La G de guerra: la esclavitud en el testamento de Cortés y en Bernal Díaz

Lectura: unos veinticinco minutos

Códice Mendoza, fol. 64r: guerreros con sus cautivos
Guerreros mexicas con los cautivos que tomaron, glosados «cabtivo» por el comentarista español. Códice Mendoza (c. 1541), Oxford, Bodleian Library, MS. Arch. Selden. A. 1. Dominio público, vía Wikimedia Commons: fol. 64r.

La esclavitud en el Anáhuac sigue siendo poco estudiada. Por eso siempre me ha fascinado el testimonio de los testigos presenciales sobre esta cuestión, y aquí exploro el tema a través de los ojos de los cronistas españoles.

En octubre de 1547, enfermo en Sevilla, Hernán Cortés dictó un testamento de sesenta y cuatro cláusulas. Dos de ellas miran hacia atrás, a lo que la Invasión hizo con la gente y con la tierra. En la 39 reconoce que hay «muchas dudas é opiniones» sobre si los indígenas esclavizados se han podido tener «con buena conciencia», y deja la pregunta a su hijo. La esclavización de la población indígena era motivo de profunda agitación para la Iglesia católica, que buscaba evangelizar en América, y Cortés conocía bien las intrigas que esta cuestión suscitaba en la corte real.

En la 40 manda devolver las tierras tomadas a los naturales: la manera de Cortés de aliviar su conciencia.

Unos veintisiete años antes, sus propios soldados habían marcado a esas personas con un hierro. Bernal Díaz del Castillo lo cuenta sin rodeos: la letra era una G, «que quiere decir guerra». Esta glosa pone los dos textos juntos: la conciencia del testador y la memoria del soldado, y la barbarie de herrar a personas.

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Las cláusulas 39 y 40 del testamento (1547)

Cito el texto castellano de la edición de Lucas Alamán (1844), el mismo que publico íntegro en El testamento de Hernán Cortés (Sevilla, 1547).

«Item, porque acerca de los esclavos naturales de la dicha Nueva-España, así de guerra como de resgate, ha habido muchas dudas é opiniones sobre si se han podido tener con buena conciencia, é hasta ahora no está determinado, mando á D. Martin, mi hijo sucesor, é á los que después de él sucedieren en mi estado, que para averiguar esto hagan todas las diligencias que convengan al descargo de mi conciencia é suyas.»

Testamento de Hernán Cortés, cláusula 39 (ed. Alamán, 1844)

En castellano actual: «Puesto que, sobre los esclavos naturales de la Nueva España, tomados en guerra o por compra, ha habido muchas dudas y opiniones sobre si podían tenerse con buena conciencia, y esto aún no está resuelto, mando a don Martín, mi hijo y sucesor, y a quienes lo sucedan, que hagan todas las averiguaciones necesarias para descargar mi conciencia y la suya.»

«De guerra» y «de resgate» eran las dos vías legales de la época: el cautivo tomado en una guerra declarada «justa» y la persona comprada a quienes ya la tenían como esclava. Cortés no libera a nadie. Pide que se averigüe:

«Item mando, que porque en algunos lugares de mi estado se han tomado algunas tierras para huertas, é viñas, é algodonares, é para otros efectos, que se averigüe é sepa si estas tales tierras eran propiamente de algunos de los naturales de aquellos pueblos, é siendo así, mando que se les restituyan las dichas tierras, con los aprovechamientos que los señores de ellas pudieron haber habido […] é lo mismo mando que se haga y entienda en lo que toca á cierto pedazo de tierra que yo di los años pasados á Bernardino del Castillo, mi criado, en términos de Cuyoacan, en el cual hizo un ingenio de azúcar, si pareciere que el dicho pedazo de tierra pertenece á otro tercero ó terceros.»

Testamento de Hernán Cortés, cláusula 40 (ed. Alamán, 1844)

En castellano actual: «Las tierras tomadas en mi estado para huertas, viñas, algodonales y otros usos se devolverán, con sus frutos, si pertenecían a los naturales de esos pueblos; lo mismo la tierra cerca de Coyoacán que di a Bernardino del Castillo, donde hizo un ingenio de azúcar.»

Las dos cláusulas tienen la misma forma: «que se averigüe». La restitución depende de una investigación que harán sus herederos. No sé si la restitución se llevó a cabo.

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El hierro, según Bernal Díaz

Bernal Díaz del Castillo, soldado de Cortés, escribió su Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España décadas después de los hechos. Reúno aquí, en el orden de sus capítulos, todos los pasajes en que habla de hacer, herrar, repartir y vender esclavos. Cito el texto del Proyecto Gutenberg de la edición de Madrid de 1862 (tres tomos), con su ortografía y su numeración de capítulos; otras ediciones numeran de forma algo distinta.

Capítulo I: la primera condición, 1517

La historia de Bernal empieza con una negativa. Para venderles un barco, el gobernador de Cuba, Diego Velázquez, pone como condición una cacería de personas en las islas de los Guanajes (hoy Islas de la Bahía, Honduras):

«nos habiamos de obligar todos los soldados, que con aquellos tres navíos habiamos de ir á unas isletas que están entre la isla de Cuba y Honduras, que ahora se llaman las islas de los Guanajes, y que habiamos de ir de guerra y cargar los navíos de indios de aquellas islas para pagar con ellos el barco, para servirse dellos por esclavos.»

«Y desque vimos los soldados que aquello que pedia el Diego Velazquez no era justo, le respondimos que lo que decia no lo mandaba Dios ni el Rey, que hiciésemos á los libres esclavos.»

La idea, hacer esclavos a los libres, volverá al final del libro para juzgar a otros. En el capítulo CLXVIII los procuradores de Cortés usarán este episodio contra Velázquez.

Capítulo XCII: el mercado de Tlatelolco

Bernal también describe la esclavitud que existía en el mundo precolonial. En el gran mercado de Tlatelolco:

«Comencemos por los mercaderes de oro y plata y piedras ricas, y plumas y mantas y cosas labradas, y otras mercaderías, esclavos y esclavas; digo que traian tantos á vender á aquella gran plaza como traen los portugueses los negros de Guinea, é traíanlos atados en unas varas largas, con collares á los pescuezos porque no se les huyesen, y otros dejaban sueltos.»

La comparación es suya: el soldado mide el mercado mexica con la trata atlántica que ya conocía.

Capítulo CXXX: Tepeaca, 1520

Tras la huida de Tenochtitlan, los españoles y sus aliados tlaxcaltecas marchan contra Tepeaca. Primero, la amenaza:

«si no, que iremos contra ellos como rebeldes y matadores y salteadores de caminos, y les castigaria á fuego y sangre y los daria por esclavos»

Luego, la forma legal: un auto ante escribano.

«fué acordado que se hiciese un auto por ante escribano que diese fe de todo lo pasado, y que se diesen por esclavos á todos los aliados de Méjico que hubiesen muerto españoles, porque habiendo dado la obediencia á su Majestad, se levantaron»

Después de la batalla, la captura. Los hombres quedan para los aliados:

«Pues seguida la vitoria, allegáronse muchas indias y muchachos que se tomaron por los campos y casas; que hombres no curábamos dellos, que los tlascaltecas los llevaban por esclavos.»

Y en la villa recién fundada de Segura de la Frontera, el hierro:

«y allí hicieron hacer el hierro con que se habian de herrar los que se tomaban por esclavos, que era una G, que quiere decir guerra.»

«y en este de Cachula hubimos muchos esclavos, de manera que en obra de cuarenta dias tuvimos aquellos pueblos pacíficos y castigados.»

Capítulo CXXXIV: las entradas de Sandoval

«y otra vez les tornó á enviar á decir que él les haria esclavos por traidores y salteadores de caminos, y que se aparejasen á defender»

«y ansí, se volvió con una buena presa de mujeres y muchachos, que echaron el hierro por esclavos.»

Capítulo CXXXV: el primer reparto

Se pregona que cada soldado lleve a «una casa que estaba señalada» a las personas capturadas. Bernal deja claro a quién buscaban:

«y todos ocurrimos con todas las indias, muchachas y muchachos que habiamos habido; que de hombres de edad no nos curábamos dellos, que eran malos de guardar, y no habiamos menester su servicio, teniendo á nuestros amigos los tlascaltecas.»

«Pues ya juntas todas las piezas, y hecho el hierro, que era una G como esta, que queria decir guerra, cuando no nos catamos, apartan el real quinto, y luego sacan otro quinto para Cortés»

«habian ya escondido y tomado las mejores indias, que no pareció allí ninguna buena, y al tiempo del repartir dábannos las viejas y ruines»

La queja de los soldados no es el hierro: es el reparto. Las personas aparecen como «piezas», con un precio. Cortés promete entonces la subasta:

«buenas ó malas indias, sacallas al almoneda, y la buena que se venderia por tal, y la que no lo fuese por ménos precio, y de aquella manera no ternian que reñir con él.»

Capítulo CXXXVI: la noticia a Santo Domingo

Cortés envía a Alonso de Ávila a la Audiencia de Santo Domingo y a los frailes jerónimos para que aprueben lo hecho, incluido

«cómo habia hecho esclavos en los pueblos que habian muerto españoles y se habian quitado de la obediencia que habian dado á nuestro Rey y señor, y que así se entendia hacer en todos los más pueblos que fueron de la liga y nombre de mejicanos»

Capítulo CXLII: el botín de Sandoval

«se volvió el Sandoval con todo su ejército á Tezcuco, y con buen despojo, en especial con muy buenas piezas de indias.»

«diré cómo acordamos de herrar todas las piezas, esclavas y esclavos que se habian habido, que fueron muchas»

Capítulo CXLIII: Texcoco, 1521

«todos los más soldados llevamos las piezas que habiamos habido, para echar el hierro de su majestad, que era una G, que quiere decir guerra […] y no fué ansí, porque si en lo de Tepeaca se hizo muy malamente, segun otra vez dicho tengo, muy peor se hizo en esto de Tezcuco»

Desde entonces, cuenta, muchos soldados escondían a las mujeres capturadas:

«las escondiamos y no las llevábamos á herrar, y deciamos que se habian huido; y si era privado de Cortés, secretamente la llevaban de noche á herrar y las apreciaban en lo que valian y les echaban el hierro y pagaban el quinto; y otras muchas se quedaban en nuestros aposentos, y deciamos que eran naborías que habian venido de paz de los pueblos comarcanos y de Tlascala.»

Bernal deja también un rastro de las propias mujeres esclavizadas, que sabían qué soldado las trataba bien o mal y desaparecían antes de caer en manos de uno malo:

«y si las sacaban algunos soldados que las tales indias ó indios no les contentaban ó las habian tratado mal, de presto se les desaparecian que no las vian más, y preguntar por ellas era por demás»

Capítulo CXLVI: la tercera vez

«se mandó pregonar que todos los indios é indias que habiamos habido en aquellas entradas los llevasen á herrar dentro de dos dias á una casa que estaba señalada para ello»

«si mal lo habian hecho de ántes, muy peor se hizo esta vez, que, despues de sacado el real quinto, sacaba Cortés el suyo, y otras treinta socaliñas para capitanes; y si eran hermosas y buenas indias las que metiamos á herrar, las hurtaban de noche del monton que no parecian hasta de ahí á buenos dias; y por esta causa se dejaban de herrar muchas piezas que despues teniamos por naborías.»

Capítulo CLIV: la marca vista desde Tenochtitlan

Bernal pone en boca de los consejeros de Cuauhtémoc (Guatemuz) un argumento contra la paz. Es una reconstrucción del cronista, no un testimonio directo, pero muestra que el hierro era visible:

«Pues ya ves que á todos tus súbditos y vasallos de Tepeaca y Chalco, y aun de Tezcuco, y aun de todas estas vuestras ciudades y pueblos, les ha hecho esclavos y señalando las caras.»

«que más vale que todos muramos en esta ciudad peleando, que no vernos en poder de quien nos harian esclavos y nos atormentarán.»

«Señalando las caras»: el hierro se ponía en el rostro. Se ha sugerido que la marca solía ir en la mejilla; Bernal no precisa el lugar.

Capítulo CLVII: la deuda de las almonedas

«Volvamos á decir de las partes del oro, que todo se quedó en poder de los oficiales del Rey, por las esclavas que habiamos sacado en las almonedas.»

Capítulo CLVIII: Pánuco

«y otros mayores males les vino en tener por gobernador á Nuño de Guzman, que desque le dieron la gobernacion, los hizo casi á todos esclavos y los envió á vender á las islas»

Capítulo CLXI: Tututepec

«é habian adolecido muchos dellos, é las naborías é esclavos que llevaban se les habian muerto»

Capítulo CLXIV: Guatemala, 1524

«y eran de los pueblos rebelados que habian dado la obediencia á su majestad, y despues de dada se tornaban á alzar, y herraron muchos esclavos é indias, y pagaron el real quinto, y los demás repartieron entre los soldados»

Capítulo CLXVI: Chiapa, y la única vez que Bernal dice que no

Antes de llegar a Chiapa, Bernal describe a pueblos sometidos por los chiapanecas, otra forma de esclavitud precolonial. Hablan los de Xaltepeque:

«é nos han tomado cuanta hacienda teniamos, y há doce años que nos tienen por esclavos, y les labramos su sementera y maizales, y nos hacen ir á pescar y hacer otros oficios, y nos toman nuestras hijas y mujeres.»

Más adelante, unos pueblos que habían peleado vuelven de paz y piden a sus mujeres e hijos. El escribano Diego de Godoy quiere herrarlos para pagar tres caballos muertos. Bernal se opone:

«é yo repliqué que no se herrasen, y que no era justo, pues vinieron de paz; y sobre ello yo y el Godoy tuvimos grandes debates y palabras y aun cuchilladas, que entrambos salimos heridos, hasta que nos despartieron y nos hicieron amigos»

Bernal Díaz del Castillo, cap. CLXVI

El capitán Luis Marín le da la razón y devuelve a los presos. Es el único pasaje en que Bernal se presenta a sí mismo impidiendo un herrado; no lo puedo confirmar por otra fuente.

Capítulo CLXVIII: el pleito con Velázquez

«y que ántes el Diego Velazquez es digno de gran pena, porque mandaba á Francisco Hernandez y á los compañeros que lo descubrieron que fuesen á la isla de los Guanajes á cautivar indios por fuerza para se servir dellos como esclavos; y desto mostraron probanzas, y no hubo contradiccion en ello.»

Capítulos CXCVI y CXCVIII: la primera Audiencia y los hierros quebrados

Con Nuño de Guzmán al frente de la primera Audiencia (1528–1530), el herrado se volvió negocio. Bernal:

«Lo que les echó á perder fué la demasiada licencia que daban para herrar esclavos.»

«Pues en lo de Pánuco se herraron tantos, que casi despoblaron aquella provincia»

Y la respuesta de la Corona:

«y demas desto, luego se dieron por ningunas las cédulas que habian dado para herrar esclavos, y se mandaron quebrar todos los hierros con que se herraban, y que dende allí adelante no se hiciesen más esclavos, y aun se mandó hacer memoria de los que habia en toda la Nueva-España, para que no se vendiesen ni se sacasen de una provincia á otra»

Bernal Díaz del Castillo, cap. CXCVI

De la segunda Audiencia escribe, en el capítulo CXCVIII:

«y demas desto, luego quitaron que no se herrasen esclavos, y hicieron otras buenas cosas»

Capítulo CCX: el juicio final de Bernal

«y si les quitaron redondamente de la audiencia Real, fué por las contrariedades que tuvieron con Cortés y sobre el herrar de los indios libres por esclavos.»

«Indios libres por esclavos»: casi las mismas palabras con que, en el capítulo I, los soldados se negaron a ir a los Guanajes. La condena de Bernal recae sobre otros, nunca sobre los tres herrados de Tepeaca y Texcoco en que él participó, y de los que solo lamenta el reparto.

Glosas: «allí hicieron hacer el hierro con que se habian de herrar los que se tomaban por esclavos, que era una G, que quiere decir guerra» (CXXX); «si en lo de Tepeaca se hizo muy malamente, segun otra vez dicho tengo, muy peor se hizo en esto de Tezcuco» (CXLIII); «repliqué que no se herrasen, y que no era justo, pues vinieron de paz» (CLXVI); «se mandaron quebrar todos los hierros con que se herraban» (CXCVI).

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Las Leyes Nuevas y Las Casas

Cuando Cortés dicta su testamento, la Corona ya había tomado posición: las Leyes Nuevas de 1542 prohibieron hacer esclavos a los indígenas en adelante, por guerra o por cualquier otra causa, y mandaron liberar a quienes se tuviera sin título legítimo. Bartolomé de las Casas, que había defendido esa reforma, publicó en 1552 la Brevísima relación de la destrucción de las Indias. La «duda» de la cláusula 39 no era, pues, una inquietud privada: era el debate de su tiempo.

Tenochtitlan cayó cuando Cuauhtémoc fue capturado tras un sitio de unos tres meses por Cortés y sus aliados indígenas, sobre todo los tlaxcaltecas. En el calendario mexica, el día fue 1 Serpiente del año 3 Casa. Veintiún años después de la caída de Tenochtitlan (13 de agosto de 1521), el empeño de la Iglesia católica en reconocer la humanidad de los recién bautizados dio lugar a estas Leyes Nuevas.

Las Leyes Nuevas fueron firmadas por Carlos V en Barcelona el 20 de noviembre de 1542, con adiciones en 1543. Las impulsó sobre todo Bartolomé de las Casas con sus denuncias de los abusos contra los pueblos indígenas. Las Casas se ordenó primero como sacerdote secular hacia 1510 y, tras un profundo cambio de parecer sobre el trato que recibían los pueblos indígenas, ingresó en el convento dominico de Santo Domingo en 1522. Su labor de presión en la corte real condujo a la declaración del 20 de noviembre, que ordenaba replantear por completo el gobierno colonial de las Indias. Lo que ordenaron las Leyes Nuevas:

  • Ninguna esclavización más de indígenas por ninguna causa, ni siquiera por «guerra justa» o rebelión. Quienes estuvieran esclavizados ilegalmente debían ser liberados.
  • La extinción gradual de la encomienda, la concesión a los colonos del trabajo y el tributo indígenas. No podían otorgarse nuevas encomiendas, y las existentes terminarían a la muerte de su titular en lugar de pasar a sus herederos.
  • La retirada de las encomiendas a los oficiales reales, al clero, a las casas religiosas y a cualquiera que hubiera maltratado a los indígenas.
  • Límites al trabajo forzoso: nadie podía ser obligado a cargar contra su voluntad, se prohibía forzar a bucear en las pesquerías de perlas y el tributo debía ser moderado.
  • Una reforma del gobierno colonial, con nuevas audiencias (tribunales reales) y la creación del Virreinato del Perú.

Los colonos resistieron con dureza. En el Perú, Gonzalo Pizarro se rebeló y el virrey Blasco Núñez Vela murió en 1546. En la Nueva España, el visitador Tello de Sandoval suspendió las disposiciones más severas para evitar una revuelta. En 1545 la Corona revocó la norma que ponía fin a las encomiendas a la muerte de su titular. La prohibición de esclavizar a los indígenas siguió vigente, pero en la práctica se eludió ampliamente. La servidumbre por deudas en las haciendas henequeneras de Yucatán, el trabajo forzado no remunerado de los trabajadores mayas y no la esclavitud indígena como tal, fue abolida oficialmente por los decretos de Eleuterio Ávila (1914) y Salvador Alvarado (1915), durante la Revolución mexicana, 372 años después de las Leyes Nuevas, aunque al principio la mejora fue en gran parte sobre el papel.

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Fuentes

Hernán Cortés, Testamento (Sevilla, 11–12 de octubre de 1547), en Lucas Alamán, Disertaciones sobre la historia de la República Megicana, t. II (México, 1844), apéndice. Texto íntegro en amatl: El testamento de Hernán Cortés.

Bernal Díaz del Castillo, Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, ed. Madrid, 1862, caps. I, XCII, CXXX, CXXXIV, CXXXV, CXXXVI, CXLII, CXLIII, CXLVI, CLIV, CLVII, CLVIII, CLXI, CLXIV, CLXVI, CLXVIII, CXCVI, CXCVIII y CCX. Dominio público, Proyecto Gutenberg: t. 1 (n.º 64945), t. 2 (n.º 64946), t. 3 (n.º 64947).

Leyes y ordenanzas nuevamente hechas por S. M. para la gobernación de las Indias (Barcelona, 20 de noviembre de 1542), leyes 21–23 (esclavitud indígena) y las leyes sobre encomiendas que les siguen, con las adiciones de 1543. Texto en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes: Leyes Nuevas de Indias (fragmento).

Bartolomé de las Casas, Brevísima relación de la destrucción de las Indias (Sevilla, 1552).

Gilbert M. Joseph, Revolution from Without: Yucatán, Mexico, and the United States, 1880–1924 (Cambridge University Press, 1982).

Andrés Reséndez, The Other Slavery: The Uncovered Story of Indian Enslavement in America (Houghton Mifflin Harcourt, 2016).

Lesley Byrd Simpson, The Encomienda in New Spain (University of California Press, 1950).

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