
por Orlando Santos
Crónica, 18 de octubre de 2026
Libros perdidos, barro que quedó
De los libros precoloniales que pintaron los escribas mayas sobreviven solo cuatro: los códices de Dresde, Madrid y París, y el Códice Maya de México. El Códice de Dresde puede hojearse completo en Amatl. Lo que sí resistió fue el barro. En platos y vasos pintados con la misma línea que los libros, los escribas se retrataron a sí mismos: sentados, con el pincel en alto y el códice abierto.

Los escribas mayas. Hemos perdido prácticamente todos los códices de amate o piel animal de los mayas, sin embargo, sus cerámicas han sobrevivido. Aquí vemos dos representaciones de escribas mayas en plena labor.
Fray Diego de Landa es el testigo principal de la realidad y de la destrucción que sobrevino. Resulta irónico que una fuente de conocimiento sea el agente principal del apocalipsis. Unos extractos de su obra:
Las palabras de Landa
El primer extracto está en el capítulo XLI de la Relación, junto al «a, b, c» que Landa copió de sus informantes mayas:
«Usaban también esta gente de ciertos caracteres o letras con las cuales escribían en sus libros sus cosas antiguas, y sus ciencias, y con ellas, y figuras, y algunas señales en las figuras entendían sus cosas, y las daban a entender y enseñaban. Hallámosles grande número de libros de estas sus letras, y porque no tenían cosa en que no hubiese superstición y falsedades del demonio se les quemamos todos, lo cual a maravilla sentían, y les daba pena.»
Fray Diego de Landa, Relación de las cosas de Yucatán, § XLI. Texto de Brasseur de Bourbourg (1864), ortografía modernizada.
Landa no da cifras. El 12 de julio de 1562 presidió en Maní un auto de fe en el que ardieron libros e imágenes. Se ha sugerido que fueron 27 rollos de jeroglíficos y unos cinco mil ídolos, pero esos números aparecen en una carta de 1805, más de dos siglos después.2 La historia completa está en nuestra Glosa sobre Diego de Landa.
El segundo extracto pertenece al capítulo VII, donde Landa cuenta quién aprendía las letras:
«Que enseñaban los hijos de los otros sacerdotes, y a los hijos segundos de los señores que los llevaban para esto desde niños, si veian que se inclinaban a este oficio. Que las ciencias que enseñaban eran la cuenta de los años, meses y días, las fiestas y ceremonias, la administración de sus sacramentos, los días y tiempos fatales, sus maneras de adivinar y sus profecías, los acaecimientos, y remedios para los males, y las antigüedades, y leer y escribir con sus libres y caracteres con los cuales escribían y con figuras que significaban las escrituras.»
Fray Diego de Landa, Relación de las cosas de Yucatán, § VII. Texto de Brasseur de Bourbourg (1864), ortografía modernizada.
El escriba del templo era el escriba del Estado
Landa describe un mundo en el que la escritura, el sacerdocio y el gobierno eran una sola institución. Las inscripciones del periodo Clásico (250–900 d. C.) muestran lo mismo siglos antes. En la cima estaba el k'uhul ajaw, el «señor divino», rey y sacerdote a la vez.3 A su servicio trabajaban el aj tz'ib, «el de la escritura» (la misma palabra, tz'ib, nombraba la escritura y la pintura), y el itz'at, «el sabio». Llevaban la cuenta de los días, registraban el tributo, escribían la historia de la dinastía y fijaban los rituales. El calendario de las fiestas del templo era el mismo que fechaba las guerras y las entronizaciones del palacio: templo y palacio eran una sola administración.
Por eso la escritura no salía de la élite, y lo que Landa dice de los «hijos segundos de los señores» encaja con lo que dejan ver los propios vasos. En Naranjo, un pintor llamado Aj Maxam firmó sus vasos como hijo del rey K'ahk' Tiliw Chan Chaahk.4 En Copán, una gran residencia de Las Sepulturas (Estructura 9N-82) guardaba la escultura de un dios escriba con su tintero; se ha sugerido que su dueño, un noble de alto rango, era escriba de la corte.5 Cuánta gente sabía leer fuera de ese círculo sigue en debate; se ha sugerido que muy poca.6


El que quemó y el que guardó
Orlando lo llama ironía, y lo es: el hombre que quemó los libros es también quien mejor contó quién los escribía y para qué. Sin su «a, b, c», Yuri Knórozov no habría tenido por dónde empezar a leer los glifos en los años cincuenta. Hoy esos escribas se dejan ver en otros lugares: en los muros de Xunantunich, donde se formaban aprendices, y en la fórmula que firmó Sak Tahn Waax.
Notas
- Fray Diego de Landa, Relación de las cosas de Yucatán, §§ VII y XLI, ed. Charles Étienne Brasseur de Bourbourg, Relation des choses de Yucatan de Diego de Landa (París, 1864). Texto completo en Proyecto Gutenberg; versión modernizada en la Glosa de Amatl.
- La carta del jesuita yucateco Domingo Rodríguez (1805), recogida por Justo Sierra O'Reilly y Crescencio Carrillo y Ancona. Véase la Glosa sobre Diego de Landa, «El auto de fe de Maní».
- Stephen Houston y David Stuart, «Of Gods, Glyphs and Kings: Divinity and Rulership among the Classic Maya», Antiquity 70 (1996): 289–312.
- Dorie Reents-Budet, Painting the Maya Universe: Royal Ceramics of the Classic Period (Durham, Duke University Press, 1994); Michael D. Coe y Justin Kerr, The Art of the Maya Scribe (Londres, Thames & Hudson, 1997).
- David Webster (ed.), The House of the Bacabs, Copan, Honduras (Washington, Dumbarton Oaks, 1989).
- Stephen D. Houston, «Literacy among the Pre-Columbian Maya: A Comparative Perspective», en Elizabeth Hill Boone y Walter D. Mignolo (eds.), Writing Without Words (Durham, Duke University Press, 1994), 27–49; Sarah Jackson y David Stuart, «The Aj K'uhun Title: Deciphering a Classic Maya Term of Rank», Ancient Mesoamerica 12 (2001): 217–228.
- Fray Diego de Landa, Relación de las cosas de Yucatán, §§ VII y XLI: ed. Brasseur de Bourbourg (París, 1864), Proyecto Gutenberg; texto modernizado de Amatl.
- Michael D. Coe y Justin Kerr, The Art of the Maya Scribe (1997); Stephen Houston y David Stuart (1996); Stephen D. Houston (1994); Dorie Reents-Budet (1994); David Webster (ed., 1989).
- Imágenes: «a, b, c» de Landa, dominio público (Wikimedia Commons); vaso de estilo códice del Kimbell Art Museum, fotos de FA2010, dominio público (Wikimedia Commons); plato con escriba, foto de Justin Kerr (K8802), Justin Kerr Photograph Collection, Dumbarton Oaks, Trustees for Harvard University, CC BY-SA 4.0.
