«Aquestos tenemos por muy buenos»: Moctezuma defiende a sus dioses

Reconstrucción digital del Templo Mayor de Tenochtitlan: pirámide con dos escalinatas y dos adoratorios en lo alto
Reconstrucción digital del Templo Mayor de Tenochtitlan, con los adoratorios gemelos de Huitzilopochtli y Tláloc. Imagen: Joshart3d / Pixabay.

Moctezuma II, noveno tlatoani de Tenochtitlan, se llamaba en náhuatl Motēcuhzōma Xōcoyōtzin, que significa «el que se enoja como señor» o «el que se enoja de manera noble». Xocoyotzin significa «el menor» u «honrado joven» (de xocoyotl, hijo menor, más el sufijo reverencial -tzin). Se ha sugerido que era a la vez gobernante temporal y sumo sacerdote de lo que era, en esencia, un Estado teocrático.

Bernal Díaz del Castillo recoge en su relato un intercambio revelador entre Moctezuma y Cortés. A mediados de noviembre de 1519, cuatro días después de entrar en México-Tenochtitlan, Cortés y sus soldados subieron los 114 escalones del Templo Mayor, el «gran cu» de Huitzilopochtli. Moctezuma los esperaba arriba, donde había estado haciendo sacrificios, acompañado de dos papas, como Bernal Díaz del Castillo llama a los sacerdotes. Le mostró a Cortés los adoratorios de Huitzilopochtli y de Tezcatlipoca.[1]

Entonces Cortés, «como medio riendo», le dijo que aquellos ídolos no eran dioses sino «cosas malas, que se llaman diablos», y le pidió permiso para poner en lo alto de la torre una cruz y, en un apartado de los adoratorios, «una imagen de Nuestra Señora, la cual imagen ya el Montezuma la había visto». Bernal anota cómo la recibieron: Moctezuma respondió «medio enojado, y dos papas que con él estaban mostraron malas señales».[1] Y dijo:

«Señor Malinche, si tal deshonor como has dicho creyera que habías de decir, no te mostrara mis dioses. Aquestos tenemos por muy buenos, y ellos nos dan salud y aguas y buenas sementeras, e temporales y victorias cuantas queremos, e tenémoslos de adorar y sacrificar. Lo que os ruego es que no se diga otras palabras en su deshonor.»

Bernal Díaz, cap. XCII.[1]

«Malinche» era el nombre con que los mexicas llamaban a Cortés, por doña Marina, su intérprete. Cortés no replicó: dijo que era hora de irse. Moctezuma se quedó arriba a rezar y ofrecer sacrificios por el tlatlacolli («que quiere decir pecado», explica Bernal) de haberles dejado subir y ver a sus dioses.[1]

El original y una lectura de hoy

Bernal escribió su libro hacia 1568, casi cincuenta años después del intercambio, y las palabras de Moctezuma le llegaron a través de la intérprete. Se ha sugerido que lo que sobrevive es el sentido de la respuesta más que su letra. Aun así, pocos textos de la invasión española dejan oír al lector con tanta claridad la defensa de los dioses mexicas frente a los recién llegados. En la edición de Madrid de 1862, basada en la impresión de 1632, la frase dice «y ellos dan salud y aguas y buenas sementeras, e temporales y victorias, y cuanto queremos».[2]

En el relato de Bernal, es una declaración llana de la cosmovisión mexica.

La imagen

La imagen que acompaña esta crónica es una reconstrucción digital del Templo Mayor de Tenochtitlan tal como pudo verse en 1519, cuando Cortés y Moctezuma lo subieron. Bernal sitúa el diálogo en lo alto del gran cu, ante los dos adoratorios que coronaban la pirámide: uno para Huitzilopochtli y otro para Tláloc, cada uno con su propia escalinata. El templo fue derribado después de la invasión. Sus restos aparecieron bajo el centro de la Ciudad de México, junto al Zócalo, y se excavan desde 1978, tras el hallazgo de la piedra de Coyolxauhqui el 21 de febrero de ese año.[3] Cada vez que se amplió el templo se construyó un edificio nuevo sobre el anterior, al menos en siete ocasiones, por lo que toda reconstrucción como esta es una conjetura informada, no una fotografía.

Tras haber recorrido las ruinas del Templo Mayor en la Ciudad de México, me cuesta imaginar a unos extranjeros subiendo sin más sus escalones hasta la cima. Aun así, el sentimiento del intercambio suena verdadero.

Notas

[1] Bernal Díaz, Historia verdadera, cap. XCII, ed. Genaro García (1904). Ortografía modernizada en las citas.

[2] Bernal Díaz, Verdadera historia, cap. XCII, edición de Madrid (1862).

[3] Museo del Templo Mayor (INAH), «Proyecto Templo Mayor» y «Zona Arqueológica del Templo Mayor».

Fuentes

Bernal Díaz del Castillo, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, cap. XCII, «Cómo nuestro capitán salió a ver la ciudad de México y el Tatelulco…», ed. Genaro García (México, Secretaría de Fomento, 1904), t. I, según el manuscrito de Guatemala. Escaneo en archive.org.

Bernal Díaz del Castillo, Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, t. I, cap. XCII (Madrid, Imprenta de Tejado, 1862). Texto completo en Proyecto Gutenberg.

Museo del Templo Mayor, Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), «Proyecto Templo Mayor» y «Zona Arqueológica del Templo Mayor».

Eduardo Matos Moctezuma, Vida y muerte en el Templo Mayor (México: Ediciones Océano, 1986).

Imagen: Joshart3d, «Templo Mayor» (reconstrucción digital), Pixabay. Licencia de contenido de Pixabay.

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