Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España. Libro III: Del principio de los dioses
Texto: Bernardino de Sahagún; edición de Kingsborough (Londres, 1830). Transcripción y disposición: Grok Bot (IA), revisadas por Orlando Santos.
El Libro III trata «del principio que tuvieron los dioses»: el nacimiento de Huitzilopochtli, Tezcatlipoca y la historia de Quetzalcoatl en Tula. El apéndice describe el destino de los muertos y la educación en el Telpuchcalli y el Calmecac.
Esta serie publica la Historia general en su texto castellano. El Libro I sigue la edición de Bustamante (México, 1829); los libros II a XI siguen el texto que Lord Kingsborough imprimió en el volumen VII de sus Antiquities of Mexico (Londres, 1830). Conservamos la ortografía de 1830 («quatro», «muger», «ivan»). El Libro XII, dedicado a la Invasión española, no se incluye en esta serie, que se ocupa de la descripción del mundo nahua; tampoco se reproduce el índice del volumen.
Texto: Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España, en Edward King, vizconde de Kingsborough, Antiquities of Mexico, vol. VII (Londres, 1830), dominio público, vía Internet Archive. Transcripción a partir del reconocimiento óptico de caracteres, cotejada con los facsímiles; las notas marcadas «Nota de Kingsborough» son de la edición de 1830. Para el náhuatl, véase el Códice Florentino Digital (Getty Research Institute). Imagen de portada: Códice Florentino, libro III: nacimiento de Huitzilopochtli y derrota de Coyolxauhqui, vía Wikimedia Commons (dominio público).
- Prólogo
- Capítulo I — Del principio que tubieron los Dioses.
- Párrafo I — Del nacimiento de Vitzilopuchtli.
- Párrafo II — De como honraban á Vitzilopuchtli: como á Dios.
- Párrafo III — De la penitencia á que se obligaban los que recibian el cuerpo de Vitzilopuchtli.
- Párrafo IV — De otro tributo, asaz pesado, que pagaban los que comian el cuerpo de Vitzilopuchtli.
- Capítulo II — De la estimacion en que era tenido el Dios llamado Titlacaoan ó Tezcatlipuca.
- Capítulo III — De la relacion de quien era Quetzalcoatl, otro Hercules, gran nigromantico, donde reynó, y de lo que hizo quando se fué.
- Capítulo IV — De como se acabó la fortuna de Quetzalcoatl, y vinieron contra él otros tres nigromanticos, y de las cosas que hicieron.
- Capítulo V — De otro embuste que hizo aquel nigromantico llamado Titlacaoan.
- Capítulo VI — De como los de Tulla se enojaron por el casamiento, y de otro embuste que hizo Titlacaoan.
- Capítulo VII — De otro embuste del mismo nigromantico, con que mató muchos de los Tullanos danzando y bailando.
- Capítulo VIII — De otro embuste del mismo nigromantico con que mató otros muchos de los de Tulla.
- Capítulo IX — De otro embuste que hizo el mismo nigromantico con que mató muchos mas de los Tultecas.
- Capítulo X — De otros embustes del mismo nigromantico.
- Capítulo XI — De otro embuste del mismo nigromantico, con que mató otros muchos Tullanos.
- Capítulo XII — De la huida de Quetzalcoatl para Tlapalla, y de las cosas que por el camino hizo.
- Capítulo XIII — De las señales que dejó en las piedras hechas con las palmas y con las nalgas donde se sentaba.
- Capítulo XIV — De como del frio se le murieron todos los pages á Quetzalcoatl en la pasada de entre las dos sierras, el Vulcan y la Sierra-Nevada, y de otras azañas suyas.
- Apendice del tercero libro
- Capítulo I — De los que ivan al Infierno y de sus obsequias.
- Capítulo II — De los que ivan al Parayso Terrenal.
- Capítulo III — De los que ivan al Cielo.
- Capítulo IV — De como la gente baja ofrecia sus hijos á la casa que se llama Telpuchcalli, y de las costumbres que alli les mostraban.
- Capítulo V — De la manera de vivir y ejercicios que tenian los que se criaban en el Telpuchcalli.
- Capítulo VI — De los castigos que hacian á los que se emborrachaban.
- Capítulo VII — De como los Señores y principales y gente de tono ofrecian sus hijos á la casa que se llamaba Calmecac, y de las costumbres que alli les mostraban.
- Capítulo VIII — De las costumbres que se guardaban en la casa que se llamaba Calmecac, donde se criaban los sacerdotes y ministros del templo desde niños.
- Capítulo IX — De la eleccion de los Sumos Sacerdotes, que siempre eran dos, el uno se llamaba Totectlamacazqui, el otro Tlalocatlamacazqui, que siempre elegian los mas perfectos de todos los que moraban en el templo.
Tercero libro
Del principio que tubieron los Dioses.
Prólogo
No tubo por cosa superflua ni vana el divino Augustino tratar de la teologia fabulosa de los gentiles en el sexto libro de la Ciudad de Dios, porque, como él dice, conocidas las fabulas y ficciones vanas que los gentiles tenian acerca de sus Dioses fingidos, pudiesen facilmente darles á entender que aquellos no eran Dioses, ni podian dar cosa alguna que fuese provechosa á la criatura racional. A este proposito, en este tercero libro, se ponen las fabulas y ficciones que estos naturales tenian acerca de sus Dioses, para que, entendidas las vanidades que ellos tenian por fé acerca de sus mentirosos Dioses, vengan mas facilmente por la doctrina evangelica á conocer el verdadero Dios, y ver aquellos que ellos tenian por Dioses, que no eran Dioses sino diablos mentirosos y engañadores: y si alguno piensa que estas cosas están tan olvidadas y perdidas, y la fé de un Dios tan plantada y arraigada entre estos naturales, que no habrá necesidad en ningun tiempo de hablar en estas cosas, al tal yo le creo piadosamente; pero sé de cierto que el Demonio ni duerme ni está olvidado de la honra que le hacian estos naturales, y que está esperando coyuntura para si pudiese volver al señorio que há tenido; y facil cosa le será para entonces despertar todas las cosas que se dicen estar olvidadas acerca de la idolatria, y para entonces bien és que tengamos armas guardadas para salirle al encuentro; y para esto no solamente aprovechará lo que está escrito en este tercer libro, pero tambien lo que está escrito en el primero y segundo y quarto y quinto. Ni tampoco habrá oportunidad para que sus satelites entonces engañen á los fieles, y á los predicadores, con dorar con mentiras y disimulaciones las vanidades y baxezas que tenian acerca de la fé de sus Dioses y su cultura, porque parecerán las verdades puras y limpias que declaran quienes eran sus Dioses, y que servicios demandaban, segun se contienen en los libros arriba dichos.
Capítulo I
Del principio que tubieron los Dioses.
Del principio que tubieron los Dioses no hay clara ni verdadera relacion, ni aun se sabe nada; mas lo que dicen és, que hay un lugar que se dice Tentioacan, y alli de tiempo inmemorial todos los Dioses se juntaron y hablaron diciendo: Quien há de gobernar y regir el mundo? quien há de ser el Sol; (y esto yá és platicado en otra parte;) y al tiempo que nació y salió el Sol, todos los Dioses murieron, y ninguno quedó de ellos, como adelante se dirá en el Libro septimo Capitulo segundo.
Párrafo I
Del nacimiento de Vitzilopuchtli.
Segun lo que dijeron y supieron los naturales viejos, del nacimiento y principio del Diablo que se decia Vitzilopuchtli, al qual daban mucha honra y acatamiento los Mexicanos, és que hay una sierra que se llama Coatepec junto al pueblo de Tulla, y alli vivia una muger que se llamaba Coatlycue, que fué madre de unos Indios que se decian Centzonvitznaoa, los quales tenian una hermana que se llamaba Coyolxauhqui; y la dicha Coatlycue hacia penitencia barriendo cada dia en la sierra de Coatepec, y un dia aconteciole que andando barriendo, descendiole una pelotilla de pluma como ovillo de hilado, y tomóla, y púsola en el seno junto á la barriga debajo de las naoas, y despues de haber barrido, la quiso tomar y no la halló, de que dicen se empreñó; y como la vieron los dichos Indios Centzonvitznaoa á la madre que yá era preñada, se enojaron bravamente, diciendo quien la empreñó, que nos infamó y avergonzó? y la dicha hermana que se llamaba Coyolxaubqui deciales, hermanos, matemos á nuestra madre porque nos infamó, habiendose á hurto empreñado; y despues de haber sabido la dicha Coallicue el negocio, pesóle mucho y atemorizose; y su criatura bablabala y consolabala diciendo, no tengais miedo, que yo sé lo que tengo de hacer; y despues de haber oido estas palabras la dicha Coatlycue, quietósele su corazon y quictósele la pesadumbre que tenia; y como los dichos Indios Cenizonvitznaoa habian hecho y acabado el consejo de matar á la madre por aquella infamia y deshonra que les habia hecho, estaban enojados mucho juntamente con la hermana que se decia Coyolxauhqui, la qual les importunaba que matasen á su madre Coatlycue, y los dichos Indios Centzonvitznaoa habian tomado las armas y se armaban para pelear, torciendo y atando sus cabellos asi como hombres valientes; y uno de ellos que se llamaba Quavitlycac, el qual era como traidor, lo que decian los Indios Centzonvitznaoa luego se lo iva á decir á Vitzilopuchli, que aun estaba en el vientre de su madre, dandole noticia de ello; y le respondia diciendo el Vitzilopuchtli, O mi tio, mira lo que hacen, y escucha bien lo que dicen, porque yo sé lo que tengo de hacer; y despues de haber acabado el consejo de matar á la dicha Coatlycue, los dichos Indios Centzonvitznaoa fueron á donde estaba su madre Coatlycue, y delante iva su hermana Coyolxauhqui, y ellos ivan arma dos contodas armas y papeles y cascabeles y dardos en su órden; y el dicho Quavitlycac subió á la sierra á decir á Vitzilopuchli, como ya venian los dichos Indios Centzonvitznaoa contra él á matarle; y dijole el Vitzilopuchtli, respondiendole, mira bien donde llegan; y dijole el dicho Quavitlycac, que yá llegaban á un lugar que se dice Tzompantitlan; y mas preguntó el Vitzilopuchtli al dicho Quavitlycac, diciendole, á donde llegan los Indios Centzonvitznada? y le dijo el Quavitlycac que yá llegaban á otro lugar que se dice Coazalpa; y mas otra vez preguntó el dicho Vitzilopuchtli á Quavitlycac, diciendole, á donde llegaban? y respondiendo que ya llegaban á otro lugar que se decia Apetlac; tornó á preguntar Vitzilopuchtli otra vez al dicho Quavitlycac, que á donde llegaban? le respondió que yá llegaban al medio de la sierra; y dijo el dicho Vitzilopuchtli, preguntando otra vez á Quavitlycac, á donde llegan ? respondió que yá llegaban y estaban muy cerca, y delante de ellos venia la dicha Coyolxauhqui; y en llegando los dichos Indios Centzonvitznaoa nació luego el dicho Vitzilopuchtli, trayendo consigo una rodela, que se dice Teneuch, con un dardo; ivan de color azul, y su rostro como pintado, y en la cabeza traia un plumage de pluma pegado, y la pierna siniestra delgada y emplumada, y los dos muslos pintados de color azul, y tambien los brazos., Y el dicho Vitzilopuchtli dijo á uno que se llamaba 'Tochaucalqui, que encendiese una culebra hecha de teas, que se llamaba Xiuhcoatl, y asi la encendió, y con ella fué herida la dicha Coyolxauhqui, de que murió hecha pedazos, y la cabeza quedó en aquella sierra que se dice Coatepec, y el cuerpo cayóse abajo hecho pedazos; y el dicho Vitzilopuchtli levantóse y armóse, y salió contra los dichos Centzonvitznaoa, persiguiendoles y echandoles fuera de aquella sierra que se dice Coatepec hasta abajo, peleando contra ellos y cercando quatro veces la dicha sierra; y los dichos Indios Centzonvitznaoa no se pudieron defender ni valer contra el dicho Vitzilopuchtli, ni hacerle cosa alguna, y asi fueron vencidos y muchos de ellos murieron; y los dichos Indios Centzonvitznaoa rogaban y suplicaban al dicho Vitzilopuchtli que no los persiguiese y que se retrayese de la pelea; y el dicho Vitzilopuchtli no quiso, ni les consintió hasta que casi á todos los mató, y muy pocos escaparon y salieron huyendo de sus manos, y fueron á un lugar que se dice Vitztlanpa; y les quitó y tomó muchos despojos, y las armas que traian que se llamaban Anecuhiotl; y el dicho Vitzilopuchtli tambien se llamaba Tetzavitl, por razon que decian que la dicha Coailycue se empreñó de una pelotilla de pluma, y no se sabia quien fué su padre. Y los Mexicanos lo han tenido en mucho acatamiento, y lo han servido en muchas cosas, y lo han tenido por Dios de la guerra, porque decian que el dicho Vitzilopuchtli les daba gran favor en la pelea; y el órden y la costumbre que tenian los Mexicanos para servir y honrar al dicho Vitzilopuchtli, tomaron la que se solia usar y hacer en aquella dicha sierra que se nombraba Coatepec.
Párrafo II
De como honraban á Vitzilopuchtli: como á Dios.
Asi mismo dicen que el dia quando amasaban y hacian el cuerpo de Vitzilopuchili para celebrar la fiesta que se llamaba Panquetzaliztli, tomaban semillas de bledos, y las limpiaban muy bien, quitando las pajas, y apartando otras semillas que se llaman Petzicatl, y Tezcaoauhtli, y las molian delicadamente, y despues de haberlas molido, estando la harina muy sutil, amasabanla, de que se hacia el cuerpo de Vitzilopuchtli. Y otro dia siguiente, un hombre que se llamaba Quetzalcoatl, tiraba al cuerpo de Vitzilopuchtli con un dardo que tenia un casquillo de piedra, y se le metia en el corazon, estando presente el Rey ó Señor, y un privado del dicho Vitzilopuchtli que se llamaba Tevoa, y mas se hallaban presentes quatro grandes sacerdotes, y mas otros quatro principales de los mancebos que tenian cargo de criar los mancebos, los quales se llamaban Telpuchtlatoque. Todos estos se hallaban presentes quando mátaban el cuerpo de Vitzilopuchili, y despues de haberlo muerto, luego lo desbarataban, que era de una masa hecha de semillas de bledos; y el corazon de Vitzilopuchtli, tomabanlo para el Señor ó Rey, y todo el cuerpo y pedazos que eran como huesos del dicho Vitzilopuchtli, los repartian en dos partes entre los naturales de Mexico y Tlatilulco. Los de Mexico que eran ministros del dicho Vitzilopuchtli, que se llamaban Calpules, tomaban dos pedazos del cuerpo de Vitzilopuchtli, y otro tanto tomaban los de Tlatilulco, los quales se llamaban Calpules, y asi de esta manera repartian entre ellos los quatro pedazos del cuerpo de Vitzilopuchtli, entre los Indios de dos barrios, y entre los ministros de los idolos que se llamaban Calpules, los quales comian el cuerpo de Vitzilopuchtli cada año, segun su órden y costumbre que ellos habian tenido. Cada uno comia un pedácito del cuerpo de Vitzilopuchtli, y los que comian eran mancebos, y decian que era cuerpo de Dios, que se llamaba Teuqualo, y los que comian y recibian el cuerpo de Vitzilopuchtli se llamaban ministros de Dios.
Párrafo III
De la penitencia á que se obligaban los que recibian el cuerpo de Vitzilopuchtli.
Los mancebos que recibian y comian el cuerpo de Vitzilopuchtli obligabanse á servir un año, y cada dia encendian y gastaban mucha cantidad de leña, que eran mas de dos mil palos y teas, las quales les costaban diez mantas grandes que se llaman Quachili, de que recibian gran agravio y molestia. Cada uno era obligado á pagar una manta grande que se llama Quachtli, y cinco mantillas pequeñas que se llaman Tequachili, y un cesto de maiz, y cien mazorcas de maiz, y los que no podian pagar y que se sentian muy agraviados del dicho tributo, se ausentaban, y algunos determinabanse á morir en la guerra en poder de sus enemigos; y como los dichos mancebos sabian que yá acababan y cumplian el servicio y penitencia á que estaban obligados, entre ellos recogian otra vez otro tributo; cada uno pagaba seis mantillas pequeñas que se llamaban Tequachtli, con que compraban teas y leña, y todo lo que era necesario para lavar al dicho Vitzilopuchtli. Al cabo del año, y quando lavaban al dicho Vitzilopuchtli era á media noche, y antes que le lavasen, primero hacian procesion que se llamaba Necocololo, y uno se vestia con el vestido del dicho Vitzilopuchtli, el qual se llamaba Izopuch, é iva bailando en persona de Vitzilopuchtli, y delante de él iva uno que se llamaba Vitznaoac Tiachcauh, y en pos de él ivan todos los principales de los mancebos que se llamaban Tiachcauhtlatoque, y hombres valientes y otra gente, todos juntos detrás con candelas de teas, hasta llegar al lugar donde se lavaba el dicho Vitzilopuchtli, que se llamaba Ayanhcalco, y le tañian flautas y luego le asentaban al dicho Vitzilopuchtli, y el privado del dicho Vitzilopuchtli que se llamaba 'Teuoa, tomaba cel agua con una xicara de calabaza pintada de color azul quatro veces, y le ponia delante con quatro cañas verdes, y le lavaba la cara al dicho Vitzilopuchtli y todo el cuerpo, y despues de lavado, el que se vestia del vestido de Vitzilopuchtli tomaba otra vez la estatua del dicho Vitzilopuchtli, tañendo las flautas, y la llevaba hasta poner y asentar en el Cu, y asi despues de haber puesto la estatua del dicho Vitzilopuchtli, luego se salian todos y se ivan á sus casas, y de esta manera se acababa el servicio y penitencia de los que comian el cuerpo del dicho Vitzilopuchtli, que se llamaban Teuquaque de aquel año.
Párrafo IV
De otro tributo, asaz pesado, que pagaban los que comian el cuerpo de Vitzilopuchtli.
En acabando el dicho año, luego comenzaban otros mancebos á obligarse á servir y hacer penitencia segun la órden y costumbre que tenian de comer y recibir el cuerpo de Vitzilopuchtli, y juntamente los ministros de los idolos que se llamaban Calpules. Hacian gran servicio y penitencia de que recibian grandisimo agravio y fatiga que no se podia sufrir, porque cada noche de todo el año gastaban y consumian mucha y demasiada cantidad de leña y teas muy extremadas, y axí y tomates, y sal y pepitas, y almendras de cacao, y comida, y quando les faltaba con que comprar las cosas necesarias, con sus mantas que vestian compraban ó pedian alguna cosa prestada, ó vendian las tierras de regadio ó del monte, que eran adjudicadas á los idolos á quienes servian; y quien no podia pagar el tributo luego dejaba las tierras; y al tiempo que yá sabian que yá cumplian y acababan la penitencia y servicio á que estaban obligados á servir al dicho Vitzilopuchli, se lavaban y limpiaban, y hacian comida de fruta, tamales, y unas ollas bien guisadas, ó mataban un perrito que comian, y se emborrachaban, por razon que habian cumplido el servicio y penitencia á que estaban obligados, porque les parecia el tributo asaz muy pesado, como una carga que apenas se podia llevar; y asi despues se holgaban mucho, porque yá estaban libres del gran trabajo y agravio, y dormian quieta y pacificamente, y libremente buscaban la vida, y trabajaban de pescar, ó beneficiaban maguey, Alle, ó entendian en algunos trabajos de mercaderia.
Capítulo II
De la estimacion en que era tenido el Dios llamado Titlacaoan ó Tezcatlipuca.
El Dios llamado Titlacaoan, decian que era Criador del cielo y de la tierra, y era todo poderoso, el qual daba á los vivos todo quanto era menester de comer y beber, y riquezas, y el dicho Titlacaoan era invisible y como obscuridad y aire, y quando aparecia y hablaba á algun hombre, era con su sombra, y sabia los secretos de los hombres que tenian en los corazones, y le clamaban y le rogaban diciendole: O Dios todo poderoso, que dais vida á los hombres, que os llamais Titlacaoan, hacedme merced de darme todo lo necesario para comer y beber, y gozar de vuestra suavidad y delectacion, porque padezco gran trabajo y necesidad en este mundo, habed misericordia de mi, porque estoy tan pobre y desnudo, y trabajo por os servir, y por vuestro servicio barro, y limpio, y pongo lumbre en esta pobre casa, donde estoy aguardando lo que me quisieredes mandar, ó haced que luego me muera, y acabe esta vida tan trabajosa y miserable, para que descanse y huelgue mi cuerpo. Y mas decian, que el Dios que se llamaba Titlacaoan, daba á los vivos pobreza y miseria, y enfermedades incurables y contagiosas de lepra, y bubas, y gota, y sarna, y hidropesia, las quales enfermedades daba quando estaba enojado con los que no cumplian y quebrantaban el voto y penitencia que se obligaban á ayunar, ó si dormian con sus mugeres, ó las mugeres con sus maridos ó amigos en el tiempo del ayuno. Y los dichos enfermos estando muy penados y agraviados clamaban, rogando y diciendole: O Dios que os llamais Titlacaoan, hacedme merced de relevarme y quitarme esta enfermedad que me mata, que yo no haré otra cosa que enmendarme, si yo fuese sano de esta enfermedad, hagoos un voto de serviros y buscar la vida, y si yo ganare algo por mi trabajo no lo comeré ni gastaré en otra cosa sino que por honraros. Haré la fiesta y banquete para bailar en esta pobre casa. Y el enfermo desesperado que no podia sanar, tenia enojado y decia; O Titlacaoan, puesto que haceis burla de mi, porque no me matais Y algunos enfermos sanaban y otros morian. El dicho Titlacaoan tambien se llamaba Tezcatlipuca, y Moyocayatzin, y Yactzin, y Necocayautl, y Necaoalpilli. Llamabanle Moyocayatzin, por razon que hacia todo quanto queria y pensaba, y que ninguno le podia contradecir á lo que hacia, ni en el cielo ni en este mundo, y enriquecia á quien queria, y tambien daba pobreza y miseria á quien queria; y mas decian, que el dia que fuese servido destruir y derribar el cielo que lo haria, y los vivos se acabarian; y al dicho Titlacaoan todos le adoraban y rogaban, y en todos los caminos y divisiones de calles le ponian un asiento hecho de piedra para él, que se llamaba Momitzili, y le ponian ciertos ramos en el dicho asiento por su hora y servicio cada cinco dias, allende de los veinte dias de fiesta que le hacian; y asi tenian la costumbre y órden de hacerlo siempre.
Capítulo III
De la relacion de quien era Quetzalcoatl, otro Hercules, gran nigromantico, donde reynó, y de lo que hizo quando se fué.
Quetzalcoatl fué estimado y tenido por Dios, y lo adoraban de tiempo antiguo en Tulla, y tenia un Cu muy alto con muchas gradas y muy angostas que no cabian un pié, y estaba siempre echada su estatua y cubierta de mantas, y la cara que tenia era muy fea, y la cabeza era larga y barbuda, y los vasallos que tenia eran todos oficiales de artes mecanicas, y diestros para labrar las piedras verdes que se llaman Chalchiuites, y tambien para fundir plata y hacer otras cosas; y estas cosas todas hubieron principio y origen del dicho Quetzalcoatl, y tenia unas casas hechas de piedras verdes preciosas que se llaman Chalchiuites, y otras casas hechas todas de tablas, y otras casas hechas de turquesas, y mas otras casas hechas de plumas ricas, y los vasallos que tenia eran muy ligeros para andar y llegar á donde ellos querian ir, y se llamaban Tlanquacemilhiyme; y hay una sierra que se llama Tzatzitepetl, (hasta ahora asi se nombra), en donde pregonaba un pregonero para llamar á los pueblos apartados, los quales distan mas de cien leguas, que se nombran Anaoac, y desde alli oian y entendian el pregon, y luego con brevedad venian á saber y oir lo que mandaba el dicho Quetzalcoatl; y mas dicen que era muy rico, y que tenia todo quanto era menester y necesario de comer y beber, y que el maiz era abundantisimo, y las calabagas muy gordas del una braza en redondo, y las mazorcas de maiz eran tan largas que se llamaban abracadas, y las cañas de bledos eran muy largas y gordas, y que subian por ellas como por arboles, y que sembraban y cogian algodon de todos colores, que son colorado, y encarnado, y amarillo, y morado, blanquecino, verde, y azul, prieto, y pardo, y naranjado, y leonado. Y estos colores de algodon eran naturales, que asi se nacian; y mas dicen, que en el dicho pueblo de Tulla se criaban muchos y diversos generos de aves de plumas ricas y colores diversos, que se llaman Xiuhtototl, y Quetzaltotoll, y Zaquan, y Tlauhquechol, y otras aves que cantaban dulce y suavemente. Y mas tenia el dicho Quetzalcoatl todas las riquezas del mundo de oro y plata y piedras verdes que se llaman Chalchiuites y otras cosas preciosas y mucha abundancia de arboles de cacao de diversos colores que se llaman Xochicacaoatl, y los dichos vasallos del dicho Quetzalcoatl estaban muy ricos y no les faltaba cosa alguna, ni habia hambre ni falta de maiz, ni comian las mazorcas de maiz pequeñas, sino con ellas calentaban los baños como con leña. Ytem; dicen que el dicho Quetzalcoatl hacia penitencia punzandose sus piernas, y sacando sangre, con que manchaba y ensangrentaba las puntas de maguey, y se lavaba á la media noche en una fuente que se llama Xipacoya, y esta costumbre y órden tomaron los sacerdotes y ministros de los idolos Mesicanos, como el dicho Quetzalcoatl lo usaba y hacia en el dicho pueblo de Tulla.
Capítulo IV
De como se acabó la fortuna de Quetzalcoatl, y vinieron contra él otros tres nigromanticos, y de las cosas que hicieron.
Vino cel tiempo que yá acabase la fortuna de Quetzalcoatl y de los Tultecas. Vinieron contra ellos tres Nigromanticos llamados, Vitzilopuchtli, y Titlacaoan, y Tlacavepan, los quales hicieron muchos embustes en Tulla, y el Titlacaoan comenzó primero á hacer un embuste, que se volvió como un viejo muy cano y bajo, el qual fué á la casa del dicho Quetzalcoatl, diciendo á los pages del dicho Quetzalcoatl, quiero ver y hablar al Rey Quetzalcoatl, y le digeron, anda vete, viejo, que no le puedes ver, porque está enfermo y le darás enojo y pesadumbre; entonces dijo el viejo, yo le tengo de ver; respondieron los pages, aguardaos, decirselo hemos. Y asi fueron á decir al dicho Quetzalcoatl de como venia un viejo á hablarle, diciendo: Señor, un viejo há venido aqui y os quiere hablar y ver, y echabamosle fuera para que se fuese, y no quicre, diciendo, que os há de ver por fuerza, y dijo el dicho Quetzalcoatl, entrese acá, y venga que le estoy aguardando muchos dias há, y luego llamaron al viejo, y entró el dicho viejo á donde estaba el dicho Quetzalcoatl, y entrando dijo: Señor hijo, como estais? aqui tengo una medicina para que la bebais; y dijo Quetzalcoatl respondiendo al viejo, en hora buena vengais vos, viejo, que ya há muchos dias que os estoy aguardando; y dijo el viejo al dicho Quetzalcoatl, Señor, como estais de vuestro cuerpo y salud? y respondió Quetzalcoatl, diciendo al viejo, estoy muy mal dispuesto, y me duele todo el cuerpo, y las manos y los pies no los puedo mover; y le dijo el viejo respondiendo al dicho Quetzalcoatl, Señor, veis aqui la medicina que os traigo, és muy buena y saludable y se emborracha quien la bebe; si quisieredes beber, emborracharos há, y sanaros há, y ablandarsceos há el corazon, y acordarseos há de los trabajos y fatigas de la muerte, ó de vuestra ida; y respondió el dicho Quetzalcoatl, diciendo, O viejo, á donde me tengo deir; y le dijo el viejo, por fuerza habeis de ir á Tullan Tlapalan, en donde está otro viejo aguardandoos, él y vos hablareis entre vosotros, y despues de vuestra vuelta estareis como mancebo, y aun os volvereis otra vez como muchacho. Y el dicho Quetzalcoatl oyendo estas palabras, moviosele el corazon, y tornó á decir el viejo al dicho Quetzalcoatl: Señor mande beber esa medicina, y le respondió el dicho Quetzalcoatl diciendo: O viejo, no quiero beber; y le respondió el viejo diciendo: Señor, bebedla, porque sino la bebeis despues se os há de antojar, á lo menos ponedla en la frente ó beber tantico; y el dicho Quetzalcoatl gustó y probóla, y despues bebiola, diciendo que és esto? parece ser cosa muy buena y sabrosa, yá me sanó y quitó la enfermedad, yá estoy sano. Y mas otra vez le dijo el viejo, Señor bebedla otra vez, porque és muy buena la medicina y estareis mas sano, y el dicho Quetzalcoatl bebióla otra vez, de que se emborrachó, y comenzó á llorar tristemente, y se le movió y ablandó el corazon para irse, y no se le quitó del pensamiento lo que tenia, por el engaño y burla que le hizo el dicho Nigromantico viejo, y la medicina que bebió el dicho Quetzalcoatl era vino blanco de la tierra hecho de magueyes, que se llaman Teumcetl.
Capítulo V
De otro embuste que hizo aquel nigromantico llamado Titlacaoan.
Otro embuste hizo el dicho Titlacaoan, el qual se volvió y pareció como un Indio forastero que se llamaba Toveyo, desnudo todo el cuerpo como solian andar aquellos de su generacion, el qual andaba vendiendo axí verde, y se assentó en el mercado delante del palacio; y el Vemac que era Señor de los Tultecas en lo temporal, porque el dicho Quetzalcoatl era como sacerdote, y no tenia hijos, tenia una hija muy hermosa, y por la hermosura codiciabanla y descabanla los dichos Tultecas para casar con clla, y el dicho Vemac no se la quiso dar á los dichos Tultecas, y la dicha hija del Señor Vemac miró hacia el Tianquez, y vió al dicho Toveyo demudo y el miembro genital, y despues de lo haber visto la dicha hija entróse en palacio, y antojosele el miembro de aquel Toveyo, de que luego empezó á estar muy mala por el amor de aquello que vió, y hinchosele todo el cuerpo. Y el dicho Señor Vemac supo como estaba muy mala la hija, y preguntó á las mugeres que guardaban la hija, que mal tiene mi hija? que enfermedad es esta que se le há hinchado todo el cuerpo? y le respondieron las mugeres diciendo: Señor, de esta enfermedad fué la causa y ocasion el Indio Toveyo que andaba desnudo, y vuestra hija vió y miró el miembro genital de aquel Toveyo, y está mala de amores; y el dicho Señor Vemac oidas estas palabras mandó, diciendo: Ó Tultecas buscadme al Toveyo que anda por aqui vendiendo axí verde, por fuerza há de parecer; y asi lo buscaron en todas partes, y no pareciendo, subió un pregonero á la sierra que se llama Tzatzitepec, y pregonó diciendo: O Tultecas, si hallais un Toveyo que por aqui andaba vendiendo axí verde, traedlo ante el Señor Vemac, y asi buscaron en todas partes y no le hallaron, y vinieron á decir al Señor Vemac, que no parecia el dicho Toveyo. Despues pareció el dicho Toveyo asentado en el Tianquez, donde antes habia estado vendiendo el dicho axí verde, y como le hallaron luego fueron á decir al Señor Vemac como habia parecido el dicho Toveyo, y dijo el Señor, traedmelo acá presto, y los dichos Tultecas fueron por él á llamarle y traerle, y traido ante el Señor Vemac, dijole el Señor Vemac, de donde sois? y respondiole el dicho Toveyo, Señor, yo soy forastero, vengo por aqui á vender axí verde: y dijo Vemac, donde os tardastes? por que no os poneis el masile, y no os cubris con la manta? respondió el dicho Toveyo diciendo, Señor, tenemos esta costumbre en nuestra tierra, y el Señor le dijo, vos antojastes á mi hija, vos la habeis de sanar; y respondió el dicho Toveyo, Señor, en ninguna manera puede ser esto, mas matadme; yo quiero morir, porque no soy digno de oir estas palabras, viniendo por aqui á buscar la vida vendiendo axí verde: dijóle el Señor, por fuerza habeis de sanar á mi hija, no tengais miedo; y luego tomaronle para lavarle y trasquilarle, y le cubrieron todo el cuerpo con tinta y le pusieron el mastle, y le metieron una manta; y dijóle el Señor Vemac, anda y entra á ver á mi hija allá dentro donde la guardan; y el dicho Toveyo asi lo hizo, y durmió con la dicha hija del Señor Vemac, de que luego fué sana y buena; y de esta manera el dicho Toveyo fué yerno del dicho Señor Vemac.
Capítulo VI
De como los de Tulla se enojaron por el casamiento, y de otro embuste que hizo Titlacaoan.
Drspurs de cumplido y hecho el matrimonio del dicho Toveyo con la hija del Señor Vemac, los dichos Tultecas comenzaron á enojarse y decir palabras injuriosas y afrentosas contra el Señor Vemac, diciendo entre si, por que el Señor Vemac casó la hija con un Toveyo? y como el dicho Señor Vemac entendió y oyó las palabras afrentosas que contra él decian los dichos 'Tultecas, llamóles diciendo, venid acá, yo hé entendido todas las palabras injuriosas que habeis dicho contra mi por amor de mi yerno que és un Toveyo: yo ós mando que le lleveis disimuladamente á pelear á la guerra de Cacatepec y Coatepec, para que le maten nuestros enemigos; y asi oyendo estas palabras del dicho Señor Vemac, los Tultecas armaronse y juntaronse y fueron á la guerra con muchos peones y con el yerno Toveyo del Señor Vemac, y en llegando al lugar de la pelea, enterraronle al dicho Toveyo para aguardar á los enemigos con los pages enanos y cojos. Despues de haber enterrado aquellos enanos y cojos, que és ardid que ellos solian tener y hacer en la guerra, los dichos Tultecas fueron á pelear contra los enemigos de Coatepec; y el dicho Toveyo decia á los dichos pages enanos y cojos: no tengais miedo, esforzaos, porque á todos nuestros enemigos hemos de matar; y los dichos enemigos de Coatepec prevalecian persiguiendo y venciendo á los Tultecas, los quales huian delante de los enemigos, y escapandose de las manos de los enemigos; y astuta y engañosamente los dichos Tultecas dejaron al dicho Toveyo solo enterrado con los dichos pages huyendose de los enemigos; y habian pensado que los dichos enemigos matarian al dicho Toveyo con los pages, porque estaba solo con los dichos pages, y se vinieron á decir y dar noticia al Señor Vemac, diciendo: Señor, yá hemos dejado
vuestro yerno Toveyo solo en la guerra con los pages en poder de los enemigos; y como el Señor Vemac oyó la traicion que habian hecho los dichos Tultecas con el dicho su yerno Toveyo, holgóse mucho pensando que yá era muerto, porque tenia gran verguenza de tener tal yerno forastero y Toveyo. Y el dicho Toveyo estando enterrado miraba á los enemigos, y decia á los pages, no tengais miedo, yá se llegan contra nosotros los enemigos, yo sé que los tengo de matar á todos, y asi se levantó y salió contra los enemigos de Coatepec y Cacatepec, persiguiendoles y matandoles sin numero; y como esto vino á noticia del Señor Vemac, espantóle y pesóle mucho, y llamó á los dichos Tultecas, diciendoles: vamos á recibir á nuestro yerno, y asi fueron todos á recibirle con el Señor Vemac, llevando consigo unas armas ó divisas que se llaman Quetzalapanecayutle, y rodelas que se llaman Xiuchimali, y las dieron al dicho Toveyo, y asi las recibieron bailando y tañendole las flautas, y cantando con los dichos pages con mucha victoria y alegria. Y los dichos Tultecas en llegando al palacio del dicho Señor Vemac, emplumaronle la cabeza y teñeronle todo el cuerpo con color amarillo, y la cara con color colorado, y á los pages. Este és el regalo que solian hacer á los que venian con victoria de la guerra; y despues le dijo el Señor Vemac al dicho su yerno, ahora yá estoy contento de lo que habeis hecho y los Tultecas estan yá contentos; muy bien lo habeis hecho con los enemigos, descansad y reposad.
Capítulo VII
De otro embuste del mismo nigromantico, con que mató muchos de los Tullanos danzando y bailando.
Otro embuste hizo el dicho nigromantico que se llamaba Titlacaoan despues de haber peleado y vencido á los dichos enemigos, y asi estando emplumado todo el cuerpo con la pluma rica que se llama Tocivitl, mandó que danzasen y bailasen todos los Tultecas, é hizo pregonar á un pregonero en la sierra de Tzatzitepec, diciendo, que todos los Indios forasteros viniesen á una fiesta á danzar y bailar; y luego vinieron muy muchos Indios sin numero á Tulla, y en juntandose todos, fué el dicho Titlacaoan á un lugar que se llama Texcalapa con toda la gente, que no se podia contar, asi mancebos como mozas, y comenzó á bailar y danzar y cantar el dicho nigromantico Titlacaoan tañendo el atambor, y toda la gente asi mismo comenzaba á bailar y holgarse mucho, cantando el verso que cantaba el dicho nigromantico, diciendo y cantando cada verso á los que danzaban, y luego comenzaban todos á cantar el mismo verso, aunque no sabian de memoria el cantar, y comenzaban á bailar y cantar á puesta del sol hasta cerca de la media noche, que se llamaba Tlatlapitzaliapa, y porque era muy mucha gente la que danzaba, empujandose unos á otros, muy muchos de ellos caian despeñandose en el barranco del rio que se llama Texcaltlauhco, y se convertian en piedras; y en el dicho rio habia un puente de piedra, y el dicho nigromantico quebróla, y todos los que ivan á pasar por el dicho puente caianse y despeñabanse en el dicho rio, y se volvian en piedras; y todo esto que hacia el dicho nigromantico no sentian ni miraban los dichos Tultecas, porque estaban como borrachos sin seso; y todas las veces que bailaban y danzaban los dichos Tultecas, como se empujaban unos á otros, despeñabanse en el dicho rio.
Capítulo VIII
De otro embuste del mismo nigromantico con que mató otros muchos de los de Tulla.
Otro embuste hizo el dicho nigromantico, el qual pareció como un hombre valiente que se llamaba Tequioas y mandó á un pregonero que apregonase y llamase á todos los comarcanos de Tulla, para que viniesen á hacer cierta obra en una huerta de flores que se llamaba Suchitlal, para verificar y cultivar la dicha huerta, porque asi la llaman Suchitlal (diz que era huerta del dicho Quetzalcoatl) y asi lo hicieron todos y vinieron á la dicha obra en la dicha huerta de Quetzalcoatl, y en juntandose los dichos Tultecas, luego comenzó el dicho nigromantico á matar á los dichos Tultecas, cachocandolos con una coa, y mató muy muchos de ellos sin cuenta, y otros ivanse huyendo por escaparse de sus manos, y en tropezando y cayendo luego morian, y otros empujaban unos á otros, y todos asi se mataban.
Capítulo IX
De otro embuste que hizo el mismo nigromantico con que mató muchos mas de los Tultecas.
Otro embuste hizo el nigromantico ya dicho, asentóse en medio del mercado del Tianquez, y dijo llamarse Tlacavepan ú otro nombre Acexcoch, y hacia bailar un muchachuelo en la palma de sus manos, (diz que era Vitzilopuchtli) y le ponia danzando en sus manos al dicho mozuelo, y como le vieron los dichos Tultecas, todos se levantaron y fueron á mirarle, y empujabanse unos á otros, y asi murieron muchos ahogados y acoceados; y esto acaeció muy muchas veces que los dichos Tultecas se mataban empujandose unos á otros. Dijo el dicho nigromantico á los dichos Tultecas, O Tultecas, que és esto? que embuste és este, como no lo sentis? un embuste que hace danzar al muchacho, matadlos y apedreadlos; y asi mataron á pedradas al dicho nigromantico y al muchachuelo, y despues de haberle muerto, comenzó á heder el cuerpo de dicho nigromantico, y el hedor corrompia el aire, de donde venia el viento llevaba muy mal hedor á los dichos Tultecas de que muy muchos se morian; y el dicho nigromantico dijo á los dichos Tultecas, echadle por ahi á este muerto, porque ya se mueren muy muchos de los Tultecas del hedor del dicho nigromantico; y asi lo hicieron los dichos Tultecas, y ataron al muerto con unas sogas para llevar y echar al muerto que hedia, y pesaba tanto que los dichos Tultecas no podian llevarle; de antes pensaban que presto le echarian fuera de Tulla, y un pregonero pregonó, diciendo: O Tultecas, vemos todos y traed vuestras sogas para atar al muerto y echarle fuera, y en juntandose todos los dichos Tultecas, luego ataron al muerto con las sogas y comenzaron á llevarle arrastrando, diciendo entre si: O Tultecas ea pues arrastrad á este muerto con vuestras sogas; y el dicho muerto tanto pesaba que no le podian mover y quebrabanse las sogas, y en quebrandose una soga, los que estaban asidos á ella caian y morian subitamente cayendo unos sobre otros, y asi no pudiendo arrastrar al dicho muerto, dijo el dicho nigromantico á los dichos Tultecas: O Tultecas, este muerto quiere un verso de canto, y él mismo dijo el canto, diciendoles, arrastradlo al muerto Tlacavepan nigromantico, y asi en cantando este verso, luego comenzaron á llevar arrastrando al dicho muerto, dando gritos y voces, y en quebrando unas sogas todos los que estaban asidos á la soga morian, y los que se empujaban unos á otros, y los que se caian unos sobre otros todos morian, y llevaron al muerto hasta el monte; y los que se volvieron no sentian aquello que les habia acaecido, porque estaban como borrachos.
Capítulo X
De otros embustes del mismo nigromantico.
Otro embuste hizo el dicho nigromantico en el dicho pueblo de Tulla, y és, que dicen andaba volando un ave blanca que se llama Yztaccuixtli pasada con una saeta algo lejos de la tierra, y claramente la veian los dichos Tultecas, mirando hacia arriba. Otro embuste hizo el dicho nigromantico que fué de los dichos Tultecas, los que veian de noche una sierra que se llama Zacatepec ardiendose y las llamas parecian de lejos, y al tiempo que la veian, alborotabanse dando gritos y voces, y estaban desasosegados, y decian unos á otros: O Tultecas, yá nos acaba la fortuna, yá perecemos, yá se acaba Tultecazutl, yá nos vino la mala ventura, guáy de nosotros, á donde nos iremos? O desventurados de nosotros, esforzaos. Ytem, otro embuste que fué de los dichos Tultecas, lo qual hizo el dicho nigromantico, que llovió sobre ellos piedras, y despues de pasado esto, cayóles del cielo una piedra grande que se llamaba Techcatl, y desde entonces andaba una vieja India en un lugar que se llama Chapultepecuitlapilco, ó por otro nombre Vetzinco, vendiendo unas banderillas de papel diciendo, á las banderas. Quien se determinaba á morir luego decia, compradme una banderilla, y siendole mercada la banderilla luego se iva á donde estaba la dicha piedra Techcatl, y alli le mataban, y no habia quien dijese, que és esto que nos acontece? y estaban como locos.
Capítulo XI
De otro embuste del mismo nigromantico, con que mató otros muchos Tullanos.
Item: otro embuste hizo el dicho nigromantico contra los dichos Tultecas. Dicen que todos los mantenimientos se volvieron acedos y nadie los podia comer, y una India vieja apareció, (dicen que era el mismo nigromantico, el qual pareció como una india vieja) y asentóse en un lugar que se llama Xochitla y tostaba el maiz, y el olor del dicho maiz tostado llegaba á los pueblos de toda la comarca, y quando olian los dichos Tultecas el maiz luego venian corriendo, y en un momento llegaban al dicho lugar Xochitla donde estaba la dicha vieja, porque dicen que los Tultecas eran ligeros, y aunque estaban muy lejos venian presto y llegaban á donde querian; y todos quantos venian de los dichos Tultecas y se juntaban los mataba dicha vieja, y ninguno de ellos se volvia. Asi engaño y burla les hacia, y mató muy muchos Tultecas el dicho nigromantico por el dicho embuste que les hizo.
Capítulo XII
De la huida de Quetzalcoatl para Tlapalla, y de las cosas que por el camino hizo.
Otros muchos embustes les acaecieron á los dichos Tultecas por haberseles acabado la fortuna, y el dicho Quetzalcoatl, teniendo pesadumbre de los dichos embustes, y acordando de irse de Tulla á Tlapalla, hizo quemar todas las casas que tenia hechas de plata y de conchas, é hizo enterrar otras cosas muy preciosas dentro de las sierras ó barrancos de los rios, y convirtió los arboles de cacao en otros arboles que se llaman Mizquitl, y demas de esto mandó á todos los generos de aves de pluma rica, que se llaman Quetzaltototl y Xiuhtotl y Tlauquechol, que se fuesen delante, y fueronse hasta Anaoac que dista mas de cien leguas; y el dicho Quetzalcoatl comenzó á tomar el camino y partirse de Tulla, y asi se fué y llegó á un lugar que se llama Quauhtitlan, donde estaba un arbol grande y grueso y largo, y el dicho Quetzalcoatl arrimóse á él, y pidió á los pages un espejo, y se lo dieron, y miróse la cara en el dicho espejo y dijo, yá estoy viejo, y entonces nombró el dicho lugar Vevequauhtitlan, y luego tomó piedras con que apedreó al dicho arbol, y todas las piedras que tiraba el dicho Quetzalcoatl, las metia dentro del dicho arbol, y por muchos tiempos asi estaban y parecian, y todos las veian desdel suelo hasta arriba; y asi iva caminando el dicho Quetzalcoatl, é ivan delante tañendole flautas, y llegó á otro lugar en el camino donde descansó y se asentó en una piedra y puso las manos en la dicha piedra, y estando mirando hacia Tulla comenzó á llorar tristemente, y las lagrimas que derramó, cavaron y horadaron la dicha piedra donde estaba llorando y descansando el dicho Quetzalcoatl.
Capítulo XIII
De las señales que dejó en las piedras hechas con las palmas y con las nalgas donde se sentaba.
El dicho Quetzalcoatl puso las manos tocando la piedra grande donde se asentó, y dejó señales de las palmas de sus manos en la dicha piedra, asi como si las dichas manos pusiera en lodo que ligeramente se quedaran señaladas; y tambien dejó señales de las nalgas en la dicha piedra donde se habia sentado, y las dichas señales parecen y se ven claramente, y entonces nombró el dicho lugar Temacpalco, y se levantó yendose de camino, y llegó á otro lugar que se llama Tepanoaya, y alli pasa un rio grande y ancho, y el dicho Quetzalcoatl mandó hacer y poner una puente de piedra en aquel dicho rio, y asi por aquella puente pasó el dicho Quetzalcoatl y se llamó el dicho lugar Tepanoaya. Yendose de camino el dicho Quetzalcvatl llegó á otro lugar que se llama Coahapa, en donde los dichos nigromanticos vinieron á toparse con él por impedirle que no se fuese mas adelante, diciendo al dicho Quetzalcoatl, á donde os vais? por que dejasteis vuestro pueblo? á quien lo encomendasteis? quien hará penitencia? Y el dicho Quetzalcoatl respondiendo á los dichos nigromanticos dijo, en ninguna manera podeis impedir mi ida, por fuerza tengo de irme; y los dichos nigromanticos dijeron, preguntando al dicho Quetzalcoatl, á donde os vais? y les respondió, diciendo, yo me voy hasta Atlapayan; y le preguntaron los nigromanticos, á que os vais allá? Y respondió Quetzalcoatl, vinieron á llamarme y llamame el sol; y le dijeron los nigromanticos al dicho Quetzalcoatl, idos en hora buena, y dejad todas las artes mecánicas de fundir plata, y labrar piedras y madera, y pintar, y hacer plumages y otros oficios. Todo se lo quitaron los dichos nigromanticos al dicho Quetzalcoatl; y el dicho Quetzalcoatl comenzó á echar en una fuente todas las joyas ricas que llevaba consigo; y asi fué llamada la dicha fuente Cohcaapa, y aora esta fuente se llama Coahapa. Y el dicho Quetzalcoatl prosiguiendo su camino llegó á otro pueblo que se llama Cochtoca, y vino otro nigromantico y topóse con él diciendo, á donde vais? Y le dijó Quetzalcoatl, yo me voy á Tlapalla; y el dicho nigromantico dijo á Quetzalcoatl, en hora buena os vais, bebed ese vino que os traigo, y dijo el dicho Quetzalcoatl, no lo puedo beber, ni aun gustar un tantico; y dijo el nigromantico, por fuerza lo habeis de beber, ó gustar un tantico, porque á ninguno de los vivos debo de dar y hacer beber ese vino, á todos emborracho, ea pues bebalo: y el dicho Quetzalcoatl tomó el vino y lo bebió con una caña, y en bebiendolo se emborrachó y durmióse en el camino, y comenzó á roncar, y quando despertó mirando á una parte y á otra, sacudia los cabellos con la mano, y entonces fué llamado el dicho lugar Cochtoca.
Capítulo XIV
De como del frio se le murieron todos los pages á Quetzalcoatl en la pasada de entre las dos sierras, el Vulcan y la Sierra-Nevada, y de otras azañas suyas.
El dicho Quetzalcoatl yendose de camino mas adelante á la pasada de entre las dos sierras del Vulcan y la Sierra-Nevada, todos los pages del dicho Quetzalcoatl que eran enanos y corcobados que le ivan acompañando se le murieron del frio dentro de la dicha pasada de las dichas dos sierras. Y el dicho Quetzalcoatl sintió mucho lo que le habia acaecido de la muerte de los dichos pages, y llorando muy tristemente y cantando con lloro y suspirando, miró la otra sierra-nevada que se nombra Poyauhtecatl, que está cabe Tecamachalco, y asi pasó por todos los lugares y pueblos, y puso muy muchas señales en las sierras y caminos segun que dicen: mas dicen, que el dicho Quetzalcoatl se andaba holgando y jugando en una sierra, y encima de la sierra se asentó y veniase abajando asentado hasta el suelo y bajo de la sierra, y asi lo hacia muchas veces; y en otro lugar hizo poner un juego de pelota hecho de piedras en quadra, donde solian jugar la pelota que se llama,Tlastli, y en el medio del juego puso una señal ó raya que dice Tlecotl, y donde hizo la raya está abierta la sierra muy profundamente. Y en otro lugar tiró con una saeta á un arbol grande que se llama Pochutl y atravesóle con la dicha saeta, y asi estaba hecha una cruz; y unos dicen que el dicho Quetzalcoatl hizo y edificó unas casas debajo de la tierra que se llaman Mictlancalco, y mas hizo poner una piedra grande que se mueve con el dedo menor, y dicen que quando hay muchos hombres que quieren mover y menear la piedra, que no se mueve aunque sean muy muchos. Y ademas hay otras cosas notables que hizo el dicho Quetzalcoatl en muchos pueblos, y dió todos los nombres á las sierras y montes y lugares; y asi en llegando á la ribera de la mar, mandó hacer una barca hecha de culebras que se llama Coatlapechili; en ella entró y asentóse como en una canoa, y asi se fué por la mar navegando; y no se sabe como y de que manera llegó al dicho Tlapalla.
Apendice del tercero libro
Capítulo I
De los que ivan al Infierno y de sus obsequias.
Lo que dijeron y supieron los naturales antiguos y señores de esta tierra de los difuntos que se morian és, que las animas de los difuntos ivan á una de tres partes; la una és el Infierno, donde estaba y vivia un diablo que se decia Mictlantecutli y por otro nombre 'Tzontemoc, y una Diosa que se decia Mietecaciotl, que era muger de Mictlantecutli; y las animas de los difuntos que ivan al Infierno son los que morian de enfermedad, ora fuesen señores ó principales ó gente baja, y el dia que alguno se moria, varon ó muger ó muchacho, decian al difunto echado en la cama, antes que lo enterrasen: O hijo, yá habeis pasado y padecido los trabajos de cesta vida: yá há sido servido Nuestro Señor de os llevar, porque no tenemos vida permanente en este mundo, y brevemente como quien se calienta al sol és nuestra vida, é hizonos merced Nuestro Señor que nos conociesemos y conversasemos los unos á los otros en esta vida, y ahora al presente yá os llevó el Dios que se llama Mictlantecutli, y por otro nombre Aculnaoacatl ó Tzontemoc, y la Diosa que se dice Mietecaciotl yá os puso por su asiento, porque todos nosotros iremos allá, y aquel lugar és para todos, y és muy ancho y no habrá mas memoria de vos. E yá os fuisteis al lugar oscurisimo que no tiene luz ni ventanas, ni habeis mas de volver ni salir de alli; ni tampoco habeis de tener mas cuidado y solicitud de vuestra vuelta despues de os haber ausentado para siempre jamas. Habeis yá dejado vuestros hijos pobres y huerfanos y nietos, ni sabeis como han de acabar los trabajos de cesta vida presente, y hosotros allá iremos á donde vos estuvieredes antes de mucho tiempo. Y despues de esto hablaban y decian al pariente del difunto, diciendole: O hijo, esforzaos y tomad animo, y no dejeis de comer y beber y quietese vuestro corazon: que podemos decir nosotros á lo que Dios hace? por ventura esta muerte aconteció porque alguno nos quiere mal, ó hace burla de nosotros? Es por cierto porque asi lo quiso Nuestro Señor, que este fuese su fin: quien puede hacer que una hora ó un dia sea alargado á nuestra vida presente en este mundo ? Pues que esto és asi, tened paciencia para sufrir los trabajos de esta vida presente. Y la casa donde este vivia esté yerma y oscura de aqui adelante, y no tengais mas esperanza de ver vuestro difunto. No conviene que os fatigueis mucho por la horfanidad y pobreza que os queda: esforzaos hijo, no os mate la tristeza: nosotros hemos venido aqui á os visitar y consolar con estas pocas palabras como nos conviene hacer á nosotros que somos padres viejos, y porque yá Nuestro Señor llevó á los otros que eran mas viejos y antiguos, los que les sabian decir mejor palabras consolatorias á los tristes, y con esto ponemos fin á nuestra platica los que somos vuestros padres y madres, quedaos á Dios. Y luego los viejos ancianos y los oficiales de tajar papeles cortaban y aderezaban y ataban los papeles de su oficio para el difunto. Y despues de haber hecho y aparejado los papeles, tomaban al difunto y cogianle las piernas y vestianle con los papeles y lo ataban, y tomaban un poco de agua y derramabanla sobre su cabeza, diciendo al difunto: esta és la de que gozaste viviendo en el mundo; y tomaban un jarrillo lleno de agua y dabanselo diciendo: veis aqui con que habeis de caminar; y ponianselo entre las mortajas; y asi amortajaban al difunto con sus mantas y papeles y atabanle reciamente. Y mas daban al difunto todos los papeles que estaban aparejados, poniendolos ordenadamente ante él, diciendo: veis aqui con que habeis de pasar en medio de dos sierras que están encontrandose una con otra; y mas le daban al difunto otros papeles, diciendole: veis aqui con que habeis de pasar el camino donde está una culebra guardando el camino; y dabanle mas otros papeles, diciendo: veis aqui con que habeis de pasar donde está la lagartija verde, que se dice Xochitonal. Y mas decianle al difunto: veis aqui con que habeis de pasar á ocho páramos; y mas le daban otros papeles, diciendo: veis aqui con que habeis de pasar ocho collados; y mas decian al difunto: veis aqui con que habeis de pasar al viento de navajas que se llama Ytzehecaya, porque el viento era tan recio que llevaba las piedras y pedazos de navajas. Por razon de estos vientos y frialdad quemaban todas las petacas y armas y todos los despojos de los cautivos que habian tomado en la guerra y todos sus vestidos que usaban. Decian que todas estas cosas ivan con aquel difunto, y en aquel paso le abrigaban paraque no recibiese gran pena. Lo mismo hacian con las mugeres que morian, que quemaban todas las alhajas con que tejian é hilaban y toda la ropa que usaban, para que en aquel paso las abrigasen del frio y viento grande que alli habia, el qual llamaban Ytzchecaya; y el que ningun ato tenia sentia gran trabajo con el viento de este paso; y mas hacian al difunto llevar consigo un perrito de pelo bermejo, y al pescuezo le ponian hilo floxo de algodon. Decian que los difuntos nadaban encima del perrito quando pasaban un rio del Infierno que se nombra Chicunacapa. Y en llegando los difuntos ante el diablo que se decia Mictlantecutli, ofrecianle y presentabanle los papeles que llevaban, y manojos de teas y cañas de perfumes, é hilo floxo de algodon, y otro hilo colorado, y una manta y un mastle, y las naoas y camisas: y todo el ato de muger difunta que dejaba en el mundo todo lo tenia envuelto desde que se moria: á los ochenta dias lo quemaban, y lo mismo hacian al cabo del año, y á los dos años, y á los tres años, y á los quatro años; entonces se acababan y cumplian las obsequias segun tenian costumbre, porque decian que todas las ofrendas que hacian por los difuntos en este mundo ivan delante del diablo que se decia Mictlantecutli, y despues de pasados quatro años el difunto se sale y se vá á los nueve infiernos, donde está y pasa un rio muy ancho, y alli viven y andan perros en la ribera del rio por donde pasan los difuntos nadando encima de los perritos. Dicen que el difunto que llega á la ribera del rio arriba dicho, luego mira el perro si conoce á su amo, luego se echa nadando al rio hacia la otra parte donde está su amo y le pasa á cuestas. Por esta causa los naturales solian tener y criar los perritos para este efecto. Y mas decian que los perros de pelo blanco y negro no podian nadar y pasar el rio, porque diz que decia el perro de pelo blanco, yo me lavé, y el perro de pelo negro decia, yo me hé manchado de color prieto, y por eso no puedo pasaros. Solamente el perro de color bermejo podia bien pasar á cuestas á los difuntos; y asi en este lugar del Tufierno que se llama Chicunamictla se acababan y fenecian los difuntos. Y mas dicen que despues de haber amortajado el difunto con los dichos aparejos de papeles y otras cosas, luego mataban al perro del difunto, y entrambos los llevaban á un lugar donde habia de ser quemado el perro juntamente; y dos de los viejos tenian especial cuidado y cargo de quemar al difunto, y otros viejos cantaban. estandose quemando el difunto los dichos dos viejos con palos estaban alanceando al difunto, y despues de haber quemado al difunto cogian la ceniza y carbon y huesos del difunto, y tomaban agua diciendo: lavese el difunto, y derramaban el agua encima del carbon y huesos del difunto, y hacian un hoyo redondo y lo enterraban. Y esto hacian asi en el enterramiento de los nobles como de la gente baja, y ponian los huesos dentro de un jarro ú olla con una piedra verde que se llama Chalchivitl, y lo enterraban en una camara de su casa y cada dia daban y ponian ofrendas en el lugar donde estaban enterrados los huesos del difunto. Y mas dicen que al tiempo que se morian los señores y nobles les metian en la boca una piedra verde que se dice Chalchivitl, y en la boca de la gente baja metian una piedra que no era tan preciosa y de poco valor que se dice Texoxoctli, ó piedra de navaja, porque dicen que la ponian por corazon del difunto: y para los Señores que se morian hacian muchas y diversas cosas de aparejos de papeles, que era un pendon de quatro brazas de largura hecho de papeles y compuesto con diversos plumages. Y asi tambien mataban veinte esclavos y otras veinte esclavas, porque decian, que como en este mundo habian servido á su amo, asi mismo han de servir en el Infierno; y el dia que quemaban al Señor luego mataban á los esclavos y esclavas con saetas, metiendoselas por la olla de la garganta; y no los quemaban juntamente con el Señor, sino en otra parte los enterraban.
Capítulo II
De los que ivan al Parayso Terrenal.
La otra parte donde decian que se ivan las animas de los difuntos és el Parayso Terrenal, que se nombra Tlalocan, en el qual hay muchos regocijos y refrigerios sin pena ninguna. Nunca jamas faltan las ma- Zorcas de maiz verdes, y calabazas y ramitos de bledos y axí verde, y tomates y frisoles verdes en vaina y flores; y alli viven unos Dioses que se dicen Tlaloques, los quales parecen á los ministros de los idolos que traen cabellos largos; y los que van allá son los que matan los rayos ó se ahogan en el agua, y los leprosos, bubosos y sarnosos, gotosos é hidropicos, y el dia que se morian de las enfermedades contagiosas é incurables no los quemaban, sino enterraban los cuerpos de los dichos enfermos, y les ponian semillas de bledos en las quixadas y sobre el rostro, y mas ponianles color de azul en la frente con papeles cortados, y mas en el colodrillo ponianles otros papeles, y los vestian con papeles, y en la mano una vara; y asi decian que en el Parayso Terrenal, que se llamaba Tlalocan, habia siempre verdura y verano.
Capítulo III
De los que ivan al Cielo.
La otra parte á donde se ivan las animas de los difuntos, és el Cielo, donde vive el Sol. Los que se van al Cielo, son los que mataban en las guerras, y los cautivos que habian muerto en poder de sus enemigos: unos morian acuchillados, otros quemados vivos, otros acañavereados, otros aporreados con palos de pino, otros peleando con ellos, otros atabanles teas por todo el cuerpo y ponianles fuego y asi se quemaban. Todos estos diz que están en un llano, y que á la hora que sale el Sol, alzaban voces y daban grita golpeando las rodelas; y el que tenia rodela horadada de saetas, por los agujeros de la rodela miraba al Sol, y el que no tenia rodela horadada de saetas no podia mirar al Sol; y en el Cielo hay arboleda y bosque de diversos arboles, y las ofrendas que les daban en este mundo los vivos, ivan á su presencia y allá las recibian; y despues de quatro años pasados, las animas de estos difuntos se tornaban en diversos generos de aves de pluma rica y color, y andaban chupando todas las flores asi en el Cielo como en este mundo, como los Tzinzones lo hacen.
Capítulo IV
De como la gente baja ofrecia sus hijos á la casa que se llama Telpuchcalli, y de las costumbres que alli les mostraban.
En naciendo una criatura luego los padres y madres hacian voto y ofrecian la criatura á la casa de los idolos, que se llama Calmecac ó Telpuchcalli. Era la intencion de los padres ofrecer la criatura á la casa de los idolos que se llama Calmecac, para que fuese ministro de los idolos, viniendo á edad perfecta. Y asi ofrecian la criatura á la casa de Telpuchcalli: era su intencion que alli se criase con los otros mancebos para servicio del pueblo y para las cosas de la guerra; y antes que se le llevasen á la casa del Telpuchcalli, los padres hacian y guisaban muy buena comida, y convidaban á los maestros de los mancebos que tenian cargo de criarlos y mostrarles las costumbres que en aquella casa usaban, y hecho el convite en casa de los padres del muchacho, hacian una platica á los maestros que los criaban y decianles: Aqui os há traido Nuestro Señor criador del cielo y de la tierra: hacemos os saber que Nuestro Señor fué servido de hacernos merced de darnos una criatura, como una joya ó pluma rica, que nos fué nacida; por ventura se criará y vivirá, y és varon, no conviene que le mostremos oficio de muger teniendole en casa; por tanto os le damos por vuestro hijo y encargamos, porque teneis cargo de criar á los muchachos y mancebos, mostrandoles las costumbres para que sean hombres valientes y para que sirvan á los Dioses Tlaltecutli y Tonatiuh, que son la tierra y el sol, en la pelea; y por esto ofrecemosle al Señor Dios todo poderoso Yaotl, por otro nombre Titlacaoan ó Tezcallipuca. Por ventura se criará y vivirá placiendo á Dios. Entrará á la casa de penitencia y de lloro que se llama Telpuchcalli; desde ahora os lo entregamos para que more en aquella casa donde se crian y salen hombres valientes, porque en este lugar se merecen los tesoros de Dios, orando y haciendo penitencia, y pidiendo á Dios que les haga misericordia y merced de darles victorias para que sean principales, teniendo habilidad para gobernar y regir la gente baja y nosotros padres indignos. Por ventura merecerá nuestro lloro y penitencia, que este muchacho se cria y viva ? no por cierto, porque somos indignos viejos y viejas caducas: por tanto humildemente os rogamos, que le:recibais y tomeis por hijo, para entrar y vivir con los otros hijos de principales y otra gente, que se crian en casa de Telpuchcalli. Y los maestros de los muchachos y mancebos respondian de esta manera, diciendo á los padres del muchacho: Tenemos en mucha merced haber oido vuestra platica ó razonamiento: no somos nosotros á quien se hace esta platica ó peticion, mas hacese al Señor Dios Yaotl, en cuya persona la oimos: él é5á quien hablais, y á él dais y ofreceis á vuestro hijo, á vuestra piedra preciosa y pluma ica; y nosotros en su nombre le recibimos: él sabe lo que tiene por bien de hacer de él: nosotros indignos siervos caducos con dudosa esperanza esperamos lo que será y lo que tendrá por bien de hacer á vuestro hijo, segun lo que él tiene yá ordenado de hacer de maestro conforme á su disposicion y determinacion, que antes del principio del mundo determinó de hacer: cierto ignoramos los dones que le fueron dados, y la propiedad y condicion que entonces le fué dada: ignoramos tambien que fueron los dones que le fueron dados á este niño quando se bautizó: tambien ignoramos el signo bueno ó malo en que nació y se bautizó: no podemos nosotros siervos bajos adivinar estas cosas: nadie de los que nacen recibe su fortuna acá en el mundo: cierta cosa és, que nuestra fortuna con nosotros la traemos quando nacemos, y nos fué dada antes del principio del mundo: en conclusion, recibimos vuestro niño para que sirva en barrer y en otros trabajos bajos en la casa de Nuestro Señor: deseamos y rogamos que le sean dadas las riquezas de Nuestro Señor Dios: deseamos que en esta casa se manifiesten y salgan á la luz los dones y mercedes con que Nuestro Scñor le adornó y hermoseó antes del principio del mundo; ó por ventura Nuestro Señor le llevará para si y le quitará la vida en su niñez: por ventura no mereceremos que viva largo tiempo en este mundo; no sabemos cosa cierta que os decir para que os podamos consolar: no os podemos decir con certidumbre, esto será, ó esto hará, ó esto acontecerá, ó será estimado, será ensalzado, vivirá sobre la tierra: por ventura por nuestros meritos, será vil, y pobre, y despreciado sobre la tierra: por ventura será ladron, ó adultero, ó vivira vida trabajosa, y fatigosa. Nosotros haremos lo que és nuestro, que és criarle y doctrinarle como padres y madres; no podemos por cierto entrar dentro de él y ponerle nuestro corazon. Tampoco vosotros podreis hacer esto aunque sois padres. Lo que resta és, que no os descuideis en encomendarle á Dios con oraciones y lagrimas para que nos declare su voluntad.
Capítulo V
De la manera de vivir y ejercicios que tenian los que se criaban en el Telpuchcalli.
En entrando en la casa del Telpuchcalli el muchacho, dabanle cargo de barrer y Aimplar la casa y poner la lumbre y hacer los servicios de penitencia á que se obligaba; era la costumbre que á la puesta del sol todos los mancebos ivan á danzar y bailar á la casa que se llamaba Cuicacalco cada noche, y el muchacho tambien bailaba con los otros mancebos; y llegando á los quince años y siendo yá mancebillo llevabanle consigo los mancebos al monte á traer la leña que era necesaria para la casa del Telpuchcalli y Cuicacalco, y cargabanle al mancebo un leño grueso ó dos para probar y ver si yá tenia habilidad para llevarle á la pelea; y siendo yá habil para la pelea, llevabanle y cargabanle las rodelas para que las llevase á cuestas; y si estaba yá bien criado y sabia las buenas costumbres y ejercicios á que estaba obligado, elegianle para maestro de los mancebos que se llama Tiachcauch; y si era yá hombre valiente y diestro, elegianle para regir á todos los mancebos y para castigarlos, y entonces se llamaba Telpuchtlato; y si era hombre valiente, yen la guerra habia captivado quatro enemigos, elegianle y nombrabanle Tlacatecal, ó Tlacochcalcal, ó Quauhtlato, los quales regian y gobernaban el pueblo, ó elegianle por Achcauchtli, que era como aliora Alguacil, y tenia vara gorda, y prendia á los delinqientes y los ponia en la carcel. De esta manera ivan subiendo de grado en grado los mancebos que alli se criaban, y eran muy muchos los. que se criaban en las casas de Telpuchealli, porque cada Perrocha tenia quince é diez casas de Telpuchealli, y la vida que tenian no era muy aspera, y dormian todos juntos cada uno apartado del otro, en cada casa de Telpuchealli, y castigaban al que no iva á dormir en estas casas, y comian en sus casas propias. Yvan todos juntos á trabajar donde quiera que tenian obra, á hacer barro, ó paredes, ó maizal, ó zanja, ó acequia. Para hacer estos trabajos ivan todos juntos, ó se repartian, ó ivan todos juntos á tomar y traer leña á cuestas de los montes que era necesaria para la casa de Cuicacalco y Telpuchealli; y quando hacian alguna obra de trabajo, cesaban del trabajo un poco antes de la puesta del sol: entonces ivanse á sus casas y bañabanse y untabanse con tinta todo el cuerpo pero no la cara; luego ponianse sus mantas y sartales; y los hombres valientes ponianse unos sarta:es de caracoles mariscos que se llaman Chipolli, ó sartales de oro, y en lugar de peinarse escarrapazabanse los cabellos hacia arriba por parecer espantables, y en la cara ponian ciertas rayas con tinta y margagita, y en los agujeros de las orejas ponianse unas turquesas que se llaman Xiulinacohtli, y en la cabeza ponianse unas plumas blancas como penachos, y vestianse con las mantas de maguey que se llaman Chalcaayatl, las quales eran tejidas de hilo de maguey torcido, no eran tupidas sino flojas y ralas á manera de red, y ponian unos caracoles mariscos sembrados y ajados por las mantas, y los principales vestianse con las mismas mantas, pero los caracoles eran de oro, y los hombres valientes que se llamaban Quaquachicti, traian atados á las mantas unos ovillos grandes de algodon; y tenian costumbre cada dia á la puesta del sol de poner lumbre en la casa de Cuicacalco los mancebos, y comenzaban á bailar y danzar todos hasta pasada la media noche, y no tenian otras mantas sino aquellas mantas que se llaman Chalcaayatl que andaban casi desnudos; y despues de haber bailado todos ivan las casas del Telpuchcalli á dormir en cada barrio y asi lo hacian cada noche; y los que eran amancebados ivanse á dormir con sus amigas.
Capítulo VI
De los castigos que hacian á los que se emborrachaban.
Los Mancchbos que se criaban en la casa del Telpuchcalli, tenian cargo de barrer, y limpiar la casa, y nadie bebia vino, mas solamente los que eran viejos bebian el vino muy secretamente y bebian poco, no se emborrachaban; y si parecia un mancebo borracho publicamente, ó si le topaban con el vino, ó le veian caido en la calle, ó iba cantando, ó estaba acompañado con los otros borrachos, este tal si era macegual castigabanle dandole de palos hasta matarle, ó le daban garrote delante de todos para que tomasen exemplo y miedo de no emborracharse; y si era noble el que se emborrachaba dabanle garrote en secreto, y estos mancebos tenian sus amigas cada dos ó tres, la una tenian en su casa, y las otras estaban en sus casas; y quien queria salir de la casa del Telpuchcalli, y dejar la conversacion de los mancebos, pagaba á los maestros de los mancebos diez o veinte mantas grandes que se llaman Quachtli, si tenia hacienda; y asi en consintiendo los maestros de los mancebos, luego le dejaban salir de aquella casa y casabase y entonces se llamaba Tlapalvichcati, que quiere decir que no és mancebo sino que és casado. Y el que era bien criado y aficionado á las costumbres de los mancebos no salia de alli de su voluntad aunque fuese yá de edad perfecta, sino que por mandado del Rey ó Señor salia de aquella casa; y de estos mancebos no se elegian los senadores que regian los pueblos, sino otros oficiales mas bajos de la republica que se llamaban Tlatlacateca y Tlatlacuicalca y Achcacauhti, porque no tenian buena vida por ser amancebados, y osaban decir palabras livianas y cosas de burla, y hablaban con soberbia y osadamente.
Capítulo VII
De como los Señores y principales y gente de tono ofrecian sus hijos á la casa que se llamaba Calmecac, y de las costumbres que alli les mostraban.
Los Señores ó principales viejos ancianos ofrecian á sus hijos á la casa que se llamaba Calmecac. Era su intencion que alli se criasen para que fuesen ministros de los idolos, porque decian que en la casa de Calmecac habia buenas costumbres y doctrinas y exercicios y aspera y casta vida, y no habia cosa de desverguenza ni reprehension ni afrenta ninguna de las costumbres que alli usaban los ministros de los idolos que se criaban en aquella casa. El Señor ó principal rico qualquiera que tenia hacienda, quando ofrecia á su hijo hacia y guisaba muy buena comida y convidaba á los sacerdotes y ministros de los idolos que se llamaban Tlamacahque y Quaquaacilti, y á los viejos platicos que tenian cargo del barrio. Y hecho el convite en casa del padre del muchacho, los viejos ancianos y platicos hacian una platica á los sacerdotes y ministros de los idolos que criaban los muchachos, de esta manera: O Señores sacerdotes y ministros de nuestros Dioses, habeis tomado trabajo de venir aqui á nuestra casa, y os trajo Nuestro Señor todo poderoso: hacemos os saber que Nuestro Señor fué servido de hacernos merced de darnos una criatura, como una rosa ó pluma rica que nos fué dada: si merecieremos que este muchacho se crie y viva, y és varon, no conviene que le mostremos oficio de muger teniendole en casa: Por tanto os le damos por vuestro lijo y os le encargamos; y ahora al presente ofrecemosle al Señor Quetzalcoatl, ú otro nombre Tilpotonqui, para entrar en la casa de Calmecac, que és la casa de penitencia y lagrimas donde se crian los señores nobles, porque en este lugar se merecen los tesoros de Dios, orando y haciendo penitencia con lagrimas y gemidos, y pidiendo á Dios que les haga misericordia y merced de darles sus riquezas: desde ahora le ofrecemos, para que en llegando á edad convenible entre y viva en casa de Nuestro Señor, donde se crian y doctrinan los señores nobles: y para que este nuestro muchacho tenga cargo de barrer y limpiar la casa de Nuestro Señor; por tanto humildemente rogamos que le recibais y tomeis por hijo para entrar y vivir con los otros ministros de nuestros Dioses en aquella casa donde hacen todos los ejercicios de penitencia de dia y noche andando de rodillas y de codos, orando, rogando y llorando, y suspirando ante Nuestro Señor. Y los sacerdotes y ministros de los idolos respondian á los padres del muchacho de esta manera: Aqui oimos vuestra platica, aunque somos indignos de oirla, sobre que deseais que vuestro amado hijo y vuestra piedra preciosa ó pluma rica, entre y viva en la casa de Calmecac: no somos nosotros á quien se hace esta platica, mas hacese al Señor Quetzalcoatl, ú otro nombre Tilpotonqui, en cuya persona la oimos: él és á quien hablais: él sabe lo que tiene por bien de hacer de vuestra piedra preciosa y pluma rica, y de vosotros sus padres: nosotros indignos siervos con dudosa esperanza esperamos lo que será; no sabemos por cierto cosa cierta que os decir, esto será, esto se hará de vuestro hijo: esperamos en Nuestro Señor todo poderoso lo tendrá por bien de hacer á vuestro hijo. Y luego tomaban al muchacho y llevabanle á la casa de Calmecac, y los padres del muchacho llevaban consigo papeles, incienso, y mastle y mantas, y unos sartales de oro y pluma rica y piedras preciosas ante la estatua de Quetzalcoatl en la casa de Calmecac; y en llegando, luego todos teñian y untaban al muchacho con tinta todo el cuerpo y la cara, y le ponian unas cuentas de palo que se llama Tlacopatli, y si era hijo de pobres le ponian hilo de algodon floxo, y le cortaban las orejas, y sacaban la sangre y la ofrecian ante la estatua de Quetzalcoatl, y si aun era pequeño tornaban á llevarle consigo los padres á su casa; y si el muchacho era hijo del Señor ó principal luego le quitaban las cuentas hechas de Tlacopatli y las dejaban en la casa de Calmecac, porque decian, que lo hacian asi por razon que el espiritu del muchachuelo estaba asido á las cuentas de Tlacopatli, y el mismo espiritu hacia los servicios bajos de penitencia por el muchachuelo. Y si era yá de edad convenible para vivir y estar en la casa de Calmecac, luego le dejaban alli en poder de los sacerdotes y ministros de los idolos para criarle y enseñarle todas las costumbres que se usaban en la casa de Calmecac.
Capítulo VIII
De las costumbres que se guardaban en la casa que se llamaba Calmecac, donde se criaban los sacerdotes y ministros del templo desde niños.
Era la primera costumbre que todos los ministros de los idolos que se llamaban Tlamacazque, dormian enla casa de Calmecac. La segunda era que barrian y limpiaban la casa todos á las quatro de la mañana. La tercera que los muchachos yá grandecillos iban á buscar y cortar puntas de maguey. La quarta era que los muchachos yá grandecillos iban á traer á cuestas la leña del monte que era necesaria para quemar en la casa de Calmecac cada noche; y quando hacian alguna obra de barro, ó paredes, ó maizales, ó zanjas ó acequias, ibanse todos juntos á trabajar en amaneciendo, solamente quedaban los que guardaban la casa y los que les llevaban la comida, y ninguno de ellos faltaba; con mucho órden y acierto trabajaban. La quinta era que cesaban del trabajo un poco temprano, y luego iban derechos á su monasterio á entender en el servicio de sus Dioses y ejercicios de pena y bañarse primero; y á la puesta del sol comenzaban á aparejar las cosas necesarias, y á las once horas de la noche tomaban el camino, llevando consigo las puntas de maguey cada uno á solas, y llevaba un caracol para tafier en el camino y un incensario de barro y un zurron y talega en que iba el incienso y teas y puntas de maguey, y asi cada uno iba desnudo á poner al lugar de su devocion las puntas de maguey. Y los que querian hacer gran penitencia llegaban hacia los montes y sierras y rios, y los grandecillos llegaban hasta media legua; y en llegando al lugar determinado, luego ponia las puntas de maguey metiendolas en una pelota hecha de heno; y asi se volvia cada uno á solas tañendo el caracol. La sexta era que los ministros de los idolos no dormian dos juntos, cubiertos con una manta, sino dormian cada uno apartado del otro. La septima era que la comida que comian, hacian y guisaban en la casa de Calmecac, porque tenian renta de comunidad que gastaban para la comida, y si traian á algunos comida de sus casas, todos la comian. La octava era que cada media noche todos se levantaban á hacer oracion, y quien no se levantaba y dispertaba, castigabanle punzandole las orejas y el pecho y muslos y piernas, metiendule las puntas de maguey por todo el cuerpo en presencia de todos los ministros de los idolos para que se escarmentasen. La novena, que ninguno era soberbio ni hacia ofensa á otro, ni era inobediente á la órden y costumbre que ellos usaban, y si alguna vez parecia alguno borracho, ó amancebado, ó hacia otro delito criminal, luego le mataban ó le daban garrote, ó le asaban vivo, ó le asaetaban; y quien hacia culpa venial luego le punzaban las orejas y lados con puntas de maguey ó punzon. La decima era, que á los muchachos castigaban punzandoles las orejas, ó les azotaban con ortigas. La undecima, que á la media noche todos los ministros de los idolos se bañaban en una fuente. La duodecima era, que quando era dia de ayuno todos ayunaban, chicos y grandes, no comian hasta medio dia, y quando llegaban á un ayuno que se llamaba Azomalqualo, ayunaban á pan y agua, y otros que ayunaban no comian todo el dia sino á la media noche, y otro día hasta la media noche, y otros no comian sino hasta el medio dia una vez no mas, y en la noche no gustaban cosa alguna aunque fuese agua, porque decian, que quebrantaban el ayuno si comian cosa alguna ó si bebian agua. La decimotercia era, que les mostraban á los muchachos hablar bien, y saludar y hacer reverencia, y el que no hablaba bien, ó no saludaba á los que encontraba, ó estaban asentados, luego le punzaban con las puntas de maguey. La decimoquarta era, que les enseñaban todos los versos de canto para cantar, que se llamaban divinos cantos, los quales versos estaban escritos en sus libros por caracteres; y mas les enseñaban la astrologia Indiana y las interpretaciones de los sueños y la cuenta de los años. La decimoquinta era, que los ministros de los idolos tenian voto de vivir castamente sin conocer muger carnalmente, y comer templadamente, ni decir mentiras, y vivir devotamente y temer á Dios. Y con esto acabamos de decir las costumbres y órden que usaban los ministros de los idolos, y dejamos otras que en otra parte se dirán.
Capítulo IX
De la eleccion de los Sumos Sacerdotes, que siempre eran dos, el uno se llamaba Totectlamacazqui, el otro Tlalocatlamacazqui, que siempre elegian los mas perfectos de todos los que moraban en el templo.
El que era perfecto en todas las costumbres y ejercicios y doctrinas que usaban los ministros de los idolos, elegianle por Sumo Pontifice, al qual elegia el Rey ó Señor y todos los principales, y llamabanle Quetzalcoatl; y eran dos los que eran Sumos Sacerdotes, el uno se llamaba Totectlamacazqui, y el otro se llamaba 'Tlalocilamacazqui, y el que se llamaba Quetzalcoatl Totectlamacazqui servia al Dios Vitzilopuchili, y el otro que se llamaba 'Tlaloctlamacazqui servia al Dios Tlalocantecutli, que era Dios de las lluvias; y estos dos Sumos Pontifices eran iguales en estado y honra aunque fuesen de muy baja suerte y de padres muy bajos y pobres. Mas la razon porque elegian estos tales por Sumos Pontifices era porque fielmente cumplian y hacian todas las costumbres y ejercicios y doctrinas que usaban los ministros de los idolos en el monasterio de Calmecac, y por esta causa por la eleccion que hacian á uno se llamaba Quetzalcoatl, ó por otro nombre Totectlamacazqui, y el otro se llamaba Tlalocllamacazqui, y en la eleccion no se hacia caso del linage sino de las costumbres y exercicios y doctrinas y buena vida, si las tenian los Sumos Sacerdotes, si vivian castamente, y si guardaban todas las costumbres que usaban los ministros de los idolos. El que era virtuoso, humilde y pacifico, y considerado y cuerdo y no liviano, y grave y riguroso y celoso en las costumbres, y amoroso y misericordioso, y compasivo y amigo de todos, y devoto y temerario de Dios, los grados por donde subia este tal son estos: el primero le llamaban Tlamacazto, és como acolito; el segundo le llamaban 'Tlamacazqui, que és como diacono; el tercero le llamaban Tlenamacac, que és como sacerdote, y de estos sacerdotes los mejores elegian por Sumos Pontifices, que se llamaban Quequetzalcoa, que quiere decir, sucesores de Quetzalcoatl; y la vida que tenian y usaban los ministros de los idolos era aspera, pero la crianza de los muchachos estaba partida y distinta en dos partes; la una en la casa de Calmecac, y la otra en la casa de Telpuchcalli.
