Sahagún, Historia general — Libro VI: retórica y filosofía moral (parte 1 de 3)

Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España. Libro VI: De la retórica y filosofía moral (parte 1 de 3)

Texto: Bernardino de Sahagún; capítulos I–XL según la edición de Bustamante (México, 1829), prólogo y capítulos XLI–XLIII según la de Kingsborough (Londres, 1830). Transcripción y disposición: Grok Bot (IA), revisadas por Orlando Santos.

El Libro VI es el corazón de la Historia general. Sahagún lo tituló «De la retórica, filosofía moral y teología de la gente mexicana», y en él reunió los huehuetlahtolli, la «antigua palabra»: los discursos que los nahuas aprendían de memoria y pronunciaban en los momentos graves de la vida. Hay oraciones a Tezcatlipoca y a Tláloc en tiempo de peste, de hambre o de guerra; los discursos de los señores y de sus oradores cuando se elegía un nuevo gobernante, y la plática con que este hablaba por primera vez a su pueblo; los consejos de los padres y las madres a sus hijos e hijas; y las palabras de los casamientos, del embarazo y del parto, de la partera al recién nacido y de los padres que entregaban a sus hijos al calmécac. Cierran el libro adagios, adivinanzas y metáforas.

En el prólogo, Sahagún responde a quienes llamaban ficción a su obra: nadie podría haber inventado ese lenguaje, dice, y cualquier indio entendido lo reconocería como propio de sus antepasados. Se ha sugerido que estos discursos fueron de lo primero que reunió, hacia 1547, antes de emprender el resto de la obra; la versión castellana que aquí se lee la hizo él mismo en 1577, «despues de treinta años que se escribió en la lengua mexicana». Se ha sugerido también que el vocabulario cristiano de esa traducción («dios», «pecado», «confesion») dice más del traductor que de los oradores: el náhuatl del Códice Florentino sigue siendo la fuente.

Primera parte: el prólogo y los capítulos I a XVI, con las oraciones a los dioses y los discursos de los señores y de sus oradores.

Sobre esta edición. Los capítulos I a XL siguen la edición de Carlos María de Bustamante (México, 1829, tomo II, págs. 33–232); el prólogo y los capítulos XLI a XLIII siguen, como el resto de la serie, la de Lord Kingsborough (Londres, 1830). Kingsborough había dejado fuera de su volumen VII los cuarenta primeros capítulos, por eso los tomamos de Bustamante. Conservamos la ortografía de cada edición («lenguage», «muger», «ecsortar» en 1829; «quatro», «ivan» en 1830). Bustamante suprimió dos pasajes «por decencia», en los capítulos XXV y XXVII; lo dice en sus notas, que reproducimos. Sus notas, señaladas «Nota de Bustamante», son del editor de 1829 y a menudo expresan opiniones suyas, no de Sahagún.

Esta serie publica la Historia general en su texto castellano. El Libro I sigue la edición de Bustamante (México, 1829); los libros II a XI siguen el texto que Lord Kingsborough imprimió en el volumen VII de sus Antiquities of Mexico (Londres, 1830), salvo los capítulos I a XL de este Libro VI, tomados de Bustamante. El Libro XII, dedicado a la Invasión española, no se incluye en esta serie, que se ocupa de la descripción del mundo nahua.

Textos: Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España, ed. Carlos María de Bustamante, tomo II (México, 1829), dominio público, vía Internet Archive; y en Edward King, vizconde de Kingsborough, Antiquities of Mexico, vol. VII (Londres, 1830), dominio público, vía Internet Archive. Transcripción: Grok Bot (IA), revisada por Orlando Santos, a partir del reconocimiento óptico de caracteres de Internet Archive, cotejado con un segundo reconocimiento hecho sobre las imágenes de página y corregido a mano en los pasajes dudosos. Para el náhuatl, véase el Códice Florentino Digital (Getty Research Institute). Imagen de portada: Códice Florentino, primera página del libro VI (World Digital Library), vía Wikimedia Commons (dominio público).

Índice del Libro VI
  • Prólogo
  • Parte 1 (esta página): oraciones a los dioses y discursos de los señores
  • Capítulo I — Del lenguage y afectos que usaban cuando oraban al principal dios llamado Tezcatlipuca, en tiempo de pestilencia para que se las quitase: es oracion de los…
  • Capítulo II — De la oracion conque oraban al dicho Tezcatlipuca y Toalliehecatl, demandándole socorro contra la pobreza.
  • Capítulo III — Del lenguage y afectos que usaban, cuando oraban al principal dios llamado Tezcatlipuca Yautlnecociautlmonenequi, demandándole favor en tiempo de guerra…
  • Capítulo IV — Del lenguage y afectos que usaban cuando oraban al principal dios llamado Tezcatlipuca, Teiocoiani Tehimatini 1.° proveedor de las cosas necesarias,…
  • Capítulo V — Del lenguage y afectos que usaban cuando oraban al mayor de los dioses llamado Tezcatlipuca-Titlacaoamoquequeloa, despues de muerto el señor, para que los…
  • Capítulo VI — Del lenguage y afectos que usaban orando á Tezcatlipuca, demandándole tuviese por bien quitase del señorio, por muerte, ó por otra via, al señor que no…
  • Capítulo VII — De la confesion auricular que estos naturales usaban en tiempo de su infidelidad, una vez en la vida.
  • Capítulo VIII — Del lenguage y afectos que usaban orando al dios de la lluvia llamado Tlaloc, el cual tenian que era señor y rey del paraiso terrenal, con otros muchos…
  • Capítulo IX — Del lenguage y afectos que usaba el señor despues de electo para dar gracias á Tezcatlipuca, por haberle elegido en señor, y demandarle favor y lumbre para…
  • Capítulo X — Del lenguage y afectos que usaban para hablar y avisar al señor recien electo. Es plática de alguna persona muy principal, ó de algun pilli, ó tecutli, el…
  • Capítulo XI — De lo que dice otro orador en acabando el primero, mostrando brevemente la alegria de todo el reino por su eleccion, y mostrando el deseo que todos sus…
  • Capítulo XII — De lo que responde el señor á sus oradores humillándose, y dándoles gracias por lo que han dicho.
  • Capítulo XIII — De los afectos y lenguage que usa el que responde por el señor á los oradores cuando el señor no se halla para responder: es oracion de algun principal,…
  • Capítulo XIV — En que se pone una larga plática conque el señor habla á todo el pueblo por la primera vez, ecsortándolo á que nadie se emborrache ni hurte, ni cometa…
  • Capítulo XV — Despues de la plática del señor, se levanta otro principal y hace otra al pueblo en presencia del mismo rei, encareciendo las palabras que este dijo,…
  • Capítulo XVI — De la respuesta que hacia un viejo principal y sábio en el árte de bien hablar respondiendo de parte del pueblo, y agradeciendo la doctrina que contenia el…
  • Parte 2: los consejos de padres y madres
  • Capítulo XVII — Del razonamiento lleno de muy buena doctrina en lo moral, que el señor hacia á sus hijos cuando ya habian llegado á los años de la discrecion, ecsortándolos…
  • Capítulo XVIII — Del razonamiento que los señores hacian á sus hijas cuando ya habian llegado á los años de discrecion, ecsortandolas á muchas cosas: háblanlas muy tiernas…
  • Capítulo XIX — En acabando el padre de ecsortar á la hija, luego delante de él tomaba la madre la mano, y con muy amorosas palabras la decia, que tuviese en mucho lo que…
  • Capítulo XX — Del lenguage y afectos que usaba el padre principal ó señor, para amonestar á su hijo á la humildad y conocimiento de sí mismo, para ser acepto á los dioses…
  • Capítulo XXI — Del lenguage y afectos que el padre, señor y principal usaba para persuadir á su hijo al amor de la castidad, donde pone cuan amigos eran los dioses de los…
  • Capítulo XXII — En que se contiene la doctrina que el padre principal, ó señor daba á su hijo acerca de las cosas, y política esterior: conviene á saber: como se habia de…
  • Parte 3: casamiento, parto, crianza; adagios y metáforas
  • Capítulo XXIII — De la manera que hacian los casamientos estos naturales.
  • Capítulo XXIV — En que se pone lo que hacian cuando la recien casada se sentia preñada.
  • Capítulo XXV — Del lenguage que usaban dando la enhorabuena á la preñada hablando con ella: es plática de alguno de los parientes de él; avisábanla en ella muchas cosas, y…
  • Capítulo XXVI — En que se pone lo que los padres de los casados hacian cuando ya la preñada estaba en el sétimo ú octavo mes.
  • Capítulo XXVII — De como una matrona parienta del moso, hablaba á la partera para que se encargara del parto de la preñada, y de como la partera respondia aceptando el…
  • Capítulo XXVIII — De las diligencias que hacia la partera, llegada la hora del parto, para que la preñada pariese sin pena, y de los remedios que la aplicaba si tenia mal parto.
  • Capítulo XXIX — De como á las mugeres que morian de parto las canonizaban por diosas, y las adoraban como á tales, y tomaban reliquias de su cuerpo; y de las ceremonias que…
  • Capítulo XXX — De como la partera hablaba al niño en naciendo, y las palabras que le decia de alhago, regalo, ternura y amor. Tambien se ponen muy claras palabras que la…
  • Capítulo XXXI — De lo que la partera decia al niño cuando le cortaba el ombligo.
  • Capítulo XXXII — De como la partera en acabando de hacer lo arriba dicho, luego lavaba la criatura, y de la manera que hacian aquel lavatorio, y lo que la partera rezaba…
  • Capítulo XXXIII — Del razonamiento que hacia la partera á la recien parida, y de las gracias que los parientes de la parida la hacian por su trabajo, y de lo que ella respondia.
  • Capítulo XXXIV — Que entre los señores principales y mercaderes, usaban los unos á los otros dar la enhorabuena del primogenito, enviando dones, y quien de su parte hablase…
  • Capítulo XXXV — Del parlamento que hacian los embajadores enviados de los señores de otros pueblos, á saludar á la criatura, y á sus padres, y de lo que respondian de parte…
  • Capítulo XXXVI — De como los padres de la criatura hacian llamar á los adivinos, para que dijesen la fortuna que consigo traía la criatura, segun el signo en que habia nacido.
  • Capítulo XXXVII — Del bautismo de la criatura, y de todas las ceremonias que en él se hacian, del poner el nombre á la criatura, y del convite de los niños &c.
  • Capítulo XXXVIII — Del Bautismo de las niñas en cuanto toca á algunas particulares ceremonias que se hacian.
  • Capítulo XXXIX — De como los padres y madres, deseando que sus hijos, é hijas viviesen, prometian de los meter en la casa de religion, que en cada pueblo habia dos, una mas…
  • Capítulo XL — De como en llegando el tiempo de meter á su hijo, ó hija donde le habian prometido, se juntaban todos los parientes ancianos, y avisaban al muchacho ó…
  • Capítulo XLI — De algunos de los adagios que esta gente Mexicana usaba.
  • Capítulo XLII — De algunos zazaniles de los muchachos, que usa esta gente Mexicana, que son como los que cosa y cosa de nuestra lengua.
  • Capítulo XLIII — De algunas metaforas delicadas con sus declaraciones.
  • Notas de Bustamante

Libro sexto

De la retórica, filosofía moral y teología de la gente mexicana, donde hay cosas muy curiosas tocantes á los primores de su lengua, y cosas muy delicadas tocantes á las virtudes morales.

Prólogo

Todas las naciones, por barbaras y de bajo metal que hayan sido, hán puesto los ojos en los sabios y poderosos para persuadir, y en los hombres eminentes en las virtudes morales, y en los diestros y valientes en los ejercicios belicos; y mas en los de su generacion que en los de las otras. Hay de esto tantos ejemplos entre los Griegos y Latinos, Españoles, Franceses y Italianos, que están los libros llenos de esta materia. Esto mismo se usaba en esta nacion Indiana, y mas principalmente entre los Mexicanos; entre los quales los sabios retoricos y virtuosos y esforzados eran tenidos en mucho; y de estos elegian para Pontifices, para Señores, y principales y capitanes, por de baja suerte que fuesen. Estos regian las republicas y guiaban los ejercitos y presidian los templos. Fueron cierto en estas cosas extremados, devotisimos para con sus Dioses, celosisimos de sus republicas, entre si muy urbanos, para con sus enemigos muy crueles, para con los suyos humanos y severos; y pienso que por estas virtudes alcanzaron el imperio, aunque les duró poco y ahora lo hán perdido, como verá claro el que cotejare lo contenido en este libro con la vida que ahora tienen. La causa de esto, no la digo por estar muy clara. En este libro se verá muy claro que lo que algunos emulos han afirmado, que todo lo escrito en estos libros antes de este y despues de este, son ficciones y mentiras, hablan como apasionados y mentirosos, porque lo que en este libro está escrito, no cabe en entendimiento de hombre humano el fingirlo, ni hombre viviente pudiera fingir el lenguage que en él está; y todos los Indios entendidos si fueran preguntados afirmarian que este lenguage és propio de sus antepasados y obras que ellos hacian.

Capítulo I

Del lenguage y afectos que usaban cuando oraban al principal dios llamado Tezcatlipuca, en tiempo de pestilencia para que se las quitase: es oracion de los sacerdotes, en la cual le confiesan por todopoderoso, nO visible nm palpable, usan de muy hermosas metáforas y maneras de hablar.

¡Oh valeroso señor nuestro debajo de cuyas alas nos amparamos, defendemos, y hallamos abrigo! tú eres invisible y no palpable, bien así como la noche y el aire. ¡Oh! que yo bajo y de poco valor, me atrevo á parecer delante de V. M.! Vengo á hablar como rústico y tartamudo: será la manera de mi hablar, como quien va saltando camellones, ó andando de lado, lo cual es cosa muy fea, por lo cual temo de provocar vuestra ira contra mí, y en lugar de aplacaros, temo de indignaros; pero V. M. hará lo que fuere servido de mi persona. ¡Oh señor que habeis tenido por bien de desampararnos en estos dias conforme al consejo que vos teneis así en el cielo como en el infierno! ¡Ay dolor! que la ira é indignacion de V. M. ha descendido en estos dias sobre nosotros, porque las aflicciones grandes y muchas de vuestra indignacion nos han anegado y sumido, bien así como piedras, lanzas y saetas, que han descendido sobre los tristes que vivimos en este mundo, y esto es la gran pestilencia con que somos afligidos, y casi destruidos. ¡Oh señor valeroso y todopoderoso! ¡Ay dolor, que yá la gente popular se vá acabando, y consumiendo! gran destruccion y grande estrago hace ya la pestilencia en toda la gente; y lo que mas es de doler, que los niños inocentes y sin culpa que en ninguna otra cosa entendian, sino en jugar con las pedrezuelas, y en hacer montecillos de tierra, ya mueren como abarrados y estrellados en las piedras, y en las paredes, (cosa de ver muy dolorosa y lastimosa) por que ni quedan los que aun no saben andar ni hablar; pero tampoco los que están en las cunas. ¡Oh señor que todo vá abarrisco![1] los menores, medianos, mayores, viejos y viejas, y la gente de media edad, hombres y mugeres, no queda plante ni mante:[2] ya se asola y destruye vuestro pueblo, vuestra gente y vuestro caudal; ¡óh señor nuestro, valerosísimo, humanísimo, y amparador de todos! ¿qué es esto, qué vuestra ira é indignacion se gloría y recrea en arrojar piedras, lanzas, y saetas? El fuego de pestilencia muy encendido está en vuestro pueblo, como el fuego en la cabaña que vá ardiendo y humeando, que ninguna cosa deja enhiesta ni sana: ejercitais vuestros colmillos despertadores, y vuestros azotes lastimeros, sobre el miserable de vuestro pueblo flaco y de poca substancia, bien así como una caña hueca verde. ¿Pues qué es ahora señor mio valeroso, piadoso, invisible é impalpable, á cuya voluntad obedecen todas las cosas, de cuya disposicion pende el régimen de todo el órbe, á quien todo está sujeto? ¿qué es lo que habeis determinado en vuestro divino pecho? ¿Por ventura habeis resuelto desamparar del todo á vuestro pueblo, y á vuestra gente? ¿Es verdad que habeis determinado el que perezca totalmente, y no haya mas memoria de él en el mundo, y que el sitio donde están poblados, sea una montaña de árboles, ó un pedregal despoblado? ¿Por ventura los templos, oratorios, altares, y lugares edificados á vuestro servicio, habeis de permitir que se destruyan y asolen, y no haya mas memoria de ellos? ¿Es posible que vuestra ira y castigo, y la indignacion de vuestro enojo, es del todo implacable, y que ha de proceder hasta llegar al cabo de nuestra destruccion? ¿Está yá así determinado en el vuestro divino consejo, que no se ha de hacer misericordia, ni habreis de tener piedad de nosotros, sino que se han de agotar las saetas de vuestro furor, en nuestra total perdicion y destruccion? ¿Es posible que este azote y este castigo no se nos dá para nuestra correccion y enmienda, sino para total destruccion y asolamiento, y que jamás ha de resplandecer el sol sobre nosotros, sino que estémos en perpetuas tinieblas, y eterno silencio? ¿Y qué nunca mas nos habeis de mirar con ojos de misericordia, ni poco, ni mas? ¿De esta manera quereis destruir los tristes enfermos, que no se pueden revolver de una parte á otra, ni tienen un momento de descanso, y tienen la boca y dientes llenos de tierra y sarro? ¡Es gran dolor de decir que ya todos estamos en tinieblas, y no hay seso ni sentido para ayudar el uno al otro, ni para mirar el uno por el otro! Todos están como borrachos y sin seso, sin esperanza de ninguna ayuda; yá los niños chiquitos perecen de hambre, porque no hay quien les dé de comer ni de beber, ni quien les consuele ni regale, ni aun quien dé el pecho á los que aun maman: esto á la verdad acontece porque sus padres y madres se han muerto, y los dejaron huérfanos y desamparados sin ningun abrigo; padecen por los pecados de sus padres: ¡Oh señor nuestro todopoderoso, misericordioso y nuestro amparo! dado que vuestra ira y vuestra indignacion, saetas y piedras, han gravemente herido á esta pobre gente, sea esto castigo como de padre ó madre que reprehender á sus hijos tirándolos de las orejas, pellizcándolos en los brazos, azotándolos con ortiga, y derramando sobre ellos agua muy fria; y todo esto se hace para que se enmienden en sus mocedades y niñerias; pues ya es así que vuestro castigo y vuestra indignacion se ha enseñoreado, y ha prevalecido sobre estos vuestros siervos, sobre esta pobre gente; bien así como las gotas del agua, que despues de haber llovido sobre los árboles y cañas verdes, tocándoles el aire, caen sobre los que están debajo de ellas. ¡Oh señor humanísimo! bien sabeis que la gente popular es como niños, que despues de haber sido azotados y castigados, lloran y sollozan, y se arrepienten de lo que han hecho. Por ventura ya estas gentes pobres por razon de vuestro castigo, lloran, suspiran, y se reprenden á sí mismos, y están murmurando de sí: en vuestra presencia se acusan y tachan sus malas obras, y se castigan por ellas. ¡Señor nuestro humanísimo, piadosísimo, nobilísimo, y preciosísimo! baste ya el castigo pasado, y seales dado término para su enmienda: sean acabados aquí, sino otra vez cuando ya no se enmendaren: perdonadlos y disimulad sus culpas; cese yá vuestra ira y vuestro enojo, recogedla yá dentro de vuestro pecho para que no haga mas daño: descanse yá, y recójase vuestro coraje y enojo, que á la verdad de la muerte no se pueden escapar ni huír para ninguna parte. Debemos tributo á la muerte, y sus vasallos somos cuantos vivimos en el mundo; este tributo todos le pagan á la muerte, nadie dejará de seguirla porque es vuestro mensagero á la hora que fuere enviado, pues que esta muerte tiene hambre y sed de tragar á cuantos hay en el mundo, y es tan poderosa que nadie se le podrá escapar: entónces todos serán castigados conforme á sus obras. ¡Oh señor piadosísimo! á lo menos apiadaos y habed misericordia de los niños que están en las cunas, de los que aun no saben andar, ni saben otra cosa sino burlarse con las pedrezuelas y hacer montoncillos de tierra; habed tambien misericordia, señor, de los pobres misérrimos que no tienen que comer, ni con que cubrirse, ni en que dormir, ni saben que cosa es un dia bueno; todos sus dias pasan con dolor, afliccion y tristeza. No convendría, señor, que os olvidárades de haber misericordia de los soldados y hombres de guerra, que en algun tiempo los habreis menester, y mejor será que muriendo en la guerra vayan á la casa del sol, y allí sirvan comida y bebida, que no que mueran de esta pestilencia y vayan al infierno. ¡Oh señor valerosísimo, amparador de todos, señor de la tierra, gobernador del mundo y señor de todos! baste yá el pasatiempo y contento que habeis tomado en el castigo que está hecho: acábese yá señor este humo y esta niebla de vuestro enojo, y apáguese tambien el fuego quemante y abrasador de vuestra ira: venga la serenidad y claridad, comienzen yá las avecillas de vuestro pueblo á cantar y á escollarse al sol: dadles tiempo sereno, en que os llamen y en que hagan oracion á V. M. y os conozcan. ¡Oh señor nuestro valerosísimo, piadosísimo, nobilísimo! Esto poquito he dicho delante de V. M., y no ten go mas que decir, sino postrarme y arrojarme á vuestros pies, demandando perdon de las faltas que en mi oracion he hecho; por cierto no querria quedar en la desgracia de V. M., y no tengo mas que decir.[3]

Capítulo II

De la oracion conque oraban al dicho Tezcatlipuca y Toalliehecatl, demandándole socorro contra la pobreza.

¡Oh señor nuestro valerosísimo, humanísimo y amparador! vos sois el que nos dais vida y sois invisible, y no palpable; señor de todos, y señor de las batallas: aquí me presento delante de V. M., que sois amparador y defensor: aquí quiero decir algunas pocas palabras á V. M., por la necesidad que tienen los pobres populares, y gente de baja suerte y de poco caudal en hacienda, y menos en el entender y discrecion, pues que cuando se echan en la noche, no tienen nada, ni tampoco cuando se levantan á la mañana; pásaseles la noche y el dia en gran pobreza. Sepa V. M. que vuestros vasallos y siervos, padecen gran pobreza, tanto, cuanto no se puede encarecer mas de decir, que es grande su pobreza y desamparo: los hombres no tienen una manta con que se cobigen, ni las mugeres encuentran unas enaguas con que se envuelvan y tapen sus carnes, sino algunos andrajos por todas partes rotos, y que por todas partes entra el aire y el frio. Con gran trabajo y gran cansancio pueden allegar lo que es menester para comer cada dia; andando por las montañas y páramos buscando su mantenimiento, andan tan flacos y tan descaecidos, que traen las tripas apegadas á las costillas, y todo el cuerpo repercutido: andan como espantados, y su cara y cuerpo son como imágen de muerte, y estos tales si son mercaderes, solo venden sal en panes, y chile deshechado, que la gente que algo tiene, no cura de estas cosas, ni las tiene en nada, y ellos la salen á vender de puerta en puerta, y de casa en casa; y cuando estas cosas no se les venden, asiéntanse muy tristes cerca de algun seto, ó de alguna pared, ó en un rincon, allí están relamiendo los bezos, [ó labios] y royéndo las uñas de las manos con la hambre que tienen: allí están mirando á una parte y á otra á la boca de los que pasan, esperando que les digan alguna palabra. ¡O señor nuestro muy piadoso! otra cosa no menos dolorosa quiero decir, que la cama en que se echan no es para descansar, sino para padecer tormento en ella: no tienen sino un andrajo que echan sobre sí de noche; de esta manera duermen, y en cama tal como está dicho, arrojan sus cuerpos y los hijos que los habeis dado: por la miseria en que se crian por la freza[4] de la comida, y no tener con que cubrirse, traen la cara amarilla, y todo el cuerpo de color de tierra, y andan temblando de frio; algun andrajo traen estos en lugar de manta atado al cuello, y otro semejante las mugeres atadas las caderas, y andan apegada la barriga con las costillas que se les pueden contar los huesos: andan zancadillando con flaqueza y no pudiendo andar; andan llorando, suspirando, y llenos de tristeza: toda la desventura junta está en ellos, en todo el dia se quitan de sobre el fuego, allí hallan un poco de refrigerio. ¡Oh señor nuestro humanísimo, invisible, impalpable! ¡suplicoos tengais por bien de apiadaros de ellos, y de conocerlos por vuestros vasallos y siervos pobrecitos, que andan llorando y suspirando, llamandoos y clamando en vuestra presencia, y deseando vuestra misericordia con angustia de corazon! ¡Oh señor nuestro en cuyo poder está dar todo contento y refrigerio, dulcedumbre, suavidad, riqueza, y prosperidad, porque vos solo sois el señor de todos los bienes! suplicoos hayais misericordia de ellos, porque vuestros siervos son. Suplicoos señor que tengáis por bien de que esperimenten un poco de vuestra ternura y regalo, y de vuestra dulzura y suavidad, de que á la verdad tienen gran necesidad y trabajo. Suplicoos que levanten su cabeza con vuestro favor y ayuda: suplicoos tengais por bien de que gozen algunos dias de prosperidad y descanso: suplicoos tengan algun tiempo en que su carne y sus huesos reciban alguna recreacion y holgura: tened por bien señor que duerman y descansen con reposo: suplicos les deis dias de vida prósperos y pacíficos. Cuando fuéredes servido, les podeis quitar, esconder y ocultar lo que les habeis dado, despues que lo hayan gozado algunos pocos dias, como quien goza de una flor olorosa y hermosa, que en breve tiempo se marchita, y esto cuando les fuere causa de soberbia, y de presuncion y altivez, las mercedes que les habeis hecho, y con ellas se hicieren briosos, presuntuosos y atrevidos; entónces las podeis dar á los tristes, llorosos, angustiados, pobres y menestoros, que son humildes, obedientes, serviciales y familiares en vuestra casa, y hacen vuestro servicio con grande humildad y diligencia, y os dan su corazon muy deveras; y si este pueblo por quien te ruego y suplico que le hagas bien, no conociere el que le dieres, le quitarás el bien y echarle has la maldicion para que le venga todo el mal, para que sea pobre, necesitado, manco, cojo, ciego y sordo, y entónces se espertará y verá el bien que tenia, y en qué ha parado, y entónces te llamará y se acogerá á tí y no le oiras, porque en el tiempo de la abundancia no conoció el bien que le hiciste. En conclusion, suplicoos señor humanísimo, y beneficentísimo, que tenga por bien V. M. de dar á gustar á este pueblo las riquezas y haciendas que vos soleis dar, y de vos suelen salir, que son dulces y suaves, y que dan contento y regalo, aunque no sean sino por breve tiempo y como sueño que pasa; porque cierto, ha mucho tiempo que anda triste, pensativo, y lloroso delante de V. M., por el angustia trabajo y afán que siente su cuerpo y corazon, sin tener descanso ni placer alguno, y de esto no hay duda alguna, sino que á este pobre pueblo, menesteroso y desabrigado, le acontece todo lo que tengo dicho; y esto por sola vuestra liberalidad y magnificencia lo habeis de hacer, que ninguno es digno ni merecedor de recibir vuestras larguezas por su dignidad y merecimiento, sino que por vuestra benignidad[5] sacais debajo del estiercol[6] y buscais entre las montañas á los que son vuestros servidores, amigos y conocidos, para levantarlos á riquezas y dignidades. ¡Oh señor nuestro humanísimo! hágase vuestro beneplácito como lo teneis en vuestro corazon ordenado, y no tengamos que decir. Yo hombre rústico y comun, no quiero con importunacion y proligidad, dar fastidio y enojo á V. M., diciendo de donde proceda mi mal, mi perdicion y mi castigo: ¿á quien hablo? ¿dónde estoy? hállome hablando con V. M.: bien se que estoy en un lugar muy eminente, y que hablo con una persona de gran magestad, en cuya presencia corre un rio que tiene una barranca profundísima y precisa ó tajada; y así mismo está en vuestra presencia un resbaladero donde muchos se despeñan, ni hay quien no yerre delante de V. M., y yo tambien como hombre de poco saber, y muy defectuoso en el hablar atreviéndome á dirijir mis palabras delante de V. M., yo mismo me he puesto á peligro de caer en la barranca y sima de este rio. Yo señor con mis manos he venido á tomar ceguedad para mis ojos, y pudrimiento y tullimiento para mis miembros, y pobreza y afliccion para mi cuerpo, por mi bajeza y rusticidad; esto es lo que yo merezco recibir. Vivid y reinad para siempre, vos que sois nuestro señor, nuestro abrigo y nuestro amparo, humanísimo, piadosísimo, invisible é impalpable en toda quietud y sosiego.

Capítulo III

Del lenguage y afectos que usaban, cuando oraban al principal dios llamado Tezcatlipuca Yautlnecociautlmonenequi, demandándole favor en tiempo de guerra contra sus enemigos: es oracion de los Sátrapas que contiene cosas muy delicadas.

¡Señor nuestro humanísimo, piadosísimo, amparador y defensor, invisible é impalpable, por cuyo albedrio y sabiduria somos regidos y gobernados, debajo de cuyo imperio vivimos, y señor de las batallas! es cosa muy cierta y averiguada, que comienza á prepararse y concertarse la guerra. El dios de la tierra abre la boca con hambre de tragar la sangre de muchos que morirán en esta lucha: parece que se quieren regocijar, el sol y el dios de la tierra llamado Tlaltecutli, quieren dar de comer y beber á los dioses del cielo y del infierno, haciéndoles convite con sangre y carne de los hombres, que han de morir en esta guerra. Ya están á la mira los dioses del cielo y del infierno, para ver quienes son los que han de vencer, y quienes los que han de ser vencidos; quienes los que han de matar, y quienes los que han de ser muertos, cuya sangre ha de ser bebida, y cuya carne ha de ser comida; de lo cual están ignorantes los padres y madres nobles, cuyos hijos han de morir. Asimismo lo ignoran todos sus parientes y afines, y las amas que los criaron cuando niños, y los dieron la leche conque los alimentaron, por los cuales sus padres padecieron muchos trabajos, buscándoles las cosas necesarias de comer, beber, vestir y calzar, hasta ponerlos en la edad en que ahora están; ciertamente no adivinaban el fin que habian de tener los hijos que con mucho trabajo crearon, ó si habian de ser cautivos ó muertos en el campo. Tened otro sí por bien, ó señor nuestro, que los nobles que murieron en el contraste de la guerra, sean pacífica y agradablemente recibidos del sol y de la tierra, que son padre y madre de todos, con entrañas de amor. Porque á la verdad no os engañeis en lo que haceis, conviene á saber: en querer que mueran en la guerra, porque ciertamente para esto los enviasteis á este mundo, para que con su carne y con su sangre, den de comer al sol y á la tierra. No te ensañes señor ahora nuevamente contra estos en el ejercicio de la guerra, porque en el mismo lugar donde estos morirán, ha muerto gran cantidad de gentes rojos, y nobles, señores, capitanes, y valientes hombres, porque la nobleza y generosidad de los nobles, y magnánimos en el ejercicio de la guerra, se manifiesta y se señala, y allí dais señor á entender, de cuanta estima y preciosidad es cada uno, para que por tal sea tenido y honrado, bien así como piedra preciosa y plumage rico. ¡Oh señor humanísimo, señor de las batallas, emperador de todos cuyo nombre es Tezcatlipuca, invisible é impalpable! suplicoos que aquel ó aquellos que permitiéredes morir en esta guerra, sean recibidos en la casa del sol en el cielo, con amor y honra, y sean colocados y aposentados entre los valientes y famosos que han muerto en la guerra: conviene á saber, los señores Quitzicquaquatzin, Maceuhcatzin, Tlacahuepantzin, Ixtlilcuechavac, Ihuitltemuc con el señor Chavacuetzin, y con todos los demas valientes y famosos hombres, que perecieron en la campaña antes de esta, los cuales están haciendo regocijo y aplauso, á nuestro señor el sol, con el cual se gozan y están ricos perpetuamente de él, que nunca se les acabará, y siempre andan chupando el dulzor de todas las flores deleitables y suaves de gustar. Este es grande porte á los valientes y esforzados que murieron en la guerra, y con este se embriagan de gozo, y no se les acuerda, ni tienen cuenta con noche ni con dia, ni con años, ni con tiempos, porque su gozo y su riqueza es sin fin, y las flores que chupan nunca se marchitan, y son de gran suavidad, y con deseo de ellas se esforzaron á morir los hombres de buena casa. En conclusion, lo que ruego á V. M., que sois nuestro señor humanísimo, y nuestro emperador invictísimo és, que tengais por bien que los que murieron en esta guerra, sean recibidos con entrañas de piedad y de amor de nuestro padre el sol, y de nuestra madre la tierra, porque vos solo vivís y reinais, y sois nuestro señor humanísimo. No solamente ruego por aquellos muy principales, generosos y nobles, sino tambien por todos los demas soldados que son afligidos y atormentados en su corazon, y claman en vuestra presencia llamandoos, y que no tienen en nada sus vidas, pues que sin temor se arrojan á los enemigos con deseo de morir. Concededles siquiera alguna partecilla de lo que quieren y desean, que es algun reposo y descanso en esta vida; ó si acá en el mundo no han de medrar, señaladlos por servidores y oficiales del sol, para que administren comida y bebida á los del infierno, y á los del cielo; y aquellos que han de tener cargo de regir la república, ó han de ser tlacateccatl, ó tlacochcalatl.[7] Dadles habilidad para que sean padres y madres de la gente de guerra, que andan por los campos y por los montes, y suben los riscos, y descienden á las barrancas, y en su mano ha de estar el sentenciar á muerte á los enemigos y criminosos; y tambien el distribuir vuestras dignidades, que son los oficios y las armas de la guerra, é insignias, como privilegiar á los que han de traer barbotes y bollas en la cabeza, y orejeras, pinjantes, brazaletes, y cueros amarillos atados á las gargantas de los pies, y que han de privilegiar y declarar la manera de maxtles y mantas que á cada uno conviene traer. Estos mismos han de dar licencia á los que han de usar y traer piedras preciosas, como son chalchivites y turquesas, y plumas ricas en los areytos, y quien ha de usar collares y joyas de oro, todo lo cual son dones delicados y preciosos, que salen de vuestras riquezas, y haceis merced á los que hacen hazañas y valentías en la guerra. Ruego asímismo á V. M., hagais mercedes de vuestra largueza á los demas soldados bajos; dadlos algun abrigo y buena posada en este mundo; hacedlos esforzados y osados, y quitad toda cobardia de su corazon, para que con alegria, no solamente reciban la muerte, sino que la deseen, y la tengan por suave y dulce; y que no teman las espadas ni las saetas, sino que las tengan por cosa suave y dulce, como á flores y manjares suaves; ni teman ni se espanten de la grita y alaridos de sus enemigos. Esto haced con ellos como con vuestros amigos; y por cuanto és V. M. señor de las batallas, y de cuya voluntad depende la victoria, y á quien quereis ayudais, y á quien quereis desamparais, y no teneis necesidad de que nadie os dé consejo; y pues que esto es así, suplico á V. M. que desatineis y emborracheis á nuestros enemigos, para que se arrojen en nuestras manos, y sin hacernos daño, caigan todos en las de nuestros soldados y peleadores, que padecen pobreza y trabajos. ¡Oh señor nuestro! tenga por bien V. M., pues que sois dios, y lo podeis todo y lo sabeis, y entendeis en disponer todas las cosas, y en ordenar y disponer aquesta vuestra república, que sea rica, próspera, ensalzada, honrada, y afamada en los ejercicios y valentías de la guerra, y que vivan y sean prósperos aquellos en quien está ahora el ejercicio de la guerra que sirven al sol; y si en adelante tuviéredes por bien que mueran en la guerra, sea para que vayan á la casa del sol con los varones famosos y valientes, que allá están y murieron en la campaña.

Capítulo IV

Del lenguage y afectos que usaban cuando oraban al principal dios llamado Tezcatlipuca, Teiocoiani Tehimatini 1.° proveedor de las cosas necesarias, demandando favor para el señor recien electo para que hiciese bien su oficio. Es oracion de los Sátrapas.

Hoy dia bien aventurado ha salido el sol, hanos alumbrado, y nos ha comunicado su claridad y resplandor, para que en él sea labrada una piedra preciosa, un hermoso zafiro. Hanos aparecido una nueva luz, hanos llegado una nueva claridad, hásenos dado una hacha muy resplandeciente que ha de regir y gobernar nuestro pueblo, y ha de tomar acuestas los negocios y trabajos de nuestra república; ha de ser imágen y substituto de los señores y gobernadores que ya pasaron de esta vida, los cuales por algunos dias trabajaron en llevar consigo las pesadumbres de esta vuestra gente, y vinieron á poseer vuestro trono y silla, que es la principal diligencia de este vuestro pueblo, provincia y reino, y la tuvieron y poseyeron en vuestro nombre y persona algunos pocos dias. Aquellos ya son idos, ya pasaron de esta vida, y dejaron la gran carga que trageron acuestas, carga de gran peso y fatiga, y que pocos la pueden sufrir. Ahora señor estamos maravillados, de como has puesto tus ojos en este hombre rústico, y de poco saber N.... para que algunos dias, ó por algun poco tiempo tenga el gobierno de vuestra república, y de vuestro pueblo, provincia, ó reino. ¡Oh señor nuestro humanísimo! ¿Tenéis por ventura falta de personas, y de amigos? no por cierto, que tantos teneis que no se pueden contar; ¿y en éste rústico y persona baja, cómo habeis puesto los ojos sobre él? ¿Es por ventura por yerro, ó por no conocerlo, ó es porque le habeis puesto prestado, entre tanto que buscais otro que lo haga mejor que el hombre indiscreto, desatentado, sin provecho, y hombre que vive en este mundo por demas.? Finalmente damos gracias á V. M. por la merced que nos habeis hecho, y lo que en esto pretendeis, vos solo lo sabeis, quizás de antemano ya está proveido de este oficio: hágase vuestra voluntad, segun la determinacion de vuestro corazon: sirva por algunos dias y tiempos: bien podrá ser que aunque defectuosamente desempeñe en este oficio, ó por ventura dará desasosiego y pondrá espanto á sus subditos, ó acaso hará las cosas sin consejo y sin consideracion, ó teniéndose por digno de aquella dignidad, pensará que mucho tiempo permanecerá en ella, ó se le volverá en triste sueño, ó le será ocasion de soberbia y de presuncion esta ocupacion y dignidad que V. M. le ha dado, y menospreciará á todos, ó andará con pompa y con fausto. V. M. sabe á qué se ha de inclinar de aquí á pocos dias, porque nosotros los hombres somos vuestro espectáculo, y teatro de quien vos os reís, y regocijais. Por ventura perderá su dignidad por sus niñerias, ó sucederá que por su descuido y pereza; pues á la verdad ninguna cosa se esconde á V. M. porque vuestra vista penetra las piedras y maderos, y tambien vuestro oído, ó acaso la perderá por la arrogancia, y jactancia interior de sus pensamientos, y por esta causa daréis con él en el muladar y en el estiercol, y su merecido será ceguedad, tullimiento, y estrema pobreza hasta la hora de su muerte, donde le pondreis debajo de vuestros pies; y pues que este pobre hombre está colocado en este peligro y riesgo, suplicoos pues que sois nuestro señor, y amparador invisible é impalpable, por cuya virtud vivimos, y debajo de cuya voluntad y albedrio estamos, y que vos solo disponeis y proveis en todo; que tengais por bien de hacer misericordia con él, pues está menesteroso, y es vuestro vasallo y siervo, y está ciego y privado de los ojos, y os digneis de proveerle de vuestra luz y resplandor, pára que sepa lo que ha de pensar, lo que ha de obrar, y el camino que ha de llevar, para no errar en su oficio segun vuestra disposicion y voluntad. V. M. sabe lo que le ha de acontecer de dia y de noche en su oficio: sabemos señor humanísimo, que nuestros caminos y obras no están tanto en nuestra mano, como en la del que nos mueve. Si alguna cosa aviesa ó mal hecha hiciere, en la dignidad que le habeis dado, y en la silla en que lo habeis puesto que es vuestra, donde está tratando los negocios populares, como quien laba cosas sucias, con agua muy clara y muy limpia, en la cual silla y dignidad tiene el mismo oficio de labar vuestro padre y madre, de todos los dioses, el dios antiguo, que es el dios del fuego que está en medio de las flores, y en medio del albergue cercado de cuatro paredes, y está cubierto con plumas resplandecientes que son como álas; lo que este electo hiciere mal hecho con que provoque vuestra ira é indignacion, y despierte vuestro castigo contra sí, no será de su alvedrio ó de su querer, sino de vuestra permision, ó de alguna otra sugestion vuestra, ó de otro; por lo cual os suplico tengais por bien de abirle los ojos, y darle luz, y abridle tambien las orejas, y guiad á este pobre electo; no tanto por lo que es él, sino principalmente por aquellos á quien ha de regir y llevar acuestas. Suplico que ahora desde el principio le inspireis lo que ha de hacer en su corazon, y el camino que ha de llevar, pues que le habeis hecho silla en que os habeis de asentar, y tambien le habeis hecho como flauta vuestra para que tañendo signifique vuestra voluntad. Hacedle señor como verdadera imágen vuestra, y no permitais que en vuestro trono y estrado se ensoberbezca ó altivezca; mas antes tened señor por bien que sosegada y cuerdamente rija y gobierne á aquellos de quien tiene cargo, que es la gente popular, y no permitais, que agravie ni veje á sus súbditos, ni sin razon y justicia eche á perder á nadie. Tampoco permitais señor que mancille y ensucie vuestro trono y estrado con alguna injusticia, ó agravio; que haciendo esto pondrá tambien mácula en vuestra honra, y en vuestra fama. Ya señor este pobre hombre ha aceptado y recibido la honra y señorio que V. M. le ha dado; ya tiene la posecion de la gloria y riquezas: ya le habeis adornado las manos y los pies, la cabeza, orejas y labios, con barbote, orejeras, brazaletas, y con cuero amarillo para las gargantas de los pies: no permitais señor que estos atabios, é insignias y ornamentos, le sean causa de altivez y presuncion; mas antes tened por bien, que os sirva con humildad y llaneza. ¡Oh señor nuestro humanísimo! tened asímismo por bien que rija y gobierne vuestro señorio, que ahora le habeis encomendado con toda prudencia y sabiduria! plegaos de ordenar, que ninguna cosa haga mal hecha con que os ofenda, y dignaos de andar con él, y guiarle en todo; y si esto no habeis de hacer, ordenad desde luego que sea aborrecido y mal querido, y que muera en la guerra á manos de sus enemigos, que se vaya á la casa del sol donde será guardado como una piedra preciosa, y estimado su corazon por el señor sol, muriendo en la guerra como hombre valeroso y esforzado; pues muy mejor le será esto, que ser deshonrado en este mundo, y mal querido y aborrecido de los suyos por sus faltas, ó defectos. ¡Señor humanísimo que proveis á todos de lo necesario! haced que esto se ejecute así como os lo tengo rogado, y suplicado.

Capítulo V

Del lenguage y afectos que usaban cuando oraban al mayor de los dioses llamado Tezcatlipuca-Titlacaoamoquequeloa, despues de muerto el señor, para que los diese otro. Es oracion del mayor Sátrapa donde se ponen muchas delicadezas. [8]

Señor nuestro ya y.M. sabe como es muerto nues» tro N.: ya lo habeis puesto debajo de vuestros pies; ya esta en su recogimiento, y es ido por el camino que todos hemos de ir y á la casa donde hemos de morar, casa de perpetuas tinieblas, donde ni hay ventana, ni luz alguna: ya está en el reposo donde nadie le desasosegará. Hizo aca su oficio en serviros algunos dias y años, no sin culpas y sin ofensas de V. M., y dístele en este mundo á gustar algun tanto de vuestra suavidad y dulzura, como pasándosela por delante de la cara, como cosa que pasa de presto. Esto es la dignidad del oficio en que le pusisteis, en que: algunos dias os sirvió como está dicho, con suspiros, lloros y con oraciones devotas delante de V. M. ¡ay dolor! que ya se fué á donde está nuestro padre, y nuestra madre el dios del infierno, aquel que descendió cabeza abajo al fuego, el cual desea llevarnos allá á todos, con muy inportunoso deseo, como quien muere de hambre y de sed, el cual está en grandes tormentos de dia y de noche, dando voces y demandando que vayan allá muchos. Ya está allá con él este N. y con todos sus antepasados, que primero fueron, y tambien gobernaron este reino, donde este tambien reinó, uno de los cuales fué Acamapichtli, otro fué Tyzoc: otro Avitzotl: otro el primero Mocthecuzoma: otro Axáyacatl, y los que ahora á la postre han muerto como el segundo Mocthecuzoma, y tambien Mocthecuzoma Ilhuicamina. Todos estos señores y reyes, rigieron, gobernaron, y gozaron del señorio y dignidad real, y del trono y sitial del imperio, los cuales ordenaron y concertaron las cosas de vuestro reino, que sois el universal señor y emperador, por cuyo albedrio y motivo se rige todo el universo, y que no teneis necesidad de consejo de ningun otro. Ya estos dichos dejaron la carga intolerable del gobierno que trageron sobre sus hombros, y lo dejaron á su succesor N. el cual por algunos pocos dias tuvo en pie su señorio y reino, y ahora ya se ha ido en pós de ellos al otro mundo, porque vos le mandasteis que fuese y le llamasteis, y por haberle descargado de tan gran carga, y quitado tan gran trabajo, y haberle puesto en paz y en reposo, está muy obligado á daros gracias. Algunos pocos dias le logramos, y ahora para siempre se ausentó de nosotros para nunca mas volver al mundo. ¿Por ventura fué á alguna parte de donde otra vez pueda volver acá? ¿para qué otra vez sus vasallos puedan ver su cara? ¿Por ventura vendrános á decir hágase esto ó aquello? ¿Vendrá otra vez á ver á los cónsules, y regidores de la república? Verlehan por ventura mas? ¿Conocerle han mas? ¿Oirán por ventura mas su mandamiento y decreto? ¿Vendrá en algun tiempo á dar consuelo y refrigerio á sus principales, y cónsules? ¡Ay dolor, que del todo se nos acabó su presencia, y para siempre se nos fué! ¡Ay dolor, que ya se nos mató nuestra candela y nuestra lumbre, y la hacha que nos alumbraba, del todo la perdimos! ¡Dejó perpetua horfandad, y perpetuo desamparo á todos sus súbditos é inferiores! ¿Tendrá por ventura cuidado de aquí adelante, del gobierno de este pueblo, provincia ó reino, aunque se destruya y asole el pueblo, con todos los que en él viven, ó el señorio ó reino? ¡O señor nuestro humanísimo! ¿es cosa convenible, por ventura que por la ausencia del que murió, venga al pueblo, señorio ó reino, algun infortunio en que sean destrozados, desbaratados, y ahuyentados los vasallos que en él viven, porque viviente el que murió estaba amparado debajo de sus álas, y tenia tendidas sobre él sus plumas.? ¡Gran peligro corre este vuestro pueblo, señorio y reino, si no se elige otro con brevedad que le ampare! ¿Pues qué es lo que V. M. determina de hacer? ¿Es bien que esté á obscuras este vuestro pueblo? ¿Es bien que esté sin cabeza, y sin abrigo? ¿Queréisle por ventura asolar y destruir? ¡O pobrecitos de macehuales que andan buscando su padre y su madre, y quien los ampare y gobierne, así como el niño pequeñuelo que anda llorando buscando á su madre, y á su padre cuando están ausentes, y reciben gran angustia cuando no los hallan! ¡O pobrecitos de los mercaderes, que andan por los montes, páramos y zacatales; y tambien de los tristes labradores, que andan buscando yerbezuelas para comer, raíces y leña para quemar, ó para vender, de que viven! ¡O pobrecitos de los soldados y hombres de guerra, que andan buscando la muerte, y tienen ya aborrecida la vida, y en ninguna otra cosa piensan sino en el campo, y en la raya donde se dan las batallas! ¿á quien apellidarán? cuando tomaren algun cautivo ¿á quien le presentarán? ¿y si le cautivaren, á quien darán noticia de su cautiverio, para que se sepa en su tierra que es cautivo? ¿á quién tomará por padre y por madre para que en estos casos semejantes le favorezca, pues que ya es muerto el que hacia esto, el que era como padre y madre de todos? no habrá ya quien llore ni quien suspire por los cautivos, porque no habrá ya quien dé noticia de ellos á sus parientes. ¡O pobrecitos de los pleiteantes, y que tienen litigios con sus adversarios que les toman sus haciendas! ¿Quien los juzgará, pacificará y los limpiará de sus contiendas y porfias; bien así como el niño cuando se ensucia, que si su madre no le limpia, estáse con su suciedad? ¿y aquellos que se revuelven unos con otros, y se abofetean, apuñean y aporrean ¿quién pondrá paz entre ellos? ¿y aquellos que por estas causas andan llorosos y derramando lágrimas, quien los limpiará las lágrimas, y remediará sus lloros? ¿podránse ellos remediar así mismos por ventura? ¿Y los que merecen muerte, sentenciarse han ellos por ventura? ¿Quien pondrá el trono de la judicatura? ¿Quien tendrá el estrado del juez, pues no hay ninguno? ¿Quien ordenará y dispondrá las cosas necesarias al bien del pueblo, señorio y reino? ¿Quien elegirá á los jueces particulares, que tengan cargo de la gente baja por los barrios? ¿Quien mandará tocar el atambor y pífano para juntar gente para la guerra? ¿Y quien reunirá y acaudillará á los soldados viejos, y hombres diestros en la pelea? ¡Señor nuestro y amparador nuestro! tenga por bien V. M. de elegir, y señalar alguna persona suficiente para que tenga vuestro trono, y lleve á cuestas la carga pesada del régimen de la república, regocige, y regale á los populares, bien así como la madre regala á su hijo poniéndole en su regazo: ¿quien alegrará y regocijará al pueblo á manera del que tañe á las obejas que andan remontadas, ó amotinadas para que se asienten? ¡O señor nuestro humanísimo! haced esta merced á N. que nos parece que es para este oficio: elegidle y señaladle para que tenga este vuestro señorio y gobernacion ¡dadle como prestado vuestro trono y sitial, para que rija este señorio y reino por el tiempo que viviere! sacadle de la bajeza y humildad en que está, y ponedle en esta honra y dignidad que nos parece es digno de ella! ¡O señor nuestro humanísimo! dad lumbre y resplandor de vuestra mano á esta república ó reino!. Lo dicho solamente vengo á proponer delante de V. M. aun que muy defectuosamente, como quien está borracho vá zancadillando, y medio cayendo. Hágase como V. M. fuere servido en todo, y por todo.

Capítulo VI

Del lenguage y afectos que usaban orando á Tezcatlipuca, demandándole tuviese por bien quitase del señorio, por muerte, ó por otra via, al señor que no hacia bien su oficio: es oracion ó maldicion del mayor Sátrapa, contra el señor.

¡O señor nuestro humanísimo, que haceis sombra á todos los que á vos se allegan como el árbol de muy gran altura y anchura! sois invisible é impalpable, y tenemos entendido que penetrais con una vista las piedras y árboles, viendo lo que dentro está escondido, y por la misma razon veis y entendéis lo que está dentro de nuestros corazones, y veis nuestros pensamientos. Nuestras ánimas en vuestra presencia son como un poco de humo, y de niebla, que se levanta de la tierra: no se os pueden ahora esconder señor, las obras y maneras de vivir de fulano: veis y sabeis sus cosas, y las causas de su altivez y ambicion: que tiene un corazon cruel y duro, y usa de la dignidad que le habeis dado, así como el borracho usa del vino, y como el loco de los beleños; esto es que la riqueza, dignidad y abundancia que por breve tiempo le habeis dado, que se pasa como el sueño del señorio y trono vuestro que posee, esto le desatina y altiveze, desasosiega, y se le vuelve en locura, como el que come beleños que le enloquecen. Así á este la prosperidad le hace que á todos menosprecie, y á ninguno tenga en nada; parece que su corazon está armado de espinas muy agudas, y tambien su cara; y esto bien se parece en su manera de vivir y en su manera de hablar, que ninguna cosa hace ni dice que dé contento á nadie: no cura de nadie, ni toma consejo con nadie: vive segun su parecer, y segun su antojo. ¡O señor nuestro humanísimo, y amparador de todos, y proveedor de todas las cosas, y criador y hacedor de todos! esto es muy cierto, que él se ha desbaratado, y se ha hecho como hijo desagradecido á los beneficios de su padre, y está hecho como un borracho que no tiene seso: las mercedes que le habeis hecho, y la dignidad en que le habeis puesto, han sido la ocasion de su perdicion. A mas de lo dicho tiene otra cosa, harto reprehensible y dañosa, que no es devoto, ni ora á los dioses, ni llora delante de ellos, ni se entristece por sus pecados, ni suspira, y esto le procede de haberse desatinado en los vicios como borracho: anda como una persona valdia y vacia, y muy desatinada: no tiene consideracion de quien es, ni del oficio que ejerce. Ciertamente deshonra y afrenta á la dignidad y trono que ocupa que es cosa vuestra, y debia ser muy honrada y reverenciada, porque de ella depende la justicia y rectitud de la judicatura que tiene, para el sustento y buen regimiento de vuestro pueblo: vos que sois emperador de todos, y para que la gente baja no sea agraviada, ni oprimida de los mayores: asímismo de ella depende el castigo y humillacion de aquellos que no tienen respeto á vuestro trono y dignidad. Y tambien los mercaderes que son á quien vos dais mas de vuestras riquezas, y que discurren y andan por todo el mundo, por las montañas y despoblados, buscando con lágrimas vuestros dones, mercedes y regalos, lo cual vos dais con dificultad, y á quienes son vuestros amigos. Todo esto recibe detrimento con no hacer él su oficio como debe, ¡oh señor! que no solamente os deshonra en lo yá dicho; pero aun tambien cuando nos solemos juntar á entonar los vuestros cantares, donde demandamos vuestras mercedes y dones, y donde sois alabado y rogado, y donde los tristes afligidos y pobres se esfuerzan y consuelan, y los que son cobardes se alientan para morir en la guerra. En este lugar santo y tan digno de reverencia, hace este hombre disoluciones, destruye la devocion, y desasosiega á los que en este lugar os sirven y alaban, en el cual vos juntais y señalais á los que son vuestros amigos, como el pastor señala sus ovejas cuando se cantan vuestros loores. Y pues que vos señor oís y sabeis ser verdad todo lo que he dicho en vuestra presencia, no hay mas sino que hagáis vuestra santa voluntad, y el beneplácito de vuestro corazon, remediando este negocio; á lo menos señor, castigadle de tal manera, que sea escarmiento para los demas, para que no le imiten en su mal vivir. Véngale de vuestra mano el castigo segun que á vos pareciere; ora sea enfermedad; ora otra cualquiera afliccion, ó privadle del señorio para que pongais á otro de vuestros amigos, que sea humilde, devoto y penitente, que teneis vos muchos tales, que ni os faltan personas, cuales son menester para este oficio, las cuales os están esperando y llamando, y los teneis conocidos por amigos y siervos, que lloran y suspiran en vuestra presencia cada dia. Elegid alguno de estos para que tenga la dignidad de este vuestro renio y señorio: haced esperiencia de alguno de estos. ¿Cual de estas cosas ya dichas quiere V. M. conceder, ó quitarle el señorio, dignidad y riquezas con que se ensoberbece, y darlo á alguno que sea devoto y penitente, y os ruegue con humildad, y sea hábil y de buen ingenio, humilde y obediente? ¿ó por ventura sois servido, que este á quien han ensoberbecido vuestros beneficios caiga en pobreza, y en miseria, como uno de los mas pobres rústicos, que apenas alcanzan que comer, beber y vestir, ¿ó por ventura place á V. M. de hacerle un recio castigo de que se tulla todo el cuerpo, ó incurra en ceguedad de los ojos, ó se le pudran los miembros.? ¿O por ventura sois servido de sacarle de este mundo, por muerte corporal, y que se vaya al infierno, á la casa de las tinieblas y obscuridad, donde hemos de ir todos donde está nuestro padre, y nuestra madre la diosa, y el dios del infierno? Paréceme señor que esto le conviene mas, para que descanse su corazon y su cuerpo allá en el infierno, con sus antepasados que están ya en aquel lugar. ¡O señor nuestro humanísimo! ¿Que és lo que mas quiere vuestro corazon? vuestra voluntad sea hecha. A esto que ruego á V. M. no me mueve envidia ni odio, ni con tal intencion he venido á vuestra presencia; lo que me mueve no es otra cosa sino el robo y mal tratamiento que se hace á los populares, y la paz y prosperidad de ellos. No querria señor provocar contra mí vuestra ira é indignacion, que soy un hombre bajo y rústico: bien sé señor que penetrais los corazones, y sabeis los pensamientos de todos los mortales.

Capítulo VII

De la confesion auricular que estos naturales usaban en tiempo de su infidelidad, una vez en la vida. [9]

Despues que el penitente habia dicho sus pecados delante del Sátrapa, luego él mismo hacia la oracion que se sigue delante de Tezcatlipuca. «¡O señor nuestro humanísimo, amparador y favorecedor de todos! ya habeis oído la confesion de este pobre pecador, con la cual ha publicado en vuestra presen-

cia sus podredumbres y hediondeces; ó por ventura ha ocultado algunos de sus pecados en vuestra presencia; y si es así ha hecho burla de V. M., y con desacato y grande ofensa, se ha arrojado á una cima, y en una profunda barranca, y él mismo se ha enlazado y enredado; él mismo ha merecido ser ciego, tullido, y que se lepudran sus miembros, y que sea pobre y mísero. ¡Ay dolor que si este pobre pecador ha tenido tanto atrevimiento de hacer esta ofensa á V. M. que sois señor y emperador de todos, y que teneis cuenta con todos, él mismo se ató y se envileció, é hizo burla de sí mismo; y esto vuestra V. M. bien lo vé, porque veis todas las cosas por ser invisible, é incorpóreo; é si esto es así, él de su voluntad ha venido á ponerse, y meterse en el peligro y riesgo en que está, porque este es lugar de justicia muy recta, y de estrecha judicatura: es como una agua clarísima, con que vos señor labais las culpas de los que derechamente se confiesan; y si por ventura ha incurrido en su perdicion, y en el abreviamiento de sus dias; ó si por acaso ha dicho toda verdad, y se ha librado y desatado de sus culpas y pecados, ha recibido el perdon de ellos en que habia incurrido, como quien resbala, y cae en vuestra presencia ofendiendoos en diversas culpas, y ensuciándose así mismo, y arrojándose en una cima profunda, y en una poca de agua sin suelo; y como hombre pobrecito y flaco cayó, y ahora tiene dolor y descontento de todo lo pasado: su corazon y su cuerpo reciben gran dolor y desasosiego; ya está muy pesaroso de haver hecho lo que hizo: ya tiene propósito muy firme de nunca mas ofenderos. En presencia de V. M. hablo, que sabe todas las cosas, y sabe tambien que este pobre, no pecó con libertad entera del libre albedrio, porque fué ayudado é inclinado de la condicion natural del signo en que nació.[10] Y pues que así es, ó señor humanísimo amparador y favorecedor de todos, y puesto caso que gravemente os haya ofendido este pobre hombre ¿por ventura no apartareis vuestra ira, y vuestra indignacion de él? dadle señor término, favorecedle y perdonadle, pues que llora, gime y solloza, mirando delante de sí en lo que mal hizo, y en lo que os ofendió: tiene gran tristeza, derrama muchas lágrimas, aflige su corazon el dolor de los pecados, y no solamente se duele de ellos, pero aun se espanta de los mismos. Y pues así, tambien és cosa justa que vuestro furor é indignacion contra él se aplaque, y sus pecados se echen aparte. Pues que sois señor piadosísimo, tened por bien de perdonarle, y limpiarle: otórgale señor el perdon y la indulgencia, y remision de todos sus pecados, cosa que desciende del cielo, como agua clarísima y purisima para labarlos, con la cual V. M. purifica y laba todas las mancillas y suciedades que los pecados causan en el alma: tened señor por bien que se vaya en paz, y mandadle lo que ha de hacer. Vaya á hacer penitencia, y á llorar sus pecados, y dadle los avisos[11] necesarios para su buen vivir.

Aquí habla el Sátrapa al penitente diciendo: «¡Oh hermano! has venido á un lugar de mucho peligro, y de mucho trabajo y espanto, donde está una barranca precisa, y de peña tajada, que nadie que cae una vez en ella puede jamás salir: has venido asímismo al lugar donde los lazos, y redes están asidos los unos con los otros, y tambien sobre puestos entre sí, de manera que nadie puede pasar sin caer en alguno de ellos, y no solamente lazos y redes, pero hoyos como pozos. Tu mismo te arrojaste en la barranca del rio, y caiste en los lazos y redes donde por ti mismo no es posible que salgas: estos son tus pecados que no solamente son lazos, redes y pozos en que has caído, pero tambien son bestias fieras, que matan y despedazan el cuerpo, y el ánimo. ¿Por ventura has ocultado alguno, ó algunos de tus pecados graves, enormes, sucios y hediondos, los cuales ya están públicos en el cielo en la tierra y en el infierno, y hieden hasta lo postrero del mundo.? Ya has ahora presentádote delante del humanísimo señor nuestro, y amparador de todos, al cual ofendiste y enojaste, y provocaste su ira contra tí, el cual mañana, ú en otro dia te ha de sacar de este mundo, y ponerte debajo de sus pies, y te enviará á la universal casa del infierno, donde está tu padre, y tu madre el dios, y la diosa del infierno, abiertas las bocas con deseo de tragarte á tí, y á cuantos hay en el mundo. Allí te será dado lo que tú mereciste en este mundo, segun la justicia divina, y lo que le demandaste con tus obras de pobreza, miseria y enfermedad. De diversas maneras serás atormentado y afligido por todo estremo, y estarás zabullido en un lago de miserias y tormentos intolerables, y ahora aquí estás, y llegado es el tiempo en que has hecho misericordia contigo mismo, en hablar y comunicarte con nuestro señor, el cual ve todos los secretos de los corazones; pues dí ahora lo que has hecho, y los pecados gravísimos en que has caído, como quien se despeña y se desbarranca en un profundo, y en una sima sin suelo. Cuando fuiste criado y enviado á este mundo, limpio y bueno fuiste criado[12] y enviado, y tu padre y madre Quetzalcoatl, te formó como una piedra preciosa, y como una cuenta de oro de mucho valor; y cuando naciste eras como una piedra rica, y como una joya de oro muy resplandeciente y muy pulida. Pero por tu propia voluntad y albedrio te ensuciaste, te amancillaste, y revolcaste en el estiercol, y en las suciedades de los pecados y maldades que cometiste, y ahora has confesado. Hicístete como un niño sin juicio y sin entendimiento, que con el estiercol, asqueroso, burlando y jugando se ensucia, así te has ensuciado y hecho aborrecible, con los pecados con que te has deleitado y ahora has descubierto y manifestado todos ellos á nuestro señor que es amparador y purificador de todos los pecadores; y esto no lo tengais por cosa de burla, porque de verdad has entrado en la fuente de la misericordia, que es como agua clarísima con que lava las suciedades del alma, nuestro señor dios amparador y favorecedor de todos los que á él se convierten. Habias arrojádote al infierno, y ahora ya has vuelto á resucitar en este mundo, como quien viene del otro: ahora nuevamente has tornado á nacer, ahora nuevamente comienzas á vivir, y ahora mismo te dá lumbre, y nuevo sol nuestro señor dios: tambien ahora de nuevo comienzas á florecer, y á brillar como una piedra preciosa muy limpia que sale del vientre de su madre donde se cria. Y pues que esto es así, mira que vivas con mucho tiento, y con mucho aviso de aquí en adelante, todo el tiempo que en este mundo estuvieres bajo de la potestad y señorio de nuestro señor dios humanísimo, beneficentísimo, y munificentísimo: llora, ten tristeza, anda con humildad, con encogimiento, y con cerviz baja y corbada, orando á nuestro dios; mira que no te ensoberbezcas dentro de tí, porque si esto hicieres desapiadarás á nuestro señor el cual vé los corazones, y pensamientos de todos los mortales, ¿en qué te estimas? en qué te tienes? cual es tu fundamento y raíz? ¿sobre que estribas? claro está que eres nada, y puedes nada, y vales nada, porque nuestro señor hará en tí todo lo que el quisiere, sin que nadie le vaya á la mano. ¿Por ventura enseñarte há aquellas cosas con que atormenta, y con que aflije, para que las veas con tus ojos en este mundo? no por cierto, porque los tormentos y trabajos espantables con que atormenta en el otro mundo, no son visibles ni los pueden ver los que viven aquí, ó te condenará y enviará á la casa universal del infierno, y tu casa donde ahora vives se caerá y estará destruida, y será como muladar de suciedades é inmundicias en la cual solias vivir muy á tu contento, esperando lo que de tí dispusiera nuestro señor y favorecedor, é invisible é incorpóreo, único, y cuando quisiere y por bien tuviere de rozarte las paredes de tu casa, y los sétos y valles con que con mucho trabajo la habias cercado. Por lo cual te ruego, que te levantes y esfuerzes, á no ser de aquí adelante el que fuiste antes de ahora. Toma nuevo corazon, y nueva manera de vivir, y guárdate mucho á no tornar á los pecados pasados; mira que no puedes ver con tus ojos á nuestro señor dios el cual es invisible, é impalpable, y es Tezcatlipuca y es Titlacaoa, y es mancebo de perfecta perfeccion y sin tacha. Esfuérzate á barrer, limpiar, y á concertar toda tu casa, y si esto no haces deshecharás de tu compañia y de tu casa, y ofenderás mucho al humanísimo mancebo, que siempre anda por nuestras casas, y por nuestros barrios, asolazándose y recreandose, y trabaja buscando á sus amigos, para los consolar y consolarse con ellos. En conclusion te digo, que vayas y entiendas en barrer, y en quitar el estiercol, y barreduras de tu casa, y límpiala toda, y limpiate á tí mismo, y busca un esclavo que sacrifiques delante de dios,[13] y haz fiesta á los principales, y canten los loores de nuestro señor. Tambien conviene que hagas penitencia trabajando un año ó mas en la casa de dios, y allí te sacarás sangre, y punzarte haz el cuerpo con puntas de máguéy; y para que hagas penitencia de los adulterios y otras suciedades que hiciste, pasarás cada dia dos veces mimbres, una por las orejas, y otra por la lengua, y no solamente en penitencia de las carnalidades arriba dichas, pero tambien en penitencia de las palabras malas é injuriosas conque afrentaste é injuriaste á tus prójimos, con tu mala ingratitud que tuviste cerca de las mercedes, que te hizo nuestro señor, y por la inhumanidad que tuviste cerca de los prójimos, en no hacer ofrendas de los bienes que te fueron dados de dios, ni en comunicar á los pobres de los bienes temporales que te fueron comunicados á tí por nuestro señor. Tendrás cargo de ofrecer papel y copal, y tambien de hacer limosnas á los hambrientos menesterosos, y que no tienen que comer, ni que beber, ni que vestir, aunque sepas quitártelo de tu comida para se lo dar, y procura de vestir á los que andan desnudos y desarrapados: «mira que su carne es como la tuya, y que son hombres como tú, mayormente á los enfermos porque son imágen de dios. No hay mas que decirte, vé en paz, y ruega á dios que te ayude á cumplir lo que eres obligado á hacer, pues que él es favorecedor de todos.»

Adoraban á Tlacolteutl diosa de la lujuria los mexicanos,[14] especialmente los Mixtecas y Olmecas: dicen que en tiempo de la infidelidad, los Mixtecas estando enfermos, confesaban todos sus pecados á un Sátrapa, y el confesor les mandaba hacer satisfacciones, pagar las deudas, hurtos, usuras y fraudes, y el Sátrapa: ora fuese médico; ora fuese adivino ó astrólogo, mandaba al enfermo que se confesaba, que pagase lo ageno que tenia en su poder.

Los Cuextecas adoraban y honraban á Tlacolteutl, y no se acusaban delante de ella de la lujuria, porque esta no la tenian por pecado.[15]

Los Occidentales como son los de Michoacan, no saben los viejos dar razon, si adoraban á esta diosa de la lujuria llamada Tlacolteutl.

Los Chichimecas no adoraban á Tlacolteutl, porque no tenian mas de un solo dios llamado Mixcoatl, y tenian su imágen ó estatua, y temian otro dios invisible sin imágen llamado Iooalliehecatl que quiere decir dios invisible é impalpable, y favorecedor, amparador y todopoderoso, por cuya virtud todos viven, el cual por solo su saber rige, y hace su voluntad en todas las cosas.

Capítulo VIII

Del lenguage y afectos que usaban orando al dios de la lluvia llamado Tlaloc, el cual tenian que era señor y rey del paraiso terrenal, con otros muchos dioses sus sujetos que llamaban Tlaloques, y su hermana llamada Chicomecoatl 1.ª la diosa Ceres. Esta oracion usaban los Sátrapas en tiempo de seca para pedir agua á los arriba dichos: contiene muy delicada materia, están espresos en ella muchos de los errores que antiguamente tenian.

¡Oh señor nuestro humanísimo, liberal dador y señor de las verduras y frescuras, y señor del paraiso terrenal, oloroso y florido, y señor del incienso ó copal! ¡Ay dolor! que los dioses del agua vuestros súbditos, se han recogido y ocultado en su recogimiento, los cuales suelen dar las cosas necesarias, y son servidos con ulli y auchtli y con copal, y dejaron escondidos todos los mantenimientos necesarios á nuestras vidas, que son como piedras preciosas, esmeraldas y zafiros, y lleváronse consigo á su hermana la diosa de los mantenimientos, y tambien se llevaron consigo á la diosa del chilli ó axi. ¡Oh señor nuestro! duélete de nosotros que vivimos. En las casas de nuestro mantenimiento por tierra ba, todo se pierde y todo se seca, parece que está empolvorizado, y revuelto con telas de arañas por la falta del agua. ¡Oh dolor de los tristes macehuales y gente baja! ya se pierden de hambre, todos andan desemejados y desfigurados, unas orejas traen como de muertos: traen las bocas secas como esparto, y los cuerpos que se les pueden contar todos los huesos, bien como figura de muerte; y los niños todos andan desfigurados y amarillos de color de tierra; no solamente aquellos que ya comienzan á andar, pero aun tambien todos los que están en las cunas. No hay nadie á quien no llegue esta aflicion y tribulacion de la hambre que ahora hay; hasta los animales y aves padecen gran necesidad, por razon de la crecida seca que hay. Es grande angustia de ver las aves, unas de ellas traen las álas caídas y arrastrando de hambre; otras que se van cayendo de su estado que no pueden andar, y otras abiertas las bocas de sed y hambre, y los animales ¡ó señor nuestro! es gran dolor de verlos que andan azcadillando y cayéndose de necesidad, y andan lamiendo la tierra, andan las lenguas colgadas y las bocas abiertas carleando de hambre y sed; la gente toda pierde el seso, y se muere por la falta del agua: todos perecen sin quedar nadie. Es tambien señor gran dolor, ver toda la haz de la tierra seca, ni puede criar ni producir las yerbas, ni árboles, ni cosa ninguna, que pueda servir de mantenimiento; solía como padre y madre criarnos y darnos leche, con los mantenimientos, yerbas y frutos que en ella se criaban, y ahora todo está perdido; no parece sino que los dioses Tlaloques lo llevaron todo consigo, y lo escondieron donde ellos están recogidos en su casa, que és el paraiso terenal. ¡Señor nuestro! todas las cosas que nos soliades dar por vuestra largueza, conque viviamos y nos alegrábamos, y que son vida y alegria de todo el mundo, y que son preciosas como esmeraldus y como zafiros, todas estas se nos han ausentado y se nos han ido. ¡Señor nuestro, dios de los mantenimientos, y dador de ellos, humanísimo, y píadosísimo! ¿qué és lo que habeis determinado hacer de nosotros? ¿Habeis nos por ventura desamparado del todo? ¿no se aplacará vuestra ira é indignacion? habeis determinado que se pierdan todos vuestros siervos y vasallos, y que quede desolado y despoblado vuestro pueblo, reino, ó señorío? ¿Está ya determinado por ventura que esto se haga? ¿determinóse en el cielo, y en el infierno? ¡Oh señor! siquiera concedednos esto, que los niños inocentes que aun no saben andar, y los que están aun en las cunas, sean proveidos de las cosas de comer, porque vivan y no perezcan en esta necesidad tan grande. ¿Qué han hecho los pobrecitos para que sean afligidos y muertos de hambre? ningunas ofensas han hecho, ni saben que cosa es pecar, ni han ofendido á los dioses del cielo ni á los del infierno; y si nosotros hemos ofendido en muchas cosas, y nuestras ofensas han llegado al cielo y al infierno, y los hedores de nuestros pecados se han dilatado hasta los fines de la tierra; justo es que seamos destruidos y acabados, ni tenemos que decir ni conque nos escusar, ni conque resistir á lo que está determinado contra nosotros en el cielo y en el infierno. Hágase, perdámonos todos, y esto con brevedad; pero no sufrámos tan prolija fatiga, que mas grave es lo que padecemos, que si estuviésemos en fuego quemándonos. Cierto, que es cosa espantable sufrir la hambre, que es así como una culebra que con deseo de devorar, está tragando la saliva, y está carleando demandando de comer, y está silvando porque le den comida; es cosa espantosa ver la agonia que tiene demandando el alimento. Es esta hambre tan intensa, como un fuego encendido, que está echando de sí chispas ó centellas. Hágase señor lo que muchos años ha que oímos decir á los viejos y viejas que pasaron: caiga sobre nos el cielo, y desciendan los demonios del aire llamados Tzitzimites, los cuales han de venir á destruir la tierra con todos los que en ella habitan, y para que siempre haya tinieblas y obscuridad en todo el mundo, y en ninguna parte haya habitacion de gente. Esto los viejos lo supieron y ellos lo divulgaron, y de boca en boca ha venido hasta nosotros que se ha de cumplir en el fin del mundo, despues que ya la tierra estuviere harta de producir mas criaturas. ¡Señor nuestro,! por riquezas y pasatiempo tendrémos que esto venga sobre los que ecsistimos. ¡O pobres de nosotros! tuviérades yá por bien señor que viniera pestilencia, que presto nos acabara, la cual plaga suele venir del dios del infierno. En tal caso, por ventura la diosa de los mantenimientos, y el dios de las mieses, hubieran proveido de algun refrigerio, conque los que murieron llevasen alguna mochila para andar el camino ácia el infierno: ¡ojalá esta tribulacion fuera de guerra que procede de la impresion del sol la cual despierta como fuerte y valerosa en la tierra, porque en este caso tuvieran los soldados y valientes hombres, fuertes y belicosos, gran regocijo y placer por hallarse en ella, puesto que allí mueren muchos y se derrama mucha sangre, se hinche el campo de cuerpos muertos, de huesos y calaveras de los vencidos, y se hinche tambien la haz de la tierra de cabellos de las cabezas de los que allí se pelean cuando se pudren! y esto no se teme con tener entendido, que sus almas van á la casa del sol, donde se le hace aplauso al mismo con voces de alegria, y se chupan las flores de diversas maneras con gran delectacion, donde son glorificados y ensalzados todos los valientes y esforzados que murieron en la batalla; y los niños chiquitos tiernos que mueren en la guerra, son presentados al sol muy limpios, pulidos y resplandecientes, como una piedra preciosa; y para ir su camino á la casa del astro bello, vuestra hermana la diosa de los mantenimientos, los provee de su itacatl, ó mochila que han de llevar, porque esta provision de las cosas necesarias, és el refuerzo, el ayo, y el bordon de toda la gente del mundo, y sin ella no se puede vivir. Pero esta hambre conque nos aquejas, ¡ó señor nuestro humanísimo! és tan aflictiva y tan intolerable, que los tristes macehuales no la pueden sufrir ni soportar, y mueren muchas veces estando sanos; y no solamente este daño siente la gente toda, pero tambien todos los animales. ¡Oh señor nuestro piadosísimo! señor de las verduras, gomas, yerbas olorosas y virtuosas: suplicoos tengais por bien mirar con ojos de piedad á la gente de este vuestro pueblo, reino ó señorio, que ya se pierde, ya peligra y se acaba, ya se destruye y perece todo el mundo; hasta las bestias y animales se desaparecen y acaban sin remedio ninguno. Pues que esto pasa así como digo, suplicoos tengais por bien de enviar á los dioses que dan los mantenimientos, las lluvias y temporales, y que son señores de las yerbas y de los árboles, para que vengan á hacer sus oficios acá al mundo. Ábrase la riqueza y la prosperidad de vuestros tesoros: muévanse las sonajas de alegria que son báculos de los señores dioses del agua, y tomen sus cotaras de vlli para caminar con ligereza. Ayudad á nuestro señor el dios de la tierra, siquiera con una mollizna (llovizna) de agua, porque él nos cria y nos mantiene cuando la hay. Tened por bien señor de consolar al maíz, á los elotes, y á los otros mantenimientos muy deseados y muy necesarios, que están sembrados y plantados en los camellones de la tierra, y padecen gran necesidad y angustia por la falta de agua. Tened por bien señor que reciba la gente esta merced y favor de vuestra mano; que merezcan veer y gozar de las verduras y frescor que son como piedras preciosas, que el fruto y la sustancia de los dioses Tlaloques son las nubes que traen consigo, y esparsen sobre nosotros la lluvia. Tened por bien señor que se alegren y regocijen los animales, las yerbas, las aves, y pájaros de preciosas plumas, como son el quechol y caguán, que vuelen canten, y chupen las yerbas y flores, y no sea esto con truenos y rayos significadores de vuestro enojo; porque si vienen nuestros señores Tlaloques con truenos y rayos, como los macehuales están flacos, y toda la gente debilitada de hambre, los espantarán, y atemorizarlos han, y si algunos están ya señalados para que vayan al paraiso terrenal, heridos y muertos con rayos, sean solos estos y no mas, y no se haga daño ni perjuicio á otro alguno ni á la demas gente que anda derramada por los montes y cabañas; ni tampoco dañen á los árboles, magueyes y otras plantas que nacen de la tierra, y son necesarias para la vida, mantenimiento, y comodidad de la gente pobre, desamparada y desdichada, que con dificultad pueden haber los alimentos para pasar la vida, los cuales de hambre andan con las tripas vacias y apegadas á las costillas. ¡Oh señor humanísimo y generosísimo, dador de todos los mantenimientos! tened señor por bien de consolar á la tierra, y á todas las cosas que viven sobre la haz de ella. Con gran suspiro y angustia de mi corazon, llamo y ruego á todos los que sois dioses del agua, que estais en las cuatro partes del mundo, (oriente, occidente, septentrion, mediodia ó austro,) y los que habitais en las concavidades de la tierra, ó en el aire, ó en los montes altos, ó en las cuevas profundas, que vengáis á consolar á esta pobre gente, y á regar la tierra, porque los ojos de los que habitan en ella, así hombres como animales y aves, están puestos sobre vos, y su esperanza en vuestras personas. ¡O señores nuestros! tened por bien de venir.

Capítulo IX

Del lenguage y afectos que usaba el señor despues de electo para dar gracias á Tezcatlipuca, por haberle elegido en señor, y demandarle favor y lumbre para hacer bien su oficio, donde se humilla de muchas maneras.

¡Oh señor nuestro humanísimo, amparador y gobernador invisible é impalpable! bien sé que teneis conocido, que soy un pobre hombre y de baja suerte, criado y nacido entre estiercol; hombre de poca razon y de bajo juicio, lleno de muchos defectos y faltas, que ni me sé conocer, ni considerar quien soy. Habeisme hecho gran beneficio, merced y misericordia, sin merecerlo, pues que tomándome de la basura, me habeis puesto en la dignidad y trono real: ¿quien soy yo señor mio, y qué es mi valer para que me pongais entre los que vos amais, conoceis, y teneis por amigos escogidos, y dignos de toda honra, nacidos y criados para las dignidades y tronos reales, pues para este efecto los criasteis hábiles y prudentes, tomados de nobles y generosos padres, criados y enseñados, y que fueron nacidos y bautizados en signos y constelaciones en que nacen los señores, y para ser vuestros instrumentos é imágenes? para regir vuestros reinos estando dentro de ellos y hablando por su boca, y pronunciando ellos vuestras palabras, y para que se conformen con el querer del antiguo dios y padre de todos los dioses, que es el dios del fuego que está en la alberca del agua entre almenas cercado de piedras como rosas, el cual se llama Xiuhtecutli, quien determina, ecsamina, y concluye los negocios y litigios del pueblo y de la gente popular, como lavándoles con agua, al cual siempre acompañan y están en su presencia las personas generosas arriba dichas? ¡Oh humanísimo señor rector y gobernador! gran merced me habeis hecho: ¿acaso esto ha sido por intercesion y lágrimas que derramaron los pasados señores y señoras que tuvieron cargo de éste reino? cosa sería de gran locura, que yo pensase que por mis merecimientos y por mi valer, me hayais hecho la gracia de haberme puesto en el regimiento muy pesado, dificultoso, y aun espantoso de vuestro reino, que es como un fardo que se lleva acuestas muy enorme, y que con gran dificultad lo cargaron los señores pasados que le rigieron en vuestro nombre. ¡Oh señor humanísimo, regidor y gobernador invisible é impalpable, criador y sabedor de todas las cosas y pensamientos, y adornador de las almas! ¿qué diré mas, pobre de mí? ¿qué modo tendré de regir y gobernar ésta vuestra república? ¿cómo tengo de llevar esta carga del gobierno de la gente popular, yo que soy ciego y sordo, que aun á mí no me sé conocer, ni aun me sé regir, porque estoy acostumbrado á andar entre el estiercol, y mi facultad es buscar y vender yerbas para comer, y traer leña acuestas para vender? lo que yo merezco señor és, ceguedad en los ojos, y tullimiento y pudrimiento en los miembros: andar vestido de un andrajo y de una manta rota, éste es mi merecido y lo que se me debia dar, y yo soy el que tengo necesidad de ser regido y traido á cuestas pues que teneis muchos amigos y conocidos, á quien podeis encomendar este cargo. Puesto que ya teneis determinado de ponerme en escarnio y burla del mundo, hágase vuestra voluntad y disposicion, y cúmplase vuestra palabra: ¿Por ventura no conoces quien yo soy, y despues que me hayas conocido, buscarás á otro quitándome á mí del regimiento, tornándolo á tomar en tí, y escondiendo en tí esta dignidad y esta honra, estando ya cansado y enhadado de sufrirme, y lo dareis á otro muy amigo y conocído vuestro que sea vuestro devoto, que llora y suspira, y así merece esta dignidad? ¿ó por ventura es como sueño, ó como quien se levanta durmiendo de la cama esto que me ha acontecido? ¡Oh señor que estais presente en todo lugar, que sabeis todos los pensamientos, y distribuis todos los dones; plegaos de no esconderme vuestras palabras é vuestras inspiraciones! Con brevedad y súbitamente somos nombrados para las dignidades; pero ignoro el camino por donde tengo de ír: no sé lo que tengo de hacer: dignaos pues de no me esconder la lumbre y el espejo que me ha de guiar. No permitais señor que yo descamine y yerre por las montañas y por los riscos, á los que tengo de regir y llevar acuestas. No permitais que los guie por veredas de conejos y de venados: no permitais señor que se levante alguna guerra contra mí: ni tampoco que venga alguna pestilencia sobre los que tengo de gobernar, porque no sabré lo que en tal caso he de hacer, ni por donde tengo de guiar á los que llevo acuestas ¡oh desventurado de mí que soy inhábil é ignorante! no querria que viniese sobre mí alguna enfermedad, porque en este caso echaría á perder vuestro pueblo y gente, y se desolaría y pondría en tinieblas vuestro reino. ¿Qué haré pues señor y criador, si por ventura cayere en algun pecado carnal y deshonroso, y por esto echare á perder el reino? qué haré si por negligencia ó por pereza extraviare mis súbditos? ¿qué haré si desbarrancare y despeñare por mi culpa á los que tengo de regir? ¡Señor humanísimo, invisible é impalpable! ruegoos que no os aparteis de mí, idme visitando muchas veces, visitad esta casa pobrecita, porque te estaré esperando en ella. Con gran deseo os espero, y demando con grande instancia vuestra palabra é inspiraciones, conque sugeristeis é insuflasteis á vuestros antiguos amigos y conocidos, que rigieron con diligencia y rectitud vuestro reino, que es la silla de V. M. y honra, donde á un lado y otro, se sientan vuestros senadores y principales, que son como vuestra imágen y vuestra persona propia, y estos sentencian y hablan en las cosas de la república en vuestro nombre, y usais de ellos como de vuestras flautas hablando dentro de su interior y poniéndoos en sus caras y en sus oídos, y abriendo sus bocas para bien hablar: y en este lugar burlan y rien de nuestras boberías los negociantes, con los cuales estais vos holgandoos, porque son vuestros amigos y vuestros conocidos, y allí inspirais é insuflais á vuestros devotos, que lloran y suspiran en vuestra presencia y os dan de verdad su corazon! Por esto señor los adornais con prudencia y sabiduria, para que vean como en espejo de dos hazes, donde se representa la imágen de cada uno, y por la misma causa les dais una hacha muy clara sin ningun humo, cuyo fulgor se estiende por todas partes. Tambien por esta causa les dais dones y joyas preciosas, colgándoselas del cuello y de las orejas, así como se cuelgan las joyas corporales, que son el nacochil, el tentetl, el tlalpiloni ó sea la borla de la cabeza, y el matemecatl[16] que es la correa adobada que atan á la muñeca los señores, y con cuero amarillo ligado á las pantorrillas, y con cuentas de oro y plumas ricas. En este lugar del buen regimen y gobierno del reino, se merecen vuestras riquezas, vuestra gloria, vuestros deleites, y suavidades. En él mismo tambien se merece el sosiego y tranquilidad, la vida pacífica y el contento, lo cual todo viene de vuestra mano. En él mismo por último se merecen las cosas adversas y trabajosas, como son enfermedades, pobrezas, y el abreviamiento de la vida, todo lo cual viene de vuestra mano, á los que en este estado no hacen su deber. ¡Oh señor nuestro humanísimo, sabedor de los pensamientos y dador de los dones! ¿está por ventura en mi mano que soy pobre hombre el modo de regir? ¿está en mi mano la manera de mi vivir? y las obras que tengo de hacer en mi oficio que es vuestro reino y dignidad y no mia.? Lo que vos quisiéredes que haga ayudándome y lo que fuere la vuestra voluntad que haga segun vuestra disposicion, eso haré. El camino que me enseñáredes, ese seguiré. Lo que me inspirares y pusiéres en mi corazon, eso diré y hablaré. ¡Señor nuestro humanísimo! en vuestras manos me pongo totalmente, porque yo no tengo posibilidad para conducirme ni gobernarme; porque soy ciego, tiniebla, y un rincon de estiercol. Tened por bien señor de darme un poquito de luz, aunque no sea mas de cuanto echa de sí una lucerna que anda de noche, para ir en este en sueño y en esta vida dormida, que dura como el espacio de un dia, donde hay muchas cosas en que tropezar, y muchas en que dar ocasion de reir, y otras que son como camino fragoso que se han de pasar saltando. Todo esto ha de pasar en esto que me habeis encomendado dandome vuestra silla y dignidad. ¡Señor nuestro humanísimo! ruegoos que me vayais visitando con vuestra lumbre, para que yo no yerre, para que no me desbarate, y para que no me den grita mis vasallos. ¡Señor nuestro piadosísimo! ya me habeis hecho espaldar de vuestra silla y vuestra flauta sin ningun merecimiento mio: ya soy vuestra boca, cara, orejas, dientes y uñas, aunque soy un pobre hombre, quiero decir, que indignamente soy vuestra imágen y represento vuestra persona, y las palabras que hablare han de ser estimadas como las vuestras mismas, y mi cara ha de ser tenida como la vuestra, y mis oídos como los vuestros, y los castigos que hiciere, han de ser tenidos como si vos mismo los hiciéredes; por esto os ruego que pongais dentro de mi vuestro espíritu, y vuestras palabras á quien todos obedezcan, y á quien nadie pueda contradecir»[17]

El que dice esta oracion delante del dios Tezcatlipuca, está en pie é inclinado ácia á la tierra y los pies juntos; y los que son muy devotos están desnudos, y antes que comienze la oracion, ofrecen copal al fuego, ó algun otro sacrificio, y si están con su manta cubiertos, ponen la atadura de ella ácia los pechos, de manera que la parte delantera está desnuda, y algunos diciendo esta oracion están en cuclillas, y ponen el ñudo de la manta sobre el hombro, á esto llaman moquichtlalia.

Capítulo X

Del lenguage y afectos que usaban para hablar y avisar al señor recien electo. Es plática de alguna persona muy principal, ó de algun pilli, ó tecutli, el que mas apto era para hacerla.

¡Oh señor nuestro humanísimo, piadosísimo, amantísimo y digno de ser estimado mas que todas las piedras preciosas, y que todas las plumas ricas! Aquí estais presente, y os ha puesto nuestro soberano dios, por nuestro señor (á la verdad) porque han fallecido é ídose á sus recogimientos los señores vuestros antepasados, que murieron por mandado de dios. Partieron de este mundo el señor N. y N., y dejaron la carga del regimiento que traían acuestas, debajo de la cual trabajaron como los que van camino arriba, y llevan acuestas cargas muy pesadas. Estos por ventura acuérdanse ó tienen algun cuidado del pueblo que regian, el cual está ahora despoblado y á obscuras, y yermo sin señor por la voluntad de nuestro dios; por ventura tienen cuidado, ó miran su pueblo que está hecho una breña y una tierra inculta, y están las pobres gentes sin padre ni madre, huérfanos, que no saben ni entienden, ni consideran lo que conviene á su pueblo: están como mudos que no saben hablar, ó como un cuerpo sin cabeza. El último que nos ha dejado huerfanos, es el fuerte y muy valeroso señor N. al cual por breve tiempo y pocos dias le tuvo prestado este pueblo, y fué como cosa de sueño, así se le fué de entre las manos porque le llamó nuestro señor para ponerle en el recogimiento de los otros difuntos sus antepasados, que hoy están como en arca, ó en cofre guardados; así se fué para ellos, ya está con nuestro padre y madre, el dios del infierno que se llama Mictlantecutli: ¿por ventura volverá acá de aquel lugar adonde se fué? no es posible que vuelva: para siempre se fué y le perdió su reino: en ningun tiempo le verán acá los que viven ni los que nacerán: para siempre nos dejó: apagada está nuestra candela: fuésenos nuestra lumbre, y ya está desamparado, ya está á obscuras el pueblo y señorio de nuestro señor dios, que él regia y alumbraba, y ahora está á peligro de perderse y destruirse este mismo pueblo y señorio que llevaba acuestas, y que dejó en el mismo lugar que la carga que soportaba. Allí está donde dejó á su pueblo y reino pacifico, y sosegado, y así le tuvo todo el tiempo que le rigió pacíficamente, y poseyó el trono y silla que le fué dado por nuestro señor dios, y puso todas sus fuerzas, é hizo toda su posibilidad para tenerlo tranquilo y sosegado hasta su muerte. No escondió sus manos ni sus pies debajo de su manta con pereza, sino que con toda diligencia trabajó por el bien de su reino. Al presente tenemos gran consolacion y regocijo, ¡oh humanísimo señor nuestro! porque nos ha dado el dios por quien vivimos, una lumbre y resplandor del sol, que sois vos; él os señala y demuestra con el dedo, y os tiene escrito con letras coloradas: así está determinado allá arriba, y acá abajo, en el cielo y en el infierno, y que vos seais el señor, y poseais la silla, estrado y dignidad de este reino, ciudad ó pueblo, brotado á la raíz de vuestros antepasados, que la pusieron muy profunda, y plantaron de muchos años atrás. Vos sois señor el que habeis de llevar la pesadumbre de la carga de éste señorio, ó ciudad: vos sois el que habeis de succeder á vuestros antepasados los señores vuestros progenitóres, para llevar el peso que ellos llevaron: vos señor habeis de poner vuestras espaldas debajo de ésta carga grande, que es el regimiento de éste reino: en vuestro regazo y en vuestros brazos pone nuestro señor dios este oficio y dignidad de regir y gobernar á las gentes populares, que son muy antojadizas, y enojadizas. Vos por algunos años los habeis de sustentar y regalar como á niños que están en la cuna: vos habeis de poner en vuestro regazo, y en vuestros brazos á todos, y los habeis de alhagar, y hacerles el son para que duerman el tiempo que vivieredes en éste mundo. ¡Oh señor nuestro serenísimo, y muy precioso! ya se determinó en el cielo y en el infierno, y se averiguó y te cupo esta suerte: á tí te señaló, sobre tí cayó la eleccion de nuestro señor dios soberano. ¿Por ventura podraste esconder ó ausentar? ¿podraste escapar de esta sentencia? ¿ó por ventura te escabullirás, ó hurtarás el cuerpo á ella? ¿qué estimacion tienes de dios nuestro señor? ¿qué estimacion tienes de los hombres que te eligieron, que son señores muy principales, é ilustres? ¿en qué grado de aprecio tienes á los reyes y señores que te designaron, señalaron y ordenaron por inspiracion y ordenacion de nuestro señor dios, cuya eleccion no se puede anular, ni variar por haber sido por ordenacion divina, el haberte elegido y nombrado por padre y madre de este reino? pues que esto es así ¡oh señor nuestro! esfuérzate, anímate, pon el hombro á la carga que te se ha encomendado y confiado; cúmplase y verifíquese el querer de nuestro señor: ¿por ventura por algun espacio de tiempo llevarás la carga á ti encomendada, ó acaso te atajará la muerte, y será como sueño tu eleccion á este reino? Mirad que no seais desagradecido teniendo en poco en vuestro pecho el beneficio de dios, porque él vé todas las cosas secretas, y embiará sobre vos algun castigo como le pareciere, porque en su querer y voluntad está el que te aniebles y desvanezcas, ó te enviará á las montañas y á las cabañas, ó te echará en el estiercol y suciedades, ó te acontecerá alguna cosa torpe ó fea. Por ventura serás infamado de alguna cosa vergonzosa, ó permitirá Dios que haya discordias, y alborotos en tu reino, para que seas menospreciado, y abatído, ó por ventura te darán guerra otros reyes que te aborrecen, y serás vencido y aborrecido, ó quizás permitirá S. M. que venga sobre tu reino hambre y necesidad? ¿qué harás si en tu tiempo se destruye tu reino, ó nuestro Dios envia sobre tí su ira mandando pestilencia? ¿qué harás si en tu tiempo se destruye tu pueblo, y tu resplandor se convierte en tinieblas? ¿qué harás si se desolare en tu tiempo tu reino? ó si por ventura viniere sobre tí la muerte antes de tiempo, ó en el principio de tu reino, y antes que te apoderes de él te destruyere y pusiere debajo de sus pies nuestro señor todopoderoso? ¿ó si acaso súbitamente enviare sobre tí ejércitos de enemigos de ácia los yermos, ó de ácia la mar, ó de ácia las cabañas y despoblados, donde se suelen ejercitar las guerras y derramar la sangre que es el beber del sol y de la tierra; porque muchas é infinitas maneras tiene dios de castigar á los que le desobedecen? Asi pues, es menester, ó rey nuestro, que pongas todas tus fuerzas y todo tu poder para hacer lo que debes en la prosecucion de tu oficio, y esto con lloros y suspiros, orando á nuestro señor Dios invisible é impalpable. Llegaos, señor, á él muy deveras con lágrimas y suspiros para que os ayude á regir pacíficamente vuestro reino, porque es su honra; mirad que recibais con afabilidad é humildad á los que vengan á vuestra presencia angustiados y atribulados: no debeis decir ni hacer cosa alguna arrebatadamente: oíd con mansedumbre y por entero las quejas é informaciones que delante de vos se presenten: no atajeis las razones ó palabras del que habla, porque sois imágen de nuestro señor dios, y representais su persona, en quien está descansando, y de quien él usa como de una flauta, y en quien él habla, y con cuyas orejas el oye. Mirad señor que no seais aceptador de personas, ni castigueis á nadie sin razon, porque el poder que teneis de castigar és de dios, es como uñas y dientes de dios para hacer justicia, y sois egecutor de ella y recto sentenciador suyo; hagase pues la justicia, guardese la rectitud, aunque se enoje quien se enejare, por que estas cosas os son mandadas de dios, y nuestro señor no ha de hacerlas porque en vuestra mano las ha dejado. Mirad que en los estrados y en los tronos de los señores y jueces, no ha de haber arrebatamiento ó precipitacion de obras ó de palabras, ni se ha de hacer alguna cosa con enojo: mirad que no os pase ni por pensamiento decir... yo soy señor, yo haré lo que quisiere, que esto es ocasion de destruir y atropellar y desbaratar todo vuestro valor, toda vuestra estimacion, gravedad y magestad. Mirad que la dignidad que teneis, y el poder que se os ha dado sobre vuestro reino ó señorio, no os sea ocasion de ensoberbeceros y altivaros; mas antes os conviene muchas veces acordaros de lo que fuisteis atras, y de la bajeza de donde fuisteis tomado para la dignidad[18] en que estais puesto sin haberlo merecido. Debeis muchas veces decir en vuestro pensamiento ¿quien fuí yo antes, y quien soy ahora? yo no merecí ser puesto en lugar tan honroso y tan eminente como estoy, sino por mandado de nuestro señor dios, que mas parece cosa de sueño que no verdad. Mirad señor que no durmais á sueño suelto: mirad que no os descuideis con deleites y placeres corporales: mirad que no os deis á banquetes ni á bebidas en demasia: mirad que no gasteis con profanidad los sudores y trabajos de vuestros vasallos, en engordaros y emborracharos: mirad que la merced y regalo que nuestro señor os hace en elegiros rey, no la convirtais en cosas de profanidad, locura, y enemistades. ¡Oh señor rey y nieto nuestro! dios está mirando lo que hacen los que rigen sus reínos, y cuando yerran en sus oficios danle ocasion de reírse de ellos, y él se rie y calla porque es dios, que hace lo que quiere, y hace burla de quien quiere; porque á todos nosotros nos tiene en el medio de la palma de su mano, y nos está remeciendo, y somos como bolas y globos redondos en su mano, pues andamos rodando de una parte á otra y le hacemos reir, y se sirve de nosotros cuando jiramos de una parte á otra sobre su palma. ¡Oh señor y rey nuestro! ezforzaos á hacer vuestra obra poco á poco; acaso por nuestros pecados no os merecemos, y vuestra eleccion nos será como cosa de delirio, y se hará lo que nuestro señor quiere, que poseais su reino y su dignidad real por algunos tiempos, acaso os quiere probar y hacer esperiencia de quien sois, y si no hiciéredes vuestro deber pondrá á otro en esta dignidad: ¿tiene por ventura pocos amigos nuestro señor dios? ¿eres tú solo por acaso su único querido? ¡cuantos otros tiene conocidos! ¡cuantos son los que le llaman! ¡cuantos los que dan voces en su presencia! ¡cuantos los que lloran! ¡cuantos los que con tristeza le ruegan! ¡cuantos los que en su presencia suspiran! cierto que no se podrán contar. Hay muchos generosos, prudentísimos, y de grande habilidad, y de los que ya han tenido y tienen cargos y están en dignidades, de muchos es rogado, y muchos en su presencia dan voces; bien tiene á quien dar la dignidad de sus reinos. Por ventura con brevedad y como cosa de ensueño, te presenta su honra y su gloria; tal vez te da á oler y te pasa por tus labios su ternura, su dulcedumbre, su suavidad, su blandura, y las riquezas que solo él las comunica, porque solo él las posee. ¡Oh muy dichoso señor! inclinaos y humillaos: llorad con tristeza y suspirad, orad y haced lo que nuestro señor quiere que hagais, el tiempo que él por bien tuviere, así de noche como de dia: haced vuestro oficio con sosiego, continuamente orando en vuestro trono y estrado, con benevolencia y blandura: mirad que no deis á nadie pena, fatiga ni tristeza. Mirad que no atropelleis á persona, no seais bravo para con ninguno, ni hableis á nadie con ira, ni espanteis á sugeto alguno con ferocidad. Conviene tambien ¡oh señor nuestro! que tengais mucho cuidado en no decir palabras de burlas ó de donaire, porque esto causará menosprecio de vuestra persona: las burlas y chanzas no son para las personas que están en la alta dignidad vuestra. Tampoco os conviene que os inclineis á las chocarrerias de alguno, aunque sea muy vuestro pariente ó allegado; porque aunque sois nuestro prójimo en cuanto al ser de hombre, en cuanto al oficio sois como dios. Aunque sois nuestro prójimo y amigo, é hijo y hermano, no somos vuestros iguales, ni os consideramos como á hombre, porque ya teneis la persona, la imágen, la conversacion y familiaridad de nuestro señor dios, el cual dentro de vos habla y os enseña, y por vuestra boca se hace oír: vuestra boca es suya, vuestra lengua es su lengua, y vuestra cara es la suya &c.; ya os adornó con su autoridad, y os dió colmillos y uñas, para que seais temido y reverenciado. Mira señor que no vuelvas á hacer lo que hacias cuando no eras señor, que reias y burlabas; ahora te conviene tomar corazon de viejo, y de hombre grave y severo. Mira mucho por tu honra, por el decoro de tu persona, y por la magestad de tu oficio: que tus palabras sean raras y muy graves, porque ya tienes otro ser, ya tienes magestad, y has de ser respetado, temido, honrado y acatado: ya eres precioso de gran valor, y persona rara á quien conviene toda reverencia, acatamiento, y respeto. Guárdate señor de menoscabar y amenguar, ni amancillar tu dignidad y valor, y la dignidad y valía de tu alteza y escelencia. Advierte el lugar en que te hallas, que és muy alto, y la caida de él muy peligrosa. Piensa que vas por una loma muy alta y de camino muy angosto, y que á la mano izquierda y derecha, hay grande profundidad y hondura, que no os es posible salir del camino ácia una parte y otra sin caer en un profundo abismo. Debes señor tambien guardarte de lo contrario, no haciéndote sañudo y bravo como bestia fiera, á quien todos tengan temor. Sed templado en el rigor y ejercicio de vuestra potencia, y antes debes quedar atrás en el castigo y ejecucion del que no pasar adelante. Nunca muestres los dientes del todo, ni saques las uñas cuanto puedas. Tampoco te muestres espantoso, temeroso, áspero ó espinoso: esconde los dientes y las uñas: junta, regala, y muéstrate blando y apacible á los principales y mayores de tu reino, y de tu córte. Tambien te conviene señor, regocijar y alegrar á la gente popular segun su calidad, condicion, y diversidad de grados que hay en la república: confórmate con las condiciones de cada grado y parcialidad de la gente popular. Tened solicitud y cuidado de los areytos y danzas, y tambien de los aderezos é instrumentos que para ellos son menester, porque es ejercicio donde los hombres esforzados conciben deseo de las cosas de la milicia y de la guerra. Regocija señor y alegra á la gente baja, con juegos y pasatiempos convenibles, con lo cual cobrareis fama y sereis amado, y aun despues de la vida quedará vuestra fama, amor y lágrimas, por vuestra ausencia, en los viejos y viejas que os conocieron. ¡Oh felicísimo señor, y serenísimo rey, persona preciosísima! considerad que vais de camino, y que hay lugares fragosos y peligrosos por donde transitais, que habeis de ir muy contento, porque las dignidades y señorios tienen muchos barrancos, resbaladeros y deslizaderos, donde los lazos están muy espesos unos sobre otros, que no hay camino libre ni seguro entre ellos: y los pozos disimulados, que está cerrada la boca con yerba, y en el profundo tiene estacas muy agudas plantadas, para que los que cayeren se enclaven en ellas. Por todo esto conviene que sin cesar gimais, y llameis á dios y suspireis: mirad señor que no durmais á sueño tendido, ni os deis á las mugeres, porque son enfermedad y muerte á cualquier varon. Convieneos dar vuelcos en la cama, y habeis de estar en ella pensando en las cosas de vuestro oficio, y en dormir soñando los negocios de vuestro cargo, y las cosas que nuestro señor nos dió para nuestro mantenimiento, como son el comer y el beber, para repartirlo con vuestros principales y cortesanos, porque muchos tienen envidia á los señores y reyes, por tener lo que tienen de comer y de beber lo que beben; y por eso se dice que los reyes y señores comen pan de dolor. No penseis señor que el estrado real y el trono, es deleitoso y placentero; no es sino de gran trabajo y de mucha penitencia ¡Oh bienaventurado señor nuestro, persona muy preciosa! no quiero dar pena ni enojo á vuestro corazon, ni quiero caer en vuestra ira é indignacion; bástanme los defectos en que he incurrido, y las veces que he tropezado y resbalado, y aun caido en esta plática que tengo dicha; bástanme las faltas y defectos que hablando he hecho, yendo como á saltos de rana delante de nuestro señor invisible é impalpable, el cual está presente, y nos está escuchando, y ha oído muy por el cabo todas las palabras que he pronunciado imperfectamente, y como tartamudeando, con mala órden y con mal aire; pero con lo dicho he cumplido: á esto son obligados los viejos y ancianos de la república, para con sus señores recien electos. Asímismo, he cumplido con lo que debo á nuestro señor, el cual está presente y lo oye, y á él se lo ofrezco y presento. ¡Oh señor nuestro y rey! ¡vivais muchos años trabajando en vuestro oficio real! Hé acabado de decir.[19] El orador que hacia esta oracion delante del señor recien electo, era alguno de los sacerdotes muy entendido y gran retórico, ó alguno de los tres sumos sacerdotes, que como en otra parte se dijo, el uno se llamaba Quetzalcohatl, el otro Tetectlamacazqui, y el tercero Tlaloc; ó por ventura la hacia alguno de los nobles y muy principales del pueblo muy elocuente, ó embajador del señor de alguna provincia muy entendido en el hablar, que no tiene empacho ni embarazo ninguno en lo que ha de decir; ó tal vez era alguno de los senadores muy sábio, ó algun otro muy fino retórico, á quien le acude el lenguage copiosamente, y lo que ha de decir á su voluntad. Esto és así necesario, porque al señor recien electo le hablan de esta manera, y porque el entónces recien nombrado, toma el poder sobre todos, tiene libertad de matar á quien quisiere, porque ya és superior: por esta causa dícesele entonces todo lo que ha menester para que ejecute bien su oficio, mas con mucha reverencia, humildad, y con gran tiento llorando y suspirando.

Capítulo XI

De lo que dice otro orador en acabando el primero, mostrando brevemente la alegria de todo el reino por su eleccion, y mostrando el deseo que todos sus vasallos tienen de su larga vida, y prosperidad: no lleva esta oracion tanta gravedad como la pasada.

¡Oh señor serenísimo, humanísimo, rey nuestro muy generoso y muy valeroso, mas precioso que todas las piedras preciosas, aunque sea el zafiro! ¿Por ventura es cosa de sueño lo que vemos? ¿Estamos ébrios y trascordados viendo lo que nuestro señor dios ha hecho con nosotros, dándonoste por rey y señor, enviando sobre nosotros un sol nuevo muy resplandeciente, una luz como la del alba, y un milagro y maravilla grande, y una gran fiesta de gran regocijo? ¡Oh señor que vos solo habeis merecido esta empresa de serlo de este reino, donde os ha puesto nuestro dios por rey, en el lugar que dejaron vuestros antiguos abuelos que os precedieron! ¡Oh! á vos solo os ha tenido por digno de éste imperio nuestro señor dios, porque vosotros, señores nuestros, que sois como piedras preciosas, chalchivites y zafiros, como cuentas y joyas de oro, sois dignos de estas honras y dignidades. Ahora señor, engrandeceis y sublimais los aderezos y atavios del señorío y de éste reino, conque los señores se suelen componer y adornar. Señor nuestro, muchos dias há que este reino os tiene deseado, como quien con gran sed y hambre desea comer y beber, y como el hijo desea ver á sus padres, estando ausente de ellos, que llora y se aflige; así desea la gente de éste pueblo, que la rijais y goberneis. ¿Por ventura merecemos que algunos dias y años, vean vuestra cara muy deseada vuestros vasallos y siervos, y os tengan como prestado, y gocen de vuestra persona y de vuestro gobierno? ¿O por ventura por los pecados del pueblo, serémos huérfanos y privados de vuestra persona antes de tiempo, si por nuestros deméritos nuestro señor dios os llama y lleva para sí, ó vos os fuéredes para vuestro padre y madre los dioses del infierno? ¿O por ventura yendo á la guerra, y peleando en el campo donde suelen morir los valientes y esforzados, convidareis con vuestra sangre y con vuestro cuerpo á los dioses del cielo, y os ireis para vuestro padre y madre el sol y el dios de la tierra, donde están los hombres valientes y esforzados, como águilas y tigres, los cuales regocijan y festejan al sol que se llama Yiacauh incuauhtleoanitl, el cual se contenta mucho, y recibe gran recreacion en gustar la sangre de éstos que como valientes la derramaron? no sabemos lo que dios tiene determinado, esperemos su sentencia. ¡Oh señor! vivais pues muchos años para hacer prósperamente vuestro oficio; poned el hombro á la carga muy pesada y trabajosa, y tended vuestras álas y pechuga, para que debajo de ellas ampareis á vuestros súbditos que los habeis de llevar como carga. ¡oh señor! entre vuestro pueblo y gente, debajo de vuestra sombra, porque sois como el árbol que se llama puchotl, ó avevetl, que tiene gran sombra y rueda, bajo la cual muchos están puestos á su amparo, que para esto se os há puesto en este cargo. ¡Plegue á Dios haceros tan próspero en nuestro regimiento, que todos vuestros súbditos y vasallos sean ricos y bienaventurados! Con estas pocas palabras señor he besado vuestros pies y manos; he hablado á vuestra dignidad y á vuestro cuerpo, ¡oh bienaventurado señor! vivid y reinad por muchos años, ayudando á nuestro señor dios con este oficio: tomad mucho en horabuena vuestro reino y señorio encima de vuestros hombros. Hé dicho.

El que ora diciendo esta oracion, está en pie y descalzo: quítase las cotáras para comenzar á hablar: añúdase la manta sobre el hombro, que és señal de humildad, y el señor cuando le dice esta oracion, levántase ó pónese en cuclillas vuelta la cara ácia al que ora. En el tiempo de la oracion no vuelve la cabeza á ninguna parte, y tiene los ojos puestos en el orador. En la manera de estar sentado, muestra su magestad y gravedad; y acabada la oracion, responde algunas breves palabras, ó manda á algun orador suyo de los que están á su lado, que responda, y si habla el mismo señor dice lo que se sigue.

Capítulo XII

De lo que responde el señor á sus oradores humillándose, y dándoles gracias por lo que han dicho.

Gran misericordia y liberalidad ha hecho nuestro señor en haber elegido al hombre indigno, y que no lo merece. ¿Por ventura quiere hacer esperiencia de mí? y viendo que no soy para este oficio lo dará á otro, porque hay muchos que le llaman, y cada dia oran en su presencia y lloran, y con tristeza suspiran? El señor tiene muchos amigos á quienes ha conocido muy bien; veamos ahora lo que querrá ahora hacer: riase algun dia de mis boberias nuestro señor dios, que cuando quisiere tomará para sí su reino y dignidad, y me lo quitará y dará al que sabe que conviene, ó á alguno de los que se lo ruegan y demandan con ahinco. Ha hecho ciertamente nuestro señor liberalidad y magnificencia conmigo. ¿Es por ventura esto un sueño? hágase pues lo que manda y quiere: hágase asímismo lo que ordenaron, y votaron los señores que me eligieron. ¿Qué han visto en mí? han obrado como quien busca muger diestra en hilar y teger, que cierto no me conozco, ni entiendo á mi mismo, ni sé hablar á derechas dos palabras. Lo que puedo decir és, que me ha sacado de donde vivia de entre el estiercol y suciedades. Acaso no es para mí este estado en que me pone el señor dios, haciendo conmigo magnificencia y liberalidad. Conozco que me habeis hecho gran merced en lo que me habeis dicho; y ciertamente he oído cosas dignas de ser notadas y muy encomendadas á la memoria, por ser muy bellas y raras, así como piedras preciosas y zafiros, cuales son los consejos de padres y madres, que muy pocas veces se suelen decir, dignas de ser muy guardadas. Así me conviene á mí tenerlas, muy guardadas y estimadas, todo el tiempo que viviere, y tendrélas hé para mi consolacion en mi pecho, y para bordon de mi oficio en mi mano. No solamente á mí, pero á todo el pueblo y reino, has hecho muy buena obra, y haz orado á nuestro señor dios para que me favorezca. No soy digno, ni atribuyo á mi merecimiento una tan buena oracion, como laque habeis dicho: tambien habeis orado en favor de los reyes y señores antepasados, que gobernaron este reino, y fielmente hicieron sus oficios á honra de dios. Vivas pues en prosperidad y contento: lleveos dios á descansar y reposar, que bastante bien lo habeis hecho.

Respuesta del orador á quien habló el señor recien electo lo arriba dicho.

¡Oh señor nuestro preciosísimo! creo que os soy penoso, y os doy fastidio con mis proligidades, y soy causa deque os duela la cabeza, y estómago con mis boberias. Ruego á nuestro dios soberano y criador, que os dé mucha paz, sosiego y contento, todo el tiempo que viviéredes en esta vida, en el felicísimo estado en que estais puesto, el cual os está mirando desde el cielo, y tambien os miran desde el infierno y acá en el mundo todos vuestros vasallos, y tienen puestos sus ojos en vos. Dios sabe que tanto tiempo habeis de regir este reino que os ha dado; esperémos en él para ver cual es su voluntad, pues que él es gobernador supremo que sabe los secretos, y dá todos de sus dones. ¡Oh felicísimo señor! deseo vivais y reineis por muchos años.[20]

Capítulo XIII

De los afectos y lenguage que usa el que responde por el señor á los oradores cuando el señor no se halla para responder: es oracion de algun principal, amigo ó pariente del señor.

¡Oh hombre sábio y venerable! por cierto que habeis dicho palabras muy preciosas, y de grande estima, las cuales dejaron muy guardadas y atesoradas como cosa muy preciosa los señores y reyes que nos precedieron, porque son como palabras de madres y padres de la república, y tan apreciables como piedras ricas que se llaman chalchivites y zafiros, y otras: habeislas muy bien pronunciado en presencia de nuestro señor, y rey muy amado N.; el cual es reliquia de los señores y principales que pasaron: hace encaminado vuestra oracion, á esforzarle y animarle para que desempeñe el oficio que le ha sido dado, y tambien para honrarle conforme al estado que tiene. Este servicio y honra no la echará en olvido el señor N., si no fuere que luego al principio de su reino, le saque nuestro señor de este mundo, y le ponga entre las tinieblas de la muerte; y si por ventura tuviere dios por bien, que este pobrecito dure algunos años en el gobierno de su reino, y fueren dignos de tenerle por algunos tiempos sus vasallos, como á manera de sueño, él lo gratificará y lo tendrá en la memoria para regirse asimismo como conviene: y si por ventura porque el estado de los señores es muy peligroso, y los tronos y estrados reales tienen grandes resbaladeros y dificultades, por razon de las palabras duras de los envidiosos, y de las saetas ó dardos de palabras, que arrojan los ambiciosos, que son así como bramidos que vienen de los pueblos y reinos circunstantes, donde están muchos amenazando, y amagando con piedras y saetas, de palabras soberbias y envidiosas, le hicieren olvidar unas cosas tan ricas, necesarias, preciosas y tan dignas de ser encomendadas á la memoria; él lo hará en su daño, y si las guardare y tuviere presentes, y se aprovechare de ellas, á él le vendrá el provecho. El está ya colocado en el juego de la pelota: le han puesto guantes de cuero para herirle, y que la vuelva al que se la arrojó en el mismo juego, porque el negocio del regir, es bien semejante á dicho juego y al de los dados. ¡Oh dios! quien sabe lo que teneis determinado en este negocio, si por ventura será digno de perseverar en su dignidad y reino, ó si de presto le será quitado el cargo y honra del señorio, y si nuestro señor dios se lo dió solamente á oler y gustar, y que en breve pase como sueño! por ventura mañana ú otro dia se enojará dios, pues hace variar las cosas humanas, y rige como le parece los reinos y señorios. ¡Quien sabe si le quitará el reino que le ha dado, y tambien la honra que es propia suya, y de ningun otro! ¡quien sabe si lo desechará para que viva en pobreza y en menosprecio, como en el estiercol, y si por ventura vendrá sobre él lo que merecemos todos los hombres, á saber: enfermedad, ceguera, tullimiento ó muerte, y le pondrá debajo de sus pies, enviándole al lugar donde hemos de ír todos; por esto entenderémos que no tiene determinado dios que esté en honra y en dignidad.! ¡Bienaventurados los amigos y conocidos de dios, que pacíficamente y con sosiego, despues de muchos dias, mueren en sus señorios y en sus reinos! ¡Bienaventurados aquellos que con paz y quietud viven y reinan en sus dominios orando á dios! ¡Bienaventurados aquellos que son gloria y fama de sus antepasados, padres, madres, abuelos y tatarabuelos, en los cuales floreció el señorio y reino que aumentaron y ensalzaron! Bienaventurados aquellos que dejaron esta fama á sus succesores, y bienaventurado ahora éste nuestro electo! ¿Acaso éste volverá atrás de su eleccion? ¿Por ventura se esconderá,? ¿O se ausentará? ¿Acaso volverá atrás, y dejará de cumplir la palabra de nuestro señor dios y su querer, y tambien la voluntad del pueblo que le eligió? ¿Qué conocimiento tiene de dios? ¿Es por ventura suficientemente avisado? ¿Conócese así mismo? ¿Es acaso prudente? ¿Es sábio? ¿Alcanza cumplidamente lo que ha de hablar? pienso que no; ¿por ventura andando el tiempo en presencia de algunos caerá? esto ni lo sabemos, ni quizá lo verémos, porque está en la mano de nuestro señor dios. A nosotros pues nos conviene rogar por él, y tener confianza en el señor que lo hará bien... ¡Honrado orador! habeis usado de liberalidad, y servido á nuestro pueblo habiendo animado y esforzado á nuestro señor con vuestra oracion y palabras; idoos señor á descansar y reposar, que muy bien lo habeis hecho.

Capítulo XIV

En que se pone una larga plática conque el señor habla á todo el pueblo por la primera vez, ecsortándolo á que nadie se emborrache ni hurte, ni cometa adulterio; ecsórtalos asímismo al culto de los dioses, á las armas, y á la agricultura. [21]

Oíd con atencion todos los que presentes estais, á quienes os há juntado nuestro señor dios aquí, todos los que regís y teneis cargo de los pueblos á mí sujetos: tú que tienes algun cargo de república, que has de ser como padre y madre de ella; y tambien todos los nobles y generosos que asistis aquí aunque no tengais cargo de autoridad. Tambien estais presentes vosotros los que sois valientes y esforzados, como águilas y tigres, que entendeis en el ejercicio militar; y vosotras mugeres nobles, y señoras generosas, á quienes yo deseo la paz de nuestro señor dios todopoderoso, criador, y gobernador de todos: quieroos esforzar y saludar ahora con algunas palabras que os voy á decir. Bien sabeis todos los presentes aquí, que yo soy electo señor por la voluntad de nuestro señor dios aunque indigno, y que por ventura por no saber bien hacer mi oficio, dios me quitará y pondrá otro; pero el tiempo que dios tuviere por bien que yo tenga este su cargo, aunque defectuosa y groseramente, haré lo que soy obligado para el buen régimen de éste vuestro reino y no sin ofender muchas veces á nuestro señor dios. ¡Oh miserable de mí! ¡oh hombre sin ventura, que muchas veces he ofendido á nuestro señor dios por mi desgracia y miseria; y tambien juntamente con esto, he ofendido á los principales é ilustres del reino, que rijieron en él, que son mis antepasados, y fueron lumbre espejo, ejemplo, y doctrina para todo el reino! Ellos trajeron siempre en su mano una grande hacha de luz muy clara para alumbrar á todos: ellos fueron prudentísimos, sapientísimos, y animosísimos. Puestos en este regimiento por nuestro señor dios, no les dió su magestad saber de niños, ni corazon ni mutabilidad de tales: hízolos poderosos y valientes, para castigar los malos de su reino, y para defender al mismo de sus enemigos; adornólos finalmente de todas las cosas necesarias para su oficio; fueron personas á quienes él tenia conocidas por buenas, y fueron muy sus amigos y conocidos. A estos tales he succesido yo para echarlos en verguenza y en afrenta en el modo de hacer mi oficio con muchos defectos. Estos fueron los que comenzaron á fundar todo lo que ahora ya está edificado: fueron nuestros abuelos, visabuelos, y tatarabuelos de donde hemos venido y procedido: ellos desmontaron y talaron las montañas y las cabañas para poblar donde habitamos, y que primeramente tuvieron el cargo del regir, y pusieron el trono y estrado donde estuvieron ejercitando la voluntad de nuestro señor dios todos los dias de su vida. ¡Oh miserable de mí, hombre de poco entendimiento, de poco saber y de gente baja, que no convenia que yo fuese elegido para este oficio tan alto! ¿por ventura pasará sobre mí como sueño, y en breve se acabará mi vida? ¿ó pasarán, algunos dias y años, en que llevaré acuestas esta carga que nuestros abuelos dejaron cuando murieron; carga grave y de muy gran fatiga en quien hay causa de humillacion, mas que de soberbia y altivez? ahora antes de que yo muera, si por ventura dios determinare de matarme, os quiero esforzar y consolar. Lo que principalmente os encomiendo es, que os aparteis de la borrachera, que no bebais vctli porque es como beleño que sacan al hombre de juicio, de lo cual mucho se apartaron y temieron los viejos y viejas, y lo tuvieron por cosa muy aborrecible y asquerosa, por cuya causa los senadores y señores pasados, ahorcaron á muchos, y á otros quebraron las cabezas con piedras, y á otros muchos azotaron. Este es el vino que se llama vctli que es raíz y principio de todo mal y de toda perdicion, porque él y la embriaguez son causa de toda discordia y disencion, de todas las revueltas y desasosiegos de los pueblos y reinos; es como un torbellino que todo lo revuelve y desbarata: es como una tempestad infernal que trae consigo todos los males juntos; de esta borrachera proceden todos los adulterios, estupros, corrupcion de vírgenes, y violencia de parientas y afines: de la embriaguez proceden los hurtos, latrocinios, y violencias: otro sí proceden las maldiciones y testimonios, murmuraciones y detracciones, las vocerías, riñas y grita; todas estas cosas causa el vctli y la borrachería. Es tambien causa el vctli ó pulcre, de la soberbia, altivez, y de tenerse en mucho, diciendo el que lo bebe con desenfreno, que es de alto linage, y menosprecia á todos, y á ninguno estima ni tiene en nada, y causa enemistades y ódios: los borrachos dicen cosas desatinadas y desconcertadas, porque están fuera de sí. El borracho con nadie tiene paz, ni de su boca salen jamás palabras pacíficas sino destempladas, y que turban la paz de la república. Esto dijeron los viejos, y nosotros lo vemos por esperiencia. La borrachera deshonra á los hombres nobles y generosos, y tiene en sí todos los males: no sin causa se llama beleño y cosa que enagena del seso, como la yerba que se llama tlapatl ó omisitl. Muy bien dijo el que aseguró que el borracho es loco y hombre sin seso, que siempre come el tlapatl y omisitl: éste tal con nadie tiene amistad, á nadie respeta; és testimoniero, mentiroso, sembrador de discordias, es hombre de dos caras y de dos lenguas: es como culebra de dos cabezas que muerde por una y otra parte; no solamente estos males ya dichos proceden de la borrachería, muchos mas tiene, pues el borracho nunca tiene sosiego ni paz, jamás está alegre, ni come, ni bebe con quietud ni en paz. Muchas veces lloran estos tales y siempre están tristes: son vocingleros y alborotadores de las casas agenas: despues que han bebido, cuanto tienen hurtan de las casas de sus vecinos, las ollas, los jarros, platos y escudillas; ninguna cosa dura en su casa ni medra en ella; todo es pobreza y mala ventura: no hay allí plato, ni escudilla, ni jarro; tampoco tiene que vestirse ni con que cubrirse, ni que calzar, ni en que dormir: sus hijos y todos los de su casa andan sucios, rotos, andrajosos, y cubren sus hijas con algun andrajo roto sus verguenzas, porque el padre borracho de ninguna cosa tiene cuidado, ni de la comida, ni de los vestidos, ni de los de su familia. Por esta razon los reyes y señores que reinaron y poseyeron los estrados y tronos reales, que vinieron á decir las palabras de dios á sus vasallos, mataron á muchos quebrándoles las cabezas con piedras, y ahogándolos con sogas. Ahora os amonesto y mando aquí á voces, á vosotros los nobles y generosos que os hallais presentes y sois mozos, y á vosotros tambien los viejos que sois de la parentela real, que dejeis del todo la borrachera y embriaguez, conviene á saber, el vctli y cualquiera cosa que embeoda y que aborrecieron mucho vuestros antepasados. El vino no es cosa que se debe usar, no pues morireis ciertamente si no lo bebiereis; ruegoos á todos que lo dejeis, y, tambien á vosotros los valientes y esforzados, que entendeis en las cosas de la guerra, os mando que lo dejeis. Tú que estás aquí ó adonde quiera que te halles que lo has ya gustado, déjalo, vete á la mano, no lo bebas mas, pues que no morirás si no lo bebieres; y aunque se te pone este precepto, no te andan guardando para que no le bebas: si le bebieres, harás lo que tu corazon desea, harás tu voluntad en secreto y en tu casa; pero nuestro señor dios á quien ofendes y que vé todo lo que pasa, aunque sea dentro de las piedras y de los maderos, y dentro de nuestro pecho, todo lo sabe y todo lo vé, aunque yo ni te veo ni sé lo que haces; mas dios que te vé, publicará y echará tu pecado en la plaza: manifestarse há tu maldad, suciedad y todo cuanto ejecutes por via de hurto que hagas, ó por via de palabras injuriosas que digas. Por ventura te ahorcarás ó te echarás en algun pozo, ó te precipitarás de alguna sima, ó hundirás en algun barrisco abajo, que este será tu fin; y si voceares, gritares, ó braveares, ó estando ya borracho te echares en el camino á dormir, ó en la calle, ó anduvieres á gatas de ébrio, serás al fin preso de la justicia, castigado, azotado, reprendido, y afrentado en presencia de muchos, y allí serás muerto ó te quebrarán la cabeza en una losa, ó te ahogarán con una soga, ó te asaetarán; ó por ahí te tomarán cuando comas ó cuando bebas, ó por ventura llegarán sobre tí cuando estuvieres en acto carnal con alguna muger agena, ó cuando estais hurtando en alguna casa las cosas que están guardadas en las cajas y petlacallis; y por esa misma causa te quebrantarán la cabeza con losa, ó te echarán arrastrando en la plaza, en el camino, ó en la calle, y así te infamarás á tí y á tus antepasados, y dirán de ellos: «¡ah! á este bellaco dejaron su padre y su madre mal castigado, mal disciplinado y mal criado, los cuales se llamaban N y N, y bien lo parece en las costumbres, como lo que se siembra nace semejante á la semilla; ó por ventura dirán” ¡ó mal aventurado de hombre deshonrador de sus mayores, los cuales dejaron y engendraron á un bellaco como éste, que ahora los deshonra y avergüenza! O quizás dirán ¡gran bellaqueria ha hecho este! ¿y aunque seas noble y del palacio dejarian de decir de tí? ¿y aunque seas generoso é ilustre? No por cierto; quieroos poner el ejemplo de un principal de Cuauhtitlan que era generoso, y se llamaba Tlachinoltzin. Este era ilustre, tenia vasallos y tenía servicio, mas el uctli le derrocó de su dignidad y estado porque se dió mucho al vino y se emborrachaba mucho. Todas sus tierras vendió y gastó emborrachándose, el précio de ellas: despues que hubo acabado de beber el précio de sus heredades, comenzó á beber el précio de las piedras y maderos de su casa; todo lo vendió para beber, y como no tuvo mas que vender, su muger trabajaba en hilar y en tejer, para con el precio comprar uctli para beber. Este sobredicho que era tlacatecatl[22] y muy esforzado, valiente y muy generoso, algunas veces acontecia que despues de borracho se tendía en el camino por donde pasaba la gente, y allí estaba todo lleno de polvo, sucio y desnudo: y aunque era gran persona, no dejaron de decir, reír, y mofarse de él y castigarle. La relacion y fama de este negocio llegó hasta México á los oídos de Mocthecuzoma, rey emperador y señor de esta tierra y él le atajó, porque mandó y encargó al señor de Cuauhtitlan que se llamaba Aztatzon, que obrase contra él aunque era hermano menor del dicho Tlalchinotzin, y no obstante de ser persona muy principal y tlacatecatl, no disimularon con él, ahogáronle con una soga, y así el pobre tlacatecatl, murió ahorcado solo porque se emborrachaba muchas veces. ¿Quien podrá decir los que fueron muertos por este vicio de nobles, señores y mercaderes? ¿y cuantos murieron de los populares por este mismo caso? ¿quién lo podrá decir ni contar? Y á vosotros que sois hombres esforzados, soldados valientes, preguntoos ¿ha mandado alguno de los señores que se beba uctli, que vuelve locos á los hombres? nadie por cierto. ¿Es por ventura necesario para la vida humana? no por cierto; pues cualquiera que tu seas, si te emborrachares no podrás escaparte de mis manos, te prenderé, te encarcelaré, porque el pueblo, señorio y reino, tienen muchos ministros para prender, encarcelar, y matar á los delincuentes, y te pondrán por ejemplo y espanto de toda la gente, pues que serás castigado, y atormentado conforme á tu delito, ó serás ahogado y echado en los caminos, y en las calles, ó serás con piedras muerto, y toda la gente se espantará de tí, porque cuando seas echado por las calles, y cuando esto te acontezca, no te podré yo valer de la muerte ó del castigo, pues que tú mismo por tu culpa caiste, y te arrojaste en las manos de los verdugos y matadores, y provocaste la justicia contra tí. ¿Habiendo tu hecho esto, como te podré yo librar? no es posible, sino que pasarás por la pena acostumbrada: por demas será mirarme ni esperar que yo te tenga de escapar, porque ya estás en la boca del leon. Aunque seas mi amigo, aunque seas mi hermano menor ó mayor, yo no te podré socorrer; porque ya eres hecho mi enemigo, y yo tuyo por la voluntad de nuestro señor dios, el cual nos dividió,[23] y yo tengo de ser tu contrario, y pelear contra tí, y te sacaré aunque estés debajo de la tierra, ó debajo del agua escondido. Mira ¡oh malhechor! que el vctli nadie te lo manda beber, ni conviene que lo bebas: mira que las cosas carnales son muy feas, y todos conviene que huyan de ellas, conviene que nadie hurte, ni tome lo ageno. Lo que habeis de desear y buscar son los lugares para la guerra señalados que se llaman Tevatenpan, Tlachinoltenpan, donde andan, viven y nacen los padres y madres del sol, que se llaman Tlacatecatl Tlacochcalcatl, que tienen cargo de dar de comer y beber al sol, y á la tierra, con la sangre y carne de sus enemigos. Estos son los que tienen por riqueza la rodela y las armas, y allí merecen las oregeras ricas, y los bezotes preciosos, las borlas de la cabeza, las ajorcas de las muñecas, y los cueros amarillos de las pantorrillas.[24] Allí merecen, allí hallan las cuentas de oro, y las plumas ricas: todas estas cosas las ganan, y les son dadas con mucha razon porque son valientes: allí se gana la riqueza, y el señorio que nuestro señor dios tiene guardado, y los dá á los que lo merecen, y se esfuerza contra sus enemigos. Tambien allí merecen las flores y cañas de humo, y la bebida y comida delicada, y los maxtles y mantas ricas; y tambien las casas de señores, y los maizales de hombres valientes, y la reverencia y acatamiento que les és dada por su valentia: tambien son tenidos por padres y madres, y por amparadores y defensores de su pueblo y pátria, donde se amparan y defienden los populares y gente baja, como á la sombra de los árboles que se llaman puchotl y avebetl, y se defienden del sol. Nota bien tú que presumes de hombre, que aquel ó aquellos que fueron ilustres, grandes y famosos por sus obras notables, son como tú, y no de otro metal, ni de otra materia que tú: son tus hermanos mayores y menores: su corazon es como el tuyo, su sangre es como la tuya, sus huesos como los tuyos, su carne como la tuya; el mismo dios que te puso á tí el espíritu con que vives, y te dió el cuerpo que tienes, ese mismo dió aquel espíritu y cuerpo con que viven, ¿Pues qué piensas, é imaginas? ¿crees que es de madera, ó piedra su corazon y su cuerpo? tambien llora como tú, y se entristece, ¿hay alguno que no ama el placer? Pero porque es recio su corazon y macizo, se vá á la mano, y se hace fuerza para orar á dios, para que su corazon sea santo y virtuoso: llégase devotamente á Dios todopoderoso con lloros y suspiros: no sigue el apetito de dormir: á la media noche se levanta á llorar y suspirar, y llama y clama á dios todopoderoso invisible, é impalpable: llámale con lágrimas: ora con tristeza: demándale con importunacion que le dé favor; de noche vela: en el tiempo de dormir, no duerme, y si es muger cuerda y sábia, duerme aparte: en otro lugar de casa hace su cama, y allí vela y está esperando cuando será hora de levantarse á barrer la casa, á encender fuego, y por esto la mira dios con misericordia: por esto la hace mercedes aquí en este mundo, para que tenga de comer y beber, y que no sepa de donde le viene la abundancia. Lo que siembra en sus heredades crece, y multiplícase: si quiere tratar en el mercado, todo lo que á él lleva se le vende á su voluntad. Tambien por esta causa de su velar y orar, le hace merced Dios de buena muerte, y al varon le hace merced de que sea fuerte, valiente y vencedor en la guerra, y de que sea contado entre los soldados esforzados y animosos que se llaman quauhpetlatlocelopetlatl; y tambien hácele merced de riquezas y deleites, y de otros regalos que él suele dar á los que le sirven, y tambien le dá honra y fama. ¡Oh caballeros! ó señores de pueblos y provincias! ¿qué haceis? no conviene que por razon de beber uctli, y de estar envueltos en vicios carnales, haga burla de nosotros la gente popular: idoos á la guerra y á los lugares de las batallas, que se llaman tevatempan, en donde nuestro padre y nuestra madre el sol, y el dios de la tierra, señalan, anotan y ponen por escrito, y almagran á los valientes y esforzados, que se egercitan en la milicia, ¡Oh mancebos nobles, y criados en los palacios, entre la gente noble! ¡Oh hombres valientes, y animosos como águilas y tigres! ¿qué haceis? qué habeis de ser? Ausentaos de los pueblos; id en pós de los soldados viejos á la guerra; desead las cosas de la milicia: seguid á los valientes hombres que murieron en la campaña que están holgándose, deleitándose, y poseyendo muchas riquezas, que chupan la suavidad de las flores del cielo, sirven y regocijan al señor sol, (que se llama tiacauh, quauhtleonnitl y niaumicqui) ¿No es posible que os vayais y os movais á ir tras de aquellos que ya gozan de las riquezas del sol? Levantaos, idos ácia el cielo á la casa del sol: ¿no será posible por ventura apartaros de las borracherias y carnalidades en que estais envueltos?[25] Bien aventurados son aquellos mancebos, de los cuales se dice y hay fama, que ya han cautivado algunos en la guerra, ó por ventura ellos fueron cautivados por sus enemigos, y entrados en la casa del sol. N. y N. nuestros sobrinos y parientes, ya están reposando, y sus padres y madres llorando y suspirando por ellos, y están derramando lágrimas; y si eres medroso y cobarde, y no te atreves á las cosas de la guerra, vete á labrar la tierra y á plantar maizales, serás labrador, y como dicen, serás varon en la tierra, y por aquí habrá misericordia de tí nuestro señortodo poderoso, y de lo que sembrares en los camellones gozarás despues que naciere, y se criare. Siembra y planta en tus heredades de todo género de plantas, como son maguéyes y árboles, y gozarán de ello tus hijos y nietos en el tiempo de hambre, y aun tú tambien gozarás de ello; comerás y beberás de tus trabajos ¡Oid con atencion vosotros los los nobles y generosos! principalmente enderezo mis palabras, á tí que eres ilustre y de sangre real. Ten cuidado del ejercicio de tañer y de cantar en coros, porque es ejercicio propio para dispertar los animos á la gente popular, que se huelga dios de oírlo, porque es lugar á proposito para demandar á Dios, cada uno lo que quisiere, y para provocarle á que hable al corazon; porque cuando es llamado con devocion, para que dé su ayuda y favor, hace mercedes. En este ejercicio y en éste lugar, se meditan, se consideran, é inventan los negocios y ardides de la guerra. Aunque habeis elegido á vuestro señor emperador, no vivirá para siempre, ni será su vida como vida de árbol ó de peña que dura mucho: ¿acaso nunca se morirá, ó ha de vivir para siempre? ¿por ventura no ha de haber otro señor despues de él? sí, que eleccion habrá andando el tiempo de otro señor, y de otros senadores, cuando murieren los que ahora son, y cuando por bien tuviere nuestro señor de ponerle en su recogimiento. ¿Estás por ventura contento? ¿está por ventura satisfecho tu corazon, porque haces y negocias lo que quieres? ¿ó por ventura estás puesto en un rincon, y no se hace cuenta de tí, y vives como solitario, apartado y olvidado? ¿Por ventura faltando los que ahora rigen la comunidad, irá á alquilar á alguno á otra parte ó á otro reino, para que le rija y posea el trono real, y tenga cargo de los valientes, esforzados y cautivos que entienden en el ejercicio militar? Mira, si te llegares á Dios, y te hicieres familiar de los que rigen, y te deleitares con ellos como en bodas, harás como hace la muger que se muestra en público ataviada y galana, para que la quieran y la deseen; y si te quieres estrañar y hurtar el cuerpo á tu comunidad, aunque te hagas vendedor de hortalizas, y leñador, que andes en los montes á traer leña, de allí te sacará dios, y te pondrá en los estrados, y te dará cargos de regir el pueblo ó señorio, y te hará que lleves acuestas ó en los brazos algun oficio de la república, ó la dignidad real: ¿En quien teneis puestos los ojos? ¿á quien esperais que os venga á regir? ¿qué haceis, ó hombres generosos é ilustres y de sangre real? ¿de quien huís? ¿de quien os apartais? ¿os apartais de vuestro pueblo y comunidad? Y vosotros, ó valientes hombres y esforzados, y padres de la milicia ¿nó sabeis que el reino y señorio tiene necesidad de dos ojos, de dos manos, y de dos pies? ¿no sabeis que necesita de padre y madre para que le laben y le limpien, y de quien le enjugue las lágrimas cuando llorare? tambien tiene necesidad de personas que sean ejecutores de los mandamientos de los que rigen,[26] y estos que son ministros de la guerra y de la república, irán por tí adonde estuvieres cogiendo yerbas, ó haciendo leña, ó camellones en los sembrados, y te llevarán al trono y al estrado real, para que tú consueles á la gente popular en sus aflicciones y necesidades; y pondrán en tus manos las cosas de la justicia, que és como una agua muy limpia para labar, y donde se purifican las suciedades ó delitos de la gente popular. Tú tendrás cargo de mandar castigar á los delincuentes, y á tí te tomará por su cara, por sus orejas, boca y pronunciacion nuestro señor dios que está en todo lugar, y tu hablarás sus palabras. Ruegoos, ó nobles y personas de palacio, y descendientes de la sangre real, y tambien á vosotros hombres fuertes, como águilas y como tigres que entendeis en las cosas de la milicia, que mireis por todas partes donde teneis algun defecto ó alguna mancha acerca de vuestras costumbres. Mirad que tal está vuestro corazon, si es piedra preciosa ó zafiro, si está cual conviene para el regimiento de la república, y si por ventura estais sucios ó manchados, y vuestras costumbres son malas, porque os emborrachais y andais como locos, y bebeis y comeis lo que no os conviene; no sois para regir, ni convenientes para los estrados, ni para el señorio; y si por ventura sois carnales y sucios, y dados á cosas de lujuria, no sois para el palacio ni para vivir entre los señores: si por ventura sois inclinados á hurtar y tomar lo ageno, y hurtais y robais, no sois para ningun oficio bueno. Exáminaos, y miraos si sois tales, que merezcais llevar acuestas el pueblo y su regimiento y gobierno, y para ser madre y padre de todo el reino. Por cierto si sois viciosos como arriba se dijo ¿sois por ventura para tal oficio? por cierto que nó, sino que sois dignos de castigo y reprehension: mereceis ser confundidos y afrentados, y andar azotados como persona víl; y tambien mereceis enfermedades, como ceguera ó tullimiento, y mereceis andar rotos y sucios, como un hombre miserable, por todos los dias de vuestra vida, y que nunca tengais placer y descanso, ni contento alguno; dignos por cierto sois de toda afliccion y de todo tormento. ¡Oh amigos y señores mios! estas pocas palabras os he dicho para vuestra consolacion, y para animaros al bien, y esforzar vuestras voluntades; tambien con esto cumplo con lo que debo á mi oficio, y cuando se ofreciere en alguna vez que encontrareis con vuestros pecados, acordaos y decid, ya oímos lo que nos dijo, y lo menospreciamos. Deseo que con paz y sosiego os gobierne nuestro señor dios: ¡oh muy amados mios! otra y otra vez os ruego, que noteis lo que habeis oído. Deseo que poco á poco lo deseis y ejerciteis, no haya nadie que se descuide: si por ser descuidados ó por menosprecio, dejareis y desentendiereis estas cosas, ¿á quien podrais echar la culpa sino solo á vosotros? Y los que pusiereis por obra estas cosas, y las guardareis en vuestros corazones, y las apretareis en vuestras manos, hareis bien con vosotros mismos y misericordia. Con esto vivireis consolados sobre la tierra, y aumentareis vuestra fama para con los viejos y ancianas personas: á los demas dareis buen ejemplo para seguir la virtud. No tengo mas que decir sino que ruego á nuestro señor Dios que os dé mucha paz, y sosiego.

Capítulo XV

Despues de la plática del señor, se levanta otro principal y hace otra al pueblo en presencia del mismo rei, encareciendo las palabras que este dijo, engrandeciendo su persona y autoridad, y reprehendiendo con agrura los vicios que él tocó en su plática.

¡Oíd con atencion los que presentes estais, hombres y mugeres! vuestro señor y rei os ha hablado personalmente: él os ha pláticado cosas muy preciosas, morales y necesarias; ha sembrado en vuestra presencia chalchivites y zafiros, piedras muy raras y dignas de ser estimadas, que los señores y grandes personas tienen atesoradas en su pecho, los señores que sustentan la tierra con su doctrina y leyes: ha abierto en vuestra presencia sus petlacallis, y cajas donde tiene depositadas sus riquezas, y donde está acopiado el tesoro de los grandes y sábios, para amonestar y doctrinar á sus vasallos; y pues habeis oído y visto lo que ha dicho y hecho, no es razon que ninguno de cuantos aquí estais dejeis de considerar la obligacion en que os ha puesto vuestro señor habiendoos hablado la misma persona del rei; y así sois obligados á guardar lo que habeis oído, no obstante de que están presentes muchos senadores sábios y retóricos, que pudieran hablar en su nombre, porque ellos tienen este oficio y cargo de hablar al pueblo, y manifestarles las leyes que dicta el señor rei. Al presente os ha dirijido la palabra por el sentimiento que tiene su corazon é interes que toma por vuestras costumbres y manera de vivir: tened por cierto ¡ó pueblo! y no dudeis, que él es vuestra verdadera madre, y sí, los que os dieron el ser, no os aman mas que el señor que os ha hablado. El te dá doctrina y luz para que vivas, y modo conque valgas; los que te engendraron tal vez no te hicieron tamaño beneficio. ¡Oh pueblo! has venido aquí á conocer á tu verdadero padre y madre, á quien has de obedecer, amar, y tener por tu verdadera riqueza y bienaventuranza; tú que tienes padre y madre, que eres generoso é ilustre, ó de generacion de gente valerosa que se ejercita en la milicia, ó eres hijo de algun hombre rico, que has nacido y te has criado en regalo: ¿no recibes las palabras y doctrina que te dá tu padre y madre? pues hélo aquí en el mismo rey y señor, cuyas palabras debes de recibir y guardar en tu corazon, y tener su doctrina por espejo. Á él debes obedecer, y si á él no prestas obediencia ¿á quien obedecerás? ¿quien vendrá en su lugar? ¿á quien esperas para obedecerle? Si por ventura no recibieres esta doctrina, haz como te pareciere que sobre tí vendrá tu merecido; pues que estás en la ira de dios, no es posible sino que sobre tí venga en breve, ó que esté ya en el camino algun gran mal: quizá viene sobre tí algun espantoso hado, ó algun trabajoso ó riguroso castigo de nuestro señor dios. Por ventura haz merecido que antes de tiempo seas ciego ó tullido, ó que te pudras con alguna enfermedad, ó acaso andarás pobre y miserable, sucio y roto, y te verás y te desearás. Pues dime ahora ¿qué es lo que quiere tu corazon? ¿quieres que te venga á hablar nuestro señor dios en figura de hombre, y con palabras de tal? ¿Entónces recibirás y tomarás su consejo? ¿Entónces se satisfará tu corazon? ¡Oh grandísimo bellaco! dí, ¿qué quieres? ¿qué piensas de tí? ¿quien eres tú? aquí manifestamos lo que debes ser, y sacamos en público como de cofre y de caja: aquí derramamos y esparcimos delante de tí cuentas de oro, plumas ricas, piedras preciosas muy finas y muy raras, que no se suelen dar, ni se suelen decir, y que están atesoradas en los depósitos de los grandes señores, que solo ellos las poseen. ¡Oh hombre malvado! ¿por ventura por tí solo fué elegido y enviado tu señor y rey N., gran señor, muy regalado, muy querido y gran príncipe? y por tí solo derramamos y esparcimos los tesoros que tenia en su corazon? ¿Piensas perverso que son pocos los negocios en que entiende? ¿Sabes de qué naturaleza es el regimiento de cuanto posees? ¿Sabes los trabajos que hay en el gobierno de la república? por cierto que no, ni lo consideras: sabe que todos los dias y noches de este mundo, no cesa de llorar por tí, y por otros bellacos como tú. Este señor y rey que aquí ves, todos los dias y noches anda de rodillas y de codos, orando y gimiendo por tí delante de dios, para saber como se habrá en regirte y llevarte acuestas los dias que viviere, y para saber en los años que le restan de la vida como te conducirá y guiará por camino derecho, y para saber que és lo que dios ha de hacer de tí, y que es lo que está determinado de tu persona, en los cielos y en el infierno; ó si por ventura estás desamparado y desechado. ¿Acaso tú tienes cuidado de las cosas adversas y espantables que han de venir, que no las vieron, pero temieron los antiguos y antepasados?[27] ¿Tienes cuenta y cuidado con los eclipses del sol, ó con los temblores de la tierra, ó con las tempestades de la mar, ó con los rompimientos de los montes? ¿La tienes de la angustia que se siente cuando vienen diversas tribulaciones y desasosiegos de todas partes, y cuando mirando á todas ellas no hay favor ninguno? ¿Proveerás por ventura tú, y es á tu cargo el pensar cuando se levantará guerra, cuando vendrán los enemigos á conquistar el reino, señorio ó pueblo en que vives? ¿Es á tu cargo el pensar con temor y con temblor, si por ventura se destruirá y asolará el pueblo, y habrá gran tribulacion y afliccion? ¿Cuando se verá la perdicion y destruimiento, que acontecerá á los pueblos, reinos y señónos, y cuando súbitamente quedará todo á obscuras y todo destruido, ó cuando vendrá tiempo en que nos hagan á todos esclavos, y andáremos sirviendo en los mas bajos servicios, como son arrastrar piedras y maderos, y servir á los enfermos? ¿Por ventura vendrá hambre donde haya tan gran mortandad de la gente popular, que se asolará y yermará el pueblo? Tambien hay cuidados y trabajos acerca de las cosas de guerra, en pensar que modo se tendrá para resistir á los enemigos para conservar el reino ó el pueblo, porque jamás cesan las peleas y las guerras donde se derrama mucha sangre y muere mucha gente. En estas cosas ya dichas entienden, piensan, se afligen y fatigan de noche y de dia los que rigen y gobiernan; y tu que estás aquí presente no tienes cuidado mas que de tí solo, pues te llevan acuestas y en brazos los que rigen. Grandes son ciertamente los trabajos de los señores, reyes y gobernadores; y mira que ahora que tu señor te habla y te ecsorta á la obediencia y al bien vivir, no le menosprecies ni le desdeñes dentro de tí; por el contrario, debes tenerle en mucho, pues que tiene por bien de hablarte y verte en persona; y nuestro Señor dios le inspira lo que te dice, y esto has de tenerlo en mucho, y tenerte por indigno de oír sus palabras, las que debes guardar dentro de tí como oro en paño; tenlo como por mochila para todo el tiempo que vivieres en este mundo, y mira que no lo pierdas: ponlo dentro de tu corazon porque te será vida y consuelo todo el tiempo que vivieres: has recibido gran beneficio, y acaso nunca otro tal recibieron ni tu madre, ni tu padre, ni en ningun otro tiempo te será hecho otro igual. En conclusion, deseoos á todos los que aquí estais, prosperidad y buena andanza, y por esta causa he dicho estas pocas palabras para vuestro provecho, y en servicio de nuestro señor y rey. Hijo, Dios te dé mucho reposo.

Capítulo XVI

De la respuesta que hacia un viejo principal y sábio en el árte de bien hablar respondiendo de parte del pueblo, y agradeciendo la doctrina que contenia el razonamiento del señor, y protestando la guarda de lo que les habia dicho.

¡Oh serenísimo y humanísimo señor nuestro! ya os ha oído aquí vuestro pueblo y vuestros súbditos: ya han notado las palabras muy preciosas y dignas de encomendar á la memoria, que por vuestra boca han salido, y nuestro señor dios os ha dado. Habeislas tenido atesoradas en vuestro pecho para esta hora: ya han rogado por vos á nuestro señor, todos los principales, nobles y generosos caballeros que estan aquí presentes, y son tan estimables como piedras preciosas, y los hijos y descendientes de señores, reyes, senadores, hijos y criados de nuestro señor é hijo Quetzalcoatl, los cuales en los tiempos pasados rigieron y gobernaron el imperio y señorios, y para ello nacieron señalados, y elegidos de nuestro señor é hijo Quetzalcoatl. Todos han escuchado las inapreciables palabras que por vuestra boca han salido. Pienso y tengo para mí por cierto, que ellos las notarán y pondrán por obra, seguirán por ellas toda su vida, las tendrán escritas en su corazon, y quedarán depositadas en lo mas íntimo de su alma, puesto que ya personalmente han visto y oído lo que se dijo, y quien les habló; hagan pues lo que les pareciere de ellas. Yo tengo por averiguado que se aprovecharán de tal doctrina, y que con ella, á beneficio de su entendimiento y voluntad, y haciendo lo que les habeis dicho, podrán parecer donde quiera, y aun ganar honra, fama y hacienda; y si por ventura tuvieren en poco y menospreciaren tan preciosa doctrina, allá se lo hayan, esta será señal de que están desechados, y de que Dios los tiene abandonados. Ya para con ellos está hecho el deber vuestro, porque vos señor habeis cumplido con lo que demanda vuestra dignidad y oficio real. Los que no sientan esto, irán como ciegos á dar cabezadas por los rincones y paredes, é irán al fin á caer en las barrancas; entónces cuando vieren sus caídas, yerros y desvarios, comenzarán á acordarse de vuestras preciosísimas palabras, y dirán para sí: ¡Oh desventurados de nosotros! ¡pluguiera á dios que nunca hubiéramos oído lo que oímos, ni que se nos hubiera dicho lo que se nos dijo! ¡Oh infelices! que por nuestra culpa hemos perdido lo que se nos dijo: ahora tenemos nuestro merecido: imposible nos es remediar este mal en que hemos caido! ¡Oh señor, que gran merced han recibido y habeis hecho á vuestros vasallos y pueblo, así á los altos como á los medianos y á los mas bajos! ¡Señor! siquiera las miajas ó las sobras de lo que se ha dicho han cogido y gozado, y es lo que se les ha caído de la mesa á los que son ricos, y tienen abastanza de bienes, y son nuestros señores. Donde quiera que estuviere algun amigo y conocido de Dios, sin falta se aprovechará, y tomará para sí estos beneficios y mercedes, y será agradecido á nuestro Dios, y tomará esta doctrina para hacerse hijo suyo, conformándose con lá voluntad del mismo Dios: por esto ganará alguna dignidad, ó en las cosas de la guerra, ó en las de los estrados y regimiento de la república; porque antiguo adagio és, que los que andan á coger yerbas y leña para el fuego en las montañas, los escoge nuestro señor; y aunque estén en el estiercol, de allí los saca el todopoderoso dios, y los hace dignos para el reino, regimiento y gobernacion, y para que posean los estrados y sillas del reino, y para que rijan y quien al pueblo,[28] y sean gobernadores y reyes, sean reverenciados y estimados, y sean padre y madre de toda la gente, y que ellos consuelen, limpien, y enjuguen las lágrimas á todos sus vasallos cuando están afligidos; y éste tal tomado y elegido de leñador y hortelano, juzgue y determine las causas, y sentencie los crímenes de muerte, y haga matar á los culpados del delito; porque éste tomó y guardó dentro de sí las palabras de nuestro señor, y las puso por obra, y las estimó y tuvo en provecho cuando las pronunció el señor, y rey que es imágen del mismo dios, y el mismo se las hizo hablar. Tambien están presentes los senadores y jueces que se hallan colocados á la diestra y siniestra de V. M. ¡Oh hombre y señor nuestro precioso! habeis, dicho y todos los que están presentes hemos oído, las leyes y consejos preciosos, maravillosos y raros, que les teniades guardados; grandes mercedes y beneficios habeis hecho á este pueblo, habiéndoles hablado como madre y padre á sus hijos: habeis llenado un deber para con vuestro pueblo: le habeis declarado y manifestado los secretos de vuestro corazon, y ellos todo lo han oído y recibido. Ruego á nuestro señor que todos los sientan y entiendan, y los pongan por obra donde quiera que fueren y estuvieren. ¡Plega á dios que con lágrimas se acuerden de éste favor, y con él se consuelen cuando hicieren alguna cosa que no conviene! ¡Oh señor y rey nuestro! ¡Oh señores senadores y jueces! Tal vez ya os doy pena con la proligidad de mis palabras: seais muy bienaventurados: déos nuestro señor dios mucha paz y sosiego, y vivais por muchos años, rigiendo, gobernando, y ayudando á nuestro señor dios con vuestros oficios, el cual es invisible é impalpable.

Notas de Bustamante

  1. Nota de Bustamante: Abarrisco sin detencion, consideracion ni reparo. ↩
  2. Nota de Bustamante: O como si dijéramos no queda: pelo mi hueso. ↩
  3. Nota de Bustamante: Bastante ha dicho: la divinidad no puede mostrarse insensible á clamores y ruegos tan eficaces, se ha herido la fibra de la compasion de un corazon todo lleno de clemencia. ↩
  4. Nota de Bustamante: Por lo inmundo de la comida. ↩
  5. Nota de Bustamante: Non ex operibus justitiæ quæ fecimus nos, sed secundum misericordiam suam, salvos nos fecit. ↩
  6. Nota de Bustamante: De stercore erixens pauperem.... Sentimientos conformes con los de S. Pablo y David en cuanto á la divina gracia gratis data, y en cuanto á la providencia. ↩
  7. Nota de Bustamante: Es decir Comandantes, ó Capitanes generales de ejército. ↩
  8. Nota de Bustamante: Esta oracion está copiada, aunque no en su totalidad, en el número 4 de los Ocios de los españoles emigrados; periódico mensal de julio de 1824, y presentado como modelo de elocuencia. Poseía allí este manuscrito, el Sr. D. Felipe Bouzá escelente marino, y lo vendió á un librero por 700 pesos fuertes, ó 135 libras esterlinas. En la idea que dá de él en dicho número padeció algunas equivocaciones. ↩
  9. Nota de Bustamante: Vease el capítulo 12 del lib. 1.° ↩
  10. Nota de Bustamante: La gracia sin la que no puede tener ni un pensamiento bueno, y la perseverancia en el buen obrar. ↩
  11. Nota de Bustamante: Con este concepto lo echa todo á perder el Sátrapa, y profesa la doctrina del fatalismo. El hombre peca con voluntad, es tentado por su concupicencia lo es; pero no arrastrado irresistiblemente á la culpa. ↩
  12. Nota de Bustamante: No hay nada de eso, venimos conquinados con la culpa original. ↩
  13. Nota de Bustamante: Este razonamiento se parece al de Sócrates antes de morir, que haviendo dicho maravillas á sus discípulos, y probádoles la inmortalidad del alma, ecshortó á Criton, á que fuera á ofrecer un gallo á Esculapio.... Sacrifica un esclavo, es decir cométe el crimen mas abominable para aplacar á un Dios que es todo humanidad, y aborrece altamente la efusion de sangre; ¡qué inconsecuencia! ↩
  14. Nota de Bustamante: Vease la pág. 10 tóm. 1.° ↩
  15. Nota de Bustamante: Hoy no les faltan muchos sectarios á los Cuextecas. ↩
  16. Nota de Bustamante: Brazalete de oro. Parece quiere decir es el brazalete ligado con la correa adobada de cuero amarillo, que se ata á las pantorrillas con cascabeles de oro. Estas metáforas solo se percibe su belleza en el idioma en que se esplican. ↩
  17. Nota de Bustamante: ¡Que pocos de los que reciben el cargo de regir á los hombres confiesan con esta noble franqueza su ineptitud para gobernarlos! por el contrario, todos se creen aptos para tamaña empresa, aunque se confesarian incapaces de hacer una olla ó una puerta porque ignoran los oficios mecánicos. Si esto no fuera cierto andariamos mejor gobernados. ↩
  18. Nota de Bustamante: Este recuerdo le hizo Alejandro á Abdalomino cuando lo hizo Rey de Sydon, quitándole la azada de las manos con que cultivaba el campo, y con cuyos productos se mantenia. ↩
  19. Nota de Bustamante: Esta oracion por larga está empalagosa; pero contiene admirables reflecciones, excédela en mucho la que Netzahualpilli rey de Tezcoco dijo á Moctheuzoma segundo, cuando subió al trono de México: lease en mi obra intitulada Tezcoco en los últimos tiempos de sus antiguos Reyes pág. 256. Ella reúne á la elocuencia la precision, y los mas delicados primores del arte, manejados por un sabio político y fino cortesano. Conócese por ella, que aquel fué el reinado de la literatura y buen gusto de los mexicanos, y en frase de los Poetas su siglo de Oro. Los sábios franceses la han admirado. decia el P. Mier. ↩
  20. Nota de Bustamante: Los señores siempre traían consigo muy espertos oradores para responder y hablar cuanto fuera menester, y esto desde el principio de su eleccion, los cuales siempre andaban á su lado. y cuando mandaba alguno de estos que respondiese decia lo que se sigue. ↩
  21. Nota de Bustamante: Es una verdadera alocusion moral que hoy llaman Proclama. ↩
  22. Nota de Bustamante: O sea oficial general. ↩
  23. Nota de Bustamante: Esta es la mas hermosa precision que puede formarse para hacer justicia sin ascepcion de persona, y sin respeto á los vínculos de la carne, sangre y amistad. Te hiciste enemigo de la ley y mio que yo ejecuto. ↩
  24. Nota de Bustamante: Todas estas eran señales de distincion, honor y premio, como entre nosotros las cruces, las bandas, las espadas, ó el cordon de la legion de honor á que aspiran nuestros militares. ↩
  25. Nota de Bustamante: Estas mismas preguntas hacia yo en el fondo de mi corazon á ciertos preciados de patriotas mirándolos pasear en México cuando los españoles ocupaban nuestras costas. ↩
  26. Nota de Bustamante: Para este negocio de ejecutar la justicia, habia dos personas principales, uno que era noble y del palacio, y otro capitan y valiente que era del egercicio de la guerra. Tambien sobre los soldados y capitanes, habia dos principales que regian, el uno que era Tlacateccatl y el otro Tlacochtecutli: el uno de los dichos era pilli, y el otro principal en las cosas de la guerra, y siempre pareaban un noble con un soldado para estos oficios. Tambien para capitanes y generales de las cosas de la guerra pareaban dos uno noble ó generoso, y del palacio, y otro baliente, y muy egercitado en la guerra: el uno de estos se llamaba Tlacaccatl y el otro Tlacochcalcatl: estos entendian en todas las cosas de la guerra, y en ordenar todas las cosas que concernirian á las cosas de la milicia. Del autor. ↩
  27. Nota de Bustamante: Esto dice relacion á las predicciones sobre la venida futura de los españoles en que meditaban los reyes de México. ↩
  28. Nota de Bustamante: David ponderando la misericordia de Dios en escoger á sus selectos habia dicho..., Ut colocet eum cum Principibus, cum Principibus Populi sui... De stércore erigens pauperem. Tamaña bondad de Dios, ha sido notada y celebrada por los gentiles mexicanos. ↩
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