Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España. Libro V: De los agüeros y abusiones
Texto: Bernardino de Sahagún; edición de Kingsborough (Londres, 1830). Transcripción y disposición: Grok Bot (IA), revisadas por Orlando Santos.
El Libro V trata de los agüeros que tomaban de aves, animales y fantasmas, y en su apéndice, de las abusiones o creencias de la vida diaria.
Esta serie publica la Historia general en su texto castellano. El Libro I sigue la edición de Bustamante (México, 1829); los libros II a XI siguen el texto que Lord Kingsborough imprimió en el volumen VII de sus Antiquities of Mexico (Londres, 1830). Conservamos la ortografía de 1830 («quatro», «muger», «ivan»). El Libro XII, dedicado a la Invasión española, no se incluye en esta serie, que se ocupa de la descripción del mundo nahua; tampoco se reproduce el índice del volumen.
Texto: Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España, en Edward King, vizconde de Kingsborough, Antiquities of Mexico, vol. VII (Londres, 1830), dominio público, vía Internet Archive. Transcripción a partir del reconocimiento óptico de caracteres, cotejada con los facsímiles; las notas marcadas «Nota de Kingsborough» son de la edición de 1830. Para el náhuatl, véase el Códice Florentino Digital (Getty Research Institute). Imagen de portada: Códice Florentino, primera página del libro V (World Digital Library), vía Wikimedia Commons (dominio público).
- Prólogo
- Quinto libro
- Capítulo I — Del aguero que tomaban quando alguno oia de noche ahullar á alguna bestia fiera, ó llorar como vieja; y de lo que decian los Agoreros en este caso.
- Capítulo II — Del agüero indiferente que tomaban de oir cantar á una ave que llaman Oacton; y de lo que hacian los mercaderes que iban camino en este caso.
- Capítulo III — Del aguero que tomaban quando oian de noche algunos golpes, como de quien está cortando madera.
- Capítulo IV — Del mal aguero que tomaban del canto del Buho, ave.
- Capítulo V — Del mal agüero que tomaban del chillido de la Lechuza.
- Capítulo VI — Del mal agüero que tomaban, quando oian que la Comadreja ó Mostolilla atravesaba por delante de ellos, quando iban por el camino ó por la calle.
- Capítulo VII — Del mal aguero que tomaban quando vian entrar algun conejo en su casa.
- Capítulo VIII — Del mal agüero que tomaban, quando encontraban con una sabandija ó gusano que llaman Pinaviztli.
- Capítulo IX — Del aguero que tomaban quando un animalejo muy hediondo, que se llama Epatl, entraba en su casa, ú oian su hedor en alguna parte.
- Capítulo X — Del mal agüero que tomaban de las hormigas y ranas y ratones en cierto caso.
- Capítulo XI — Que trata del agüero que tomaban quando de noche vian estantiguas.
- Capítulo XII — De unas fantasmas que aparecen de noche, que llaman Tlacanexquimilli.
- Capítulo XIII — De otras fantasmas que aparecian de noche.
- Apendice del quinto libro
- Prólogo del apendice
- Capítulo I — Del Omisuchitl.
- Capítulo II — Del Cuetlasuchitl.
- Capítulo III — De la flor ya hecha.
- Capítulo IV — De los maices.
- Capítulo V — De Tecuencholhuiliztli, que quiere decir, pasar sobre alguno.
- Capítulo VI — De Athiliztli, quiere decir, beber el menor antes que el mayor.
- Capítulo VII — De comiendo en la Olla.
- Capítulo VIII — Del tamal cocido.
- Capítulo IX — Del Omblico.
- Capítulo X — De la preñada.
- Capítulo XI — De la casa de la recien parida.
- Capítulo XII — Del Terremoto.
- Capítulo XIII — Del Tenamazth.
- Capítulo XIV — De la tortilla que dobla con el comal.
- Capítulo XV — De lamer el Metatl.
- Capítulo XVI — Del que está armado al poste.
- Capítulo XVII — Del comer estando en pie.
- Capítulo XVIII — Del quemar de los escobajos del maiz.
- Capítulo XIX — De la muger preñada.
- Capítulo XX — De la mano de la mona,
- Capítulo XXI — Del majadero y Comal.
- Capítulo XXII — De los ratones.
- Capítulo XXIII — De las gallinas.
- Capítulo XXIV — De los pollos.
- Capítulo XXV — De las piernas de las mantas.
- Capítulo XXVI — Del granizo.
- Capítulo XXVII — De los brujos.
- Capítulo XXVIII — De la comida del raton que sobra.
- Capítulo XXIX — De las uñas.
- Capítulo XXX — Del estornudo.
- Capítulo XXXI — De los niños ó niñas.
- Capítulo XXXII — De las cañas verdes de maiz.
- Capítulo XXXIII — Del respendar de los maderos.
- Capítulo XXXIV — Del Metatl.
- Capítulo XXXV — De la casa nueva por quien sacaba fuego nuevo.
- Capítulo XXXVI — Del baño ó Temazcalli,
- Capítulo XXXVII — De quando los muchachos mudan los dientes.
Quinto libro
Que trata de los agüeros y pronosticos que estos naturales tomaban de algunas aves, animales, y sabandijas, para adivinar las cosas futuras.
Prólogo
Como con apetito de mas saber nuestros primeros padres merecieron ser privados del original saber que les fué dado, y caer en la noche muy oscura de la ignorancia en que á todos nos dejaron, no habiendo aun perdido aquel maldito apetito, no cesamos de porfiar en querer investigar por fas ó por nefas lo que ignoramos, asi acerca de las cosas naturales como acerca de las cosas sobrenaturales; y aunque para saber muchas cosas de estas, tenemos caminos muchos y muy ciertos, no nos conientamos con esto, sino que por caminos no licitos y vedados, procuramos saber las cosas que Nuestro Señor Dios no és servido que sepamos, como son las cosas futuras y las cosas secretas; y esto, álas veces por via del Demonio, á las veces conjeturando por los bramidos de los animales, ó garridos de las aves, ó por el aparecer de algunas sabandijas. Mal és este que cundió en todo el humano linage; y como estos naturales son buena parte de él, cupoles harta parte de esta enfermedad; y porque para quando llagados de esta llaga fueren á buscar medicina, y el medico les pueda facilmente entender, se ponen en el presente libro muchos de los agüeros que estos naturales usaban; y á la postre se trata de muchas maneras de estantiguas que de noche se les aparecian.
Quinto libro
Que habla de los agüeros que esta gente Mexicana usaba.
Capítulo I
Del aguero que tomaban quando alguno oia de noche ahullar á alguna bestia fiera, ó llorar como vieja; y de lo que decian los Agoreros en este caso.
En los tiempos pasados, antes que viniesen los Españoles á esta tierra, los naturales de ella tenian muchos agüeros por donde adivinaban las cosas futuras. El primer agüero de estos és, que quando alguno oia en las montañas bramar alguna bestia fiera, ó algun sonido hacia zumbidos en los montes ó en los valles, luego tomaba mal agüero, diciendo, que significaba algun infortunio ó desastre que le habia de venir por él ó por su casa. Habiendo oido este mal agüero, luego iba á buscar á aquellos que sabian declarar estos agüeros, á los quales llamaban Tonalpouhque, y este agorero ó adivino consolaba y esforzaba á este tal, diciendole de esta manera: Hijo mio pobrecito, pues que has venido á buscar la declaracion del agüero que viste, sabete que és cosa adversa y trabajosa lo que significa este tu agüero: esto no és porque yo lo digo, sino porque asi lo dejaron dicho y escrito nuestros viejos y antepasados; asi que la significacion de tu agüero és, que te has de ver en pobreza y en trabajos, ó morirás: por ventura está yá enojado contra ti aquel por quien vivimos, y no quiere que vivas mas tiempo: espera con animo lo que te vendrá, porque asi está escrito en nuestros libros de que usamos para declarar estas cosas á los quales acontece; y no soy yo el que te pone espanto ó miedo, que el mismo Señor Dios quiso que esto te aconteciese y viniese sobre ti; y no hay que culpar al animal, porque él no sabe lo que se hace, porque carece de entendimiento y de razon; y tu pobrecito no debes de culpar á nadie, porque el signo en que naeistes tiene consigo estos azares, y há venido ahora á verificarse en ti la maldad del signo en que nacistes; esfuerzate, porque por experiencia lo sentirás: mira que tengas buen animo para sufrirlo, y entre tanto llora y haz penitencia: nota lo que ahora te diré que hagas para remediar tu trabajo: haz penitencia; busca papel para que se apareje tu ofrenda que hás de hacer; compra papel é incienso blanco y ulli, y las otras cosas que sabes que son menester para esta ofrenda; despues que hayas aparejado todo lo necesario, vendrás tal dia que és oportuno para hacer la ofrenda que és menester al Señor Dios del fuego; entonces vendrás á mi, porque yo mismo dispondré y ordenaré los papeles y todo lo demas, que en los lugares y en el modo que há de estar para hacer la ofrenda, yo mismo lo tengo de ir á encender y quemar en tu casa. De esta manera hacian los que oian el agüero arriba dicho.
Capítulo II
Del agüero indiferente que tomaban de oir cantar á una ave que llaman Oacton; y de lo que hacian los mercaderes que iban camino en este caso.
El segundo agüero que tenian era quando cian cantar ó charrear á una ave que llaman Oactlioacton. Este agüero era indiferente: á las veces pronosticaba bien y á las veces mal. Tenianlo por bueno quando cantaba como quien rie, porque entonces parecia que decia Yeccan, que quiere decir, buen tiempo, buen tiempo. Quando de esta manera cantaba no tenian sospecha que vendria algun mal, antes se holgaban de oirle, porque tenian que alguna cosa buena les habia de suceder; pero quando cian á esta ave que cantaba ó charreaba, como quien rie con gran risa y con alta voz, y que su risa salia de lo ultimo del pecho, como quien tiene gran gozo y gran regocijo, entonces enmudecianse y desmayaban, ninguno hablaba al otro, todos iban callando y cabizbajos, porque entendian que algun mal les habia de venir, ó que alguno de ellos habia de morir en breve, ó que habia de enfermar alguno de ellos, ó que les habian de cautivar aquellos á cuyas tierras iban. Esto por la mayor parte acontecia en algunos valles profundos, ó en algunos grandes arroyos, ó en algunas grandes montañas, ó en algunos grandes paramos. Si los caminantes que esto oian eran mercaderes ó tratantes decian entre si: algun mal nos há de venir, alguna avenida de algun rio ó creciente nos há de llevar á nosotros ó á nuestras cargas, ó habemos de caer en manos de algunos ladrones que nos han de robar ó saltear; ó por ventura alguno de nosotros há de enfermar, ó le hemos de dejar desamparado; ó por ventura nos hán de comer bestias fieras, ó por ventura nos há de atajar alguna guerra para que no podamos pasar. Quando platicaban estas cosas entre si, aquel que era principal entre ellos comenzaba á esforzar y consolar á los otros menores, y deciales de esta manera, yendo andando: Hijos mios y Señores mios, no conviene que nadie de vosotros se entristezca y desmaye por el agüero que habeis oido; que yá teniamos entendido quando partimos de nuestras casas y de nuestros parientes, que veniamos á ofrecernos á la muerte; y sus lagrimas y sus lloros que en muestra presencia derramaron bien las vinos, porque se acordaron y nos dieron á entender, que por ventura en algun despoblado ó en alguna montaña, ó en alguna barranca habian de quedar nuestros huesos y sembrarse nuestros cabellos y derramarse nuestra sangre; y si esto nos há venido, no conviene que nadie se haga de pequeño, como si fuese muger temerosa y flaca; aparejaos como varones para morir; orad á Nuestro Scñor Dios; no cureis de pensar en nada de esto, porque en breve sabremos por experiencia lo que nos há de acontecer; entonces lloraremos todos, porque esta és la gloria y fama que hemos de dar y dejar á nuestros mayores y señores los mercaderes nobles y de grande estima de donde descendemos, porque no somos nosotros los primeros ni los postreros á quienes estas cosas hán acontecido; que muchos antes que nosotros y muchos despues que nosotros les acontecieron semejantes casos; y por esto esforzaos como valientes hombres, hijos mios; y donde quiera que llegaban á dormir aquel dia, ora fuese debajo de un arbol, ó debajo de alguna capa, ó en alguna cueva, luego juntaban todos sus bordones ó cañas de camino que llevaban y los ataban todos juntos en una gavilla. Entonces decian que aquellos Topiles, asi todos atados juntos, eran la imagen de su Dios Yacatecutli, que és él de los mercaderes y tratantes, y luego delante de aquel manojo de Topiles ó baculos con grande humildad y reverencia se cortaban las orejas, derramando sangre, y se agujereaban la lengua, pasando por ella mimbres, las quales ensangrentadas las ofrecian á la gavilla de aquellos baculos que estaban todos atados; y todos ellos proponian de recibir con paciencia por honra de su Dios qualquiera cosa que les aconteciese. De alli adelante no curaban de pensar mas en que alguna cosa les habia de acontecer adversa por el agüero que habian oido de aquella ave que se llama Oacti; y pasando el termino de aquel agüero, si ninguna cosa les acontecia, consolabanse y tomaban aliento y esfuerzo, porque su espanto no vino eu efecto; pero algunos de la compañia que eran medrosos y de poco esfuerzo, todavia iban con temor de que alguna cosa les habia de acontecer, y asi ni se alegraban, ni hablaban, ni podian recibir consolacion iban como desinayados y pensativos; iban pensando que lo que no les habia acontecido antes acerca de la significacion de aquel agüero, que por ventura les aconteccria adelante: ninguio se determinaba en lo que podia acontecer, porque, como arriba se dijo, este agüero és indiferente, á bien y á mal.
Capítulo III
Del aguero que tomaban quando oian de noche algunos golpes, como de quien está cortando madera.
Quando alguno de noche oia golpes como de quien corta leña, tomaba mal agüero. —A este llamaban Yooaltepuztli, quiere decir, hacha nocturna. Por la mayor parte este sonido se oia al primer sueño de la noche, quando todos duermen profundamente y Bingun ruido de gente suena. Oian este sonido los que de noche iban á ofrecer cañas y ramos de pino, los quales eran ministros del templo, que se llamaban Tlamacazque. Estos tenian por costumbre de hacer este ejercicio ó penitencia de noche en lo profundo de la noche. Yban á hacer estas ofrendas á los lugares acostumbrados de los montes comarcanos, y quando oian golpes como de quien hiende madero con hacha, lo qual. de noche suena lejos, espantabanse de aquellos golpes y tomaban mal agüero. Decian que estos golpes eran ilusion de Tezcallipuca con que espantaba y burlaba á los que andaban de noche; y quando esto oia algun hombre animoso y esforzado y ejercitado en la guerra, no huia, mas antes seguia el sonido de los golpes hasta ver que cosa era, y quando via algun bulto de persona, corria á todo correr trás de él hasta asirle y ver que cosa era. Dicese que el que asia á esta fantasma, con dificultad podia aferrar con ella, y asi corrian gran rato andando á la saca pella de acá para allá. Quando yá se fingia cansada la fantasma, esperaba al que la seguia. Entonces parecia al que la seguia, que era un hombre sin cabeza, que tenia cortado el pescuezo como un tronco, y al aspecto teniale abierto, y tenia á cada parte como una portecilla que le abrian y cerraban juntandose en el medio; y al cerrar decian que hacian aquellos golpes que se oian lejos, y aquel á quien habia aparecido esta fantasma, ora fuese algun soldado valiente, ó algun Satrapa del templo animoso, en asiendola y conociendola por la abertura del pecho, viale el corazon, y asia de él como que se lo arrancaba tirando. Estando en esto demandaba á la fantasma que le hiciese alguna merced, ó le pedia alguna riqueza, ó le pedia esfuerzo y valentia para cautivar en la guerra á muchos; y á algunos dabales esto que pedian, y á otros no les daba lo que pedian sino lo contrario, que era pobreza y miseria y mala ventura; y asi decian que en su mano estaba de Tezcatlipuca, dar qualquiera cosa que quisiere, adversa ó prospera; y la fantasma respondiendo á la demanda, decia de esta manera: Gentil hombre, valiente hombre, amigo mio fulano, dejame, que me quieres? que yo te daré lo que quisieres.— Y la persona á quien esta fantasma habia parecido deciale: no te dejaré que yá te hé cazado; y la fantasma dabale una punta ó espina de maguey, diciendole: cata aqui esta espina, dejame; y el que tenia á la fantasma asida por el corazon, si era valiente y esforzado, no se contentaba con una espina, y hasta que le daba tres ó quatro espinas no la dejaba. Estas espinas eran señal que seria prospero en la guerra, y tomaria tantos cautivos quantas espinas recibió, y que seria prospero y reverenciado en este mundo con riquezas y honras é insignias de hombre valiente. Tambien se decia que el que la asia del corazon á la fantasma y se le arrancaba de presto sin decirle nada, echaba á huir con el corazon y lo escondia y guardaba con gran diligencia, envolviendolo y atandolo fuertemente con algunos paños, y despues á la mañana desenvolvialo y miraba que era aquello que habia arrancado, y si via alguna cosa buena en el paño, como és pluma floja como algodon, ó algunas espinas de maguey, como una ó dos, tenia señal que le habia de venir buena ventura y prosperidad; y si por ventura hallaba en el paño carbones, ó algun andrajo, ó pedazo de manta roto y sucio, en esto conocia que le habia de venir mala ventura y miseria. Y si aquel que oia estos golpes nocturnos era algun hombre de poco animo y cobarde, ni la perseguia ni iba tras ella, sino temblaba de temor y cortabase de miedo; echabase á gatas, porque no podia correr ni andar; no pensaba otra cosa mas de que alguna desgracia le habia de venir, por razon del mal agüero que habia oido; comenzaba luego á temer que le habia de venir enfermedad ó muerte, ó alguna desventura de pobreza y trabajos por razon de aquel mal agüero.
Capítulo IV
Del mal aguero que tomaban del canto del Buho, ave.
Tambien quando oian cantar al buho, estos naturales de estas Yndias de la Nueva-España, tomaban mal agüero, ora estuviese sobre su casa, ora estuviese sobre algun arbol cerca: oyendo aquella manera del canto del buho, luego se atemorizaba, y pronosticaba que algun mal le habia de venir, ó de enfermedad ó de muerte, ó que se habia acabado el termino de la vida á alguno de su casa ó á todos, ó que algun esclavo se le habia de huir, ó que habia de venir su casa y familia á tanto riesgo que todos habian de perecer, y juntamente la casa habia de ser asolada, y quedar hecha muladar y lugar donde se echasen las inmundicias, del cuerpo humano, y que quedase en refran de la familia y de la casa el decir, en este lugar vivió una persona de mucha estima y veneracion y curiosidad, y ahora no estan sino solas las paredes, no hay memoria de quien aqui vivió. En este caso el que oia el canto del buho, luego acudia al que declaraba estos agüeros, para que le dijese lo que habia de hacer.
Capítulo V
Del mal agüero que tomaban del chillido de la Lechuza.
Quando alguno sobre su casa oia charrear á la lechuza, tomaba mal agüero: luego sospechaba que alguno de su casa habia de morir ó enfermar; en especial, si dos ó tres veces venia á charrear alli sobre su casa, tenia por averiguado que habia de ser verdadera su sospecha; y si por ventura en aquella casa donde venia á charrear la lechuza estaba algun enfermo, luego le pronosticaban la muerte: decian que aquel era el mensagero del Dios Mitlantecutli, que iba y venia del Infierno. Por esto le llamaban Yantequiva, que quiere decir, mensagero del Dios y de la Diosa del Infierno, que andaba á llamar á los que le mandaban. Y si juntamente con el charrear le oian que escarbaba con las uñas, el que lo oia, si era hombre, luego le decia: está quedo bellaco ojihundido que hiciste adulterio á tu padre; y si era muger la que oia, deciale: vete de ahi puto, has agujereado el cabello con que te tengo de ver allá en el Infierno? antes de esto no puedo ir. Decian que por esto le injuriaban de esta manera, para escaparse del mal agüero que pronosticaba, y para no ser obligados á cumplir su llamamiento.
Capítulo VI
Del mal agüero que tomaban, quando oian que la Comadreja ó Mostolilla atravesaba por delante de ellos, quando iban por el camino ó por la calle.
De este animalejo que llaman comadreja ó mostolilla se espantaban y tomaban mal agüero quando la vian entrar en su casa por delante de si, quando iban por el camino ó por la calle, y concebian en su corazon mala sospecha de que les habia de venir algun mal, ó que si algun viage tomasen no les habia de suceder bien, que habian de caer en manos de ladrones, ó que les habian de matar, ó les habian de levantar algun falso testimonio; y por esto ordinariamente los que encontraban con este animalejo les temblaban las carnes de miedo, y se estremecian, y se les espeluzaban los cabellos; algunos se ponian yertos ó pasmados por tener entendido que algun mal les habia de acontecer. La forma de este animal acá en esta tierra és que son como los de España, que tienen la barriga y pecho blancos, y todo lo demas bermejo.
Capítulo VII
Del mal aguero que tomaban quando vian entrar algun conejo en su casa.
Los aldeanos y gente rustica quando vian que en su casa entraba algun conejo, luego tomaban mal agüero, y concebian en su pecho, que les habian de robar la casa, ó que alguno de su casa se habia de ausentar y esconder por los montes ó por las barrancas donde andan los cierbos y conejos. Sobre todas estas cosas iban á consultar á los que tenian oficio de declarar estos agüeros. Los conejos de esta tierra son como los de España, aunque no tienen tan buen comer.
Capítulo VIII
Del mal agüero que tomaban, quando encontraban con una sabandija ó gusano que llaman Pinaviztli.
Quando quiera que esta sabandija entraba en la casa de alguno y la encontraba en el camino, luego concebia en su pecho que aquella era señal que habia de caer en enfermedad, é algun mal le habia de venir, ó alguno le habia de afrentar ó avergonzar; y para remedio de esto hacian la ceremonia que se sigue: tomaban aquella sabandija, y hacian dos rayas en cruz en el suelo, y ponianla en medio de ellas y escupianla; y luego decian estas palabras que se siguen, enderezandolas á aquella sabandija: á que hás venido? quiero ver á que hás venido; y luego se ponian á mirar acia que parte iria aquella sabandija, y si iba acia el norte, luego se determinaban en que aquello era señal que habia de morir este hombre que la miraba; y si por ventura iba acia otra parte alguna, luego se determinaban que no era cosa de muerte aquella señal, sino de algun otro infortunio de poca importancia, y asi decian: anda vete donde quieras, no se me dá nada de ti; hé de andar por ventura pensando en lo que quieres decir?, ello se parecerá antes de mucho; no me curo de ti; y luego tomaban aquella sabandija y ponianla en la division de dos caminos y alli la dejaban; y algunos tomandola pasabanla con un cabello por medio del cuerpo, y colgabanla de algun palo, y dejabanla estar alli hasta otro dia, y si otro dia no la hallaban alli, comenzaban á sospechar que les habia de venir algun mal; y si por ventura, quando la iban á ver otro dia, la hallaban alli, entonces consolabanse, teniendo por cierto que no era agüero, y echabanle escupitina ó un poco de pulere encima: decian, que esto era emborracharla. Y algunas veces tenian este agüero por indiferente de mal y de bien, porque decian que algunas veces el que encontraba con ella habia de encontrar con alguna buena comida. Esta sabandija és de hechura de araña grande y el cuerpo grueso, y tiene el color bermejo y á partes oscuro de negro; casi és tamaña como un ratoncillo; no tiene pelos, és lampiña,
Capítulo IX
Del aguero que tomaban quando un animalejo muy hediondo, que se llama Epatl, entraba en su casa, ú oian su hedor en alguna parte.
Tenian tambien por mal agüero, quando un animalejo, cuya orina és muy hedionda, entraba en su casa ó paria en, algun agujero dentro de su casa; en tal caso, luego concebian mal pronostico, y era que el dueño de la casa se habia de morir; y decian, que la causa era porque este animalejo no suele parir en casa alguna, sino en el campo ó entre las piedras, en los maizales donde hay magueyes ó tunas. Tambien decian, que este animalejo era imagen del Dios que llamaban Tezcatlipuca; y quando este animalejo expedia aquella materia hedionda, que era la orina ó el mismo estiercol, ó la ventosidad, decian, Tezcatlipuca ha ventoseado. Tiene esta maña este animalejo, que quando topan con él en casa ó fuera no huye mucho, sino anda arcadillando de acá para allá; y quando el que le persigue vá yá cerca para asirle, alza la cola y arrojale á la cara la orina ó aquel humor que lanza muy lediondo, tan recio como si lo echasen con una xeringa; y aquel humor quando sale parece de muchos colores como el arco del cielo; y donde dá queda aquel hedor tan impreso, que jamas se puede quitar, ó á lo menos dura mucho, ora dé en el cuerpo ora dé en las vestiduras; y és el hedor tan recio y tan intenso, que no hay hedor tan vivo ni penctrativo, ni tan asqueroso; y quando este hedor és reciente, el que le huele no há de escupir, porque dicen que si escupe como arqueando, luego se le vuelve cano todo el cabello; y por esto los padres y madres amonestaban á sus hijos que quando olian-este hedor no escupiesen, mas antes apretasen los labios. — Si este animalejo acierta con su orina á dar en los ojos, ciega los ojos. Este animalejo es blanco por la barriga y pechos, y negro en lo demas,
Capítulo X
Del mal agüero que tomaban de las hormigas y ranas y ratones en cierto caso.
Quando quiera que alguno via que en su casa se criaban hormigas y habia hormiguero de ellas, luego tomaban mal agüero, teniendo entendido que aquello era señal que habian de tener persecucion los de aquella casa, de parte de algun malevolo ó envidioso; porque, tal fama habia, que las hormigas que se criaban en casa, eran significacion de aquello arriba dicho; ó que los envidiosos y malevolos las echaban dentro de casa por mal querencia, ó por hacer mal á los moradores, dejandoles enfermedad ó muerte ó pobreza ó desasosiego. Esto mismo se sentia si alguno en su casa hallaba ó via alguna rana ó sapo en las paredes ó en el Taplanco ó entre los maderos de la casa; y tambien tenian entendido que las tales ranas, las echaban dentro de la casa los malevolos enemigos y envidiosos por mal querencia. El mismo mal agüero se tomaba quando alguno via en su casa unos ratoncillos que tienen unos chillidos distintos de los otros ratones, y desasosiegan la casa: llaman á estos Tetzauhquimichtin. En todos estos agüeros iban á consultar á los agoreros que lo declaraban y daban remedio contra ellos.
Capítulo XI
Que trata del agüero que tomaban quando de noche vian estantiguas.
Quando de noche alguno via estantiguas, con saber que eran ilusiones de Tezcatlipuca, tambien lo tomaban á mal agüero, en pensar que aquello significaba, que el que las via, habia de ser muerto en la guerra ó cautivo; y quando acontecia que algun soldado valiente y esforzado via estas visiones no temia, sino asia fuertemente del estantigua, y demandabale que le diese espinas de maguey, que son señal de fortaleza y valentia, y que babia de cautivar en la guerra tantos cautivos quantas espinas le diese; y quando acontecia que algun hombre simple y de poco saber via las tales visiones, luego las escupia ó apedreaba con alguna suciedad. A este tal, ningun bien le venia, mas antes le venia alguna desdicha ó infortunio; y si algun miedoso ó pusilanime via estas estantiguas, luego se cortaba, luego se le quitaban las fuerzas, y luego se le secaba la boca que no podia hablar, y poco á poco se apartaba de la estantigua para esconderse donde no la viese; y quando iba por el camino pensaba que iba trás él la cestantigua para tomarle; y en llegando á su casa abria de presto la puerta, y entraba de presto, y cerraba la puerta de su casa, y pasaba á gatas por encima de los que estaban durmiendo, todo espantado y espavorido.
Capítulo XII
De unas fantasmas que aparecen de noche, que llaman Tlacanexquimilli.
Quando de noche via alguno unas fantasmas que ni tienen pies ni cabeza, las quales andan rodando por el suelo y dando gemidos como enfermo, las quales sabian que eran ilusiones de Tezcatlipuca, no obstante esto quando las vian tomaban mal agüero, y decian y tenian por cierto que habian de morir en la guerra, ó en breve de su enfermedad, ó que algun infortunio les habia de venir en breve; y quando estas fantasmas se aparecian á alguna gente baja y miedosa arrancaban á huir, y perdian el espiritu de tal manera de aquel miedo que morian en breve, ó les acontecia algun desastre; y si estas fantasmas aparecian á algun hombre valiente y osado, como son soldados viejos, luego se apercebia y disponia, porque siempre andaban con sobresalto de noche, entendiendo que habian de tomar alguna cosa, y aun las andaban á buscar por todos los caminos y calles, deseando ver alguna cosa para alcanzar de ella alguna buena ventura, ó algunas espinas de maguey que son señal de esto; y si acaso le aparecia alguna de estas fantasmas que andaba á buscar, luego arremetia y se asia con ella fuertemente, y deciale: Quien eres tu? hablame, mira no dejes de hablar, que yá te tengo asida y no te tengo de dejar. Esto repetia muchas veces andando el uno con el otro á la sacapella, y despues de haber mucho peleado, yá cerca de la mañana hablaba la fantasma y decia: dejame, que me fatigas; dime lo que quieres, y dartelo hé. Luego respondia el soldado y decia: que me has de dar? respondia la fantasma, cata aqui una espina: respondia el soldado, no la quiero; para que és una espina sola? no vale nada. Y aunque le daba dos ó tres ó quatro espinas, no la queria soltar hasta que le diese tantas quantas él queria; y quando yá le daba las que él queria, hablaba la fantasma diciendo; doite toda la riqueza que deseas para que seas prospero en el mundo. Entonces el soldado dejaba á la fantasma, porque yá habia alcanzado lo que buscaba y deseaba.
Capítulo XIII
De otras fantasmas que aparecian de noche.
Habia otra manera de fantasmas que de noche aparecia ordinariamente en los lugares donde iban á hacer sus necesidades de noche. Si alli les aparecia una muger pequeña enana, que llamaban Ciutlapanton ó por otro nombre Cenilapachton, quando esta tal fantasma aparecia, luego tomaban agüero que habian de morir en breve, ó que les habia de acontecer algun infortunio. Esta fantasma aparecia como una muger pequeña enana, y que tenia los cabellos largos hasta la cinta, y su andar era como una anadeando. Qualquiera que via esta fantasma cobraba gran temor, y el que la via si la queria asir no podia, porque luego desaparecia, y tornaba á aparecer en otra parte luego alli junto, y si otra vez procuraba tomarla escabulliase, y todas las veces que probaba se quedaba burlado, y asi dejaba de porfiar. Otra manera de fantasma aparecia de noche, y era como una calavera de muerto. Aparecia de noche de repente á alguno ó algunos, luego saltaba sobre la pantorrilla, ó detras de él iba haciendo un ruido como calavera que iba saltando. El que oia este ruido, echaba luego á huir de miedo; y si por ventura se paraba aquel trás quien iba golpeando, tambien se paraba la calavera; y si este tal se esforzaba á querer tomar la calavera, yá que la iba á tomar, burlabase dando un salto á otra parte, y si alli la iba á tomar, otra vez hacia lo mismo hasta tanto que yá el que iba trás ella se cansaba, y de cansado y de miedo la dejaba y huia para su casa.
Otra manera de fantasma aparecia de noche, que era como un difunto que estaba amoriajado y estaba quejandose y gemiendo. A los que aparecia esta fantasma, si eran valientes y esforzados, arremetian para asir de ella, y lo que tomaban era un cesped ó terron. Todas estas ilusiones atribuian á Tezcatlipuca.
Tambien tenian por mal agüero á las voces del pito quando le oian vocear en las montañas, que luego concebian sospecha que les habia de venir algun mal.
Asi mismo decian que Tezcallipuca muchas veces se transformaba en un animal que llaman Coyutl, que és como lobo, y asi transformado poniase delante de los caminantes, como atajandoles el camino para que no pasasen adelante; y en esto entendia el caminante que algun peligro habia delante de ladrones ó robadores, ó que alguna otra desgracia le habia de acontecer yendo el camino adelante.
Apendice del quinto libro
Prólogo del apendice
Aunque los agüeros y abusiones parecen ser de un mismo linage, pero los agüeros por la mayor parte atribuyen á las criaturas lo que no hay en ellas, como és decir, que quando la culebra ó comadreja atraviesan por delante de alguno que vá camino, dicen que és señal de que le há de acontecer alguna desgracia en el camino, y de esta manera de agüeros está dicho en este libro quinto. Las abusiones de que en este Apendice se tratan son al revés, que toman en mala parte las impresiones ó influencias que son buenas en las criaturas, como és decir, que el olor del jazmin indiano que ellos llaman Omisuchitl, és cansa de una enfermedad que és como almorranas; y tambien á la flor que llaman Cuetlasuchitl le atribuyen un falso testimonio, que quando la muger pasa sobre ella, le causa una enfermedad que tambien la llaman Cuetlasuchitl, la qual se cansa en el miembro mugeril; y porque los agüeros y las abusiones son muy vecinos, pongo este tratado de las abusiones por Apendicc de este Libro Quinto de los agüeros; y en los agüeros no está tanto dicho quanto hay en so, ni tampoco en este Apendicc están todas las abusiones de que usan mal, porque siempre van multiplicandose estas cosas que son malas; y muchos hallarán asi del uno como del otro cosas que no están aqui puestas.
De las abusiones que usan estos naturales.
CarrruLo
Capítulo I
Del Omisuchitl.
Hay una flor, que se llama Omisuchitl, de muy buen olor, parece al jazmin en la blancura y en la hechura. Hay tambien una enfermedad, que parece como almorranas, que se cria en las partes inferiores de los hombres y de las mugeres; y dicen los supersticiosos antiguos, que aquella enfermedad se causa de haber olido mucho esta flor arriba dicha, de haberla orinado, ó de haberla pisado.
Capítulo II
Del Cuetlasuchitl.
Hay una flor, que se llama Cuellasuchitl: son hojas de un arbol muy coloradas. Hay tambien entre las mugeres una enfermedad, que se les cansa en el miembro mugeril, que tambien la llaman Cuetlasuchitl, Decian los supersticiosos antiguos, que esta enfermedad se causaba en las mugeres por haber pisado sobre la flor arriba dicha, ó por haberla olido, ó por haberse sentado sobre ella; y por esto avisaban á sus hijas que se guardasen de olerla, ó de sentarse sobre ella, ó de pasar sobre ella.
Capítulo III
De la flor ya hecha.
Decian los viejos supersticiosos, que las flores que se componen de muchas flores con que bailan y que dán á sus convidados, que á nadie le és licisto oler el medio de ellas, porque el medio de ellas está reservado para Tezcatlipuca, y que los hombres solamente pueden oler las orillas.
Capítulo IV
De los maices.
Decian tambien los supersticiosos antiguos, y algunos aun ahora lo usan, que el maiz antes que lo echen en laolla para cocerse hán de resollar sobre ello, como dandole animo para que no tema la cochura. Tambien decian, que quando estaba derramado algun maiz por el suelo, el que lo veia era obligado á cogerlo, y el que no lo cogia hacia injuria al maiz, y el maiz se quejaba de él delante de Dios, diciendo: Señor, castigad á este hombre que me vió derramado y no me cogió; ó dar hambre para que no me menosprecien.
Capítulo V
De Tecuencholhuiliztli, que quiere decir, pasar sobre alguno.
Decian tambien los supersticiosos antiguos, que el que pasaba sobre algun niño que estaba sentado ó echado, que le quitaba la virtud de crecer, y que se quedaria asi pequeñuelo siempre; y para remediar esto, decian que era menester tornar á pasar sobre él por la parte contraria.
Capítulo VI
De Athiliztli, quiere decir, beber el menor antes que el mayor.
Otra abusion tenian sobre el beber, si bebian los hermanos; si el menor bebia primero, deciale el mayor, no bebas primero que yo, porque si bebes primero no crecerás mas; quedarte has como estás ahora.
Capítulo VII
De comiendo en la Olla.
Otra abusion tenian, si alguno comia en la olla, haciendo sopas en ella, ó tomando de ella la mazamorra con la mano. Decianle sus padres: si otra vez haces esto, nunca serás venturoso en la guerra, nunca cautivarás á nadie.
Capítulo VIII
Del tamal cocido.
Otra abusion tenian, quando se cuecen los tamales en la olla, Si algunos se pegan á la olla, como la carne quando se cuece y se pega á la olla, decian, que el que comia aquel tamal peg: ado, si era hombre, nunca bien tiraria en la guerra las flechas y su muger nunca pariria bien; y si era muger, que nunca bien pariria, que se le pegaria el niño dentro.
Capítulo IX
Del Omblico.
Otra abusion tenian quando cortaban el ombligo á las criaturas recien nacidas. Si era varon daban el ombligo á los soldados para que le llevasen al lugar donde se daban las batallas: decian que por esto seria el niño muy aficionado á la guerra; y si era muger enterraban el ombligo cerca del Logon y decian que por esto seria aficionada á estar en casa, y hacer las cosas que eran menester para TE
Capítulo X
De la preñada.
Otra abusion tenian. Decian que para que la muger preñada pudiese andar de noche sin ver estantiguas, era menester llevase un poco de ceniza en el seno ó en la cintura junto á la carne,
Capítulo XI
De la casa de la recien parida.
Otra abusion tenian, que quando alguna muger iba á ver alguna recien parida y llevaba algunos hijuelos consigo, en llegando á la casa de la recien parida, iba al hogar y fregaba con ceniza todas las coyunturas de sus niños y las sienes. Decian, que si esto no hacian, aquellas criaturas quedarian mancas de las coyunturas, y que todas ellas crugirian quando las moviesen.
Capítulo XII
Del Terremoto.
Tenian otra abusion, que quando temblaba la tierra, luego tomaban á sus niños con ambas las munos por cabe las sienes y los levantaban en alto. Decian que sino hacian aquello que no crecerian y que los llevaria el temblor consigo. Tambien quando temblaba la tierra rociaban con agua todas sus alhajas, tomando el agua con la boca, soplandola sobre ellas; y tambien por los postes y umbrales de las puertas y de la casa. Decian, que sino hacian esto, que el temblor lo llevaria consigo; y los que no hacian esto, eran reprendidos de los otros. Y luego que comenzaba á temblar la tierra, comenzaban á dar grita, dandose con las manos en las bocas, para que todos advirtiesen que temblaba la tierra.
Capítulo XIII
Del Tenamazth.
Otra abusion tenian. Decian que los que ponian el pié sobre las trevedes, que son tres piedras sobre que ponen las ollas sobre el fuego, por el mismo caso serian desdichados en la guerra, y no podrian huir y caerian en las manos de sus enemigos; y por eso los padres y madres prohibian á sus hijos que no pusiesen los pies sobre el Tenamazili ó trevedes.
Capítulo XIV
De la tortilla que dobla con el comal.
Tenian otra abusion. Decian que quando se dobla la tortilla echandola en el comal para cocerse, era señal que alguno venia á aquella casa, ó que el marido de aquella muger que cocia el pan, si era ido fuera, venia yá y habia coceado la tortilla por se doblar.
Capítulo XV
De lamer el Metatl.
Otra abusion tenian. Decian que el que lamiese la piedra en que muelen, que se llama Metatl, sele caerian presto los dientes y muelas, y por esto los padres y madres prohibian á sus hijos que no lamiesen los Metatles.
Capítulo XVI
Del que está armado al poste.
Otra abusion tenian. Decian que los que se arrimaban á los postes serian mentirosos, porque los postes son mentirosos y hacen mentirosos á los que se arriman á ellos, y por esto los padres y madres prohibian á sus hijos que no se arrimasen á los postes.
Capítulo XVII
Del comer estando en pie.
Otra abusion tenian. Decian que las mozas que comian estando en pié, que no se casarian en su pueblo sino en pueblos agenos, y por esto las madres prohibian á sus hijas que no comiesen estando en pié.
Capítulo XVIII
Del quemar de los escobajos del maiz.
Otra abusion tenian. Decian que donde quiera que habia una muger recien parida, no echaban en el fuego las escobas ó granzones del maiz, que son aquellas mazorquillas que quedan despues de desgranado el maiz, que llaman Olotl. Decian que si se quemaban estos escobajos en aquella casa, la cara del niño que habia nacido sería pecosa y hoyosa; y para que esto no fuese, habiendo de quemar estos granzones, tocabanlos primero en la cara del niño, llevandolos por encima, sin tocar en la carne.
Capítulo XIX
De la muger preñada.
Otra abusion dejaron los antiguos, y és, que la muger preñada se debia de guardar de que no viese á ninguno que ahorcaban ó daban garrote, porque si lo veia, decian, que el niño que tenia en el vientre naceria con una soga de carne á la garganta. Tambien decian, que si la muger preñada miraba al sol ó á la luna quando se eclipsaba, la criatura que tenia en el vientre nacerian en ella latos los bezos, y por esto las preñadas uo osaban mirar al eclipse; para que esto no aconteciese si mirasen el eclipse poniase una navajuela de piedra negra en el seno que tocase á la carne. Tambien decian, que la muger preñada, si mascase aquel betun que llaman Tzictli, la criatura quando naciese que la aconteceria aquello que llaman Motentiopomih, que mueren de ello las criaturas recien nacidas; y causase de que quando mama la criatura, si su madre de presto le saca la teta de la boca, lastimase el paladar, y luego queda mortal. Tambien decian, que la muger preñada si anduviese de noche y veia alguna estantigua, lo que naciese tendria mal de corazon; y para remediar esto, la muger preñada, quando andaba de noche, poniase unas chinas en el seno, ó un poco de ceniza del hogar, ó unos pocos de inciensos de esta tierra, que llaman Estaubiatl; y tambien los hombres se ponian en el seno chinas ó Pieyetl, para excusar el peligro del hijo que estaba en el vientre de la madre; y si esto no hacian, decian, que la criatura naceria con una enfermedad que llaman Ayomama, ó con otra enfermedad que llaman Cuetzpaliciviztli, ó con lobanillos en las ingles.
Capítulo XX
De la mano de la mona,
Tenian otra abusion, y aun todavia la hay. Los mercaderes y los que venden mantas procuraban de tener una mano de mona. Decian que teniendola consigo quando vendian, que luego se les vendia su mercaderia, y aun ahora se hace esto; y tambien quando no se vende su mercaderia, á la noche en volviendo á su casa ponen entre las mantas dos baynas de Chiles. Decian, que les daban comer Chile para que otro dia se vendiesen.
Capítulo XXI
Del majadero y Comal.
Otra abusion. El que jugaba á la pelota ponia el Metall y el Comal boca abajo en el suelo, y el majadero colgaba en un rincon; y con esto decian, que no podia ser ganado, sino que habia de ganar. Tambien quando armaban trampas para los ratones en casa ponian el majadero fuera de la casa. Decian, que si estuviese dentro de la casa, no caerian los ratones, porque el majadero los avisaria para que no cayesen.
Capítulo XXII
De los ratones.
Otra abusion tenian. Decian que los ratones sabian quando alguno estaba amancebado en alguna casa, y luego van alli y roen y agujerean los Chicuites y esteras y los vasos; y esto és señal que hay algun amancebado en alguna casa, y llaman á cesto Tlaculli. Y quando á la muger casada los ratones agujereaban las naoas, entendia su marido que le hacia adulterio; y si los ratones agujereaban la manta al hombre, entendia la muger que le hacia adulterio.
Capítulo XXIII
De las gallinas.
Otra abusion tenian. Decian que quando las gallinas estaban echadas sobre los huevos, si alguno iba acia ellas calzado con cotaras, no sacarian pollos, y si los sacasen serian enfermos y luego se moririan; y para remedio de esto ponian cabe el nido de las gallinas unas cotaras viejas.
Capítulo XXIV
De los pollos.
Otra abusion. Decian que quando nacian los pollos, si algun amancebado entraba en la casa donde estaban, luego los pollos se caian muertos las patas arriba; y esto llaman Tlazolmiqui; y si alguno de la casa estaba amancebado, ó la muger ó el varon, lo mismo acontecia á los pollos, y en esto conocian que habia algun amancebado en alguna casa.
Capítulo XXV
De las piernas de las mantas.
Otra abusion tenian, Decian, que quando se tejia alguna tela, ora fuese para manta, ora para naoas, ora para vipil, si la tela se aflojaba de una parte mas que de otra, decian, que aquel para quien era, era persona de mala vida, y que se parecia en que la tela separaba vizcornada.
Capítulo XXVI
Del granizo.
Otra abusion tenian. Quando alguno tenia alguna sementera de maiz, ó de chile, ó de chian, ó de frisoles, si comenzaba á granizar, luego sembraba ceniza por el patio de su casa.
Capítulo XXVII
De los brujos.
Tenian otra supersticion. Decian, que para que no entrasen los brujos en casa para hacer daño, era buena una navaja de piedra negra en una escudilla de agua, puesta en el patio de la casa. De noche decian, que se veian alli los brujos, y en viendose en el agua con la navaja dentro luego daban á huir, hi osaban mas volver á aquella casa.
Capítulo XXVIII
De la comida del raton que sobra.
Otra supersticion era. Decian que el que comia lo que el raton habia roido, pan ó queso ú otra cosa, que le levantarian algun falso testimonio de hurto ó de adulterio ó de otra cosa.
Capítulo XXIX
De las uñas.
Otra abusion era. Que los que se cortaban las uñas las echaban en el agua y decian que por esto el animalejo que se llama Avitzotl, haria que les naciesen bien las uñas, porque és muy amigo de comer las uñas.
Capítulo XXX
Del estornudo.
Otra supersticion. — Decian que el que estornudaba, era señal que alguno decia mal de él, ó que algunos hablaban de él.
Capítulo XXXI
De los niños ó niñas.
Orrra abusion, y és que quando comian ó bebian en presencia de algun niño que estaba en la cuna, ponianle un poco en la boca de lo que comian ó bebian. Decian que con esto no le daria hipo quando comiese ó bebiese.
Capítulo XXXII
De las cañas verdes de maiz.
Ortra abusion. Decian que el que comia cañas de maiz verdes de noche, que le daria dolor de muelas ó dientes; y para que esto no aconteciese, el que comia alguna caña verde de noche calentabala al fuego.
Capítulo XXXIII
Del respendar de los maderos.
Otra abusion. Decian, quesi respendaba ó se quebraba algun madero de los del edificio de la casa, era señal que alguno de los de la casa habia de morir ó enfermar.
Capítulo XXXIV
Del Metatl.
Otra abusion. Decian, que quando se quebraba la piedra de moler, que se llama Metail, estando moliendo, era señal que la que molia habia de morir ó alguno de la casa.
Capítulo XXXV
De la casa nueva por quien sacaba fuego nuevo.
Otra abusion: quando alguno edificaba alguna casa nueva, habiendola acabado, juntaba los parientes y vecinos, y delante de ellos sacaba fuego nuevo en la misma casa; y si el fuego salia presto, decian, que la habitacion de la casa seria buena y apacible; y si el fuego tardaba en salir, decian, que era señal que la habitacion de la casa seria desdichada y penosa.
Capítulo XXXVI
Del baño ó Temazcalli,
Otra abusion. Decian que si algun mellizo estaba cerca del baño quando le calentaban, aunque estuviese muy caliente le baria enfriarse, y mucho mas si era alguno de los que se bañasen; y para remediar esto, que regase con agua quatro veces con su mano lo interior del baño, y con esto no se enfriaba sino calentaba mas.
Otra abusion tenian acerca de los mellizos. — Decian que si entraban donde tenian Tochimitl, luego se dañaba el color, y lo que se teñia salia manchado, especialmente lo colorado; y para remediar esto dabanle á beber un poco del agua con que teñian.
Otra abusion tenian acerca de los mellizos. Decian que si entraba un mellizo donde se cocian tamales, luego los aojaba, y tambien á la olla; que no se podian cocer aunque cociesen un dia entero, y salian ametalados, en parte cocidos y en parte crudos. Y para remediar esto hacianle que él mismo pusiese el fuego á la olla echando leña debajo de ella; y si por ventura echaban tamales delante de él en la olla para que se cociesen, el mismo mellizo habia de echar uno en la misma olla, y sino no se cocerian.
Capítulo XXXVII
De quando los muchachos mudan los dientes.
Otra abusion tenian acerca del mudar de los dientes de los muchachos. Decian que quando mudaba un diente algun muchacho, su madre ó padre echaba el diente mudado en el agujero de los ratones, ó mandabalo echar. Decian que si no lo echaban en el agujero de los ratones, no naceria y se quedaria desdentado.
Estas abusiones empecen contra la Fé, y por eso conviene saberlas y predicar contra ellas. Hanse supuesto estas pocas, aunque hay otras muchas mas. Los diligentes predicadores y confesores busquenlas para entenderlas en las confesiones y para predicar contra ellas, porque son como una sarna que enferma á la Fé.
