«buen conocedor de las propiedades de las yerbas»: médicos, médicas y hierbas en Sahagún

«El Medico suele curar y remediar las enfermedades. El buen medico es entendido, buen conocedor de las propiedades de las yerbas, piedras, árboles y raices, experimentado en las curas; el cual tambien tiene por oficio saber concertar los huesos, purgar, sangrar y sajar y dar puntos, y al fin librar de las puertas de la muerte.»

Sahagún, Historia general, Libro X, cap. VIII. Ver Libro X, parte 1.

«Esta relacion arriba puesta de las yerbas medicinales, y de las otras cosas medicinales arriba contenidas, diéron los medicos del Tlatilulco, (Santiago) viejos y muy experimentados en las cosas de la medicina, y que todos ellos curan públicamente»

Sahagún, Historia general, Libro XI, cap. VII, al final del párrafo VI. Ver Libro XI, parte 3.

La medicina en la obra de Sahagún

Sahagún no escribió un tratado de medicina, pero la medicina recorre su Historia general. Con sus propios títulos se puede ordenar en cinco grandes apartados:

  • Quienes curan: el médico (Libro X, cap. VIII) y la médica (Libro X, cap. XIV).
  • El comercio de remedios: «De los que venden gallinas, huevos, medicinas, &c.» (Libro X, cap. XXIV).
  • Las enfermedades del cuerpo: «De las Enfermedades del cuerpo humano y de las Medicinas contra ellas» (Libro X, cap. XXVIII), de la cabeza a los huesos quebrados.
  • Las plantas, piedras y animales medicinales: «De las Yerbas Medicinales» y «De las piedras medicinales» (Libro XI, cap. VII, párrafos V y VI), y el tlacuatl, «cuya cola es muy medicinal» (Libro XI, cap. I, párrafo IV).
  • La memoria del oficio: los primeros médicos herbolarios de los toltecas (Libro X, cap. XXIX) y los médicos de Tlatelolco que dieron la relación (Libro XI, cap. VII).

El propio Sahagún lo anuncia en el prólogo del Libro X: allí se contienen «todas las enfermedades á que los cuerpos humanos están sujetos en esta tierra y las medicinas contrarias».

¿Existía una profesión de médicos?

Página del Códice Florentino con el título «De los medicos» y dos escenas pintadas de médicos
«De los medicos»: las dos escenas pintadas junto al capítulo del médico. Códice Florentino, Libro X, fo. 20r. Biblioteca del Congreso de EE. UU., World Digital Library.

Sí, y Sahagún la describe como un oficio, con su buen y su mal ejercicio. En el texto náhuatl del Códice Florentino la palabra es ticitl; el folio 20r del Libro X empieza: «in ticitl tepatiani, tlapatiani tlapaleuiani», que Anderson y Dibble traducen «The physician [is] a curer of people, a restorer, a provider of health» (Florentine Codex, Libro X, 1961, p. 30, citado en el Nahuatl Dictionary de Wired Humanities). El Vocabulario de Alonso de Molina (1571) define: «ticitl. medico, o agorero y echador de suertes».

En la versión castellana, el oficio abarca hierbas y manos: concertar huesos, purgar, sangrar, sajar y dar puntos. Y no era solo de hombres. En el capítulo XIV, entre los oficios de las mujeres, la médica recibe la descripción más detallada de todas:

«La medica es conocedora de las propiedades de yerbas y raices, árboles y piedras, y en conocerlas tiene mucha experiencia, no ignorando muchos secretos de la medicina. La que es buena medica sabe bien curar á los enfermos y por el beneficio que les hace casi vuelvelos de muerte á vida, haciendoles mejorar ó comvalecer con las curas que hace: sabe sangrar, dar las purgas, echar melecina y untar el cuerpo, ablandar palpando lo que parece duro en alguna parte del cuerpo, concertar los huesos, sajar y curar bien las llagas y la gota, y el mal de los ojos, y cortar la carnaza de ellos.»

Sahagún, Historia general, Libro X, cap. XIV.

Sahagún describe también al mal médico y a la mala médica, a quienes acusa de hechicería; ese juicio es el del fraile.

El oficio tenía, además, su propia memoria. Al hablar de los toltecas, Sahagún escribe que conocían las virtudes de las yerbas,

«porque tambien eran medicos, y especialmente los primeros de este arte que se llamaban Oxomococipactonal, Tlatetecuiu, Xochicaoaca, los cuales fueron tan habiles en conocer las yerbas, que ellos fueron los primeros inwentores de medicina, y aun los primeros medicos herbolarios.»

Sahagún, Historia general, Libro X, cap. XXIX, párrafo I.

La gente del tianguis

Los remedios tenían quien los vendiera, y esa persona también sabía:

«El que trata en cosas de medicina, conoce las yerbas y las raices de los árboles, piedras y el incienso de la tierra, y todas las cosas medicinales, que sean raices, que sean yerbas, de las cuales se trata en el Libro onceno de cada género por si: ponelas á parte en algun petate en el Tianquez para vender.»

Sahagún, Historia general, Libro X, cap. XXIV.

En el capítulo XXI, la vendedora de colores ofrece también «cosillas de medicina, como es la cola del animalejo llamado Tlacuatzi, y muchas yerbas y raices de diversas especies».

Los pacientes: niños, madres, heridos

El herbario del Libro XI está escrito pensando en personas concretas. Cada entrada da el nombre náhuatl, la forma de la planta, qué parte sirve y cuál «no es de provecho», cómo se prepara y dónde crece. Estas son seis (Libro XI, cap. VII, párrafo V).

Página del herbario del Códice Florentino con varios dibujos de plantas; al pie, una planta de raíz bulbosa
Çoçoiatic (Cocoiactic), el dibujo al pie de la página; su entrada empieza en el fo. 143r. Códice Florentino, Libro XI, fo. 142v. Biblioteca del Congreso de EE. UU., World Digital Library.

El enfermo que empieza a curarse.

«Hay una yerba medicinal que se llama Cocoiactic: de esta usan los medicos en principio de su cura. Hacese como cabeza de ajos debajo de la tierra. Cuando comienzan á curar á algun enfermo, muelen esta yerba juntamente con su raiz y su semilla. Echan un poquito en las narices del enfermo, y si echan en cantidad luego saca sangre por las narices.»

El herido de flecha o el que se clavó una espina.

«Hay un arbusto ó mata que se llama Chapolxihuitl; no tiene ramas, y las hojas nacen en el mismo tronco. Tiene el palo verde. Este palo con las hojas se muele y si á alguno le quedó algun pedazo de flecha en el cuerpo, ó tropezando se le quedó algun pedazo de hastilla en el pie, ó alguna espina ó hueso, poniendolo alli lo saca; y tambien sana las llagas y cortaduras que se han apostemado.»

El que tiene postemas.

«Hay otra yerba medicinal que se llama Totoncaxihuitl: tiene las hojas redondas y muy verdes; no es parrada, sino altilla: con las hojas y raiz molidas se sanan las postemas como diviesos y incordios poniendo los polvos mezclados con agua encima de la postema.»

Los niños con diarrea.

«Hay otra raiz medicinal que se llama Hueipatli: son estas raices redondas como turmas de tierra: están trabadas unas con otras; tienen las hojas redondas y puntiagudas; no son de provecho. Estas raices molidas y bebidas con agua aprovechan á los que tienen estragada la digestion, y los niños que tienen camaras bebiendo un poco de ella con agua, sanan.»

Página del herbario del Códice Florentino con el dibujo de la planta tetzmitic sobre su entrada
Tetzmitic, cuya leche se ponía en los ojos. Códice Florentino, Libro XI, fo. 154r. Biblioteca del Congreso de EE. UU., World Digital Library.

Los ojos enrojecidos.

«mana leche de las hojas y de los grumos cuando se corta. Esta leche echada en los ojos templa el calor y quita la bermejura de ellos, y aclaralos y purificalos.» (Tetzmitic)

Página del herbario del Códice Florentino con el dibujo de la planta tzatzayanalquiltic sobre su entrada
Tzatzayanalquiltic (Tzatzaiaulquiltic), para las madres que crían. Códice Florentino, Libro XI, fo. 154v. Biblioteca del Congreso de EE. UU., World Digital Library.

Las madres que crían.

«Bebese molida; y mezclada con agua aprovecha á las mugeres cuando crian y se las hace dar la leche. Bebida muchas veces purifica la leche; y tambien la dan á beber al niño que tiene camaras: con ella se le quitan. […] Las que dan leche no han de comer aguacates, porque causan camaras á los niños que crian.» (Tzatzaiaulquiltic)

Quiénes se lo contaron

Este herbario tiene autores con nombre. Tras la relación de las yerbas y piedras medicinales, Sahagún deja constancia de quiénes la dieron:

«los nombres de los cuales y del escribano que la escribió se siguen; y porque no supiéron escribir rogaron al escribano que pusiese sus nombres: Gaspar Matias, Pedro de Santiago, vecino de la Concepcion, Gaspar Matias, vecino de la Concepcion, Pedro de Santiago, vecino de Santa Ynes, Francisco Simon y Miguel Damian, vecinos de Santo Toribio, Felipe Hernandez, vecino de Santa Ana, Pedro de Requena, vecino de la Concepcion, Miguel Garcia, vecino de Santo Toribio, Miguel Motilinia, vecino de Santa Yunes.»

Sahagún, Historia general, Libro XI, cap. VII, al final del párrafo VI.

Son médicos que «curan públicamente», vecinos de los barrios de Tlatelolco.

Cómo y cuándo se escribió

En el prólogo del Libro II, Sahagún cuenta su método. Empezó en el pueblo de Tepepulco, en la provincia de Tezcuco, donde el señor del pueblo, don Diego de Mendoza, y los principales le señalaron «hasta diez é doce principales ancianos». Con ellos estaban «hasta quatro latinos, á los quales yo pocos años antes habia enseñado la gramatica en el Colegio de Santa Cruz en el Tlatilulco»:

«Con estos principales y gramaticos, tambien principales, platiqué muchos dias cerca de dos años, siguiendo el orden de la minuta que yo tenia secreta. Todas las cosas que conferimos me las dieron por pinturas, que aquella era la escritura que ellos antiguamente usaban, y los gramaticos las declararon en su lengua.»

Sahagún, Historia general, Libro II, prólogo. Ver Libro II, parte 1.

Los gramáticos escribían la declaración en náhuatl al pie de cada pintura. Después pasó a Santiago de Tlatelolco, donde trabajó con «ocho ó diez principales escogidos entre todos, muy habiles en su lengua y en las cosas de sus antiguallas», y con «quatro ó cinco colegiales, todos trilingues, por espacio de un año y algo mas, encerrados en el colegio». Luego, en San Francisco de México, «por espacio de tres años pasé y repasé á mis solas todas mis escrituras». Él mismo lo resume:

«de manera que de primer cedazo por donde mis obras se escribieron fueron los de Tepepulco, el segundo los de Tlatelulco, el tercero los de Mexico; y en todos estos escrutinios hubo gramaticos colegiales. El principal y mas sabio fué Antonio Galeriano, vecino de Azcapulzalco; otro poco menos que este fué Alonso Vegerano, vecino de Quauhtlitlan; otro fué Martin Jacobita, de que arriba hice mencion; otro Pedro de San Buenaventura, vecino de Quauhtlitlan, todus expertos en tres lenguas, latina, española é indiana.»

Sahagún, Historia general, Libro II, prólogo.

En el Libro X fecha el momento en que escribe: habla de «esta pestilencia de este año de mil quinientos setenta y seis» (Libro X, cap. XXVII, «Relacion del Autor»).

Otro herbario del Colegio: Martín de la Cruz y Juan Badiano

Sahagún no fue el único en reunir este saber en el Colegio de Santa Cruz. En 1552, el médico nahua Martín de la Cruz, que colaboraba en el Colegio, escribió en náhuatl el Libellus de medicinalibus Indorum herbis, y el xochimilca Juan Badiano lo tradujo al latín. Lo encargó Francisco de Mendoza, hijo del virrey, que lo envió a España en 1552 como regalo al rey. El INAH lo considera el primer herbario ilustrado hecho en América; tiene 185 ilustraciones a color. Pasó a la Biblioteca Vaticana y en 1990–1991 volvió a México, a la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia (INAH, Biblioteca Nacional de Antropología e Historia; INAH, Códices de México).

Lo que se perdía, y quién lo recogió después

Escena pintada del Códice Florentino: enfermos de viruelas cubiertos de pústulas, una mujer que los atiende y cuerpos amortajados
Enfermos de viruelas cubiertos de pústulas, atendidos por una mujer, y cuerpos amortajados. Códice Florentino, Libro XII, fo. 53v. Biblioteca del Congreso de EE. UU., World Digital Library.

En la «Relacion del Autor», Sahagún escribe lo que vio en las epidemias que siguieron a la invasión:

«la causa, que yo he visto con mis ojos, es que en la pestilencia de ahora ha treinta años, por no haber quien supiese sangrar ni administrar las medicinas como conviene, murieron los mas que murieron, y de hambre; y en esta pestilencia presente acontece lo mismo, y en todas las que se ofrecieren será lo mismo hasta que se acaben; y si se hubiera tenido atencion y advertencia á que estos Indios hubiesen sido instruidos en la gramatica, lógica, filosofia natural y medicina, pudieran haber socorrido á muchos de los que han muerto»

Sahagún, Historia general, Libro X, cap. XXVII, «Relacion del Autor».

En esos mismos años, Felipe II envió a Nueva España a su protomédico Francisco Hernández (1570–1577). Según Dumbarton Oaks, su expedición contó con médicos, botánicos y artistas indígenas; en 1574 se instaló en el Hospital Real de San José de los Naturales de la Ciudad de México, donde recetó plantas medicinales nahuas a los pacientes del hospital y plantó un jardín médico. Allí vio también la epidemia de 1576. La Facultad de Medicina de la UNAM señala que Hernández fue «ayudado e instruido en diferentes momentos durante cuatro años por veinte médicos indígenas».

Fuentes

Fuentes del texto de Sahagún: Historia general de las cosas de Nueva España, texto castellano de la edición de Carlos María de Bustamante (México, 1829–1830) reproducido en Lord Kingsborough, Antiquities of Mexico, vol. VII (Londres, 1830), según la transcripción publicada en amatl. Ortografía original.

Nahuatl Dictionary (Wired Humanities, Universidad de Oregón), «ticitl», que cita a Anderson y Dibble, Florentine Codex, Libro X (1961), p. 30, y a Molina, Vocabulario (1571), f. 113r.

Temoa (UNAM-IIB), Códice Florentino, Libro X, f. 20r (texto náhuatl).

INAH, Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, «Códice De la Cruz-Badiano»; INAH, Códices de México, ficha Cruz/Badiano; INAH, Mediateca, «Códice Badiano».

Dumbarton Oaks, «La expedición de Francisco Hernández».

UNAM, Facultad de Medicina, La Materia Medicinal de la Nueva España de Francisco Hernández.

Imágenes: Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España (Códice Florentino), Biblioteca Medicea Laurenziana, Med. Palat. 218–220; Biblioteca del Congreso de EE. UU., World Digital Library. Libre de restricciones conocidas según la Biblioteca del Congreso.

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