

«El busto de un sacerdote, o quizá del ídolo que representa al Sol»
William Bullock no tenía claro qué había traído. En la lista de láminas de su libro de 1824 describe esta pieza como «un ejemplar sumamente curioso de escultura mexicana», en una piedra «extremadamente dura» que le parecía una especie de jade tosco, «de factura muy elaborada». Y se arriesga con la identidad:
«[…] el busto de un sacerdote, o quizá del ídolo que representa al Sol. La cabeza está coronada con un alto gorro en forma de mitra, decorado con joyas y plumas; tiene largos pendientes. Las manos están levantadas; la derecha sostiene algo parecido a una maza anudada, mientras la izquierda toma una guirnalda de flores que desciende de la cabeza; todo el resto está cubierto por la gran serpiente de cascabel, cuya enorme cabeza y mandíbulas están en el lado derecho de la figura, mientras la espalda y los costados están cubiertos con las escamas y los cascabeles del reptil mortal. Los ojos, que probablemente eran de piedras preciosas, faltan».
William Bullock, Six Months’ Residence and Travels in Mexico (1824), lista de láminas, lámina 1, n.º 2 (pp. 531–532).1
Hoy se lee otra cosa. El Museo Británico, que conserva el busto (Am1825,1210.11), lo describe como una figura de piedra de Quetzalcoatl, la serpiente emplumada, con los «anillos de la serpiente cubiertos de plumas», adornos de oreja de concha curvada y la cabeza de la serpiente emergiendo sobre el hombro derecho.2 Lo que Bullock vio como escamas y cascabeles de una serpiente de cascabel, el museo lo ve como plumas. Basta mirar la lámina trasera: la superficie entera son volutas y mechones, las vueltas de un cuerpo cubierto de plumas.
Un nombre, dos animales
El museo explica el nombre: en náhuatl, Quetzalcoatl es «pluma de quetzal (quetzalli) serpiente (coatl)», de ahí «serpiente emplumada». Las plumas verdes iridiscentes del quetzal servían para simbolizar «las fuentes verdes de la humedad que da vida».2 Es decir: lo que hace emplumada a esta serpiente es, precisamente, el color de lo verde y lo húmedo.
Los curadores señalan detalles del busto que ayudan a identificarlo: los adornos de oreja de concha curva llamados epcololli, típicos de este dios, y un collar con forma de disco solar, con la cabeza del dios asomando entre los anillos de la serpiente.2 En la litografía de Aglio se ven los grandes adornos circulares de las orejas, el collar y las volutas de plumas que envuelven el cuerpo.
Viento, nubes y lluvia
Hay un detalle del texto del museo que me interesa por esta serie. En su manifestación como Quetzalcoatl-Ehecatl, el dios del viento, está asociado, escribe Colin McEwan, con las nubes cargadas de humedad, cuyas ráfagas «traen las lluvias que dan vida»; por eso, dice, se eligió una piedra verde oscura para la escultura.2 Es otra cara del agua: no la del manantial doméstico, sino la que llega con el viento y las nubes. Las dos piezas de Bullock se tocan, la diosa del agua cercana y el dios del viento que trae la lluvia, y se tocan, además, en un lugar concreto, la partera: cuando nacía un varón, la partera le decía que el «señor de lo cercano, de lo próximo, Topiltzin Quetzalcoatl» se lo había dado, y que llegara «con tu madre Chalchiuhtlicue».3 Lo cuento en «La falda de jade».
El que bajó por los huesos
El museo recoge también una de las historias más conocidas sobre este dios. Según los relatos de la creación, antes del mundo actual hubo cuatro soles, cada uno terminado por un cataclismo. Cuando el cuarto fue destruido por inundaciones, los dioses decidieron empezar de nuevo. Para crear una nueva humanidad, Quetzalcoatl bajó a los niveles más profundos del inframundo, engañó a Mictlantecuhtli, el señor de la muerte, para recuperar los huesos de la gente del cuarto sol, y con esos huesos y con algo de su propia sangre dio vida a los humanos del mundo actual.2 El museo añade que Quetzalcoatl era también un árbitro entre la vida y la muerte, y que lo indica la cabeza cortada que sostiene en la mano izquierda y los símbolos crípticos entre las plumas de la espalda.2
Esa cabeza cortada nos devuelve a Bullock. Él vio en la mano izquierda una «guirnalda de flores»; el museo, una cabeza. Dos lecturas de la misma piedra, separadas por casi dos siglos. No sé cuál de las dos es más fiel a lo que quiso el escultor, y no creo que una litografía pueda zanjarlo; pero me parece una buena manera de entender qué pasa cuando alguien que no conoce la iconografía mira una escultura mexica, y por qué estas láminas, bellas como son, solo empiezan a decir algo cuando se las compara con los códices y los textos.
La imagen
El Museo Británico informa de que esta pieza se grabó ya en el libro de Bullock de 1824, y la lámina de Kingsborough es una nueva versión litográfica de 1831. Mide unos 33 centímetros de alto. El museo la llama a la vez «busto» y «figura», y la ficha la describe en «piedra»; en un comentario de 2009, McEwan habla de «piedra verde» (greenstone). Para ver el objeto en su ficha actual, remito a la ficha del museo.
Sobre la manera en que Moctezuma defendía a sus dioses ante los españoles, véase «Aquestos tenemos por muy buenos».
Las cinco láminas son una cadena de manos. William Bullock (1773–1849), joyero de oficio y dueño de un museo en el Egyptian Hall de Piccadilly, en Londres, estuvo en México entre diciembre de 1822 y noviembre de 1823 y volvió con una de las primeras colecciones mexicanas que se vieron en Europa. La exhibió en 1824, con catálogo, y ese mismo año publicó Six Months’ Residence and Travels in Mexico, cuya lista de láminas describe estas esculturas.4 En 1825 vendió el grueso de la colección: el 10 de diciembre de 1825 los administradores del Museo Británico compraron las piezas por 100 libras al reverendo William Buckland, deán de Christ Church (Oxford), según el registro del museo.5 Pocos años después, Lord Kingsborough las incluyó en el cuarto volumen de sus Antiquities of Mexico (1831), como «Specimens of Mexican Sculpture preserved in the British Museum», con litografías del italiano Agostino Aglio.6 Son esas láminas, hoy de dominio público, las que ves aquí. Bullock las describió con los nombres que tenía a mano: una «princesa azteca», un sacerdote o el «ídolo que representa al Sol», una «Isis». Las identificaciones actuales, como diosas y dioses concretos, se apoyan en cambio en la comparación con los códices y con las fuentes del siglo XVI.
Un reflejo de cómo se ve a Quetzalcoatl y sus muchas encarnaciones.
Notas
- Bullock, Six Months’ Residence and Travels in Mexico (1824), «List of Plates», lámina 1, n.º 2, pp. 531–532. Bullock llama «hornstein» a la piedra, «a coarse kind of Jade». Ejemplar del Getty Research Institute en Internet Archive.
- Museo Británico, Am1825,1210.11, con los comentarios de Colin McEwan, Ancient Mexico in the British Museum (1994), p. 69, y Ancient American Art in Detail (2009), pp. 18–19. La ficha registra que la pieza «fue grabada en el libro de Bullock», 1824, lám. 1, p. 327.
- Sahagún, Códice Florentino, libro VI (ed. Anderson y Dibble): discurso de la partera al niño varón. Cotejadas con un escaneo de calidad irregular.
- William Bullock, Six Months’ Residence and Travels in Mexico (Londres, 1824): «List of Plates», p. 327 y descripciones en pp. 531–532. Biografía y fechas del viaje: Museo Británico, «William Bullock».
- Museo Británico, colección Bullock, Am1825,1210.1–52: «Mexican Antiquities, Bullock collection, purchased by the Trustees from Rev. Dr. Buckland for £100» (Trustees’ Book of Gifts, 10 de diciembre de 1825); véase cualquiera de las fichas, por ejemplo Am1825,1210.11.
- Edward King, vizconde de Kingsborough, Antiquities of Mexico, vol. IV (Londres, 1831), láminas «Specimens of Mexican Sculpture preserved in the British Museum», litografías de A. Aglio. Escaneo del ejemplar de la Cooper Union en Internet Archive.
- Museo Británico, Am1825,1210.11; Colin McEwan (1994, 2009).
- William Bullock, Six Months’ Residence and Travels in Mexico (1824).
- Sahagún, Códice Florentino, libro VI (ed. Anderson y Dibble).
- William Bullock, Six Months’ Residence and Travels in Mexico (Londres, 1824), pp. 327 y 531–532; Museo Británico, colección Am1825,1210; Kingsborough, Antiquities of Mexico, vol. IV (1831).
- Imágenes: litografías de Kingsborough (1831), dominio público, vía Internet Archive.

