Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España. Libro IX: De los mercaderes y oficiales
Texto: Bernardino de Sahagún; edición de Kingsborough (Londres, 1830). Transcripción y disposición: Grok Bot (IA), revisadas por Orlando Santos.
El Libro IX trata de los mercaderes (su origen, sus viajes, sus banquetes) y de los oficiales que labraban el oro, las piedras preciosas y la pluma.
Esta serie publica la Historia general en su texto castellano. El Libro I sigue la edición de Bustamante (México, 1829); los libros II a XI siguen el texto que Lord Kingsborough imprimió en el volumen VII de sus Antiquities of Mexico (Londres, 1830). Conservamos la ortografía de 1830 («quatro», «muger», «ivan»). El Libro XII, dedicado a la Invasión española, no se incluye en esta serie, que se ocupa de la descripción del mundo nahua; tampoco se reproduce el índice del volumen.
Texto: Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España, en Edward King, vizconde de Kingsborough, Antiquities of Mexico, vol. VII (Londres, 1830), dominio público, vía Internet Archive. Transcripción a partir del reconocimiento óptico de caracteres, cotejada con los facsímiles; las notas marcadas «Nota de Kingsborough» son de la edición de 1830. Para el náhuatl, véase el Códice Florentino Digital (Getty Research Institute). Imagen de portada: Códice Florentino, libro IX (1577): mercaderes mexicas disfrazados en Tzinacantlan, vía Wikimedia Commons (dominio público).
- Prólogo
- Capítulo I — Del principio que tuvieron los mercaderes en Mexico y en Tlatilulco.
- Capítulo II — De como los Mercaderes comenzaron á ser tenidos por Señores y honrados como tales.
- Capítulo III — De las ceremonias que hacian los mercaderes cuando se partian á alguna parte tratar.
- Capítulo IV — De lo que hacian en llegando á donde iban.
- Capítulo V — De donde nació que los mercaderes se llamaron Naoaloztomeca.
- Capítulo VI — De la ceremonia que se hacia á los mercaderes cuando llegaban á su casa, que se llama Lavatorio de pies.
- Capítulo VII — Del modo que tenian los mercaderes en hacer banquetes.
- Capítulo VIII — De las ceremonias que hacia el que hacia el banquete cuando comenzaban los cantores el areyto, y lo que hacian por toda la noche.
- Capítulo IX — De las ceremonias que hacian al romper del alba, y de lo que hacian en saliendo el sol.
- Capítulo X — De otra manera de banquete que hacian los mercaderes mas costoso, en el cual mataban esclavos.
- Capítulo XI — De lo que pasaba cuando el que hacia el banquete iba á convidar los otros mercaderes á Tochtepec.
- Capítulo XII — De lo que pasaba el que hacia el banquete con los mercaderes de su pueblo despues que volvia de convidar,
- Capítulo XIII — De como se comenzaba el banquete fiesta, y de lo que en él pasaba.
- Capítulo XIV — De como mataban los esclavos del banquete.
- Capítulo XV — De los oficiales que labran oro.
- Capítulo XVI — De la manera de labrar de los Plateros.
- Capítulo XVII — De los oficiales que labran las piedras preciosas.
- Capítulo XVIII — De los oficiales que labran pluma, que hacian plumages y otras cosas de pluma.
- Capítulo XIX — De la fiesta que los oficiales de pluma hacian sus Dioses.
- Capítulo XX — De los instrumentos con que labran los oficiales de pluma.
- Capítulo XXI — De la manera que tienen en hacer su obra estos oficiales.
Libro nono
De los mercaderes y oficiales de oro, piedras preciosas y plumas ricas.
Prólogo
La órden que se ha tenido en esta Historia es que primeramente y en los primeros libros se trató de los Dioses y de sus fiestas, y de sus sacrificios y de sus templos, y de todo lo concerniente á su servicio; y de esto se eseribiéron los cinco primeros libros, y de ellos el postrero fué el libro quinto, que trata del arte adivinatoria y que tambien habla de las cosas sobrenaturales: en todos estos cinco libros se trata de lo que he dicho. El sexto libro trata de la Retorica y Filosofia moral que estos naturales alcanzaban, donde se ponen muchas maneras de oraciones muy elegantes y morales, y aun las que tocan á sus Dioses y á sus ceremonias se pueden decir muy teologales: en este mismo libro se trata de la estimacion en que se tenian los retoricos y oradores. Despues de esto se trata de las cosas naturales, y esto en el septimo libro; y luego de los Señores, Reyes, y gobernadores y principales personas, y luego de los mercaderes, y despues de los Señores, capitanes y hombres fuertes, que son los mas tenidos en la república, de los cuales se trata en el octavo libro; y tras ellos los oficiales de pluma y oro y de piedras preciosas: de estos se trata en el noveno libro; y las calidades y condiciones y maneras de todos los oficiales y personas se tratan en el libro decimo, donde tambien se trata de los miembros corporales, y de las enfermedades y medicinas contrarias; y tambien de las diferencias y diversidades de generaciones de gentes que en esta tierra habitan y de sus condiciones. En el undecimo libro se trata de los animales, aves, yerbas y árboles. En cel libro duodecimo se trata de las guerras cuando esta tierra fué conquistada, como de cosa horrible y enemiga de la naturaleza humana.
Capítulo I
Del principio que tuvieron los mercaderes en Mexico y en Tlatilulco.
Siguese la mancra que tenian los mercaderes antiguamente en sus mercadurias. Cuando los mercaderes comenzaron en Tlatilulco de Mexico á tratar, era Señor uno que se llamaba Quaquapitzaoac, y los principales tratantes eran dos, el no se llamaba Ytzcoatzin, y el otro Tziutcalzin. Las mercadurias de estos por entonces eran plumas de papagayos, unas coloradas que se llamaban Cuezal, otras azules que se llamaban Cuillatexolli, y otras coloradas como grana que se llamaban Chamulli: estas tres cosas eran todo su trato. Despues que el Señor arriba dicho murió, cligiéron otro Señor que se llamó Tlacateul, y en el tiempo de este los principales de los mercaderes fueron dos, el uno se llamó Cozmatzin, y el otro Tzonpantzin. En tiempo de estos se comenzaron á vender y comprar las plumas que se llaman Quetzalli, y las piedras turquesas que se llaman Xivitl, y las piedras verdes que se llaman Chalchivitl, y tambien las mantas de algodon y maxtles de algodon, porque de antes solamente usaban de mantas y maxiles de Neguen; y las mugeres usaban de vipiles y naoas tambien de Ychtli.
Muerto este Señor eligiéron otro que se llamó Quauhilatoatzin. En tiempo de este fueron principales de los mercaderes dos, el uno se llamó Tollamimichtzin, y el otro Miczotzin-yautzin. En tiempo de estos se comenzaron á comprar y vender barbotes de oro, anillos de oro, y cuentas de oro, y piedras azules labradas como cuentas, y grandes Chalchivites, y grandes Quetzales, y pellejos labrados de animales fieros, y otras plumas ricas de diversas maneras y colores.
Muerto este Señor eligiéron otro que se llamó Moquivixizin. En tiempo de este fueron principales de los mercaderes dos, el uno que se llamó Popoiotzin, y el otro Tlacochintzin. En tiempo de estos se comenzaron á comprar y vender las mantas ricas y labradas de diversas labores, y los maxiles ricos y labrados acia las extremidades, como dos ó tres palmos en largo y en ancho; y tambien las naoas ricas y los vipiles ricos, y tambien las mantas de ocho brazas en largo, tejidas de hilo torcido como terliz; y tambien se comenzó á tratar el cacao en este tiempo; y todas las otras mercadurias que arriba se digeron, se comenzaron á tratar en mas abundancia que de antes. Este Moquivix fué el postrero Señor de los Tlatilulcanos, porque le mataron los de Tlatilulco, y de alli adelante cesaron los Señores; y el regimiento que de alli adelante usaron los Tlatilulcanos fué por via de consules, que fué su primera manera de regimiento; y los consules que entonces comenzaron á regir, el uno de ellos se llamaba Tlacatecatzintli Tzioacpopocatzin; el otro Tlacochcalcatzintli Ytzquauhtzin; ambos estos eran muy principales; y tambien fué el tercero Tlacochcalcatzintli Tezcatzin: el cuarto se llamaba Tlacatecatzintli Totoçacatzin. Todos estos eran muy nobles y valientes y Mexicanos.
Capítulo II
De como los Mercaderes comenzaron á ser tenidos por Señores y honrados como tales.
Los que fueron principales y regian á los mercaderes en el tiempo de los consules arriba dichos fueron uno Quauhpoiaoaltzin, el segundo Neutilamatitzin, el tercero Vetzcatocatzin, el cuarto Canatzin, el quinto Veiocomatzin. En este tiempo era Señor en Tenochtitlan, Avitzotzin. En este tiempo los mercaderes entraron á tratar en las provincias de Ayotlan y Anaoac. Los naturales de aquellas provincias los detuviéron allá como cautivos cuatro años en el pueblo que se llama Quauhtenanco, en el cual estuvieron cercados de los de Tequantepec, y los de Yzoatlan, y los de Xochitlan, y los de Amastecatl, y los de Quauhizonila, y los de Atlan, y los de Omitlan, y los de Mapachtecatl: todos estos pueblos dichos eran grandes pueblos. Otros muchos de otros pequeños pueblos eran contra ellos, y los tenian cercados, y peleaban contra ellos. Los mercaderes se defendian en el pueblo de Quauhtenanco que era fuerte: cautivaron los mismos mercaderes á muchos de los naturales gente principal, y otros muchos principales los cuales no se contaron: los principales que se cautivaron traian sus divisas como principales, cada uno segun su manera; traian por orejeras Necaztepuzili con pinjantes que les llegaban hasta los hombros, y traian por banderas Quetzalpanitl zaquanpanitl, y tambien brazaletes que se llaman Machoncotl. Estos se contaron que fueron presos de los mercaderes; algunos cautivaron veinte, y otros á quince. Despues que los mercaderes peleando por espacio de cuatro años conquistaron la provincia de Anaoacatl, y como todos los de aquella provincia se les rindiéron, luego los mercaderes Tlatilulcanos que les conquistaron se juntaron y se hablaron: tomó la mano el mas principal de ellos y dijo: O Mercaderes Mexicanos! Ya nuestro Señor Vitzilobuchtli, Dios de la guerra, ha hecho su oficio en favorecernos; en que habemos conquistado esta provincia; ya podemos seguramente imos á nuestra ierra; conviene que ninguno se ensoberbezca ni se tenga por valiente por los cautivos que hemos cautivado, que lo que hemos hecho no es mas que haber buscado tierra para nuestro Señor Dios Vitzilobuchtli. La paga de nuestro trabajo, porque pusimos á peligro nuestro cuerpo y nuestras cabezas, y la paga de nuestras vigilias y ayunos, cuando lleguemos á nuestra tierra ban de ser los barbotes de ambar, y las orejeras que se llaman Quetzalcoiolnacochtli, y nuestros baculos negros que se llaman Xaoactopilli, y los aventadores ú ojeaderos de moscas, y las mantas que hemos de traer ricas y los maxtles ricos: solo esto será nuestra paga y la señal de nuestra valentia, y ningun otro de los Mexicanos y mercaderes usarán de estas preseas, los que no se hallaron con nosotros en los trabajos de esta conquista. Y como estos mercaderes estuviéron cuatro años en la conquista de estas tierras, y en todos ellos nunca se cortaron los cabellos, cuando llegaron á sus tierras traian los cabellos hasta la cinta y mas abajo. Cuando el Señor de Mexico que se llamaba Avitzotzin oyó la fama de como venian estos mercaderes que habian ido á Ayotlan y habian hecho esta hazaña, luego mandó que los fuesen á recibir muy solemnemente. Fueron á recibirlos muchos de los satrapas y otros ministros de los templos: fueron tambien muchos de los principales de Mexico y muchos de los nobles. Los satrapas llevaban inciensos y otros perfumes que se usan para incensar: tambien llevaban caracoles que usaban tocar en los templos: llevaban tambien talegas llenas de estos perfumes; y los principales y nobles llevaban sus chaquetas vestidas, las cuales usaban para hacer sacrificios en los templos. Iban por el camino como en procesion en dos rengles, una de los Sacerdotes, y otra de los Señores: fueronse á juntar con ellos en el pueblo de Acachinanco; y cuando se juntaron con ellos comenzaron á quemar incienso y otros perfumes, haciendoles gran reverencia como antiguamente se usaba; y cuando hubiéron hecho todas las ceremonias que antiguamente usaban en su recibimiento, vinieron ordenados por todo el camino delante de ellos; y toda la gente comarcana del camino los salian á mirar por gran maravilla. Y como hubiéron llegado á Mexico ninguno se fuéá su casa, sino fueronse derechos á la casa del Señor Avitzotzin; y como entraron en el patio de los palacios, comenzaron á quemar muchos perfumes en los fogones que para esto estaban hechos para honra de los Dioses, donde el Señor Avitzotzin les recibió con grande honra, y les habló de esta manera: Amados mios, mercaderes y Tratantes, seais muy bien venidos, reposad y descansad; y asi los llevaron luego á la sala de los mas eminentes varones y generosos, donde por su órden estaban sentados segun el merecimiento de las hazañas; y como se hubo sentado el Señor Avitzotzin, luego los mercaderes pusieron á sus pies todas las divisas que usaban sus cautivos en la guerra: habiendo hecho esto, comenzó uno de ellos á hablar al Señor, diciendo asi: Señor nuestro, vive muchos años; aqui en tu presencia hemos puesto el precio, porque tus tios los Pochtecas, que estamos aqui, pusimos nuestras cabezas y vidas á riesgo, y trabajamos de noche y de dia; que aunque nos llamamos mercaderes y lo parecemos, somos capitanes y soldados que disimuladamente andamos á conquistar; y hemos trabajado y padecido mucho por alcanzar estas cosas que no eran nuestras sino que por guerra, y con mucho trabajo las alcanzamos. Oido esto, el Señor respondióles, diciendo: tios mios, muchas cosas habeis padecido; muchos trabajos habeis pasado como valientes hombres: fué la voluntad de nuestro Señor Vitzilobuchtli, Dios de la guerra, que salistes bien con lo que emprendistes, y habeis venido sanos y vivos como ahora os veo; y pareceme por lo que habeis traido que son las divisas de los enemigos que conquistastes, por lo que pusistes á riesgo vuestras vidas y vuestras cabezas, que os hago merced de todo ello para que solamente vosotros lo useis porque lo merecisteis, Hecho esto, luego el Señor les mandó dar muchas preseas en señal del agradecimiento por sus puenas obras: dióles muchas mantas de diversas maneras y muy ricas, y muchos maxiles muy ricos: dió tambien á cada uno una carga de mantas de Tochpanecaiotl, y á cada uno dió una fanega de maiz y otra de frisoles, y cierta medida de Chian. Estuviéron los Pochtecas en la conquista del pueblo de Ayotlan donde estuviéron cercados, cuatro años: al cuarto año venciéron y desbarataron toda la gente fuerte y valiente de los enemigos, los cuales traian divisas particulares. Cuando estaban en esta conquista oyó el Señor de Mexico Avitzotzin como estaban cercados los mercaderes Mexicanos en guerra contra los naturales: envió luego en su socorro á Motecugoma, que aun no era Señor sino Capitan, el cual se llamaba Tlacochcalcatl, con mucha gente, é yendo por el camino con su gente encontró con quien le dijo, que ya el pueblo de Ayotlan era vencido y lo habian tomado los Pochtecas; y tambien oyendo los Pochtecas como iba en st socorro, le saliéron al camino y digeronle: Señor Tlacochcalcatl, vengais en hora buena; no es menester que vayais mas adelante, porque ya la tierra está pacifica; y uo tenemos necesidad de socorro, porque nuestro Señor Vitzilobuchtli la tiene en su poder; ya los Mexicanos mercaderes han hecho su hecho. Oido esto, Tlacochcealcatl se volvió con ellos. Despues de esta conquista ha estado el camino seguro y libre para entrar en la provincia de Anaoac sin que nadie impida, ni los Tzaputecas ni los Anaoacas. Y los Quetzales y plumas ricas desde entonces se usan por acá; y primeramente los trugeron los mercaderes ricos de 'Tlatilulco y los usaron, y tambien el Señor de Mexico Avitzotzin. Los dichos mercaderes del Tlatilulco se llaman tambien capitanes y soldados disimulados en habito de mercaderes que discurren por todas partes; que cercan y dan guerra á las provincias y pueblos. Quisolos señalar el Señor Avitzotzin con bezotes de oro, que tambien trugeron de la conquista; que ellos solos los usasen como mensageros del Rey, y las otras preseas que les dió y que arriba se digeron, solos ellos las usasen en las grandes fiestas, como era en la fiesta de Tlacaxipeoaliztli y otras semejantes, en las cuales se juntaban en Mexico todas las provincias comarcanas: entonces sacaban aquellas divisas que eran una ó dos veces en el año. Cuando ya estaban juntas todas las personas principales de todos los pueblos comarcanos en aquellas fiestas, acuchillaban los cautivos sobre la muela ó piedra redonda, como se dijo en el segundo libro. Este era teatro ó espectáculo que venian todos á ver los cautivos que se mataban. Algunos de aquellos cautivos que acuchillaban detenianse en la pelea defendiendose, y daban que ver á los que les miraban porque mostraban su fortaleza: otros de poco animo dejabanse luego matar: otros de los cautivos traianlos consigo sus dueños en el areyto, llevabanlos por los cabellos. Los mas principales compuestos con las divisas arriba dichas estaban mirando desde las sombras ó casas donde estaban aposentados. Estos mercaderes eran ya como caballeros y tenian divisas particulares por sus hazañas. Si.se hacia alguna fiesta entre año no se componian con aquellas divisas, sino con mantas de maguey bien tejidas; pero la gente noble que se llama Pipilti, en todas las fiestas del año se aderezaba con sus mantas ricas y con todos sus plumages; pero cuando no era fiesta sino de alguno en particular que hacia fiesta en su casa, los nobles no se aderezaban con mantas ricas y plumages, sino con mantas de Ychtli bien tejidas; pero aunque se ponian estas mantas, atabanlas de manera, que se pareciesen á las mantas que debajo llevaban en demostracion de su nobleza por fantasia. Cuando quiera que el Señor de Mexico queria enviar á los mercaderes que eran capitanes y soldados disimulados á alguna provincia para que la atalayasen, llamabalos á su casa y hablabales acerca de lo que queria se hiciese, y dabales mil y seis cientos toldillos que ellos llaman Quauchtli para rescatar; y como los tomaban llevabanlos al Tlatilulco, y alli se juntaban asi los mercaderes de Mexico como los del Tlatilulco, y se hablaron acerca del negocio que el Rey les habia encomendado: hablabanse con toda curiosidad y cortesia: despues de haberse comunicado dividian entre si los toldillos igualmente; los de Tlatilulco ocho cientos y los de Mexico otros ocho cientos: con aquellos toldillos compraban mantas ricas asi para hombres como para mugeres como está en la letra: como habian empleado los toldillos que el Señor les habia dado en las ropas dichas, compraban ellos muchas otras alhajas y atavios para su propio trato y rescate, asi atavios de hombres como de mugeres, asi para principales como para comunes como enla letra se cuenta.
Capítulo III
De las ceremonias que hacian los mercaderes cuando se partian á alguna parte tratar.
Cuando los mercaderes querian partirse de sus casas para ir á sus tratos y mercadurias, primeramente buscaban el signo favorable para su partida, y habiendo tomado el que mejor les parecia para se partir, un dia antes de su partida trasquilabanse las cabezas y se las jabonaban en sus casas para no se lavar mas las cabezas hasta la vuelta; y todo el tiempo que tardaban en este camino, nunca mas se trasquilaban ni se jabonaban las cabezas; solamente se lavaban los pescuezos cuando querian, pero nunca se bañaban: todo el tiempo del viage se abstenian de Javarse y de bañarse salvo el pescuezo como está dicho; y en llegando á la media noche de este dia en que se habian de partir, cortaban papeles como tenian costumbre para ofrecer al fuego, al cual llamaban Xiuhteculli: la figura de los papeles que cortaban tenia la figura de bandera y atabanla en una asta teñida de bermellon. Desque habian aparejado estos papeles de noche pintabanlos con tinta de Ulli, el cual Ulli derretian espetandolo en algun punzon largo de cobre, y como encendian el Ulli comenzaba á gotear, y aquellas gotas las echaban sobre el papel por cierto órden, de manera quc hacian una cara de persona con su boca narices y ojos: decian que esta era la cara del sol fuego. Despues de esto cortaban otro papel para ofrecer á Tlatecutli para ceñirse á los pechos, y tambien le pintaban con Ulli una cara como arriba se dijo. Despues de esto cortaban otros papeles para ofrecer á Yacatecutli, que es el Dios de los mercaderes: estos papeles los ataban á un baculo de caña maciza por todo él, y á este baculo despues de empapelarlo le adoraban como á Dios; y cuando se partian los mercaderes á tratar llevaban sus baculos y llevaban sus papeles pintados con Ulli, que era el atavio ú ornamento del baculo. Despues de los arriba dichos cortaban otros papeles para ofrecer á Cecoatl utlimelaoas, que es uno de los veinte caracteres ó signos del arte adivinatoria: era cortado en cuatro tiras, y pintaban figuras de culebras en los papeles con tinta de Ulli con sus cabezas, ojos, bocas y lenguas, y su pescuezo de culebra. Despues de esto cortaban otros papeles para ofrecer á los Dioses llamados, Zacatzontli y Tlacotzontli, Dioses del camino; y eran cortados á manera de mariposas, y goteados con gotas de Ulli. Despues de aparejados todos estos papeles como está dicho, luego á la media noche ofrecianlos: los primeros ofrecian al fuego poniendolos delante del hogar, y luego salian al medio del patio de la casa y ponianlos ordenados los papeles que ofrecian al Dios de la tierra llamado Tlatecutli, Juego ponian ordenados los papeles que eran dedicados á los Dioses del camino; y los papeles que eran dedicados al Dios de los mercaderes cubrian con ellos el baculo de la caña maciza: estos papeles nunca los quemaban porque cobijaban con ellos el baculo. Despues de haber ordenado su ofrenda como está dicho en medio del patio de la casa, luego se entraban dentro de la casa, y se ponian delante del fuego en pie, y descabezaban algunas codornices á honra del fuego. Habiendo ofrecido las codornices al fuego, luego se sangraban las orejas con unas lancetas de piedra negras, y algunos se sangraban tambien la lengua. Cuando ya corria sangre, tomabanla en la mano y decian: Teunappa, y cuatro veces echaban sangre al fuego, y luego goteaban los papeles que allí estaban ofrecidos al fuego. Hecho esto salian al patio y echaban de su sangre acia al cielo, poniendola sobre la uña del dedo: lo mismo hacian acia al Oriente, echando cuatro veces sangre con el dedo, como está dicho, acia al Oriente: lo mismo acia al Occidente: luego se volvian acia al Norte, que dicen ser la mano izquierda del mundo; y luego se volvian acia al Mediodia, que dicen ser la mano derecha del mundo, haciendo lo propio que arriba se dijo, y allí acababan de echar la sangre. Despues de acabado de echar la sangre acia las partes ya dichas, salpicaban los papeles que estaban ordenados en el patio con sangre. Hecho esto, entrabanse otra vez dentro de la casa delante del fuego y hablaban de esta manera: Vive muchos años, noble Señor Tlalxicteutical Nauhiotecatle, (estos son nombres del fuego, que estan invocativos,) Señor, ruegoos que recibais pacificamente esta vuestra ofrenda, y perdonadme si en algo os he ofendido. Dicho esto, ponian los papeles que estaban dedicados al fuego sobre las brasas y luego echaban copal blanco muy desecho y muy oloroso y muy blanco y muy puro y limpio, y metianlo debajo del papel para que luego se encendiese; y cuando estaban ardiendo el papel y el copal el ofreciente lo estaba mirando, y si veia que el papel humeaba y no ardia, tomaba mal pronostico, comenzaba á temer que algun mal le habia de venir; entendia que en el camino habia de enfermar; mas si veia que luego se encendia y ardia y respendaba, holgabase mucho porque de alli tomaba buen pronostico, y decia: hame hecho merced muestro Señor el fuego, que me ha dado á entender, que será prospero mi viage. Habiendo hecho esto salia al patio donde estaban ordenadas las demas ofrendas, y tomaba cada una de cllas y levantaba la primera como ofreciendola acia al Oriente cuatro veces, y otras cuatro al Occidente, y asi las otras partes del mundo. Tomaba primero la ofrenda que estaba dedicada al Dios Tlacotzontli, y luego la que estaba dedicada al Dios Cecoatl: esta ponia sobre las otras. Despues de hecha la ofrenda á las cuatro partes del mundo con cada una como está dicho, luego las tomaba todas juntas y las ponia en el fuego que habia encendido en el patio; luego hacia un hoyo en medio del patio y allí enterraba las cenizas de los papeles que se habian quemado asi dentro de casa como fuera, y cogia la ceniza de tal manera que no tomaba nada de las otras cenizas del fuego ni tampoco alguna tierra del suelo. Esto todo que se ha dicho se hacia á la media noche, y en amaneciendo luego enviaba á llamar, este que hacia esta ofrenda que era comun á todos los mercaderes cuando se partian, enviaba á llamar á los principales mercaderes, capitanes disimulados, y á los otros ricos mercaderes que trataban en comprar y vender esclavos; y tambien juntaba á los mancebos y á las viejas y á las otras mugeres sus tias; y despues que todos estaban juntos lavabanse las manos y las bocas. Hecho esto ponian delante de cada uno comida. En acabando de comer todos lavabanse otra vez las manos y bocas; y luego les ponian delante sus xicaras de cacao, y bebian; y luego les ponian delante las cañas de humo para chupar, Y el que los habia convidado luego se sentaba delante de ellos, y comenzaba á hablar de esta manera: Sea mucho en hora buena la venida á esta mi pobre casa: quiero que oigais algunas palabras de mi boca, pues que sois mis padres y mis madres, haciendoos saber de mi partida; y para este proposito os he hecho llamar y convidar para lavaros las manos y bocas antes que deje este barrio y este pueblo, porque ya tengo compradas las cosas con que tengo de rescatar por los pueblos por donde fuere: tengo compradas muchas navajas de piedra y muchos cascabeles y muchas agujas y grana y piedra lumbre: por ventura me dará buena dicha el Señor por quien vivimos y que nos gobierna: esto es con lo que me despido de vuestras maternidades y paternidades. Habiendoles dicho estas palabras, respondianles los mercaderes principales de los barrios que son, uno que se llama Pochtlan, otro Aoachtlan, otro Atlauhico como está en la letra. Cuando alguno hacia convite, ordenabanse los convidados de esta manera en sus asientos: sientanse todos juntos á las paredes en sus petates é yepales: á la mano derecha se sienta la gente mas principal por sus grados y órden de principalidad, como son entre los mercaderes, Pochtecatlatoque; y á la otra parte que es la mano izquierda se sientan los que no son tan principales por los grados y órden de su principalidad, como es entre los mercaderes de aquellos que llaman Naoaloztomeca. Las extremidades de estas dos partes ocupan los mancebos, ordenados por su principalidad. El que primero habla, respondiendo á la platica del que les convidó, es el principal que está en el primer asiento de la mano derecha, y dice de esta manera: Está muy bien dicho lo que habeis dicho: en vuestra presencia habemos oido y entendido vuestras palabras: deseamos los que aqui estamos, que vuestro camino que ahora quereis comenzar sea prospero, y que ninguna cosa adversa se os ofrezca en vuestro viage: id en paz y poco á poco, asi por los llanos como por las cuestas: conviene empero que vayais aparejado para lo que quisiese hacer en vos Nuestro Señor que gobierna los cielos y la tierra, aunque sea destruiros del todo, matandoos con enfermedad ó de otra manera: rogamos empero á Nuestro Señor, que antes murais en la prosecucion de vuestro viage que no que volvais atras, porque mas quisieramos oir que vuestras mantas y vuestros maxtles estuviesen hechos pedazos por esos caminos, y derramados vuestros cabellos para que de esto os quedase honra y fama, que no que volviendo atras diesedes deshonra á vos y á nos; y si por ventura no permitiese Nuestro Señor que murais, sino que hagais vuestro viage, tened por honra el comer sin chile y sin templamiento de sal, y el pan duro de muchos dias, y el Apinoli mal hecho, y el maiz tostado y remojado. Guardate, hijo, de ofender á nadie con tus palabras ó con tus obras; sé con todos reverente y bien criado. Mira, hijo, que si te ha dado Dios de los bienes de este mundo, no te altivezcas por eso ni menosprecies á nadie. Cuando te juntares con los que no conoces ó con alguno de Tenuchtitlan, ó de Quauhtitlan, ó de Azcaputzalco, ó de Vitzilopuchco, no los desprecies; hablales, saludales humildemente; y si Dios te llevare á los pueblos donde vas á tratar, sirve con humildad yiendo por leña y barriendo la casa y haciendo fuego y regando, sacudiendo los petates, dando aguamanos, y haciendo todas las cosas que tocan al servicio de los Dioses, como es hacer penitencia y traer ramos: sé diligente y curioso en todas las cosas de humildad. Esto has oido y bastete; no quiero decir mas. Los que hacian estos convites, que convidaban los principales mercaderes y de los demas barrios, eran personas de caudal y mercaderes que ya tenian costilla para gastar con sus convidados; empero los que eran pobres que aun no tenian caudal, convidaban á solos los mercaderes de su barrio; pero el que habia de ir por capitan de la compañia de los que iban, no solamente convidaba á los de su barrio pero tambien á los que habian de ir con él; y si alguno de estos era nuevo en el oficio, mancebillo que nunca habia ido en otro camino, y este era el primer camino que echaban á mercadear á estos mancebillos mercaderes nuevos, sus padres y sus madres los encomendaban al capitan, rogandole mucho que mirasen por ellos, como queda dicho en los libros de atras, tratando de esta materia. Y cuando ya se quieren partir para ir su camino, primero se juntan todos en la casa del mayoral que vá por capitan: tambien alli se juntan todas las cargas de sus mercaderias, y las cosas que llevan encomendadas para venderlas de los mercaderes viejos que se llaman Pochtecatlatoque, que ellos no iban en este viage, sino que encomendaban sus mercaderias para que las vendiesen, y despues partian con ellos la ganancia cuando volvian: tambien encomendaban algunas mugeres tratantes sus mercadurias para que hiciesen lo mismo. Todos juntos se juntaban en aquella casa y disponian sus cargas y esperaban alli hasta que partiesen en su presencia: tambien juntamente juntaban la provision para el camino como Pinolli y otras cosas, y todo lo juntaban dentro de la casa de noche. Teniendo ya todo junto lo que se habia de cargar, hacian sus cargas en los Cacaxtles, y daban á cada uno de estos que tenian alquilados para que les llevasen á cuestas la carga que habian de llevar; y de tal manera las compasaban que no eran muy pesadas y llevaban igual peso. Esto se hacia por el órden que daba el que iba por capitan: á los que nuevamente iban á deprender aquel oficio, que eran mancebillos, no los cargaban con carga, sino mandabanles que llevasen lo que se habia de beber como Pinolli, y las xicaras y los meneadores ó revolvedores que eran por la mayor parte hechos de conchas de tortuga. Habiendo ya concertado todas las cosas que habian de llevar, á la noche ponianlo todo en la canoa ó canoas, una ó dos ó tres, que eran para esto aparejadas. Habiendo puesto todas las cargas en las canoas volviase el capitan á los viejos y viejas que alli estaban esperando su partida, y deciales de esta manera: Aqui estais presentes Señores y Señoras, ancianos honrados, cuya ancianidad es tanta que apenas podeis andar; quedaos en hora buena; ya nos vamos, porque hemos oido las buenos consejos y avisos que teniades guardados en vuestro pecho para nuestro aviso y doctrina, palabras que con lagrimas las recibimos; ya con esto contentos y esforzados dejamos nuestro pueblo y nuestras casas y nuestros hijos y mugeres, nuestros padres y amigos y parientes, los cuales creemos que no nos echarán en olvido por estar ausentes. Luego los viejos y viejas les respondian: hijos nuestros, está muy bien lo que habeis dicho; id en paz; deseamos que ninguna cosa trabajosa se os ofrezca; no os dé pena el cuidado de vuestras casas y de vuestra hacienda, que harémos lo que debemos; ya os habemos dicho lo que os cumple como á hijos con que os habemos esforzado, exortado y avisado y castigado; mirad que no echeis en olvido las palabras ó consejos y exortaciones que vuestros padres y madres han puesto en vuestro seno; mirad, hijos, que estos mozuelos que van con vosotros, que no tienen experiencia aun de los trabajos de los caminos, que los habeis de llevar como por la mano; serviros heis de ellos para que donde llegaredes os hagan asentaderos de heno y aparejen los lugares donde habeis de comer y dormir con heno; y tambien tened gran cuidado de imponerlos en las cosas del servicio de los Dioses, que es el repartimiento de las noches y las vigilias de ella, para que con toda diligencia se ejerciten en ellas; no seais negligentes en imponerlos en toda buena crianza como conviene á los mancebos. Con esto se despedian de ellos del todo, y despues que habían acabado de hablar los unos con los otros, luego se levantaban todos y estaba hecha una hoguera de fuego grande cerca de la cual estaba una xicara grande teñida de verde y llena de copal; y cada uno de los que se iban su camino tomaba una tajada de copal y lo echaba en el fuego, y luego se entraban de rondon en la canoa: ninguno entraba entre las mugeres, ni se volvia á mirar atras, aunque alguna cosa se le hubiese olvidado en casa, ni procuraba por ella, ni hablaba mas á los que quedaban, ni ninguno de los que quedaban asi de los viejos como de las viejas mercaderes se mudaban para ir acia donde iban, ni siquiera un paso; y si alguno tornaba á mirar atras de aquellos que iban su camino, tomaban de ello mal agüero: tenianlo por gran pecador. De esta manera ya dicha se partian los mercaderes para ir á tratar á lejas tierras.
Capítulo IV
De lo que hacian en llegando á donde iban.
Despues que los mercaderes llegaban á la provincia donde iban, ó Anaoac ó á otra, luego sacaban las mantas ricas, y naoas ricas, y camisas ricas de mugeres, que les habia dado el Señor de Mexico. Esto se lo presentaban delante del Señor, saludandole de su parte, y como recibian los Señores de aquella provincia estos dones, luego ellos presentaban otros dones de otra manera, para que fuesen de su parte presentados al Señor de Mexico. Eran estos dones plumas ricas de diversas maneras y de diversos colores. Entraban en la provincia de Anaoac no todos, sino aquellos que iban de parte del Señor de Mexico, con quien estaban aliados y confederados, que eran los Tenochcas ó Tlatilulcos, ó los de Vitzilopuchco, ó los de Azcaputzalco, ó los de Quauhtitlan: todos iban acompañados los unos con los otros: iban todos juntos hasta al pueblo de Tochtepec. En este pueblo se dividian: unos iban á Anaoac Ayotlan, otros iban á Anaoac Xicalanco. Los mercaderes de Tlatilulco dividianse en dos partes, y los Tenochcas en otras dos; y los que acompañaban á estas parcialidades ó divisiones eran, los de Vitzilopuchco ó Azcaputzalco y de Quauhtitlan. Cuando ya iban á entrar en aquellas provincias que ya habian pasado de Tochtepec, todos iban á punto de guerra con sus rodelas y con sus espadas como ellos las usaban y con sus banderas, porque pasaban por tierra de guerra. En algunas partes recibian daño de los enemigos; en otras partes cantivaban de ellos. Desque llegaban á Xicalanco daban el presente que llevaban de mantas ó naoas y vipiles y maxtles muy labrados y ricos: dabanlos como está dicho á los principales; y luego tambien los mercaderes sacaban las joyas de oro y' piedras que sabian que eran preciosas en aquella provincia: una de ellas era como corona de oro: otra era como una plancha de oro delgada y flexible que se ceñian á la frente, y otras de otras maneras. Todas estas joyas eran para los Señores: llevaban tambien otras para las Señoras, que eran unos vasitos de oro donde ponen el huso cuando hilan; otras eran orejeras de oro, otras orejeras de cristal: tambien llevaban para la gente comun orejeras de la piedra negra que se llama Ytztli y otras de cobre muy lucidas, tambien navajas de Ytzti para raer los cabellos, y otras navajitas de punta para sangrar. Tambien llevaban cascabeles como ellos los usaban, y agujas como las usaban, y grana de tunas y piedra lumbre y Tochomitl. Llevaban tambien una cierta yerba muy olorosa que llaman Tlacopatli, y otra que llaman Xochipatli. Los principales mercaderes que se llaman Tealtianitecoanianie, llevaban esclavos para vender, hombres y muchachos, y mugeres y muchachas, y vendianlos en aquella provincia de Xicalanco; y cuando los llevaban por la tierra de enemigos, llevabanlos vestidos con armas defensivas para que no se los matasen los enemigos, que eran los de Tecuantepec, y los de Tzaputlan, y los de Chiapanecatl, por cuyos terminos iban; y cuando ya iban á entrar á la tierra de los enemigos, enviaban mensage á los de la provincia á donde iban, para que supiesen que iban y les saliesen de paz; é yiendo por la tierra de los enemigos iban de noche y no de dia. Como llegaban los mensageros á dar mandado á Anaoac, luego los Señores salian á recibirlos, y tambien venian aparejados de guerra con todas sus armas, y recibianlos en medio del camino de los enemigos, y de alli los llevaban consigo hasta su tierra que es Anaoac Xicalanco. En llegando los mercaderes á la provincia de Anaoac Xicalanco, luego daban á los Señores lo que el Señor de Mexico les enviaba y saludabanles de su parte; y luego el Señor ó Señores de la misma provincia del pueblo de Xicalanco y del pueblo de Cimatecatl y Guatzaqualco, les daban grandes piedras labradas verdes, y otros chalchiuites colorados, y otras que son esmeraldas que ahora se llaman Quetzaliztli, y otra manera de esmeraldas, y otras muchas piedras de muchas maneras. Tambien les daban caracoles colorados y abaneras coloradas y otras abaneras amarillas y paletas de cacao amarillas lechas de conchas de tortuga y otras paletas tambien de tortuga, pintadas como cuero de tigre blanco y negro. Dabanles plumas ricas de muchas maneras, y cueros labrados de hbestias fieras. Todas estas cosas traian los mercaderes de aquella provincia de Xicalanco para el Señor de Mexico; y como volvian y llegaban á Mexico, luego lo presentaban al Señor. De esta manera dicha hacian sus viages los mercaderes de Mexico que llamaban Tecunenenque, yiendo á aquella tierra de Anaoac que está cerca de enemigos de los Mexicanos. El Señor de Mexico queria mucho á estos mercaderes: tenialos como á hijos, como á personas nobles, y muy avisadas y esforzadas.
Capítulo V
De donde nació que los mercaderes se llamaron Naoaloztomeca.
La razon porque cierta parte de los mercaderes se llamó Naoaloztomeca, es que antes que se conquistase la provincia de Tzinacantla, los mercaderes Mexicanos que entraban á tratar en aquella provincia disimulados, tomaban el trage y lenguage de la misma provincia, y con esto trataban entre ellos y sin ser conocidos por Mexicanos. En esta provincia de Tzinacantla se hace el ambar y tambien plumas muy largas que llaman Quetzalli, porque alli hay muchas aves de estas que llaman Quetzaltotolme, especial en el tiempo de verano que comen alli las bellotas. Tambien hay muchas aves que llaman Xiuhtolomes, y otras que se llaman Chalchiuhtotomes que vienen á comer el fruto de un árbol que llaman Ytzamail; y cuando cazan estas aves que llaman Xiuhtototl, no las osan tocar con las manos, sino que rozan de presto heno verde para tomarlas, de manera que las manos no lleguen á la pluma; y si las toman con las manos desnudas, luego el color de la pluma se deslava y se para como amortiguada del color de azul claro deslavada. Hay tambien en aquella provincia muchos cueros muy preciosos de animales fieros. Estos mercaderes que se llamaron Naoaloztomeca compraban estas cosas dichas, y rescatabanlas con navajas de Ytzili y con lancetas de lo mismo, y con agujas y cascabeles, y con grana y piedra lumbre, y con almagre y con unas madejas que se llaman Tochimitl, hechas de pelos de conejos. Todas estas cosas tenian estos mercaderes que se llaman Naoaloztomeca con que rescataban el ambar de que se hacen los bezotes ricos y otros bezotes que llaman Tencolli, los cuales usaban los hombres valientes por demuestra de su valentia, que no temian la guerra ni la muerte, y eran muy diestros en el arte de pelear y de cautivar. Rescataban con lo dicho arriba tambien plumas ricas, como eran Quetzales y Xiuhtotoll y Chalchiuhtototl; y si alguna vez los conocian á estos mercaderes Mexicanos los naturales luego los mataban, y asi andaban con gran peligro y con gran miedo; y cuando ya venian y salian de aquella provincia para venir á sus tierras, venian con los mismos trages que entre aquella gente habian usado; y en llegando á Tochtepec donde eran tenidos en mucho, alli dejaban aquel trage y tomaban el trage Mexicano; y alli los daban bezotes de ambar y orejeras y mantas de maguey tejidas como tela de cedazo; y les daban aventaderos ó moscaderos hechos de plumas ricas, y tambien les daban unos baculos adornados con unas borlas de pluma amarilla de papagayos, con que venian por el camino hasta llegar Mexico, En llegando á Mexico, luego iban á ver á los principales mercaderes y daban relacion de toda la tierra que habian visto estos que se llamaban Naoaloztomeca. Habiendo oido los principales mercaderes la relacion de lo que pasaba, iban luego á dar noticia al Señor de Mexico, y decian: Señor nuestro, lo que pasa en la provincia de Tzinacantlan y lo que en clla hay, es esto, lo que te traemos y está en vuestra presencia; y esto no lo hemos sabido de valde, que las vidas de algunos ha costado: algunos Naoaloztomecas muriéron en la demanda. Habiendole contado por menudo todo lo que pasó, concluyendo decian: De esta manera que habemos dicho, han buscado vuestros siervos tierra para nuestro Señor Vitzilopuchtli: primero descubriéron la provincia de Anaoac y la pasaron que estaba toda llena de riquezas, y esto secretamente como espías que eran disimulados como mercaderes. Y despues que murió el Señor de Mexico que llamaban Avitzotzin fué electo por Señor Motezuzuma, que era natural de Tenochtitlan. Como fué electo guardaba las costumbres que tenian los mercaderes y honrabalos, y particularmente honraba á los principales mercaderes y á los que trataban en esclavos y los ponia cabe sí como á los generosos y capitanes de su corte, como lo habian hecho sus antepasados; y los senadores que regian al Tlatilulco, y los que regian á los mercaderes estuviéron muy conformes, y muy amigos, y muy á una; y los Señores mercaderes que regian á los otros mercaderes tenian por si su jurisdiccion y su judicatoria; y si alguno de los mercaderes hacia algun delito, no le llevaban delante de los senadores á que ellos le juzgasen, mas los mercaderes mismos que eran Señores de los otros mercaderes, juzgaban las causas de todos los mercaderes por si mismos; y si alguno incurria en pena de muerte, ellos le sentenciaban y mataban, ó en la carcel ó en su casa ó en otra parte segun lo que tenian de costumbre. Cuando los consules se sentaban en la audiencia, aderezabanse con atavios de gravedad y de autoridad; ponianse barbotes de oro ú otros barbotes de otras maneras; y los Señores que regian á los Pochtecas cuando juzgaban componianse con los aderezos arriba dichos, los cuales eran tambien insignias de que eran valientes, de que habian ido á la provincia de Anaoac entre los enemigos: tambien se componian de estos aderezos en las grandes fiestas. Tambien los Señores que regian los mercaderes tenian cuidado de regir el Tianquez y todos los que en él compraban y vendian, para que ninguno agraviase á otro ni injuriase á otro; y á los que delinquian en el Tianquez ellos los castigaban, y ponian los precios todas las cosas. Y cuando alguna vez el Señor de Mexico mandaba á los mercaderes y disimulados que fuesen á alguna provincia, si allá los prendian ó los mataban sin dar buena respuesta ó buen recibimiento á los que iban como mensageros del Señor de Mexico, sino que los prendian ó mataban, luego el Señor de Mexico hacia gente para ir de guerra sobre aquella provincia, y en el ejercito que iba, los mercaderes eran capitanes y oficiales del ejercito elegidos por los Señores que regian los mercaderes: ellos daban el cargo á los que iban, y los instruian de lo que habian de hacer: elegian tambien por Capitan General á uno de los principales mercaderes que se llaman Quappoyavalizin. Por mandado de este se hacia la gente para la guerra en Mexico, y en Tezcuco, y en Vexotla, y en Coatlichan, y en Chalco, y en Vitzilopuchco, y en Atzcaputzalco, y en Quauhtitlan, y en Otumba: de todos estos lugares dichos se recogia la gente para ir á esta guerra que tocaba á los mercaderes. Yiendo por los caminos al pueblo que llegaban los del Tlatilulco, todos se aposentaban en una casa y ninguno faltaba; y si alguno forzaba á alguna muger, los mismos principales de los del Tlatilulco se juntaban y le sentenciaban y asi le mataban. Y si alguno de los Pochtecas del Tlatilulco enfermaba y moria no lo enterraban, sino ponianle en un Cacaxtle, como suelen componer los difuntos con su barbote, y teñianle los ojos de negro, y teñianle de colorado el rededor de la boca, y ponianle unas bandas blancas por el cuerpo, y ponianle unas tiras anchas de papel á manera de estola, como se la pone el diacono, desdel hombro al sobaco: habiendole compuesto ponianle en un Cacaxtle y atabanle en él muy bien, y llevabanlo á lo alto de algun monte, y ponian el Cacaxtle levantado arrimado á un palo hincado en tierra, y alli se consumia aquel cuerpo; y decian que no moria sino que se iba al cielo en donde está el Sol. Lo mismo decian de todos los que morian en la guerra, que se habian ido donde está el Sol.
Capítulo VI
De la ceremonia que se hacia á los mercaderes cuando llegaban á su casa, que se llama Lavatorio de pies.
Cuando los mercaderes venian de mercadear de otras provincias á su casa, no entraban de dia en el pueblo ni en su casa sino ya de noche, y aun esperaban el signo prospero, como el signo de Cecalli ó de Chicomecalli. Tenian por prospero signo á este Cecalli, ó á una casa, porque decian que las cosas que traian entraban en casa de tal manera que alli habian de perseverar por ser cosas de Dios; y luego la misma noche iba á ver á su principal, debajo de cuyo regimiento estaba. bale á hacer saber como habia llegado sano y vivo. Deciale de esta manera: singular varon, esteis mucho en hora buena; sabed que soy venido con salud y vida. Despues que habia hablado á aquel, deciale; á la mañana iré á ver á nuestros padres y madres los mercaderes viejos; irán á beber un poco de cacao á mi pobre casa á donde muestro Señor me llama vivo.—El principal le respondia: seais muy bien venido, amigo mio; ya habeis hecho placer á vuestros padres y madres los mercaderes antiguos; ellos os hablarán mañana; idos ahora á descansar. Habiendo este mercader hablado á su principal y á los otros mercaderes y habiendoles convidado la noche precedente al convite, á la media noche cortaba papeles para ofrecer, en agradecimiento de que le habian ayudado los Dioses, para que fuese su viage prospero. Cortaba los papeles que era menester para el fuego, y los que eran menester para el Yiacatecutli, Dios de los mercaderes. Habiendo cortado los papeles, ofreciales á la media noche á estos Dioses en hacimiento de gracias; y habiendo hecho esto luego daba órden para la comida que era menester, como eran gallinas empanadas, y pastelejos de gallina, y tambien gallina cocida con maiz, que ellos llaman Totollaolli; y procuraba que se hiciese muy buen cacao mezclado con especias que se llaman TeunacazUi; y los mercaderes Convidados luego iban á la casa del convite (que solian tañer á aquella hora los satrapas, como ahora se tañe á la pelde ú hora de prima). En habiendose juntado los mercaderes asi hombres como mugeres y los parientes del mismo que hacia el convite, daban luego aguamanos, lavabanse las manos y las bocas, y luego salia la comida. Salia delante de todo la ofrenda ó comida del Dios Xiuhtecutli, que es el fuego, y ponianla ordenada delante del hogar, que eran cabezas de gallinas en caxetes con su molli: luego ponian comida delante de la imágen Yiacatecuili, Dios de los mercaderes, y en acabando de dar estas ofrendas á estos Dioses, luego daban comida á los convidados: habiendo comido tornaban á lavar las manos y las bocas: luego salian por su órden las xicaras de cacao que llamaban Teutecomall; y luego ponian una xicara delante de Xiuhtecutli, que es el fuego, y otra delante de Yiacatecutli, Dios de los mercaderes; y daban luego á todos los convidados á cada uno su Teutecomall: á la postre daban cañas de humo para chupar; y en acabando de comer y de beber estaba cada uno en su lugar sentado esperando lo que le habia de dar el que le convidó, que llaman ellos Quinvevechiua, que quiere decir, dón de viejo venerable: daban á los principales á cada uno dos Tecomates, que se llaman Ayotetli, y a los demas daban á cada uno uno, y juntamente daban á cada uno doscientas almendras de cacao, y cien granos de aquella especia que llaman Teunacaztli, y á cada uno daban una paleta de tortuga con que se revuelve el cacao. De esta manera hacian todos los mercaderes cuando venian de lejos. Habiendo ya hecho todo lo que arriba se dijo, el mercader que habia llegado de provincias lejanas, luego se ponia delante de sus convidados, y les hablaba de esta manera: Aqui estais presentes, Señores; sabeis que fui á ejercitar mi oficio de mercader con las cargas y con los baculos y con los cacaxtles, y he vuelto; hame guardado nuestro Señor todo poderoso de la muerte: por ventura hice algunas ofensas ó injurias á mis projimos; esto algun tiempo lo oireis y sabreis, porque tengo muchas faltas y pecados: he sido digno de ver otra vez vuestras caras como ahora lo veis: he venido otra vez á juntarme con mis parientes tios y tias y sobrinos y sobrinas: por ventura el Señor todo poderoso tendrá por bien de me matar entre ellos mañana ó esotro dia: esto es, Señores, lo que habeis oido. Luego los que estaban presentes le respondian de esta manera: Aqui estás, hijo, en tu presencia hemos comido y bebido el fruto de tus trabajos que has padecido, andando por los montes y por los valles, y el fruto de tus suspiros y lloros que presentaste delante el Señor todo poderoso: hemos aqui recibido lo que has derramado de la misericordia que Dios contigo hizo en darte los bienes temporales que has traido: aunque nos has dado de comer y de beber, cerrarnos has la boca por ventura ? por ventura por esto te temerémos? por ventura con esto nos impedirás de hablar, para que no digamos como padres, la doctrina que debemos dar á nuestros hijos? Queremos saber de donde hubiste la comida y bebida que nos distes: por ventura has robado ó hurtado en alguna parte lo que truxistes? ó por ventura eres jugador de pelota, ó por ventura engañastes algunas mugercillas, ó por ventura has tomado lo suyo á sus dueños ? por ventura la comida y bebida que nos has dado no es ganada limpiamente ? por ventura se tiene revuelta alguna suciedad, ó polvo ó estiercol ? No lo sabemos: ignoramoslo. — Si tal cosa has hecho, haste despeñado y arrojado en alguna barranca, ó te has despeñado de algun muy alto risco; y si esto asi pasa, ningun merecimiento habras de lo que has hecho. Aqui has recibido la doctrina que los padres deben dar á sus hijos, que son reprensiones y castigos duros y asperos, que pungen y llagan lo interior del corazon y de las entrañas; y son estas reprensiones los azotes y ortigas con que castiga nuestro Señor Dios. Y despues de haber dicho estas palabras y reprensiones que son como pedradas y palos, á la postre le consuelan y le saludan con lagrimas, y le vedan la soberbia y altivez, y que no se atribuya á si lo que ganó, sino á la misericordia de Dios que le dió la hacienda que truxo, que son plumas ricas y piedras preciosas y todas las demas cosas que labia traido. Con estas palabras los mercaderes viejos provocaban á lagrimas y á la humildad á estos tratantes que venian prosperos, para que no menospreciasen las mercedes de Dios; y aquel que oia estas palabras no se enojaba de oirlas, mas antes se humillaba, y agradecia aquella buena obra, y respondia con lagrimas: Señores mios, tengo en gran merced la misericordia que se me ha hecho con esta correccion: heos dado pena y congoja; quien soy yo para que se me hayan abierto los tesoros de vuestras entrañas? por ventura como soy pobre olvidaré y perderé estas palabras mas divinas que humanas: quizas no las tendré en aquella estimacion que debia y ellas merecen: descansad y reposad.
Estas palabras de los viejos y viejas eran tenidas en mucho de los mancebos á quienes se decian, y guardabanlas como tesoro en su corazon sin perder ninguna de ellas; y los viejos y viejas decianlas á aquellos mercaderes mozos que traian ganado de su trato algun caudal, y holgaban de oirlas, y para esto los convidaban. Y decian á los de su casa: Señores y Señoras, nuestro Señor me ha dado de sus bienes; por ventura por esta ocasion me he ensoberbecido y he menospreciado á mis projimos; quiero oir las doctrinas y buenos consejos de los viejos; vengan y llamense. De esta manera hablaban los mozos bien criados y bien adoctrinados; y para que los viejos diesen estos consejos y doctrinas como arriba se digeron, convidabanlos como está dicho; y con esto el oficio de los mercaderes era muy honrado, y ninguno de ellos era vicioso: tenian en mucho y guardaban mucho los consejos de los viejos. Ya arriba se dijo de la manera que volvian de los largos caminos de sus tratos; y por los caminos por donde venian, no venian sin hacer muchas ofrendas y sacrificios donde quiera que hallaban Cues ú oratorios de sus Idolos hasta llegar al pueblo de Ytziucan: alli paraban y alli miraban el signo que era prospero para entrar en su tierra, y llegado el signo que era prospero ó cerca de él, partian de prisa para venir á sus casas para entrar durante el signo, y entraban de noche y en canoa secretamente, y nadie veia lo que traian porque lo encubrian mucho; y no iban derechos á su casa, sino entrabanse derechos en la casa de algun su tio ó tia, ó de su hermana ó de algun otro de quien se confiaban que tendria secreto, que era humilde y callado y cuerdo, y que no tomaba lo ageno. Alli en aquella casa los barqueros ponian de presto todo lo que traian, y se volvian de noche á sus casas; y desque amanecia no habia rastro ni señal de nada: y el mercader dueño de aquella hacienda, no confesaba ni decia que aquella hacienda fuese suya, mas antes decia á los de su casa: esta hacienda que traigo guardadla, no penseis que es mia, ni penseis que como cosa mia os la doy á guardar; que es de los Señores mercaderes principales; ellos me la encomendaron que la traxese aqui. Y por los pueblos por donde pasaban, en todo el camino, ora fuese en Tochtepec ó Anaoac ó Xoconochco, en todos los pueblos que entraban, no decian que aquella hacienda fuese suya, antes decian: esta hacienda que traigo no es mia; es de nuestros padres y madres que son los mercaderes principales. De esta manera vivian los mercaderes, no se levantaban á mayores con sus haciendas, mas antes se abajaban y humillaban: no deseaban ser tenidos por ricos, ni que su fama fuese tal, mas antes andaban humildes é inclinados: no deseaban honra ni fama: andabanse por ahi con una manta rota: temian mucho á la fama y á la honra, porque como se dijo arriba el Señor de Mexico queria mucho á los mercaderes y tratantes que trataban en esclavos, como á sus hijos, y cuando se altivecian y desvanecian con el favor y honra de las riquezas, el Señor entristeciase y perdiales el amor, y buscabales algunas ocasiones falsas y aparentes para abatirlos y matarlos aunque sin culpa, sino por odio de su altivez y soberbia; y con las haciendas de ellos proveia á los soldados viejos de su corte que se llamaban Quachichicti y otros, y con aquellas sustentaba su fausto y su pompa. E
Capítulo VII
Del modo que tenian los mercaderes en hacer banquetes.
Cuando alguno de los mercaderes y tratantes tenia ya caudal y presumia ser rico, hacia una fiesta ó banquete á todos los mercaderes principales y Señores, porque tenia por cosa de menos valer morirse sin hacer algun esplendido gasto para dar lustre á su persona y gracias á los Dioses que se lo habian dado, y contento á sus parientes y amigos, en especial á los principales que regian á todos los mercaderes. Con este proposito comenzaba á comprar todo lo necesario que se habia de gastar en la fiesta que tenia intento de hacer, y despues de haber comprado y juntado todo lo necesario, luego daba noticia de este banquete á sus parientes y á todos aquellos que le habian de ayudar con sus personas á hacer el banquete, y á los cantores y danzadores del areyto; y buscaba el signo ó casa del mas prospero para en aquel dia hacer el banquete y ejercitar el convite; y disponianse y aparejabanse antiguamente los que habian de hacer banquete ó fiesta de la manera que en los libros de atras está dicho, escogiendo las personas necesarias para repartir las flores, comida y bebida y cañas de humo, recibir y aposentar los convidados de la manera que queda dicho; y distribuian á los servidores los oficios que habian de tener en el servicio del convite ó los que eran mas avisados y discretos, para que se hiciesen todas las ceremonias sin que hubiese falta como ellos usaban: todo lo cual está dicho atras.
Capítulo VIII
De las ceremonias que hacia el que hacia el banquete cuando comenzaban los cantores el areyto, y lo que hacian por toda la noche.
Al tiempo de comenzar el areyto y ante todas cosas ofrecian flores y otras cosas al Dios Vitzilobuchtli en su oratorio en un plato grande de madera pintado, y despues ofrecian en otras capillas de los Tdolos, y á la postre ponian flores en el oratorio del que hacia la fiesta: y delante del atambor y Teponaztli ponian flores y ponian dos platos en que ponian dos cañas de perfumes ardiendo: esto era á la media noche. Habiendo ya ofrecido flores en las partes ya dichas, comenzaban el cantar. Lo primero era silvar, metiendo el dedo menor doblado en la boca, luego suspiraban y gustaban la tierra: en oyendo estos silvos los de la casa luego suspiraban y gustaban la tierra tocando con el dedo en la tierra y en la boca: oyendo los silvos decian: sonado ha nuestro Señor. Y luego tomaban un incensario como cazo y cogian brasas del fuego con él, y echaban en las brasas copal blanco muy limpio y muy oloroso. Decian que era su suerte. Y luego salia al patio de la casa un satrapa, y un sacristanejo llevabale unas codornices, y llegando donde estaba el atambor luego ponian el incensario delante de él, y descabezaba luego una codorniz y echabala en el suelo, y alli andaba revoleteando y miraba á que parte iba, y si iba voletcando acia al Norte, que es la mano derecha de la tierra, tomaba mal agüero, y decia esto el dueño de la casa: enfermaré ó morir&c. y si la codorniz voleteando iba acia al Occidente, ó acia la mano izquierda de la tierra que es el Mediodia, alegrabase y decia: pacifico está Dios, no tiene enojo contra mi. Despues de hecho esto tomaba el incensario y poniase frontero del atambor y levantaba el incensario acia al Oriente y luego se volvia acia al Occidente é incensaba acia aquella parte otras cuatro veces, y luego se volvia acia al Mediodia y acia al Norte, y hacia lo propio. Habiendo hecho esto echaba las brasas del incensario en el hogar ó fogon alto, y luego salian los que habian de hacer el areyto y comenzaban á cantar y bailar, y salia primero el Tlacatecatl, y luego tras él todos los soldados que se llaman Quaquachicti, y los que llaman Otomi, y los que llaman Tequiavaque, que son como soldados viejos. Empero los Señores mercaderes ni los otros mercaderes no bailaban, sino que estaban en los aposentos mirando, porque ellos eran los autores del convite; y los mercaderes viejos recibian á los que venian y dabanles flores á cada uno segun su manera con diversas maneras y hechuras de flores. La primera cosa que se comia en el convite eran unos honguillos negros que ellos llaman Nanacatl: emborrachan y hacen ver visiones y aun provocan á lujuria: esto comian antes de amanecer y tambien bebian cacao antes de amanecer: aquellos honguillos comian con miel y cuando ya se comenzaban á calentar con ellos, comenzaban á bailar, y algunos cantaban y algunos lloraban porque ya estaban borrachos con los honguillos, y algunos no querian cantar sino sentabanse en sus aposentos y estabanse alli como pensativos, y algunos veian en vision que se morian y lloraban, otros veian que los comia alguna bestia fiera, otros veian que cautivaban en la guerra, otros veian que habian de ser ricos, otros que habian de tener muchos esclavos, otros que habian de adulterar y les habian de hacer tortilla la cabeza por este caso, otros que habian de hurtar algo por lo cual les habian de matar, y otras muchas visiones que veian. Despues que habia pasado la borrachera de los honguillos, hablaban los unos con los otros acerca de las visiones que habian visto. Cuando llegaba la media noche el dueño de la casa que hacia el convite ofrecia papeles goteados con Ulli con aquellas ceremonias que arriba se digeron. Y tambien bebian cacao andando bailando una ó dos veces antes que amaneciese hasta la mañana y cantaban algunos cantares. Y la ofrenda que hacia el dueño de la casa con las ceremonias urriba dichas, en acabandola de hacer enterraba las cenizas y otras cosas en medio del patio, y decian cuando las enterraban: aqui habemos plantado Viztliyietl; de aqui nacerá la comida y bebida de nuestros hijos y nietos; no se perderá. Querian decir, que por órden de aquellas ofrendas, sus hijos y nietos habian de ser prosperos en este mundo.
Capítulo IX
De las ceremonias que hacian al romper del alba, y de lo que hacian en saliendo el sol.
Cuando ya queria salir el alba, á la hora que sale el lucero enterraban las cenizas del sacrificio y las flores y las cañas de perfumes, porque celaban mucho que no las viese algun inficionado de algun vicio, conviene á saber, algun amancebado ó ladron, ó adultero, ó jugador ó borracho, porque á todos estos los tewian por polutos y no querian que viesen enterrar las cenizas del sacrificio. Despues que habian enterrado estas cenizas comenzaban luego á cantar y bailar con el atambor y con el Teponazili y cantaban alguno de los cantares. En saliendo el sol luego daban comida á todos los convidados, sin dejar ninguno en su aposento, y sus flores y perfumes. A la postre daban comida á los populares que tenian convidados, viejos y viejas; y las mugeres llevaban cada una un Chicvitl mediano lleno de maiz: llevabanlo puesto en el hombro: esto era para tamales. En entrando en las casas donde suelen juntarse los convidados que estan cercadas de un patio como celdas, poniase cada uno en su aposento. Estas mugeres yendo á la casa del convite iban de cinco en cinco y de seis en seis y entraban en la casa de las mugeres donde se hacia la comida, y ponianse cabe las puertas donde hacian pan, y tendian alli el maiz que habian traido, y despues echabanlo sobre un petate, y luego les daban comida. Despues de haber comido no les daban cacao sino Atulli, dabanselo en unas escudillas pintadas de blanco. Estas mismas mugeres antes de esto habian dado cada cual una manta de Yxtli al que hacia la fiesta, para que comprase leña para la comida y para ayuda de costa. Esta era costumbre entre todos los que hacian banquetes; y tambien á los que morian daban estas mantas, decian, que para envolverlos: ponianlas encima del cuerpo como ofrecidas. Cuando comian cesaba el baile y el canto, y por aquel dia no babia mas. Otro día siguiente comian y bebian y daban cañas de humo y flores. A estos que comian el segundo dia, escogialos el dueño del convite de los mas amigos y mas parientes; y si ninguna cosa sobraba para el segundo dia, decian los viejos, que era señal de que no habia de merecer ningun bien temporal por aquella fiesta, porque habia venido cabal para el primer dia el gasto y ninguna cosa sebró para el segundo. Y si habia sobrado mucho de cañas y flores y comida y bebida y de Chicuites y de caxetes y de vasos para beber, en aquello entendian los viejos que habia de hacer otros convites, y decian: hanos hecho merced nuestro Señor Dios en que este nuestro hijo que nos ha convidado, ha merecido que hará otros banquetes andando el tiempo. Luego le llamaban, y puesto sentado delante de ellos comenzabanle á hablar segun su costumbre, amonestandole y aconsejandole y reprendiendole con aspereza. Estas reprensiones decian que eran para alargarle la vida. Y despues de haberle bien jabonado y humillado, decianle palabras blandas y amorosas de esta manera: Aqui estás hijo nuestro: hijo, para mientes, que nuestro Señor Dios ha derramado su hacienda: no la has perdido cierto jugando, mas hanla comido y bebido algunos de tus padres y madres á los cuales llamastes á tu presencia y á tu casa viniéron; y por esto mira que no te ensoberbezcas ni altivezcas. Engreirte has por esto, ó por ventura comenzarás á regalarte en comer beber y dormir? Para mientes, hijo, que no dejes los trabajos de los caminos y de los tratos, y de traer á cuestas las cargas como de antes. Mejor te será, hijo, que mueras en algun paramo, ó en algunas montañas, ó al pie de un árbol ó paso de un risco, y alli estén tus huesos derramados y tus cabellos esparcidos y tus mantas rasgadas y tu maxtle podrido, porque esta es la pelea y valentia de nosotros los tratantes, y por esta via hemos ganado mucha honra y riquezas que Dios nos ha dado á nosotros que somos tus padres y tus madres: y si trabajando de esta manera perseveras, aunque vayas muchas veces á lejas partes, volverás prospero y veremos tu cara con gozo y frecuentaremos tu casa: persevera, hijo, en tu oficio de caminar: no tengas miedo á los tropezones del camino, ni á las llagas que hacen en los pies las ramas espinosas que nacen en el camino. Hijo nuestro, nota bien lo que está dicho, y con esto satisfacemos á lo que te debemos nosotros que somos tus padres y madres; y tomalo como por una rica manta con que te cubras.
Capítulo X
De otra manera de banquete que hacian los mercaderes mas costoso, en el cual mataban esclavos.
Los mercaderes hacian un banquete en que daban á comer carne humana. Esto hacian en la fiesta que se llama Panquetzaliztli. Para esta fiesta compraban esclavos que se llamaban Tlaaltiltin, que quiere decir lavados, porque los lavaban y regalaban para que engordasen para que su carne fuese sabrosa cuando los hubiesen de matar y comer. Compraban estos esclavos en Azcaputzalco, porque alli habia feria de ellos y alli los vendian los que trataban en esclavos, y para venderlos aderezabanlos con buenos atavios á los hombros, buenas mantas y maxiles, y sus cotaras muy buenas: ponian sus bezotes de piedras preciosas, y ponianles sus orejeras de cuero con pinjantes, y cortabanles sus cabellos como suelen los capitanes cortarselos; y ponianles sus sartales de flores y sus rodelas en las manos de flores, y sus cañas de perfumes que andaban chupando, y andaban bailando ó haciendo areyto de esta manera compuestos. Y los que vendian mugeres tambien las ataviaban:vestianlas con muy buenos vipiles, y ponianlas sus naoas ricas, y cortabanlas los cabellos por debajo de las orejas, una mano ó poco mas todo al rededor. El tratante que compraba y vendia los esclavos, alquilaba los cantores para que cantasen y tañesen el Teponazili para que bailasen y danzasen los esclavos en la plaza donde los vendian, y cada uno de estos tratantes ponia los suyos para que á parte bailasen. Los que querian comprar los esclavos para sacrificar y comer, alli iban á mirarlos cuando andaban bailando y estaban compuestos, y al que veian que mejor cantaba y mas sentidamente danzaba conforme al son, y que tenia buen gesto y buena disposicion, que no tenia tacha corporal, ni era corcobado, ni gordo demasiado, y que era proporcionado y bien. hecho en su estatura, como se contentase de algun hombre ó muger, luego hablaba al mercader en el precio del esclavo. Los esclavos que ni cantaban ni danzaban sentidamente, dabanlos por treinta mantas; y los que cantaban y danzaban sentidamente y tenian buena disposicion dabanlos por cuarenta Quachtles ó mantas. Habiendo dado el precio que valia el esclavo, luego el mercader le quitaba todos los atavios con que estaba compuesto, y ponianle otros atavios medianos, y asi las mugeres en sus atavios; lo cual llevaban los que los compraban aparejados, pues que sabian que les habian de quitar el atavio con que estaban ataviados. Y llegando á su casa el que los llevaba comprados, echabalos en la carcel de noche, y de mañana sacabalos de la carcel; y á las mugeres dabanlas recaudo para que hilasen entre tanto que llegaba el tiempo de matarlas: á los hombres no les mandaban que hiciesen trabajo alguno. El que compraba esclavos hombres, ya tenia hechas unas casas nuevas, tres ó cuatro, y hacia á los esclavos que bailasen en los Tlapancos cada dia. Y este que habia comprado los esclavos, para hacer convite con ellos, despues de haber llegado todas las cosas necesarias para el convite y de tenerlas en su casa, asi las que se habian de comer como las que se habian de dar en dones á los convidados, como son mantas que se habian de gastar en el banquete hasta ocho cientas ó mil mantas de muchas maneras, y maxtles cuatro cientos de los ricos, y otros muchos de los que no eran tales, Estas mantas y maxtles dichos eran para dar á los mas esforzados y valientes capitanes, á todos los cuales daba dones el que hacia el banquete. Habiendo dado dones á todos los capitanes, luego daba dones á los principales de las mercaderes que se llamaban Puchteica Tlailotlac, y á todos los que se llamaban Naoaloztomeca y Teyaoalovani, y que trataban en esclavos. No á todos los Puchtecas se daban dones, sino escogianse los mas ricos y los mas nobles á los cuales daban mantas y maxtles ricos; y despues de esto daban dones á los mercaderes de los principales que habian venido al convite de otros pueblos que eran doce pueblos, y estos eran tratantes en esclavos y escogidos entre muchos; y despues de estos daban dones á las mugeres mercaderas y tratantes en esclavos; dabanles naoas y vipiles de muchas maneras. Todas estas cosas gastaba en dones el que hacia el banquete, y de todas estas cosas estaba proveido. Tambien se proveia de todo el maiz que se habia de gastar y lo ponia en sus trojes, con todos los frisoles que eran menester, y tambien Chian de muchas maneras. Todo esto tenia en trojes, que era provision para los que habian de servir en el convite para comer y beber. Y tambien se proveian de muchas maneras de vasos para dar el Atulli; y tambien se proveian de Chile, muchos fardos de ello, y mucha copia de sal. Tambien se proveian de tomates comprados por mantas. Tambien se proveian de las gallinas hasta ciento ú ochenta. Tambien se proveian de perrillos para comer hasta veinte ó cuarenta. La carne de estos perrillos iba entrepuesta con la carne de las gallinas. Cuando daban la comida ponian debajo la carne de los perrillos y encima la carne de las gallinas para que hiciese bulto. Ademas de esto se proveian de cacao, veinte cargas ó asi. Tambien se proveian de las paletas ó palos con que se revolvia el cacao hasta dos mil ó cuatro mil. Tambien se proveian de cajetes para la comida y de Chiquivites y de vasos para beber y de todas las demas cosas necesarias. Despues que este que hacia el convite habia aparejado todas las cosas como arriba está dicho, iba luego á Tochtepec, donde hay gran cantidad de mercaderes y tratantes, y á todos los otros pueblos donde habia mercaderes, los cuales todos tenian sus posadas ó casas en Mexico y en el Tlatilulco, y de todos los pueblos que están á la redonda de Mexico ocho leguas, los cuales todos eran tratantes en las provincias remotas que están hasta Tochtepec. Los mercaderes de otros pueblos no entraban en la provincia de Anaoac, solo los Mexicanos y del Tlatilulco y sus compañeros que eran los de Vitzilopuchco y los de Quauhtitlan entraban en esta provincia de Anaoac. Yba á todos los pueblos á convidar para el banquete.
Capítulo XI
De lo que pasaba cuando el que hacia el banquete iba á convidar los otros mercaderes á Tochtepec.
El que hacia el convite ó banquete, para convidar á sus convidados, primero iba á Tochtepec. Llevaba consigo tamemes que llevaban las cargas á cuestas donde iba lo que habia de dar á los que habian de convidar que eran los mercaderes Tlatilulcanos que alli vivian. En entrando en el pueblo primeramente iba á visitar al Dios de los mercaderes que se llamaba Yiacateculli, y luego barria su templo y echaba petates delante de la imágen. Luego desenvolvia la carga en que llevaba nuevos ornamentos para Yiacateculli, y luego desataba el manojo de baculos de mercaderes que llevaba, y ponia delante de aquel Dios tantos baculos quantos esclavos habia de matar. Si ponia dos baculos que llaman Utlatopilli, era señal de que habia de matar dos esclavos, un hombre y una muger; y si cuatro, cuatro, dos hombres y dos mugeres. Ponia los baculos mas escogidos que llevaba, y estos atados todos juntos los ponia junto á la imágen de Yiacatecutli; y luego los componia con papeles que llevaba para esto y ponia delante de ellos un petate, y ponia papeles encima del petate delante de los baculos, y cubria los baculos con mantas con unas flocaduras de plumas puestas en las orillas. Ponia tambien maxtles de cabos largos. Ponia tambien en el baculo que significaba la muger unas naoas y un vipilli. Todo esto lo ponia delante de la imágen de Yiacateculli, para que en aquello conociesen que con aquellos atavios habia de ataviar á los esclavos que habia de matar; y con aquello significaba que el convite habia de ser muy costoso, y lo que en él se habia de dar muy precioso, y esto para provocar á los convidados. Despues que el sobredicho hubo hecho la ofrenda delante del Dios Yiacateculli, luego iba á la casa de los mercaderes Tlatilulcanos que en este pueblo habitaban, y luego mandaba hacer comida y bebida; y estando todo aprestado, llamaba á los mercaderes ricos y tratantes en esclavos: llamaba á todos los mercaderes que habitaban en doce pueblos. Los convidados venian á la media noche Áá la casa del convite. Estando ya todos juntos dabanles aguamanos, y luego les servian la comida y comian todos, Acabada la comida otra vez lavaban las manos y la boca, y luego les ponian la bebida del cacao, y luego cañas de humo. Despues de esto les daban mantas y flores y otras cosas. Habiendo hecho esto el que habia de hacer el banquete, iba luego al patio de la casa á hacer sacrificio: algun su criado que iba con él llevaba. las codornices, tantas en número cuantos esclavos habia de matar. Poniase delante del hogar que para esto estaba aparejado y descabezaba á cada una y arrojabala en el fuego, y luego ofrecia incienso acia las cuatro partes del mundo. Despues de esto el que hacia el convite sentabase delante de los que habian comido, y á uno de los que sabian bien hablar rogabale que hablase por él á los que estaban presentes; el cual decia lo que sigue: Aq ui estais todos juntos los Señores. y los principales de los mercaderes: habeis tomado trabajo y fatiga en venir á este lugar siendo las personas que soys: tu que eres fuerte y valiente, que eres acostumbrado á los trabajos de los caminos, por los cuales pones á riesgo tu vida y salud, atreviendote sin temor á subir y descender riscos y barrancos y montes con fatigas y trabajos buscando los regalos y delicadezas de nuestro Señor Dios, veis aqui el fruto de los trabajos de pasar sierras y barrancos, y no es bien que quede sin galardon ni que se pierda el fruto de las cosas ganadas y de sus riquezas nuestro Señor Dios; y porque este que aqui veis quiere hacer algun servicio y mostrar agradecimiento al Señor Dios Vitzilopuchtli, matando algunos esclavos en su presencia, por lo cual ha venido á convidaros. No hay otra cosa que deciros mas de lo que habeis oido, Señores y principales mercaderes. Habiendo oido esto los mercaderes y principales Mexicanos y Tlatilulcanos, que son Señores de aquellos doce pueblos, respondian lo que sigue: Señores nuestros mercaderes que estais aqui presentes: ya hemos oido y entendido lo que venis á rogar con lagrimas y lloro; ya hemos entendido el deseo de vuestros corazones, que lo habeis traido secreto y guardado desde allá donde venis, que es el fruto de los trabajos de este Señor mercader que nos viene á convidar: esto es merced que recibimos y se nos hace por amor de nuestro Señor Dios. Habiendo hecho esta diligencia en convidar á todos los mercaderes y Señores, este que hacia el banquete despediase de la casa donde posaba, y tomando su baculo ataviado con borlas de pluma rica veniase para su tierra Mexico y Tlatilulco.
Capítulo XII
De lo que pasaba el que hacia el banquete con los mercaderes de su pueblo despues que volvia de convidar,
Habiendo reposado el que habia de hacer el banquete comenzaba á aparejar todo lo necesario para los principales mercaderes y para los que llamaban Naoaloztomeca. -Hacialo saber primeramente á tres principales, que eran los principales mercaderes y que regian los otros mercaderes. A estos daba comida y bebida y cañas de humo y mantas y maxiles ricos conforme á sus merecimientos. Despues de haber hecho esto sentabase delante de ellos, y deciales: Señores mios, aunque yo os sea prolijo y pesado quiero os decir dos palabras, y es que tengo proposito de ver la cara de nuestro Señor Dios Vitzilopuchtli, haciendole un pequeño servicio: hame hecho merced nuestro Señor de que he llegado un poco de hacienda que él me ha dado; quierola gastar en alguna buena obra de su servicio: esto hago saber á vuestras mercedes y no mas. Luego ellos le respondian diciendo: Honrado mancebo, aqui estás en nuestra presencia: hemos oido lo que digistes: tenemonos por indignos de oir los secretos de nuestro Señor Dios Vitzilobuchtli que con lagrimas y con suspiros nos has manifestado, y sabemos que no es de un día ni dos ni de un año ni de dos este tu deseo y esta tu devocion. Y por ser la cosa en que te pones tan pesada, pensamos que has de hacer alguna niñeria ó muchacheria: mira, que no eres suficiente para este negocio ni saldrás con él: mira, que no nos eches en verguenza á nos y á todos los mercaderes, Yiaque, y Tecoanime y Tealtianime: quizas no has echado bien la cuenta de lo que es menester, ni bas aparejado lo que se ha de gastar con tus convidados: veamos lo que tienes aparejado en tu casa; pues que somos viejos, conviene que nos lo muestres. Habiendo dicho esto los viejos, luego el mancebo que habia de hacer el convite les daba cuenta de todo lo que se habia de gastar. Habiendose satisfecho los principales decianle: Mancebo honrado, hemos visto lo que tienes aparejado para la fiesta de nuestro Señor: comienza en buen hora con diligencia y sin pereza ninguna y con buen animo y esfuerzo; atienta mucho en tus palabras, template mucho en lo que has de decir: no des cuenta á la gente vulgar; conversa con todos como de antes: esto es de lo que te avisamos porque has de dar comida en cuatro partes: la una cuando de nuevo han de llegar tus convidados, y les significares la fiesta que has de hacer: segundariamente cuando hicieres la ceremonia que se llama Tlaixnestia: terceramente cuando los esclavos se ataviaren de sus papeles, y se hiciere la ceremonia que se llama Teteualtia: la cuarta cuando sacrificares á los esclavos que han de morir. Mira, que para todas estas cosas no tomes á nadie lo suyo. De esto te avisamos. Habiendo oido esto el mancebo, decia á los viejos y principales: Muy ilustres Señores, habeisme hecho gran merced y gran misericordia en lo que habeis dicho: no conviene por cierto que olvide yo estas palabras: decidme todo lo que vuestro corazon desea; y sea oida y publicada y notada vuestra doctrina y vuestra ancianidad. Luego decian los viejos á aquel mancebo: Hijo, baste lo dicho: busquemos entre los que tienen el arte de contar los días un dia que sea prospero; y luego enviaban á llamar á los que usaban de esta arte y ganaban de comer con ella. Luego ellos miraban el día convenible, y hallandolo decian: tal dia será convenible para esto, Cecalli, ó Omesuchitl, ó Omeocomaili. En uno de estos dias comenzaba su banquete el que habia de hacer esta fiesta. Despues que los mercaderes viejos principales habian dicho todo lo que convenia, despedianse del mozo con estas palabras: Hijo nuestro, ya hemos visto y entendido tu deseo y lo que pretendes, lo cual con lagrimas nos has significado: avisamoste que no te ensoberbezcas ni altivezcas, ni desprecies á nadie: ten reverencia á los viejos y viejas aunque sean pobres; y á la otra gente baja y pobre haz misericordia con ella; dales que vistan y con que se cubran aunque sea lo que tu deseches; dales de comer y de beber porque son imágenes de Dios: por esto te acrecentará Dios los dias de la vida: si vivieres largos dias, sino hicieres lo que te aconsejamos cegarás te tullirás ó te pararás contrahecho; y esto tu mismo te lo buscarás y Dios te lo dará, porque sus ojos penetran las piedras y los maderos, y no te podrás esconder de él: mira, que no desees la muger agena; comienza á vivir bien: con esto que hemos dicho, cumplimos contigo: no mas.
Capítulo XIII
De como se comenzaba el banquete fiesta, y de lo que en él pasaba.
Lo primero que hacia el que hacia la fiesta ó banquete era proveer que se hiciesen muchos tamales en su casa, y daba el grandor que habian de tener: tambien se avenia con los que hacian tamales por los pueblos circunstantes para que tragesen tamales y gallinas á su casa para aquel dia. Habiendo ya proveido de todo lo necesario, enviaba á llamar los doce pueblos para que supiesen el dia del convite; y primeramente ataviaba á los esclavos que habian de morir, con atavios á los hombres de hombres y á las mugeres de mugeres, y poniales orejeras de cuero con sus pinjantes, y tambien bezotes corvos con unos papeles que se llaman Amapatlachlli, en los cuales estaban ingertos unos Quetzales: estaban atados los papeles y Quetzales con hilos colorados á las orejas; y poniales á las gargantas de los pies unos caracolitos marinos ingeridos en unas tiras de cuero como de tigre como calzuelas; los cuales caracolillos colgaban de las calzuelas. Tambien les colgaban en las sienes un cuero amarillo pintado con tiras de oro y tiras de turquesas entrepuestas las unas á las otras. En las extremidades de este cuero colgaban unas Avanerillas coloradas entrepuestas unas piedras de espejo, y tambien unos cabellos entrepuestos á las avaneras y á las cuentas de espejo. Ataviados de la manera ya dicha, luego les hacian bailar ó hacer areyto sin cesar: siempre traian unos sartales de flores y unas guirnaldas de flores: tambien traian sus rodelas de flores y sus cañas de humo que andaban oliendo y chupando. De la misma manera ataviaban á las mugeres, las cuales traian atados los cabellos con unos cordones de algodon flojo de muchos colores torcidos con pluma blanca. Estando con sus atavios á la media noche ponianlos en sus estrados de petates y iepales; luego les daban comida y bebida honrandolos mucho: ponianlos en el zaguan de la puerta para que los viesen todos los convidados. Esto es lo que se dijo arriba, que se publicaba el convite. Toda la noche comian y bebian los que iban y venian en aquella casa. Despues de haber comido y bebido y recibido cañas de humo y otros dones, salianse é ibanse á sus casas. Otro dia siguiente hacian lo mismo, y llamaban á este segundo dia Tlaixnextia. El tercero dia comian y bebian y daban dones de la misma manera: llamaban á este dia Tetcualtia, porque entonces ponian á los esclavos que habian de morir unas cabelleras hechas de pluma rica de muchos colores que colgaban como cabello, y ponianles unas orejeras de palo pintado de diversos colores. Colgabanles de las narices unas piedras negras anchas, hechas á manera de mariposa, y vestianles unas xaquetas que llegaban hasta los muslos con unas orillas deshiladas: estaban pintadas con azul claro y con tinta negra y con colorado, y las pinturas eran cabezas de muertos con huesos de muertos puestos en cuadra, é iban ceñidos con unos ceñideros que se llamaban Xiuhtlalpilli: ponianles en los hombros unas alas de gavilanes que llamaban Tlomaitl: estaban las alas revueltas con papel los cabos de ellas y asidos á la xaqueta: estaba pintado aquel papel de diversos colores revueltos con margagita; y de los codos arriba llevaban unas axorcas de una parte en el uno de los brazos, que se llamaba Matacaxtle: en la otra mano que es la izquierda ponianle en la mufieca uno como manipulo; y dabanle unas cotaras teñidas con negro y revuelto con margagita; y tambien les daban entonces compañia que los guardase de noche y de dia hasta que los mataban. Otras dos mugeres les daban para que les lavasen las caras, que nunca los dejaban hasta que morian. Daban precio á estos sobredichos porque los guardaban: su precio eran mantas y maxtles; y á las mugeres que les lavaban las caras, dabanlas naoas y vipiles y componianlas con plumas coloradas los pies y los brazos y la cara.
Capítulo XIV
De como mataban los esclavos del banquete.
La cuarta vez que llamaba á sus convidados el que hacia el banquete ó fiesta, era cuando habian de matar á los esclavos. Entonces un rato antes que se pusiese el sol los llevaban al templo de Vitzilopuchtli, adonde les daban á beber un brebage que se llama Teuocili, y despues que lo habian bebido volvianlos: ya iban muy borrachos como si hubiesen bebido mucho pulcre; y no los volvian á la casa del Señor del banquete, sino llevabanlos á una de las perrochas que se llamaban Puchtlan ó Acxotlan. Alli los hacian velar toda la noche cantando y bailando, y al tiempo de media noche cuando tañian á maitines la gente del templo, ponianlos delante del fuego en un petate que estaba alli tendido; y luego el Señor del banquete se ataviaba con una xaqueta que llamaban Teuxicolli, de la manera que los esclavos estaban ataviados, y tambien se ataviaban con unos papeles pintados y con unas cotaras que se llamaban Pocolcacili. Habiendose de esta manera ataviado el que hacia la fiesta, apagaban el fuego y á oscuras daban de comer á los esclavos unas sopas de una masa que se llama Tzoalli, mojadas en miel, á cada uno de ellos cuatro bocados. Cortaban aquellos bocados con un cordel de Yxili. Habiendo comido estos bocados, luego les sacaban los cabellos de la corona de la cabeza. Habiendo hecho esto tocaban un instrumento que se llama Chichtli, que decia Chich. Este instrumento era señal para que les arrancasen los cabellos del medio de la cabeza, en tocando el instrumento; y á cada uno de ellos tocaban para cuando le habian de arrancar los cabellos, fuesen muchos ó pocos los esclavos. Este que tocaba el instrumento andaba al rededor de los esclavos como bailando, y traia en la mano un vaso que se llamaba Quauhcaxitl: alli le echaban los cabellos que arrancaban; y despues de laberseles arrancado los cabellos, luego daban grita dando con la mano en la boca como suelen. Luego se iba aquel que habia recibido los cabellos en la xicara, y luego tomaban el incensario que se llamaba Tlemaitl con sus brasas. El que hacia el banquete incensaba acia las cuatro partes del mundo en el patio de la casa. En toda la noche los esclavos que habian de morir no dormian, y en saliendo el alba dabanles á comer, y ellos por bien que les esforzasen á que comiesen no podian comer y estaban muy pensativos y tristes, pensando en la muerte que habian de recibir, y esperando por momentos cuando entraria el mensagero de la muerte que se llamaba Painalton. Este Painalton era un Dios prenuncio de la muerte de los que habian de sacrificar delante de los Dioses. Primero llegaban corriendo al lugar donde estos habian de ser sacrificados, é iban de Tenochtitlan á Tlatilulco, y de alli pasaban por el barrio que se llama Nonoalco y Poplotan: de alli iban al lugar que se llama Macatzintamalco, y de alli á Chapultepec, y de alli á Macatlan, y de alli iba por el camino que va derecho á Xoloco que es junto á Mexico, y luego entraba en Tenochtitlan; y cuando este Painalton iba andando estas estaciones, llevaban á los esclavos que habian de morir al barrio del Coatlan, donde estaba el lugar donde habian de pelear con cierta gente que estaba aparejada para pelear con ellos. Esto era en el patio del templo que se dice Vitzcaleo. Como llegaban los esclavos aparejados de guerra, salian tambien los que habian de pelear con ellos de guerra, y comenzaban á pelear contra ellos muy de veras los que eran mas valientes de aquellos que peleaban con los esclavos que se llamaban Tlamaviques; y si aquestos cautivaban por fuerza de armas á alguno de los esclavos, en el mismo lugar daban por sentencia el precio que valia el esclavo, y babialo de pagar el mismo dueño del esclavo que es el que hacia la fiesta, y dado el precio volviale su esclavo, y sino tenia con que pagarle, despues de muerto, comianlo aquellos que le habian cautivado en el lugar de Vitzealeo. Esta pelea pasaba entre tanto que el Painalton andaba en las estaciones arriba dichas. En llegando Painalton á este lugar de Vitzcalco, luego ponian por su órden á los esclavos que habian de morir delante la imágen de Vitzilopuehili, en un lugar que se llamaba Apetlac. Luego hacian procesion por cel rededor del Cu cuatro veces, y acabadas las procesiones ponianlos otra vez en órden delante de Vitzilopuchtli, y el Painalton subia al Cu. Subido allá Painalton, luego descendian unos papeles y los ponian en el lugar que se llama Apetlae, y tambien se llamaba Ytlacuayan Vitzilopuchtli, y levantabanlos acia las cuatro partes del mundo como ofreciendolos. Y habiendolos compuesto en el Apetlae, luego descendia un satrapa que venia metido dentro de una culebra de papel, el cual trajala como si ella viniera por si, y traia en la boca unas plumas coloradas que parecian llamas de fuego que le salian por la boca; y en llegando al Apetlac, que es donde se acababan las gradas del Cu, (que estaba una mesa de un encalado grande, y de alli hasta al llano del patio hay cuatro ó cinco gradas; á esta mesa llaman Apetlatl ó Ytacuayan Vitzilopuebili; estaba acia la parte del Oriente del Cu), esta culebra ó el que venia en ella hacia un acatamiento acia al nacimiento del Sol, y luego acia las otras tres partes del mundo. Acabado de hacer esto ponia la culebra sobre el papel que estaba tendido en el Apetlae ó mesa, y luego se ardia ó quemaba aquella culebra de papel que se llamaba Xiuhcoatl, y el que la traia volviase á lo alto del Cu. Llegando arriba luego comenzaban á tocar caracoles y trompetas los satrapas en lo alto del Cu. A esta hora el patio de este Cu estaba lleno de gente que venia á ver la fiesta. Estaban sentados por todo el patio; ninguno comia ni habia comido, porque todos ayunaban aquel dia, y no comian hasta la puesta del Sol. Entonces comian despues de acabadas todas las ceremonias dichas antes de matar los esclavos. En todo el Señor estaba sentado junto á una columna, sentado en un asentadero de espaldas, y por estrado tenia un pellejo de tigre: el asentadero estaba forrado de un pellejo de Cutlaxtli. Estaba mirando acia lo alto del Cu de Vitzilopuchtli. Estaba delante del Señor un árbol hecho á mano de cañas ypalillos todo aforrado de plumas, y de lo alto de él salian muchos Quetzales que son plumas ricas; parecia que brotaban de un pomo de oro que estaba en lo alto del árbol. En lo bajo tenia una flocadura este arbol de plumas ricas. Luego descendia el Painalton y tomaba á todos los esclavos que habian de morir del Apetlac, y llevabalos por las gradas del Cu arriba, hiendo él delante de ellos, para matarlos en lo alto del Cu de Vitzilopuchtli; y los satrapas que los habian de matar estaban aparejados todos vestidos de unas xaquetas y con unas mitras de plumage con unos papeles pegados que colgaban de ellas. Tenian almagradas las caras: esto se decia Teutlavitl; y cortaban los pechos con unos pedernales hechos á manera de hierros de lanzon muy agudos inxeridos en unos astiles cortos. Llegando el que habia de morir á sus manos, luego lo echaban de espaldas sobre un tajon de piedra, y tomabanle cuatro por las manos y por los pies tirando de él. Estando asi tendido el pobre esclavo, venia luego el que tenia el pedernal ó lanzon de pedernal y metiaselo por los pechos, y sacabale por alli el corazon, y ponianlo en una xicara. Habiendole sacado el corazon, arrojabanle por las gradas abajo y iba el cuerpo rodando hasta abajo donde estaba la mesa ó Apetlac del Cu, y el dueño del esclavo ó cautivo tomaba el cuerpo de su esclavo del Apetlac, el por si mismo, pues nadie osaba tomar el cuerpo del esclavo ageno, y llevabalo para su casa. La órden que tenian en matar á estos pobres esclavos y cautivos, era que primero subian á los cautivos y primero los mataban. Decian que era la cama de los otros que iban tras ellos. Luego iban los esclavos; y luego los criados y regalados que eran Tlaaltilti iban á la postre de todos. El Señor de ellos iba guian dolos, y todos estos subian al Cu con baculos compuestos con plumas ricas. Y si el Señor del banquete ó de la fiesta tenia muger, subia tambien junto con su marido delante de los esclavos al Cu, y llevaban sendos baculos compuestos con plumas y Quetzales. Y si este que hacia la fiesta no tenia muger, si tenia algun tio, el tio subia con él y llevaban los baculos como está dicho; y sino tenia tio ni padre, si tenia hijo él subia; de suerte que uno de sus parientes mas cercanos subia con él. Yban con sus baculos en las manos, y subiendo resollaban las manos y ponian el resuello en las cabezas con las manos: esto iban haciendo subiendo al Cu de Vitzilopuchtli. En llegando á lo alto hacian procesion al rededor del altar ó imágen una vez, y mirabanlos todos los que estaban abajo como hacian su procesion, y luego se descendian estos que eran Señores de la fiesta; y llegando abajo, aquellos que estaban ajornalados de los Señores de la fiesta para que ayudasen, tomaban á los esclavos ya muertos y llevabanlos á su casa, yendose con los dichos Señores de la fiesta; y en llegando, los mismos aderezaban el cuerpo, que llamaban Tlaaltilli, y cocianle: primero cocian el maiz que habian de dar juntamente con la carne, y de la carne daban poca sobre el maiz puesta: ningun Chile se mezclaba con la cocina ni con la carne, solamente sal. Comian esta carne los que hacian el banquete y sus parientes. De esta manera dicha hacian banquetes los mercaderes en la fiesta de Panquetzalizili. Y estos que hacian este banquete, todos los dias que vivian guardaban los atavios de aquellos esclavos que habian muerto, teniendolos en una Petaca guardados para memoria de aquella hazaña. Los atavios eran las mantas, maxtles, y cotaras de los hombres, y las naoas ó vipiles y los demas aderezos de las mugeres. Tambien los cabellos que les habian arrancado de la coronilla de la cabeza estaban guardados con lo demas en esta divina Petaca. Y cuando moria este que hacia el banquete, quemaban estas Petacas con los atavios que en ellas estaban á sus obsequias,
Capítulo XV
De los oficiales que labran oro.
En este capitulo se comienza á tratar de los oficiales que labran oro y plata. Los oficiales que labran oro son de dos maneras: unos de ellos se llaman martilladores, amajadores, porque estos labran oro de martillo, majando el oro con piedras ó con martillos para hacerlo delgado como papel: otros se llaman Tlatlalianih, que quiere decir que asienta el oro, ó alguna cosa en el oro ó en la plata. Estos son verdaderos oficiales que por otro nombre se llaman Tulteca, pero están divididos en dos partes porque labran el oro cada uno de su manera. Tenian por Dios estos oficiales de oro en tiempo de su idolatria á un Dios que se llamaba Totec. A este Dios hacian fiesta cada año en el Cu que se decia Yopico en el mes que llamaban Tlacaxipeoalizili. En esta fiesta de Tlacaxipeoaliztli, donde desollaban muchos cautivos y por cuya causa se llama Tlacaxipeoaliztli, que quiere decir desollamiento de personas, uno de los satrapas vestiase una piel de las que habian quitado á los cautivos, y asi vestido era imágen de este Dios Totec. A este, vestido con el pellejo que habian quitado al cautivo que habian sacrificado, llamabanle Totec, y ponian sus ornamentos muy preciosos: el uno de ellos era una corona hecha muy curiosamente de plumas preciosas: y las mismas plumas le servian por cabellera: ponianle en las narices una media luna de oro encajada en la-termilla que divide la una ventana de la nariz de la otra: ponianle tambien unas orejeras de oro: dabanle en la mano derecha un baculo que estaba hueco de dentro y tenia sonajas, el cual en moviendole para andar, luego las sonajas hacian su son: ponianle en la mano izquierda una rodela de oro como las usaban los de Anaoac: ponianle unas cotaras bermejas como almagradas: tenia pintado el cuello de las cotaras con plumas de codorniz sembradas por todo él: llevaba por plumage y divisa á cuestas atado á las espaldas tres banderillas de papel que se movian como las daba el viento haciendo un sonido de papel: componianle tambien con unas naoas hechas de plumas ricas que hacian unas bandas por todas las naoas que parecia como enverdugado: ponianle al cuello un joyel ancho de oro de martillo: aparejabanle sentaderos ó sillas en que se sentase. Estando sentado este Dios ó Diosa, ó por mejor decir Diablo ó Diablesa, ofrecianle una manera de tortas que llaman Vilocpalli de maiz molido hechas sin cocer: ofrecianle tambien manojuelos de mazorcas de maiz que apartan para semilla: tambien le ofrecian las primicias de la fruta y las primeras flores que nacian aquel año. Con estas ofrendas le honraban. Yendo andando iba haciendo meneos de danza con gran pompa, meneando la rodela y el baculo, haciendole sonar á proposito del baile que hacia. Despues de esto hacian un ejercicio de guerra con este Totec. un Todo lo que dice la letra son las ceremonias que hacian en esta fiesta que se llama Tocoztontli declarase en su lugar en el segundo libro que trata de las fiestas que se hacian á los Dioses: alli se podrá ver.
Capítulo XVI
De la manera de labrar de los Plateros.
La sentencia de este capitulo no importa mucho ni para la fé ni para las virtudes, porque es practica meramente geométrica. Si alguno desea saber vocablos ó maneras de decir exquisitas, podrá preguntar á los oficiales que tratan en este oficio, que en todas partes los hay.
Capítulo XVII
De los oficiales que labran las piedras preciosas.
Los lapidarios que labraban piedras preciosas en tiempo de la idolatria adoraban cuatro Dioses, ó por mejor decir Diablos: el primero se llamaba Chicunaviitzcuintli: el segundo Naoalpilli: el tercero Macuilcalli: el cuarto Cinteutl. A todos estos tres Dioses postreros hacian fiesta cuando reinaba el signo ó caracter que se llamaba Chicunaviitzcuintli. Es muger, y por eso la pintaron como muger. A esta atribuian los afeites de las mugeres, y para significacion de esto la pintan en la mano derecha con un baculo, y en la mano izquierda le ponen una rodela en la cual está pintado un pie: tambien le ponian orejeras de oro; y de la ternilla de la nariz le colgaban una mariposa de oro, y vestianla con un vipil ó camisa mugeril que era tejida de blanco y colorado, y lo mismo las naoas: ponianle unas cotaras tambien coloradas con unas pinturas que las hacian almenadas. A todas estas cuatro daban sus imágenes ó sus titulos para que muriesen á su servicio. El de la fiesta al cual llamaban Naoalpilli, ataviabanle y cortabanle los cabellos desiguales y mal cortados y espeluzados y aechados: ponianle en la frente una lamina de oro delgada como papel: ponianle unos zarcillos de oro en las orejas: ponianle en la mano un baculo aderezado de plumas ricas, y en la otra una rodela como de red, hecha en cuatro partes: tenia plumas ricas mal puestas: tambien le vestian una xaqueta tejida de blanco y colorado con rapacejos en el remate de abajo: ponianle unas cotaras coloradas. Al otro que llamaban Macuilcalli, tambien le componian conto hombre los cabellos cortados por medio de la cabeza como lomo que llaman Quachichiquilli, y este lomo no era de cabellos sino de plumas ricas: ponianle en las sienes unas planchas de oro delgadas: ponianle un joyel colgado al cuello de marisco redondo y ancho: tambien le ponian en la mano un baculo compuesto de plumas ricas: ponianle en la otra mano una rodela con unos circulos de colorado, unos dentro de otros: teñianle el cuerpo con bermellon; y tambien le ponian unas cotaras del mismo color. Al otro que se llamaba Cinteutl, tambien le componian como á varon con una caratula labrada como mosaico, con unos rayos de lo mismo que salian de la caratula: ponianle una xaqueta de tela teñida de azul claro: ponianle un joyel colgado al cuello de oro; y ponianle un tablado alto de donde estaba mirando, el cual se llamaba Cincalli, compuesto con cañas de maiz á manera de Xacal: ponianle unas cotaras blancas, las ataduras de ellas de algodon flojo. Dicen que á estos Dioses atribuian el artificio de labrar las piedras preciosas; de hacer barbotes y orejeras de piedra negra y de cristal y de ambar y otras orejeras blancas. A estos tambien atribuian el labrar cuentas y ajorcas y sartalejos que traen en las muñecas, y toda la labor de piedras y chalchuites, y el agujerear y pulir todas las piedras. Decian que estos lo habian inventado, y por esto los honraban como Dioses, y por esto los hacian fiesta los oficiales viejos de este oficio y todos los demas lapidarios. Y de noche decian sus cantares, y hacian velar por su honra á los cautivos que habian de morir, y se holgaban en su fiesta. Esto se hacia en Suchimilco, porque decian que los abuelos y antecesores de los lapidarios habian venido de aquel pueblo; y de alli tienen origen todos estos oficiales.
Siguese la manera que tenian los lapidarios de labrar las piedras. En esta letra se pone la manera que tenian los lapidarios de labrar las piedras. No se pone en romance, porque como es cosa muy usada y siempre se usa en los pueblos principales de esta Nueva España, quien quisiere entender los vocablos y esta manera de hablar, podrálo tomar de los mismos oficiales.
Capítulo XVIII
De los oficiales que labran pluma, que hacian plumages y otras cosas de pluma.
Segun que los viejos antiguos dejaron por memoria de la etimologia de este vocablo Amanteca, es que los primeros pobladores de esta tierra trageron consigo á un Dios que se llamaba Coiotlinaoal: de las partes de donde vinieron lo trageron consigo y siempre lo adoraron. A estos llamaron Iconiitlacapixoani-mexiti, que quiere decir, los que primero poblaron que se llamaron Mesxiti, de donde vino este vocablo Mexico. Estos, desque alentaron en esta tierra y se comenzaron á multiplicar, sus nietos ó hijos hicieron una estatua de madero labrado, y edificaronla un Cu, y el barrio donde se edificó llamaronle Amantla. En este barrio honraban y ofrecian á este Dios que llamaban Coiotlinaoal; y por razon del nombre del barrio que es Amantlau, tomaron los vecinos de alli este nombre Amanteca. Los atavios y ornamentos con que componian á este Dios en su fiesta, era un pellejo de Coiotl labrado. Componianle estos Amantecas vecinos de este barrio Amanilan aquel pellejo. Teniase la cabeza de Coiotl con una caratula de persona; y los colmillos tenialos de oro; tenia los dientes muy largos como punzones; tenia en la mano un baculo con que se sustentaba, labrado con piedras negras de Yztli; y una rodela labrada de cañas macizas, que tenia por la orilla un circulo de azul claro; tenia á cuestas un cantaro ó jarro, de cuya boca salian muchos Quetzales; ponianle en las gargantas de los pies unas calzuelas con muchos caracolitos blancos á manera de cascabeles; ponianle unas cotaras tejidas ó hechas de unas hojas de un árbol que llaman Yccotl, porque cuando llegaron á esta tierra usaban aquellas cotaras. Componianle siempre con ellas para dar á entender que ellos eran los primeros pobladores Chichimecas que habian poblado en esta tierra de Mexico; y no solamente adoraban á este Dios en este barrio de Amantlan, pero tambien á otros siete Idolos. A los cinco de ellos componian como varones, y á los dos como mugeres, pero este Coiotlinaoal era el principal de todos. El segundo se llamaba Tizava, el tercero Macuilocelutl, el cuarto Macuiltochtli. En el quinto lugar ponian á las dos mugeres; la una se llamaba Xiuhtlan y la otra Xilo. El septimo estaba frontero de los ya dichos acia ellos, el cual se llamaba Tepuztecatl. La manera con que ataviaban estos Dioses arriba dichos, los que eran varones todos llevaban A cuestas aquella divisa que llevaba Coiotlinaoal: solamente al Dios que se llamaba Tizava, uo le componian de pellejo de Coiotl: solamente llevaba á cuestas el jarro con los Quetzales y unas orejeras de concha de marisco: llevaba tambien su baculo y su rodela, sus caracolitos en las piernas y unas cotaras blancas. El Dios que se llamaba Macuilocelutl tenia vestido el pellejo de Coiotl, con la cabeza metida en la cabeza del Coiotl muerto como celada, y por la boca veia; y tambien llevaba A cuestas el jarro con sus Quetzales, y el baculo con su rodela y sus cotaras blancas. De la misma manera componian al Dios Macuiltochtli. De las dos mugeres, la que se llamaba Xiuhtlatli iba ataviada con un vipil azul, y la otra que se llamaba Xilo, que era la menor, iba vestida con un vipil colorado, teñido con grana: estas ambas tenian los vipiles sembrados de plumas ricas, de todo género de aves que crian plumas ricas; la orilla del vipil estaba bordada con plumas de diversas maneras como arriba se dijo: tenian estas en las manos cañas de maiz verdes por baculos, y llevaban tambien un aventadero de plumas ricas en la otra mano, y un joyel de oro hecho á manera de comal: tambien llevaban orejeras de oro muy pulidas y muy resplandecientes: ninguna cosa llevaban á cuestas: llevaban por cabellos papeles: llevaban las muñecas de ambos brazos adornadas con plumas ricas de todas maneras: tambien llevaban las piernas de esta manera emplumadas desde la rodilla hasta los tobillos: tenian tambien cotaras tejidas de ojas de árbol que se llama Yccotl, para dar á entender que eran Chichimecas venidos á poblar esta tierra.
Capítulo XIX
De la fiesta que los oficiales de pluma hacian sus Dioses.
Hacian fiesta á estos Dioses dos veces cada año, una vez en el mes que se llama Panquetzalizili, y otra vez en el mes que se llama Tlasuchimaco. En el mes de Panquetzaliztli mataban la imágen de Coiotlinaoatl. Si en esta fiesta no se ofrecia quien matase algunos esclavos que se llamaban Tlaaltiltin, estos Amantecas se juntaban todos y compraban un esclavo para matarlo á honra de este Dios. Comprabanlo con mantas que se llamaban Quachtli, que eran allegadas como de tributo; empero si alguno de estos Amantecas hacia fiesta de por si y mataba á algunos esclavos de estos, mataba uno á honra de este Dios Coiotlinaoatl y componianle á este con todos los atavios de aquel Dios como arriba se dijo; y si era alguna persona de caudal este que hacia la fiesta, mataba dos ó tres ó mas esclavos que se llamaban Tlaaltiltin á honra de aquellos Dioses; y sino era persona de caudal mataba uno á honra de aquel Dios que se llamaba Coiotlinaoatl. Cuando se hacia la fiesta, todos los viejos y viejas se juntaban en el barrio de Amatlan; alli cantaban y hacian velar á todos los que habian de morir á honra de aquellos Dioses; y tenian costumbre, para que no temiesen la muerte los que habian de morir, de darles á beber un brebage que llamaban Ytzpacui. Este brebage desatinaba ó emborrachaba, para que cuando les cortasen los pechos estuviesen sin sentido. Habia algunos de estos esclavos alocados que ellos mismos corriendo se subian á lo alto del Cu, deseando presto acabar la vida. La segunda vez cuando hacian fiesta á estos Dioses, que se llamaba Tlasuchimaco, no mataban á ningun esclavo. Hacian entonces la fiesta de las dos Diosas ya dichas. Tambien esta honra la enderezaban á honor de los otros cinco Dioses. En esta fiesta todas las mugeres Amantecas se juntaban en el barrio de Amantlan, y todas se componian de los afeites y atavios de estas Diosas como arriba se dijo, pero los hombres solamente se emplumaban las piernas con pluma colorada; y entonces ofrecian sus hijos é hijas estos Amantecas á estos Dioses y Diosas, de meterles en el Calmecac, á los hombres para que aprendiesen el oficio de Tultecaioll; y si era muger demandaban á aquellos Dioses que la ayudasen para que fuese gran labrandera y buena tintorera de Tochimitl en todos los colores, asi para plumas como para Tochimitl. El barrio de los Amantecas y el barrio de los Puchtecas estaban juntos; y tambien los Dioses de los Amantecas y de los Puchtecas estaban pareados. El uno se llamaba Yiacatecutli, que es el Dios de los mercaderes, y el otro se llamaba Coiotlinaoatl, que es el Dios de los Amantecas. Por esta causa los mercaderes y los oficiales de la pluma se honraban los unos á los otros; y cuando se sentaban en los convites, de una parte se sentaban los mercaderes y de otra los oficiales de la pluma. Eran casi iguales en las haciendas y en-el hacer de las fiestas ó banquetes, porque los mercaderes traian de lejas tierras las plumas ricas, y los Amantecas las labraban y componian; y hacian las armas y divisas y rodelas de ellas, de que usaban los Señores y principales, que eran de muchas maneras y de muchos nombres como en la letra está explicado. Y antes que tuviesen noticia de las plumas ricas de que se hacen las divisas y armas arriba dichas, estos Tultecas labraban plumages para bailar de plumas blancas y negras de gallinas y de garzotes y de anades. No sabian entonces aun los primores de este oficio que ahora se usan: toscamente componian la pluma y la cortaban con navajas de Yatli encima de tablas de Avevell. Las plumas ricas pareciéron en tiempo del Señor que se llamaba Avitzotl, y trageronlas los mercaderes que llamaban Tecunenenque, cuando conquistaron las provincias de Anaoac. Entonces comenzaron los Amantecas á labrar cosas primas y delicadas.
Capítulo XX
De los instrumentos con que labran los oficiales de pluma.
En esta letra se ponen todos los instrumentos de que usaban estos oficiales de la pluma, y tambien ahora los usan donde quiera que estan, por eso no se declara en la lengua Española. Quien quisiere verlos y saber sus nombres de los mismos oficios, lo podrá saber y verlos con sus ojos.
Capítulo XXI
De la manera que tienen en hacer su obra estos oficiales.
En esta letra se pone la manera de obrar que tienen estos oficiales de la pluma, á donde se ponen por menudo todas las particularidades de este oficio. Quien quisiere verlas y entenderlas, podrálas ver con sus ojos en las casas de los mismos oficiales, pues que los hay en todas las partes: de esta Nueva España, y hacen sus oficios.
