
Comentario
Comentario de Orlando Santos · 21 de octubre de 2026
El sistema educativo de los mexicas fue uno de los más organizados de su época. Lo distinguen dos rasgos: tenía instituciones propias, con casas, maestros y reglas, y nadie quedaba fuera de él. Cada niño, noble o macehual, varón o mujer, era prometido por sus padres a una casa de crianza. Es un hecho único para su tiempo, y hoy casi ignorado.
En Europa la escuela era cosa de clérigos y de élites; en China, de varones que se preparaban para los exámenes. En el Anáhuac, en cambio, los cronistas describen casas de mancebos en cada barrio y una casa de canto a la que mozos y mozas tenían que acudir cada tarde. Un Estado tan organizado como el de la Triple Alianza necesitaba sacerdotes, jueces, guerreros, oradores y escribanos, y los formaba desde niños.
Hoy recordamos a los mexicas a través del prisma de la Invasión, y sus logros pasan casi inadvertidos. Gracias a Sahagún, y también a Durán, la civilización indígena que floreció en el Anáhuac, fruto de su propio desarrollo, conserva memoria de sí misma como cuna de una creación independiente. Esta glosa deja hablar a esos cronistas con sus propias palabras.
The suggestion that education was open to all Mexica and mandatory in the Triple Alliance is supported by several lines of evidence. Unique in the world at its time, it is today a fact that is virtually ignored.
Las instituciones, en resumen
Las fuentes describen cuatro ámbitos de crianza y enseñanza. Los nombres son los de Sahagún y Durán; la grafía moderna va entre paréntesis.
Calmecac (calmécac)
Casa de penitencia ligada al templo, donde se criaban los futuros sacerdotes y, según Sahagún, también «los que rigen que son señores, senadores y gente noble». Allí se aprendían los cantos divinos escritos en los libros, la cuenta de los años, la interpretación de los sueños y el buen hablar.
Telpuchcalli (telpochcalli)
«Casa de mancebos». En cada barrio había varias. Los jóvenes barrían, cargaban leña, trabajaban en obras comunes, cantaban y bailaban cada noche y se preparaban para la guerra. Durán dice que en ella había «hijos de principales como de gente baja».
Las niñas
Las niñas también eran prometidas: al templo, con las religiosas del calmécac, o al telpuchpan, al cuidado de una mujer que tenía cargo de las demás. Se ha sugerido llamar ichpochcalli («casa de doncellas») a esta institución; el nombre no aparece en las ediciones que consultamos.
Cuicacalli
«Casa de canto». Junto a los templos, maestros enseñaban «á cantar y bailar y á tañer á mozos y mozas», y faltar tenía pena.
Four settings of upbringing appear in the sources: the calmecac (priests and rulers), the telpochcalli (house of youths, in every ward), the girls’ service in the temple or the telpochpan, and the cuicacalli (house of song).
Sahagún: el voto de los padres (Libro VI, cap. XXXIX)
Fray Bernardino de Sahagún (Sahagún, León, c. 1499 – México, 1590) llegó a la Nueva España en 1529, ocho años después de la caída de Tenochtitlan, y dedicó su vida a documentar la cultura nahua con informantes que habían vivido antes de la Invasión. Su Historia general de las cosas de Nueva España, cuyo manuscrito bilingüe más completo es el llamado Códice Florentino, es nuestra fuente principal sobre la educación en la Triple Alianza.
El capítulo XXXIX del Libro VI describe la elección que hacían los padres, y desde el título deja ver que la práctica era general: casas de religión, «que en cada pueblo habia dos». Citamos el texto completo de la primera edición, la de Carlos María de Bustamante (México, 1829), cotejado palabra por palabra con las páginas impresas.
De como los padres y madres, deseando que sus hijos, é hijas viviesen, prometian de los meter en la casa de religion, que en cada pueblo habia dos, una mas estrecha que otra, así para hombres, como para mugeres, donde los metian en llegandó á edad convenible.
Despues que el niño se iba criando, los padres que tenian deseo de que viviese; para que su vida se conservase, prometíanlo al templo donde se servian los dioses, y esto á la voluntad de los padres, ó los prometian de meter en la casa que se llamaba Calmecac, ó en la otra que se llamaba Telpuchcalli; si le prometian á la casa Calmecac, era para que hiciese penitencia, sirviese á los dioses, viviese en limpieza, en humildad y castidad, y para que del todo se guardase de los vicios carnales. Si era muger era servidora del templo que se llamaba Cioatlamacazque, y habia de ser sugeta á las que regian esta religion, y vivir en castidad, guardarse de todo deleite carnal, y vivir con las virgenes religiosas que se llamaban las hermanas, que moraban en el monasterio dicho Calmecac, donde vivian encerradas: cuando el niño ó niña era prometido de meterle en el monasterio, los padres hacian fiesta á los parientes, y dábanlos de comer y beber. Si el padre y la madre querian meterlo en el monasterio que llamaban Telpuchcali, embiaban á llamar al que allí era mayor que le llamaban Telpuchtlatoque, comian y bebian, y daban dones como maxtles, mantas y flores por via de amistad. El principal de aquella religion despues de haber comido, bebido y recibido dichos dones, tomaba en brazos á la criatura hembra ó varon en señal que ya era su súbdito todo el tiempo que estuviese por casar, y de que ya era de aquella religion, ó manera de vivir: ahugerábanle el bezo de abajo, y allí le ponian una piedra preciosa por barbote, y la niña que ya estaba prometida al Telpuchpan, entregábanla á la muger que tenia cargo de las otras. Cuando ya era grandecilla, habia de aprender á cantar y danzar, para que allí sirviese al dios que se llama Moyucoya, Tezcatlipuca, y Yautli; y aunque era de esta religion la mozuela, estaba con sus padres y madres. Si era de la religion del Calmecac, metíanla en el monasterio de este nombre para que estuviese allí hasta que se casase sirviendo á Tezcatlipuca. A su entrada daban comida á las religiosas mas antiguas de aquella casa, las cuales se llamaban quaquacuiltin, que quiere decir mugeres que tenian los cabellos cortados de cierta manera. Estas tomaban la niña, ó mosuela, y hacíanlo saber al ministro del templo que se llamaba Quetzalcoatl: este nunca salia del templo, ni entraba en casa ninguna, porque era muy venerable y muy grave y estimado como dios: solamente entraba en la casa real. Sabedor éste de que la mosuela entraba en aquella religion, luego la llevaban al monasterio donde la habian prometido: conducíanla por la mano, y en brazos, y presentábanla al dicho dios Quetzalcoatl, al cual servian las de esta órden, y decian de esta manera cuando se la ofrecian. „¡Oh señor humanísimo amparador de todos! aquí están estas siervas, que os traen una nueva sierva vuestra la cual prometen y ofrecen su padre y madre para que os sirva; bien conoceis á la pobrecita que es vuestra: tened por bien de recibidla, para que algunos dias barra y atavie vuestra casa de penitencia y lloro, donde las hijas de los nobles meten la mano en vuestras riquezas, orando y llamandoos con lágrimas y con gran devocion, y donde con oraciones demandan vuestras palabras y vuestra virtud. Tened por bien señor de hacerla merced y de recibirla, ponedla señor en la compañia, y número de las mugeres virgenes que se llaman Tlamacazqui, que hacen penitencia, y sirven en el templo, y traen cortados los cabellos. ¡Oh señor humanísimo, y amparador de todos! tened por bien de hacer con ella aquello que sea vuestra santa voluntad, hacíendola las mercedes que vos sabeis que la convienen.” Dicho esto, si la mosuela era grandecilla, sajábanla las costillas y el pecho en señal de que era religiosa, y si era aun pequeña echábanle un sartal al cuello, que se llama yacualli. Y la niña hasta tanto que llegaba á la edad convenible para entrar en el monasterio, traía aquel sartal en señal del voto que habia de cumplir. Todo este tiempo estaba en la casa de sus padres; pero de que llegaba á la edad para entrar en el monasterio, metíanla en aquella religion del Calmecac, [ó casa de penitencia:] y tambien la mosuela en siendo de edad, la ponian entre las religiosas de esta misma religion.
Sahagún, Historia general, ed. Bustamante, t. II (1829), Libro VI, cap. XXXIX, pp. 223–225. Ortografía de la edición.
Sahagún sugiere la universalidad de la práctica con una frase breve: en cada pueblo había dos casas. Los nombres de los cargos también enseñan. El telpochtlato era el «que habla a los mancebos», el que los regía; las cuacuacuiltin, las religiosas mayores de cabello cortado; y el «Quetzalcoatl» que aquí aparece es el título del sumo sacerdote, no el dios.
Los nombres divinos del capítulo, Moyocoyani, Tezcatlipoca y Yáotl, nombran a un solo dios. Moyocoyani, «el que se inventa a sí mismo», y Yáotl, «el enemigo», son títulos de Tezcatlipoca, patrono del telpochcalli. El propio Sahagún lo dice en el Libro III, cuando los padres entregan al niño a la casa de mancebos:
«ofrecemosle al Señor Dios todo poderoso Yaotl, por otro nombre Titlacaoan ó Tezcatlipuca»
Sahagún, Historia universal, ed. Kingsborough, vol. VII (1830), Libro III, apéndice, cap. IV, p. 118
“we offer him to the almighty Lord God Yaotl, also called Titlacahuan or Tezcatlipoca”
Sobre la edición: el texto castellano que circula en internet con la grafía «telpuchtlato», «ichpuchtiáchcauh» y «tlamacazque y tlamaceuhque» procede de la edición moderna de Alfredo López Austin y Josefina García Quintana, que no es de dominio público. Aquí usamos la de Bustamante (1829). Las dos difieren en algunos nombres: Bustamante no trae «ichpuchtiáchcauh» y escribe «Moyucoya» y «Yautli».
Book VI, chapter 39, tells how parents pledged each child, boy or girl, to the calmecac or the telpochcalli, “of which there were two in every town”. Orlando Santos’s full English translation is in the appendix.
El calmécac
El capítulo siguiente del Libro VI reproduce lo que los padres decían al niño al dejarlo en el calmécac. Es una de las fuentes más claras sobre para qué servía la casa: de ella salían los gobernantes.
«Ahora vas á aquel lugar á que te ofrecieron tu padre madre, que se llama Calmecac, casa de lloro y tristeza, donde los que allí se crian son labrados y ahugerados, como piedras preciosas, y brotan y florecen como rosas. [...] En aquel lugar se crian los que rigen que son señores, senadores y gente noble, que tiene cargo de los pueblos: de allí salen los que poseen ahora los estrados, y sillas de la república»
Sahagún, Historia general, ed. Bustamante, t. II (1829), Libro VI, cap. XL
“Now you go to the place called Calmecac, house of weeping and sorrow, where those raised there are carved and pierced like precious stones [...] There are raised those who govern: lords, senators and nobles who have charge of the towns.”
«y tambien hijo mio has de tener mucho cuidado de entender los libros de nuestro señor: allégate á los sábios y hábiles, y de buen ingenio.»
Sahagún, Historia general, ed. Bustamante, t. II (1829), Libro VI, cap. XL
“and also, my son, you must take great care to understand the books of our lord: draw near to the wise, the skilled and the clever.”
El apéndice del Libro III enumera quince costumbres de la casa. Las primeras son de trabajo y penitencia: dormir allí, barrir a las cuatro de la mañana, cortar púas de maguey, traer leña. La decimocuarta es el currículo:
«La decimoquarta era, que les enseñaban todos los versos de canto para cantar, que se llamaban divinos cantos, los quales versos estaban escritos en sus libros por caracteres; y mas les enseñaban la astrologia Indiana y las interpretaciones de los sueños y la cuenta de los años.»
Sahagún, Historia universal, ed. Kingsborough, vol. VII (1830), Libro III, apéndice, cap. VIII, p. 122
“The fourteenth was that they taught them all the verses of song, called divine songs, which were written in their books in characters; and they taught them Indian astrology, the interpretation of dreams, and the count of the years.”
Los libros de esa cuenta eran manuscritos como el Códice Borgia, un almanaque adivinatorio. Se ha sugerido que libros así se estudiaban en el calmécac, pero ningún cronista nombra un códice concreto como libro de escuela.
The calmecac taught the divine songs “written in their books in characters”, astrology, dream interpretation and the count of the years.
El telpochcalli
El telpochcalli era la casa de los mancebos. Sahagún cuenta cómo se subía de grado en grado, y cuántas casas había:
«y si estaba yá bien criado y sabia las buenas costumbres y ejercicios á que estaba obligado, elegianle para maestro de los mancebos que se llama Tiachcauch; y si era yá hombre valiente y diestro, elegianle para regir á todos los mancebos y para castigarlos, y entonces se llamaba Telpuchtlato [...] De esta manera ivan subiendo de grado en grado los mancebos que alli se criaban, y eran muy muchos los que se criaban en las casas de Telpuchcalli, porque cada Perrocha tenia quince ó diez casas de Telpuchcalli»
Sahagún, Historia universal, ed. Kingsborough, vol. VII (1830), Libro III, apéndice, cap. V, pp. 119–120
“if he was well raised he was made master of youths, called tiachcauh; if he was a brave man he was chosen to rule all the youths and punish them, and was then called telpochtlato [...] there were very many, for each parish had fifteen or ten telpochcalli houses.”
«y dormian todos juntos cada uno apartado del otro, en cada casa de Telpuchcalli, y castigaban al que no iva á dormir en estas casas, y comian en sus casas propias.»
Sahagún, Historia universal, ed. Kingsborough, vol. VII (1830), Libro III, apéndice, cap. V, p. 120
“they all slept together, each apart from the other, in each telpochcalli, and punished whoever did not come to sleep there; they ate in their own homes.”
La edad la da el Códice Mendoza. En la glosa del fol. 60v, que explica la lámina siguiente, el padre lleva a sus hijos a una de las dos casas, «los quales mancebos abian de ser de edad de quinze años» (lectura nuestra del manuscrito, por cotejar). Sahagún coincide: «llegando á los quince años» el muchacho empezaba a cargar leña y rodelas en el monte.
Fray Diego Durán, dominico criado en la Ciudad de México, describe la misma casa y subraya que en ella convivían todas las clases:
«alli los enseñauan a cantar a dançar y a otras mill sotileças. Tambien los yndustriaban (sic) exercicios de guerra a tirar una flecha apunteria a tirar una fisga o baras tostadas con amientos a mandar bien una rodela y espada haciendolos dormir mal y comer peor para que desde niños supiesen de trauajos y no se criasen con regalo. En esta casa hauia muchos de todo genero de perssonas asi hijos de principales como de gente baja»
Durán, Historia de las Indias, ed. Ramírez, t. II (1880), Libro de los ritos, cap. LXXXIII, p. 108
“there they taught them to sing, dance and a thousand subtleties, and also the exercises of war [...] making them sleep badly and eat worse so that from childhood they would know hardship. In this house there were all kinds of people, sons of lords as well as common folk.”



Las niñas
Las niñas no quedaban fuera. El capítulo XXXIX las incluye en cada paso: eran prometidas como los varones, al calmécac o al telpochcalli, y en el telpochpan aprendían «á cantar y danzar». Las del calmécac vivían encerradas con las religiosas hasta casarse. La enseñanza era universal, aunque distinta para cada sexo.
En casa, la enseñanza era de la madre y el padre. En el Libro VI, el señor dice a su hija:
«Hecho esto comienza luego á hacer lo que es de tu oficio, á hacer cacao, ó moler el maíz, ó á hilar ó á teger: mira que aprendas muy bien como se hace la comida y bebida para que sea bien hecha»
Sahagún, Historia general, ed. Bustamante, t. II (1829), Libro VI, cap. XVIII
“Then begin at once your own work: making cacao, grinding maize, spinning or weaving; learn well how food and drink are made, so they are well made.”
Se ha sugerido que algunas jóvenes nobles estudiaban también poesía y música sagrada; no encontramos un pasaje que lo diga.
El cuicacalli, la casa de canto
La prueba más clara de que la enseñanza era obligatoria está en Durán, y se refiere a la casa de canto. Durán empieza defendiendo a los indígenas de quienes los llamaban «irracionales», y luego describe la institución:
«en todas las ciudades había junto á los templos unas casas grandes donde residían maestros que enseñaban á bailar y á cantar á las cuales casas llamaban cuicacally que quiere decir casa de canto donde no había otro ejercicio sino enseñar á cantar y bailar y á tañer á mozos y mozas y era tan cierto el acudir ellos y ellas á estas escuelas y guardábanlo tan estrechamente que tenían el hacer falla como cosa de climen lexen magestatis pues había penas señaladas para los que no acudían»
Durán, Historia de las Indias, ed. Ramírez, t. II (1880), Libro de los ritos, cap. XCIX, p. 227
“in every city there were, next to the temples, large houses where masters taught dancing and singing, called cuicacalli, house of song [...] attendance by young men and women was so strictly kept that they held absence as a crime of lèse-majesté, for there were set penalties for those who did not come.”
Las penas eran para los jóvenes que faltaban; Durán no habla de castigar a los padres. Y nadie llegaba solo: en cada barrio había viejos y viejas encargados de recoger a los mozos y a las mozas, «muchas de á catorce de á doce años poco mas ó menos»:
«había hombres ancianos diputados y electos para solo aquel oficio en todo los barrios á los cuales llamaban teaanque que quiere decir hombres que andan á traer mozos. Para recoger las mozas había indias viejas señaladas por todos los barrios»
Durán, Historia de las Indias, ed. Ramírez, t. II (1880), cap. XCIX, p. 227
Durán sitúa la casa de canto de México «donde agora son los portales de los mercaderes junto á la serca grande de los templos». Sahagún coincide en lo esencial: los mancebos del telpochcalli iban a bailar «á la casa que se llamaba Cuicacalco cada noche». Y el Códice Mendoza (fol. 61r) rotula «cuicacali» la casa adonde el padre lleva al joven de quince años.
Los instrumentos, el teponaztli y el huéhuetl, aparecen en todos los cronistas. Durán dice que al teponaztli lo honraban «como á Dios». El poeta y gobernante Nezahualcóyotl de Texcoco es la mejor prueba de que la palabra cantada formaba también a los señores.
La guerra y las órdenes guerreras
Del telpochcalli se salía a la guerra. Durán cuenta que a los muchachos con «ánimos y brio» los mandaban al campo cargando bastimentos, «para que perdiese el miedo», y que muchos volvían «por capitán y con insignias de balerosso». Sahagún da la escala de cargos: el que había capturado cuatro enemigos podía ser nombrado tlacatécatl, tlacochcálcatl o cuauhtlato, «los quales regian y gobernaban el pueblo».
El ascenso dependía de los cautivos. Los guerreros águila (cuauhtli) y jaguar (océlotl), los otontin y los cuachicqueh, «los rapados», formaban las órdenes de mayor prestigio. El Códice Mendoza (fols. 64r–65r) muestra los trajes y divisas que correspondían a uno, dos, tres o más cautivos. Así un macehual podía ascender por mérito militar. El famoso voto de los cuachicqueh de no retroceder en batalla viene de estudios modernos; no lo encontramos en las crónicas que citamos.

La palabra de los viejos
Los cronistas coinciden en un punto: la educación mexica giraba en torno a la palabra. Los huehuetlahtolli, la «palabra antigua» de padres y viejos, ocupan casi todo el Libro VI de Sahagún. Un padre a su hijo:
«Hijo mio muy amado: nota bien las palabras que quiero decir, y ponlas en tu corazon, porque las dejaron nuestros antepasados viejos y viejas, sábios y avisados que vivieron en este mundo.»
Sahagún, Historia general, ed. Bustamante, t. II (1829), Libro VI, cap. XXI
“My beloved son: mark well the words I wish to say and put them in your heart, for they were left by our ancestors, the wise old men and women who lived in this world.”
Esa memoria, recogida por Sahagún de boca de quienes la habían vivido, es la que nos permite hoy hablar de una educación para todos en el Anáhuac precolonial.
Lo que no pudimos confirmar
Para que esta glosa se sostenga, dejamos fuera o reformulamos varias afirmaciones de la versión anterior:
- Las citas en inglés del «Códice Florentino» con números de página (pp. 37, 40, 43, 65, 66 y 193) no aparecen en ninguna edición que conozcamos. Las sustituimos por pasajes reales de Sahagún.
- El Códice Mendoza no registra penas para los padres. Lo que muestra (fols. 58r–60r) son los castigos que los padres daban a los hijos. Tampoco muestra una escolaridad desde los ocho años: el ingreso que pinta es a los quince.
- Las edades de «8 a 15 años» no están en Sahagún. Durán da «de á catorce de á doce años» para el cuicacalli; el Mendoza y Sahagún, quince años para el telpochcalli.
- Las penas que menciona Durán son para los jóvenes que no acudían al cuicacalli, no para los padres.
- No encontramos en el Mendoza niños aprendiendo música.
- Se ha sugerido que se han identificado restos de escuelas en Tenochtitlan y Texcoco. El INAH ha publicado hallazgos que atribuye al calmécac de Tenochtitlan, pero falta citar la fuente; no conocemos un cuicacalli identificado arqueológicamente.
Apéndice: Book VI, chapter 39 (English)
Traducción al inglés de Orlando Santos del capítulo XXXIX del Libro VI. Se hizo sobre una edición moderna, por lo que algunos nombres difieren de la de Bustamante citada arriba (por ejemplo ichpuchtiáchcauh, tlamacazque and tlamaceuhque).
How fathers and mothers, wishing their sons and daughters to live, promised to place them in a religious house—of which there were two in each town, one stricter than the other, for both men and women—where they would be placed once they reached a suitable age.
As the child grew, parents who desired their survival would pledge them to the temple where the gods were served. This was done at the parents’ discretion, promising to place them either in the house called calmécac or in the one called telpochcalli. If they pledged the child to the calmécac, it was so that they might serve the gods, perform penance, live in purity, humility, and chastity, and completely abstain from carnal vices. If the child was a girl, she would become a temple servant called cihuatlamacazqui; she was to be subject to those who governed this religious order and was to live in chastity, avoiding all carnal pleasure, dwelling among the religious virgins called "the sisters," who lived enclosed in the monastery known as the calmécac.
When a boy or girl was promised to the monastery, the parents would hold a feast for their relatives, offering them food and drink. If the father and mother wished to place their child in the monastery called telpochcalli, they would summon the elder in charge, known as the telpuchtlato. They would eat, drink, and give gifts—loincloths, blankets, and flowers—as a gesture of goodwill. The leader of that religious order, called the telpochcalli, after eating, drinking, and receiving gifts, would take the child—male or female—into his arms as a sign that the child was now under his authority until marriage and that they now belonged to that religious order or way of life called telpochcalli. They would pierce the child’s lower lip and insert a precious stone as a labret.
If a girl was pledged to the telpochpan, she was handed over to the woman in charge of the others, called the ichpuchtláchcauh, meaning "the leader of the maidens." As she grew older, she was to learn to sing and dance so she could serve the gods named Moyucoca, Tezcatlipoca, and Yáutl. Although the girl belonged to this religious order, she remained with her parents. But if she was of the calmécac order, she was placed in that monastery to remain there until marriage, serving Tezcatlipoca.
When she was admitted, they would offer food to the elder nuns of that house, called cuacuacuiltin, meaning "those with their hair cut in a certain way." These women would take the girl and inform the temple minister, called Quetzalcóatl, who never left the temple nor entered any house, as he was highly revered, dignified, and esteemed as a god; he only entered the royal house. Once he was informed of the girl’s admission to the order, they would take her to the monastery where she had been pledged. They would lead her by the hand or carry her in their arms and present her to the god Quetzalcóatl, whom this order served, saying the following when offering her:
"Oh, our most merciful lord, protector of all! Here are your servants, bringing you a new servant, whom her father and mother have promised and offered to your service. You know well this poor little one, for she is yours. Deign to receive her so that for some days she may sweep, clean, and adorn your house—a house of penance and weeping, where the daughters of nobles lay hands on your riches, praying and calling upon you with tears and great devotion, where with prayers they seek your words and your virtue. Deign, O lord, to grant her favor and receive her. Place her, lord, in the company and number of the virgin women called tlamacazque and tlamaceuhque, who perform penance and serve in the temple, their hair cut short. Oh, most merciful lord and protector of all! Deign to do with her as is your holy will, granting her the mercies you know she requires."
After this, if the girl was older, they would make small cuts on her ribs and chest as a sign of her religious commitment. If she was still young, they would place a necklace called yacualli around her neck. The girl would wear this necklace—a symbol of the vow she was to fulfill—until she reached the appropriate age to enter the monastery. Until then, she remained in her parents’ house. Once she came of age, she was placed in the calmécac, the house of penance. Likewise, when a maiden reached the proper age, she was placed among the nuns of this calmécac order.
Translation: Orlando Santos.
Fuentes
Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España, ed. Carlos María de Bustamante, t. II (México, Imprenta de Alejandro Valdés, 1829), Libro VI, caps. XVIII, XXI, XXXIX y XL. Dominio público. El cap. XXXIX, cotejado con las pp. 223–225 de la edición impresa.
Bernardino de Sahagún, Historia universal de las cosas de Nueva España, en Lord Kingsborough, Antiquities of Mexico, vol. VII (Londres, 1830), Libro III, apéndice, caps. IV, V y VIII, pp. 118–122. Dominio público.
Diego Durán, Historia de las Indias de Nueva España y islas de Tierra Firme, ed. José Fernando Ramírez, t. II (México, Imprenta de Ignacio Escalante, 1880), caps. LXXXIII y XCIX. Dominio público.
Códice Mendoza (c. 1541), Oxford, Bodleian Library, MS. Arch. Selden. A. 1, fols. 58r–61r y 64r–65r.
Imágenes: Códice Mendoza, fols. 58r, 59r, 60r, 61r y 64r, dominio público, vía Wikimedia Commons.
Traducción del apéndice: Orlando Santos. Otras traducciones: Grok Bot (IA), revisadas por Orlando Santos.
