«Avia tambien cirujanos, o por mejor dezir hechizeros, los quales curavan con yervas y muchas supersticiones, y assi de todos los demas officios.»
Diego de Landa, Relación de las cosas de Yucatán, § XXIII, ed. Brasseur de Bourbourg, París, 1864, p. 128.
«The text comprises incantations and herbal remedies for the treatment of a broad range of injuries and diseases»
Princeton University Library, registro de catálogo del Ritual of the Bacabs, Garrett-Gates Mesoamerican Manuscripts, no. 1. Ver Ritual de los Bacabes.
Una medicina viva
La medicina tradicional maya no es una pieza de museo. En la península de Yucatán y en otras tierras mayas se sigue practicando, y muchas personas la conocen, la usan y la respetan. Este ensayo no la evalúa ni la recomienda: lee lo que dejaron escrito dos fuentes antiguas, un fraile del siglo XVI y un libro maya de conjuros copiado en el siglo XVIII, y separa lo que dicen de lo que no dicen.
El testigo: fray Diego de Landa

Diego de Landa (1524–1579) fue fraile franciscano en Yucatán y después obispo de la provincia. En 1562 dirigió en Maní un auto de fe en el que se castigó a indígenas acusados de idolatría y se quemaron objetos y libros. Pocos años después, en España, escribió la Relación de las cosas de Yucatán, hacia 1566. Él mismo cuenta la quema de los libros:
«Hallamosles grande numero de libros destas sus letras, y porque no tenian cosa en que no uviesse supersticion y falsedades del demonio se les quemamos todos, lo qual a maravilla sentian, y les dava pena.»
Landa, Relación, § XLI, ed. 1864, p. 316.
Su testimonio es, pues, el de un enemigo declarado de la religión que describe. Llama «hechizeros» a los médicos y «demonio» a sus dioses; ese juicio es el del fraile. Pero es también uno de los pocos testigos del siglo XVI que dejó por escrito cómo curaban los mayas de Yucatán, y conviene leerlo con las dos cosas presentes.
Lo que se enseñaba
Según Landa, los sacerdotes enseñaban un saber que incluía la medicina, y lo guardaban en libros:
«Que las sciencias que enseñavan eran la cuenta de los años, meses y dias, las fiestas y cerimonias, la administracion de sus sacramentos, los dias y tiempos fatales, sus maneras de adivinar y sus prophecias, los acaecimientos, y remedios para los males, y las antigüedades, y leer y escrivir con sus libros»
Landa, Relación, § VII, ed. 1864, p. 44.
«Remedios para los males» aparecen así entre las ciencias escritas, junto al calendario y la escritura. Es el mismo saber que, en parte, ardió en Maní.
Quiénes curaban

Landa no distingue entre médico y sacerdote. Para él eran oficios vecinos:
«Los mas idolatras eran los sacerdotes, chilanes, hechizeros y medicos, chaces y nacones. El officio de los sacerdotes era tratar y enseñar sus sciencias y declarar las necessidades y sus remedios […]. Los hechizeros y medicos curavan con sangrias hechas en la parte donde dolia al enfermo, y echavan suertes para adivina en sus officios y otras cosas.»
Landa, Relación, § XXVII, ed. 1864, p. 160.
Dos cosas se ven en este pasaje. La primera, una técnica concreta: la sangría en el lugar del dolor. La segunda, que el diagnóstico pasaba por la suerte: el médico «echavan suertes» para saber qué hacer. Curar era a la vez un trabajo del cuerpo y una consulta a lo sagrado.
En el capítulo del comercio y los oficios, Landa pone a quienes curaban entre los demás artesanos del pueblo, con la frase que encabeza este ensayo: curaban «con yervas y muchas supersticiones» (§ XXIII, p. 128). Las hierbas son lo que reconoce; las «supersticiones» son lo que condena.
Las mujeres tenían sus propias curanderas. Para los partos, escribe,
«acudian a las hechizeras, las quales les hazian creer de sus mentiras y les ponian debaxo de la cama un idolo de un demonio, llamado Ixchel, que dezian era la diosa de hazer las criaturas.»
Landa, Relación, § XXXII, ed. 1864, p. 194.
Quitando el juicio del fraile, queda el dato: había parteras, y el parto estaba bajo la protección de Ixchel.
La fiesta de los médicos en el mes Zip

El pasaje más rico de Landa sobre la medicina está en su calendario. En el mes Uo, cuenta, empezaban a prepararse con ayunos «los sacerdotes, los medicos y hechizeros que era todo uno» (p. 284). La fiesta propia de los médicos venía después, en Zip:
«El dia siguiente se juntavan los medicos y hechizeros en casa de uno dellos con sus mugeres, y los sacerdotes echavan el demonio; lo qual hecho, sacavan los emboltorios de su medicina en que traian muchas niñerias y sendos dollillos de la diosa de la medicina que llamavan Ixchel, y asi a esta fiesta llamavan Ihcil-Ixchel, y unas pedrezuelas de las suertes que echavan que llamavan Am, y con su mucha devocion invocavan con oraciones a los dioses de la medicina, que dezian Yzamna, Citbolontum y Ahau-Chamahez»
Landa, Relación, § XL (calendario, mes Zip), ed. 1864, p. 288.
Después los chaces untaban los envoltorios con betun azul, «como el de los libros de los sacerdotes», y cada médico, con el envoltorio de su oficio a cuestas, bailaba el baile llamado Chan-tun-yab.
Lo que Landa describe aquí es una corporación: los médicos se reúnen, con sus mujeres, en casa de uno de ellos; cada uno tiene su envoltorio de medicina, sus piedras de suerte (am) y su imagen de Ixchel; y el oficio tiene sus propios dioses, Itzamná, Cit Bolon Tun y Ahau Chamahez. La medicina tenía fiesta, calendario y patronos.
El Ritual de los Bacabes: curar con la palabra

Si Landa mira desde fuera, el Ritual de los Bacabes habla desde dentro. Es un libro de conjuros y remedios escrito en maya yucateco con letra latina, que Princeton fecha hacia 1775–1800 y cuya lengua, según su catálogo, indica que se copió de un manuscrito de los siglos XVI o XVII. William E. Gates le puso el nombre por los bacabes, los cuatro dioses de los rumbos del mundo que sostienen el cielo, a quienes el texto invoca muchas veces. No se sabe quién lo escribió.
El catálogo de Princeton resume su contenido:
«The text comprises incantations and herbal remedies for the treatment of a broad range of injuries and diseases, particularly for seizures (10 spells), snake stomach (5), and bites (4). Asthma, toothache, respiratory congestion, and bone ailments are represented by two spells each, and there is a spell apiece for gout, erysipelas, fever, ulcers, eruptions, burns, running sores, gum inflammation, and placenta ejection.»
Princeton University Library, catálogo, nota de contenido del Ritual of the Bacabs.
Es decir: diez conjuros contra ataques o frenesíes, cinco contra el «estómago de culebra», cuatro contra mordeduras, dos para el asma, el dolor de muelas, la congestión y los huesos, y uno para la gota, la erisipela, la fiebre, las úlceras, las erupciones, las quemaduras, las llagas, la inflamación de las encías y la expulsión de la placenta. El libro reúne además conjuros para enfriar, encender fuego, labrar el pedernal y llamar al venado.
Lo que ningún fraile podía ver queda aquí escrito: en esta tradición, la palabra forma parte del remedio. El conjuro nombra la enfermedad, la sitúa en el mundo de los dioses y los rumbos, y la acompaña de las plantas. Leerlo como un recetario de hierbas sería perder la mitad del libro; leerlo como pura magia, perder la otra mitad. Las 328 páginas del manuscrito pueden verse completas en nuestra página Ritual de los Bacabes.
Los libros de Chilam Balam

Los conjuros no fueron el único lugar donde se escribió la medicina maya después de la invasión. Algunos libros de Chilam Balam, escritos también en maya yucateco con letra latina, reúnen calendario, astrología y medicina. Victoria R. Bricker y Helga-Maria Miram cuentan el de Kaua entre los dedicados sobre todo a la astronomía, la astrología y la medicina. Su original desapareció de la Biblioteca Cepeda de Mérida poco después de 1915; ver Chilam Balam de Kaua.
En el siglo XX, Ralph L. Roys reunió y tradujo textos médicos mayas de la colonia en The Ethno-botany of the Maya (Tulane, 1931), y después el propio Ritual de los Bacabes (Oklahoma, 1965).
Lo que se puede decir
Las fuentes permiten afirmar pocas cosas, pero firmes. En el Yucatán maya del siglo XVI había quienes curaban, hombres y mujeres. Usaban hierbas y sangrías, consultaban la suerte y trabajaban bajo la protección de Ixchel y de sus propios dioses. Formaban un oficio con fiesta propia. Sus saberes estaban escritos en libros, y muchos de esos libros fueron quemados. Lo que sobrevivió pasó a la letra latina y al maya escrito de la colonia, en libros como el Ritual de los Bacabes y los de Chilam Balam, donde la palabra y la planta van juntas.
Lo que las fuentes no permiten es decir que una planta cure una enfermedad. Ni Landa ni el Ritual son tratados de farmacología, y este ensayo no da ni recoge recetas.
Para la medicina del Anáhuac, ver el ensayo hermano «buen conocedor de las propiedades de las yerbas».
Este ensayo es historia, no consejo médico.
Fuentes
Diego de Landa, Relación de las cosas de Yucatán, ed. Brasseur de Bourbourg (París, 1864), Internet Archive: relationdeschose00land; dominio público. Princeton University Library, registro de catálogo del Ritual of the Bacabs, Garrett-Gates Mesoamerican Manuscripts, no. 1: catalog.princeton.edu. John F. Chuchiak IV, «El regreso de los autos de fe: fray Diego de Landa y la extirpación de idolatrías en Yucatán, 1573-1579», Península, vol. I, núm. 0, 2005, pp. 29-47.
Imágenes: Ritual of the Bacabs y Book of the Chilam Balam of Kaua, Garrett-Gates Mesoamerican Manuscripts, nos. 1 y 6, Princeton University Library, sin derechos de autor conocidos (No Known Copyright); Diego de Landa, Relación de las cosas de Yucatán, ed. Brasseur de Bourbourg (París, 1864), ejemplar de la University of Toronto en Internet Archive; dominio público.

