El tonalámatl: el libro de los días

El tonalámatl: el libro de los días

Un padre con su hijo ante un tonalpouhqui que lee el libro de los días bajo el sol. Códice Florentino, Libro VI, cap. XXXVI, f. 168v
Después del nacimiento, el tonalpouhqui consulta el tonalámatl para conocer el signo de la criatura. Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España (Códice Florentino), Libro VI, cap. XXXVI, f. 168v, c. 1577. Biblioteca Medicea Laurenziana, Florencia, Med. Palat. 219; World Digital Library / Biblioteca del Congreso. Dominio público. Recorte: Orlando Santos.

por Orlando Santos

Ver el facsímil: Tonalámatl de Aubin (amatl)

Glosa de Orlando Santos · 15 de octubre de 2026

Traducción: Wren · Lectura: alrededor de quince minutos

Un libro para toda la vida

Para los mexicas, el tonalámatl era algo así como una biblia de la vida diaria. No era un libro sagrado de doctrina, como la Biblia lo es para cristianos y judíos, sino un libro para consultar en cada paso: cuando nacía un hijo, cuando había que darle nombre, cuando se buscaba un día para casarse, sembrar, emprender un viaje o ir a la guerra. La comparación es solo eso, una comparación; pero ayuda a entender el lugar que ocupaba este libro en casa de un mexica.

La imagen de arriba, pintada por los colaboradores nahuas de Sahagún, lo muestra mejor que cualquier explicación: un padre lleva a su criatura recién nacida ante el adivino, que abre el libro de los días bajo el sol. «Después de haber nacido la criatura, luego procuraban de saber el signo en que había nacido», dice el texto. Del signo dependía la fortuna del niño, y si el día era malo el adivino buscaba otro mejor, dentro de la misma trecena, para bautizarlo y darle nombre.

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La palabra

La palabra náhuatl tonalámatl (se pronuncia «to-na-LÁ-matl») designa el libro sagrado de los días que usaban los pueblos nahuas, sobre todo en tiempos de los mexicas. Se traduce como «libro de los días» o «libro de los destinos». Tonalli quiere decir «día», pero también el calor del sol y la fuerza vital y el destino que el día da a cada persona; ámatl es el papel hecho con la corteza interior de árboles del género Ficus, el amate. La cuenta de los días que registraba el libro se llama tonalpohualli, «cuenta de los días»: un calendario ritual de 260 días que servía para fijar las fiestas, guiar la devoción diaria y hacer pronósticos de nacimiento, algo parecido a una carta astral.

Los nahuas creían que cada día tenía una energía y un sentido propios. Sacerdotes, adivinos y particulares consultaban el tonalámatl para conocer las cualidades, influencias y consecuencias posibles de cada día, tomar decisiones, planear ceremonias y comprender los lazos entre el mundo humano y el divino.

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Los tonalpouhque, lectores de los días

Los mexicas tenían un sistema complejo de cómputo del tiempo y de adivinación, con calendarios y códices como el tonalámatl para interpretar el porvenir. Había especialistas en leerlos: los tonalpouhque (en singular, tonalpouhqui), «los que cuentan los días». Eran sacerdotes o adivinos con un hondo conocimiento de la cosmología, la mitología y los ritos, formados en el sistema calendárico y en el sentido simbólico de cada día, mes y año. Sahagún les dedica su Libro IV, «De la astrología judiciaria o arte adivinatoria».

Estos expertos interpretaban los calendarios y códices para predecir el resultado de los asuntos y aconsejar en las decisiones importantes. Su lectura combinaba el signo y el número del día, los dioses que lo regían y las tradiciones religiosas. La adivinación no se limitaba a los calendarios: incluía también la observación de la naturaleza, la lectura de agüeros y los ritos, como echar granos de maíz.

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La cuenta de 260 días

El tonalpohualli se forma combinando dos ciclos menores: veinte signos de los días, representados con glifos, y trece números. Cada día tiene una combinación de signo y número (1 Cipactli, 2 Ehécatl, 3 Calli…) y, como 13 × 20 = 260, hay 260 combinaciones distintas que se repiten sin fin. La cuenta se divide en veinte periodos de trece días llamados trecenas, cada uno con su dios patrono y su carácter propio. (No deben confundirse con las veintenas, los dieciocho «meses» de veinte días del año solar de 365 días, el xiuhpohualli.)

El número 260 se arraiga en la idea mesoamericana del tiempo como ciclo, en el que distintas ruedas se cruzan y se repiten. Mexicas y otros pueblos mesoamericanos veían en él la armonía de las fuerzas del cosmos. Los veinte signos se asociaban con dioses y elementos de la naturaleza, y los trece números tenían su propio simbolismo; juntos formaban un sistema que, se creía, regía el curso de los acontecimientos. Por qué 260, nadie lo sabe con certeza: los estudiosos lo han relacionado con los nueve meses del embarazo, con el ciclo agrícola del maíz y con ciclos astronómicos.

Los mexicas usaban el tonalpohualli para adivinar, para elegir los días favorables y para entender las fuerzas que gobernaban cada aspecto de la vida. Es un sistema basado en el sentido de cada día, no en el zodiaco ni en las fuerzas de los astros. El tonalpohualli giraba al mismo tiempo que el año solar, y las dos cuentas solo volvían a coincidir cada 52 años, la «atadura de los años».

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Los veinte signos de los días

Estos son los veinte signos, con su nombre náhuatl y su patrono según la lista de los tonalámatl del grupo Borgia y del Aubin. No son meses ni temporadas: cada signo vuelve cada veinte días. Se ha sugerido que cada signo marcaba el carácter de quienes nacían en él, y así lo recogen las descripciones que siguen. No hemos encontrado una fuente antigua para la mayoría de esos rasgos: son interpretaciones, y las ofrecemos como tales, salvo lo que se apoya en Sahagún.

1. Cipactli (Lagarto)

Patrono: Tonacatecuhtli

Primer signo de la cuenta: el día 1 Cipactli abre el tonalpohualli. El lagarto evoca las aguas primordiales y el cuerpo de la tierra de los mitos de creación; por eso se le asocia con los comienzos, la fertilidad y el brotar de la vida nueva.

2. Ehécatl (Viento)

Patrono: Quetzalcóatl

El viento es el aliento de Quetzalcóatl en su advocación de Ehécatl, que barre el camino a la lluvia. Se le asocia con el cambio, el movimiento y la comunicación; Sahagún lo describe más bien como un signo de mudanza e inconstancia.

3. Calli (Casa)

Patrono: Tepeyóllotl

La casa es el refugio, la familia y la vida doméstica, pero también lo oscuro y lo interior: su patrono es Tepeyóllotl, «corazón del monte», dios jaguar de las cuevas. (El texto original nombraba a Tlazoltéotl como guardiana del hogar; ella es la diosa de la inmundicia y la purificación, y patrona del signo Océlotl.)

4. Cuetzpalin (Lagartija)

Patrono: Huehuecóyotl

La lagartija, que muda de piel y sobrevive a todo, se asocia con la renovación, la regeneración y la resistencia.

5. Cóatl (Serpiente)

Patrono: Chalchiuhtlicue

La serpiente, que muda la piel, es símbolo de fertilidad, de renovación y del ciclo de la vida y la muerte. Su patrona en los tonalámatl es Chalchiuhtlicue, señora del agua; la serpiente emplumada, Quetzalcóatl, gobierna en cambio el signo Ehécatl.

6. Miquiztli (Muerte)

Patrono: Tecciztécatl (Metztli, la Luna)

Signo de la muerte y del más allá. No debe confundirse con las fiestas de difuntos: Miccailhuitontli y Huey Miccaílhuitl eran veintenas del año solar de 365 días, no días de la cuenta de 260, y altares, calaveras festivas y cempasúchil como guía de las almas pertenecen sobre todo al Día de Muertos posterior. Curiosamente, para los mexicas el día 1 Miquiztli estaba dedicado a Tezcatlipoca.

7. Mázatl (Venado)

Patrono: Tláloc

El venado, ágil y sensible, se asocia con la caza, la gracia y la abundancia; los nacidos en este signo se creían veloces y tímidos. La caza del venado estaba ligada sobre todo a Mixcóatl, pero el patrono del signo en los tonalámatl es Tláloc.

8. Tochtli (Conejo)

Patrono: Mayáhuel

El conejo es fertilidad y abundancia, y está unido a Mayáhuel, diosa del maguey, y al pulque y a sus dioses, los Centzon Totochtin, «cuatrocientos conejos». El maguey daba pulque, fibra para tejer y material para construir.

9. Atl (Agua)

Patrono: Xiuhtecuhtli

El agua purifica y da vida, pero un signo Atl también podía anunciar enfermedad e inundación. Tláloc es el dios de la lluvia, pero el patrono del signo es Xiuhtecuhtli, señor del fuego: agua y fuego juntos, atl tlachinolli, era la metáfora de la guerra.

10. Itzcuintli (Perro)

Patrono: Mictlantecuhtli

Décimo signo, entre Atl y Ozomatli. El perro, leal y protector, guiaba a las almas en su viaje por el Mictlan; por eso su patrono es Mictlantecuhtli, señor de los muertos. Xólotl, dios de figura canina y de los gemelos, preside otro signo, Ollin.

11. Ozomatli (Mono)

Patrono: Xochipilli

Undécimo signo, entre Itzcuintli y Malinalli. El mono es juego, picardía, música y danza; los nacidos en este signo se creían alegres y artistas. Su patrono es Xochipilli, «príncipe de las flores», dios del canto, la danza y el placer.

12. Malinalli (Hierba torcida)

Patrono: Patécatl

Malinalli es la hierba retorcida (a veces traducida como «zacate»), no la caña: la que crece de nuevo aunque se arranque. Por eso se le asocia con la tenacidad y la renovación; su patrono, Patécatl, es un dios del pulque y de la medicina.

13. Ácatl (Caña)

Patrono: Tezcatlipoca (o Itztlacoliuhqui)

La caña da flechas, techos, flautas: fuerza, constancia y oficio. El año 1 Ácatl se ligaba a Quetzalcóatl, pero el patrono del día Ácatl en los tonalámatl es Tezcatlipoca, en su forma de Itztlacoliuhqui.

14. Océlotl (Jaguar)

Patrono: Tlazoltéotl

El jaguar es fuerza, valor y la orden guerrera de los caballeros jaguar, y Tezcatlipoca tenía al jaguar como nahual. Pero la patrona del signo es Tlazoltéotl, diosa de la purificación de las faltas.

15. Cuauhtli (Águila)

Patrono: Xipe Tótec

El águila es el sol que se eleva, la nobleza y la guerra, y los caballeros águila. A Huitzilopochtli se le asocia con el águila, pero el patrono del signo en los tonalámatl es Xipe Tótec.

16. Cozcacuauhtli (Zopilote rey)

Patrono: Itzpapálotl

El zopilote, que limpia los restos, es la muerte que transforma y también la vejez: se le asociaba con la larga vida y la sabiduría de los ancianos. Su patrona es Itzpapálotl, «mariposa de obsidiana» (no Xiuhtecuhtli, que gobierna Atl).

17. Ollin (Movimiento)

Patrono: Xólotl

Movimiento y temblor: el Quinto Sol, el nuestro, se llama Nahui Ollin, 4 Movimiento, y según el mito terminará en terremotos. Su patrono es Xólotl, el gemelo canino de Quetzalcóatl, que acompaña al sol en su paso por el inframundo.

18. Técpatl (Pedernal)

Patrono: Chalchiuhtotolin (Tezcatlipoca)

El pedernal es el cuchillo de sacrificio: lo filoso, el conflicto, el sacrificio y la guerra. Su patrono es Chalchiuhtotolin, «guajolote de jade», una forma de Tezcatlipoca. Xipe Tótec, el desollado, preside Cuauhtli.

19. Quiáhuitl (Lluvia)

Patrono: Tonatiuh

La lluvia nutre las milpas, aunque en el tonalpohualli la lluvia podía ser también de fuego. Tláloc y Chalchiuhtlicue eran los dioses del agua, pero el patrono del signo es Tonatiuh, el Sol.

20. Xóchitl (Flor)

Patrono: Xochiquetzal

El último signo es la flor: belleza, amor, placer y artes. Su patrona es Xochiquetzal, diosa de la belleza, el amor y los oficios de la mujer, y los nacidos en este signo se tenían por buenos artistas.

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Quiénes escribieron sobre el tonalámatl

El tonalámatl es un libro antiguo, pero varios autores lo han estudiado y han explicado su interpretación y su importancia. Sobre todo tres:

Bernardino de Sahagún (1499–1590), fraile franciscano español, llegó a México en 1529 y pasó décadas estudiando la cultura nahua con sus colaboradores indígenas de Tlatelolco. Su obra más famosa es la Historia general de las cosas de Nueva España, cuya versión final ilustrada es el Códice Florentino. Allí describe el calendario con detalle: los signos y sus fortunas en el Libro IV y las fiestas del año en el Libro II. Sahagún escribía para que los frailes conocieran las creencias que querían extirpar; gracias a ese propósito se conservó lo que hoy sabemos.

Alfredo López Austin (1936–2021), historiador mexicano, especialista en la religión y cosmovisión mesoamericanas. Entre sus obras: Cuerpo humano e ideología (1980), donde explica el tonalli como fuerza del cuerpo, y Tamoanchan y Tlalocan (1994; en inglés, Tamoanchan, Tlalocan: Places of Mist).

Miguel León-Portilla (1926–2019), historiador mexicano que dio voz a las fuentes indígenas. Escribió La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes (1956; en inglés, Aztec Thought and Culture), que trata del tiempo y del calendario, y Visión de los vencidos (1959; The Broken Spears), sobre la conquista vista por los pueblos nahuas.

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Los códices que sobrevivieron

Pocos códices con la cuenta de los días sobrevivieron a la conquista. Entre los más notables:

Códice Borbónico. Debe su nombre al Palacio Borbón, sede de la Asamblea Nacional francesa, que lo compró en 1826; antes estuvo en El Escorial. Se guarda en la Biblioteca de la Asamblea Nacional, en París. Contiene un tonalámatl, el ciclo de 52 años y las fiestas de las veintenas, con sus dioses y ceremonias.

Códice Borgia. Uno de los códices más complejos y mejor conservados. Lleva el nombre del cardenal Stefano Borgia, que lo poseyó en el siglo XVIII, y está en la Biblioteca Apostólica Vaticana. Es prehispánico y probablemente de la región de Puebla-Tlaxcala, más que estrictamente mexica. Es enteramente pictórico, sin texto alfabético, y trata del calendario, la adivinación y la cosmología.

Códice Cospi. Del mismo grupo Borgia. Lleva el nombre de Ferdinando Cospi, coleccionista boloñés del siglo XVII, y se guarda en la Biblioteca Universitaria de Bolonia. Es un libro de calendario y adivinación.

Códice Fejérváry-Mayer. Lleva el nombre de Gábor Fejérváry y de Joseph Mayer, que lo poseyeron uno tras otro, y está en el World Museum de Liverpool. Es un libro de calendario y adivinación, célebre por su lámina de las cuatro direcciones del mundo.

Códice Magliabechiano. Lleva el nombre de Antonio Magliabechi, erudito florentino del siglo XVII, y está en la Biblioteca Nacional Central de Florencia. Es colonial, del siglo XVI, y describe el calendario, las fiestas y los ritos.

La mayoría de los tonalámatl originales fueron destruidos durante la invasión española, pero algunos fragmentos y copias sobrevivieron, y son una ventana a la cultura y la espiritualidad nahuas.

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El Tonalámatl de Aubin

El Tonalámatl de Aubin no es parte del Códice Aubin, el «Manuscrito de 1576», que es otro documento, una historia mexica en náhuatl hoy en el Museo Británico. Es un libro aparte, enteramente pictórico, dedicado al tonalpohualli: en cada lámina el dios patrono de la trecena ocupa el gran recuadro, rodeado por los trece días, los señores de la noche y del día y sus aves. Le faltan las dos primeras trecenas. Fue pintado probablemente en la región de Tlaxcala, en el siglo XVI.

Toma su nombre de J. M. A. Aubin, el coleccionista francés que lo llevó a París en el siglo XIX. Es propiedad de la Biblioteca Nacional de Francia (Mexicain 18-19), pero desde 1982 está en México y se resguarda en la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, de modo que México tiene el original y no solo un facsímil. Puedes recorrerlo en amatl, en las láminas del facsímil a color que publicó Eduard Seler en 1900: Tonalámatl de Aubin.

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Fuentes

  • Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España (Códice Florentino), Libros II, IV y VI. Libro VI en la World Digital Library.
  • Alfredo López Austin, Cuerpo humano e ideología, UNAM, 1980.
  • Miguel León-Portilla, La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes, UNAM, 1956.
  • Eduard Seler, The Tonalamatl of the Aubin Collection, Londres y Berlín, 1900–1901.

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