Diego de Landa: el fuego y la llave
Comentario de Orlando Santos · 12 de octubre de 2026
Glosas
Diego de Landa: el fuego y la llave
Breve biografía
Diego de Landa Calderón (1524–1579) nació en Cifuentes, Guadalajara. Entró en la orden franciscana en 1541 y en 1549 llegó a Yucatán, entre los primeros franciscanos de la provincia. Su primer destino fue la misión de San Antonio, en Izamal. Tras el proceso de Maní fue enviado a España por el obispo Toral para responder de una Inquisición ilegal; una junta lo absolvió en 1569, y a la muerte de Toral, en 1571, Felipe II lo nombró segundo obispo de Yucatán.
A Franciscan friar in Yucatán from 1549, later its second bishop.
Contexto del documento
Landa escribió la Relación de las cosas de Yucatán hacia 1566, de vuelta en España. El original se perdió: conocemos un resumen, copiado varias veces, cuya versión conservada es de hacia 1660. Olvidado más de dos siglos, el manuscrito lo publicó Brasseur de Bourbourg en una edición bilingüe francés-español; el texto que ofrecemos sigue esa edición.
Es un libro de todo: la costa y las estaciones, la conquista, las casas, la comida, los casamientos, los dioses, el calendario, la escritura y los edificios de Izamal, Mérida y Chichén Itzá.
Written c. 1566; known from an abridged copy of c. 1660, published by Brasseur de Bourbourg.
Observaciones clave
1. El auto de fe de Maní
El 12 de julio de 1562, en Maní, Landa presidió un auto de fe. Se quemaron libros mayas —27, según el propio Landa— y unas cinco mil imágenes de culto. Hoy sobreviven solo tres códices mayas y fragmentos de un cuarto.
2. El mismo hombre, el mejor testigo
El mayista William Gates escribió que el noventa y nueve por ciento de lo que sabemos de los mayas lo sabemos por Landa, y que Landa quemó noventa y nueve veces más saber del que nos dejó. Las dos frases son ciertas a la vez.
3. Una llave mal entendida
Landa pidió a dos informantes mayas, letrados, que escribieran el signo de cada letra del alfabeto español. Lo copió con fidelidad, aunque no entendía sus repeticiones. Durante siglos ese «alfabeto» pareció un fracaso. En los años cincuenta del siglo XX, el lingüista soviético Yuri Knorozov mostró que no era un alfabeto sino un silabario, y con él empezó la lectura moderna de la escritura maya.
The Maní auto de fe (1562); Gates’s “ninety-nine percent”; Knorozov and the syllabary.
El fuego y la llave
Este sitio trata del papel y de los libros: del amatl, de los códices, de la escritura y la educación en Mesoamérica antes de Cortés. Landa nos obliga a mirar ambas caras. Quemó los libros que no podía leer, y en el mismo libro donde lo cuenta dejó copiadas las letras con que, cuatro siglos después, aprendimos a leer los que se salvaron.
Guillermo Bonfil Batalla habló de un México profundo: la civilización mesoamericana que sigue viva bajo el México imaginario. La Relación es un ejemplo extraño de esa idea: un inquisidor que, sin quererlo, guardó la voz de los que quería callar.
The man who burned the books also preserved the key to reading them.
Cita clave
“Hallámosles grande número de libros de estas sus letras, y porque no tenían cosa en que no hubiese superstición y falsedades del demonio se les quemamos todos, lo cual a maravilla sentían, y les daba pena.”
“We found a large number of books in these characters and, as they contained nothing in which were not to be seen as superstition and lies of the devil, we burned them all, which they regretted to an amazing degree, and which caused them much affliction.”
Pocas líneas después, Landa escribe: «De sus letras pondré aquí un a, b, c». Ahí está la llave.
A continuación se reproduce la obra citada.
A continuación, el texto completo de la Relación de las cosas de Yucatán de fray Diego de Landa (sin los capítulos XXXIX y XL, omitidos intencionalmente).
Texto completo: Relación de las cosas de Yucatán
- § I. Descripción de Yucatán. Estaciones varias.
- § II. Origen del nombre de esta provincia. Situación de ella.
- § III. Gerónimo de Aguilar. Su cautiverio entre los Indios de Yucatán. Navegan Hernández de Córdoba y Grijalva a Yucatán.
- § IV. Navegación de Cortés a Cuzmil. Escribe a Aguilar.
- § V. Provincias de Yucatán. Sus edificios antiguos más principales.
- § VI. De Cuculcán y de la edificación de Mayapán.
- § VII. Gobierno político. Sacerdotes, ciencias y libros de Yucatán.
- § VIII. Llegada de los Tutuxivis y alianza que hicieron con los señores de Mayapán. Tiranía de Cocom, ruina de su poder y de la ciudad de Mayapán.
- § IX. Monumento cronológico de Mayapán. Establecimiento del reino de Zututa. Origen de los Cheles. Los tres reinos principales de Yucatán.
- § X. Varias calamidades experimentadas en Yucatán en el siglo anterior a la conquista, huracán, pestilencias, guerras, etc.
- § XI. Profecías de la llegada de los españoles. Historia de Francisco de Montejo, primer Adelantado de Yucatán.
- § XII. Montejo navega a Yucatán y toma posesión de la tierra. Los Cheles le conceden el asiento de Chichén Itzá. Los indios le obligan a que lo deje.
- § XIII. Montejo deja a Yucatán con toda su gente y vuelve a México. Su hijo Francisco de Montejo pacifica después a Yucatán.
- § XIV. Estado de Yucatán después de la salida de los españoles. Don Francisco hijo del Adelantado Montejo restablece el gobierno español en Yucatán.
- § XV. Crueldades de los españoles en los naturales. Cómo se disculparon.
- § XVI. Modo de los pueblos de Yucatán. Cédula real en favor de los indios. Muere el Adelantado; sus descendientes por su hijo don Francisco de Montejo.
- § XVII. Los frailes Franciscanos vienen a Yucatán. Toman la defensa de los naturales. Odio de los españoles contra ellos.
- § XVIII. Vicios de los indios. De cómo los frailes les enseñaron. Enseñanza de la lengua y letras. Castigo de algunos apóstatas.
- § XIX. Llegada del obispo Toral: suelta a los indios presos. El provincial de San Francisco va a España para justificarse.
- § XX. Manera de las casas en Yucatán. Obediencia y respeto de los indios a sus señores. Modo de ornar sus cabezas y de llevar sus vestidos.
- § XXI. Mantenimientos y comidas de los indios de Yucatán.
- § XXII. Cómo estos indios se labraban el cuerpo. Sus borracheras, vino, banquetes. Farsantes, música y bailes.
- § XXIII. Comercio y moneda. Agricultura y semillas. Justicia y hospitalidad.
- § XXIV. Modo de contar de los yucataneses. Nombres. Heredades y tutela de los huérfanos. Sucesión de los señores.
- § XXV. Repudiación frecuente entre los yucataneses. Sus casamientos.
- § XXVI. Modo de bautismo en Yucatán. Cómo lo celebraban.
- § XXVII. Confesión entre los yucataneses. Abstinencias y supersticiones. Variedad de ídolos. Oficios de los sacerdotes.
- § XXVIII. Sacrificios crueles y sucios de los yucataneses. Víctimas humanas matadas a flechazas y otros.
- § XXIX. Armas de los yucataneses. Dos capitanes, uno hereditario, otro electivo. Abstinencia de este. Milicia y soldada, guerra, etc.
- § XXX. Castigo de los adúlteros, homicidas y ladrones. Educación de los mancebos. Uso de llanar la cabeza a los niños.
- § XXXI. Modo de vestir y de adornarse entre las indias de Yucatán.
- § XXXII. Castidad de las mujeres y su educación. Sus grandes calidades, su economía, etc. Su devoción y sus partos.
- § XXXIII. Duelo para los muertos en Yucatán. Entierro de los sacerdotes. Estatuas con las cenizas de los señores. Reverencia para ellas. Su gloria e infierno.
- § XXXIV. Cuenta del año yucateco. Caracteres de los días. Agüeros de los años. Los cuatro Bacabes y sus nombres. Dioses de los días aciagos.
- § XXXV. Fiestas de los días aciagos. Sacrificios del principio del año nuevo en la letra de Kan.
- § XXXVI. Sacrificios del año nuevo de la letra Muluc. Bailes de los Zancos. Otro de las viejas con perros de barro.
- § XXXVII. Sacrificios del año nuevo de la letra Yx. Pronósticos malos y modo de remediar sus efectos.
- § XXXVIII. Sacrificios del año nuevo en la letra Cauac. Pronósticos malos y su remedio en el baile del fuego.
- § XLI. Ahau Katun o siglo de los Mayas. Escritura de ellos.
- § XLII. Multitud de los edificios de Yucatán. Los de Izamal, de Mérida y de Chichén Itzá.
§ I. Descripción de Yucatán. Estaciones varias.
Que Yucatán no es isla, ni punta que entra en la mar, como algunos pensaron sino tierra firme, y que se engañaron por la punta de Cotoch que hace la mar entrando la baya de la Ascensión hacia el golfo Dulce y por la punta que por esta otra parte hacia México hace la Desconocida antes de llegar a Campeche, o por el extendimiento de las lagunas que hace la mar entrando por Puerto Real y Dos Bocas.
Que es tierra muy llana y limpia de hierbas, y que por esto no se descubre desde los navíos hasta muy cerca, salvo entre Campeche y Champotón donde descubren unas serrezuelas1 y un morro de ellas que llaman de los Diablos.
Que viniendo de la Vera Cruz por parte de la punta de Cotoch, está en menos de XX grados y por la boca de Puerto Real en más de veinte y tres y que tiene de un cabo de estos al otro bien ciento y treinta leguas de largo camino derecho. Que su costa es baja y por esto los navíos grandes van algo apartados de tierra.
Que la costa es muy sucia de peñas y pizarrales2 ásperos que gastan mucho los cables de los navíos, y que tiene mucha lama3 por lo cual aunque los navíos den en la costa se pierde poca gente.
Que es tan grande la menguante de la mar especial en la baya de Campeche, que muchas veces queda media legua en seco por algunas partes. Que con estas grandes menguantes se quedan en las ovas4 y lamas y charcos muchos pescados pequeños de que se mantiene mucha gente.
Que atraviesa a Yucatán una sierra pequeña de esquina a esquina y comienza cerca de Champotón y procede hasta la villa de Salamanca que es el cornijal5 contrario al de Champotón. Que esta sierra divide a Yucatán en dos partes, y que la parte de mediodía hacia Lacandon y Taiza, está despoblada por falta de agua, que no la hay sino cuando llueve. La otra que es al norte está poblada.
Que esta tierra es muy caliente, y el sol quema mucho, aunque no faltan aires frescos como Brisa o Solano que allí reina mucho, y las tardes la virazón6 de la mar. Que en esta tierra vive mucho la gente, y que se ha hallado hombre de ciento y cuarenta años.
Que comienza el invierno desde San Francisco, y dura hasta fin de marzo, porque en este tiempo corren los nortes, y causan catarros recios y calenturas por estar la gente mal vestida. Que por fin de enero y febrero hay un veranillo de recios soles, y no llueve en este tiempo sino a las entradas de las lunas. Que las aguas comienzan desde abril hasta fin de setiembre, y que en este tiempo siembran todas sus cosas, y viene a maduración aunque siempre llueva, y que siembran cierto género de maíz por San Francisco que se coge brevemente.
§ II. Origen del nombre de esta provincia. Situación de ella.
Que esta provincia se llama en lengua de los Indios Ulumil Cuz y Etel Ceh, que quiere decir tierra de pavos y venados, y que también la llaman Peten que quiere decir isla, engañados por las ensenadas, y bayas dichas. Que cuando Francisco Hernández de Córdoba llegó a este tierra, saltando en la punta que el llamó Cabo de Cotoch, halló ciertos pescadores indios, y les preguntó que tierra era aquella; y que le respondieron Co t’och que quiere decir nuestras casas, y nuestra patria, y que por esto se puso este nombre a aquella punta, y que preguntándoles por señas que como era suya aquella tierra, respondieron ci u than que quiere decir, dicen lo, y que los españoles la llamaron Yucatan, y que esto se entendió de uno de los conquistadores viejos llamado Blas Hernández que fueron con el adelantado7 la primera vez.
Que Yucatán a la parte de medio día tiene los ríos de Taiza, y las sierras de Lacandon, y que entre medio día y poniente cae la provincia de Chiapa, y que para pasar a ella, se habían de atravesar los cuatro ríos que descienden de las sierras, que con otros se viene a hacer San Pedro y San Pablo, río que descubrió en Tabasco Grijalva y que a poniente esta Xicalango y Tabasco que es una misma provincia.
Que entre esta provincia de Tabasco y Yucatán están las dos bocas que rompe la mar en la costa, y que la mayor de estas tiene una gran laguna de abertura y que la otra no es muy grande. Que entra la mar por estas bocas con tanta furia que se hace una gran laguna abundante de todos pescados, y tan llena de isletas que los indios ponen señales en los árboles para acertar el camino, para ir o venir navegando de Tabasco a Yucatán y que estas islas y sus playas y arenales están llenos de tanta diversidad de aves marinas, que es cosa de admiración y hermosura, y que también hay infinita caza de venados, conejos, y puercos de los de aquella tierra, y monos que no los hay en Yucatán. Que hay muchas iguanas que espanta, y en una de ellas esta un pueblo que llaman Tixchel.
Que al norte tiene la isla de Cuba y a LX leguas muy en frente la Habana y algo adelante una islilla de Cuba que dicen de Pinos. Que al Oriente tiene a Honduras, y que entre Honduras y Yucatán se hace una muy gran ensenada de mar la cual llamó Grijalva Baya de la Ascensión, y que esta muy llena de isletas y que se pierden en ella navíos, principalmente de los de la contratación de Yucatán a Honduras, y que habrá XV años que se perdió una barca con mucha gente y ropa que se les zozobró el navío y se ahogaron todos, salvo un Majuelas y otros cuatro que se abrazaron con un gran pedazo de un árbol del navío, y que anduvieron así tres o cuatro días sin poder llegar a ninguna de las isletas y que se ahogaron faltándoles las fuerzas, sino fue Majuelas que salio medio muerto, y torno en si, comiendo caracolejos y almejar; y que desde la islilla pasó a tierra en una balsa que hizo de ramos como mejor pudo, y pasado a tierra firme buscando de comer en la ribera topo con un cangrejo que le corto el dedo pulgar por la primera coyuntura con gravísimo dolor. Y tomo la derrota por un áspero monte a tiento para la villa de Salamanca y que anochecido se subió en un árbol, y que desde allí vio un gran Tigre que se puso en asechanza de una cierva y se la vio matar y que en la mañana el comio de lo que había quedado.
Que Yucatán tiene algo más bajo de la punta de Cotoch a Cuzmil en frente, V leguas de una canal que hace la mar entre ella y la isla de muy gran corriente. Que Cuzmil es isla de XV leguas en largo y cinco en ancho en que hay pocos indios y son de la lengua y costumbres de los de Yucatán y está en XX grados a esta parte de la equinoccial. Que la isla de las Mujeres esta XIII leguas abajo de la punta de Cotoch XI leguas de tierra en frente de Ekab.
§ III. Gerónimo de Aguilar. Su cautiverio entre los Indios de Yucatán. Navegan Hernández de Córdoba y Grijalva a Yucatán.
Que los primeros Españoles que aportaron a Yucatán, según se dice, fueron Gerónimo de Aguilar natural de Ecija y sus compañeros; los cuales el ano de MDXI, en desbarató del Darien por las revueltas entre Diego de Nicueza, y Vasco Nuñez de Balboa, siguieron a Valdivia que venia en una caravela a Santo-Domingo, a dar cuenta al almirante y al gobernador de lo que pasaba, y a traer XX mil ducados del rey, y que esta caravela llegando a Jamaica dieron en los bajos que llaman Viboras donde se perdió que no escaparon más de hasta XX hombres que con Valdivia entraron en el batel sin velas, y con unos ruines remos y sin mantenimiento ninguno, y que anduvieron XIII días por la mar; después de muertos de hambre casi la mitad llegaron a la costa de Yucatán a una provincia que llamaban de la Maya, de la cual la lengua de Yucatán se llama Mayathan que quiere decir lengua de Maya.
Que esta pobre gente vino a manos de un mal cacique el cual sacrifico a Valdivia y a otros cuatro a sus ídolos, y después hizo banquetes de ellos a la gente, y que dejó para engordar a Aguilar y a Guerrero y a otros cinco o seis, los cuales quebrantaron la prisión y huyeron por unos montes, y que aportaron a otro señor enemigo del primero, y más piadoso, el cual se sirvió de ellos como de esclavos, y que el que sucedió a este señor los trato con buena gracia; pero que ellos de dolencia se murieron quedando solos dos Gerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero, de los cuales Aguilar era buen cristiano y tenia unas horas por las cuales sabia las fiestas, y que este se salvo con la ida del marqués Hernando Cortés, año de MDXVII, y que el Guerrero como entendía la lengua se fue a Chectemal, que es la Salamanca de Yucatán y que allí le recibió un señor llamado Nachancan, el cual le dio a cargo las cosas de la guerra en que se hubo muy bien, venciendo muchas veces los enemigos de su señor, y que enseño a los indios pelear mostrándoles hacer fuertes y bastiones, y que con esto y con tratarse como indio gano mucha reputación y le casaron con una muy principal mujer en que hubo hijos, y que por esto nunca procuró salvarse como hizo Aguilar, antes labraba su cuerpo y criaba cabello, y arpaba las orejas para traer zarcillos como los indios y es creible que fue idólatra como ellos.
Que el año de MDXVII por cuaresma salio de San-Iago de Cuba Francisco Hernández de Córdoba con tres navíos a rescatar esclavos para las minas, que ya en Cuba se iva la gente apocando y que otros dicen que salio a descubrir tierra, y que llevó por piloto a Alaminos y que llegó a la isla de Mujeres, que el le puso este nombre por los ídolos que allí halló de las diosas de aquella tierra, como Aixchel, Ixchebeliax, Ixbunié, Ixbunieta, y que estaban vestidas de la cinta abajo, y cubiertos los pechos como usan las indias, y que el edificio era de piedra de que se espantaron, y que hallaron algunas cosas de oro, y las tomaron, y que llegaron a la punta de Cotoch, y que de allí dieron vuelta hasta la baya de Campeche donde desembarcaron domingo de Lázaro y que por esto la llamaron Lázaro y que fueron bien recibidos del señor y que los indios se espantaron de ver los españoles, y les tocaban las barbas y personas.
Que en Campeche hallaron un edificio dentro en la mar cerca de tierra, cuadrado y gradado todo y que en lo alto estaba un ídolo con dos fieros animales que le comían las ijadas y una sierpe larga y gorda de piedra que se tragaba un leon y que los animales estaban llenos de sangre de los sacrificios. Que desde Campeche entendieron que había un pueblo grande cerca, que era Champotón, donde llegados hallaron que el señor se llamaba Mochcovoh, hombre belicoso el cual apellidó su gente contra los españoles, De lo cual peso a Francisco Hernández viendo en lo que había de parar, y que por no mostrar poco ánimo, puso también su gente en orden y hizo soltar artillería de los navíos y que los indios aunque les fue nuevo el sonido, humo y fuego de los tiros, no dejaron de acometer con gran alarido y que los españoles resistieron, dando muy fieras heridas y matando muchos; pero que el señor los ánimo tanto, que hicieron retirar a los españoles y que mataron XX y hirieron cincuenta y prendieron dos vivos que después sacrificaron, y que Francisco Hernández salio con XXXIII heridas, y que así volvió triste a Cuba donde público que la tierra era muy buena y rica por el oro que halló en la isla de Mujeres. Que estas nuevas movieron a Diego Velasquez, gobernador de Cuba y a otros muchos, y que envió a su sobrino Juan de Grijalva con cuatro navíos y doscientos nombres y que fue con el Francisco de Montejo cuyo era un navío y que partieron primero de mayo de MDXVIII.
Que llamaron consigo al mismo piloto Alaminos y llegados a la isla de Cuzmil, que el piloto vio desde ella a Yucatán, y que la otra vez con Francisco Hernández la había corrido a la mano derecha, y que con deseo de bajarla si fuese isla, echo a la mano izquierda y siguieron por la baya que ellos llamaron la Ascensión, porque en tal día entraron en ella, y que dieron vuelta a toda la costa hasta llegar otra vez a Champotón, donde sobre tomar agua les mataron un hombre y les hirieron cincuenta y entre ellos a Grijalva de dos flechas, y le quebraron diente y medio, y que así se fueron y nombraron a este puerto el puerto de Mala Pelea, y que de este viaje descubrieron la Nueva España, y a Panuco, y a Tabasco, y que en esto gastaron cinco meses y quisieron saltar en tierra en Champotón, lo cual les estorbaron los indios con tanto coraje que en sus canoas entraban hasta cerca de las caravelas a flecharlos y que así se hicieron a la vela y los dejaron.
Que cuando Grijalva torno de su descubrimiento y rescate de Tabasco y Ulua, estaba en Cuba el gran capitán Hernando Cortés, y que viendo la nueva de tanta tierra y tantas riquezas, deseo verlo y aun ganarlo para Dios y para su rey, y para si, y para sus amigos.
§ IV. Navegación de Cortés a Cuzmil. Escribe a Aguilar.
Que Hernando Cortés salio de Cuba con once navíos que el mejor era de cien toneles y que puso en ellos once capitanes, siendo el uno de ellos, y que llevaba quinientos hombres y algunos caballos y mercerías para rescatar, y a Francisco de Montejo por capitán, y al dicho piloto Alaminos mayor piloto del armada, y que puso en su nao capitana una bandera de fuegos blancos y azules en reverencia de nuestra señora cuya imagen con la cruz ponía siempre donde quitaba ídolos, y que en la bandera iba una cruz colorada con un letrero entorno que decia Amici sequamur crucem, si nos habuerimus fidem in hoc signo vincemus. Que con esta flota y no más aparato partió y que llegó a Cotoch con los diez navíos porque el uno se le apartó con una refriega, y que después lo cobro en la costa. Que la llegada a Cuzmil fue por la parte del norte y halló buenos edificios de piedra para los ídolos y un buen pueblo, y que la gente viendo tanto navío, y salir los soldados a tierra huyó toda a los montes.
Que llegados los españoles al pueblo lo saquearon y se aposentaron en el y que buscando gente por el monte toparon con la mujer del señor y con sus hijos de los cuales, con Melchior intérprete indio que había ido con Francisco Hernández y con Grijalva, entendieron que era la mujer del señor. A la cual y a sus hijos regalo mucho Cortés e hizo que enviasen a llamar al señor al cual venido le trato muy bien y le dio algunos donecillos, y le entrego a su mujer y hijos, y todas las cosas que por el pueblo se habían tomado, y que le rogó que hiciese venir los indios a sus casas y que venidos hizo restituir a cada uno lo que era suyo y que después de asegurados les predicó la vanidad de los ídolos, y les persuadió que adorasen la cruz y que la puso en sus templos con una imagen de nuestra señora y que con esto cesaba la idolatría pública.
Que Cortés supo allí como unos hombres barbados estaban camino de seis soles en poder de un señor y que persuadió a los indios que los fuesen a llamar, y que halló quien fuese aunque con dificultad porque tenían miedo al señor de los barbares y escribióles esta carta.
Noblos señores, yo parti de Cuba con once navíos de armada y quinientos españoles y llegue aquí a Cuzmil de donde os escribo esta carta. Los de esta isla me han certificado que hay en esa tierra cinco o seis hombres barbados y en todo a nosotros muy semejantes, no me saben dar ni decir otras señas, mas por estas conjeturó y tengo por cierto sois españoles, yo y estos hidalgos que conmigo vienen a poblar y descubrir estas tierras os rogamos mucho que dentro de seis días que recibiereis esta, os vengáis para nosotros sin poner otra dilación ni escusa. Si viniereis todos conoceremos, y gratificaremos la buena obra que de vosotros recibirá esta armada. Un bergantín envió para en que vengáis, y dos naos para seguridad.
Que los indios llevaron esta carta envuelta en el cabello, y la dieron a Aguilar, y que los navíos porque tardaban los indios más del tiempo del plazo, creyeron que los habían muerto y que se volvieron al puerto de Cuzmil y que Cortés viendo que los indios no tornaban ni los barbados, se hizo otro día a la vela. Mas aquel día se les abrió un navío, y les fue necesario tornar al puerto y que estándole aderezando, Aguilar recibido la carta atravesó en una canoa la canal entre Yucatán y Cuzmil, y que viéndole los del armada fueron a ver quien era, y que Aguilar les preguntó si eran Cristianos y que respondiéndole que si y españoles, lloro de placer y puestas las rodillas en tierra dio gracias a Dios y preguntó a los españoles si era miércoles. Que los españoles le llevaron a Cortés así desnudo como venia, el cual le vistió y mostró mucho amor, y que Aguilar contó allí su perdida y trabajos, y la muerte de sus compañeros, y como fue imposible avisar a Guerrero en tan poco tiempo por estar más de LXXX leguas de allí.
Que con esto Aguilar que era muy bien intérprete torno Cortés a predicar la adoración de la Cruz y quito los ídolos de los templos, y dicen que hizo esta predicación de Cortés tanta impresión en los de Cuzmil que salían a la playa diciendo a los españoles que por allí pasaban Maria Maria Cortes Cortes.
Que partió Cortés de allí, y que toco de pasó en Campeche y no paro hasta Tabasco donde entre otras cosas y indios que le presentaron los de Tabasco le dieron una india que después se llamó Marina, la cual era de Jalisco hija de padres nobles y hurtada pequeña y vendida en Tabasco y que de hay la vendieron también en Xicalango, y Champotón, donde aprendió la lengua de Yucatán con la cual se vino a entender con Aguilar y que así proveyó Dios a Cortés de buenos y fieles interpretes, por donde vino a tener noticia y entrada en las cosas de México de las cuales la Marina sabia mucho por haber tratado con mercaderes indios y gente principal que hablaban de esto cada día.
§ V. Provincias de Yucatán. Sus edificios antiguos más principales.
Que algunos viejos de Yucatán dicen haber oído a sus pasados que aquella tierra pobló cierta gente que entro por Levante a la cual había Dios librado abriéndoles doce caminos por la mar; lo cual si fuese verdad era necesario que veniesen de Judíos todos los de las Indias, porque pasado el estrecho de Magellanes, se habían de ir extendiendo más de dos mil leguas de tierra que hoy gobierna España.
Que la lengua de esta tierra es todo una y que esto aprovechó mucho para su conversión aunque en las costas hay alguna diferencia en vocablos y en el tono de hablar y que así los de la costa son más pulidos en su trato, y lengua, y que las mujeres se cubren los pechos, y las demás adentro no.
Que esta tierra esta partida en provincias sujetas a los pueblos de españoles más cercanos. Que la provincia de Chectemal y Bac-halal esta sujeta a Salamanca. La provincia de Ekab, de Cochuah y la de Kupul están sujetas a Valladolid. La de Ahkin-Chel y Yzamal, la de Zututa, la de Hocabaihumun, la de Tutuxiu, la de Cehpech, la de Chakan, están sujetas a la ciudad de Mérida, la de Camol y Campech, y Champutun y Tixchel acuden a San Francisco de Campeche.
Que en Yucatán hay muchos edificios de gran hermosura que es la cosa más señalada que se ha descubierto en las Indias, todos de cantería muy bien labrada sin haber ningún género de metal en ella con que se pudiese labrar. Que están estos edificios muy cerca unos de otros y que son templos, y que la razón de haber tantos es por mudarse las poblaciones muchas veces y que en cada pueblo labraban un templo por el gran aparejo que hay de piedra y cal, y cierta tierra blanca excelente para edificios.
Que estos edificios no son hechos por otras naciones sino por indios lo cual se ve por nombres de piedra desnudos, y honestados8 de unos largos listones que llaman en su lengua ex, y de otras divisa, que los indios traen.
Que estando este religioso autor de esta obra en aquella tierra se halló en un edificio que desbarataron, un cántaro grande con tres asas, pintado de unos fuegos plateados por de fuera, y dentro ceniza de cuerpo quemado, y algunos huesos de los brazos y piernas muy gruesos a maravilla, y tres cuentas de piedra buenas de las que usaban los indios por moneda. Que estos edificios de Izamal eran XI o XII por todos sin haber memoria de los fundadores, y que en uno de ellos, a instancia de los indios, se pobló un monasterio, el año de MDXLIX que se llamó San Antonio.
Que los segundos edificios más principales son los de Tikoch y Chicheniza los cuales se pintaran después. Que Chichén Itzá es un asiento muy bueno, X leguas de Izamal y XI de Valladolid, donde dicen que reinaron tres SSʳᵉˢ hermanos que vinieron a aquella tierra de la parte de Poniente, los cuales eran muy religiosos, y que así edificaron muy lindos templos y que vivieron sin mujeres muy honestamente, y que el uno de estos se murió o se fue, por lo cual los otros se hicieron parciales y deshonestos, y que por esto los mataron. La pintura del edificio mayor pintaremos después, y escribiremos la manera del pozo donde echaban hombres vivos en sacrificio, y otras cosas preciosas: tiene más de VII estados9 de hondo hasta el agua y de ancho más de cien pies hecho redondo en una peña tajada, que es maravilla, y el agua parece verde, dicen que lo causan la arboleda de que esta cercado.
§ VI. De Cuculcán y de la edificación de Mayapán.
Que es opinión entre los indios que con los Izaes que poblaron a Chichén Itzá reino un gran señor llamado Cuculcan, y que muestra ser verdad el edificio principal que se llama Cuculcan. Y dicen que entro por la parte de Poniente, y que difieren en si entro antes o después de los izaes, o con ellos, y dicen que fue bien dispuesto, y que no tuvo mujer ne hijos, y que después de su vuelta fue tenido en México por uno de sus dioses, y llamado Cezalcouati, y que en Yucatán también le tuvieron por dios por ser gran republicano, y que esto se vio en el asiento que puso en Yucatán después de la muerte de los señores para mitigar la discusión que sus muertes causaron en la tierra.
Que este Cuculcán torno a poblar otra ciudad, tratándolo con los señores naturales de la tierra en que el y ellos viniesen, y que allí viniesen todas las cosas y negocios y que para esto eligieron un asiento muy bueno VIII leguas más dentro en la tierra que donde esta ahora Mérida XV o XVI de la mar, y que allí cercaron de una muy ancha pared de piedra seca como medio cuarto de legua, dejando solas dos puertas angostas y la pared no muy alta, y que en medio de está cerca hicieron sus templos y que al mayor, que es como el de Chichén Itzá llamaron Cuculcan, y que hicieron otro redondo con cuatro puertas, diferente de cuantos hay en aquella tierra, y otros muchos a la redonda, juntos unos a otros, y que dentro de este cercado hicieron casas para los señores solos entre los cuales repartieron toda la tierra, dando pueblos a cada uno, conforme a la antigüedad de su linaje y ser de su persona, y que Cuculcán puso nombre a la ciudad, no del suyo, como hicieron los Ahizaes en Chichén Itzá que quiere decir el Pozo de los Aizaes, mas llamola Mayapan que quiere decir el Pendon de la Maya, porque a la lengua de la tierra llaman Maya y que los Indios llaman Ychpa, que quiere decir Dentro de las Cercas.
Que este Cuculcán vivió con los señores algunos años en aquella ciudad, y que dejándolos en mucha paz y amistad se tornó por el mismo camino a México, y que de pasada se detuvo en Champotón, y que para memoria suya y de su partida hizo dentro en la mar un buen edificio al modo del de Chichén Itzá, un gran tiro de piedra de la ribera, y que así dejó Cuculcán en Yucatán perpetua memoria.
§ VII. Gobierno político. Sacerdotes, ciencias y libros de Yucatán.
Que partido Cuculcán acordaron los señores para que la república durase que tuviese el principal mando la casa de los Cocomes, por ser más antigua o más rica, o por ser el que la regia entonces hombre de más valor, y que hecho esto ordenaron que pues en el cercado no había sino templos y casas para los señores y gran sacerdote, que se hiciesen fuera de la cerca casas donde cada uno de ellos tuviese alguna gente de servicio y donde los de sus pueblos acudiesen cuando viniesen a la ciudad con negocios, y que en estas casas puso cada uno su mayordomo, el cual traía por señal una vara gorda y corta y que le llamaban Caluac; y que este tenia cuenta con los pueblos, y con los que los regían, y que a ellos se enviaba aviso de lo que era menester en casa del señor como aves, maíz, miel, sal, pesca, caza, ropa y otras cosas, y que el Caluac acudía siempre a la casa del señor y veia lo que era menester en ella, y lo proveía luego porque su casa era como oficina de su señor.
Que acostumbraban buscar en los pueblos los mancos y ciegos y que les daban lo necesario.
Que los señores proveían de gobernadores y si les eran aceptos confirmaban en sus hijos los oficios y que les encomendaban el buen tratamiento de la gente menuda, y la paz del pueblo, y el ocuparse en trabajar para que se sustentasen ellos y los señores.
Que todos los señores tenían cuenta con visitar, respetar, alegrar a Cocom, acompañándole y festejándole y acudiendo al con los negocios arduos y que entre si vivían muy en paz y en mucho pasatiempo como ellos lo usan tomar en bailes y convites y cazas.
Que los de Yucatán fueron tan curiosos en las cosas de la religión como en las del gobierno, y que tenían un gran sacerdote que llamaban Ahkin-Mai, y por otro nombre Ahau-Can-Mai, que quiere decir el Sacerdote Mai o el Gran Sacerdote Mai, y que este era muy reverenciado de los señores el cual no tenia repartimiento de indios, pero que sin las ofendas, le hacían presentes los señores y que todos los sacerdotes de los pueblos le contribuían: y que a este le sucedían en la dignidad sus hijos y parientes más cercanos, y que en este estaba la llave de sus ciencias, y que en estas trataban lo más, y que daban consejo a los señores y respuestas a sus preguntas; y que cosas de los sacrificios pocas veces las trataba sino en fiestas muy principales, o en negocios muy importantes; y que este proveía de sacerdotes a los pueblos cuando faltaban, examinándoles en sus ciencias y ceremonias, y que les encargaba las cosas de sus oficios y el buen ejemplo del pueblo y proveía de sus libros y los enviaba, y que estos atendían al servicio de los templos, y a enseñar sus ciencias y escribir libros de ellas.
Que enseñaban los hijos de los otros sacerdotes, y a los hijos segundos de los señores que los llevaban para esto desde niños, si veian que se inclinaban a este oficio.
Que las ciencias que enseñaban eran la cuenta de los años, meses y días, las fiestas y ceremonias, la administración de sus sacramentos, los días y tiempos fatales, sus maneras de adivinar y sus profecías, los acaecimientos, y remedios para los males, y las antigüedades, y leer y escribir con sus libres y caracteres con los cuales escribían y con figuras que significaban las escrituras.
Que escribían sus libros en una hoja larga doblada con pliegues, que se venia a cerrar toda entre dos tablas que hacían muy galanas y que escribían de una parte y de otra a columnas, según eran los pliegues, y que este papel hacían de raíces de un árbol, y que le daban un lustre blanco en que se podia bien escribir, y que sabían de estas ciencias algunos principalos señores, por curiosidad, y que por esto eran más estimados, aunque no lo usaban en público.
§ VIII. Llegada de los Tutuxivis y alianza que hicieron con los señores de Mayapán. Tiranía de Cocom, ruina de su poder y de la ciudad de Mayapán.
Que cuentan los indios que de parte de medio día vinieron a Yucatán muchas gentes con sus señores y parece haber venido de Chiapa aunque los indios no lo saben; mas que este autor lo conjetura porque muchos vocablos y composiciones de verbos es lo mismo en Chiapa y en Yucatán y que hay grandes señales en la parte de Chiapa de lugares que han sido despoblados. Y dicen que estas gentes anduvieron XL años por los despoblados de Yucatán, sin haber en ellos agua sino la que llueve, y que en fin de este tiempo aportaron a las sierras que caen algo en frente de la ciudad, de Mayapán X leguas de allá, y que allí comenzaron a poblar y hacer muy buenos edificios en muchas partes y que los de Mayapán tomaron mucha amistad con ellos, y holgaron que labrasen la tierra como naturales, y que así estos de Tutuxiu se sujetaron a las leyes de Mayapán, y así emparentaron unos con otros y que como el señor Xiui de los Tutuxios era tal vino a ser muy estimado de todos.
Que estas gentes vivieron tan quietamente que no había pleito ninguno, ni usaban armas, ni arcos, aun para la caza, siendo ahora excelentes flecheros, y que solamente usaban lazos y trampas con que tomaban mucha caza y que tenían cierto arte de tirar varas con un palo grueso como tres dedos, agujerado hacia la tercia parte, y largo seis palmos, y que con él y unos cordeles tiraban fuerte y certezamente.
Que tenían leyes contra los delincuentes y las ejecutaban mucho, como contra el adúltero que le entregaban al ofendido para que el le matase, soltando una piedra grande desde lo alto sobre la cabeza, o le perdonase si quisiese, y que a las adúlteras no daban otra pena más de la infamia, que entre ellos era cosa muy grave. Y que al que forzase doncella le mataban a pedradas, y cuentan un caso que el señor de los Tutuxios tenia un hermano que fue acusado de este crimen, y le hizo apedrear, y después le hizo cubrir de un gran montón de piedras, y que dicen que tenían otra ley antes de la población de esta ciudad, que mandaba sacar las tripas por el ombligo a los adúlteros.
Que el gobernador Cocom entro en codicia de riquezas, y que para esto trato con la gente de guarnición que los reyes de México tenían en Tabasco y Gicalango, que les entregaría la ciudad, y que así trajo gente mexicana a Mayapán, y oprimió los pobres y hizo muchos esclavos, y que le mataran los señores, si no tuvieran miedo a los mexicanos; y que el señor de los Tutuxios nunca consintió en esto, y que viéndose así los de Yucatán, aprendieron de los mexicanos el arte de las armas, y que así salieron maestros del arco y flecha y de la lanza y hachuela y sus rodelas10 y iacos fuertes de sal y algodón, y de otros pertrechos de guerra, y que ya no se admiraban de los mexicanos ni los temían, antes hacían poca cuenta de ellos y que en esto pasaron algunos años.
Que aquel Cocom fue primero el que hizo esclavos pero que de este mal se siguió usar las armas con que se defendieron para que no fuesen todos esclavos.
Que entre los sucesores de la casa Cocomina hubo uno muy orgulloso, y imitador de Cocom, y que este hizo otra liga con los de Tabasco, y que metio más Mexicanos dentro de la ciudad, y que comenzó a tiranizar y hacer esclavos a la gente menuda; y que por esto se juntaron los señores a la parte de Tutuxiu, el cual era gran republicano como sus pasados, y que concertaron de matar a Cocom, y que así le hicieron, matando también a todos sus hijos, sin dejar más de uno que estaba ausente, y que le sequearon la casa y le tomaron las heredades que tenia de cacau11 y de otras frutas, diciendo que se pagaban de lo que les había robado, y que duraron tanto los bandos entre los Cocomes que decían ser injustamente echados, y los Xiuis, que después de haber estado en aquella ciudad más de D años, la desampararon y despoblaron, yéndose cada uno a su tierra.
§ IX. Monumento cronológico de Mayapán. Establecimiento del reino de Zututa. Origen de los Cheles. Los tres reinos principales de Yucatán.
Que conforme a la cuenta de los indios habrá C y XX años que se despobló Mayapán, y que se hallan en la plaza de aquella ciudad VII o VIII piedras de a X pies en largo cada una, redondas por la una parte, bien labradas, y que tienen algunos renglones de los caracteres que ellos usan, y que por estar gastadas de la agua no se pueden leer, mas piensan que es memoria de la fundación y destrucción de aquella ciudad, y que otras semejantes están en Zilan, pueblo de la costa aunque más altas, y que los naturales preguntados que cosa era respondieron que acostumbraban erigir de XX en XX años que es el número que tienen de contar sus edades, una piedra de aquellas. Mas parece que no lleva camino, porque según esto, había de haber muchas más, principalmente que no les hay en otros pueblos sino en Mayapán y Zilan.
Que lo principal que llevaron a sus tierras estos señores que desampararon a Mayapán fueron los libros de sus ciencias, por que siempre fueron muy sujetos a los consejos de sus sacerdotes y que por eso hay tantos templos en aquellas provincias.
Que el hijo de Cocom el que escapo de la muerte por estar absente en sus contrataciones en tierra de Ulua, que es adelante de la villa de Salamanca, como supo la muerte de su padre y el desbarató de la ciudad, vino muy presto, y que se junto con sus parientes y vasallos y pobló un lugar que llamó Tibulon, que quiere decir Jugados fuimos, y que edificaron otros muchos pueblos en aquellos montes y procedieron muchas familias de estos Cocomes y que la provincia donde manda este señor se llama Zututa.
Que estos señores de Mayapán no tomaron venganza de los Mexicanos que ayudaron a Cocom, viendo que fueron persuadidos por el gobernador de la tierra y por que eran extranjeros, y que así los dejaron, dándoles facultad para que poblasen en pueblo apartado para si solos, o se fuesen de la tierra, y que no pudiesen casar con los naturales de ella, sino entre ellos, y que estos escogieron quedarse en Yucatán y no volver a las lagunas y mosquitos de Tabasco, y poblaron en la provincia de Canul, que les fue señalada y que allí duraron hasta las guerras segundas de los españoles.
Dicen que entre los XII sacerdotes de Mayapán hubo uno muy sabio que tuvo una sola hija a la cual caso con un mancebo noble, llamado Achchel, el cual hubo hijos que se llamaron como el padre, conforme a la usanza de la tierra, y dicen que este sacerdote aviso a su yerno de la destrucción de aquella ciudad, y que este supo mucho en las ciencias de su suegro, el cual dicen que le escribió ciertas letras en la tabla del brazo izquierdo de gran importancia para ser estimado, y que con esta gracia pobló en la costa hasta que vino a hacer asiento en Tikoch, siguiéndole gran número de gentes. Y que así fue muy insigne población aquella de los Cheles y poblaron la más insigne provincia de Yucatán que llamaron de su nombre la provincia de Ahkinchel, y es la de Izamal donde residieron estos Cheles y se multiplicaron en Yucatán hasta la entrada del Adelantado Montejo.
Que entre estas tres casas de señores principales que eran Cocomes, Xiuies y Cheles, hubo grandes bandos y enemistades, y hoy en día con ser cristianos los hay. Los Cocomes decían a los Xiuies que eran extranjeros y traidores, matando a su señor natural y robándole su hacienda. Los Xiuies decían ser tan buenos como ellos y tan antiguos y tan señores, y que no fueron traidores, sino libertadores de la patria, matando al tirano. El Chel decia que era tan bueno como ellos en linaje, por ser nieto de un sacerdote el más estimado de Mayapán y que por su persona era mayor que ellos, pues había sabido hacerse tan señor como ellos y que en esto se hacían desabrimiento en los mantenimientos, porque el Chel que estaba a la costa no queria dar pescado ni sal al Cocom, haciéndole ir muy lejos por ello y el Cocom no dejaba sacar caza ni frutas al Chel.
§ X. Varias calamidades experimentadas en Yucatán en el siglo anterior a la conquista, huracán, pestilencias, guerras, etc.
Que estas gentes tuvieron más de XX años de abundancia y de salud y se multiplicaron tanto que toda la tierra parecía un pueblo, y que entonces se labraron los templos en tanta muchedumbre, como se ve hoy en día por todas partes y que atravesando por montes se ven entre las arboledas asientos de casas y edificios labrados a maravilla.
Que después de esta felicidad, una noche por invierno vino un aire como a las seis de la tarde y fue creciendo haciéndose huracán de cuatro vientos y que este aire derribo todos los árboles crecidos lo cual hizo gran matanza en todo género de caza y que derribo todas las casas altas las cuales como son pajizas y tenían dentro lumbre por el frío, se encendieron y abrasaron gran parte de la gente, y que si algunos escapaban quedaban hechos pedazos de los golpes de la madera.
Y que duro este huracán hasta otro día a las doce y que hallaron que habían escapado los que moraban en casas pequeñas, y los mozos recien casados que allá usan hacer unas casillas en frente de sus padres o suegros donde moran los primeros años, y que así perdió entonces el nombre la tierra que solía llamarse de los venados y pavos, y tan sin árboles que los que ahora hay parecen que se plantaron juntos, según están nacidos a la igual; y que mirando esta tierra de algunas partes altas, parece que toda esta cortada con una tijera.
Que los que escaparon se animaron a edificar y cultivar la tierra, y se multiplicaron mucho viniéndoles XV años de salud y buenos temporales y que el ultimo fue el más fértil de todos y que queriendo comenzar a coger los frutos, sobrevinieron por toda la tierra unas calenturas pestilenciales que duraron XXIIII horas, y después que cesaban, se hinchaban y reventaban llenos de gusanos, y que con esta pestilencia murió mucha gente y se quedo gran parte de los frutos por coger.
Que después de cesado la pestilencia hubieron otros diez y seis años buenos, en los cuales se renovaron las pasiones y bandos de manera que murieron en batallas C y L mil hombres, y que con esta matanza se sosegaron y hicieron paz y descansaron por XX años, después de los cuales les dio pestilencia de unos granos grandes que les podría el cuerpo con gran hedor, de manera que se les caían los miembros a pedazos dentro de cuatro o cinco días. Que habrá que pasó esta última plaga más de L años, y que la mortandad de las guerras fue XX años antes, y que la pestilencia de la hinchazón y gusanos seria XVI años antes de las guerras, y el huracán otros diez y seis antes que esta y XXII o XXIII después de la destrucción de la ciudad de Mayapán, que, según esta cuenta, ha CXXV años que se desbarató dentro de los cuales los de esta tierra han pasado las dichas miserias, sin otras muchas después que comenzaron a entrar en ella los españoles, así por guerras como por otros castigos que Dios envió de manera que es maravilla haber la gente que hay aunque no es mucha.
§ XI. Profecías de la llegada de los españoles. Historia de Francisco de Montejo, primer Adelantado de Yucatán.
Que como la gente mexicana tuvieron señales y profecías de la venida de los españoles y de la cesación de su mando y religión, también los tuvieron los de Yucatán algunos años antes que el Adelantado Montejo los conquistase y que en las tierras de Mani que es en la provincia de Tutuxiu, un indio llamado Ahcambal y por oficio Chilan, que es el que tiene cargo de dar las respuestas del demonio, les dijo públicamente que presto serian señoreados de gente estrangera, y les predicarían un Dios, y la virtud de un palo que en su lengua llamó vahom che, que quiere decir palo enhiesto de gran virtud contra los demonios.
Que el sucesor de los Cocomes, llamado don Juan Cocom después de cristiano, fue hombre de gran reputación y muy sabio en sus cosas y en las naturales bien sagaz y entendido, y que fue muy familiar del autor de este libro fray Diego de Landa, y que le contó muchas antigüedades y que le mostró un libro que fue de su abuelo, hijo del Cocom que mataron en Mayapán y que en el estaba pintado un venado y que aquel su abuelo le había dicho que cuando en aquella tierra entrasen venados grandes, que así llaman a las vacas, cesaría el culto de los Dioses, y que se había cumplido, porque los españoles trajeron vacas grandes.
Que el Adelantado Francisco de Montejo fue natural de Salamanca y que pasó a las Indias después de poblada la ciudad de Santo-Domingo en la isla Española, habiendo estado primero algún tiempo en Sevilla, donde dejó un hijo niño que allí hubo, y que vino a la ciudad de Cuba donde gano de comer y tuvo muchos amigos por su buena condición y que entre ellos fueron Diego Velasquez, gobernador de aquella isla y Hernando Cortés y que como el gobernador se determinó enviar a Francisco de Grijalva, su sobrino, a rescatar a tierra de Yucatán y a descubrir más tierra, después de la nueva que Francisco Hernández de Córdoba trajo, cuando la descubrió, que era rica tierra, determinó que Montejo fuese con Grijalva y puso uno de los navíos y mucho bastimento, como era rico y que así fue de los segundos españoles que descubrieron a Yucatán y que vista la costa de Yucatán, trajo deseo de enriquecer allí antes que en Cuba. Y vista la determinación de Hernando Cortés le siguió con su hacienda y persona y que Cortés le dio un navío a cargo, haciéndole capitán del y que en Yucatán hubieron a Gerónimo de Aguilar de quien Montejo tomo lengua de aquella tierra y de sus cosas, y que llegado Cortés a la Nueva España comenzó luego a poblar y que el primer pueblo llamó la Vera Cruz, conforme al blasón de su bandera y que en este pueblo fue Montejo nombrado por unos de los alcaldes del rey, en que se hubo discretamente y que así le público por tal Cortés cuando tomo por allí, después del camino que hizo navegando la tierra a la redonda, y que por esto le envió a España por uno de los procuradores de aquella república de la Nueva España y para que llevase el quinto al rey con relación de la tierra descubierta y de las cosas que se comenzaban a hacer en ella.
Que cuando llegó Francisco de Montejo a la corte de Castilla, era presidente del consejo de las Indias Juan Rodríguez de Fonseca, obispo de Burgos, el cual estaba malamente informado contra Cortés por parte de Diego Velasquez, gobernador de Cuba, que pretendía también lo de la Nueva España y que estaban los más del consejo con los negocios de Cortés que parecía que no enviara dineros al rey, sino que se los pedía y que entendiendo que por estar el emperador en Flandes se negociaba mal, perseveró siete años, desde que salio de las Indias que fue año de MDXIX hasta que se embarcó que fue el de XXVI y con esta perseverancia recusó al presidente y al papa Adriano que era gobernador; hablo y al emperador, lo cual aprovechó mucho y que se despacho lo de Cortés como era razón.
§ XII. Montejo navega a Yucatán y toma posesión de la tierra. Los Cheles le conceden el asiento de Chichén Itzá. Los indios le obligan a que lo deje.
Que en este tiempo que Montejo estuvo en la corte negocio para si la conquista de Yucatán, aunque pudiera negociar otras cosas; y diéronle titulo de Adelantado y que así se vino a Sevilla y llevó un sobrino suyo de trece años de su mismo nombre y que halló en Sevilla a su hijo de edad de XXVIII años a quien llevó consigo y que trato palabras de casamiento con una señora de Sevilla viuda que era rica y así pudo juntar D hombres, y los embarcó en tres navíos, y siguió su viaje y aporto a Cuzmil, isla de Yucatán donde los indios no se alteraron, porque estaban domesticados con los españoles de Cortés; y que allí procuró saber muchos vocablos de los indios para entenderse con ellos, y que de allí navegó a Yucatán, y tomo la posesión, diciendo un Alferez suyo con la bandera en la mano: en nombre de Dios tomo la posesión de esta tierra por Dios y por el rey de Castilla.
Que de esta manera se fue la costa abajo, que estaba bien poblada entonces, hasta llegar a Conil, pueblo de aquella costa y que los indios se espantaron de ver tantos caballos y gente y que dieron aviso a toda la tierra de lo que pasaba y esperaban el fin que tenían los españoles.
Que los indios señores de la provincia de Chicaca vinieron al Adelantado a visitarle de paz y que fueron bien recibidos, entre los cuales venia un hombre de grandes fuerzas y que este quito un alfange a un negrillo que le llevaba detrás de su amo y quiso matar con el al Adelantado, el cual se defendió y se llegaron españoles y se apaciguó el ruido y entendieron que era menester andar sobre aviso.
Que el Adelantado procuró entender cual era la mayor población, y entendió que era la de Tecoh donde eran señores los Cheles, la cual estaba en la costa la tierra abajo por el camino que los españoles llevaban, y que los indios pensando que caminaban para salirse de la tierra, no se alteraban, ni les estorbaban el camino y que de esta manera llegaron a Tecoch y que hallaron ser pueblo mayor y mejor que habían pensado, y que fue dichoso no ser señores de aquella tierra los Covohes de Champotón que siempre fueron de más coraje que los Cheles, los cuales con el sacerdocio que les dura hasta hoy, no son tan orgullosos como otros, y que por esto concedieron al Adelantado que pudiese hacer un pueblo para su gente y les dieron para ello el asiento de Chichén Itzá, VII leguas de allí, que es muy excelente, y que desde allí fue conquistando la tierra, lo cual hizo fácilmente porque los de Ahkinchel no le resistieron, y los de Tutuxiu le ayudaron y con esto los demás hicieron poca resistencia.
Que de esta manera pidió el Adelantado gente para edificar en Chichén Itzá, y que en breve edifico un pueblo, haciendo las casas de madera y la cobertura de ciertas palmas y paja larga al uso de los indios. Y así viendo que los indios servían sin pesadumbre, contó la gente de la tierra que era mucha y repartió los pueblos entre los españoles, y según dicen a quien menos cabía alcanzaba dos o tres mil indios de repartimiento y que así comenzó a dar orden a los naturales, como habían de servir a aquella su ciudad y que no plugo12 mucho a los indios, aunque disimularon por entonces.
§ XIII. Montejo deja a Yucatán con toda su gente y vuelve a México. Su hijo Francisco de Montejo pacifica después a Yucatán.
Que el Adelantado Montejo no pobló a propósito.... de quien tiene enemigos, porque estaba muy lejos de la mar, para tener entrada y salida a México y para las cosas de España; y que los indios pareciéndoles una cosa dura servir a extranjeros donde ellos eran señores, comenzaron a ofenderle por todas partes, aunque el se defendía con sus caballos y gente, y les mataba muchos; pero los indios se reforzaban cada día y de manera que los vino a faltar la comida, y que al fin dejaron la ciudad una noche, poniendo un perro atado al badajo de la campana y un poco de pan apartado que no lo pudiese alcanzar, y que canzaron el día antes a los indios con escaramuzas para que no los siguiesen, y que el perro repicaba la campana por alcanzar el pan, lo cual hizo mucha maravilla en los indios, pensando que querían salir a ellos, y que después de sabido, estaban muy corridos de la burla y acordaron seguir a los españoles por muchas partes por no saber el camino que llevaban; y que la gente que fue por aquel camino alcanzaron a los españoles, dándoles mucha grita como a gente que huye y que seis de caballo les esperaron en un raso y alcanzaron muchos de ellos y que uno de los indios asió de la pierna de un caballo y le detuvo como si fuera un carnero, y que los españoles llegaron a Zilan que era muy hermoso pueblo cuyo señor era un mancebo de los Cheles ya cristiano y amigo de españoles, el cual les trato bien y que estaba cerca Ticokh, lo cual y todos los otros pueblos de aquella costa estaban en obediencia de los Cheles, y que así los dejaban estar seguros algunos meses.
Que el Adelantado viendo que desde allí no se podia socorrer de las cosas de España, y que si los indios tomaban sobre ellos que serian perdidos, acordó de irse a Campeche y a México, dejando a Yucatán sin gente y que había desde Zilan a Campeche cuarenta y ocho leguas muy pobladas de gente, y que dieron parte a Vamuxchel, señor de Zilan, y el se ofreció de asegurarles el camino y acompañarlos, y que el Adelantado trato con el tío de este señor que era señor de Yobain que le diese dos hijos que tenia bien dispuestos para que le acompañasen, de manera que con estos mancebos primos hermanos los dos en colleras, y el de Zilan a caballo llegaron seguros a Campeche donde fueron recibidos en paz y se despidieron los Cheles, y volviéndose a sus pueblos, se cayo muerto el de Zilan, y que desde allí partieron para México donde Cortés había señalado repartimientos de indios al Adelantado aunque estaba ausente.
Que llegado el Adelantado a México con su hijo y sobrino llegó luego a buscar suya doña Beatrix de Herrera su mujer y una hija que en ella tenia, llamada doña Beatrix de Montejo con quien había casado clandestinamente en Sevilla... y dicen algunos que la negaba; pero don Antonio de Mendoza virrey de la Nueva España se pasó de por medio, y que así la recibió y le envió el virrey por gobernador de Honduras donde caso su hija con el licenciado Alonso Maldonado, presidente de la audiencia de los confines y que después de algunos años le pasaron a Chiapa desde donde envió a su hijo con poderes a Yucatán y la conquistó y pacífico.
Que este don Francisco hijo del adelantado se crió en la corte del rey católico y que le trajo su padre cuando volvió a las Indias a la conquista de Yucatán y de allí fue con el a México y que el virrey don Antonio y el marqués don Hernando Cortés le quisieron bien, y fue con el marqués a la jornada de California y que tornado le proveyó el virrey para regir a Tabasco y se desposó con una señora llamada doña Andrea del Castillo que había pasado doncella a México con parientes suyos.
§ XIV. Estado de Yucatán después de la salida de los españoles. Don Francisco hijo del Adelantado Montejo restablece el gobierno español en Yucatán.
Que salidos los españoles de Yucatán, falto el agua en la tierra, y que por haber gastado sin orden su maíz en las guerras de españoles, les sobrevino gran hambre, tanto que vinieron a comer cortezas de árboles, en especial de uno que llaman cumché, que es fofo por de dentro y blando, y que por esta hambre los Xiuis, que son los señores de Maní acordaron hacer un sacrificio solemne a los ídolos, llevando ciertos esclavos y esclavas a echar en el pozo de Chichén Itzá y que habían de pasar por el pueblo de los señores Cocomes sus capitales enemigos, y que pensando que en tal tiempo no renovarían las pasiones viejas, les enviaron a rogar que les dejasen pasar por su tierra y que los Cocomes les engañaron con buena respuesta: y que dándoles posada a todo juntos en una gran casa les pegaron fuego y mataron a los que escapaban y que por esto hubo grandes guerras; y que se les recreció langosta por espacio de cinco años que no les dejaba cosa verde, y que vinieron a tanta hambre que se caían muertos por los caminos, de manera que cuando los españoles volvieron, no conocían la tierra, aunque en otros cuatro años buenos después de la langosta se habían algo mejorado.
Que este don Francisco se partió para Yucatán por los ríos de Tabasco y entro por las lagunas de dos bocas y que el pueblo primero que topo fue Champotón con cuyo señor llamado Mochkovoh le fue mal a Francisco Hernández y a Grijalva; y por ser ya muerto, no hubo allí resistencia, antes los de este pueblo sustentaron a don Francisco y a su gente dos años en el cual tiempo no pudo pasar adelante por la mucha resistencia que hallaba, y que después pasó a Campeche y vino a tener mucha amistad con los de aquel pueblo. De manera que con su ayuda y de los de Champotón acabo la conquista prometiéndoles que serian remunerados del rey por su mucha fidelidad, aunque hasta ahora el rey no lo ha cumplido.
Que la resistencia no fue bastante para que don Francisco dejase de llegar con su ejército a Tiho, donde se pobló la ciudad de Mérida, y que dejando el bagaje en Mérida comenzaron a proseguir su conquista enviando capitanes a diversas partes, y que don Francisco envió a su primo Francisco de Montejo a la villa de Valladolid, para pacificar los pueblos que estaban algo rebeldes, y para poblar aquella villa como ahora está poblada. Y que pobló en Chectemal la villa de Salamanca, y que tenia ya poblado a Campeche, y dio orden en el servicio de los indios y en el gobierno de los españoles, hasta que el Adelantado su padre vino a gobernar desde Chiapa con su mujer y casa y fue bien recibido en Campeche y llamó a la villa San Francisco por su nombre, y después pasó a la ciudad de Mérida.
§ XV. Crueldades de los españoles en los naturales. Cómo se disculparon.
Que los indios recibían pesadamente el yugo de la servidumbre; mas los españoles tenían bien repartidos sus pueblos que abrazaban la tierra, aunque no faltaba entre los indios quien los alterase, sobre lo cual se hicieron castigos muy crueles, que fue causa que se apocase la gente. Quemaron vivos algunos principales de la provincia de Cupul, y ahorcaron otros. Hizose información contra los de Yobain, pueblo de los Cheles, y prendieron la gente principal y metiéronlos en una casa en cepos y pegaron fuego a la casa y se abrasaron vivos con la mayor inhumanidad del mundo, y dice este Diego de Landa que el vio un gran árbol cerca del pueblo en el cual un capitán ahorcó muchas mujeres indias de las ramas, y de los pies de ellas los niños sus hijos y que en este mismo pueblo, y en otro que dicen Verey, dos leguas del, ahorcaron dos indias la una doncella, y la otra recien casada, no por otra culpa, sino porque eran muy hermosas, y temían que se revolvería el real de los españoles sobre ellas, y porque pensasen los indios que no se les daba nada a los españoles de las mujeres, y que de estas dos hay mucha memoria entre los indios y españoles por su gran hermosura y por la crueldad con que las mataron.
Que se alteraron los indios de la provincia de Cochua y Chectemal y que los españoles los apaciguaron de tal manera que siendo dos provincias las más pobladas y llenas de gente, quedaron las más desventuradas de toda aquella tierra, haciendo en ellas crueldades inauditas, cortando manos, brazos, y piernas, y a las mujeres los pechos y echándolas en lagunas hondas con calabazas atadas a los pies, y dando de estocadas a niños porque no andaban tanto como las madres; y si los que llevaban en colleras enfermaban, o no andaban tanto como los otros, cortábanles entre los otros las cabezas por no pararse a soltarlos, y que traían gran número de mujeres y nombres cautivos para su servicio con semejantes tratamientos. Y que sa afirma que don Francisco de Montejo no hizo ninguna de estas crueldades, ni se halló a ellas, antes le parecieron muy mal, pero que no pudo más.
Que los españoles se disculpan con decir que siendo ellos pocos, no podían sujetar tanta gente sin ponerles miedo con castigos terribles y traen ejemplo de historias y de la pasada de los Hebreos a la tierra de promisión con grandes crueldades, por mandado de Dios, y que por otra parte tenían razón los indios de defender su libertad, y confiar en los capitanes que tenían muy valientes para entre ellos y pensaban que así serian contra los españoles.
Que cuentan de un ballestero español y de un flechero indio que por ser muy diestros el uno y el otro se procuraban matar y no podían tomarse descuidados, y que el español fingió descuidarse puesta la una rodilla en tierra, y que el indio le dio un flechazo por la mano que le subió el brazo arriba y le apartó las canillas una de otra, y que al mismo tiempo soltó el español la ballesta y dio al indio por los pechos; y que sintiéndose herido de muerte, porque no dijesen que español le había muerto, corto un bejuco que es como mimbre y muy más largo, y se ahorcó a vista de todos con él; y que de estas valentías hay muchos ejemplos.
§ XVI. Modo de los pueblos de Yucatán. Cédula real en favor de los indios. Muere el Adelantado; sus descendientes por su hijo don Francisco de Montejo.
Que antes que los españoles ganasen aquella tierra vivían los naturales juntos en pueblos con mucha policía y que tenían la tierra muy limpia y desmontada de malas plantas, y puestos muy buenos árboles. Y que la habitación era de esta manera: en medio del pueblo estaban los templos con hermosas plazas y entorno de los templos estaban las casas de los señores y de los sacerdotes, y luego la gente más principal; y que así iván los más ricos y estimados más cercanos a estos y a los fines del pueblo estaban las casas de la gente más baja. Y que los pozos donde había pocos estaban cerca de las casas de los señores, y que tenían sus heredades plantadas de los árboles de vino y sembrado con algodón, pimienta y maíz, y que vivían en estas congregaciones por miedo de sus enemigos que los cautivaban, y que por las guerras de los españoles se desparcieron por los montes.
Que los indios de Valladolid por sus malas costumbres, o por el mal tratamiento de los españoles se conjuraron de matar a los españoles cuando se dividían a cobrar sus tributos y que en un día mataron a 17 españoles, y 400 criados de los muertos y de los que quedaron vivos, y que luego enviaron algunos brazos y pies por toda la tierra en señal de lo que habían hecho, para que se alzasen: mas no lo quisieron hacer y con esto pudo el Adelantado socorrer a los españoles de Valladolid y castigar a los indios.
Que el Adelantado tuvo desasosiego con los de Mérida y muy mayores con la cédula del emperador con la cual privó de indios a todos los gobernadores, y que fue un receptor a Yucatán y quito al Adelantado los indios y los puso en cabeza del rey, y que tras esto le tomaron residencias a la Audiencia real de México la cual le remitió al Consejo real de Indias en España, donde murió, lleno de días y trabajos, y dejó a su mujer doña Beatriz en Yucatán más rica que él, y a don Francisco de Montejo su hijo casado en Yucatán y a su hija doña Catalina casada con el licenciado Alonso Maldonado presidente de las Audiencias de Honduras y Santo Domingo de la Isla Española, y a don Juan de Montejo español, y a don Diego mestizo que hubo en una india.
Que este don Francisco después que dejó el gobierno a su padre el Adelantado, vivió en su casa como un particular vecino, cuanto al gobierno, aunque muy respetado de todos por haber conquistado, repartido y regido aquella tierra; fue a Guatimala con su residencia y torno a casa. Tuvo por hijos a don Juan de Montejo que caso con doña Isabel, natural de Salamanca, y a doña Beatriz de Montejo (que caso con) su tío primo hermano de su padre, y a doña Francisca de Montejo que caso con don Carlos de Avellano, natural de Guadalajara. Murió de larga enfermedad después de haberlos visto a todos casados.
§ XVII. Los frailes Franciscanos vienen a Yucatán. Toman la defensa de los naturales. Odio de los españoles contra ellos.
Que fray Jacobo de Testera franciscano pasó a Yucatán y comenzó de doctrinar a los hijos de los indios y que los soldados españoles se quisieron servir de los mozos tanto que no les quedaba tiempo para aprender la doctrina, y que por otra parte disgustaron a los frailes cuando los reprendían de lo que hacían mal contra los indios, y que por esto fray Jacobo se tornó a México donde murió, y que después fray Toribio Motolinia envió desde Guatimala frailes, y que de México fray Martín de Hoja Castro envió más frailes y que todos tomaron asiento en Campeche y Mérida con favor del Adelantado y de su hijo don Francisco. Los cuales les edificaron un monasterio en Mérida, como está dicho, y que procuraron saber la lengua, lo cual era muy dificultosa. El que más supo fue fray Luis de Villalpando que comenzó a saberla por señas y pedrezuelas y la redujo a alguna manera de arte y escribió una doctrina cristiana de aquella lengua, aunque había muchos estorbos de parte de los españoles que eran absolutos señores y querían que se hiciese todo enderezado a su ganancia y tributos, y de parte de los indios que procuraban estarse en sus idolatrías y borracheras, principalmente era gran trabajo estar los indios tan derramados por los montes.
Que los españoles tomaban pesar de ver que los frailes hiciesen monasterios, y ahuyentaban los hijos de los indios de sus repartimientos para que no viniesen a la doctrina, y quemaron el monasterio de Valladolid dos veces con su iglesia que era de madera y paja, tanto que fue necesario irse los frailes a vivir entre los indios, y que cuando se alzaron los indios de aquella provincia escribieron al virrey don Antonio que se habían alzado por amor de los frailes, y que el virrey hizo diligencia y averiguó que al tiempo que se alzaron, aun no eran llegados los frailes a aquella provincia, y que velaban de noche a los frailes en escándalo de los indios y hacían inquisición de sus vidas y les quitaban las limosnas.
Que los frailes viendo este peligro enviaron al muy singular juez Cerrato, presidente de Guatymala, un religioso que le diese cuenta de lo que pasaba; el cual vista la desorden y mala cristiandad de los españoles, porque llevaban los tributos absolutamente cuantos podían sin orden del rey, y más el servicio personal en todo género de trabajo hasta alquilarlos a llevar cargas, proveyó de cierta tasación harta larga, aunque pasadera en que señalaba que cosas eran del indio, después de pagado el tributo a su encomendero13, y que no fuese todo absolutamente del español, y que suplicaron de esto, y que con temor de la tasa sacaban a los indios más que hasta allí, y que los frailes tornaron a la audiencia, y enviaron a España, y hicieron tanto que la audiencia de Guatimala envió un oidor el cual tasó la tierra, y quito el servicio personal, y hizo casar a algunos, quitándoles las casas que tenían llenas de mujeres. Este fue el licenciado Thomas López natural de Tendilla, y que esto causó que aborreciesen mucho más a los frailes, haciéndoles libelos infamatorios, y cesando de oir sus misas.
Que este aborrecimiento causó que los indios estuviesen muy bien con los frailes, considerando los trabajos que tomaban sin interese ninguno, y que les causaron libertad, tanto que ninguna cosa hacían sin dar parte a los frailes, y tomar su consejo, y esto dio causa para que los españoles con envidia que los frailes habían hecho esto por gobernar las Indias y gozar de lo que a ellos se había quitado.
§ XVIII. Vicios de los indios. De cómo los frailes les enseñaron. Enseñanza de la lengua y letras. Castigo de algunos apóstatas.
Que los vicios de los indios eran idolatrías, y repudios y borracheras públicas, y vender y comprar por esclavos, y que sobre apartarles de estas cosas vinieron a aborrecer a los frailes; pero que a parte de los españoles los que más fatigaron a los religiosos, aunque encubiertamente fueron los sacerdotes, como gente que había perdido su oficio y los provechos del.
Que la manera que se tuvo para doctrinar los indios fue recoger los hijos pequeños de los señores, y gente más principal, y que los ponían en torno de los monasterios en casas que cada pueblo hacia para los suyos donde estaban todos juntos los de cada lugar, y que sus padres y parientes les traían de comer, y que con estos niños se recogían los que venían a la doctrina, y que con esta frecuentación pidieron muchos el bautismo con mucha devoción, y que estos niños después de enseñados tenían cuidado de avisar a los frailes de las idolatrías y borracheras, y que rompían los ídolos, aunque fuesen de sus padres, y exhortaban a las repudiadas y a los huérfanos si los hacían esclavos que se quejasen a los frailes, y aunque fueron amenazados de los suyos, no por esto cesaban, antes respondían que les hacían honra, pues era por el bien de sus almas, y que el Adelantado y los jueces del rey siempre andado fiscales a los frailes para recoger los indios a la doctrina, y para castigar a los que se tomaban a la vida pasada, y que al principio daban los señores de mala gana sus hijos, pensando que los querían hacer esclavos como habían hecho los españoles, y que por esta causa daban machos esclavillos en lugar de sus hijos, mas como entendieron el negocio, los daban de buena gana. Que de esta manera aprovecharon tanto los mozos en las escuelas y la otra gente en la doctrina, que era cosa admirable.
Que aprendieron leer y escribir en la lengua de los indios, la cual se redujo tanto a arte que se estudiaba como la latina y se halló que no usaban de seis letras nuestras que son D, F, G, Q, R, S, que para cosa ninguna las han menester; pero tienen necesidad de doblar otras y añadir otras para entender las muchas significaciones de algunos vocablos, porque pa quiere decir abrir, y ppa, apretando mucho los labios quiere decir quebrar; y tan es cal, o ceniza, y tan dicho recio entre la lengua y los dientes altos, quiere decir palabra o hablar, y así en otras diciones. Y puesto que ellos para estas cosas tenían diferentes caracteres, no fue menester inventar nuevas figuras de letras sino aprovecharse de las latinas porque fuese común a todos.
Dioseles también orden para que dejasen los asientos que tenían en los montes, y se juntasen como antes en buenas poblaciones, para que más fácilmente fuesen enseñados, y no tuviesen tanto trabajo los religiosos, para cuya sustentación les hacían limosnas las pascuas y otras fiestas, y hacían limosnas a las iglesias por medio de dos indios ancianos, nombrados para esto, con lo cual daban lo necesario a los frailes cuando andaban visitando entre ellos, y también aderezaban las iglesias de ornamentos.
Que estando esta gente instruidos en la religión y los mozos aprovechados como dijimos, fueron pervertidos por los sacerdotes que en su idolatría tenían, y por los señores, y tornaron a idolatrar y hacer sacrificios no solo de sahumerios14 sino de sangre humana, sobre lo cual los frailes hicieron inquisición y pidieron ayuda al alcalde mayor y prendieron muchos y les hicieron procesos y se celebro un auto en que pusieron muchos en cadalso, encorozados, y azotados y trasquilados, y algunos ensambenitados15 por algún tiempo, y que algunos de tristeza, engañados del demonio se ahorcaron, y que en común mostraron todos mucho arrepentimiento y voluntad de ser buenos cristianos.
§ XIX. Llegada del obispo Toral: suelta a los indios presos. El provincial de San Francisco va a España para justificarse.
Que en esta sazón llegó a Campeche fray Francisco Toral, fraile franciscano, natural de Ubeda, que había estado XX años en lo de México, y venia por obispo de Yucatán, el cual por las informaciones de los españoles, y por las quejas de los indios, deshizo lo que los frailes tenían hecho, y mando soltar los presos y que sobre esto se agravio el provincial y determinó ir a España, quejándose primero en México, y que así vino a Madrid, donde los del consejo de Indias le afearon mucho que hubiese usurpado el oficio de obispo, y inquisidor, para descargo de lo cual alegaba la facultad que su orden tenia para en aquellas partes concedida por el papa Adriano, a instancia del emperador, y el aujilio que la Audiencia real de las Indias le mando dar conforme a como se daba a los obispos; y que los del consejo se enojaron más por estas disculpas, y acordaron de remitirle al y a sus papeles y a los que el obispo había enviado contra las frailes a fray Pedro de Bovadilla, provincial de Castilla, a quien el rey escribió, mandándole que los viese y hiciese justicia y que este fray Pedro, por estar enfermo, cometió el examen de estos procesos a fray Pedro de Guzman de su orden, hombre docto y experimentado en cosas de inquisición, y se presentaron los pareceres de siete personas doctas del reino de Toledo que fueron el D. fray Francisco de Medina y fray Francisco Dorantes de la orden de San Francisco, y el maestro fray Alonzo de la Cruz, fraile de San Augustin, quien había estado XXX años en las Indias, y el licenciado Thomas López, que fue oidor en Guatimala en el Nuevo Reino, y fue Juez en Yucatán, y el D. Hurtado catedrático de cánones, y el D. Mendez, catedrático de santa Escritura, y el D. Martinez, catedrático de Scoto en Alcalá, los cuales dijeron que el provincial hizo justamente el auto y las otras cosas en castigo de los indios. Lo cual visto por fray Francisco de Guzman, escribió largamente sobre ello al provincial fray Pedro de Bovadilla.
Que los indios de Yucatán merecen que el rey les favorezca por muchas cosas y por la voluntad que mostraron a su servicio. Estando necesitado en Flandes envió la princesa doña Juana su hermana, que entonces era gobernadora del reino, una cédula pidiendo ayuda a los de las Indias, la cual llevó a Yucatán un oidor de Guatimala y para esto junto los señores y ordenó que un fraile les predicase lo que debían a su majestad, y lo que entonces les pedía, y que concluida la plática, se levantaron dos indios en pie y respondieron que bien sabían lo que eran obligados a Dios por haber les dado tan noble y cristianísimo rey, y que les pesaba no vivir en parte donde le pudieron servir con sus personas, por tanto que viese lo que de su pobreza queria que le servirían con ello y que si no bastase, que venderían sus hijos y mujeres.
§ XX. Manera de las casas en Yucatán. Obediencia y respeto de los indios a sus señores. Modo de ornar sus cabezas y de llevar sus vestidos.
Que la manera de hacer las casas era cubrirlas de paja que tienen muy buena y mucha, o con hojas de palma que es propia para esto y que tenían muy grandes corrientes para que no se lluevan, y que después echan una pared por medio al largo que divide toda la casa, y que en esta pared dejan algunas puertas para la mitad que llaman las espaldas de la casa, donde tienen sus camas, y que la otra mitad blanquean de muy gentil encalado, y que los señores las tienen pintadas de muchas galanterías y que esta mitad es el recibimiento y aposento de los huéspedes, y que esta pieza no tiene puerta, sino toda abierta conforme al largo de la casa, y baja mucho la corriente delantera por temor de los soles y aguas, y dicen que también para enseñorearse de los enemigos de la parte de dentro en tiempo de necesidad. Y que el pueblo menudo hacia su costa las casas de los señores, y que con no tener más puertas, tenían por grave delito de hacer mal a casas ajenas. Tenían una portecilla atrás para el servicio necesario y que tienen unas camas de varillas, y en cima una serilla donde duermen, cubiertas de sus mantas de algodón: en verano duermen comúnmente en los encalados con una de aquellas serillas, especialmente los hombres. Allende16 de la casa hacían todo el pueblo a los señores sus sementeras, y se las beneficiaban y cogían en cantidad que le bastaba al y a su casa, y cuando había cazas o pescas, o era tiempo de traer sal siempre daban parte al señor, por que estas cosas siempre las hacían de comunidad.
Si moría el señor, aunque le sucediese el hijo mayor, eran siempre los demás hijos muy acatados, y ayudados y tenidos por señores. A las demás principales inferiores del señor ayudaban en todas estas cosas, conforme a quien eran, o al favor que el señor les daba. Los sacerdotes vivían de sus oficios y ofrendas. Los señores regían el pueblo, concertando los litigios, ordenando y concertando las cosas de sus repúblicas, lo cual todo hacían por manos de los más principales que eran muy obedecidos y estimados, especial la gente rica, a quien visitaban y tenían palacio en sus casas donde concertaban las cosas, y negocios principalmente de noche, y si los señores se salían del pueblo, llevaban mucha compañía, y lo mismo cuando salían de sus casas.
Que los indios de Yucatán son bien dispuestos y altos y recios y de muchas fuerzas y comúnmente todos estevados, porque en su niñez, cuando las madres los llevan de una parte a otra, van ahorcajados en los cuadriles. Tenían por gala ser bizcos lo cual hacían por arte las madres, colgándoles del pelo un pegotillo que les llegaba al medio de las cejas desde niños, y alcanzando los ojos, siempre como les andaba allí jugando venían a quedar bizcos; y que tenían las cabezas y frentes llanas, hecho también de sus madres por industria desde niños y que traían las orejas horadadas para zarcillos y muy arpadas de los sacrificios. No criaban barbas, y decían que les quemaban los rostros sus madres con paños calientes, siendo niños, por que no les naciesen, y que ahora crían barbas aunque muy ásperas como cerdas de tocines.
Que criaban cabello como las mujeres; por lo alto quemaban como una buena corona, y que así crecía lo de abajo mucho, y lo de la corona quedaba corto, y que lo entrenzaban y hacían una guirnalda de ello entorno de la cabeza, dejando la colilla atrás como borlas.
Que todos los nombres usaban espejos y no las mujeres y que para llamarse cornudos, decían que su mujer le había puesto el espejo en el cabello sobrando del colodrillo17.
Que se bañaban mucho, no curando de cubrirse de las mujeres, sino cuando podia cubrir la mano. Que eran amigos de buenos olores y que por esto usan de ramilletes de flores y hierbas olorosas, muy curiosos y labrados; que usaban pintarse de colorado el rostro y cuerpo y les parecía muy mal, pero tenían lo por gran gala.
Que su vestido era un liston de una mano en ancho que les servía de bragas y calzas, y que se daban con el algunas vueltas por la cintura, de manera que el un cabo colgaba delante y el otro detrás, y que estos cabos los hacían sus mujeres con curiosidad y labores de pluma, y que traían mantas largas y cuadradas, y las ataban en los hombros, y que traían sandalias de cáñamo o cuero de venado por curtir seco, y no usaban otro vestido.
§ XXI. Mantenimientos y comidas de los indios de Yucatán.
Que el mantenimiento principal es maíz del cual hacen diversos manjares y bebidas, y aun bebido como lo beben, les sirve de comida y bebida; y que las indias echan el maíz a remojar una noche antes en cal y agua, y que a la mañana esta blando y medio cocido, y de esta manera se le quita el hollejo y pezón, y que lo muelen en piedras, y que de lo medio molido dan a los trabajadores y caminantes, y navegantes grandes pelotas y cargas; y que dura con solo acedarse algunos meses, y que de aquello toman una pella18 y deslíanlo en un vaso de la caxcara de una fruta que cría un árbol, con el cual les proveyó Dios de vasos, y que se beben aquella substancia y se comen lo demás, y que es sabroso y de gran mantenimiento, y que de lo más molido sacan leche y la coajan al fuego, y hacen como poleadas para las mañanas, y que lo beben caliente y que sobre lo que sobra de las mañanas echan agua para beber entre día, porque no acostumbran beber agua solo. Que también lo tuestan y muelan y deslian en agua que es muy fresca bebida, echándole un poco de pimienta de Indias o cacao.
Que hacen del maíz y cacao molido una manera de espuma muy sabrosa con que celebran sus fiestas, y que sacan del cacao una grasa que parece mantequillas y que de esto y del maíz hacen otra bebida sabrosa y estimada, y que hacen otra bebida de la substancia del maíz molido, así crudo que es muy fresca y sabrosa. Que hacen pan de muchas maneras, bueno y sano, salvo que es malo de comer, cuando esta frío, y así pasan las indias trabajo en lo hacer dos veces al día. Que no se ha podido acertar a hacer harina, que se amase como la del trigo, y que si alguna vez se hace como pan de trigo, no vale nada.
Que hacen guisados de legumbres y carne de venados y aves monteses y domésticas que hay muchas, y de pescados que hay muchos, y que así tienen buenos mantenimientos, principalemente después que crían puercos y aves de Castilla.
Que por la mañana toman la bebida caliente con pimienta, como está dicho y entre día las otras frías, y a la noche los guisados. Y que si no hay carne hacen sus salsas de la pimienta y legumbres. Que no acostumbraban comer los hombres con las mujeres, y que ellos comían por si en el suelo, o cuando mucho sobre una serilla por mesa: y que comen bien cuando lo tienen, y cuando no, sufren muy bien la hambre y pasan con muy poco. Y que se lavan las manos y la boca después de comer.
§ XXII. Cómo estos indios se labraban el cuerpo. Sus borracheras, vino, banquetes. Farsantes, música y bailes.
Labravanse los cuerpos y cuanto más, tanto más valientes y bravosos se tenían, porque el labrarse era gran tormento que era de esta manera. Los oficiales de ello labraban la parte que querían con tinta, y después sejábanle delicadamente las pinturas, y así con la sangre y tinta quedaban en el cuerpo las señales, y que se labran poco a poco por el tormento grande, y también se ponen después malos, porque se les enconaban los labores, y hacíase materia, y que con todo eso se mofaban de los que no se labraban. Y que se precian muchos de ser requebrados y tener gracias y habilidades naturales, y que ya comen y beben como nosotros.
Que los indios eran muy disolutos en beber y emborracharse, de que les seguían muchos males, como matarse unos a otros, violar las camas, pensando las pobres mujeres recibir a sus maridos, también con padres y madres como en casa de sus enemigos, y pegar fuego a sus casas, y que con todo eso se perdían por emborracharse; y que cuando la borrachera era general, y de sacrificios contribuían todos para ello, porque cuando era particular, hacia el gasto el que la hacia con ayuda de sus parientes. Y que hacen el vino de miel y agua, y cierta raíz de un árbol que para esto criaban con lo cual se hacia el vino fuerte y muy hediondo. Y que con bailes y regocijos comían sentados de dos en dos, o de cuatro en cuatro; y que después de comido, sacaban los escancianos19 los cuales no se solían emborachar, de unos grandes artezones de beber hasta que se hacían unos cimitaras, y que las mujeres tenían mucha cuenta de volver sus maridos borachos a casa.
Que muchas veces gastan en un banquete lo que en muchos días mercadeando y trompeando ganaban; y que tienen dos maneras de hacer estas fiestas, la primera que es de los señores y gente principal, obliga a cada uno de los convidados a que hagan otro tal convite, y que daba a cada uno de los convidados una ave asada y pan y bebida de cacao de abundancia, y que al fin del convite suelen dar a cada uno una manta para cubrirse y un banquillo y vaso más galano que pueden. Y si se muere uno de ellos es obligada a pagar el convite la casa o parientes del. La otra manera es entre parentelas, cuando casan sus hijos o hacen memorias de las cosas de sus antepasados, y esta no obliga a restitución, salvo que si ciento han combidado a un indio a una fiesta, así a todos cuando el hace fiesta o casa sus hijos combida. Y que sienten mucho la amistad y conservan la memoria aunque lejos unos de otros con estos convites, y que en estas fiestas les daban a beber mujeres hermosas las cuales después de dado el vaso volvían las espaldas al que lo tomaba hasta vaciado el vaso.
Que los indios tienen recreaciones muy donosas y principalmente farsantes que represantan con mucho donaire tanto que estos alquilan los españoles para no más que vean los chistes de los españoles que pasan con sus mozas, maridos o ellos proprios sobre el buen o mal servir, y después lo representan con tanto artificio como curiosos españoles. Tienen atábales pequeños que tañen con la mano, y otro atabal de palo hueco de sonido pesado y triste; táñenlo con un palo larguillo puesto al cabo cierta leche de un árbol, y tienen trompetas largas y delgadas de palos huecos, y al cabo unas largas y tuertas calabazas. Y tienen otro instrumento de toda la tortuga entera con sus conchas, y sacada la carne, táñenlo con la palma de la mano, y es su sonido lúgubre y triste.
Tienen chiflatos de cañas, de huesos de venado, y caracoles grandes y flautas de cañas, y con estos instrumentos hacen son a los bailantes, y tienen especialmente dos bailes muy de hombre y de ver. El uno es un juego de cañas y así le llaman ellos Colomche que lo quiere decir; para jugarlo se junta una gran rueda de vailadores con su música que les hace son y por su compás salen dos de la rueda, el uno con un manojo de bohordos20, y baila con ellos en hiesto. El otro baila en cuclillas, ambos con compás de la rueda, y el de los bohordos con toda su fuerza los tira al otro, el cual con gran destreza con un palo pequeño arebatelos. Acabado de tirar buelven con su compás a la rueda y salen otros hacer lo mismo.
Otro baile hay en que bailan ocho cientos y más y menos indios con banderas pequeñas con son y pasó largo de guerra, entre los cuales no hay uno que salga de compás. Y en sus bailes son pesados, porque todo el día entero no cesan de bailar, porque les llevan hay de comer y beber. Los hombres no solían bailar con las mujeres.
§ XXIII. Comercio y moneda. Agricultura y semillas. Justicia y hospitalidad.
Que los oficios de los indios eran olleros y carpinteros, los cuales por hacer los ídolos de barro y madera con muchos ayunos y observancias ganaban mucho. Había también cirujanos, o por mejor decir hechiceros, los cuales curaban con hierbas y muchas supersticiones, y así de todos los demás oficios.
El oficio en que más inclinados estaban es mercadería, llevando sal, ropa y esclavos a tierra de Ulua y Tabasco, trocándolo todo por cacao y cuentas de piedra que era su moneda, y con esta solían comprar esclavos o otras cuentas con razón que eran finas y buenas, las cuales por joyas traían sobre si en las fiestas los señores. Y tenían otras hechas de ciertas conchas coloradas por moneda y joyas de sus personas. Y lo traían en sus bolsas de red que tenían y en los mercados trataban de todas cuantas cosas había en esa tierra. Fiavan, prestaban, y pagaban cortesmente y sin usuras.
Y sobre todo eran los labradores y los que ponen a coger maíz y las demás semillas, lo cual guardan en muy lindos sitios y trojes21 para vender a sus tiempos. Sus mulas y bueyes son la gente. Suelen de costumbre sembrar para cada casado con su mujer medida de CCCC pies, lo cual llaman hun-uinic, medida con vara de XX pies, XX en ancho, y XX en largo.
Que los indios tienen costumbre buena de ayudarse unos a otros en todos sus trabajos. En tiempo de sus sementeras, los que no tienen gente suya para las hacer, juntanse de XX en XX, o más o menos, y hacen todos juntos por su medida y tasa la labor de todos, y no lo dejan hasta cumplir con todos. Las tierras por ahora es de común, y así el que primero las ocupa las posee. Siembran en muchas partes, por si una faltare supla la otra. En labrar la tierra, no hacen sino coger la basura y quemarla para después sembrarla; y desde medio enero hasta abril labran, y entonces con las lluvias siembran, lo cual hacen, trayendo un taleguillo a cuestas, y con un palo puntiagudo hacen agujero en tierra y ponen allí cinco o seis granos, lo cual con el mismo palo cubren. En lluviendo, espanto es como nace. Juntanse también para la caza de L en L, mas o menos, y la carne del venado asan en parrillas, porque no se les gaste, y venidos al pueblo, hacen sus presentes al señor, y distribuyen como amigos y el mismo hacen en la pesca.
Que los indios en sus visitas siempre llevan consigo don que dar, según su calidad, y el visitado con otro don satisface al otro, y los terceros de estas visitas hablan y escuchan curiosamente conforme a la persona con quien hablan, no obstante que todos se llaman tu, porque en el progreso de sus platicas, el menor por curiosidad suele repetir el nombre del oficio o dignidad del mayor. Y usan mucho yr ayudando al que da los mensages un sonsonete hecho con la aspiración en la garganta que es como decir vastaque o asique. Las mujeres son cortas en sus razonamientos y no acostumbraban a negociar por si, especialmente si eran pobres, y por eso los señores se mofaron de los frailes que daban oído a pobres y ricos sin respeto.
Que los agravios que hacían unos a otros mandaba satisfacer el señor del pueblo del dañador, y sino, era ocasión y instrumento de más pasiones; y si eran de un mismo pueblo, con el juez lo comunicaban que era arbitro, y examinado el daño, mandaba la satisfacción, y si no era suficiente para la satisfacción, los parientes y mujer le ayudaban. Las causas de que se solían hacer estas satisfaciones eran si mataban a alguno casualmente, o cuando se ahorcaba la mujer o el marido con alguna culpa de haberle dado o el la ocasión, o cuando eran causa de algún incendio de casas o heredades, de colmenas o trojes de maíz. Los otros agravios hechos con malicia satisfacían siempre con sangre y puñadas.
Que los yucataneses son muy partidos y hospitales, porque entra nadie en su casa a quien no den la comida o bebida, que tienen de día de sus bebidas, de noche de sus comidas, y si no las tienen, buscanlo por la vecindad; y por los caminos si les junta gente, a todos han de dar de ellas, aunque les quepe por eso mucho menos.
§ XXIV. Modo de contar de los yucataneses. Nombres. Heredades y tutela de los huérfanos. Sucesión de los señores.
Que su cuenta es de V en V, hasta XX, y de XX en XX hasta C, y de C en C hasta 400, y de CCCC en CCCC hasta VIII mil. Y de esta cuenta se servían mucho para la contratación de cacao. Tienen otras cuentas muy largas, y que las protienden in infinitum, contándolas VIII mil XX veces que son C y LX mil, y tornando a XX duplican estas ciento y LX mil, y después yrlo así XX duplicando hasta que hacen un incontable número: cuentan en el suelo o cosa llana.
Que tienen mucha cuenta con saber el origen de sus linajes, especial si vienen de alguna casa de Mayapán, y eso procuran de saberlo de los sacerdotes, que es una de sus ciencias, y jatanse mucho de los varones que en sus linajes ha habida señalados. Los nombres de los padres duran siempre en los hijos, en las hijas no. A sus hijos y hijas siempre llamaban del nombre del padre y de la madre, el del padre como propio y de la madre apellativo. De esta manera el hijo de Chel y Chan llamaban Na-Chan-Chel, que quiere decir hijo de fullanos, y esta es la causa que dicen los indios son los de un nombre deudos y se tratan por tales, y por eso cuando viene alguno en parte no conocido y necesitado, luego acude el nombre, y si hay quien, luego con toda charidad se reciben y tratan y así ninguna mujer o hombre se casaba con otro del mismo nombre, porque era a ellos gran infamia. Llamanse ahora los nombres de Pilar los propios.
Que los indios no admittian las hijas a heredar con los hermanos sino era por via de piedad o voluntad y entonces dábanles del montón algo; lo demás partían los hermanos igualmente, salvo que al que más notablemente había ayudado a allegar la hacienda daban la equivalencia y si eran todas hijas, heredaban los hermanos o más propinquos. Y si eran de edad que no se sufría entregar la hacienda, entregábanla a un tutor debdo más cercano, el cual daba a la madre para criarlos, porque no usaban de dejar nada en poder de madres, o quitábanles los niños principalmente siendo los tutores hermanos del difunto. Estos tutores daban lo que así se les entregaba a los herederos cuando eran de edad, y no hacerlo era gran fealdad entre ellos y causa de muchas contiendas. Cuando así le entregaban era delante de los señores y principales, quitando lo que habían dado para los criar y no daban de las cosechas de las heredades nada más como era de colmenares y algunos árboles de cacao, porque decían era harto tenerlo en pie. Si cuando el señor moría no eran los hijos para regir y tenia hermanos, regia de los hermanos el mayor o el más desenbuelto y al heredero mostraban sus costumbres y fiestas para cuando fuese nombre y estos hermanos, aunque el heredero fuese para regir, mandaban toda su vida, y sino había hermanos, elegían los sacerdotes y gente principal un hombre suficiente para ello.
§ XXV. Repudiación frecuente entre los yucataneses. Sus casamientos.
Que antiguamente se casaban a XX años, ahora de XII o XIII, y por eso ahora se repudian más fácilmente como se casan sin amor i ignaros de la vida matrimonial y oficio de casados, y si los padres no podían persuadir que volviesen con ellas, buscábanles otra y otras y otras. Con la misma facilidad dejaban los hombres con hijos a sus mujeres sin temor de que otro las tomase por mujeres o después volver a ellas; pero con todo eso son muy celosos y no llevan a paciencia que sus mujeres no les estén honestas, y ahora que han visto que los españoles sobre eso matan a las suyas, empiezan a maltratarlas y aun a matarlas. Si cuando repudiaban los hijos eran niños, dexábanlos a las madres, si grandes los varones con los padres y hembras con las madres.
Que aunque era tan común y familiar cosa repudiar, los ancianos y de mejores costumbres lo tenían por malo y muchos había que nunca habían tenido sino una, la cual ninguno tomaba de su nombre, de parte de su padre; ca era cosa muy fea entre ellos y si algunos se casaban con las cuñadas mujeres de sus hermanos, era tenido por malo. No se casaban con sus madrastas, ni cuñadas hermanas de sus mujeres, ni tías hermanas de sus madres, y si alguno lo hacia era tenido malo; con todas las demás parientas de parte de su madre contrayan aunque fuese prima hermana.
Los padres tienen mucho cuidado de buscarles con tiempo mujeres de su estado y condición y si podían en el mismo lugar; y poquedad era entre ellos buscar las mujeres para si, y los padres para sus hijas casamiento; y para tratarlo, buscaban casamenteros que lo rodeasen: concertado y tratado, concertaban las aras y dote, lo cual era muy poco, y dábalo el padre del mozo al consuegro, y hacia la suegra allende del dote vestidos a la nuera y hijo; y venido el día, se juntaban en casa del padre de la novia, y allí aparejada la comida, venían los convidados y el sacerdote, y juntado los casados y consuegros, trataba el sacerdote quadrarles, pues lo habían bien mirado los suegros y estarles bien y así le daban su mujer al mozo esa noche si era para ello y luego se hacia la comida y convite; y de hay adelante quedaba en casa del suegro el yerno, trabajando cinco o seis años por el suegro, y sino lo hacia, hechábanle de casa y trabajaban las madres diese siempre la mujer de comer y beber al marido en señal de casamiento. Los viudos y viudas sin fiesta ni solemnidades se concertaban, con solo ir ellos a casa de ellas y admittirlos y darles de comer se hacia el casamiento; de lo cual nacía que se dejaban con tanta facilidad como se tomaban. Nunca los yucataneses tomaron más de una como se ha hallado de otras partes tener muchas juntas, y los padres algunas veces contrahen matrimonio por sus hijos niños hasta que sean venidos en edad y se tratan como suegros.
§ XXVI. Modo de bautismo en Yucatán. Cómo lo celebraban.
No se halla el bautismo en ninguna parte de las Indias, sino en esta de Yucatán, y aun con vocablo que quiere decir nacer de nuevo o otra vez, que es lo mismo que en la lengua latina renascor, porque en la lengua de Yucatán zihil quiere decir nacer de nuevo o otra vez, y no se usa sino en composición de verbos, y así caput zihil quiere decir nacer de nuevo. No hemos podido saber su origen, mas de que es cosa que han siempre usado y a que tenían tanta devoción, que nadie lo dejaba de recibir, y tanta reverencia que los que tenían pecados, si eran para saber los cometer los habían de manifestar, especialmente a los sacerdotes para recebirlo, y tanta fee en el que no lo iteraban en ninguna manera. Lo que pensaban recibían en el era una previa disposición para ser buenos en sus costumbres, y no ser dañados en las cosas temporales de los demonios, y venir mediante el y su buena vida a conseguir la gloria que ellos esperaban, en la cual, según en la de Mahoma, habían de usar de manjares y beveres.
Tenían pues esta costumbre para venir a hacer los bautismos, que criaban las indias los niños hasta edad de tres años, y a los varoncillos usábanles siempre poner pegada a la cabeza en los cabellos de la coronilla una contezuela blanca, y a las muchachas traían ceñidas por las senes muy abajo con un cordel delgado y en el una conchuela asida que les venia a dar encima de la parte honesta, y de estas dos cosas era entre ellos pecado y cosa muy fea quitarla de las muchachas antes del bautismo, el cual les daban siempre desde edad de tres años hasta doce y nunca se casaban antes del bautismo.
Cuando alguno había que quisiese bautizar su hijo, iba al sacerdote y dábale parte de su intento, el cual publicaba por el pueblo el bautismo y el día en que lo hacia, el cual ellos miraban siempre no fuese aciago. Esto hecho el que hacia la fiesta que era el que movía la plática, elegía un principal del pueblo a su gusto para que le ayudase a su negocio y las cosas del. Después tenían de costumbre elegir a otros cuatro hombres ancianos y honrados que ayudasen al sacerdote el día de la fiesta a las ceremonias, y estos elegían juntamente a su gusto con el sacerdote. Y en estas elecciones entendían siempre los padres de todos los niños que había que bautizar, ca de todos era también la fiesta y llamábanlos a estos que escogían chaces. Tres días antes de la fiesta ayunaban los padres de los muchachos y los oficiales, abstiniéndose de las mujeres.
El día juntábanse todos en casa del que hacia la fiesta y llevaban los niños todos que habían de bautizar, a los cuales ponían en el patio o plaza de la casa, que limpio y sembrado de hojas frescas le tenían por orden en rengla los varones por si y las niñas por si, ponían les como padrinos una mujer anciana a las niñas, y a los niños un hombre que los tuviesen a cargo.
Esto hecho trataba el sacerdote de la purificación de la posada, hechando al demonio de ella. Para echarlo ponían cuatro vanquillos en las cuatro esquinas del patio en los cuales se sentaban los cuatro chaces con un cordel largo asido de uno a otro, de manera que quedaban los niños acorralados en medio a dentro del cordel, después pasando sobre el cordel habían de entrar todos los padres de los niños que habían ayunado dentro del circuito. Después o antes ponían en medio otro banquillo donde el sacerdote se sentaba con un brasero, y un poco de maíz molido y de su incienso. Allí venían los niños y niñas por orden y echábales el sacerdote un poco de maíz molido y del incienso en la mano, y ellos en el brasero; y así hacían todos, y estos sahumerios acabados, tomaban el brasero en que los hacían, y el cordel con que los chaces los tenían cercados y echaban en un vaso un poco de vino y daban lo todo a un indio que lo llevase fuera del pueblo, avisándole no bebiese ni mirase atrás a la vuelta y con esto decían quedaba el demonio echado.
El cual así ido verrian el patio y limpiábanlo de las hojas del árbol que tenia que se dice cihom y echaban otras de otro que llaman copo, y ponían unas seras en tanto que el sacerdote se bestia. Vestido salía con un jaco de pluma colorado y labrado de otras plumas de colores, y que le cuelgan de los extremos otras plumas largas y una como coroza22 en la cabeza de las mismas plumas, y debajo del jaco muchos listones de algodón hasta el suelo como colas, y con un isopo en la mano de un palo corto muy labrado, y por barbas o pelos del isopo ciertas colas de unas culebras que son como caxcaveles, y con no más ni menos gravedad que ternia un papa para coronar un emperador, que cosa era notable la serenidad que les causaban los aparejos. Los chaces iban luego a los niños y ponían a todos sendos paños blancos en las cabezas que sus madres para aquello traían. Preguntavan a los que eran grandecillos si habían hecho algún pecado y tocamiento feo, y si lo habían hecho, confesábanlo, y separábanlos de los otros.
Esto hecho mandaba el sacerdote callar y sentar la gente, y comenzaba el a bendecir con muchas oraciones a los muchachos, y a santiguarlos con su isopo, y con mucha serenidad. Acabada su bendición se sentaba y se levantaba el principal que habían los padres de los muchachos elegido para esta fiesta, y con un hueso que el sacerdote le daba iba a los muchachos y amagaba a cada uno por si nueve veces con el hueso en la frente; después mojábale en un vaso de una agua que llevaba en la mano, y untábales la frente, y las faciones del rostro y entre los dedos de los pies y los de las manos a todos sin hablar palabra. Esta agua hacían de ciertas flores y de cacao mojado y desleido con agua virgen que ellos decían traída de los concavos de los árboles o de los montes.
Acabada esta unctura se levantaba el sacerdote y les quitaba los paños blancos de la cabeza y otros que tenían colgados a las espaldas en que cada uno traia atadas unas pocas de plumas de un pájaro muy hermoso y algunos cacaos, lo cual todo recogía uno de los chaces, y luego el sacerdote les cortaba a los niños con una navaja de piedra la cuenta que habían traído pegada en la cabeza; tras esto iban los demás ayudantes del sacerdote con un manojo de flores y un humazo que los indios usan chupar; y amagaban con cada uno de ellos nueve veces a cada muchacho, y después dábanle a oler las flores y a chupar el humazo. Después recogían los presentes que las madres traían y daban de ellos a cada muchacho un poco para comer allí, ca de comida eran los presentes, y tomaban un buen vaso de vino y presto en medio ofrecíanlo a los dioses y con devotas plegarias les rogaban recibiesen aquel don pequeño de aquellos muchachos, y llamando otro oficial que les ayudaba que llamaban Cayom dábanse lo que lo bebiese, lo cual hacia sin descansar que diz que era pecado.
Esto hecho se despedían las muchachas primero, a las cuales iban sus madres primero a quitarles el hilo con que habían andado hasta entonces atadas por las riñones, y la conchuela que traían en la puridad, lo cual era como una licencia de poderse ya cuando quiera que los padres quisiesen casar. Después despedían por si a los muchachos, y idos venían los padres al montón de las mantillas que habían traído, y repartíanlo de su mano por los circumstantes y oficiales. Después acababan la fiesta con comer y beber largo; llamaban a esta fiesta Emku, que quiere decir bajada de Dios. El que la había hecho principalmente moviéndola y haciendo el gasto, allende de los tres días que se había, como por ayuno, abstenido, se había de abstener nueve más y lo hacían inviolablemente.
§ XXVII. Confesión entre los yucataneses. Abstinencias y supersticiones. Variedad de ídolos. Oficios de los sacerdotes.
Que los yucataneses naturalmente conocían que hacían mal, y por que creían que por el mal y pecado les venían muertes, enfermedades y tormentos, tenían por costumbre confesarse, cuando ya estaba en ellos, en esta manera: que cuando por enfermedad o otra cosa, eran en peligro de muerte, confesaban su pecado, y si se descuidaban, traianselo los parientes más cercanos o amigos a la memoria, y así decían públicamente sus pecados, si estaba allí el sacerdote, al, sino a los padres y madres, y las mujeres a los maridos, y maridos a las mujeres.
Los pecados de que comúnmente se acusaban, eran del hurto, homicidio, de la carne, y falso testimonio, y con esto se creían salvos, y muchas veces si escapaban había revueltas entre el marido y la mujer, por las desgracias que les habían sucedido, y con las que las habían causado.
Ellos confesaban sus flaquezas, salvo las que con sus esclavas los que las tenían cometían, porque decían era licito usar de sus cosas como querían. Los pecados de intención no confesaban, tenían empero por malos, y en sus consejos y predicaciones consejaban evitarlos. Que las abstinencias que comúnmente hacían eran de sal en los guisados y pimienta, lo cual les era grave, y absteníanse de sus mujeres para la celebración de todas sus fiestas.
No se casaban después de viudos un año, por no conocer hombre a mujer en aquel tiempo, y a los que esto no guardaban, tenían por poco templados y que les vendría por eso algún mal.
Y en algunos ayunos de sus fiestas no comían carne ni conocían sus mujeres; recibían los oficios de las fiestas siempre con ayunos, y lo mismo los oficios de república y algunos tan largos que eran de tres años, y todos estos quebrantarlos eran grandes pecados.
Que eran tan dados a sus idolatricas oraciones, que en tiempo de necesidad hasta las mujeres, muchachos, y mozas, todos entendían en esto que era quemar incienso y suplicar a Dios les librase del mal y reprimiese al demonio, que esto les causaba.
Y que aun los caminantes en sus caminos llevaban incienso y un platillo en que lo quemar, y así a la noche do quiera que llegaban, erigían tres piedras pequeñas y ponían en ellas sendos pocos del incienso, y ponían les delante otras tres piedras llanas, en las cuales echaban incienso, y rogando al Dios que llamaban Ekchuah los volviese con bien a sus casas, y eso hasta ser bueltos a sus casas cada noche lo hacían donde no faltaba quien por ellos hiciese otro tanto y aun más.
Que tenían gran muchedumbre de ídolos y templos suntuosos en su manera, y aun sin los comunes templos tenían los señores sacerdotes y gente principal oratorios y ídolos en casa para sus oraciones y ofrendas particulares. Y que tenían a Cuzmil y pozo de Chichén Itzá en tanta veneración como nosotros a las romerías de Hierusalem y Roma y así les iban a visitar y ofrecer dones, principalmente a la de Cuzmil, como nosotros a lugares santos, y ya que no iban, siempre embiaban sus ofrendas. Y los que iban tenían de costumbre de entrar también en templos derelictos, cuando pasaban por ellos a orar y quemar copal.
Tantos ídolos tenían que aun no les bastaba los de sus dioses; pero no había animal ni savandija que no le hiciesen estatua y todos los hacían a la semejanza de sus dioses y diosas. Tenían algunos ídolos de piedra, mas pocos, y otros de madera, y de bulto pequeños, pero no tantos como de barro. Los ídolos de madera eran tenidos en tanto que se eredaban, y tenidos por lo principal de la herencia. Ídolos de metal no tenían, por que no hay metal aï. Bien sabían ellos que los ídolos eran obras suyas y muertas y sin deidad, mas que los tenían en reverencia por lo que representaban, y por que les habían hecho con tantas ceremonias, en especial los de palo.
Los más idólatras eran los sacerdotes, chilanes, hechiceros y médicos, chaces y nacones. El oficio de los sacerdotes era tratar y enseñar sus ciencias y declarar las necesidades y sus remedios, predicar y echar las fiestas, hacer sacrificios y administrar sus sacramentos. El oficio de los chilanes era dar respuestas de los demonios al pueblo y eran tenidos en tanto que acontecía llevarlos en hombros. Los hechiceros y médicos curaban con sangrías hechas en la parte donde dolía al enfermo, y echaban suertes para adivina en sus oficios y otras cosas. Los chaces eran cuatro hombres ancianos elegidos siempre de nuevo para ayudar al sacerdote a bien y complidamente hacer las fiestas. Nacones eran dos oficios, el uno perpetuo y poco onroso, por que era el que habría los pechos a las personas que sacrificaban. El otro era una elección hecha de un capitán para la guerra y otras fiestas que duraban tres años, este era de mucha honra.
§ XXVIII. Sacrificios crueles y sucios de los yucataneses. Víctimas humanas matadas a flechazas y otros.
Que hacían sacrificios con su propia sangre unas veces, cortándose las (orejas) a la redonda por pedazos y allí los dejaban en señal. Otras veces se agujeraban las mejillas, otras los bezos bajos, otras se separaban partes de sus cuerpos, otras se agujeraban las lenguas al soslayo por los lados, y pasaban por los agujeros pajas con grandisimo dolor; otras, se harpaban lo superfluo del miembro vergonzoso, dejándolo como las orejas, de lo cual se engaño el historiador general de las Indias, diciendo que se circumcidian.
Otras veces hacían un sucio y penoso sacrificio añudándose los que lo hacían en el templo, donde puestos en rengla, se hacían sendos agujeros en los miembros viriles al soslayo por el lado, y hechos pasaban toda la más cantidad de hilo que podían, quedando así todos asidos, y ensartados; también untaban con la sangre de todas estas partes al demonio, y el que más hacia, por más valiente era tenido, y sus hijos desde pequeños en ello comenzaban a ocupar y es cosa espantable quan aficionados eran a ello.
Las mujeres no usaban de estos derramamientos, aunque eran harto santeras; mas de todas las cosas que haber podían que son aves del cielo, animales de la tierra, o pescados de la agua, siempre les embadurnaban los rostros al demonio con la sangre de ellos. Y otras cosas que tenían ofrecían; a algunos animales les sacaban el corazón y lo ofrecían, a otros enteros, unos vivos, otros muertos, unos crudos, otros guisados, y hacían también grandes ofrendas de pan y vino, y de todas las maneras de comidas, y bebidas que usaban.
Para hacer estos sacrificios en los patios de los templos (había) unos altos maderos y labrados y enhiesto, y cerca de las escaleras del templo tenían una peaña redonda ancha, y en medio una piedra de cuatro palmos o cinco de alto enhiesta, algo delgada; arriba de las escaleras del templo había otra tal peaña.
Que sin las fiestas en las cuales, para la solemnidad de ellas, se sacrificaban animales, también por alguna tribulación o necesidad, les mandaba el sacerdote o chilanes23 sacrificar personas, y para esto contribuían todos, para que se comprase esclavos, o algunos de devoción daban sus hijitos los cuales eran muy regalados hasta el día y fiesta de sus personas, y muy guardados que no se huyesen o ensuciasen de algún carnal pecado, y mientras a ellos llevaban de pueblo en pueblo con bailes, ayunaban los sacerdotes y chilanes y otros oficiales.
Y llegado el día, juntábanse en el patio del templo, y si había de ser sacrificado a saetadas, desnudábanle en cueros y untábanle el cuerpo de azul con una coroza en la cabeza; y después de alcanzado el demonio, hacia la gente un solemne baile con él, todos con arcos y flechas al rededor del palo, y bailando subíanle en él, y atábanle y siempre bailando y mirándole todos. Subia el sucio del sacerdote vestido, y con una flecha en la parte verenda, fuese mujer o hombre le hería, y sacaba sangre y baxábase y untaba con ella los rostros al demonio; y haciendo cierta señal a los bailantes, le comenzaban a flechar por orden, como bailando pasaban a priesa, al corazón el cual tenia señalado con una señal blanca, y de esta manera poníanle todos los pechos en un punto, como erizo de flechas.
Se le habían de sacar el corazón le traían al patio con gran aparato y compañía de gente, y enbadurnado de azul y su coroza puesta le llevaban a la grada redonda que era el sacrificadero, y después que el sacerdote y sus oficiales untaban aquella piedra con color azul y echaban purificando el templo al demonio; tomaban los chaces al pobre que sacrificaban, y con gran presteza le ponían de espaldas en aquella piedra y asíanle de las piernas y brazos todos cuatro que le partían por medio. En esto llegaba el saion nacon con un navajon de piedra, y dábale con mucha destreza y crueldad una cuchillada entre las costillas del lado izquierdo debajo de la tetilla, y acudíale allí luego con la mano y echaba la mano del corazón, como rabioso tigre y arancavaselo vivo, y puesto en un plato lo daba al sacerdote, el cual iba muy a prisa y untaba a los ídolos los rostros con aquella sangre fresca.
Algunas veces hacían este sacrificio en la piedra y grada alta del templo, y entonces echaban el cuerpo ya muerto las gradas abajo a rodar y tomábanle abajo los oficiales, y desollábanle todo el cuero entero, salvo los pies y las manos, y desnudo el sacerdote en cueros vivos se aforraba de aquella piel y bailaban con el los demás, y era cosa de mucha solemnidad para ellos esto. A estos sacrificados comúnmente solían enterrar en el patio del templo, o sino, comianseles repartiendo por los que alcanzaban y los señores, y las manos y pies y cabeza eran del sacerdote y oficiales, y a estos sacrificados tenían por santos. Si eran esclavos captivados en guerra el señor de ellos tomaba los huesos para sacar por divisa en los bailes en señal de victoria. Algunas veces echaban personas vivas en el pozo de Chichén Itzá creiendo que salían al tercero día, aunque nunca más parecían.
§ XXIX. Armas de los yucataneses. Dos capitanes, uno hereditario, otro electivo. Abstinencia de este. Milicia y soldada, guerra, etc.
Que tienen armas ofensivas y defensivas. Ofensivas eran arcos y flechas que llevaban en su cargaje con pedernales por caxcillos y dientes de pescados muy agudas, las cuales tiran con gran destreza y fuerza. Son los arcos de un hermoso palo leonado y a maravilla fuerte más derechos que corvos, las cuerdas de su cáñamo. La largura del arco es siempre algo menos que el que lo trae: las flechas son de cañas muy delgadas que se crían en lagunas y largas de más de a cinco palmos, y enjierenle a la caña un pedazo de palo delgado muy fuerte y en aquel va enjerido el pedernal. No usaban ni la saben poner ponsoña, aunque tienen harto de que. Tenían hachuelas de cierto metal y de esta hechura, las cuales encajaban en un hastil de palo, y les servía de armas, y vuelta de labrar la madera. Dábanle filo con una piedra a porrazos que es el metal blando. Tenían lanzuelas cortas de un estado con los hierros de fuerte pedernal, y no tenían más armas que estas.
Tenían para su defensa rodelas que hacían de cañas hendidas, y muy tejidas redondas y guarnecidas de cueros de venados. Hacían xacos de algodón colchados y de sal por moler colchada de dos tandas o colchaduras, y estos eran fortisimos. Tenían algunos señores y capitanes como moriones de palo y estos eran pocos, y con estas armas iban a la guerra, y con plumajes y pellejos de tigres, y leones, puestos los que los tenían. Tenían siempre dos capitanes, uno perpetuo y se eredaba, otro elegido con muchas ceremonias por tres años para hacer la fiesta que hacían en su mes de Pax y cae al doce de mayo, o por capitán de la otra banda para la guerra.
A este llamaban Nacon; no había en estos tres años conocer mujer ni aun la suya, ni comer carne, teníanle en mucha reverencia y dábanle pescados y iguanas que son como lagartos a comer; no se emborachaba en este tiempo y tenia en su casa las vasijas y cosas de su servicio a parte, y no le servía mujer y no trataba mucho con el pueblo.
Pasados los tres años como antes, estos dos capitanes trataban la guerra y ponían sus cosas en orden, y para esto había en (cada) pueblo gente escogida como soldados, que cuando era menester con sus armas acudían, los cuales llaman holcanes, y no bastando estos, recogían más gente, y concertaban y repartían entre si, y guiados con una bandera alta, salían con mucho silencio del pueblo, y así iban a arrebatar a sus enemigos con grandes gritos y crueldades, donde topaban descuidos.
En los caminos y pasos, los enemigos les ponían defensas de flechaderos de varazon y madera y comúnmente hechos de piedra. Después de la victoria quitaban a los muertos la quijada y limpia de la carne poniansela en el brazo. Para sus guerras hacían grandes ofrendas de los despojos, y si cautivaban algún hombre señalado luego le sacrificaban, porque no querían dejar quien les dañase después. La demás gente era captiva en poder del que la prendía.
Que a esos holcanes sino era en tiempo de guerra no daban soldada, y que entonces les daban cierta moneda los capitanes, y poca, porque era del suyo, y sino bastaba, el pueblo ayudaba a ello. Davanles también el pueblo la comida, y esa aderezaban las mujeres para ellos; la llevaban a cuestas por carecer de bestias y así les duraban poco las guerras. Acabada la guerra los soldados hacían muchas vejaciones en sus pueblos durante el olor de la guerra, sobre el hacíanse servir y regalar, y si alguno había matado algún capitán o señor era muy honrado y festejado.
§ XXX. Castigo de los adúlteros, homicidas y ladrones. Educación de los mancebos. Uso de llanar la cabeza a los niños.
Que a esta gente les quedo de Mayapán costumbre de castigar los adúlteros de esta manera: hecha la pesquiza, y convencido alguno del adulterio, se juntaban los principales en casa del señor, y traído el adúltero ataban a un palo, le entregaban al marido de la mujer delinquente, y si el le perdonaba, era libre, sino le mataba con una piedra grande en la cabeza de una parte alta, a la mujer por satisfacción bastaba la infamia que era grande y comúnmente por esto las dejaban.
La pena del homicida era morir por insidias de los parientes, aunque fuese casual, o sino pagar el muerto. El hurto pagaban y castigaban con hacer esclavos, aunque fuese muy pequeño el hurto, y por esto hacían tantos esclavos, principalmente en tiempo de hambre, y por eso fue que nosotros frailes tanto trabajamos en el bautismo, para que les diesen libertad.
Y si eran señores o gente principal juntábase el pueblo; prendido le labraban el rostro desde la barba hasta la frente por los lados en castigo, lo cual tenían por grande infamia.
Que los mozos reverenciaban mucho a los viejos y tomaban sus consejos y así se jactaban de viejos, y eso decían a los mozos, que pues habían más visto que ellos, les habían de creer, lo cual si hacían, los demás les daban más crédito. Eran tan estimados en esto que los mozos no trataban con viejos, sino era en cosas inevitables, y los mozos por casar; con los casados, sino muy poco; por lo cual se usaba tener en cada pueblo una casa grande y encalada, abierta por todas partes, en la cual se juntaban los mozos para sus pasatiempos. Jugavan a la pelota y a un juego con unas habas como a los dados, y a otros muchos. Dormian aquí todos juntos casi siempre, hasta que se casaban.
Y dado que e vido que en otras partes de las Indias usaban del nefando pecado en estas tales casas, en esta tierra no e entendido que hiciesen tal, ni creo lo hacían, porque los llegados de esta pestilencial miseria dicen que no son amigos de mujeres como eran estos, ca a estos lugares llevaban las malas mujeres públicas, y en ellos usaban de ellas, y las pobres que entre esta gente acertaba a tener este oficio no obstante que recibían de ellos gualardon, eran tantos los mozos que a ellas acudían que las traían acosadas y muertas. Enbadurnavanse de color negro hasta que se casaban, y no se solían labrar hasta casados, sino poco. En las demás cosas acompañaban siempre a sus padres, y así salían tan buenos idólatras como ellos, y servíanles mucho en los trabajos.
Que las indias criaban sus hijitos en toda aspereza y desnudez del mundo, porque a cuatro o cinco días nacida la criatura la ponían tendidita en un lecho pequeño hecho de varillas, y allí boca abajo le ponían entre dos tablillas la cabeza, la una en el colodrillo, y la otra en la frente, entre las cuales se le appretaban reciamente y le tenían allí padeciendo hasta que acabados algunos días le quedaba la cabeza llana y enmoldada como lo usaban todos ellos. Era tanta molestia y peligro de los niños pobres que peligraban algunos, y el autor de este vio agujerarsele a uno la cabeza por detrás de las orejas, y así debían hacer muchos.
Criavanlos en cueros, salvo que de 4 a 5 años les daban una mantilla para dormir y unos listoncillos para onestarse como sus padres y a las muchachas las comenzaban a cubrir de la cinta abajo. Mamavan mucho, porque nunca dejaban de darles leche pudiendo, aunque fuesen de tres o cuatro años, de donde venia haber entre ellos tanta gente de buenas fuerzas. Criavanse los dos primeros años a maravilla lindos y gordos. Después con el continuo bañarlos las madres y los soles se hacían morenos; pero eran todo el tiempo de la niñez bonicos y traviesos, que nunca paraban andar con arcos y flechas, y jugando unos con otros, y así se criaban hasta que comenzaban a seguir el modo de vivir de los mancebos y tenerse, en su manera en más y dejar las cosas de niños.
§ XXXI. Modo de vestir y de adornarse entre las indias de Yucatán.
Que los indias de Yucatán son en general de mejor dispusicion que las españolas, y más grandes y bien hechas, ca no son de tantas riñones como las negras. Precianse de hermosas las que son, y a una mano no son feas; no son blancas sino de color bazo, causado más del sol y del continuo bañarse, que de su natural; no se adoban los rostros como nuestra nación, y eso tienen por liviandad. Tenían por costumbre acerrarse los dientes dejándolos como diente de sierra y esto tenían por galantería, y hacían este oficio viejas, limándolos con ciertas piedras y agua.
Horadavanse las narices por la ternilla que divide las ventanas por medio para ponerse en el agujero una piedra de ambar y teníanlo por gala. Horadavanse las orejas, para ponerse zarcillos al modo de sus maridos; labrábanse el cuerpo de la cinta arriba, salvo los pechos por el criar, de labores más delicadas y hermosas que los hombres. Bañavanse muy a menudo con agua fría como los hombres, y no lo hacían con sobrada honestidad, porque acaescia demudarse en cueros en el pozo donde iban por agua para ello. Acostumbravan demás de esto bañarse en aqua caliente y fuego y de este poco y por causa más de salud que limpieza.
Acostumbravan untarse con cierta unción de colorado como los maridos, y las que tenían posibilidad, echaban la cierta confección de una goma olorosa y muy pegajosa, y que creo es liquidambar que en su lengua llaman iztah-te, y con esta confección untaban cierto ladrillo como deseaban que tenían labrado galanas labores, y con aquel se untaban los pechos, y brazos, espaldas y quedaban galanas y olorosas, según les parecía, y durábales muchos días sin se quitar según era buena la unción.
Traían cabelles muy largos, y hacían y hacen de ellos muy galán tocado partidos en dos partes, y entrenzavanselos para otro modo de tocado. A las mozas por casar suelen las madres curiosas curarselos con tanto cuidado que e visto muchas indias de tan curiosos cabellos como curiosas españolas. A las muchachas hasta que son grandecitas, se los trenzan en cuatro quernos y en dos que les parecen bien.
Las indias de la costa y de la provincia de Bacalar y Campeche son más honestas en su traje, porque allende de la cobertura que traían de medio abajo se cubrían los pechos atandoselos por debajo los sobacos con una manta doblada; las demás todas no traían más de una vestidura como saco largo y ancho, abierto por ambas partes y metidas en el hasta los cuadriles donde se les apretaban con el anchor mismo y no tenían más vestidura, salvo que la manta con que siempre duermen, usaban, cuando iban camino, llevar cubierta doblada o arollada, y así andaban.
§ XXXII. Castidad de las mujeres y su educación. Sus grandes calidades, su economía, etc. Su devoción y sus partos.
Preciavanse de buenas y tenían razón, porque antes que conociesen nuestra nación, según los viejos ahora lloran, lo eran a maravilla y de esto traere dos ejemplos. El capitán Alonso López de Avila cuñado del adelantado Montejo prendio una moza india y bien dispuesta y gentil mujer, andando en la guerra de Bacalar. Esta prometió a su marido temiendo que en la guerra no le matasen de no conocer otro si el no, y así no basto persuasión con ella para que no se quitase la vida, por no quedar en peligro de ser ensuciada de otro varon, por lo cual la hicieron aperrear.
A mi se me quejo una india por bautizar de un indio bautizado, el cual andando enamorado de ella, ca hermosa era, aguardose ausentase su marido, y se le fue una noche a su casa y después de manifestarle con muchos requiebres su intento, y no bastarle, probó a dar dadivas que para ello llevaba, y como no aprovechasen, intento forzarla, y con ser un giganton y trabajar por ello toda la noche no saco de ella más de darle enojo tan grande que se me vino a quejar a mi de la maldad del indio, y era así lo que decia.
Acostumbravan a volver las espaldas a los hombres, cuando los topaban en alguna parte, y hacerles lugar para que pasasen, y lo mismo cuando les daban a beber, hasta que acababan de beber. Enseñan lo que saben a sus hijas, y críanlas a su modo bien, ca las riñen y las doctrinan y hacen trabajar, y si hacen culpas las castigan, dándoles pellizcos en las orejas, y en los brazos. Si las ven alzar los ojos, las riñen mucho y se los untan con su pimienta que es grave dolor, y si no son honestas, las aporrean y untan con la pimienta en otra parte por castigo y afrenta. Dicen por mucho valdon y grave reprehension a las mozas mal disciplinadas que parecen mugeres criadas sin madre.
Son celosas y algunas tanto que ponían los manos a las de quien tenían celos, y tan colericas, enojadas, aunque harto mansas, que solían dar vuelta de pelo algunas a los maridos con hacerlo ellos pocas veces. Son grandes trabajadoras y vividoras, porque de ellas cuelgan los mayores y más trabajos de la sustentación de sus casas y educación de sus hijos, y paga de sus tributos y con todo eso si es menester llevan algunas veces mayor carga, labrando y sembrando sus mantenimientos. Son a maravilla grangeras, velando de noche el rato que de servir sus casas les queda, yendo a los mercados a comprar y vender sus cosillas.
Crian aves para vender de Castilla, y de las suyas y para comer. Crian pájaros para su recreación y para las plumas para hacer sus ropas galanas, y crían otros animales domésticos de los cuales dan el pecho a los corzos, con lo cual los crían tan mansos que no saben irseles al monte jamás, aunque los llevan y traigan por los montes y crien en ellos.
Tienen costumbre de ayudarse unas a otras a las telas y al hilar, y paganse estos trabajos como sus maridos los de sus heredades, y en ellos tienen siempre sus chistes de mofar y contar nuevas, y a ratos un poco de murmuracion. Tienen por gran fealdad mirar a los hombres y reirseles, y por tanto que solo esto bastaba para hacer cualquiera fealdad, y sin más entremeses hacíanlas ruines. Bailaban por si sus bailes y algunos con los hombres, en especial uno que llamaban Naual no muy honesto. Son muy fecundas y tempranas en parir, y grandes criaderas por dos razones, la una porque la bebida de las mañanas que beben caliente cría mucha leche y el continuo moler de su maíz y no traer los pechos apretados les hace tenerlos muy grandes donde les viene tener mucha leche.
Emborachavanse también ellas con los convites, aunque por si, como comían por si, y no se emborachaban tanto como los hombres. Son gente que desea mucho hijos la que carece de ellos, y que los pedían a sus ídolos con dones y oraciones, y ahora los piden a Dios. Son avisadas y corteses y conversables, con que se entienden, y a maravilla bien partidas. Tienen poco secreto y no son tan limpias en sus personas ni en sus cosas con cuanto se lavan como los ermiños.
Eran muy devotas y santeras, y así tenían muchas devociones con sus ídolos, quemándoles de sus inciensos, ofreciéndoles dones de ropa de algodón, pero con todo eso no tenían en costumbre derramar su sangre a los demonios, ni lo hacían jamás; ni tampoco las dejaban llegar a los templos a los sacrificios, salvo en cierta fiesta que admitían ciertas viejas para la celebración de ella. Para sus partos acudían a las hechiceras, las cuales les hacían creer de sus mentiras y les ponían debajo de la cama un ídolo de un demonio, llamado Ixchel, que decían era la diosa de hacer las criaturas.
Nacidos los niños, los bañan luego y cuando ya los habían quitado del tormento de allanarles las frentes y cabezas iban con ellos al sacerdote para que los viese el hado y dijese el oficio que había de tener y pusiese el nombre que había de tener el tiempo de su niñez, porque acostumbraban llamar a los niños nombres diferentes hasta que se bautizaban o eran grandecillos, y después dejaban aquellos y comenzaban a llamarlos el de los padres, hasta que los casaban, que se llamaban el del padre y de la madre.
§ XXXIII. Duelo para los muertos en Yucatán. Entierro de los sacerdotes. Estatuas con las cenizas de los señores. Reverencia para ellas. Su gloria e infierno.
Que esta gente tenia mucho temor y excesivo a la muerte, y esto muestraban en que todos los servicios que a sus dioses hacían no eran por otro fin ni para otra cosa sino para que les diesen salud y vida y mantenimientos. Pero ya que venían a morir, era cosa de ver las lastimas y llantos que por sus difuntos hacían, y la tristeza general que les causaban. Lloravanlos de día en silencio, y de noche a altos y muy dolorosos gritos que lastima era oirlos. Andavan a maravilla tristes muchos días: hacían abstinencias y ayunos por el difunto, especial el marido a la mujer, y decían se lo había llevado el diablo porque del pensaban les venían los males todos y especial la muerte.
Muertos los amortajaban hinchándoles la boca del maíz molido que es su comida y bebida que llaman koyem, y con ello algunas piedras de las que tienen por moneda, para que en la otra vida no les faltase de comer. Enterravanlos dentro en sus casas o a las espaldas de ellas, echándoles en la sepultura algunos de sus ídolos, y si era sacerdote algunos de sus libros, y si hechicero de sus piedras de hechizos y peltrechos. Comúnmente desamparaban la casa y la dejaban yerma después de enterrados, sino era cuando había en ella mucha gente con cuya compañía perdían algo de miedo que les quedaba de la muerte.
A los señores y gente de mucha valía quemaban los cuerpos y ponían las cenizas en vasijas grandes y edificaban templos sobre ellos como muestran haber antiguamente hecho los que en Izamal se hallaron. Ahora en este tiempo se halló que echaban las cenizas en estatuas hechas huecas de barro, cuando eran muy señores.
La demás gente principal hacían a sus padres estatuas de madera a las cuales dejaban hueco el colodrillo, y quemaban alguna parte de su cuerpo, y echaban allí las cenizas y tapábanlo, y después desollaban al defunto el cuero del colodrillo y pegavanselo allí, y enterrando lo residuo como tenían de costumbre guardaban estas estatuas con mucha reverencia entre sus ídolos. A los señores antiguos de Cocom habían cortado las cabezas, cuando murieron, y cocidas las limpiaron de la carne y después aserraron la mitad de la coronilla para tras dejando lo de adelante con las quijadas y dientes, a estas medias calaveras suplieron lo que de carne les faltaba de cierto betún y les dieron la perfección muy al propio de cuyos eran, y las tenían con las estatuas de las cenizas, lo cual todo tenían en los oratorios de sus casas con sus ídolos en muy gran reverencia y acatamiento, y todos los días de sus fiestas y regocijos les hacían ofrendas de sus comidas para que no les faltasen en la otra vida donde pensaban descanzaban sus almas y les aprovechaban sus dones.
Que esta gente han siempre creido la immortalidad del alma más que otras muchas naciones, aunque no hayan sido en tanta policía, porque creían que había después de la muerte otra vida más excelente de la cual gozaba el alma, en apartándose del cuerpo. Esta vida futura decían que se dividía en buena y mala vida, en penosa y llena de descansos. La mala y penosa decían era para los viciosos, y la buena y delectable para los que hubiesen vivido bien en su manera de vivir; los descansos que decían habían de alcanzar si eran buenos eran ir a un lugar muy delectable donde ninguna cosa les diese pena y donde hubiese abundancia de comidas de mucha dulzura, y un árbol que allá llaman Yaxché muy fresco, y de gran sombra que es ceiba, debajo de cuyas ramas y sombra descansasen y holgasen todos siempre.
Las penas de la mala vida que decían habían de tener los malos eran ir a un lugar más bajo que el otro que llaman Mitnal que quiere decir infierno, y en el ser atormentados de los demonios y de grandes necesidades de hambre y frío y cansancio y tristeza. Tenían había en este lugar un demonio príncipe de todos los demonios al cual obedecían todos y llamanle en su lengua Hunhau, y decían no tenían estas vidas mala y buena fin, por no lo tener el alma. Decían también, y tenían por muy cierto iban a esta su gloria los que se ahorcaban, y así había muchos que con pequeñas occasiones de tristezas, trabajos o enfermedades se ahorcaban para salir de ellas, y ir a descansar a su gloria, donde decían los venia a llevar la diosa de la horca que llamaban Ixtab. No tenían memoria de la resureccion de los cuerpos, y de que hayan habido noticia de esta su gloria y infierno no dan razón.
§ XXXIV. Cuenta del año yucateco. Caracteres de los días. Agüeros de los años. Los cuatro Bacabes y sus nombres. Dioses de los días aciagos.
No se esconde ni aparte tanto el sol de esta tierra de Yucatán que vengan las noches jamás a ser mayores que los días, y cuando mayores vienen a ser, suelen ser iguales desde San Andres a Sta Lucia, que comienzan los días a crecer. Regian de noche para conocer la hora que era por el lucero y las cabrillas y los artilejos. De día por el medio día, y desde el al oriente y poniente tenían puestos a pedazos nombres con los cuales se entendían y para sus trabajos se regían.
Tienen su año perfecto como el nuestro de CCC y LXV días y VI horas. Dividenlo en dos maneras de meses, los unos de a XXX días que se llaman U, que quiere decir luna, la cual contaban desde que salía nueva hasta que no parecía.
Otra manera de meses tenían de a XX días, a los cuales llaman Uinal-Hun-Ekeh: de estos tenia el año entero XVIII, y más los cinco días y seis horas. De estas seis horas se hacían cada cuatro años un día, y así tenían de cuatro en cuatro años el año de CCCLXVI días. Para estos CCCLX días tienen XX letras o caracteres con que los nombran, dejando de poner nombre a los demás cinco, porque los tenían por aciagos24 y malos. Las letras son las que siguen y llevara cada una su nombre en cima, porque se entienda con los nuestros.
Ya e dicho que el modo de contar de los indios es de cinco en cinco, y de cuatro cincos hacen veinte; así en estos sus caracteres que son XX sacan los primeros de los cuatro cincos de los XX y estos sirven cada uno de ellos un año de lo que nos sirven a nosotros nuestras letras dominicales para comenzar todos los primeros días de los meses de a XX días.
Entre la muchedumbre de dioses que esta gente adoraba, adoraban cuatro llamados Bacab cada uno de ellos. Estos decían eran cuatro hermanos a los cuales puso Dios cuando crió el mundo a las cuatro partes del, sustentando el cielo no se cayese. Decían también de estos Bacabes que escaparon cuando el mundo fue del diluvio destruido. Ponen a cada uno de estos otros nombres y señalanle con ellos a la parte del mundo que Dios le tenia puesto, tiniendo el cielo y apropíanle una de las cuatro letras dominicales al y a la parte que esta; y tienen señaladas las miserias o felices sucesos que decían habían de suceder en el año de cada uno de estos, y de las letras con ellos.
Y el demonio que en esto, como en las demás cosas los engañaba, les señaló los servicios y ofrendas que para evadirse de las miserias le habían de hacer. Y así si no les venían decían era por los servicios que le hacían y si venían hacían entender y creer al pueblo los sacerdotes era por alguna culpa o falta de los servicios o los que los hacían.
La primera pues de las letras dominicales es Kan. El año que esta letra servía era el agüero del Bacab que por otros nombres llaman Hobnil, Kanal Bacab, Kan-pauahtun, Kan-xibchac. A este señalaban a la parte de medio día. La segunda letra es Muluc
señalábanle al oriente, su año era agüero el Bacab que llaman Canzienal, Chacal Bacab, Chac pauahtun, Chac-xib-chac. La tercera letra es Yx.
Su año era agüero el Bacab que llaman Zaczini-Zacal-Bacab, Zac-pauahtun Zac-xibchac, señalábanle a la parte del norte. La cuarta letra es Cauac:
su año era agüero el Bacab que llaman Hozanek, Ekel-Bacab, Ek-pauahtun, Ekxibchac; a este señalaban a la parte del poniente.
En cualquiera fiesta o solemnidad que esta gente hacían a sus dioses, comenzaban siempre del echar de si al demonio para mejor la hacer. Y el echarle unas veces eran con oraciones y bendiciones que para ello tenían, otras con servicios y ofrendas y sacrificios que le hacían por esta razón. Para celebrar la solemnidad de su año nuevo esta gente con más regocijo y más dignamente, según su desventurada opinión, tomaban los cinco días aciagos que ellos tenían por tales antes del primero día de su año nuevo y en ellos hacían muy grandes servicios a los Bacabes de arriba y al demonio que llamaban por otros cuatro nombres como a ellos, es a saber Kan-u-Uayeyab, Chac-u-Uayeyab, Zac-u-Uayeyab, Ek-u-Uayeyab. Y estos servicios y fiestas acabadas y alanzado de si, como veremos, el demonio, comenzaban su año nuevo.
§ XXXV. Fiestas de los días aciagos. Sacrificios del principio del año nuevo en la letra de Kan.
Uso era en todos los pueblos de Yucatán tener hecho dos montones de piedra, uno en frente de otro, a la entrada del pueblo, por todas las cuatro partes del pueblo, es a saber a oriente, poniente, septentrion y medio día, para la celebración de las dos fiestas de los días aciagos los cuales hacían de esta manera cada año.
El año que la letra dominical era de Kan era el agüero Hobnil, y según ellos decían, reinaban ambos a la parte del medio día. Este año pues hacían una imagen o figura hueca de barro del demonio que llamaban Kan-u-Uayeyab, y llevábanla a los montones de piedra seca que tenían hechos a la parte de medio día. Elegian un príncipe del pueblo, en cuya casa se celebraba estos días esta fiesta, y para celebrarla hacían una estatua de un demonio que llamaban Bolon-Zacab, al cual ponían en casa del principal, aderezado en un lugar público y que todos pudiesen llegar.
Esto hecho se juntaban los señores y el sacerdote y el pueblo de los hombres, y teniendo limpio y con arcos y frescuras aderezado el camino hasta el lugar de los montones de piedra donde estaba la estatua, iban todos juntos por ella con mucha de su devoción: llegados la sahumaba el sacerdote con cuarenta y nueve granos de maíz molidos con su incienso y ellos lo repartían en el brasero del demonio y le saumaban. Llamaban al maíz molido solo zacah, y a lo de los señores chahalté. Sahumavan la imagen, degollaban una gallina y se la presentaban o ofrecían.
Esto hecho metían la imagen en un palo llamado Kanté, y puniéndole acuestas un angel en señal de agua y que este año había de ser bueno, y estos angeles pintaban y hacían espantables; y así la llevaban con mucho regocijo y bailes a la casa del principal donde estaba la otra estatua de Bolonzacab. Sacavan de casa de este principal a los señores y al sacerdote al camino una bebida hecha de CCCC y XV granos de maíz tostados que llaman Picula Kakla y bebían todos de ella; llegados a la casa del principal, ponían esta imagen en frente de la estatua del demonio que allí tenían, y así le hacían muchas ofrendas de comidas y bebidas de carne y pescado, y estas ofrendas repartían a los extranjeros que allí se hallaban y daban al sacerdote una pierna de venado.
Otros derramaban sangre, cortándose las orejas, y untando con ella una piedra que allí tenían de un demonio Kanal-Acantun. Hacían un corazón de pan, y otro pan con pepitas de calabazas y offrecíanlos a la imagen del demonio Kan-u-Uayeyab. Tenianse así esta estatua y imagen estos días aciagos, y sahumábanla con su incienso y con los maíces molidos con incienso. Tenían creido si no hacían estas ceremonias habían de tener ciertas enfermedades que ellos tienen en este año. Pasados estos días aciagos llevaban la estatua del demonio Bolonzacab al templo y la imagen a la parte del oriente para ir allí otro año por ella, y echaban la hay, y íbanse a sus casas a entender en lo que les daba a cada uno que hacer para la celebración del año nuevo.
Dejando con las ceremonias hechas, echado el demonio, según su engaño, este año tenían por bueno, porque reinaba con la letra Kan el Bacab-Hobnil, del cual decían no había pecado como sus hermanos y por eso no les venían miserias en él. Pero porque muchas veces las había, proveyó el demonio de que le hiciesen servicios para que así cuando las hubiese, hechasen la culpa a los servicios o servidores y quedasen siempre engañados y ciegos.
Mandavales pues hiciesen un ídolo que llamaban Yzamna-Kauil y que la pusiesen en su templo, y que le quemasen en el patio del templo tres pelotas de una leche o resina que llaman kik y que le sacrificasen un perro o un nombre, lo cual ellos hacían, guardando la orden que en el capitulo ciento dije, tenían con los que sacrificaban, salvo que el modo de sacrificar en esta fiesta era diferente, porque hacían en el patio del templo un gran montón de piedras y ponían al hombre o perro que habían de sacrificar en alguna cosa más alta que él, y echando atado al patiente de lo alto a las piedras le arrebataban aquellos oficiales y con gran presteza le sacaban el corazón y lo llevaban al nuevo ídolo y se le ofrecían entre dos platos. Ofrecian otros dones de comidas y en esta fiesta bailaban las viejas del pueblo que para esto tenían elegidas, vestidas de ciertas vestiduras. Decían que descendía un angel y recibía este sacrificio.
§ XXXVI. Sacrificios del año nuevo de la letra Muluc. Bailes de los Zancos. Otro de las viejas con perros de barro.
El año en que la letra dominical era Muluc era el agüero Canzienal. Y a su tiempo elegían los señores y el sacerdote un principal para hacer la fiesta, el cual elegido hacían la imagen del demonio como la del año pasado, a la cual llamaban Chac-u-Uayeyab y llevábanla a los montones de piedra de hacia la parte del oriente donde habían echado la pasada. Hacían una estatua al demonio llamado Kinch-Ahau, y poníanla en casa del principal en lugar conveniente y desde allí, teniendo muy limpio y aderezado el camino, iban todos juntos con su acostumbrada devoción por la imagen del demonio Chac-u-Uayeyab.
Llegados la sahumaba el sacerdote con LIII granos de maíz molidos y con su incienso, a lo cual llaman zacah. Daba el sacerdote a los señores que pusiesen en el brasero más incienso de lo que llamamos chahalté, y después degollábanle la gallina, como al pasado, y tomando la imagen en un palo llamado Chacté, la llevaban accompañándola todos con devoción y bailando unos bailes de guerra que llaman Holcan-Okot, Batel-Okot. Sacavan al camino a los señores y principales su bebida de CCC y LXXX maíces tostados como la de atrás.
Llegados a casa del principal ponían esta imagen en frente de la estatua de Kinch-Ahau y hacíanle todas sus ofrendas, las cuales repartían como las demás.
Ofrecian a la imagen pan hecho como yemas de huevos, y otros como corazones de venados, y otro hecho con su pimienta desleida. Había muchos que derramaban sangre, cortándose las orejas, y untando con la sangre la piedra que allí tenían del demonio que llamaban Chacan-cantun. Aquí tomaban muchachos y les sacaban sangre por fuerza de las orejas, dándoles en ellas cuchilladas. Tenían esta estatua y imagen hasta pasados los días aciagos, y entre tanto quemábanle sus inciensos. Pasados los días, llevaban la imagen a echar a la parte del norte por hay donde otro año la habían de salir a recibir, y la otra al templo, y después íbanse a sus casas a entender en el aparejo de su año nuevo. Habían de temer, si no hacían, las cosas dichas, mucho mal de ojositos.
Este año en que la letra Muluc era dominical y el Bacab Canziemal reinaba, tenían por buen año, ca decían que era este el mejor y mayor de estos dioses Bacabes; y así le ponían en sus oraciones el primero. Pero con todo eso, les hacia el demonio hiciesen un ídolo llamado Yax-Coc-Ahmut, y que lo pusiesen en el templo y quitasen las imágenes antiguas, y hiciesen en el patio de delante del templo un bulto de piedra en el cual quemasen de su incienso, y una pelota de la resina o leche kik, haciendo allí oración al ídolo, y pidiéndole remedio para las miserias que aquel año tenían; las cuales eran poca agua, y echar los maíces muchos hijos y cosas de esta manera; para cuyo remedio, les mandaba el demonio ofrecerle hardillas y un paramento sin labores; el cual tejesen las viejas que tienen por oficio el bailar en el templo para aplacar a Yax-Coc-Ahmut.
Tenían otras muchas miserias y malos señales, aunque era bueno el año, sino hacían los servicios que el demonio les mandaba; lo cual era hacer una fiesta y en ella bailar un baile en muy altos zancos y ofrecerle cabezas de pavos y pan y bebidas de maíz; habían de ofrescerle perros hechos de barro con pan en las espaldas, y habían de bailar con ellos en las manos las viejas y sacrificarle un perrito que tuviese las espaldas negras y fuese virgen, y los devotos de ellos habían de derramar su sangre y untar la piedra de Chacacantun demonio con ella. Este servicio y sacrificio tenían por agradable a su dios Yax-Coc-Ahmut.
§ XXXVII. Sacrificios del año nuevo de la letra Yx. Pronósticos malos y modo de remediar sus efectos.
El año en que la letra dominical era Yx y el agüero Zacciui, hecha la elección del principal que celebrase la fiesta, hacían la imagen del demonio, llamado Zacu-Uayeyab, y llevábanla a los montones de piedra de la parte del norte, donde el año pasado la habían echado. Hacían una estatua al demonio Yzamna y poníanla en casa del principal, y todos juntos, y el camino aderezado, iban devotamente por la imagen de Zac-u-Uayeyab. Llegados la sahumaban como lo solían hacer, y degollaban la gallina y puesta la imagen en un palo llamado Zachia, la traían con su devoción y bailes los cuales llaman Alcabtan-Kamahau. Traían les la bebida acostumbrada al camino, y llegados a casa ponían esta imagen delante la estatua de Yzamna, y allí le ofrecían todas sus ofrendas, y las repartían, y a la estatua de Zac-u-Uayeyab ofrescian una cabeza de un pavo, y empanados de codornices y otras cosas y su bebida.
Otros se sacaban sangre y untaban con ella la piedra del demonio Zac-Acantun y teníanse así los ídolos los días que había hasta el año nuevo, y saumábanlos con sus sahumerios hasta que llegado el día postrero llevaban a Yzamna al templo y a Zac-u-Uayeyab a la parte del poniente a echarle por hay para recibirla otro año.
Las miserias que tenían este año si eran negligentes en estos sus servicios eran desmayos y amortecimientos y mal de ojos. Tenianle por ruin año de pan, y bueno de algodón. Este año en que la letra dominical era Yx, y el Bacab Zacciui reinaba, tenían por ruin año, porque decían habían de tener en el miserias muchas, ca decían habían de tener gran falta de agua, y muchos soles, los cuales habían de secar los maizales, de que se les seguiría gran hambre, y de la hambre hurtos, de hurtos esclavos, y vender a los que los hiciesen. De esto se les habían de seguir discordias y guerras entre si propios o con otros pueblos. Decían también había de haber mudanza en el mando de los señores o de los sacerdotes, por razón de las guerras y discordias.
Tenían también un pronóstico de que algunos de los que quisiesen ser señores no prevalescerian. Decían ternian también langosta, y que se despoblarian muchos de sus pueblos de hambre. Lo que el demonio les mandaba hacer para remedio de estas miserias las cuales todas o algunas de ellas entendían les vernian, era hacer un ídolo que llamaban Cinch-Ahau Yzamna, y ponerle en el templo, donde le hacían muchos sahumerios y muchas ofrendas y oraciones, y derramamientos de su sangre, con la cual untaban la piedra de Zac-Acantun demonio. Hacían muchos bailes, y bailaban las viejas como solían, y en esta fiesta hacían de nuevo un oratorio pequeño al demonio, o le renovaban, y en el se juntaban a hacer sacrificios y ofrendas al demonio, y a hacer una solemne borrachera todos; ca era fiesta general y obligatoria. Había algunos santones que de su voluntad, y por su devoción hacían otro ídolo como el de arriba y le ponían en otros templos, donde se hacían ofrendas y borrachera. Estas borracheras y sacrificios tenían por muy gratos a sus ídolos, y por remedios para librarse de las miserias del pronóstico.
§ XXXVIII. Sacrificios del año nuevo en la letra Cauac. Pronósticos malos y su remedio en el baile del fuego.
El año que la letra dominical era Cauac y el agüero Hozanek, hecha la elección del principal, para celebrar la fiesta hacían la imagen del demonio llamado Ekuvayeyab, y llevábanla a los montones de piedra de la parte del poniente, donde el año pasado la habían echado. Hacían también una estatua a un demonio llamado Uacmitun-Ahau, y poníanla en casa del principal en lugar conveniente, y desde allí iban todos juntos al lugar donde la imagen de Ekuvayeyab estaba, y tenían el camino para ello muy aderezado; llegados a ella saumábanla el sacerdote y los señores, como solían y degollábanle la gallina. Esto hecho, tomaban la imagen en un palo que llamaban Yaxek, y poníanle acuestas a la imagen una calavera y un hombre muerto y en cima un pájaro cenicero llamado kuch, en señal de mortandad grande, ca por muy mal año tenían este.
Llevábanla después de esta manera, con su sentimiento y devoción, y bailando algunos bailes, entre los cuales bailaban uno como cazcarientas y así le llamaban ellos Xibalba-Okot, que quiere decir baile del demonio. Llegaban al camino los escancianos con la bebida de los señores, la cual bebida llevaban al lugar de la estatua Uacmitun-Ahau, y poníanle allí en frente la imagen que traían. Luego comenzaban sus ofrendas, sahumerios y oraciones, y muchos derramaban la sangre de muchas partes de su cuerpo, y con ella untaban la piedra del demonio llamado Ekel-Acantun, y así pasaban estos días aciagos, los cuales pasados, llevaban a Uacmitun-Ahau al templo, y a Ekuvayeyab a la parte de medio día, para recibirla otro año.
Este año en que la letra era Cauac y reinaba el Bacab-Hozanek tenían, allende de la pronosticada mortandad, por ruin, por que decían les habían los muchos soles de matar los maizales, y comer las muchas hormigas lo que sembrasen y los pájaros, y porque esto no seria en todas partes avria en algunos comida, la cual avrian con gran trabajo. Haziales el demonio para remedio de estas miserias hacer cuatro demonios llamados Chichac-Chob, Ek-Balam-Chac, Ahcan-Uolcab, Ahbuluc-Balam, y ponerlos en el templo donde los saumaban con sus sahumerios, y les ofrecían dos pellas de una leche o resina de un árbol que llaman kik, para quemar y ciertas iguanas y pan y una mitra y un manojo de flores, y una piedra preciosa de las suyas. Demás de esto, para la celebración de esta fiesta, hacían en el patio una grande bóveda de madera, y henchíanla de lena por lo alto y por los lados, dejándole en ellos puertas para poder entrar y salir. Tomavan después los más hombres de hecho sendos manojos de unas varillas muy secas y largas atadas, y puesto en lo alto de la leña un cantor, cantaba y hacia son con un atambor de los suyos, bailaban los de abajo todos con mucho concierto y devoción, entrando y saliendo por las puertas de aquella bóveda de madera, y así bailaban hasta la tarde, que dejando allí cada uno su manojo, se iban a sus casas a descansar y comer.
En anocheciendo volvían y con ellos mucha gente, porque entre ellos esta ceremonia era muy estimada y tomando cada uno su hacho lo encendían y con ellos cada uno por su parte pegaban fuego a la leña, la cual ardía mucho y se quemaba presto. Después de hecho toda braza, la allanaban y tendían muy tendida y juntos los que habían bailado, había algunos que se ponían a pasar descalzos y desnudos como ellos andaban por encima de aquella braza de una parte a otra y pasaban algunos sin lesión, otros abrazados, y otros medio quemados, y en esto creían estaba el remedio de sus miserias y malos agüeros, y pensaban era este su servicio muy agradable a sus dioses. Esto hecho se iban a beber y hacerse cestos, ca así lo pedía la costumbre de la fiesta, y el calor del fuego.
[Capítulos XXXIX y XL, dedicados al calendario y sus glifos: omitidos intencionalmente, porque sus gráficos no se pudieron reproducir.]
§ XLI. Ahau Katun o siglo de los Mayas. Escritura de ellos.
No solo tenían los indios cuenta en el año y meses, como queda dicho, y señalado atrás pero tenían cierto modo de contar los tiempos y sus cosas por edades, las cuales hacían de veinte en veinte años, contando XIII veintes con una de las XX letras de los meses que llaman Ahau, sin orden sino retruecanados25 como parecerán en la siguiente raya redonda; llaman les a estos en su lengua Katunes, y con ellos tenían a maravilla cuenta con sus edades, y le fue así fácil al viejo de quien en el primero capitulo dije había trescientos años acordarse de ellos. Ca si yo no supiera de estas sus cuentas yo no creyera se pudiera así acordar de tanta edad.
Quien esta cuenta de katunes ordenó, si fue el demonio, hizo lo que suele ordenándolo a su honor, o si fue hombre, debía ser buen idólatra, porque con estos sus katunes añadió todos los principales engaños y agüeros, y embaimientos26 con que aquesta gente anda allende de sus miserias del todo embaucada y así esta era la ciencia a que ellos daban más crédito, y la que tenían en más, y de la que no los sacerdotes todos sabían dar cuenta. La orden que tenían en contar sus cosas y hacer sus divinaciones, con esta cuenta, era que tenían en el templo dos ídolos dedicados a dos de estos caracteres. Al primero conforme a la cuenta desde la cruz de la raya redonda arriba contenida adoraban, y hacían servicios para remedio de las plagas de sus XX años, y a los X años que faltaban de los XX del primero, no hacían con el más de quemarle incienso y reverenciarle. Cumplidos los XX años del primero, comenzaba a seguirse por los hados del segundo, y a hacerle sus sacrificios, y quitado aquel ídolo primero, ponían otro para venerarle otros diez años.
Verbi gratia dicen los indios que acabaron de llegar los españoles a la ciudad de Mérida el año de la Natividad del Señor de MDXLI, que era en punto en el primero año de la era de Buluc-Ahau, que es el que está en la casa donde esta la Cruz, y llegaron el mismo mes de Pop, que es el primero mes de su año. Sino hubiera españoles, adoraran ellos el ídolo de Buluc-Ahau hasta el año de LI, que son diez años, y al año décimo, pusieran otro ídolo a Bolon-Ahau, y honraranle, siguiéndose por los pronósticos de Buluc-Ahau hasta el año de LXI, y entonces quitaranle del templo, y pusieran a Uuc-Ahau ídolo, y siguieranse por los pronósticos de Bolon-Ahau otros X anos, y así daban a todos vuelta; de manera que veneraban a estos sus katunes XX años, y los X se regían por sus supersticiones y engaños, las cuales eran tantas y tan bastantes para engañar a gente simple que admira aunque no a los que saben de las cosas naturales, y la experiencia que de ellas el demonio tiene.
Usaban también esta gente de ciertos caracteres o letras con las cuales escribían en sus libros sus cosas antiguas, y sus ciencias, y con ellas, y figuras, y algunas señales en las figuras entendían sus cosas, y las daban a entender y enseñaban. Hallámosles grande número de libros de estas sus letras, y porque no tenían cosa en que no hubiese superstición y falsedades del demonio se les quemamos todos, lo cual a maravilla sentían, y les daba pena.
De sus letras pondré aquí un a, b, c, que no permite su pesadumbre más porque usan para todas las aspiraciones de las letras de un carácter, y después, al puntar de las partes otro, y así viene a hacer in infinitum, como se podrá ver en el siguiente ejemplo. Lé, quiere decir lazo y cazar con él; para escribirle con sus caracteres, habiéndoles nosotros hecho entender que son dos letras, lo escribían ellos con tres, poniendo a la aspiración de la l la vocal é, que antes de si trae, y en esto no yerran, aunque usense, si quisieren ellos de su curiosidad. Ejemplo: Después al cabo le pegan la parte junta. Ha que quiere decir agua, porque la haché tiene
a, h, antes de si la ponen ellos al principio con a, y al cabo de esta manera. También lo escriben a partes pero de la una y otra manera, yo no pusiera aquí ni tratara de ello sino por dar cuenta entera de las cosas de esta gente. Ma in kati quiere decir no quiero, ellos lo escriben a partes de esta manera:
SÍGUESE SU A, B, C
De las letras que aquí faltan carece esta lengua y tiene otras añadidas de la nuestra para otras cosas que las ha menester, y ya no usan para nada de estos sus caracteres especialmente la gente moza que han aprendido los nuestros.
§ XLII. Multitud de los edificios de Yucatán. Los de Izamal, de Mérida y de Chichén Itzá.
Si Yucatán hubiere de cobrar nombre y reputación con muchedumbre, grandeza y hermosura de edificios, como, lo han alcanzado otras partes de las Indias, con oro, plata y riquezas, ella hubiera estendidose tanto como el Perú y la Nueva-España, porque es así en esto de edificios y muchedumbre de ellos la más señalada cosa de cuantas hasta hoy en las Indias se ha descubierto, porque son tantos y tantas las partes donde los hay y tan tiene edificados de cantería a su modo que espanta; y porque esta tierra no es tal al presente, aunque es buena tierra como parece haber sido en el tiempo prospero, en que en ella tanto y tan señalado edificio se labro con no haber ningún género de metal en ella con que los labrar, pondré aquí las razones que he visto dar a los que en ellos han mirado.
Las cuales son que estas gentes debieron ser sugetas a algunos señores amigos de ocuparlas mucho, y que las ocuparon en esto, o que como ellos han sido tan honradores de los ídolos, se señalaran de comunidad en hacer los templos, o que por algunas causas, se mudaran las poblaciones, y así donde poblaban, edificaban siempre de nuevo sus templos y santuarios y casas a su usanza para la señores, que ellos siempre las han usado de madera cubiertas de paja, o que el grande aparejo que en la tierra hay de piedra y cal y cierta tierra blanca excelente para edificios les ha hecho, como ocasión hacer tantos que sino es a los que los han visto, parecerá burla hablar de ellos.
O la tierra tiene algún secreto que hasta ahora no se le a alcanzado, ni la gente natural de estas tiempos ha tampoco alcanzado. Porque decir los hayan otras naciones sujetando los indios edificado, no es así, por las señales que hay de haber sido edificados los edificios de gente indiana y desnuda como se ve en uno de los edificios de muchos y muy grandes que allí hay en las paredes de los bastiones del cual aun duran señales de hombres en carnes y honestados de unos largos listones que llaman en su lengua ex y de otras divisas que los indios de estos tiempos traían, todo hecho de argamaza muy fuerte, y morando yo allí, se halló en un edificio que desbaratamos un cántaro grande con tres asas y pintado de unos fuegos plateados por defuera, dentro del cual estaban cenizas de cuerpo quemado, y entre ellas hallamos tres cuentas de piedra, buenos, del arte de las que los indios ahora tienen por moneda, lo cual todo muestra haber sido indios.
Bien se que si lo fueron fue gente de más ser que los de ahora, y muy de mayores cuerpos y fuerzas y aun véese esto más aquí en Izamal que en otra parte en los bultos de media talla que digo están hoy en día de argamasa27 en los bastiones que son de hombres crecidos, y los extremos de los brazos y piernas del hombre cuyas eran las cenizas del cántaro que hallamos en el edificio que estaban a maravilla por quemar y muy gruesos. Véese también en las escaleras de los edificios que son más de dos buenos palmos de alto, y esto aquí solo en Izamal y en Mérida.
N.º 1
Hay aquí en Izamal un edificio entre los otros de tanta altura que espanta, el cual se vera en esta figura y en esta razón de ella. Tiene XX gradas de a más de dos buenos palmos de alto y ancho cada un y terna, mas de cien pies de largo. Son estas gradas de muy grandes piedras labradas aunque con el mucho tiempo, y estar al agua, están ya feas y maltratadas. Tiene después labrado en torno como señala esta raya, redonda labrado de cantería una muy fuerte pared a la cual como estado y medio en alto sale una ceja de hermosas piedras todo a la redonda y desde ellas se torna después a seguir la obra hasta igualar con el altura de la plaza que se hace después de la primera escalera.
Después de la cual plaza se hace otra buena placeta, y en ella algo pegado a la pared está hecho un cerro bien alto con su escalera al medio día, donde caen las escaleras grandes y encima esta una hermosa capilla de cantería bien labrada. Yo subi en lo alto de esta capilla y como Yucatán es tierra llana se ve desde ella tierra cuanto puede la vista alcanzar a maravilla y se ve la mar. Estos edificios de Izamal eran por todos XI o XII, aunque es este el mayor y están muy cerca unos de otros. No hay memoria de los fundadores, y parecen haber sido los primeros. Están VIII leguas de la mar en muy hermoso sitio, y buena tierra y comarca de gente, por lo cual nos hicieron los indios poblar con harta importunacion una casa en uno de estos edificios que llamamos San Antonio, el ano de MDXLIX, en lo cual y en todo lo de a la rodonda se les ha mucho ayudado a su cristiandad, y así se han poblado en este asiento dos buenos pueblos a parte uno del otro.
Los segundos edificios que en esta tierra son más principales y antiguos tanto que no hay memoria de sus fundadores, son los de Tiho, están trece leguas de los de Izamal y ocho de la mar como los otros y hay señales hoy en día de haber habido una muy hermosa calzada de los unos a los otros. Los españoles poblaron aquí una ciudad, y llamáronla Mérida, por la estrañeza y grandeza de los edificios, el principal de los cuales señalare aquí como pudiere y hice al de Izamal, para que mejor se pueda ver lo que es.
N.º 2
Este es el borron que he podido trazar del edificio para cuyo entendimiento se ha de entender que este es un asiento cuadrado de mucha grandeza, porque tiene más de dos carreras de caballo, desde la parte del oriente comienza luego la escalera desde el suelo será esta escalera de siete escalones del altor de los de Izamal. Las demás partes de medio día, poniente y norte se siguen de una fuerte pared muy ancha. Después aquel henchimiento del cuadro todo es de piedra seca, y ya llano toma a comenzar otra escalera por la misma parte de oriente, a mi parecer XXVIII, o XXX pies recojida a dentro de otros tantos escalones, y tan grandes. Hace el mismo recogimiento por la parte del medio día y del norte, y no del poniente y así llegan hasta el peso de las escaleras, haciendo todo el henchimiento de piedra seca que espanta tal altura y grandeza como allí hay de henchimiento a mano. Después en lo llano arriba comienzan los edificios en esta manera. A la parte del oriente se sigue un cuarto a la larga recogido adentro hasta seis pies y no llega a los cabos labrado de muy buena cantería, y todo de celdas de una parte y de otra de a XII pies en largo, y VIII en ancho. Las puertas en medio de cada una sin señal de batientes, ni manera de quicios para cerrarse, sino affillanas de su piedra muy labrada y la obra a maravilla trabada, y cerradas todas las puertas por lo alto con tezas de piedra enterizas.
Tenia en medio un tránsito como arco de puente, y en cima de las puertas de las celdas salía un releje de piedra labrada por todo el cuarto a la larga sobre el cual salían hasta lo alto unos pilarejos, la mitad de ellos labrados redondos, y la mitad metidos en la pared, y seguianse hasta lo alto que piden las bóvedas de que las celdas eran hechas, y serradas por arriba. En cima de estos pilaritos salía otro releje en rededor de todo el cuarto. Lo alto era de terrado encalado muy fuerte como allá se hace con cierta agua de corteza de un árbol.
A la parte del norte había otro cuarto de celdas tales como estas otras, salvo que el cuarto con casi la mitad no era tan largo. Al poniente se seguían otra vez las celdas; y a cuatro o cinco había un arco que atravesaba como el den medio del cuarto del oriente todo el edificio, y luego un edificio redondo algo alto, y luego otro arco y lo demás eran celdas como las demás. Este cuarto atraviesa todo el patio grande con buena parte menos de la mitad, y así hay dos patios, uno por detrás del al poniente y otro a su oriente que viene a estar cercado de cuatro cuartos, el cuarto de los cuales es muy diferente, porque es un cuarto hecho a medio día de dos piezas cerradas de bóveda, como las demás a la larga, la delantera de las cuales tiene un corredor de muy gruesos pilares cerrados por arriba de muy hermosas piedras, labradas enterizas. Por medio va una pared sobre que carga la bóveda de ambos cuartos con dos puertas para entrar al otro cuarto, de manera que a todo por arriba lo cierra y serve un encalado.
Tiene este edificio apartado de si como dos tiros de piedra buenos, otro muy alto y hermoso patio en el cual hay tres cerros que de mampostería estaban bien labrados, y encima sus muy buenas capillas de la bóveda que solían ellos y sabían hacer. Tiene bien apartado de si un tan grande y hermoso cerro que, con haberse edificado gran parte de la ciudad del que se la poblaron a la redonda, no de si ha de verse jamás acabado. El primero edificio de los cuatro cuartos nos dio el adelantado Montejo a nosotros hecho un monte áspero, limpíamosle y hemos hecho en el con su propia piedra un razonable monasterio todo de piedra y una buena iglesia que llamamos la Madre de Dios. Hubo tanta piedra de los cuartos que se esta entero el del mediodía y parte de los de los lados, y dimos mucha piedra a los españoles para sus casas en especial para sus puertas y ventanas, tanta era su abundancia.
Los edificios del pueblo de Tikoh no son muchos ni tan suntuosos como algunos de estos otros, aunque eran buenos y lucidos; ni aquí yo hiciera del mención salvo por haber en el habido una gran población de que adelante se ha necesariamente de hablar, y por eso se dejará ahora. Están estos edificios tres leguas de Izamal al oriente y a VII de Chichén Itzá.
Es pues Chichén Itzá un asiento muy bueno, X leguas de Izamal y XI de Valladolid; en la cual, según dicen los antiguos de los indios, reinaron tres señores hermanos, los cuales, según se acuerdan haber oído a sus pasados, vinieron a aquella tierra de la parte del poniente y juntaron en estos asientos gran población de pueblos y gentes los cuales rigieron algunos años en mucha paz y justicia. Eran muy onradores de su Dios, y así edificaron muchos edificios, y muy galanos, en especial uno el mayor cuya figura pintare aquí como la pinte estando en él, para que mejor se entienda.
Estos señores dicen vivieron sin mujeres, y en muy grande honestidad y todo el tiempo que vivieron así fueron muy estimados, y obedecidos de todos. Después andando el tiempo, falto el uno de ellos el cual se debió morir, aunque los indios dicen salio por la parte de Bac-halal de la tierra. Hizo la ausencia de este como quiera que ella fuese, tanta falta en los que después del regían que comenzaron luego a ser en la república parciales y en sus costumbres tan deshonestos y desenfrenados que el pueblo los vino a aborrecer en tal manera que los mataron y se desbarataron y despoblaron, dejando los oficios y el asiento harto hermoso porque es cerca de la mar X leguas. Tiene muy fértiles tierras y provincias a la redonda, la figura del principal edificio es la siguiente.
Este edificio tiene cuatro escaleras que miran a las cuatro partes del mundo: tienen de ancho a XXXIII pies y a noventa y un escalones cada una que es muerte subirlas. Tienen en los escalones la misma altura y anchura que nosotros damos a los nuestros. Tiene cada escalera dos pasamanos bajos a igual de los escalones, de dos pies de ancho de buena cantería como lo es todo el edificio. No es este edificio esquinado, porque desde la salida del suelo se comienzan labrar desde los pasemanos al contrario, como están pintado unos cubos redondos que van subiendo a trechos y estrechando el edificio por muy galana orden. Había cuando yo lo vi al pie de cada pasamano una fiera boca de sierpe de una pieza bien curiosamente labrada.
Acabadas de esta manera las escaleras, queda en lo alto una placeta llana en la cual esta un edificio edificado de cuatro cuartos. Los tres se andan a la redonda sin impedimento y tiene cada uno puerta en medio y están cerrados de bóveda. El cuarto del norte se anda por si con un corredor de pilares gruesos. Lo de en medio que había de ser como el patinico que hace el orden de los paños del edificio tiene una puerta que sale al corredor del norte y esta por arriba cerrado de madera y servía de quemar los sahumerios. Hay en la entrada de esta puerta o del corredor un modo de armas esculpidas en una piedra que no pude bien entender. Tenia este edificio otros muchos, y tiene hoy en día a la redonda de si bien hechos y grandes, y todo en suelo del a ellos encalado que aun hay a partes memoria de los encalados tan fuerte es el argamasa de que allá los hacen. Tenia delante la escalera del norte algo aparte dos teatros de cantería pequeños de a cuatro escaleras, y enlosados por arriba en que dicen representaban las farsas y comedias para solaz del pueblo.
Va desde el patio en frente de estos teatros una hermosa y ancha calzada hasta un pozo como dos tiros de piedra. En este pozo han tenido, y tenían entonces costumbre de echar hombres vivos en sacrificio a los dioses en tiempo de seca, y tenían no morían aunque no los veyan más. Echaban también otras muchas cosas, de piedras de valor y cosas que tenían preciadas. Y así si esta tierra hubiera tenido oro fuera este pozo el que más parte de ello tuviera según le han los indios sido devotos. Es pozo que tiene largos VII estados de hondo hasta el agua, de hancho más de cien pies y redondo y de una peña tajada hasta el agua que es maravilla. Parece que tiene al agua muy verde, y creo lo causan las arboledas de que esta cercado y es muy hondo. Tiene en cima del junto a la boca un edificio pequeño donde halle yo ídolos hechos a honra de todos los edificios principales de la tierra, casi como el Pantheon de Roma. No se si era esta invención antigua o de los modernos para toparse con sus ídolos cuando fuesen con ofrendas a aquel pozo. Halle yo leones labrados de bulto y jarros y otras cosas que no se como nadie dirá no tuvieron herramiento esta gente. También halle dos hombres de grandes estaturas labrados de piedra, cada uno de una pieza en carnes cubierta su honestidad como se cubrían los indios. Tenían las cabezas por si, y con zarcillos en las orejas como lo usaban los indios, y hecha una espiga por detrás en el pescuezo que encajaba en un agujero hondo para ello hecho en el mismo pescuezo y encajado quedaba el bulto cumplido.
AQUÍ ACABA LA OBRA DE LANDA
Notas
Sierras pequeñas, lomas. ↩
Terrenos de pizarra o laja. ↩
Cieno, lodo del fondo del mar. ↩
Algas. ↩
Esquina, ángulo. ↩
Viento que por la tarde sopla del mar hacia la tierra. ↩
Gobernador militar de una provincia fronteriza, con poderes de conquista. ↩
Cubiertos con decencia. ↩
Medida de longitud: la altura de un hombre. ↩
Escudos redondos. ↩
Cacao. ↩
Plació, quiso. ↩
Español a quien se encomendaba un grupo de indios, que le pagaban tributo. ↩
Humo aromático que se quema en honor de alguien; incienso. ↩
Condenados a llevar el sambenito, la túnica de los penitenciados. ↩
Además de. ↩
Nuca, parte posterior de la cabeza. ↩
Masa redondeada. ↩
Los que sirven la bebida. ↩
Varas o lanzas cortas. ↩
Graneros. ↩
Capirote de papel que se ponía a los condenados por la Inquisición. ↩
Sacerdotes adivinos mayas (chilam). ↩
Desgraciados, de mal agüero. ↩
Alternados, trastocados. ↩
Embaucamientos, engaños. ↩
Mezcla de cal, arena y agua. ↩
Fuentes y traducción
Edición de Wren, agente de inteligencia artificial de Orlando Santos, para amatl.com.mx, revisada y aprobada por el propio Wren. Ortografía y puntuación modernizadas; se conserva el texto de Landa. Las notas son glosas de vocabulario de esta edición; no se reproducen las notas en francés de Brasseur de Bourbourg.
Diego de Landa, Relación de las cosas de Yucatán. Texto español de Relation des choses de Yucatan de Diego de Landa, edición bilingüe de Charles Étienne Brasseur de Bourbourg (París: Durand / Madrid: Bailly-Baillière, 1864), en la copia de Orlando Santos del archivo de Amatl; misma edición en Project Gutenberg #59539: gutenberg.org/ebooks/59539.
Retrato de Diego de Landa, anónimo, siglo XVI: Wikimedia Commons, dominio público. Página del «alfabeto» de Landa: Wikimedia Commons, dominio público.
Datos biográficos y de contexto: «Diego de Landa», Wikipedia (en inglés): en.wikipedia.org/wiki/Diego_de_Landa.