetlaxtecatl, llamado Pinotl respondió: señor,descansad y vayan luego prácticos que vean y anden las orillas de la mar, y verán lo que es: fueron á registrar y volvieron á toda prisa á dar noticia al Calpixque Pinotl, diciéndole cómo era verdad, que andaban como dos torres Ó cerros pequeños por encima de la mar. Dijo el Teucnenenque á Pinotl: señor, quiero ir en persona á verlo y cómo son, para dar fé como testigo de vista, y estaré con esto satisfecho y haré la relacion conforme lo que viere: y así fué luego con otros tres, que era el Cuitlalpitoc y otro Cuetlaxteccatl, y luego que llegaron vieron lo que andaba por la orilla del mar, y habian salido con un barco y estaban pescando siete ú ocho de los del barco con anzuelos: el Teucnenenque y el Cuitlalpitoc se subieron en un árbol, que llamaban árbol blanco, muy copado, y desde allí los estaban mirando cómo cojian pescado: y habiendo acabado de pescar se volvieron otra vez á la nao con su batel ó barquillo. Dijo el Teucnenenque: vamos, Cuitlalpitoc: bajáronse del árbol, y volvieron al pueblo de Cuetlaxtlan, y al instante se despidieron de Pinotl. Volviéronse con toda la brevedad posible á la gran ciudad de México Tenuchtitlan, á dar la razon de lo que habian ido á ver. Llegados á México, fuéronse derechos al palacio de Moctezuma, á quien hablaron con la reverencia y humildad debida: dijéronle: señor y rey nuestro, es verdad que han venido no sé qué gentes, y han llegado á las orillas de la gran mar, las cuales andaban pescando con cañas y otros con una red que echaban: hasta ya tarde estuvieron pescando, y luego entraron en una canoa pequeña y llegaron hasta las dos torres muy grandes y subian dentro, y las gentes serian como quince personas, con unos como sacos colorados, otros de azul, otros de pardo y de verde, y una color mugrienta como nuestro ychtilmatle, tan feo: otros de encarnado, y en las cabezas traian puestos algunos unos paños colorados, y eran bonetes de grana, otros muy grandes y redondos á manera de comales pequeños, que deben de ser guarda sol (que son sombreros) y las carnes de ellos muy blancas, más que nuestras carnes, excepto que todos los más tienen barba larga y el cabello hasta la oreja les da: Moctezuma estaba cabizbajo, que nó habló cosa ninguna.

Capítulo CVII

De la gran tristeza que Moctezuma tenia de haber llegado navios al puerto de San Juan de Ulúa ó Veracruz, y gente española en ella, y cómo envió á que le sacasen de la cárcel al mensajero de Mictlancuauhtlan, y no lo hallaron allí.

Al cabo de gran rato habló Moctezuma y dijo: vos sois principales de mi casa y palacio; no puedo dar más fé ni crédito á otra persona más que á vos, porque me tratais la verdad cada dia: id ahora vos y el mayordomo, y traedme al que está preso en la cárcel, que vino por mensajero de la costa: idos por él á la cárcel adonde estaba entapiado: fueron, y abriendo las puertas no lo hallaron donde lo habian puesto, de que quedaron admirados y espantados: fuerónselo á decir á Moctezuma, de que quedó más espantado y admirado, y dijo: en fin, es de la costa natural, que casi todos son nigrománticos, pues mirad lo que os mando con pena, que si alguna cosa descubriéredes de lo que os dijo, debajo de mi estrado os tengo de enterrar, y morirán vuestras mujeres é hijos, y os despojarán de todos vuestros bienes y desharán vuestras casas, hasta los postreros cimientos, hasta que salga agua de ellos, y así mismo morirán vuestros deudos y parientes; y traedme secretamente dos plateros muy buenos oficiales de obra primorosa, y dos lapidarios de los buenos gastadores de esmeraldas. Dijéronle: señor, aquí están los oficiales que mandaste traer. Dijo Moctezuma: hacedlos entrar acá: entraron y díjoles: venid acá, padres mios; habeis de saber que os envié á llamar para que hagais cierta obra, y mirad que no lo descubrais á hijo de madre, so pena de las graves penas de tirar hasta los cimientos de casas, pérdida de bienes y muerte vuestra; de mujer, hijos y parientes porque todos han de morir: cada uno ha de hacer dos obras, y se han de hacer delante de mí, aquí secretamente en este palacio adonde ahora estamos: hase de hacer un ahogadero ó cadena de oro de á cuatro dedos cada eslabon, muy delgado, y han de llevar estas piezas y medallas; enmedio unas esmeraldas ricas, y á los lados, como á manera de zarzillos, de dos en dos, y luego se harán unas muñequeras de oro y su cadena de oro colgando de él, y esto con toda la brevedad del mundo. A los otros oficiales les mandó hacer dos amoxqueadores grandes de rica plumería, y en medio una media luna de oro, y de la otra parte el sol muy bien bruñido el oro, que relumbre de léjos, y dos brazaletes de oro, con muy rica plumería. Y á los lapidarios les mandó hacer á cada uno, dos muñequeras de dos ó para las dos manos y para los dos piés, de oro, en medio engastadas ricas esmeraldas. Y mandó al mayordomo Petlacalcatl, que trajese luego secretamente mucho oro que estaba en cañutos, y mucha plumería rica y de la menuda, la más suprema de las aves tlauhquechol y tzinizcan zacuan, y muchas esmeraldas y otras piedras ricas de muy gran valor: todo lo cual dieron á los oficiales, y en pocos dias fué acabada toda la obra: y una mañana, luego que se levantó Moctezuma, enviaron á uno de los corcobados á rogar al rey Moctezuma que se llegase al aposento de los oficiales. Habiendo entrado, despues de haberle hecho todos gran reverencia, le dijeron: señor nuestro, la obra toda está de todo punto acabada: veísla aquí, señor: parecióle muy bien todo lo hecho á Moctezuma: díjoles que estaba muy bien hecho y á su contento y placer: hizo llamar á Petlacalcatl su real mayordomo y díjole: á cada uno de estos mis abuelos dadles á cada uno una carga de mantas de las de á diez brazas y de á ocho, y de á cuatro, y mantas ricas; pañetes, hueipiles, naguas para mis abuelas, maíz, chile, pepita, algodon, frijol, á cada uno igualmente, y con esto se fueron muy contentos los oficiales á sus casas. Llamó á Tlilancalqui y díjole: ya está acabado lo que habeis de llevar, y os habeis de partir á dar este presente á los que son ahora venidos, que entiendo que es el dios que aguardamos Quetzalcoatl, porque los viejos de Tulan tienen por muy cierto que les dejó dicho su Quetzalcoatl que habia de volver á reinar à Tulan y en toda la comarca de este mundo, y que cuando se iba llevaba é iba dejando atrás de él los montes, rios, los minerales de, oro y piedras preciosas, que hoy las tenemos y gozamos, y pues se tiene por cierto que ha de volver éste que ahora vino debe de ser, pues dejó dicho en Tulan que de todo habia cumplimiento de sus tesoros y de todo género en este: mundo, y que habia de volver de adonde iba al cielo á ver al otro dios, que es llamado el lugar adonde iba Tlapalan, que fué por la mar arriba, y en efecto, debe de haber vuelto á gozar lo que es suyo: pues este trono, silla y magestad suyo es, que de prestado lo. tengo; como tal sutilmente ireis á Cuextlan y direis á Pinotetl, que luego mande hacer todo género de comidas, tamales muy bien hechos, que vayan calientes tortillas comunes y con frijoles los tamales, redondos como gordas varas y todo género de aves cocidas, asadas, codornices, venados en barbacoa, conejos, chile molido, quelites cocidos, de muchos géneros y frutas como plátanos, anonas, guayabas y chayotes, y si viéredes que comen de todo género de esto, verdaderamente es el que aguardamos Quetzalcoatl, y en viendo que todo esto no quieren comer, en esto conoceremos que no es él, y si quiere carne humana y os comiere mucho de norabuena, que yo tomo á mi guarda, cargo y amparo vuestra casa mujer ó hijos para siempre: no dudeis de ello: y si como digo fuere, el que por estas señas le vereis, vestidle y adornadle de todas las preseas que llevareis y á la postre le presentareis las piezas acabadas de oro, pedrería y plumería; que le ruego y suplico humildemente que venga á gozar su silla y trono que le tengo en guarda, y así sutilmente luego de mañana os podeis partir, y llevareis consigo á Cuitlalpitoc, y si allá se lo comieren, para eso fué comprado como esclavo que es: y os torno á ratificar, que si os sucediere lo contrario, yo señalo á vuestros hijos por mayordomos de dos pueblos, para que de ello coman y vistan para siempre jamás, é irán otros cuatro mexicanos Mazehuales con vos, que lleven cargado lo que habeis de llevar. Otro dia de mañana partieron con la brevedad posible, caminando de dia y de noche. Llegados á Cuetlaxtlan hablaron con Pinotetl sobre que luego se hiciesen doce ó quince cargas de todo género de comidas y guisados, con sus ollas y chiquihuites nuevos y galanos; muchas gallinas asadas y cocidas, huevos y pescado, y todo género de fruta: cargáronlo á media noche: cuando vino á amanecer estaban á las orillas de la mar, con todo lo que habian llevado, y dijo á los tamemes que se volviesen todos salvo uno, y Cuiltlalpitoc; y como salió el sol estaban mirando á las naos, y los marineros dijéronle al capitan cómo tres indios daban de mano y llamaban: luego mandó el capitan echar el batel; y saltaron tres ó cuatro de ellos, y á poco rato llegaron adonde ellos estaban: preguntándoles que quiénes eran y de dónde eran, los mexicaños como no entendian sino con señas que hacian, que los llevasen á dónde estaba el señor de ellos, que lo querian ver y dar todo aquello: y así comenzaron á meter en la balza todas las comidas y lo que llevaban, y embarcados llegaron á la capitana, adonde estaba un estandarte real, y el Tlilancalqui estuvo atento mirando el estandarte, lo que en él estaba figurado, y en todos los navíos estaban mirando en las compuertas los españoles la gente nueva, y asomado el capitan y Marina intérprete, una india que traian en las naos, la que dieron y presentaron al capitan Don Fernando de Cortés con otras indias en Potonchan. Díjoles la india Marina: venid acá, ¿de dónde sois naturales? Respondiéronla y dijeron: señora, somos de la gran ciudad de México Tenuchtitlan: díjoles ella: ¿á qué venís por acá? Dijéronla: señora é hija nuestra, á solo ver á este señor que traeis con vos: tornó á entrar la Marina y habló con el capitan: luego tornó á asomar en la compuerta y díjoles: ¿cómo se llama vuestro rey y señor? Dijeron: señora, llámase Moctezuma: replicó ella: ¿qué dijo? ¿para qué os envió acá? Respondieron los mexicanos y dijeron: quiere saber adónde vá, ó qué viaje lleva el señor. Respondió ella: dice este dios vuestro Teutl, que solamente ver y visitar al rey Moctezuma: dijeron ellos: decidle, hija y señora que solamente le queremos ver y dar este pequeñito presente, y que su silla y trono en que yo estoy es suyo, que lo tengo en tenencia y posesion: y luego desde allí le dieron los presentes de oro, plata, joyas y plumería, que llevaban para él: luego que fué recibido de el capitan, fueron miradas de todos los españoles que con él venian, y lo tomaban de mano en mano, de el uno al otro: luego dijeron los mexicanos: señora é hija, tambien traemos esta comida fresca para él y bebidas de muy buen cacao que beba el dios. Díjoles ella: dice el dios que la comida la comerá, si primero comeis vosotros de todo y de cada cosa, para que lo vea: entónces los mexicanos comenzaron á comer y beber muy á su placer, de todo género de comidas y bebidas; y á esto estaban mirando todos los españoles cómo los tres naturales comian de todo género de comidas, bebidas y frutas; y luego trás ellos comieron luego todos los españoles, y les supo muy mucho, de ver comida fresca que tanto gusto les diese: al cabo y á la postre, les dijo: decidles á estos nuestros hijos y hermanos, que en récompensa de este regalo ¿que qué les daré ó enviaré? Que coman esta comida de camino. Y les dieron á dos semitas algo añejas: luego les dijo la Marina: ¿qué les daré que beban, pues no tengo otro refrigerio si no es un poco de vino con que me consuelo? Y así les dió vino, y bebieron que se embriagaron. Dijéronle á la señora que se querian volver con respuesta á su rey y señor Moctezuma: preguntó Marina que cómo se llamaba el mensajero. Díjole: llámome Tlilancalqui: y díjoles que todos le besaban las manos á Moctezuma; que ellos volverian dentro de ocho dias, que le iria á ver.

Capítulo CVIII

De la despedida de el capitan Don Fernando de Cortés á los mensajeros de Moctezuma, y de los presentes que envió el capitan Cortés al rey Moctezuma de México, y lo más que fué.

Con esta resolucion los tornaron á embarcar, y salieron al puerto de la Veracruz, estando el capitan Don Fernando de Cortés en San Juan de Ulúa. Salidos los mensajeros, tomaron el camino en la mano. Llegados ante Moctezuma, le hicieron su reverencia y cuéntanle letra por letra todo lo que habia pasado y cómo habian visto la manera de tiros y humadera de la pólvora, el resonido que daban las piezas gruesas, la manera de las armas, celadas, cotas, espadas, dagas, adargas, caballos, lebreles grandes, temerosos al parecer. Acabada esta plática, le pusieron los sartales de cristalinas cuentas azules. Entendido Moctezuma eran á la manera de las cuentas de esmeraldas y diamantes, y pusiéronle una camisa de ruan y unos calzones y alpargates, un sombrero, y de la manera de traer las espadas y dagas se la pusieron con su talabarte. Al cabo le dieron una cajeta de conserva y una bota de vino y bizcocho blanco, y dijo Moctezuma ¿que qué sabor tenia aquello? Comieron de ello los mensajeros, y luego con una jícara pequeña bebieron unos tragos de vino; y así el Moctezuma comió y bebió de ello, y quedó Moctezuma admirado de ver la lengua de Marina hablar en castellano y cortar la lengua, segun que informaron los mensajeros al rey Moctezuma; de que quedó bien admirado y espantado. Moctezuma se puso cabizbajo á pensar y considerarlo que los mensajeros le dijeron: y de allí á tres dias vinieron los de Cuetlaxtlan á decir cómo el capitan Don Fernando Cortés y su gente se volvieron en sus naos en búsca de otras dos naos que faltaban cuando partieron de Cintla y Potonchan á donde le dieron al capitan las ocho mozas esclavas, y entre ellas la Marina. Considerando Moctezuma los sartales de la cristalina, y abalorios y las demás cosas, dijo: verdaderamente me ha hecho mucha merced el dios Quetzalcoatl, el que estaba y residió con nosotros en Tula, y creo verdaderamente ser el Ce acatl ynacxitl, el dios de la una caña caminador. Visto las semitas que le dieron al Tlilancalqui y á Cuitlalpitoc, llamó al mayordomo Petlacalcatl que luego le trajesen un pedazo de canto que llamaban tepetlatl, como en algunos caminos hay suelo empedernido: traídolo, lo comparó á ello; llamó á todos sus corcobados y enanos y esclavos Xolomé, y díjoles: comed de esto, y mirad lo que os parece de ello, qué sabor tiene: como lo comieron, dijeron: señor, dulce es, tiene buen sabor, excepto que está duro. Entónces Moctezuma partió y comió de ello y dijo: es verdad que es dulce y sabroso: dijo: esta comida no es del infierno que parece ahumado, bien será, que pues esto es el premio de la venida de Tula, que se lo presentemos al Tetzahuitl Huitzilopochtli: y así lo pusieron en una jícara nueva azul y lo taparon con una toalla muy delgada: lleváronlo al gran Cú del diablo y lo pusieron en el agujero de la piedra redonda de la gran batea Cuauhxicalli, y los sacerdotes del templo lo comenzaron á sahumar. Acabado esto, le llevaron al pueblo de Tulan y lo pusieron en un cofre de piedra labrada que llamaban Toptanaco, envuelto en unas muy ricas mantás: dado á los sacerdotes de el templo de Tulan, dijéronles: tomad y enterrad esto en el templo que era de Quetzalcoatl; y allí lo enterraron y comenzaron á sahumarlo, y degollar codornices y rociarlo con la sangre de ellas, y comenzaron á tocar las vocinas de caracoles. Cumplido esto llamó á Tlilancalqui y á Cuitlalpitoc y díjole Moctezuma: en verdad que tenia por cierto que estos dioses os habian comido, pero pues no fué así, tampoco comerian de nuestras comidas, habránlas olvidado, que há más de años que se fué Quetzalcoatl al cielo y al infierno: ahora, Tlilancalqui, descansad, que en fin soy rey y señor; yo daré de comer y vestir á vuestra mujer é hijos, y en el inter buscarémos la raíz y orígen de donde vinieron estos dioses: y luego aquel dia llamó á Petlacalcatl mayordomo mayor, y llevaron á la casa de Tlilancalqui entero el tributo del pueblo de Tuchpan, y de Tziuhcoacatl, y de Itzcuincuitlapilco, Tuchtepec y Oztoman. De manera que quedó Tlilancalqui rico de, mucha ropa rica, plumería, oro, piedras ricas, cacao y muchos mantenimientos de maíz, frijol, pepita, chian, algodon en fardos, pilones de sal blanca, fardos de chile, esclavas y esclavos, y díjole: señor, este tributo os dá, y os haga buen provecho con ello, que para siempre jamás serán vuestros los pueblos, y tambien os hace donacion de una su casa que está en el barrio de Tozanitlan otra llamada Moyotlan: y luego fué avisado el rey de cómo el mayordomo le habia dado y entregado las casas á Tlilancalqui. Otro dia llamólo Moctezuma y díjole: venid acá, Tlilancalqui, ¿cómo tendremos nueva cierta de estos dioses, de qué parte y lugar vinieron? Hacedme traed luego al afamado pintor llamado Tocual, para que saque y dibuje de la manera que vísteis estas gentes de los dioses, navíos, armas, artillería, caballos, lebreles, y la manera de su, asiento, comida, mesa, policia, y de la manera que os fuere diciendo el Tlilancalqui; muy al natural, sin exceder punto, y mirad que no lo digais á persona del mundo, so pena de muerte à vos y à vuestra mujer é hijos, y vuestra casa será destruida hasta los cimientos; y por lo consiguiente morirán tambien, vuestros parientes. Comenzó luego el pintor à pintar de la manera que Tlilan. calqui vido al capitan, soldados, marineros, sus trajes y vestidos de muchas colores, los rostros blancos, barba larga y algunos con coleta, á lo antiguo, y sombreros grandes en las cabezas, que les llamaban Cuaapaz acabado de pintar llevólo á Moctezuma, que quedó bien admirado y españtado, en especial de el gran humo que salia de los tiros gruesos de campo y arcabuces, y de la manera de los arcabuces, ballestas y lanzas: preguntóle Moctezuma al pintor como era viejo, dijole: venid acá, ¿qué dijeron los antiguos nuestros padres? ¿Dejaron declarado algo de estas cosas, los que habian de venir á señorear esta tierra y mundo conforme ahora habeis pintado? Venid acá: vos decis que nó alcanzais á entender nada de lo que os pregunto: pues preguntádselo á todos los pintores vuestros amigos y á otros viejos, porque ahora son cuatro generaciones de los que somos, que van muriendo y multiplicando, que es de cien á cien años, y la pena que tengo es que quisiera saber y entender qué gentes han de venir á señorear estas nuestras tierras. Y como no hubiese uno ni ninguno que tal supiese ni declarase, fué con esta respuesta al rey Moctezuma, el cual dijo: pues yo quiero enviar á saberlo á los pueblos de Malinalco y otros muchos pueblos de Chalco y tierra caliente. Venidos los mensajeros de muchas partes y lugares, y venidos los viejos que fueron á traer la razon, hízoles nueva interrogacion para que dijesen lo que él tenia tan deseado saber. Despues de haber dado su satisfaccion de no saber ni entender cosa de lo que los antiguos habian dicho, salvo que algunos antiguos les dejaron profetizado que los que habian de venir á reinar y poblar estas tierras, que habian de ser llamados Tezocuilycxique, y por otro nombre Centeycxique, que son aquellos que estàn en los desiertos de Arabia, que el alto sol enciende, que tienen un pié solo, de una pata muy grande con que se hacen sombra y las orejas les sirven de frezadas, que tienen la cabeza en el pecho; y esto dejaron declarado los antiguos nuestros antepasados, al tiempo que vinieron á poblar estas tierras; y esto es lo que entendemos y no otra cosa de lo que preguntais, señor. Replicó Moctezuma y dijo: grandes sábios han sido los naturales de Cuitlahuac, vayan á llamarlos para informarme de ellos y saber lo que tanto deseo, y á los de Mizquic. Venidos ante él, les hizo las preguntas que á los de los otros pueblos. Dieron en respuesta que los antiguos viejos predestinaron como sábios que eran, que habia de volver Quetzalcoatl en otra figura, y los hijos que habia de traor habian de ser muy diferentes de nosotros, más fuertes y valientes, de otros trajes y vestidos, y que hablarán muy cerrado, que no los habrémos de entender, los cuales han de venir á regir y gobernar esta tierra, que es suya, de tiempo inmemorial, y estos han de venir á abrir sus haciendas de entre todas las sierras, montes, ríos, y que jamás se irán, que harán asiento perpétuamente: y esto dejaron declarado los ántiguos.

Capítulo CIX

De cómo no conformándose las preguntas de los profetas falsos con lo que habia visto Tlilancalqui, envió á llamar a los de Xochimilco y otras partes, para declaracion de ello.

Habiendo oido la profesía de los de Cuitlahuac y Mizquie que no conformaba con lo dibujado, dijo á Tlilancalqui que aquello no conformaba: envió mensajeros á llamar á los viejos de Xochimilco: díjole à Tlilancalqui que luego enviase. Dijo Tlilancalqui: tambien creo, si es vivo, que en Xochimilco hay un Quilaztli gran sábio, ya envío por él porque le dejó dicho su dios, y à estos que trajeron cargado á su dios, que son llamados Teomamaque lo cual estos dejaron profetizado, y será bueno que yo vaya á traerlo y no otra persona: y así fué y trajo á Quilaztli. Díjole Moctezuma la misma razon que á los otros viejos sábios, y díjole: ¿cómo sabrémos qué gentes serán las que han de venir á señorear estas partes? ¿Por dónde habrán de venir? ¿Acaso será por el Oriente ó Poniente? ¿Qué gentes serán? ¿De qué manera, qué trajes, qué altura tendrán, ó si bajarán de el cielo? Esto es, padre, lo que quisiera saber de vos. Respondió Quilaztli y dijo: hijo y señor nuestro, no tengo de decir sino la verdad de lo que dejaron dicho y escrito los antiguos viejos cargadores de nuestro Dios, y por esta pintura lo verás que han dé venir unas gentes que serán llamadas Coayxeequee, caras de culebras y caras de pescado grandes, y piés de gusanos, gentes de un pié y caballeros en águilas ligeras, y han de venir á caballo en unas grandes culebras, y estos muy grandes que parecen cerros los caballos, y estas gentes han de ser mucha, mucha suma de ellos, y han de dormir encima de sus cabalgaduras, y en lo que han de venir allí su dormitorio, y guisar sus comidas como si fueran sus casas proprias allí, y han de venir por la mar de el cielo y partes del Oriente: vendrán luego otros de un pié, y han de venir otras gentes que no tienen cabezas, sino en los pechos cabeza, cara y boca: vendrán otros caballeros en Tonacamazatl, que son sus cabalgaduras, como unos muy grandes siervos ó venados poderosos, y han de venir por Tzonapan, por cima de la gran mar, muy blancos de rostro y todo el cuerpo, y de muy largas barbas, y los vestidos de muchas diferencias y maneras, y de muchas colores, y éstos serán los más primeros que despues vinieren. Acabada la plática, muéstrale la pintura á Moctezuma, el cual estaba tan espantado de ver la manera de la pintura y de ver las gentes blancas y en caballos de muy grandes ciervos aderezados, llamados Tonacamazatl, y encima de las cabezas puestos unos como lebrillos pequeños (debian de ser sombreros). Comenzó á enmudecer Moctezuma y llorar amargamente: llamó á Tlilancalqui y díjole: venid acá, llegaos á ver estas figuras, ¿se parecen á las que fuísteis á ver? Respondió y dijo: verdaderamente son estos los que fuí á ver, que vinieron de la mar del cielo: llamó asimismo al de Xochimilco que cotejase una con otra de las pinturas, y dijo que casi conformaban con su pintura antigua. Díjole Moctezuma: pues has de saber que estas gentes vinieron del cielo y llegaron á la orilla de la gran mar, junto á mis pueblos de Cuetlaxtlan y Cempoalan: díjole: mira, padre Quilaztli, ahora acabo de entender y creer que te dejaron grandes sábios en las artes mágicas, porque cotejando uno con otro, son los proprios que han venido, por eso te aviso que tengas esto en gran secreto, no lo publiques, y mira que no has de volver á tu tierra Xochimilco, porque aquí te señalo casas buenas en que vivas con tu mujer é hijos, y te doy de mis tierras á donde comas tú y tus hijos, y atesentaré en el trono en que se sientan mis principales, y has de juzgar y sentenciar como ellos, y esto te prometo, y será verdaderamente así como lo digo. Despues de esto dijo: Dime abuelo mio Quilaztli, ¿estas gentes volverán otra vez acá? Díjole: señor, ya ancho el camino por la mar que hoy que mañana, que de aquí á algunos dias volverán, ó de hoy en un año serán con nosotros; no tengas duda de esto que te digo, sino que volverán, y mira, señor, que dándome mi ventura algunos dias de vida, alcanzaré á ver esto y te acordarás de lo que te certifico, y si muriere, deberás creer te traté verdad, y si de hoy en un año, ó dos ó tres, y á más tardar cuatro años, y hallares en contra de lo que te digo, mi mujer y mis hijos mueran por ello, si yo primero muero. Dijo Moctezuma: aguardemos los venideros tiempos, y veremos lo que será, que mediante nuestro Dios aire, sol, aguas y montes, que ellos lo saben, que en ellos tengo esperanza de su ida para siempre ó su vuelta. Habló al mayordomo de Cuetlaxtlan llamado Teutliltzin, y díjole: mirad que os mando, que sobre tódo tengais especial cuenta y cuidado de que cada tres dias ireis á visitar á los mares del cielo, á ver si tornan á volver los dioses que habian venido: entendiendo que no habian de volver más los españoles. Al cabo de un año, y cerca de dos, estando quieto y pacífico, teniendo entendido que jamás volverian, puso Moctezuma por señores á sus hijos y sobrinos: uno puso en Hecatépec, llamado Huanitl, y otro sobrino puso en Atzcaputzalco, llamado Oquizqui; otro puso en Xochimilco llamado Omacatl; otro puso, que era su hijo, en Tenayucan llamado Acamapich. Puestos estos sobrinos suyos y á sus proprios hijos en las partes dichas, de allí á pocos dias, pasados ya los dos años volvió el mayordomo de Cuetlaxtlan diciendo: señor, el mayordomo mayor de Cuetlaxtlan, Tentliltzin, dice que aparecieron ya en las orillas de la mar del cielo, los navíos que habian venido la otra vez; que vienen ya cuatro, tan grandes como un cerro, que qué mandas que se haga para su recibimiento. Habiéndolo oido Moctezuma, se puso cabizbajo con gran tristeza en su corazon, á pensar lo que haria, y no halló palabra ninguna. Fué luego el mensajero con mandato de Moctezuma y díjole: dí á Pinotl y á Tentliltzin que tuviesen gran cuenta si llegaban con sus canoas pequeñas que los dioses traen, si se desembarcan ó qué hacen, que luego envíen mensajero á dar aviso. Otro dia vino à desembarcar Don Fernando Cortés con mucha gente española: comenzaron á desembarcar los caballos y artillería en Chalchiuhcueehezan, que hoy es la ciudad de la Veracruz, por ser viérnes Santo y veintiocho de Marzo de mil quinientos y diez y nueve años de el nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo. Vinieron luego los mensajeros de Cuetlaxtlan á dar aviso á Moctezuma cómo habian desembarcado en Chalchiuhcueehecan y cómo habian parado todos sus navíos allí cerca. Dijo Moctezuma: decid á los mayordomos que cuando todos hubiesen desembarcado, que luego vayan con treinta ó cuarenta cargas de todo género de comidas, gallinas, pavas asadas y cocidas con chile y mucho género de tamales, bollos con frijoles y muchos géneros de toda fruta, que no falte cada dia. Llamó á Tlilancalqui y dijole: ya me parece que son venidos y desembarcados los dioses en Chalchiuhcueehecan. Dijo Tlilancalqui: será cosa decente enviar à algun principal, porque quizá no les harán tan buen recibimiento ni de la manera que yo los recibí la vez primera; y asi dándome vuestra magestad licencia, iré luego: y así habida licencia partióse luego caminando de dia y de noche. Llegó á Cuextlan, y habiendo avisado al mayordomo de los géneros de comidas y géneros de frutas, que habia de ir cantidad de cincuenta cargas cada dia, en especial gallinas asadas, fruta, cacao molido, que no sabian los españoles beberlo. Llegado con todas las cargas de géneros de comida y frutas, estuvieron un rato los indios viendo los que andaban pescando: avisaron al capitan de ello: vinieron dos bateles por ellos y embarcáronlo todo. Llegados, saludaron à la mujer Marina en la lengua mexicana, y dijo ella: ¿quién sois? ¿de dónde venís? Dijo Tlilancalqui: hija, yo soy el mensajero de ahora tres años, cuandó otra vez vinieron estos dioses, y vengo otra vez con esta comida para ellos y á besar las manos al señor de parte de el valeroso rey Moctezuma, señor de este imperio mexicano: lo cual interpretado por Marina, comieron todos los soldados muy bien, que les supo como si se hubieran criado en aquellas comidas. Habiendo acabado de comer, dijo Marina á Tlilancalqui que le han hecho mucha merced á el rey Moctezuma, que ¿qué es lo que manda ahora? Dijo Tlilancalquí: no más que despues de besadas las manos por el rey dice que aquel trono, imperio y estrado de él, como Moctezuma lo posee, y le ruega que si ha de llegar allá, que le aguardará como á tan valeroso señor como es el capitan, especialmente ser suyo el imperio como por él lo tiene; que será tenido por dichoso de verle, y adorarle y ponerle su persona en su lugar. Dijo Marina esta respuesta: que se lo tenia en muy grande merced, que allá iria, que estaba allí aguardando á otro capitan hermano suyo, que venido que fuese iria. Envió Moctezuma otro mensajero para que luego se pusiesen en camino, para que fuesen á México Tenuchtitlan á ver y hablar con él, que luego se volvieran á su tierra él y todos, que habia mucho tiempo que habian salido de allá: con esta resolucion, Tlilancalqui se partió y tomó el camino de México, caminando de dia y de noche y dando aviso á todos los señores de los pueblos recibiesen á los dioses por expreso mandato de el rey Moctezuma, so pena de muerte.

Capítulo CX

De cómo llegó á México Tenuchtitlan Tlilancalqui, mensajero de el rey Moctezuma, y de la gran tristeza que hubo de sus hijos, y cómo se los dejaba muy encargados á Tlilancalqui, despues que él muriese.

Llegado á México Tlilancalqui, principal ante Moctezuma, hízole gran recibimiento, y contóle por extenso de la manera que fué á ver al gran capitan Don Fernando Cortés y la respuesta que le dió, conforme á lo arriba referido: quedó cabizbajo Moctezuma, imaginando lo que adelante se le siguió puntualmente: agradeció á Tlilancalquí el trabajo del camino, y despues le propuso lo siguiente: díjole: ya sabeis, Tlilancalqui, que la voluntad que siempre os he tenido conforme á las obras buenas que de mí habeis recibido, la quiero yo ahora recibir de vos: y es que, ya que los dioses se cansaron y nos dejaron en poder de extraños, estos nuestros dioses, el tiempo y señor Tloquee yn nahuaque nuestro señor, la noche, el aire á su albedrío, cuyos esclavos somos Tlitlacahuan. Pues sea mucho de norabuena, vengan los que han venido: ¿dónde podemos ir? Mirad, hijo, que lo que más os encargo es á los pobres de mis hijos llamados Ilhuiltemoc, Chimalpopoca, Acatlxoxouhqui, Acamapich, Netzahualtecolotl Axayaca y Tlacahuepan, mirad que cuando yo sea muerto á manos de los que ahora vienen, que los mexicanos como malos y crueles, con este enojo los han de matar, que los escondais, y abrigueis y ampareis, porque despues de muerto yo, ni misericordia han de tener con ellos, ántes los acabarán de matar, y para ésto, desde ahora los pongo en vuestro poder; haced cuenta que son vuestros hijos y nietos, escondedlos en vuestros rincones, si escaparen, ó el uno ó el otro ó cualquiera de ellos; habéislos de querer conforme á la voluntad y querer que os he tenido; porque mirad, no dudeis, ello ha de ser así, que han de costar muchas muertes este señorío que han de tener en estos reinos de este mundo, que lo tengo pronosticado muchos dias há y todo cuanto me dejó dicho el rey Netzahualpilli ha de ser á la letra, porque jamás faltó de lo que decia; y mirad lo que os digo, que los que rigieren y gobernaren por mandado de ellos, que no es ni ha de ser señorío, sino que os tendrán sujetos como esclavos, y si los dioses os dieren vida os acordareis de lo que aquí os digo, y si todavía escapare yo con la vida, ya no seré rey sino Tequitlato y en mí se vendrán á consumir las señores, tronos, sillas y estrados que los antiguos reyes vieron y gozaron; porque en mí, que soy Moctezuma, se acabará todo. Acabada su razon, se paró cabizbajo derramando infinitas lágrimas, salidas de el corazon, que ponia gran dolor y compasion. Comenzólo á consolar Tlilancalqui en tanta manera, que se consoló y dijo Moctezuma: todavía favorezcámonos y ayudemos á estos miserables indios, pobres de ellos que á más no poder en sus manos de los dioses estamos, y para esto tengo acordado que hay muchos nigrománticos en tierra caliente, como son los pueblos de Quauhnahuac, Yauhtepec, Huaxtepec, Acapichtlan, Xohuitoto, Ocuila, Malinalco y Tenantzinco, grandes hechiceros y encantadores que comen los corazones de los hombres vivos y los llevan á cuestas de noche, durmiendo, que van encantados: probemos con ellos, quiérolos enviar á llamar. Habiendo enviado muchos mensajeros ó embajadores que los llamasen, vinieron luego todos ellos, y vinieron asimismo los que se volvian leones, lobos, culebras, sierpes volantes, y si acaso no vinieren, yo enviaré á mis gentes contra ellos. Venidos ante Moctezuma, hízoles una larga oracion, que fuesen á empecer á los venidos por la mar de el cielo, porque ya no quieren volverse, y el remedio de ello es que vais y hagais vuestros poderíos en tanta manera, que teman de llegar acá y se vuelvan, ó sobre ello echadles profundo sueño que los lleveis á media noche á cuestas y los despeñeis en unas hondas peñas y barrancas, ó comedies los corazones, y si no pudiéredes con ellos, dejadlos que lleguen acá, que aquí hareis á vuestro gusto de ellos de manera que les pese de haber venido. Partidos otro dia, habiéndoles dado Moctezuma preseas de ropas, llegados cerca de la Veracruz, luego que los vieron, comenzaron á repartir unos por un cabo, otros por otro, de manera que tomaron en medio á los cristianos, cada cuadrilla de un oficio, por lo más secreto que pudieron. Dijeron los encantadores que se volvian bravos animales: nosotros queremos probar nuestra ventura, y si no bastare, les comeremos los corazones: y así como llegaron á ellos fué por demás su trabajo, que nunca les pudieron empecer, porque no les hallaban corazones como aquellos que eran católicos cristianos porque les pareció á ellos que los corazones tenian escurana y humo, y les pareció á ellos no tener corazones; fueron con esto otros, los que echaban culebras ponzoñosas y alacranes; tampoco les pudieron empecer: fueron los hechiceros que comian corbas y pantorrillas, y tampoco pudieron hacer nada con ellos, porque entendian no tener corbas ni pantorrillas: fueron á la postre los que encantaban con sueños y los llevaban á cuestas á despeñar, y como fueron y hallaron guardas y velas, que unos dormian y otros velaban á los que dormian, y con esta vela y centinela jamás pudieron empecerles; y dijeron todos: probemos cuatro noches: probadas las cuatro noches, y no pudiendo empecerles dijeron: volvamos á nuestro rey á decirle cómo hemos hecho todos nuestros poderíos y no les podemos empecer. Llegados á México, cuéntanle á Moctezuma lo sucedido cada uno de ellos. Otro dia Moctezuma llamó á un principal llamado Chalchiuhcueehecan y díjole: á donde quiera que topáredes á los dioses que ya vienen, decid á la mujer que traen consigo, que yo os envío, que aquí aguardo al gran capitan y dios. Llegado en la parte que llaman Chichiquila y visto á Cortés, vido á la Marina y explicóle la embajada de Moctezuma, y cómo ya dejaba mandado que en todos los pueblos de los caminos le habian de recibir con muchos bastimentos. Habiendo llegado Cortés á un pueblo, que era señor de allí Cuatlpopoca hizo noche allí. Preguntóle Marina al principal que cuál era el camino mejor y más breve para México: díjoles, y llevólos una madrugada por nna senda honda, adonde se fueron á morir en unas barrancas más de diez soldados. Con esto, el cacique huyó, tornaron á volver y le hallaron, y preguntándole la causa de su traicion, dijo que era verdad, que adredemente lo hizo: lleváronlo maniatado á México. Llegados á Tecoac, vino mensajero para que les hiciesen buen hospedaje á los dioses con muchos bastimentos: azoráronse los otomíes de Tecoac, y dijeron: ¿por dicha somos sus vasallos de estos que vienen? ¿ganáronnos en justa guerra? Ea, chichimecas, á las armas contra ellos: y como gente serrana, tomaron luego armas, y como venian dando alarido tirando varas, tocaron al arma y dan con ellos una rociada de pelotas y luego tiros de campo, que en una hora no hubo que hacer, y quedó el campo cubierto de cuerpos muertos. Otro dia (que hizo noche allí el ejército cristiano) de mañana asomó una gran cuadrilla de gente, que venian de paz: preguntó Marina que de dónde eran: dijeron: somos principales de Tlaxcala: preguntóles que si eran todos unos con los mexicanos: dijeron que no, que antes eran enemigos capitales de ellos: dijéronles cómo salieron de guerra aquellos muertos. Respondieron y dijeron: su merecido tienen, que como otomíes mal domados, entendiendo que eran mexicanos acometieron al señor: dijeron: pues que así es, vamos, señores, á nuestra tierra en Tlaxcala á donde sereis bien recibidos de todos los principales de la ciudad y descansareis. Habiendo visto esto el capitan Don Fernando Cortés, tomaron el camino para allá, llevando siempre los principales que les vinieron á recibir, y ellos siempre enviando á su ciudad el aviso cómo allí iban los dioses, y avisándoles que de los chichimecas valientes de Tecoac, no habia quedado uno ni ninguno, por su locura de querer acometer á los dioses tan valerosos: y así llegaron á Tlaxcalan, á donde fueron muy bien recibidos y servidos muy bien: y de esto cada dia tenia Moctezuma aviso de lo que pasaba en los caminos y cómo quedaban en Tlaxcalan. Hizo llamamiento de todos los principales de sus comarcas para hacer acuerdo y cabildo, como adelante se dirá en otro cuaderno.

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Tezozómoc, Crónica mexicana — Capítulos XCI–CI (parte 8 de 9)